Cap. VI

"Inicios y reencuentros"

No es que mi vida haya sido un ensueño antes de venir acá, pero el solo hecho de estar experimentando sensaciones tan extrañas, me deja al borde del colapso.

Yaya-chan se fue con aquella sempai y no le importó que este fuera mi primer día en un lugar tan grande, y es que aunque fui yo la primera en querer tenerla lejos, me causa un poco de temor estar con extrañas.

Como he podido he sobrevivido a las preguntas, al acoso, a las miradas de todas en el campus. Nunca me ha gustado ser el centro de atención, siento que me pondré a llorar en cualquier momento. Tampoco he podido ver a mi príncipe, eso quizá me hubiera consolado un poco, animado o no sé. ¡Odio a Yaya-chan!... la he extrañado todo el día, ella ni siquiera volvió a clases.

De alguna manera he salido con vida del aula, limpiar no ha sido difícil porque la disciplina en este lugar es demasiada. He ido directo a la habitación, con la esperanza de ver a mi insoportable compañera. Aunque no sé para qué me esfuerzo, no es como que yo le importe algo a ella, y esa idea solo se afirma al llegar y no encontrarla.

Ah… bufo con cierta molestia y me tiro a la cama donde me quedo dormida luego de unos minutos donde me abandono al cansancio y al silencio del lugar. Cuando despierto, me cuesta trabajo abrir los ojos. Siento que no he dormido demasiado pero afuera ya está muy oscuro. Aún nada sobre esa irresponsable de Yaya.

Entro al baño a colocarme la pijama, no me gustaría de nuevo mostrarme desnuda a esa… atrevida.

De la nada me han dado de nuevo ganas de llorar, me he puesto sensible y no sé por qué. Bueno, lo sé, pero no quiero admitirlo. La extraño y me está dando un poco de miedo que no llegue. ¿Quizá no vendrá más? Tal vez la he tratado demasiado mal. De hecho, me cuesta trabajo reconocerme cuando estoy con ella, pero es que la rabia me invade y su descaro solo me provoca más, y más… y… más…

"¿Hikari?". De pronto su voz suena en el dormitorio y me apresuro a salir del baño, pero reacciono a tiempo y me contengo pegándome a la puerta. Mi espalda resiente el frío de la madera y hasta entonces recuerdo que sigo desnuda. Me cambio con las manos temblorosas y torpes y ya vestida me ocupo de arreglar mi uniforme en un gancho a cierta distancia de la regadera. Suspiro muy hondamente para permitirme tranquilizar mi corazón y tardó aún unos segundos más en salir para evitar dejarme en evidencia… pero es inútil. Ella siempre, siempre me dará motivos para desconfiar.

¿Qué le importa a ella si me fue bien o mal?, no es como si se hubiera esforzado en volver pronto. ¿Algunas cosas con sempai?, ya me lo imagino. No, es que ni siquiera necesito hacerlo. Lo veo, ¡lo huelo!, toda ella está…

No me entiendo algunas veces. Creo que no debería actuar así con una desconocida, porque sin importar que ahora vivamos juntas, ella es solo una desconocida. Aun así me ha bastado verla de cerca para explotar.

-Tienes maquillaje en el cuello… y marcas… ¡marcas de mordidas!

Eso ha sido todo. He gritado histéricamente. No soporto que me mienta, que me quiera engañar. Pero me calmo cuando ella entra al baño a corroborar lo que le he dicho. Para cuando sale ha disimulado un poco las marcas, pretendiendo que jamás estuvieron ahí. Y yo sigo molesta, quizá celosa…

Sacudo la cabeza ante esa última idea. No puedo estar celosa porque aquello sugeriría que… que Yaya-chan me…

Tomo la almohada en mi cama y estoy a punto de arrojársela pero ella comienza a hablar y eso me distrae.

No tengo idea de a dónde quiere llegar cuando comienza a hablar de Spica, pero antes de gritarle que no me interesa su charla, el nombre de mi príncipe azul asoma de sus labios. Es tan extraña la combinación que fusiona la voz de Yaya-chan y el nombre de Amane-sempai, me deja una sensación de soledad casi dolorosa.

Pronto me ocupo en todo caso del mensaje total de la charla de mi compañera. Amane-san se irá en un par de días y yo no la veré hasta el mes próximo. ¡No quiero que me olvide! Por eso he saltado hacia Yaya-chan, balbuceando incoherencias que seguro no ha entendido. Confundida casi se ve adorable… pero no es momento de pensar en eso. Necesito ir a donde Amane, y, y pedirle que me recuerde hasta que regrese.

