DISCLAIMER: Lo único que obtengo haciendo esto es la satisfacción de escribir lo que se me dé la gana con algunos personajes que no me pertenecen y aún así puedo usar como quiero. La letra de la canción que aparece en este capítulo es de Scorpions.
ADVERTENCIAS que pongo y aún así la unos les vale pito leer: HEADCANON. Rojos. One-shot. Lenguaje soez, violencia, lime. 10, 000 palabras, tómenla.
.
.
Red Surface
.
You look up to the sky
With all those questions in mind
All you need is to hear
The voice of your heart
.
.
.
.
.
Despertar entre las penumbras de la habitación, con el ruido de aquellos hombres andando por los pasillos de la planta baja, habría sido un gran descuido de mi parte si acaso me hubiera entregado al sueño un par de horas atrás. No podía permitírmelo, el cuerpo no obedece a tiempo los estímulos para reaccionar en una situación como esta; recostado sobre una cama con sábanas tersas aún sin destender, espero paciente con los ojos cerrados, mientras afuera, en la quietud de la madrugada, por lo menos cuatro a seis sujetos intentan encontrarme vulnerable y así, matarme.
Me removí inquieto, no por la preocupación del próximo ataque, sino por el aburrimiento que se hizo presente en un bostezo. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que temí realmente por mi vida? Sentí una nostalgia repentina por esa sensación de miedo y adrenalina cuando apenas era un niño entrando al mundo de los adultos. Lo mucho que significó para mí conocer esa parte de la vida criminal, eventualmente me llevó a acostumbrarme a ser asediado por un grupo de asesinos que buscaban saldar cuentas personales conmigo, aprovechando la orden de su jefe quien era el principal interesado en acabarme.
Mendel Graham, mi antiguo… empleador, era líder de lo que alguna vez fue uno de los poderosos grupos delictivos que controlaban una parte considerable de la zona sur del país. Tenía influencias con algunos políticos y otras importantes instituciones que financiaban varios de sus negocios, los cuales involucran el clásico tráfico de armas, lavado de dinero, venta de drogas y, en ocasiones especiales, hasta el tráfico de órganos. Por supuesto, ahora no era ni la sombra de todos esos logros, no cuando me había encargado de arruinarlo y por fin veía en mí la amenaza que debió prever cuando apenas me conoció siendo un niñato de trece años. Se había visto superado por una de sus tres armas favoritas quienes se encargaron del trabajo sucio de formas eficientes y baratas, por supuesto no iba a estar tranquilo.
Lentamente abrí mis párpados cuando escuché muy cerca las pisadas de mis ex-compañeros subiendo por las escaleras. Encima de mí seguía el elegante candelabro que adornaba la habitación ostentosa de más detalles pulcros, después de todo, me habían dado la alcoba de huéspedes más especial de todas y la favorita de aquella ramera que Graham tuvo de esposa y a quien también le serví en otras… diligencias. Sonreí ante el descaro de ese viejo y el claro mensaje que quería darme. Por supuesto que no creí en su engaño, "hacer las paces" invitándome a una "última cena" con él olvidando todo tipo de resentimientos, era la típica traición de manual. No obstante, mi forma de ser me hizo aceptar la invitación a pesar de sus intentos de venganza, porque si algo había aprendido a disfrutar a lo largo de todos estos años, era, sin duda, frustrar los deseos de las personas.
Me incorporé y troné mi cuello con un movimiento circular de mi cabeza, entonces me supe listo una vez aguardé el espectáculo de ráfagas de balas que tanto les hubiera gustado ver impactando mortalmente en mi cuerpo. Fueron apenas unos pocos segundos para que se dieran cuenta que mi cadáver no estaba entre las colchas y mullidas almohadas como tanto hubieran querido, sino que en su lugar, el costoso y pesado candelabro se destrozó al caer por una de esas tantas balas perdidas. Sin importar la oscuridad, pude apreciar a la perfección los rostros consternados de aquellos que dejaron de disparar.
—¿¡Dónde demonios…?!
—Me extraña que a pesar de todos estos años, sigan creyendo que pueden matarme como lo hacen con el resto—de pronto me buscaron con sus miradas hasta que dieron conmigo una vez alzaron el rostro y me encontraron flotando sobre ellos—. Es hasta cierto punto decepcionante.
Tan pronto como me localizaron, no dudaron en volver a apuntarme con sus linternas y armas que hubieran descargado de no ser por la señal de quien los dirigía en esa misión.
—¡Mira nada más, el maldito bastardo creció! Por poco y no logro reconocer a una de las tres molestas escorias que cuidé en el pasado.
Reconocí la voz de Norris, siendo desde antaño el más precavido de los hombres bajo el mando de Graham, pero aún con toda su cautela, no le sería suficiente ahora para salir vivo de aquí. Identifiqué claramente la lesión en su hombro cobrándole factura luego de mirar la manera en la que llevaba su metralleta, ya no era el hombre ágil que conocí y que se divertía apagando las colillas de sus cigarros en la piel de Butch cuando el alcohol en su sistema lo dejaba inconsciente y tirado en cualquier rincón. Se aprovechaba de su posición sabiendo que mis hermanos o yo no podíamos hacerle algo, y no se contenía de amedrentarnos cuando nos sometían con fuertes cantidades de drogas. Norris solo nos golpeaba o usaba como blanco para lanzarnos las botellas de vidrio que no quería dejar en sus pies, y cuando había dardos, éramos el tablero de puntuación para lidiar con su aburrimiento mientras tenía que vigilarnos por si se nos ocurría escapar, claro, si acaso había algo de lucidez en nuestras mentes para volar lejos de allí.
Esa excelente puntería que lo caracterizó, la había perdido por su incapacidad de alzar bien su brazo. Boomer podía ser certero cuando quería, hasta donde sabía, él fue el culpable de esa permanente lesión.
—¿Qué sucede, viejo Norris?, ¿ya no puedes maniobrar como quisieras tus juguetes favoritos?—Me burlé, ensanchando más mi sonrisa una vez noté su molestia en su arrugada expresión—, debes disculpar a mi hermano, se emociona mucho en las despedidas.
—El que se emocionará ahora seré yo cuando perfore tu puta cabeza con mi arsenal, basura ingrata. No siempre tienes la suerte de devolver el favor y no pienso desaprovecharlo—tan solo terminó su sentencia, quiso cumplirla con disparos casi frenéticos a la par que le ordenaba al resto hacer lo mismo.
Esquivé como repasé cada uno de los sujetos con fugaces vistazos; eran cinco aquí y seguro habían más vigilando en los alrededores de la casona ubicada en medio del inmenso bosque. Me llevaría por lo menos un par de horas limpiar la zona, las necesarias para regresar antes de que el amanecer me sorprendiera en la antigua mansión de retiro de ese neurótico mafioso, y dadas mis circunstancias actuales, lo último que quería era retrasarme.
—Vamos, Norris, si eso es lo único que tienen preparado para eliminarme entonces reafirman el hecho de que perdieron la calidad que los distinguía cuando mis hermanos y yo desertamos—de repente, una bala quiso impactar contra mí hombro apenas toqué el suelo pero tomé al matón más cercano para que me sirviera de escudo y fuera su rostro el que recibiera el ataque.
Su agonía se hizo más escandalosa al retorcerse en el suelo mientras cubría su cara. Se movió desesperado ansiando terminar con el escozor que seguro le provocaba aquel líquido burbujeante que derretía la piel a su paso como si fuera ácido. Sonreí y miré directo a los ojos a Norris, sus armas no contaban con municiones normales. No podía ser de otro modo, con casquillos comunes estarían en desventaja ya que éstos no lograban penetrar mi piel como si fuera un humano cualquiera. Sus rifles eran especializados.
En cuestión de segundos, aquel sujeto murió con el cráneo carcomido, casi desintegrado. A ninguno de los presentes les importó el deplorable aunque útil incidente para demostración.
