—¿Alguna vez se imaginaron que estaríamos aquí? — Preguntó de repente Corey volteando a ver a sus amigos.

— ¿En nuestro jardín bebiendo cerveza y esperando a que las cosas se calmen dentro de la casa? No me imaginaba otra cosa — Contestó sarcasmo Laney bebiendo de su botella.

— No, me refiero a todo esto — Señaló todo a su al rededor — Toda nuestra vida —.

— Corey, amigo, no salimos de esa masacre para venir a escuchar tu maldito discurso sentimental — Kin frunció el ceño.

— ¿Por qué siempre tienes momentos sentimentales? — Kon Inclinó la cabeza.

Los cuatro se encontraban sentados en unas sillas en el jardín de la casa de Corey y Laney. Habían escapado después de que una gran pelea con sus demás amigos sucedió adentro y ninguno quería meterse en ella.

— No lo hagan raro — Corey se recargó en la silla y miró hacía el cielo — Es sólo que a pesar de que adentro sea el infierno, estoy feliz por todo lo que hemos pasado. Creo que me siento realizado en la vida —.

— Si, sé a qué te refieres — Kin asintió moviendo su botella y sonriendo — Tenemos apenas 27 años y ya hemos logrado todo lo que queríamos —.

— Nos casamos, tuvimos hijos, tenemos una banda famosa y ya hemos ido al espacio — Mencionó Laney guiñando hacía su esposo que le sonrió.

— Es cierto, los quiero chicos — El guitarrista les sonrió con cariño.

— Ayyy yo también los quiero — Kon envolvió a los cuatro en un fuerte abrazo.

— Ahora Kon lo hace raro — Soltó sin aire Kin mirando hacía Laney que asintió pero ninguno se movió para salir del abrazo.

En un segundo, varias gotas de agua cayeron del cielo junto a otras más comenzando una lluvia.

— La lluvia lo hace más raro, ¿Verdad? — Preguntó Kon.

— Si — Los cuatro se separaron incómodos volviendo a sus sillas.

Laney miró hacía la casa donde aún se escuchaban gritos y luego se giró a Kin y Kon.

— ¿No irán adentro? — La lluvia no caía tan fuerte pero aún así era lluvia.

— ¿Tú no irás por tus hijos? — Preguntó Kin con una ceja alzada.

La pelirroja lo miró entrecerrando los ojos y volvió a su cerveza sin decir nada más.

Después de un tiempo, Kon volvió a hablar.

— ¿Saben? Yo aún no me siento realizado. Aún falta algo para saber que estoy bien con la vida — Se giró a sus amigos que lo veían expectante y luego sonrió con diversión — Quiero verlos a todos como abuelos —.

— ¡Ahg amigo! — Los tres agitaron la cabeza ante esa imagen y Kon comenzó a reír.

— Mi hija acaba de nacer y mi hijo tiene un año, déjame disfrutar mi vida — Laney lo miró con molestia.

— Si, amigo, somos demasiado jóvenes para pensar en eso — A Corey le recorrió un escalofrío — Y pensar en mi niña o en mi hijo casándose es... Ihh —.

— Asesinare a cualquiera que se acerque a mi hija. Más le vale no tener hijos — Kin murmuró mirando con amenaza hacía enfrente.

— Además, ¿A tí te gustaría que tus hijos se casaran? ¿Qué tuvieran hijos? — El líder miró hacía el baterista que se alzó de hombros.

— Estaré feliz si ellos son felices. Todavía tengo varios años para acostumbrarme a la idea — Asintió para si mismo y se rió de nuevo — También es gracioso imaginar a unos niños llamándome abuelo Kon —.

Los tres lo miraron unos segundos antes de reír junto a él.

— Los niños estarán felices con el abuelo Kon — Se rió Kin palmeando la espalda de su gemelo.

— O con el abuelo Kin — Kon habló tranquilamente tomando de su cerveza.

Ahora Corey y Laney rieron más fuerte al ver el rostro serio de Kin que dejó su diversión a un lado.

Kin se giró a sus amigos y señaló con molestia a Laney.

— O con la abuela Laney —.

Laney dejó de reír y lo señaló con amenaza.

— Dime así de nuevo y ni siquiera seguirás siendo padre — Luego se volteó a su esposo que no paraba de reír — Y tú deja de reír, abuelo Corey —.

Corey dejó de reír ante eso y miró pálido a su esposa que de nuevo sonrió con diversión.

— Mejor dejemos esta conversación por la paz — El de cabello azul movió sus manos para calmar a los cuatro y de nuevo quedaron en silencio.

La lluvia y los gritos volvieron a escucharse por sobre el silencio de los cuatro. Su ropa ya estaba muy mojada pero ninguno parecía querer moverse de su lugar, era un momento tranquilo.

— Abuelo Riffin no suena tan mal — Volvió a hablar Kon.

— ¡Kon! —.


El viejo baterista sonrió hacía el espejo al recordar esa conversación.

Esa conversación había ocurrido hace más de 40 años y era increíble que aún la recordara como si fuera ayer. Podría olvidar dónde dejó sus llaves pero jamás momentos como ese.

