Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada, Shiori Teshirogi y Chimaki Kuori.
Cuando su madre le notificó que se iría inmediatamente el día de su regreso, después de su mes de fiesta y despilfarro, con Shijima, una parte de Julián creyó que la mujer bromeaba, a pesar de que su madre nunca había hecho algo parecido, existía una primera vez para todo. Un par de horas atrás tenían una emergencia en Hong Kong y ahora su madre quería enviarlo a Londres, sin ninguna razón clara fuera de hacerse más amigo de la familia Jenkins y negociar, si es que eso era posible.
Así que con muchas preguntas y pocas respuestas, Julián esperó pacientemente en su mansión hasta que fueron a recogerlo en la tarde. El joven heredero pensó que irían directo al aeropuerto y ahí finalmente sabría que estaba pasando, pero sus ilusiones se rompieron cuando notó que estaba en una silenciosa calle, con varias casas a su alrededor, muy lejos del aeropuerto.
—¿Dónde estamos? —preguntó mirando al pelirrojo asentirle a su asistente.
—Necesitas un descanso.
—El mes pasado…
—Eso no fue un descanso, sólo estabas huyendo y haciendo negocios, yo estoy hablando de un descanso real.
Mientras hablaban, Hysminai había salido del auto para tocar el timbre de la casa que estaba al otro lado de la calle en la que estaban estacionados.
—¿Hysminai?
Milo había sido el elegido, de nuevo, para abrir la puerta. Horas atrás había recibido la visita de su rubio amigo que lo había obligado a prometer no decirle nada a Shijima, quien al parecer creía que el rubio estaba en la India, no esperaba ver ese mismo día, más tarde, también a la asistente de Shijima, la demasiado coqueta y a veces intimidante asistente.
Hysminai se había sentido tentada a hacer algún juego de palabras que lograra sacarle una sonrisa al griego, uno de los hombres más difíciles de avergonzar si no estaba lo suficientemente atraído, pero estaba trabajando y ningún chico atractivo la haría perder los papeles cuando trabajaba.
—¿Madame Dubois está aquí?
—¿Tía Seraphina? ¿Para qué…?
—¿Alguien ha dicho mi nombre?
Seraphina apareció detrás de Milo con una sonrisa tranquila que se borró en cuanto vió a Hysminai. La mujer rápidamente adoptó una expresión seria que pocas veces Milo había visto en ella y se fue con la joven sin decir nada más.
Julián habría imaginado cualquier cosa, excepto que fuera abandonado en Atenas con una mujer que decía ser su tía, tía lejana, del lado materno. De todas sus opciones esa era la que nunca había pasado por su mente, y por eso, según el mayor, es que nadie sospecharía dónde y con quién estaba, siempre y cuando no fuera demasiado obvio y se apegara al plan que acababan de explicarle.
Seraphina, por el contrario, lo abrazó como si lo conociera de toda la vida apenas fueron formalmente presentados; la mujer estaba feliz de conocerlo por fin en persona. La familia de su padre había sido siempre distante, tanto que ella ni siquiera sabía sobre sus primos o si tenía; debido a eso, y sabiendo perfectamente que su esposo era hijo único de un hijo único, y que ellos sólo tenía un hijo, siempre le había hecho ilusión tener más familia, ser parte de una familia grande, recibir la visita de parientes lejanos, tener un comedor lleno de bullicio, se conformaba incluso con un primo extraño. Para ella no había nada extraño en abrazar a Julián con fuerza y prácticamente jalarlo hacia la casa donde vivía mientras el joven heredero miraba el auto que lo había llevado a ese lugar alejarse entre las calles, aún con su equipaje.
—¡Tengo una gran noticia!
La ex bailarina entró al lugar con Julián frente a ella. En la sala, para su suerte, todos estaban reunidos viendo televisión: su esposo e hijo, los Galanis (a excepción de la doble pareja de gemelos) y Violate; y todos, sin excepción, miraron al heredero con asombro. Todos sabían quien era, de vez en cuando su rostro aparecía en alguna pottada de las revistas de negocios o una entrevista en televisión sobre sus grandes negocios y a veces donaciones.
—¡Él es mi sobrino, tiene una emergencia familiar, se quedará con nosotros un tiempo, claro, si no te molesta Zaphiri.
—Mamá, él es Julián Solo —señaló Camus, eso debía ser suficiente para que su madre profundizar en su explicación, o se percatara de a quién había arrastrado a su hogar.
—Sí, lo sé, y es mi sobrino favorito —señaló soñadora mientras recargaba su cabeza sobre el hombro de Julián—. Mi sobrino biológico, tú sigues siendo mi favorito Aiacos.
—¿Desde cuándo eres el sobrino favorito? —se quejó de inmediato Milo, olvidando a Julián Solo en su sala para concentrarse en los verdaderos hechos importantes.
—Seraphina… ¿estás segura de lo que estás diciendo?
—Es cierto, ya está confirmado —le respondió Dégel a Kardia, acercándose a él por seguridad, no quería que demasiadas noticias atormentaran el corazón de su amigo y fueran a parar de nuevo al hospital—. El padre de Seraphina tiene tres hermanos menores, el tercer hermano tuvo, a su vez, tres hijos, y la menor de ellos se casó con el señor Solo, su primera y única esposa.
Julián abrió los ojos ante ese comentario, no lo había pensado, pero era cierto, su madre tenía tres hermanos mayores y su abuelo dos hermanas y un hermano cuyos nombres desconocía, pero sabía que eran la anticuada y estricta familia Ilyn. Su madre no solía hablar de su familia, lo importante era el orgullo Solo, el honor del apellido Solo, la historia de la familia Solo, sus propios orígenes o lazos familiares carecían de importancia, ella había adoptado el apellido Solo cuando contrajo matrimonio, su familia no era ni de cerca tan importante y adinerada como la antiquísima familia Solo.