—Esa mierda también es letal para los engendros como tú—amenazó Norris quien se acomodó el bigote canoso con la yema de su pulgar e índice, gesto recurrente que hacía cuando se encontraba complacido.
—Tan desesperados están que hicieron negocios con la corporación HEX—solté más para mí que para ellos—, Murray debió ofrecerles una generosa cantidad a cambio de que le dieran por lo menos un brazo mío para que pudiera hacer estudios para su investigación.
—Adivinaste—declaró gustoso—, pero bien sabes que se conforma hasta con un dedo con tal de realizar sus mierdas en esos cuestionables laboratorios.
No pensé que volvería a tener noticias sobre ese científico obsesionado con secuestrarnos para experimentar y que tuvimos la desgracia de conocer cuando recién cumplimos catorce años. Por aquellos días, la novedad que significaba un Rowdy para ese sector criminal era tanta, que muchos buscaron secuestrarnos al vernos tan expuestos y con un potencial explotable, es por eso que nos vimos en la necesidad de refugiarnos con los más poderosos de los bajos mundos, colaborar con el crimen organizado a cambio de nuestra protección. Si hacíamos lo que nos decían, nadie más podría tocarnos. Si éramos leales a Graham… entonces seríamos intocables para el resto de calañas.
—Su afición por las sustancias químicas es su marca personal, aunque sigue siendo una mala inversión. Hacer negocios con ustedes en el presente no es rentable. Graham lo sabe y aún así aquí están—volteé unos segundos y enfoqué mi visión aumentada de rayos X en las paredes para hacer una búsqueda panorámica y ubicar el grupo que custodiaba la entrada, contando aproximadamente 20 sujetos—, con los pocos hombres que le quedan. Es una apuesta arriesgada, incluso para alguien como él. Debió utilizar los últimos fondos que le quedaban… Casi me siento ruborizado por las atenciones que me están dando, es una pena que no pueda dedicarles toda la noche. Me habría gustado extender esta reunión con ustedes, pero ya tengo otras prioridades en mi lista.
—No sabes la satisfacción que me dará cuando te calle la puta boca con estas balas derritiéndotela—a Norris nunca le gustó conversar conmigo, no iba a ser diferente hoy, sin embargo, fue más sencillo para mí atacar a los tres tipos restantes que lo acompañaban que para él rozarme con esas municiones.
Al verse acorralado y ver como yo le rompía la columna a uno de sus compañeros pisándolo fuertemente con la suela de mi bota mientras intentaba alcanzar su metralleta, retrocedió hacia los pasillos sin querer darme la espalda, disparando y llamando la atención de los demás para que fueran a socorrerlo. Mi velocidad era una desventaja para aquellos que quisieron enfrentarme, pero mi fuerza fue letal una vez los tomaba del cuello y los elevaba sin dificultad para estrellarlos en el mármol de las gruesas columnas de la casa. En otros casos, tocaba desarmarlos porque era fastidioso como su pánico no les favorecía herirme y sólo seguían adornando las paredes con hoyos y cápsulas de esa sustancia que no terminaban de hacer reacción por no tener contacto con la carne. Comprendí el funcionamiento tan sencillo de esos casquillos luego de usar a dos desgraciados más como señuelos. De modo que a quienes no les tocaba ser asesinados por mis manos o mis láseres, lo eran por las mismas descargas auspiciadas por la compañía HEX.
La acción de limpieza me llevó un par de minutos, de pronto, el número se vio reducido a menos de la mitad. Los que huían eran interceptados por mí, pues no estaba en mis planes dejar sobrevivientes. Poco me interesaba que le fueran a dar el mensaje a su mezquino jefe, simplemente me relajaba terminar con sus vidas luego de que perdieran la oportunidad de hacerlo con la mía.
Apenas le quité el fusil de asalto a uno y le destruí la nariz con la culata de la misma de un golpe, el sitio volvió a quedar en silencio. Tiré el arma mientras buscaba y volvía a fijarme en los cuerpos, según mis cuentas, quedaban por lo menos siete asesinos escondidos que en un cambio de papeles, se volvieron las presas.
Caminé con tranquilidad, siendo mis pisadas lo único que resonaba entre tanta quietud. Fue una frecuencia de una radio lo que me hizo localizar al siguiente grupo, ¿refuerzos? No, no tenían más cartas y lo sabía porque me encargué de averiguarlo mucho antes de aceptar la cena de Graham y éste huyera, dejando a sus últimos seguidores en una ratonera. De hecho, varios eran sólo mercenarios pagados pues no podía reconocer más caras familiares, a excepción de Norris y… Donney.
—¡No podemos emboscarlo con los que quedamos, pedazo de mierda!—susurró Donney al final de las escaleras, oculto en la biblioteca personal de Mendel. Mi oído pudo detectar así su tono nervioso que disimulaba con insultos gratis. Aquel matón adicto a la cocaína era el más inestable de los presentes. Inconfundible era su silbido al final de cada palabra por la separación milimétrica de sus dos dientes frontales, de igual modo, su acento sureño lo delató cuando fallidamente quiso comunicarse con el exterior y Norris le ordenaba seguir hasta el final.
Donney, como el buen cobarde que es y recuerdo, se mantuvo pegado a la pared, alejado de la puerta mientras dos de sus compañeros la cuidaban. Al desenfocar nuevamente mi visión de rayos X sobre lo que ocurría en ese lugar, opté por actuar sin más distracciones y derribé al instante la puerta con una esfera de poder que impulsó a los que me estorbaron. No les di más segundos de ventaja, en un pestañear ya estaban inertes en el suelo los que se quedaron ahí, pues el viejo Norris había huído por una de las puertas laterales y Donney intentó ignorar el dolor en su pierna lastimada, cojeando y tomando la primer pistola que tomó del escritorio.
—No creí volver a verte—saludé mordaz, sus ojos verdes me miraron con un odio y me sonrió con cinismo en respuesta—, sinceramente esperaba que hubieras muerto de sífilis por tu gusto a las prostitutas baratas. Como pasabas más tiempo violándolas que haciendo los mandados que te encargaba tu tío, no creí tenerte hoy frente a mí… a punto de morir…
—Hijo de puta—respondió sin borrar su amarillenta sonrisa—, tenía tantas ganas de ver esa asquerosa mueca engreída, no has cambiado nada. La oferta de poder joderte era más tentadora que mil coños de rameras sucias en mi cama.
—Y ahora te diste cuenta que te timaron—acorté la distancia entre ambos provocando que el cargara la pistola sin dejar de apuntarme—. No es lo tuyo ser audaz, te hubieras quedado en tu hoyo pestilente como siempre supiste hacer, a menos de que Norris por fin haya querido deshacerse del inútil de su sobrino. Qué regalo el suyo darme el honor de por fin romperte el cuello.
—Podrás matarme, pero habrán más queriendo cazarte y cuando eso suceda, me aseguraré de guardarte un espacio en el infierno—reí, tan escandalosamente como no pensé reír en todo ese rato y eso lo molestó—, ¿de qué te ríes maldito fenómeno?
—¿Apartarme un lugar ahí, dices?—Contesté sin dejar mi tono jocoso—, yo no necesito esa clase de favores de tipos inferiores como tú—mi cara pudo parecerle sombría, pues pronto noté cómo retrocedió en respuesta y tiró por su torpeza los tomos sobre el escritorio donde se estaba recargando—. Tengo pase directo y preferencial porque es una de mis casas, vengo de ahí y lo último que puedes hacer en ese pútrido lugar es escoger con quién te toca pasar el resto de tu inservible existencia—entonces le rompí la muñeca haciendo que cayera la pistola y me deleité con su expresión de dolor una vez que se hincó en sus rodillas mientras luchaba con su débil presión sobre mis dedos para que lo soltara—. Ay, Donney… Me ofende el hecho de que hayas olvidado ese detalle de mí, eso sólo me dice que nunca acabaste de comprender lo que tenían con ustedes.