Su celular sonó de repente provocando que girara la mirada hacía el mueble junto a él y tomara el dispositivo con tranquilidad. Era su hija, que seguramente llamaba para saber si ya se iba.

— Toc toc — Contestó la llamada como usualmente hace cuando es su hija.

— ¿Quién es? — Al otro lado de la línea, Meredith sonrió con diversión.

— No lo sé, tú llamaste — Kon soltó una risa y miró hacía el espejo nuevamente — ¿Qué pasa, azúcar? —.

— Sólo te llamaba para saber si ya se iban, ¿Seguros que no quieren que vaya con ustedes? A Katherine no le importará si la dejo a cargo de los niños un rato —.

— Estamos bien, tomaremos un taxi hacía el aeropuerto y nos veremos con tus tíos allá. Mejor quédate con tus hijos y disfruta tu fin de semana — Kon se acomodó su largo cabello hacía atrás sin dejar de mirarse al espejo — Además sabes que tu madre odia que la trates como... Bueno, como una persona mayor —.

— Al menos ya deja que los niños la llamen abuela — Se rió y después suspiró — Bien, pero me llaman antes de abordar y cuando lleguen —.

— Claro que sí, lo haré, te amo —.

— También te amo papá, cuídense — La llamada terminó.

Kon guardó su celular en el pantalón y se miró unos segundos al espejo. A través de los años, varios cabellos blancos aparecieron en su cabello y barba, quedándose ahí junto a los negros que aún conservaba. Las líneas en el rostro y su piel perdiendo su elasticidad, sólo era un recordatorio de que tenía 67 años.

Asintió hacía el espejo y tomó sus cosas junto a las maletas antes de salir de la habitación, asegurándose de que todo estuviera en orden.

Cuando bajó las escaleras, buscó con la mirada a su esposa que dijo que ya estaba lista hace unos minutos.

Su vista se dirigió hacía la cocina, específicamente, hacía el jardín trasero donde había una mujer parada.

— Miel, ya debemos de irnos — Habló cuando salió hacía el jardín trasero y vió a la mujer mirando hacía la casa vecina.

Trina se giró hacía él con una sonrisa e hizo un gesto de silencio, señalando hacía una pelota que estaba en medio del jardín. Kon estaba seguro de que esa pelota era del vecino.

— Ellos creen que ya nos fuimos y tratan de subir la cerca — Susurró con diversión volviendo su vista hacía la cerca que comenzó a moverse.

Kon miró con diversión a su esposa y la admiró por unos segundos. Trina, para tener casi 70 años, se veía igual de maravillosa que siempre. Su cuerpo se conservaba igual de delgado, menos firme de lo que recuerda y aunque su caminar ya era lento, las líneas en su rostro eran menos que las de Kon y su cabello rosado, a pesar de que comenzó a usar tinte desde hace 15 años, seguía lindo y bien cuidado.

Sinceramente, Kon jamás creyó llegar a la edad para ver a su esposa así. Ni siquiera creyó vivir más de 50 años.

Cuando la pierna de un niño pasó la cerca, Trina miró a su esposo con diversión una vez más y luego se aclaró la garganta.

— ¿¡De quién es esta pelota!? — Gritó lo suficientemente fuerte para asustar al niño.

— ¡Ahhhh! — Se vió como el niño cayó del otro lado con un fuerte golpe — ¡Mamá! —.

Trina se rió a carcajadas apoyándose en su esposo que sonrió por la acción de su esposa, le daba pena el pobre niño pero si su desgracia hacía feliz a su esposa, siempre puede fingir demencia.

— Ya vámonos, no quiero lidiar de nuevo con la estúpida vecina — Giró los ojos y le tomó la mano al hombre. Sus anillos de boda hicieron un pequeño sonido cuando chocaron.


Kin arregló el moño de su hermano mientras hablaban.

— Pero si mamá los invita a la cena navideña, dile a Trina que se canceló unos días antes, te lo ruego — El de lentes lo miró con súplica.

— No lo haré — Kon sonrió con alegría y Kin no pudo evitar quejarse.

La puerta de la habitación se abrió para dar paso a Corey y Laney que se detuvieron al ver a Kon.

— Wow, ¿Cuándo fue la última vez que te vimos en traje? — Laney lo señaló con diversión.

— Creo que fue en esa fiesta cuando ganamos esos Grammys — Corey miró al techo pensando y luego rió — Pero se rompió el traje cuando escapamos —.

— Y era alquilado — Murmuró con pena Kon al recordar que todos terminaron mal ese día.

— Bueno, todos nos vemos elegantes hoy — Kin se señaló comenzando a posar en su traje.

Corey y Kin llevaban un traje sencillo de color negro con una corbata azul marino mientras que Laney llevaba un vestido negro corto que le dejaba descubiertos los hombros, todos estos vestuarios elegidos por Kon y Trina ya que al ser amigos cercanos, serían los padrinos de honor del baterista.