—Entonces eres familiar de la familia Solo —Zaphiri soltó una gran carcajada—. Y eso que le desagradas a Monsieur Benoit porque según él no vienes de una familia importante —se burló, levantándose de su lugar—. Si me disculpan iré a burlarme de su ignorancia.
—¡Papá! ¡Son las nueve de la noche!
—¡Todavía mejor! Ese anciano ya debe estar durmiendo.
La familia de su desconocida tía y su abogado era extraña. Después de la rápida explicación y la huida del adulto mayor ante los llamados de quien parecía su hijo, Aiacos salió de su sorpresa inicial y se mostró amable y servicial; recordando que trabajaba para él, rápidamente se encargó de presentarle a sus padres, hermano menor, su pareja y al evidente hijo de Seraphina. Después de las presentaciones lo dejaron en una habitación que, según escuchó, era de su primo lejano, Camus, pero que había sido cedida sin autorización del francés en lo que le preparaban otra al día siguiente.
Así, Julián había terminado ahí, en una casa de una familia con la que realmente no compartía sangre, en una habitación desconocida, lejos de su enorme mansión y de Alfred, su fiel mayordomo y el hombre que lo vigiló bajo las estrictas órdenes de su padre desde que era niño.
La mañana siguiente sólo despertó cuando sintió que el Sol le golpeaba la cara. Con la confusión típica de las mañanas, Julián abrió los ojos y casi cayó de la cama ante el susto que le provocó ver a Kanon frente a él, con una mano en la barbilla y una expresión seria.
—Así que era cierto —murmuró el mayor—. ¿Por qué no me dijiste que tía Seraphina también es tu tía? Es más, ¿por qué no me dijiste que te esconderías aquí y que el plan H.J.S.D.S.C.P.C.S.K. ya había iniciado?
—¿El plan qué?
Kanon necesitó toda la mañana para informarle a Julián su maravilloso plan construido casi a sus espaldas. El heredero se sintió contrariado mientras su amigo hablaba; sabía que lo estaban ayudando y que un plan estaba en cocción, pero no esperaba que el plan ya estuviera en marcha y él se enterara apenas en la fase dos.
—¿Crees que funcione? ¿Esconderme en la ciudad?
—La mejor forma de ocultar algo es a plena vista —señaló Kanon con un asentimiento—. Funcionará, es un plan lleno de agujeros legales, justo lo que necesitábamos, y estoy de acuerdo con Shijima, necesitas alejarte de tu madre, vivir una vida normal lejos del título, ser solo Julián en lugar de Julián... Solo… que idiota sonó eso.
Kanon comenzó a reír al recordar su frase final, contagiando a su amigo que no tardó en percatarse de sus palabras.
—Ahora que sé que tengo más familia cambiaré el "solo" por "bien acompañado''.
Ambos volvieron a reír ante sus propios chistes malos. Kanon negó con la cabeza suavemente; la mañana había sido agitada, al principio aparentó normalidad pero no tardó en cambiar su rumbo cuando Milo le informó que su amigo más notable del "otro grupo" estaba en su casa, durmiendo plácidamente en la cama de Camus. Poco después le llegó un largo mensaje de texto de parte de Hysminai, demasiado profesional para su sorpresa, donde le explicaba el contexto de la súbita aparición de Julián en casa de su tío y sus lazos sanguíneos con Seraphina.
—Deberías hablar con Thetis —sugirió después de las risas, más tranquilo.
—¡¿Q-qué?! —Julián se apresuró a negar con la cabeza— ¿Hablar con Thetis? —murmuró por lo bajo— ¿Por qué razón lo haría?
—Porque contrario a otras chicas con las que has salido, a Thetis le gusta Julián, no Julián Solo.
—… estoy comprometido, Kanon, no sería correcto.
—No, no, no, el señor Solo está comprometido, Julián en cambio… eres un hombre libre ahora, libre y lejos del compromiso con Kido, si quieres comprometerte con Thetis...
Julián bajó la mirada, pensando en las palabras de su amigo. Esa dualidad que le proponía le resultaba extraña y fuera de lo común; su lado racional le dijo que tal vez debía regresar a casa e ignorar lo que fuera que significara el plan que se estaba ejecutando pero entonces pensó en su promesa a Saori y las palabras de Kanon resonaron en su mente en forma de eco.
Eres un hombre libre ahora.
No sólo era una libertad centrada en su estado civil, Julián no tardó en comprender que Kanon se refería a una libertad general, era libre de ser quien era, sin tener que aparentar rectitud y buenos modales, por primera vez en su vida estaba lejos de la penetrante mirada de su madre y sus altas expectativas para que siguiera el camino marcado. Ahora él podía ser el dueño de sus decisiones, crear su propio sendero y cambiar de dirección cuantas veces se le antojara, era libre y darse cuenta de eso lo hizo sentir ligero, con vida.
—¡Debo llamar a Thetis! —anunció levantándose de la cama, con una expresión decidida que generalmente sólo ponía cuando jugaba ajedrez con Krishna o estaba cerrando un trato que de verdad le interesaba. El joven salió de la habitación, directo a cumplir con su objetivo ante la sonrisa orgullosa de su amigo; sin embargo no tardó en regresar, con una expresión apenada— No tengo ropa aquí o dinero, y mi tía me pone nervioso…
Kanon alzó una ceja, nadie dijo que la libertad fuera un sendero sencillo.