—¡Suéltame jodido imbécil, tus hermanos y tú solo fueron putos experimentos defectuosos, no eran invencibles!
—¿Experimentos?—forcé más el agarre—, ¿esa era tu percepción de un Rowdy? Qué simplista—ensanché más mi sonrisa—. Hace años dejamos de ser la creación de un villano con una sola finalidad malvada. Evolucionamos en algo peor, pero, ¿cómo ibas a saberlo? Para ti era excitante jugar con la voluntad de mis hermanos menores porque nos concebiste como cualquier otro adolescente inepto. Admito que fuiste de los pocos que nos veían así, casi como seres humanos… pero del tipo que son un desperdicio. Nunca voy a olvidar lo emocionante que era para ti sentirte como el adulto con experiencia cada que nos querías dar "lecciones" y desatar así nuestros temperamentos violentos. Por tu culpa Boomer se volvió muy bueno usando el bate, ¿sabías que eso nos costó a Butch y a mí perder contra él en los juegos de lanzamiento? Sé que le hubiera encantado sacarte los ojos de las cuencas y batearlos tan lejos por mera diversión… Ah, ¿ves lo que provocas? Casi me arrepiento por no invitarlos esta noche. Tu cabeza hubiera dado tantos puntos en los juegos improvisados que nos toca hacer, porque ya nos empieza a aburrir que sujetos como tú quieran matarnos y no están ni cerca de lograrlo. El lado positivo de todo esto es que al menos ustedes serán borrados para siempre de mis pendientes. Les ahorro así el hastío a esos dos cabrones—luego lo jalé, levantándolo para que me viera a la cara, su terror ya no podía ser disimulado con socarronería—, ¿crees que me lo agradezcan? Después de todo, como el mayor, no puedo evitar malcriarlos.
—¡Loco de mierda, suéltame!—Se removió como gusano mientras colgaba y con sus pies intentó patearme. El miedo lo hacía hacer cosas incoherentes y como todos, comenzaba a aburrirme.
—Seré benevolente, tomaré tu pedido como tu último deseo—de esa manera, lo arrastré conmigo mientras me acerqué a los ventanales de la biblioteca, pasando por las obras de política y filosofía que quedaron esparcidas en el camino. Con mi puño izquierdo libre, rompí el vidrio sin importar que pequeños pedazos le cayeran al escuálido drogadicto que seguía retorciéndose. La brisa de la fresca noche rozó mi cabello recogido en una coleta, removiéndolo gentil. Así me elevé al cielo nocturno y me enfoqué en la desesperación brotando de sus súplicas que hicieron mella en mis oídos, pero no alcanzaron a conmoverme—. Hasta nunca, Donney.
Lo dejé caer, apreciando a detalle el momento en el que chocó al concreto y reventó como bolsa de agua que toca la superficie. Grabé en mi mente la mancha de sangre que se hizo y ladeé mi cabeza, queriendo identificar en un ángulo al menos una de las figuras que Butch siempre encontraba en los escenarios así y que yo, sin querer tener la imaginación para eso, no podía ver el jodido perro, jirafa, o cualquier otro animal de turno que se presentara entre todos esos sesos y miembros. No ayudaba que Boomer también las viera.
—Definitivamente sólo son manchas—bufé abrumado, como si me afectara no ser parte de los juegos de ese par de idiotas…
Aterricé en la entrada de la mansión, no había transcurrido tanto desde que se me perdió la última de las escurridizas ratas, por consiguiente, seguía en los dominios de la familia Graham. Cerré los ojos, agudizando mis sentidos, buscando cualquier indicio que me llevara hasta Norris. Entonces lo encontré saliendo por el camino que lleva al bosque. Tenía que apresurarme, no quería alargar más esa persecusión que sólo me retrasaba. Todavía tenía unas horas de ventaja antes de que amaneciera, pero ya empezaba a extrañar la sensación de regresar a mi departamento. En lo que me dirigía como depredador entre los frondosos árboles, reflexioné el hecho de querer sentir el ambiente de mi hogar recibiéndome.
No tardé tanto en capturar a Norris, ni siquiera me molesté en responder a sus insultos cuando ya estábamos de regreso y me ocupaba de romperle las piernas para que no volviera a correr. Con él incapacitado, me permitía tomar una soga que encontré y usé para realizar un nudo sobre su cuello. Lo jalé con la cuerda como lo hacen con los perros maltratados y subí al balcón de la fachada principal. El lazo era extenso, por lo que aún estando a varios metros sobre mi víctima, ésta no corría peligro de ser ahorcado… aún. Solucioné eso una vez metí el extremo de la soga sobre uno de los barandales y tomé el resto para que, al momento de bajar con ella al suelo, pudiera levantar el cuerpo magullado de Norris. Dicho y hecho, descendí con una calma sin perturbarme por el sonido que salía del viejo una vez colgó a unos dos metros de las baldosas y moría lentamente por asfixia. Pasaron unos tortuosos minutos y por fin quedó suspendido en el aire, moviéndose de vez en vez como péndulo por la brisa que azotó de repente.
Luego de mirar mi firma en la entrada de la mansión, fui por la videocámara que vi en la biblioteca, en seguida de un libro que me recordó tenía que apurarme. Fausto de Goethe se presentó sobre ese mueble quizás a modo de señal, y me motivé por la imagen de esa mujer leyendo la edición que yo tenía sobre sus desnudos muslos… Me despavilé, no iba a dejar que ella se colara en mi cabeza ahora, no cuando no era el hombre que soy con ella que nada tiene que ver con el que acaba de asesinar a más de veinte hombres en menos de una hora y media.
Me enfoqué en mi objetivo, Mendel regresaría a la mañana siguiente luego de no tener buenas noticias. Y no contento con obligarlo a ver su plan fallido con todos esos muertos en su casa de verano, me incito a hacerlo rabiar con un mensaje en una breve grabación dejada en la alfombra de bienvenida a modo de obsequio.
Prendí la cámara e inicié el vídeo, captando los restos de la matanza sin mostrar todavía mi rostro, únicamente con mi voz narrando. Quiero que lo último que vea antes del final, es la manera en la que colgué detrás de mí el último de sus hombres más fieles y cómo lo mecí de sus rotas piernas como columpio. Mirará en mí esa sonrisa victoriosa, la mueca que tanto odió del hombre que creció para convertirse en las consecuencias de sus actos más perversos.
Mendel… te lo dije en la cena insípida que me hiciste, pero te explico a detalle porque sigues siendo el hombre patético que desea borrar sus propios errores aún cuando éstos ya son permanentes. Necesitarás más que una banda de sicarios para que me lleven cercenado en una caja sobre tu comedor, porque era así como te gustaba ver a los que, según tú, te traicionaban.
Pero yo no te traicioné. Lo que le hice a la zorra de tu esposa es algo que sabías muy bien terminaría pasando desde el instante que tú mismo me la ofreciste. A menos, claro, que ese "sin resentimientos" que me diste en la cena, hubiera sido más por lo que le pasó a la psicópata de tu hija... Yo no te perdí el respeto masacrando a tu familia, pues nunca te lo tuve y menos como para deberte fidelidad. Ambos sabíamos que nuestra colaboración sería mientras me forjaba en este negocio. Que te usé más de lo que tú nos usaste fue la prueba y eso te molesta, ¿verdad, Mendel? Por eso me quieres eliminar pues ya no sabes cómo recuperarnos.