Por otro lado, Kon lucía un traje hecho a su medida con un moño rojo y de un bolsillo se asomaba una flor rosada. También lucía un sombrero pero nadie quería volver a discutir ese detalle.

— Por supuesto que nos vemos elegantes — Corey se acomodó el saco con una sonrisa coqueta hacía Laney. La pelirroja apartó la mirada sonrojada mientras que Corey volvía a ser ajeno mirando hacía los gemelos — Kon se casa, no es cualquier cosa, Kon se casa —.

El cuarto quedó el silencio ante esto último y fue Kin el que se giró de nuevo hacía su hermano.

— Kon se casa — Murmuró con melancolía.

En un segundo, la banda abrazaba al baterista, llorando y sollozando.

— No puedo creer que te vayas a casar — Laney lloró sobre su hombro tratando de no mancharlo con su maquillaje corrido que tendría que arreglar más tarde.

— No puedo creer que te cases con mi horrible hermana. Aún estoy molesto — Sollozó Corey en su otro hombro.

— No puedo creer que Trina será oficialmente de mi familia — Kin enterró su rostro en el pecho de su hermano con un fuerte quejido.

Kon lloró con fuerza y sujetó a sus amigos más cerca de él. A pesar de que los cuatro habían hablado del gran paso que el baterista estaba por dar, aún era doloroso saber que uno de la banda ya iba a formar su propia familia.


— Jodido avión — Trina se dejó caer en su asiento con una botella de agua mientras se volvía a colocar el cinturón de seguridad — ¿Ya te había dicho lo mucho que odio los baños de los aviones? —.

— Cada que viajamos — Kon asintió llevándose un cacahuate a la boca y mirando a su esposa.

— Y seguiré diciendo lo mismo. ¡Son una mierda! — Se quejó nuevamente y delante de ella, una mujer jadeo mientras le tapaba los oídos a su hijo — ¡Por favor, señora! ¡Su hijo debe de decir cosas peores! ¡Ese mounstro seguramente ya puede conducir! —.

Kon decidió ignorar la pelea que tendría su esposa y que terminará ganando por qué nadie se le acercará para detenerla. Observó su reloj para saber a qué hora llegaría el vuelo y se reunirían con su hermano.

Kon y Trina eran los únicos que se habían quedado en Peaceville después de tantos años mientras que todos los demás se habían ido a diferentes lados para vivir sus vidas después de la banda.

La última vez que supo, Kin y Kim habían estado viviendo en un pueblo de Escocia, no lo sabía, ellos viajaban mucho.

Por la distancia a Inglaterra, seguramente su hermano y su cuñada llegarían primero.

— ¡A mí no me habla así! — Trina amenazó a la sobrecargó cuando la trató de calmar y luego volvió hacía la mujer frente a ella — ¡Mejor baje a la señora y a su mounstro, molestará a los pasajeros! —.

Kon no recuerda por que no viajan en un avión privado.


— Tengo el extintor — Kon llegó junto a sus amigos para golpear la puerta del baño.

— ¡Tranquilo amigo, ya casi te sacamos! — Gritó Kin a través de la puerta mientras Kon seguía golpeando la cerradura.

— Dame eso — Laney le quitó el extintor a Kon y luego se giró a la puerta — ¿¡Cómo mierda te quedaste atrapado en el baño!? —.

— ¡Creí que el seguro iba al otro lado! — Lloriqueo Corey dentro de baño — ¡Creo que acabo de descubrir que soy claustrofobico! —.

Kon, Kin y Laney estaban parados frente a la puerta del baño tratando de abrir la puerta que el idiota de su amigo atoró por error.

Jamás dejen a cuatro adolescentes solos en un avión privado.


Al parecer Kon si recuerda algo de eso y de como les prohibieron subirse a un avión privado de por vida.

— Zorra — Trina levantó el dedo medio a la mujer que salió frente a ella por la puerta de salida del aeropuerto y luego miró a su esposo — ¿Y qué? ¿A qué hora dijo ese idiota que estaría aquí? —.

— ¡Hermano! — Un grito a lo lejos provocó que la pareja de casados mirara hacía un auto estacionado frente a la acera.

A Kon siempre le agradaba ver a su hermano. Kin también tenía varios cabello blancos y líneas de vejez, sus lentes aumentaron graduación a través de los años, sin embargo, lo más notorio en él es la falta de cuatro dedos en sus manos y el pedazo de metal que reemplazaba su costado.

Kim era diferente por que ella ya tenía un aparato en el oído para escuchar mejor y sólo le faltaban dos dedos en una mano. Su cabello lo corto hace años y también se dejó las canas.

— Hermano — Kon abrazó a su gemelo y luego miró hacía Kim, abrazándola también — ¿Cómo les va por allá? ¿Y sus hijos? —.

— Evitamos ver a nuestros nietos en la semana para no tener que traerlos — Kin chocó la mano con su esposa que se veía igual de orgullosa que él.

— Son grandes abuelos — Se rió el baterista — ¿Y cómo les fue en el viaje? —.