.

.

.

.

No ha sido precisamente una venganza contra Yaya-chan el obligarla a venir conmigo, pero sí considero que me lo debe.

Justo ahora caminamos descalzas y de puntitas por los pasillos. Jamás pensé que tendría e valor, pero es mi deseo por ver a Sempai, más grande que mi miedo. Yaya-chan me sigue, ella está seguramente más tranquila, ella es más segura, más capaz.

Niego con la cabeza una vez giramos en el pasillo que da al dormitorio de Amane-sempai. Paso saliva con una sensación casi de triunfo pero mi corazón se detiene cuando veo subir las escaleras a le peli azul. De pronto mi valor se esfuma incluso cuando ella pasa a un par de metros de mí. Me quedo paralizada aunque ella ni siquiera me ha mirado. Sabe que estoy ahí pero no le importa. Mi deseo de verla se desmorona casi con ritmo. No puedo hacer otra cosa que temblar de dolor, después de todo ella es un príncipe y yo solo la chica nueva.

-Hikari, ¿qué estás haciendo?

Es la voz de Yaya-chan la que saca del trance. Ha colocado su mano en mi hombro y a mí me ha parecido que el acto me ha causado una descarga eléctrica. Pero ya no puedo hacer nada, solo quiero salir de aquí y esconderme debajo de las cobijas, porque Amane-sempai ni siquiera se ha acordado de mí.

-Yaya-chan… volvamos…

Ha sido un sueño bello el creer que podía tocar una estrella, pero es momento de despertar. Por eso doy la vuelta y comienzo a caminar en dirección contraria a donde estamos. Suspiro con algo de dolor aún pero antes de que pueda avanzar más, la voz de Yaya-chan me detiene.

-No.

¿Qué dices Yaya-chan…?

-No regresaremos sin que le digas lo que quieres a Amane-sempai. Hikari.

Mis ojos se llenan de lágrimas que no logran salir. Es imposible que ahora pueda decir nada. No quiero. No puedo ver a mi príncipe ahora que sé que ni siquiera me recuerda. Soy solo una más de sus fans y está bien de esa forma.

Me zafo del agarre de Yaya e intento huir pero su mano me toma con mucha más fuerza. Me quejo en el momento en que comienza a arrastrarme por el pasillo a toda prisa y nos hace alcanzar a prisa a la sempai. Siento que el aire me falta, no sé qué está haciendo Yaya-chan pero mi corazón no deja de latir como loco. No quiero, yo no puedo.

-Otori-sempai.

La voz de Yaya-chan gritándole a mi príncipe me hiela la sangre. Cuando ella se gira y se detiene justo antes de entrar a su habitación, siento que el habla se me ha ido.

-¿Sí?

Ella ha respondido y nos mira ahora con intriga. Quizá está acostumbrada a ser buscada por sus fans a la puerta de su habitación pero yo no soy ellas. Yo en verdad querría ser alguien especial pero ahora también soy simplemente una acosadora más.

-Ella tiene algo que decirte.

Considerando el comportamiento que he tenido con mi compañera de cuarto, lo más natural sería decir que voy a asesinarla, pero no puedo ni siquiera pensar en eso, porque cuando me empuja, y es que lo hace, las piernas me tiemblan. Quiero volver con ella y abrazarme a su brazo para que me lleve de nuevo a nuestro cuarto, pero en cambio ella comienza a caminar de regreso, sola… me está dando privacidad con Amane-sempai.

-Oh, eres la chica de la vez pasada.

Mi mirada se vuelve vidriosa al escucharle decir eso. Mis labios, temblorosos gritan su nombre antes de hacer una reverencia ante ella.

-Supe que te irás por un tiempo. ¡Quería desearte suerte en tu viaje y en la competencia!

.

.

.

.

Al volver a la habitación, me siento entre feliz y flotando. Siento como si todo hubiera sido un sueño. La sempai es verdaderamente amable, incluso me ha invitado a su entrenamiento a su regreso.

No he hablado nada con Yaya-chan al regresar pero me he sentido tan bien de que haya ido conmigo. Al volver, me voy directo a la cama y me meto a las cobijas cubriéndome el rostro con estas, asomando luego los ojos, no he podido resistirme a mirar el cuerpo de Yaya-chan mientras se viste. Ella también es muy amable a su manera.

-Yaya-chan…

Ella es verdaderamente amable.

-…Gracias por lo de hoy.

Será la primera noche que duerma sin recibir un golpe mío.