Tu mayor equivocación fue no intentar matarnos antes. ¿Por qué esperaste a que nos convirtiéramos en algo peor? ¿Fue tu arrogancia o tu estupidez al creernos por siempre tuyos? Sé que al ver este vídeo volverás a mandar a más suicidas por mí o por mis hermanos, pero ya has perdido el juego. Hace mucho lo ganamos aunque sigas estando con vida, pues, ¿qué eres ahora, si no un moribundo que se aferra a una inútil venganza contra el verdugo de tu enfermiza familia? Se acabó, Graham. Me sabrás el vencedor cuando tengas que limpiar tú mismo cada cadáver de cada hombre que alguna vez trabajó para ti.
No te queda nada... porque ya eres nada.
.
.
.
¿Qué podía esperarse de mí, el principal responsable de que termináramos con con él? Para Boomer o para Butch, esa etapa en nuestras vidas pudo significar una forma de llevar nuestra rebeldía a la que sobrevivimos, pero en mi caso, se convirtió en un aprendizaje que aplicaría algún día, cuando tuviera el suficiente poder e influencia para controlar esa parte del mundo y el cual, entendí dominaba lo demás. Mis ambiciones nacieron de fines egoístas así como mi existencia misma. Siempre me pregunté qué habría pasado si acaso me hubiera desarrollado en otro contexto. Ignorando incluso que fui el producto de un villano frustrado y un juego para una entidad malévola, ¿habría sido diferente de haber crecido en un hogar estable donde predican esos valores de bien?, ¿me habría convertido en un hombre distinto?, ¿o sólo habrían sido vanos intentos para que al final terminara cediendo al desastre de individuo que era? Era el debate sin fin; "naces o te haces villano". Por supuesto, desde mi perspectiva, yo nací siéndolo. Al no ser un humano, no aprendí los conceptos de mi ambiente llevando un proceso normal, mi conciencia se despertó al mismo tiempo que el resto de mis sentidos físicos, de repente existía sin detenerme a procesar la razón de todo ello, y de inmediato conocí mi razón en el plano al que vine a terminar con mis hermanos. Lo que vino después, simplemente fue que nos adaptamos al espacio y al resto de individuos. Podíamos funcionar con matices que aprendimos de otros, pero al final, no podíamos prescindir de lo que mejor hacíamos.
El caos fue, es y será parte de nosotros.
Y aún así, había noches como esta en las que esa afirmación me inquietaba. A pesar de lo entregado que estaba al cometer atrocidad tras atrocidad, al acabar con la descarga de adrenalina y basto placer que me producía causar daño a los demás, se aferraba a mí subconsciente un recordatorio que me impedía seguir disfrutando de mis excesos con plenitud. Lo peor fue cuando comprendí de dónde venía el freno o los pocos límites que tenía, aunque reconocerlo me ahorró bastantes episodios de crisis, siendo éstos inusuales pero no desconocidos y por ello no menos repudiados por mí, no podía enfocar mi atención a otra cosa que no fuera la razón del cambio de mi actitud.
Nunca negaré que soy una mala persona, un desgraciado oportunista velando por sus propios intereses de formas inmorales. Me han llamado ruin, y no puedo ni me interesa refutarlo, pues cualquier acción condescendiente que haga, en realidad esconde objetivos personales. Claro, siempre consideré que ese era mi rasgo más humano a pesar de no serlo. Todos somos egoístas, incluyendo a los generosos que encuentran satisfacción en el buen obrar. ¿Ser amable desinteresadamente? Incluso así, no estaban libres del pensamiento individualista, porque todos cometemos nuestros actos por una razón. Nos anteponemos como prioridad, pues hasta los bondadosos encuentran el sentimiento de realización que inconscientemente buscan cuando ayudan al prójimo. La mayoría están hambrientos de reconocimiento, y no pueden negar lo complacidos que están al escuchar de otros el buen trabajo que hacen en sus vidas.
No muy diferente ocurre con el extremo opuesto. Saberme alguien detestable era mi premio, mas aceptar mi maldad innata, no me excluía de experimentar los sabores de una cotidianidad inofensiva. Esa neutralidad fue el puente que me permitió la conexión con ella… Y desde entonces, paseo entre su mundo y el mío, esperando encontrar el equilibrio ideal para no dejarme consumir por uno u otro ahora que conozco y aprecio ambos.
Mis cavilaciones mentales por lo general se disipan cuando cualquier presencia irrumpe en la realidad. En este caso, el familiar sonido de aterrizaje fue el detonante para que volviera a concentrarme en mi tarea que hasta hace unos minutos la hacía de modo mecánico.
—Me encontraste—pronuncié sin estar sorprendido una vez lo sentí a dos metros de mis espaldas. Yo seguí lavando mis manos en aquel río. La sensación del agua fría sobre mis dedos me tranquilizó apenas pude sentarme a las orillas y comenzar a limpiar los restos de la sangre ajena.
—Entonces era cierto, me estabas evadiendo—no lo miré, me sumí en mi labor de mojar mi rostro, pero pude imaginar su expresión taciturna por el tono de su voz tan impávido. Supe así que estaba enfadado.
—Ignorándote, en realidad—expliqué con el mismo sosiego todavía dándole la espalda—, fastidias tanto que opté por encargarme de todo yo mismo. Y como esperaba, fue rápido y sin contratiempos.
—No te correspondía únicamente a ti—dio un par de pasos hasta quedar a unos pocos centímetros de mí—, ni siquiera te dignaste a avisarnos.
—¿Debía hacerlo?—Pregunté sardónico—, pensé que ya éramos unos adultos capaces de hacer las cosas sin dar explicaciones a nadie, ni siquiera entre nosotros. Tienes que aceptar que no siempre vamos a estar los tres en la misma porquería y que lo que haga uno no va a incluir a los otros dos necesariamente. Deja que me ocupe de mis propios asuntos.
—¿Tus propios asuntos?—Repitió con mofa—, no sabía que esos años de mierda contaban sólo para ti y eso te daba el derecho de actuar por tu cuenta, ¿es que no te cansas de querer ser el único con protagonismo? Sabes perfecto que también nos incumbía.
Lo escuchaba sin dejar de tallar la playera negra que me quité para luego exprimirla y borrar así la evidencia de lo que acababa de hacer. Luego de unos breves segundos en silencio lo observé por sobre mi hombro, dedicándole una fugaz mirada que fue suficiente para comprobar la frialdad con la que intuí me veía desde que aterrizó.
—¿Qué es lo que vas a hacer, Boomer?—Inquirí glacial al devolver mi atención a la prenda extendida enseguida de mí—, ¿revivir a los muertos para volver a matarlos?, ¿reclamarme hasta que me disculpe y te prometa que no volverá a repetirse? El trabajo ya está hecho. Confórmate con saber que son menos los que estarán fastidiando de ahora en adelante. Podrás seguir en lo tuyo con más calma sin el pendiente de ser vigilado por gente entrometida.
—¿De qué carajos hablas, maldito imbécil?—La irritación que ocultaba hasta entonces por fin se volvía evidente—, otra vez tomaste una decisión sin tener en cuenta nuestras opiniones de las cuales eras más que consciente y aún así no te importaron. Dices que no nos debemos explicaciones pero eres el primero en exigirlas cuando yo o Butch hacemos algo que pueda arruinar tus jodidos planes.
Esta vez me giré para analizarlo mejor. Sus ojos azules cargados de frustración y su semblante firme me mostraron la versión adulta de mi hermano menor que en ocasiones como esta, me costaba reconocer. No porque me aferrara a la vieja imagen de él que tanto molestaba cuando éramos niños, sino porque era ese lazo familiar que nos unía y las mismas vivencias pasadas como actuales lo que me hacía excluirlo últimamente.
Las personas cambian, mis hermanos y yo no quedamos exentos, no obstante, odio admitir que me desagrada la dirección que ellos estaban tomando.
—Si para ti exigir es lo mismo que preguntar por curiosidad, entonces me estás malinterpretando—me recargué en mis brazos y dejé caer hacía atrás mi cabeza para descansar mi cuello.