— Ya sabes, siguen mejorando la seguridad cada vez que viajamos — Kim movió la mano con desinterés y luego miró hacía Trina que se veía cansada por el viaje — Supongo que también les fue bien —.

— Vete al diablo — Trina la saludó de un beso en la mejilla como comenzó a hacer hace un tiempo y luego miró a su cuñado con burla — Dame esos cinco —.

— Muy divertida, ¿Jamás dejarás esa broma? — Kin frunció el ceño molestia y quiso levantarle su dedo medio faltante para insultar a la mujer.

— Mejor vayamos al hotel, necesitamos descansar para mañana — Kon intervino tomando de los hombros a su hermano mientras Kim abría el auto.

Cuando Kim colocaba las maletas en la cajuela y peleaba con Trina por algo, Kin miró a su gemelo.

— ¿Seguro que estás bien yendo a ese programa? No tenemos que hacerlo — El de lentes observó con tristeza a su hermano.

— Estaré bien, hermano, ya han pasado casi 8 años, creo que está bien si hablamos en público — Le sonrió para tranquilizarlo y luego miró a los lados — Mejor vámonos, a Trina no le gustará si alguien nos detiene para un autógrafo —.

— A esa mujer no le gusta nada, yo siempre sugerí un divorcio — Murmuró Kin entrando al auto junto a los demás.


Grojband se encontraba afuera de un hospital mientras caía la nieve sobre sus hombros.

Kon, Laney y Corey miraban expectantes a Kin que fumaba un cigarrillo.

— Adelante, diganlo — Cerró los ojos con cansancio mientras apagaba su cigarro en la nieve.

Corey fue el primero que se enderezó y le dió unas palmadas en la espalda a su amigo.

— Felicidades, abuelo Kin —.

Los tres se soltaron a reír cuando Kin escondió su rostro entre sus manos y suspiró molesto.

— Juro que algún día asesinare a Cameron — Movió sus manos con dramatismo — Mi niña apenas tiene 20 años y ni siquiera están casados —.

— Muy propio de un Nepp si me lo preguntas, abuelo Kin — Se burló Laney recibiendo una risa por parte de su esposo que chocó las manos con ella.

— ¿Por qué siempre se ríen de mi sufrimiento? — El de lentes golpeó el suelo con un pie de forma infantil.

— Tu vida es un chiste, abuelo — Volvió a hablar Laney alzando los hombros.

Kon abrazó a su hermano por el costado con una sonrisa.

— Vamos abuelo Kin, alégrate, volverás a esos días dónde jugabas con niños pero sin tener que preocuparte por cuidarlos por qué no serán tuyos — Frotó su brazo para calmarlo y Kin pareció ceder ante eso.

— Tienes razón, supongo que no me queda de otra que amar a mi nieto — Suspiró con resignación.

Corey se tomó del mentón pensando y se Inclinó hacía su amigo.

— ¿Has ido a ver a May, abuelo Kin? — Alzó una ceja con confusión.

— No realmente, no me siento preparado para verla así con un hijo — Movió las manos nervioso y Corey frunció el ceño.

— Hijos — Corrigió con seriedad.

— ¿Qué? — El de lentes se perdió en la conversación y tanto Laney como Kon compartieron miradas preocupadas.

— May tuvo mellizos, abuelo — Ahora Corey aprovechó para burlarse.

La expresión de Kin debió de ser fotografiada pero ninguno se atrevió a moverse por que sentían que el científico los asesinaría.

— Ese hijo de... — Murmuró girando hacía la entrada del hospital — ¡Ahora sí lo asesino! —.

Laney tuvo que golpear a su esposo en la nuca antes de seguir a Kin para evitar un asesinato en medio del hospital.


— ¿Hace cuánto no estamos en Inglaterra? — Preguntó Trina mirando por el balcón hacía la calle.

Kon se detuvo de desempacar sus maletas para caminar a su esposa y pararse a su lado mirando también hacía la calle.

— Tal vez desde hace 22 años. Nos prohibieron la entrada a varios lugares de aquí y dejamos de venir — Contestó con calma recordando como su esposa incendió un restaurante por gusto.

— Buenos tiempos — Sonrió Trina tomando la mano de su esposo que inmediatamente la miró — ¿Puedes creer que estemos casado desde hace casi 45 años? —.

— Es cierto — Kon recordó la fecha riendo — Cumplimos 45 años de casados en unos meses — Llevó una mano a la mejilla de la mujer — ¿Qué vas a querer de aniversario, reina? —.

Trina fingió pensar unos segundos y cerró los ojos para recargarse en la mano del baterista con cariño.

— Descansemos —.

Kon sonrió con tristeza ante esas palabras.

Su esposa podría haber conservado su personalidad explosiva pero conforme iban pasando los años, ella parecía más cansada y sin energía, hasta tal punto que sólo quiere recostarse a su lado y dormir.

Supone que ambos han tenido vidas largas y emocionantes.

Necesitan un descanso.


— ¿¡Está sorda o qué!? ¡Le digo que mi hija está en el elevador! ¡Claro que ya intentamos abrir la puerta! ¡Haga bien su puto trabajo! — Trina le gritó al celular con furia.