—Al carajo con tu excusa, de un tiempo para acá has estado prescindiendo de nosotros. Irónicamente no dejas de estar al tanto, sé que te gusta mantenerte informado aunque lo disimules con indiferencia. ¿Qué ocurre, Brick?, ¿te fastidia no poder mandarnos como antes?, ¿no eras tú quien nos orilló a que dejáramos de depender de ti?
—¿Estás haciéndome todo este drama como mujerzuela abandonada, sólo porque no te invité a jugar con nuestros viejos amigos?—Mi burla no buscaba aligerar el ambiente tenso, al contrario, quería enfadarlo para que se agobiara de mí y me dejara en paz—, no voy a atender tus caprichos, ni siquiera Butch está aquí para joderme como tú lo haces, no debería importarte tanto.
—Él prefirió mandarte al demonio cuando lo supo.
—Deberías imitarlo, es lo que haces bien.
—Oh, ¿pero sabes qué es lo que hago mejor?—Respondió con el mismo tono retador—, decirte las verdades en la puta cara.
Sonreí con altanería y me levanté para encararlo.
—Eres tan tierno cuando te enfadas—no se inmutó, con los años aprendió a no caer en mis provocaciones, entonces, cambié mi expresión a una de completa seriedad—. Bien, si quieres una explicación, debes aceptar de antemano que este trabajo no era para ti.
—¿Tú lo decidiste?
—No, Boomer—respondí tranquilo—, fuiste tú.
Bufó fastidiado.
—No estaría aquí si eso fuera cierto.
—Ah, no me comprendes—solté—. Tus prioridades no son las mismas que las mías.
—¿De qué estúpidas prioridades hablas?
—Específicamente una de ellas, de la que ahora vive contigo, por supuesto—su rostro se ensombreció—, ¿me vas a mentir diciéndome que no es así?, ¿cuándo fue la última vez que cometiste un crimen legítimo como para que te ganaras cargos?, bien lo mencionaste, estoy enterado de tu récord delictivo de los últimos meses y veo que esa mujer ha logrado mantenerte distraído.
—No la metas en esto, Brick—lo analicé, lo estaba cabreando aunque no tenía en claro si era por hablar de su pareja o por poner en duda su villanía—. Debes sentirte tan frustrado por hablar así de ella.
—No tengo nada personal con tu novia, pero los dos sabemos perfecto que has estado reprimiendo todo de nuevo. Es fácil dar con la conclusión porque te encanta darle gusto aunque te pierdas a ti mismo. Cada vez más empiezas a dudar a la hora de dar el tiro de gracia, lo veo. Te cuesta regresar a casa con ella y tocarla con las mismas manos que acaban de asesinar a otros.
—Si ya estás opinando así de mi relación y mis supuestos conflictos morales, ¿no será porque te estás proyectando?—Sonreí, no quise ocultarle que había acertado—, ¿acaso tú no te acabas de lavar la sangre de tus enemigos de la ropa y tu cuerpo, pues no deseas que la tuya te vea así?
—Por eso mismo te evito más estrés. Porque entiendo lo que ellas han logrado y cómo eso ha afectado nuestro desempeño. No tienes que exponerte si no es necesario, eso te permitirá la estabilidad en ese noviazgo que cuidas.
—Hay algo que no logro entender—dijo al cruzarse de brazos—, te expresas como si te interesara mi estado emocional, justificando así que por eso no me quisiste participando esta noche, pero te conozco y sé que no es la verdad. ¿No será que eres tú de nuevo probando algo? Lo hiciste en el pasado cuando nos largamos de Townsville y nos metimos en cosas más turbias. Estando en esa cloaca, asumiste roles que te forzaste a seguir y nos excluiste aún cuando nos mostramos realmente preocupados por ti. Y ahora esto, de nuevo te apartas. Cada que lo haces, es porque existen cosas que te superan—calló por unos segundos y sonrió engreidamente—... ella te supera, ¿cierto?
—En efecto—me encogí de hombros. No tuve problemas con aceptarlo, a estas alturas no cabía orgullo que me impidiera asimilar la fuerza con la que esa mujer había llegado a entrometerse en todo, aunque ella no lo supiera.
—Estamos en una situación similar, eso está claro, quieres manejarlo todo, pero cuando yo deseo intentarlo, a mí sí me subestimas.
No le contesté. Tenía razón. A eso me refería cuando él y Butch estaban tomando caminos que me tenían intranquilo. ¿Dudar de la malicia de esos bastardos? No, ¿desconfiar en la capacidad de ambos para aparentar normalidad y que ésta no los termine cansando, provocando que tarde o temprano derriben todo lo que les costó construir? Sí.
No los quería ver rotos, no más de lo que ya estaban.
Me conocían como yo lo hacía con ellos. Estoy convencido de que no podrían soportar un resultado desastroso en caso de que las cosas nos explotaran en la cara. ¿Era un hijo de puta por ver esa debilidad en mis hermanos? Desde luego. Sin embargo, eran esos temperamentos inestables que poseían los que me hacían sentir… envidia. Tan emocionales, tan entregados hasta las últimas consecuencias, teniendo esperanza de que pueden tener ese final feliz que a los villanos desde siempre se nos ha negado… Yo anhelaba ser igual de ingenuo. Fantasear con un futuro donde obtenemos lo que queremos aunque no lo merezcamos… Sí, absurdo e imposible. Y esa inquietud irracional es la que me atormenta en secreto desde que me enamoré.
—¿Bubbles te seguiría amando si viera sin filtros lo que eres, Boomer?—La ausencia de una respuesta me dijo suficiente—, ¿renunciaría a sus principios, se fallaría a sí misma?
Me pasé la mano por mi cabello, recogiendo los mechones rebeldes que terminaron en mi rostro por la brisa que comenzaba a hacerse más intensa en ratos. Mi hermano tenía su mirada fija, en la nada, repasando mis palabras.
—No lo haría…
—Lo haría—me interrumpió a la vez que encontraba mi mirada con la suya para repetirlo más alto—. Ella se seguiría aferrando.
—Desconozco si eso te conviene o te resulta contraproducente.
No habló. Se guardaría su intimidad y por primera vez en este rato que llevábamos conversando, lo respeté. No seguiría inquiriendo en algo que no me incumbía, lo único que planeaba con todo esto era demostrar mi punto; el romance era complejo para alguien como nosotros y no podía terminar bien. Sin embargo, no continuaría aplastando sus ilusiones sólo porque no terminaba de formar las mías. Después de todo, era mi envidia, mi egoísmo y mis inseguridades lo que me hacía comportarme como un cretino que no quería sentirse el único que estaba viendo todo con imperfecciones.
Me regresé a la orilla y recogí la playera que ya se había secado un poco. El calor veraniego aceleró el proceso aún con el aire fresco ocasional. Así, me la puse con la intención de despegar e irme de ahí, pero antes de que eso fuera posible, el comentario de mi hermano se quedaría haciendo eco en mis pensamientos hasta que llegara al departamento.
—¿Y tú, Brick?, ¿tú seguirías aferrado a una mujer que aborrecerá para siempre lo que tú tanto disfrutas hacer? Si te despreciara una vez se canse de ignorarlo, ¿mandarías al diablo sus valores y límites con tal de seguir teniéndola, aún si eso pueda terminar mal?
Giré mi cabeza pero en ningún momento dejé de darle la espalda, ante unos segundos en silencio, finalmente respondí:
—... Lo haría. Me seguiría aferrando.
.
.
.
Volé a una velocidad que evidenciaba mis ansias de llegar a ese espacio seguro. Me relajé al divisar el complejo departamental y descendí frente a la puerta negra que ostentaba el dorado número 6. Resultó ser un viaje largo, como consecuencia, pensé en el niño que alguna vez fui. Sin falta, cada que me mostraba transparente con mis hermanos, había eventos que volvían sin yo quererlo. A mi cabeza llegaron imágenes revueltas en modo de collage, era casi tan banal como el movimiento de mi muñeca al girar la llave una vez la introduje en el cerrojo de mi departamento. Ninguno de esos pensamientos sobre aquellos momentos prevalecían por más de diez segundos, rápido se difuminaban sin perturbarme tal cual lo haría una idea abstracta, hecha únicamente para desaparecer si no conseguía formarse. De ese modo había conseguido lidiar con lo que otros pueden considerar un evento traumático y que tanto impide ser alguien funcional. No me interesaba saber si era la mejor forma de hacerlo mientras me funcionara. Detenerme en esa etapa para evaluar cada daño provocado hacía la persona que fui me parecía totalmente innecesario. Una pérdida de mi tiempo actual que mejor podía utilizar para trabajar en mis objetivos.
Entré a la reconfortante oscuridad, el recibidor estaba impecable como lo había dejado aquella mañana y el olor a esencias florales de la sala delató la actividad que se llevó a cabo ahí en la tarde. La tensión en mis hombros se esfumó apenas di un par de pasos, sintiendo una presencia en el sillón de dos asientos frente al televisor. La luz tenue de la lámpara en la esquina no se me hizo extraña luego de escuchar de fondo "Maybe I, Maybe You" de Scorpions en el estéreo y en un tono moderado. Lo primero que vi fue el reloj digital en el mueble de la tele, marcando las cuatro en punto de la madrugada.
Entonces la encontré dormida, semi recostada con Las flores del mal de Charles Baudelaire sobre su regazo. Era la figura femenina en mis dominios lo que me congeló para apreciarla y memorizar la forma en la que su sueño realzaba sus delicadas facciones. Los párpados cerrados guardaban esa letal mirada que no buscaba serlo pero que, para mí, significaba mi fin, destruyendo cada templanza y alborotando mis intenciones de ir hacía ella para apreciarla más de cerca aunque el rosa de sus iris me fuera oculto por ese instante.
Así lo hice. Me arrodillé, casi adorando su tranquilo porte y como era mi costumbre, no me contuve de tomar un mechón pelirrojo entre mis dedos para acercarlo a mis labios y besarlo con una devoción ceremoniosa. Cerré mis ojos, disfrutando el tacto de sus hebras en mi barbilla y poco a poco lo fui soltando para volver a mirarla. Me quedé así minutos, hasta que tomé el pequeño libro de poemas y ubiqué la página donde se había quedado.
"El enemigo", leí en silencio, y cuando lo dejé en la mesa del centro, la sentí removerse, somnolienta.
—¿Brick?—Me llamó en sueños hasta que se recuperó del trance, hallando al hombre que buscaba.
Sin contestarle, la tomé en mis brazos y la cargué para dirigirnos a la habitación. Rodeó mi cuello con sus brazos y recargó su cabeza en mi pecho. Al llegar, la recosté delicadamente en la cama, pero la insistencia de no soltarme me hizo permanecer con ella. Sus pupilas blancas fijas en mí me dominaron por un segundo, hasta que rompí su hechizo al separarme un poco con la intención de dejarla descansar, sin embargo, sujetó mis brazos con sus manos para impedirlo. No quería quedarse dormida otra vez.
—No es propio de ti quedarte hasta tarde leyendo—hablé casi en un susurro a lo que ella me imitó en volumen.
—No podía dormir—la suavidad de su voz me motivó a pasar mis nudillos sobre sus mejillas, entonces ella aprisionó mi mano con la suya para que no la despegara de su cara—. Estás frío.
Acto seguido irradié calor en mis palmas sin llegar a las flamas para no quemarla, aunque no la hubiera dañado realmente.
—¿Y para conciliar el sueño, acudiste a Baudelaire?
—Es una forma sutil de extrañarte. Te siento en sus versos cuando leo su poemario—confesó.
—"Mi juventud no fue sino una tenebrosa tormenta, atravesada aquí y allá por brillantes soles—le susurré al oído de memoria—; el trueno y la lluvia causaron tal estrago que pocas frutas bermejas quedan en mi jardín".
Soltó un suspiro acompañado de una sonrisa, buscó así mi boca y me besó con timidez. Correspondí el dulce tacto hasta que lo convertí en uno más afanoso, despertando mi deseo de poseerla como quise hacerlo desde que la vi en el sillón. Entre lapsos, jugó con sus dedos sobre mi torso, levantando la playera a su paso. Yo hice lo mismo con la que ella llevaba puesta, que también era mía, pues gustaba de volverlas su pijama por lo holgadas y frescas que las sentía. Parte del logo de la banda Emperor se perdía entre la curvatura de sus senos, luego de dejarlos al descubierto, me detuve para apreciar su desnudez.
—Exactamente—continuó mientras sus dedos dibujaron líneas verticales que bajaron hasta mi abdomen—, justo fue ese verso el que me recordó a ti—entonces se acomodó quedando su rostro frente al mío para enfrentar mejor nuestras miradas—. Antes de quedarme dormida leí ese poema, y lo interpreté, pensando que tenía que ver con lo que probablemente estabas haciendo afuera.
—La obra de ese francés exalta los vicios—tomé ambas de sus manos con las mías y las besé sin dejar de verla a los ojos—, ¿asumes que volví a excederme?
—Por el breve aviso que me diste antes de que salieras a esa reunión, supuse que tus asuntos pendientes no serían inofensivos—no titubeó, no había rastro de molestia y mucho menos pensó en medir sus insinuaciones a mi vida criminal—. Cada vez que te veo salir de esa manera, lo identifico en tu expresión desvergonzada. Lo haces a propósito, ¿verdad?
Era cierto que nunca busqué disimularlo. Mi leve sonrisa fue la respuesta afirmativa que pidió.
—Tan suspicaz como siempre, Blossom.
Acto seguido la tomé de los brazos para guiarla y que ambos nos recostaramos en la cama. Se acurrucó juntándose en un abrazo donde nuestros torsos aún descubiertos disfrutaron el contacto directo.
—"Mi juventud no fue sino una tenebrosa tormenta…"—repitió el verso—, alguna vez me contaste un poco de tu pasado, al menos los detalles que consideraste necesarios. No puedo evitar pensar en tu versión más joven y lo duro que debió ser. Me surge así la duda; ¿lo habrías evitado de saber lo que pasarías?
Después de un silencio, repasando con cuidado su cuestión para saber qué responder, me encogí de hombros, restándole la importancia que ella le estaba dando al tema.
—Considero que sería patético compadecerme de aquel niñato que ya no existe.
—Yo no lo veo así—opinó tan segura mientras modulaba su tono para no sonar intrusiva—. Hablar del pasado siendo éste doloroso no es necesariamente para dar lástima. Muchas veces ayuda bastante desahogarlo, reconocer el valor de ese niño que fuiste es un paso más para que así puedas comprender al adulto que eres ahora.
—Entiendo perfectamente la razón del porqué soy como soy—le aclaré con una tranquilidad que bien podía ser discorde a mi oración con tintes defensivos, mas mi semblante relajado seguía reforzando esa intención de demostrarle que no estaba lidiando con mi faceta evasiva—. Reconozco el ambiente nocivo que me formó y que para fines ideales, no debió ser el escenario si la meta era convertirme en una persona de bien. Pero ahí está el detalle, nunca aspiré a ello desde que soy consciente de mi existencia. Lo que ocurrió fue porque yo mismo lo decidí así.
—No creo que tú hayas querido pasar por todo eso. Me cuesta aceptar que estés de acuerdo con el maltrato que padeciste con tus hermanos. Es cierto que nunca sabré lo que es vivir algo así y no puedo ni imaginarlo aún si me lo contaras a detalle, pero eras sólo un niño, Brick, no sabías lo que significaba involucrarte en ese mundo. Estás tomando una culpa que no te pertenece.