— ¡No te asustes, azúcar! — Kon gritó por la puerta del elevador esperando a que su hija en la cuna lo escuchara.

Varias personas se habían reunido al rededor de la pareja para ver que sucedía y ambos padres estaban preocupados por su hija que se había quedado sola en el elevador.

En realidad, ambos habían olvidado que llevaban a su bebé y lo habían dejado en el elevador justo cuando ocurrido un apagón.

— ¿¡Ustedes qué miran!? — Les gritó Trina a las personas que se dispersaron en seguida.

— ¡Papá va a salvarte! — Kon llegó corriendo con un bote de basura para arrojar hacía la puerta del elevador.

Sin embargo, cuando lo arrojó, el bote rebotó contra la puerta y le regresó a la cara.

— ¡Osito! — Su esposa arrojó el celular al suelo y fue a ayudar a su esposo.


En verdad necesitan un descanso.

Al siguiente día de su llegada a Inglaterra, Trina quiso salir a desayunar algo a un restaurante al que jamás habían ido y tanto Kin como Kim, decidieron acompañarlos.

— ¿Y cómo está Konnie? — Preguntó casualmente Trina a pesar de que quería saber de ella.

Kim miró brevemente a Kon que asintió levemente para que la de lentes siguiera. La científica volvió a Trina con una sonrisa triste.

— Ella está muy bien, se ve animada — Bajó la mirada sin dejar caer su sonrisa.

Trina asintió desviando la mirada y Kon le tomó del hombro con suavidad. Kin y Kim se miraron en silencio.

Kon sabía que el tema de Konnie siempre será un tema delicado para todos.


— Es un alivio que esto no haya ocurrido antes — Se rió Konnie girando hacía Kon que la volteó a ver.

Konnie tenía 58 años para ese momento, su cabello rubio lo había mantenido igual de largo sólo que ahora lo sujetaba en una coleta baja y los mechones blancos se veían cada vez más visibles. Por supuesto que su cuerpo ya no era lo que era, ya no era tan fuerte ni tan firme pero seguía estando esa escencia de su amiga.

El problema con este recuerdo es que la baterista se encontraba en una camilla de hospital, tenía vendado un costado y su hombro tenía un cabestrillo. Además se veía muy cansada y todo esto resultado de un accidente en motocicleta.

— Te has salvado de mucho — Se rió Kon con diversión.

— Si, creo que ya ha sido mucho para mí — Bajó la mirada hacía su mano — Hay algo que quería decirte —.

El baterista miró a su amiga que lo miraba con seriedad. Kon no recordaba cuando la había visto tan seria.

— ¿Pasa algo? —.

Konnie le sonrió con tristeza antes de hablar.

— Bueno, Kim decidió hacer unos exámenes cuando entré al hospital y descubrimos que a pesar de que creímos que mi madre no nos heredó nada, si me heredó algo a mí— Se rió sin gracia y jugó con el cabestrillo.

El hombre no entendía a qué se refería y pareció reflejarlo en su mirada por qué Konnie continuó.

— Voy a tener Alzheimer, Kon — Las lágrimas comenzaban a asomarse por las esquinas de sus ojos — Heredé el Alzheimer de mi madre —.

Kon no recuerda muy bien lo que sucedió después pero si recuerda que ese dolor se quedó grabado para siempre en su memoria.

Nueve años después, Konnie comenzó a olvidar y fue internada en un hospital en Gales.


Kon se rió con fuerza al escuchar a su cuñada relatar una anécdota de su nieto.

— Lo mejor es que le dije que no sabía quién era y Johnny comenzó a llorar — Soltó una carcajada la de lentes junto a los otros tres.

— Ahhh estamos en la edad perfecta para fingir demencia — Suspiró con alegría Trina — La semana pasada hice que un señor se peleara con una embarazada para que me cedieran el lugar —.

— Bueno, igual tú lo necesitas más, anciana — Se burló Kin junto a su esposa.

— Váyanse al diablo, no me veo de más de 60 años y a mí no me faltan partes del cuerpo — Se cruzó de brazos claramente ofendida.

Cuando Kim iba agregar algo, el celular de Kin interrumpió la conversación y tuvo que sacarlo de su bolsillo para ver quién era.

— Es Nick, esperen — Se levantó para contestar afuera del restaurante.

La mujer de lentes se volvió a la pareja con curiosidad.

— ¿Han hablado con Mina? — Alzó una ceja preguntando, más que nada, a Trina.

— Hablé con ella la semana pasada. Dijo algo de una fiesta que hará su hijo para recaudar dinero y quién sabe que cosa — Se alzó de hombros sin tomarle importancia.

Para cuando Kin volvió a la mesa, se paró a su lado y movió las manos.

— Vamos, Nick dijo que verá el programa, ya casi es hora — Le hizo una seña al mesero para que viniera a dejar la cuenta.


Meredith se había casado y se veía muy feliz.

— Es emocionante y aterrador, ¿Cierto? — La voz de un hombre a lado de Kon, lo hizo girar para mirar a quien le pertenecía la voz.

Nick Mallory estaba a su lado mirándolo con una sonrisa. El hombre tenía aproximadamente 55 años pero se veía como de 30 años, algo que todo el mundo seguía admirando y amando. Aunque esas canas en su cabello castaño, delataba un poco su edad.

— Sabía que Meredith se casaría pero el tiempo se pasó volando — volvió a mirar hacía enfrente para mirar a su hija bailando en medio de pista de baile con Katherine, la hija de Mina y Nick.

— Nick siente lo mismo — A su lado, el castaño asintió — Katherine era difícil para Nick y Bernadette pero sigue siendo su hija — Suspiró con alegría — El tiempo no perdona —.

Kon abrazó por el cuello al castaño con alegría.

— Pero podemos disfrutarlo — Lo guió hacía la pista para buscar a sus esposas.


Para la actualidad, Nick se veía de 50 años al igual que Trina, sin embargo, Mina ya se encontraba en silla de ruedas.

El tiempo no perdona.

Kon sonrió una vez más mirando hacía el escenario donde presentaban a otras personas antes que ellos y su vista se ubicó brevemente en el público dónde Trina y Kim esperaban.

Varios programas habían pedido hablar con los gemelos pero siempre se habían negado en los últimos años, hasta hoy. Decidieron volver a la luz de prensa en un pequeño programa de Inglaterra.

Habían estado semanas preparándose para este momento y harían lo mejor posible.

— Hermano, toma, es Carrie — Detrás de él, Kin le pasó su celular con una sonrisa.

El baterista alzó una ceja antes de llevar el celular a su oído.

— Carrie, hola —.

Al otro lado de la línea, una mujer habló con alegría.

— Hombre, no puedo creer que salgan de nuevo en televisión, lo estamos viendo ahora mismo — Sonaba muy animada y de fondo se escuchaban varias voces — Incluso Ethan está aquí. Estamos ansiosos de verlos —.

— Ya era hora de que volviéramos a las cámaras, ¿No crees? — Kon sonrió mirando al suelo.

— Si, es agradable que ustedes vuelvan — Sonó un poco triste pero eso duró por que su ánimo volvió en un segundo — De todos modos, suerte. Seguro hay muchas historias que pueden contar al aire —.

— Gracias Carrie — Se despidió con tranquilidad y colgó el celular.

Carrie jamás fue una persona muy cercana a Kon pero se agradaban y conforme pasaba el tiempo, convivían más.


Todos habían decidido volver a casa, el cielo estaba brillante y despejado, como una burla.

Kon se detuvo junto a un árbol para mirar a lo lejos.

Unos metros atrás, la silueta de Carrie estaba sola mirando hacía una única lápida en medio de ese campo.

A pesar de que el funeral fue hace casi dos horas, la mujer no se había movido ni un centímetro y nadie se había atrevido a moverla.

— Deberías volver, las gemelas ya están en el auto — Comentó Kon cuando estuvo a lado de Carrie.

Carrie lo volteó a ver con una extraña serenidad y asintió. La mujer de cabello azul, tenía 51 años, vestía un largo vestido negro y su viejo gorro naranja que después de casarse no volvió a usar pero ahora lo llevaba. Las ojeras y las líneas en su rostro delataban los años y el cansancio.

— Si, creo que tienes razón — Sonrió levemente pero al contrario de sus palabras, no se movió de su lugar.

Tanto Carrie como Kon se quedaron en silencio observando pacíficamente la lápida frente a ellos. Una linda y sencilla lápida recién colocada con flores.

El nombre Lenny Nepp estaba escrito en la lápida.

— Todos sabíamos que tarde o temprano llegaría el día — Comenzó a hablar de nuevo la mujer quitándose el gorro — Él siempre me dijo que se iría primero y que debía estar preparada — Apretó la tela naranja con fuerza cuando las lágrimas cayeron por sus ojos — Pero una vida no fue suficiente para prepararme —.

Kon no sabía que hacer así que sólo se acercó a ella y la atrajo en un abrazo mientras la mujer lloraba.

Lenny había fallecido con 51 años de edad y todos sabían que había tenido una vida plena, feliz y llena de gente maravillosa.

— Quiero ir con él — La mujer Sollozó contra el hombro del baterista.

— Nadie te culparía si lo haces — No estaba insinuando que la mujer siguiera al pelirrojo, sólo le estaba afirmando que estaba bien sentirse así.

— Pero no puedo — Carrie se separó y se limpió las mejillas lentamente volviendo su vista al gorro — Aún tengo mucho que hacer aquí y Lenny me odiaria si me ve allá tan pronto —.

Kon observó como la guitarrista se agachó a la altura de la lápida y colocó el gorro sobre esta con una pequeña sonrisa.

— Creo que me tomaré mi tiempo — Se enderezó y tomó del brazo a Kon que le sonrió.


— Es un honor tener aquí al tecladista y baterista de Grojband — El presentador se levantó de su asiento para saludar debidamente a los gemelos que sonrieron antes el público y las cámaras.