—¿Culpa?—Repetí extrañado—, ¿por qué piensas que me estoy culpando?
—Me lo acabas de decir: "Lo que ocurrió fue porque lo decidí así". Estás asumiendo que fue por ti y…
—Lo estás tomando por el lado equivocado, Blossom—la interrumpí—. Si dejaras de verme como una víctima, entonces sería más sencillo para ti asimilar que el criminal que tienes enfrente es todo menos el resultado de unas desafortunadas circunstancias. Con esas palabras nunca dije que fuera mi culpa, porque para empezar, no estoy arrepentido de nada. No tengo remordimientos. Simplemente soy capaz de hacerme cargo de mis asuntos.
—Es un peso que te estás echando sobre los hombros.
—Es responsabilizarme de mis decisiones—carraspeó, evidenciando lo inconforme que estaba con mi visión de las cosas—. Fui yo quien quiso exponerse a esos peligros.
—Teniendo tan solo doce años es obvio que fuiste influenciado.
—Me parece hilarante.
—¿Qué?
—La figura de sabia autoridad que me quieres mostrar, me parece incongruente, incluso—se apartó de mí, rompiendo el abrazo para enfrentarme desde una postura más indignada como ya estaba.
—No intento verme "sabia".
—Quieres tener la razón.
—No se trata de sí tengo la razón o no, se trata de que comprendas que hay cosas que no vas a poder manejar y entre ellas es aceptar que fuiste manipulado, aunque te pese aceptarlo. Te dejaste llevar por malas influencias y te convenciste de que eras tú el causante de todo.
Reí con genuina gracia, cosa que molestó a la pelirroja que me observó seria.
—¿Por qué te cuesta tanto ver a esa vieja versión mía como lo que fue, un pequeño granuja que ya sabía lo que estaba mal y por eso disfrutaba provocando caos en la ciudad?, ¿olvidas mis primeros crímenes?, soy genocida desde los cinco años, no necesariamente porque quería darle gusto a mi creador, sino porque la maldad ya la tenía en mis constitución—entonces me enderecé sin dejar de mirarla—. ¿Quieres que te diga por qué me parece tan curiosa tu postura? Eres una Superpoderosa, impuesta a tratar con toda clase de alimañas que joden la armonía que tanto se te encomienda proteger. La lógica dice que seas la primera en ignorar sentir empatía hacía tus enemigos, y aún así aquí estás; sintiendo pena de mi infancia porque no estás viéndome como el villano que fui y sigo siendo. ¿Acaso quieres convencerme de que no soy el hijo de puta que soy realmente, porque así es como puedes lidiar con tus sentimientos hacía mi persona? El amor que sientes por mí te empieza a cegar.
—Te estás excediendo—soltó determinante, cubriéndose de nuevo con la playera que hacía unos minutos le había quitado—. Sabes perfectamente que detesto esa manía tuya de ser irritante cuando te sientes acorralado.
—¿Acorralado?—Repetí con sorna—, supongo que es más sencillo lidiar con tu frustración si también la ves en mí, para no cargar con el peso de ser la única quien se incomoda con la verdad, de otro modo no me explico de qué manera es que estoy siendo "acorralado" como mencionas. Te aclaro que yo me encuentro tranquilo.
Rodó los ojos y salió de la cama.
—¿Cuántas veces al día mientes, Brick? Seguro ya no llevas la cuenta y por esa razón hasta tú mismo te perjudicas con tus mentiras. Te aseguras de creer lo que te conviene aunque tergiverses todo. Reconozco que eres bueno manipulando, mas eso no te funcionará conmigo. Sé lo que intentas hacer.
—Dímelo—dije sin borrar mi sonrisa al verla tan desafiante—, desentraña el misterio, querida, anda, ¿qué es lo que intento hacer?, ¿cuáles son mis intenciones?
—Convencerte de que, en el fondo, sí estás molesto con mi manera de leerte.
—Tu manera de "leerme" es una interpretación equivocada. Aunque, no te culpo, de cierta forma sólo tienes de mí una versión censurada. Natural que termines analizándome como lo haces.
—¿Al menos comprendes lo que quiero expresarte con ello? Si me dejaras…
—Repasemos tu lectura, entonces—sentencié interrumpiendo—, a tus ojos, fui parcialmente inocente gracias a mi inexperiencia tan típica a esa edad infantil. Justificas mis delitos porque en tu concepción, un crío no pudo haber sido consciente de todas las atrocidades que cometió o iba a cometer al verse influenciado por malas compañías, ¿no es así?, bien, pues entendería tu punto si mis pecados fueran el resultado de la falta de buenos valores, pero ambos sabemos que eso no es así. Sin embargo, verme como el resto de los seres humanos quienes aceptan equivocarse siempre, te ayuda a no juzgarme.
—Detente ahí—soltó imponente—. En primer lugar, no te estoy justificando nada. Obraste mal y me queda más que evidente que seguirás obrando mal por gusto y convicción. Pero de tu nula moral no estoy hablando y, además, ni siquiera podría juzgarte porque si lo hiciera entonces me convertiría en una total hipócrita… más de lo que ya he sido por ser lo que soy y estar contigo—volvió a sentarse en la esquina, tomando una distancia prudente de mí—. Lo que llevo rato tratando de decir y no me has dejado explicar es sobre eso que siempre haces. Te adjudicas toda cosa posible por tu tendencia de querer controlar todo, y lo haces porque es así como puedes soportarte. En el fondo dudas como lo hacemos todos, como ese niño que no ha desaparecido y que callas ya sea porque te trae amargos recuerdos o porque demuestra una debilidad de la que te quieres deshacer. ¿Por qué otra razón me hablarías de su simbólica muerte si no es por tu necesidad de deslindarte de él?, ¿y por qué tú, un hombre tan orgulloso renunciaría al mismo, si no es porque representa ese lado blando que no concuerda con la imagen que has trabajado hasta ahora de ti? Y cuando ya no puedes ocultarlo, cuando alguien te dice lo que no quieres escuchar porque te hiciste dependiente de tus propias mentiras, es cuando te sientes acorralado. Sí, Brick, aunque trates de ocultarlo con ese estoicismo en tus facciones, con esa arrogancia en tu tono y con esa obstinación en tu discurso, tienes matices de ese niño ingenuo que aún asegurando ser consciente en lo que se metía, llegó a sentir tanto miedo y sufrimiento como cualquier otro pequeño que no merecía pasar por todos esos horrores—hizo una breve pausa, ya sea con el fin de comprobar si yo estaba consciente de sus palabras o para que ella misma agarrara fuerzas y siguiera defendiendo su punto, alzó su barbilla desafiante y continuó—: Villano o no, me mantengo firme en mi postura… No puedo concebir el daño que te hicieron como una consecuencia o una extensión a los delitos que cometiste. Ni aún siendo tu enemiga en el campo de batalla, no puedo verlo como un castigo. Toma mi empatía como algo molesto si quieres y sigue llamándolo victimización si te funciona, pero no te atrevas a poner en duda mi concepción de la realidad. No soy estúpida, Brick, por una vez deja de ser tan soberbio conmigo, yo no me ciego ante ti, sé con quién decidí estar.
En ocasiones como esta, cuando las discusiones verbales iniciaban por el temperamento orgulloso del otro y rompía la armonía inicial, me obligaba a reconsiderar si al final era tan importante ganar una pelea donde ninguno de los dos cedería tan fácilmente. Por supuesto, mi intención nunca habría sido hacerla pensar como yo. Si habíamos comenzado una relación no lo fue para moldearnos a nuestro gusto y conveniencia. La actitud altiva de mi contraparte era su especial encanto, doblegar su espíritu competitivo se alejaba bastante de mi objetivo al tenerla a mi lado. Yo la amaba, y lo hacía por su capacidad de evidenciar lo que yo ocultaba.