— Siempre es un honor tenernos por aquí — Sonrió con diversión el de lentes recibiendo una risa por parte del presentador.

— El mundo extrañaba esos comentarios — Le hizo una seña a los sillones junto a él para que se sentaran — Adelante, siéntense por favor —.

Ambos se sentaron mientras el otro hombre volvía a su asiento y tomaba varias tarjetas.

— No saben lo feliz que estoy de que estén aquí, siempre admiré su música y es fantástico que se hayan tomado el tiempo de venir aquí después de tantos años — El presentador movió sus manos con alegría — Pero díganos, ¿Cómo se siente volver aquí después de tanto tiempo? ¿Cómo se siente volver a estar frente a las cámaras? —.

— No recordaba lo mucho que extrañaba esto — Kon rió al igual que su gemelo que lo apoyó.

— Es cierto, las cámaras son parte de mi vida — Kin guiñó hacía la cámara que lo enfocó y el presentador sonrió.

— Es maravilloso que se sientan así — Asintió y luego suavizó su mirada — Si no les importa, nos encantaría escuchar un poco de lo que fue su vida últimamente, ya saben, después de la separación —.

Kin asintió, siendo el primero en hablar algo sobre sus avances científicos y su vida.

Mientras que Kon giró hacía el público dónde Trina le sonreía para calmarlo.


Kin y Kon reían al ver las expresiones de Laney y Corey.

— Muy divertido, muy divertido — Comentó la pelirroja con fastidio al escuchar a sus amigos reír.

— No es justo que Kon haya sido el primero en tener hijos y sea el último en tener nietos — Se quejó Corey con tristeza.

— Al menos sólo fue un niño, abuelo — Sonrió Kon para a Corey y fastidiar a Kin que paró de reír para ver a su gemelo.

— Si, ¿Por qué aún no tienes nietos? — El de lentes entrecerro los ojos con sospecha.

— Meredith aún está decidiendo en adoptar y Connor no quiere hijos — Se alzó de hombros con algo de tristeza por qué él si quería nietos.

— Que vida tan jodida — Corey pateó una piedra — Charlotte nos hizo abuelos antes que Ethan —.

— Somos los peores padres — Laney se apoyó en su esposo que asintió.

— Tranquilos, abuelos Riffin, ahora podemos hacer un club de abuelos — Kin abrazó a ambos riendo y luego miró a su gemelo con molestia — Y no invitemos a Kon —.

— Si, estás fuera del grupo — Corey se sujetó a Kin y a Laney para girarse al mismo tiempo, dándole la espalda a Kon que se quejó.

— No es mi culpa, abuelos, vamos — Caminó detrás de ellos que seguían ignorando todo lo que decía.

— Falso, nos echaste la sal — Señaló Laney volviendo a ignorarlo.

Kon se rió de nuevo antes de derribarlos en un abrazo para que dejarán de jugar con él.


— ¿Recuerdas la vez en que Corey quería dar ese salto del edificio? — Preguntó Kin hacía su gemelo que sonrió ante el recuerdo.

— Es cierto, estuvo todo un año diciendo que lo haría — Se volvió al presentador que lo miraba divertido — Corey quería saltar de un edificio a otro cuando estábamos rentando un departamento en la universidad —.

— ¿Y lo logró? — El presentador se sentó al filo de su sillón.

— Si, junto a una pierna rota — Kin se burló con una fuerte carcajada.

— Fue un buen cumpleaños — El baterista se alzó de hombros recibiendo otra risa del presentador.

Habían pasado un tiempo hablando de viejas anécdotas del grupo que jamás habían relatado y los gemelos sabían que la pregunta por la que habían asistido, estaba cerca.

— Ya que nos relajamos un poco — Comenzó el hombre — Creo que deberíamos de pasar a la gran pregunta que queremos saber — Su mirada se volvió de repente sería — ¿Qué sucedió con Grojband realmente? —.


Esa noche había sido borrosa para todos.

Kon recuerda haber estado cocinando mientras escuchaba la televisión y las risas de sus nietos que corrían por la sala.

— Niños, quédense quietos — La voz de Katherine se escuchó en la sala.

El baterista sentía este ambiente tan entrañable que le gustaba. Era hogareño.

— Papá — La voz de su hija lo sobresaltó y se giró hacía ella con una sonrisa.

— Mer, azúcar, te dije que yo podía... — Su voz se apagó al ver la expresión de la mujer más joven. Se veía preocupada — ¿Qué pasa? —.

Recuerda escuchar al fondo la televisión reportando un incendio, uno grande en una casa muy conocida.

Recuerda al hospital junto a Trina que estaba igual de preocupada que él. Era mayo y la lluvia caía con fuerza cuando bajaron.

— ¡Laney! — Kon casi lloró de alivio al ver a su amiga sentada en una camilla con una máscara de oxígeno.

La mujer tenía 59 años, su cabello estaba mucho más corto que cuando eran niños y el tinte pelirrojo lo mantenía vivo. Su estatura disminuyó un poco en los últimos años y las cicatrices en su rostro eran señales de sus viejas aventuras.