La tensión se disipó apenas volví a acostarme y la invité palpando su lado de la cama, enseguida de mí. Dudó unos instantes, no quería que su confrontación se ignorara si cedía a mi petición.
—Ven aquí, mujer testaruda—se cruzó de brazos y arqueó una ceja.
—¿Así de sencillo?, ¿ya no me dirás nada que intente invalidar mi postura porque eres tú el obsesionado con tener siempre la razón?
—¿Quieres que lo siga haciendo?—Inquirí divertido—, tal parece que tienes más deseos de pelear conmigo que yo contigo.
—Eres egocéntrico a niveles preocupantes, Brick
—Y si eso no te impide ser mía, entonces estás enfocando tu preocupación en la persona equivocada. Habla mucho de ti que no me hayas dejado a pesar de que te harte mi ego.
—Me caes mal—bufó ocultando su sonrisa—. Está bien, estamos a mano. Tú me exasperas tanto como yo a ti.
—Me excitas más de lo que me abrumas, si te soy honesto…
—Pervertido.
—¿Puedes culparme? Desde antes que condujeras la conversación a mi errática juventud, yo ya estaba preparándome para tomarte y disfrutarte. No sé por qué decidiste sacar el tema justo en ese momento.
—Porque cuando haces cosas malas, más quieres que te vea al rostro. Tú no te avergüenzas de ello, lo ocultas al no decírmelo con las palabras, pero no es necesario ese silencio cuando lo presumes en tu mordaz mirada, esa que siempre me muestra todo con la intención de que yo sepa lo que en realidad eres. Quieres que nunca se me olvide, y, desesperadamente, acompañando ese reflejo malicioso, encuentro de manera sutil tu necesidad de que te acepte así—su explicación si bien no me tomó desprevenido, sí me provocó un cosquilleo. Una vez más, había acertado—. Entonces no voy a ignorar tu mayor preocupación, pero en esta relación no debo ser la única que tolere tus detalles. Tú también acostúmbrate a aceptar que hay más de una forma en la que se te puede querer. Si no eres capaz de verte como yo te veo, entonces sólo sígueme la corriente si quieres, pero no me corrijas, no te atrevas a hacerlo porque sabes perfecto que no nos llevará a nada cuando ambos estamos aferrados.
—Tan demandante—espeté una vez me acerqué a ella y la jalé conmigo sin que pusiera resistencia—, tan segura de sí misma—luego recorrí su cuerpo con mis manos por debajo de la playera, marcando un camino de su vientre hasta su entrepierna y comencé a acariciar suavemente su zona íntima sobre su ropa interior con mis dedos—, tan… letal.
—¿Letal?—Quiso disimular su quedo gemido.
—Mencionaste algo sobre una debilidad que me esfuerzo por erradicar, pero nada tiene que ver con mi pasado.
—Aceptas abiertamente tener una debilidad, eso es nuevo—se burló entre suspiros. La tomé del mentón con la mano que no la estaba acariciando y la besé con fuerza, sin lastimarla.
—Y como es usual, intento dominarla—aseguré entre los siguientes besos que bajaron por su cuello.
—¿Crees lograrlo?—Su respiración era agitada, luchando por contenerse para seguir el hilo de cada oración que yo le soltara.
—Por eso eres letal—le explico, deteniéndome abruptamente para que se concentrara por completo en mi declaración—. Me tienes en un constante cambio entre lo que soy y en lo que me convierto para poder conservarte. A veces me doblegas, Blossom. Y lo detesto. Eso es debilidad. Tú eres mi debilidad.
Parpadeó varias veces y acunó mi rostro en sus manos, su semblante expresó un cariño especial, comprensivo.
—Posesivo—acusó tranquila—. Tu forma de expresarte es tan posesiva.
—¿Te molesta?
—... No—en un movimiento me empujó para que lentamente cayera de espaldas y así ella pudiera ponerse encima de mí, sus muslos quedaron a los costados de mi cintura—. ¿Lo ves? Haces que no me cuestione tus conductas erráticas. Así que tú también logras que me doblegue. ¿Sirve de consuelo para nuestros orgullos que nos sometamos juntos? ¿Cuenta como empate?
—Bésame—le ordené anhelante.
—Y tú di que me amas—se atrevió a exigir en el mismo tono mandón. Tuve que apoderarme de sus labios por mi cuenta para saborearla y calmar mi hambre, agotando cualquier espacio de pequeños descansos de ese frenesí. Le indiqué así que no quería seguir esperando. Manejé la situación hasta que la intensidad disminuyó y quedaron dosis moderadas de castos besos. Al separarnos, fue su turno de ceder tomando la iniciativa de su pedido—. Pues yo te amo, Brick.
—Te amo—besé su frente y ella lo hizo con mi barbilla—... y eso te condena a mí.
Rió y negó con la cabeza.
—Nunca puedes hacer tus declaraciones amorosas sin malicia, ¿verdad?
Le sonreí, con la calidez que mis frases tal vez no podían darle todo el tiempo pero que en intención, ahí estaba.
—Nunca.
La apuesta que hicimos con este noviazgo era que al final funcionara. Independientemente de verlo como derrota para nuestras convicciones o victoria para nuestros deseos, la intención era explorar la emoción de sabernos amados por el enemigo. Blossom había aceptado más rápido ese hecho que yo una vez lo concretamos oficialmente, quizá porque seguía desconociendo hasta qué punto era capaz de llegar mi maldad, pero aunque no le gustara aceptar abiertamente su elección de ser ignorante en cuanto a mis acciones con el resto del mundo, demostraba que por ahora anteponía su amor sobre su moral. No hay ética que frene la pasión que desborda dicho sentimiento, y tampoco hay perversión que lo manche y nos impida disfrutar de la ternura genuina que lo adorna. Debemos seguir juntos por eso, porque no hay reglas fidedignas que nos retengan.
Eventualmente, el amanecer nos atrapó en pleno juego de seducción con el movimiento de caderas que hacían posible el roce y unión de nuestros sexos. Tan absortos nos quedamos en el deleite de cuerpos y afecto, que un nuevo día ya se ponía en marcha. Sin embargo, los dos nos preferíamos inmiscuidos en las madrugadas, en ellas, siempre obtenemos la sinceridad y calma a las inquietudes que nos asaltaban sin descanso, en ellas, siempre contábamos con la compañía de quien habíamos aprendido a amar.
.
.
.
.
.
In a world full o pain
Someone's calling your name
Why don't we make it true?
Maybe I, maybe you
Maybe I, maybe you
Maybe I, maybe you…
¡Es mi cumpleaños, mis aberraciones! ¡YEIH! Como estuve haciendo los dos últimos años, vengo con mi propio regalo porque debo ser la primera en apreciarme. Así que eso, es genial que la trilogía esté completa al fin y me haya dado el gusto.
Ahora, debo decir que fue tedioso tratar de escribir esto con tiempo, yo la verdad no funciono haciendo las cosas así, responsablemente. Trabajar bajo presión puede ser beneficioso y contraproducente, lo sé, pero para lo que me importa que esto quede "perfecto", pues meh xD. ¿Hay erratas? Es probable, edité esto apenas hoy. ¿Hay detalles polémicos? Sepa la vrga jajajaja, eso ya es cosa de cada lector si acaso se sienten incómodos o inconformes con la perspectiva que enseño de los Ruffs, pero yo no me arrepiento de nada. La ficción es lo máximo y ellos jodidos también. :D
Para aquellos que quieran saber más sobre mi HC, Dulce Euforia, Blue Outline, Green Shape y recientemente, Red Surface, son oficialmente los fanfics a consultar. Lo demás en mi perfil son Universos Alternativos o ideas random. Además, para más material extra de mis historias o en general, está mi IG.