— Kon, gracias a los dioses — La pelirroja se lanzó a sus brazos con un sollozo — El humo nos despertó y todo estaba en llamas... Corey trató de salir por la puerta pero al final sólo pudimos salir por la ventana... El fuego alcanzó su costado —.

Recuerda escuchar vagamente las palabras de su amiga mientras veía a su esposa caminar rápidamente por el pasillo para buscar a Corey.

Poco después, llegó Kin que abrazó de igual forma a Laney y Kon corrió para buscar a su esposa y Corey.

En una habitación, estaba Trina parada mirando con alivio la camilla en dónde se encontraba Corey descansando con un vendaje en el abdomen y el brazo derecho, estaba entubado con una gran máquina y unas cuantas cosas más que Kon no recuerda.

Corey había mantenido un cabello algo largo junto a su barba y él también había comenzado a usar tinte hace un tiempo, le gustaba conservar su azul. Se veía un poco más joven para su edad pero ese rostro cansado se veía horrible en él.

A veces, Kon piensa que es divertido como no recuerda las fechas pero si como el sonido de la máquina se hizo más fuerte cuando el corazón de Corey dejó de latir

— Trina, para — Sujetó a su esposa que trataba de volver a la habitación con desesperación.

— ¡Ese idiota no puede morir! ¡Lo asesinare si lo hace! ¡Juro que lo haré! — Gritó intentando salir de los brazos de Kon que estaba igual que ella.

Su corazón fue arrancado cuando la máquina siguió con ese ruido contante que indicaba un cuerpo sin vida.

— El señor Corey Riffin falleció, mi sentido pésame — Las palabras de la doctora se quedaron en el aire junto a los demás sonidos.

Su mejor amigo había muerto.

Sus piernas se sentía sin control y el tiempo pasó rápidamente por qué cuando reaccionó, había dejado a Trina en brazos de Konnie y estaba frente a Kin que le decía palabras que él no lograba entender.

— Laney respiró mucho humo... Tuvo un infarto — Kin se veía igual de destrozado que su voz y sujetaba por los hombros a su gemelo — Laney también murió —.

— No... — Kon se alejó un paso y se rió — Acabamos de hablar con ella, Laney no puede... —.

Caminó rápidamente hacía donde había visto a su amiga anteriormente y ahí sobre la camilla, estaba el cuerpo de su amiga siendo atendido por varias personas.

La fría pared contra su espalda es algo que recuerda con detalle.

Dos de sus mejores amigos habían perdido la vida esa misma noche.

La banda había desaparecido y la tristeza inundó a cada uno.

Nadie quería saber de la música ni de los medios que seguían pidiendo respuestas.


Trina miró a su esposo que estaba distraído mirando por la ventana del hotel. Se acercó a él tomándolo del hombro con suavidad.

— ¿Estás bien? — Preguntó la mujer con tristeza. Ella sabía lo duro que había sido contar todo eso frente a todas esas cámaras.

Kon se giró a ella limpiando sus ojos ojos y asintió.

— Si, sólo recordaba cosas — Sonrió antes de abrazarla por la cintura — ¿Tú estás bien? — Trina tampoco había estado mejor con la situación pero era más fuerte que su esposo.

— Si, estoy bien — Le tomó del rostro con cariño — ¿Qué te parece si tomamos ese descanso ahora? —.

El viejo baterista Inclinó su cabeza hacía la mano de su esposa y asintió lentamente.

— Tomemos ese descanso —.


No es cierto, los chicos jamás van a envejecer.

:"C

1.- Esto comenzó con un edit de Queen que me destrozó y quise destrozar mi vida kfhfkfk

2.- En el proceso de esta historia volví a ver un capítulo de "This is us" y se volvió más triste. La muerte de Jack siempre me va a doler.

3.- Uno pensaría que los primeros en morir serían los gemelos pero la vida se burla de la gente y tiene varias sorpresas.

4.- Claramente Lenny tenía que ser el primero en morir.

5.- Carajo, quiero estar sola.

•-•


— Ya casi llegamos — La voz de Laney se alzó por el sonido del fuego y la madera quemándose.

La pelirroja sujetaba con fuerza a su esposo que apenas podía caminar por la quemadura en su costado y mantenía una toalla mojada contra su rostro.

Salieron por la ventana justo antes de que el umbral se derrumbara junto a toda la fachada.

Corey se mantuvo de pie con dificultad y se quitó la toalla del rostro para tomar el rostro lleno de cenizas de su esposa.

— Te amo — La abrazó con fuerza dejándose caer en el césped. Sentía que pronto se desmayaría por el dolor en su costado.

— Te amo — Laney tosió levemente contra su hombro dejándose caer junto a él y sollozando. Su garganta picaba por todo el humo y apenas podía respirar.

A lo lejos, las sirenas de policías y bomberos se escuchan junto a varios vecinos que se dirigían a lo que alguna vez fue la vieja casa de los Riffin.