-Solo tenemos disponible una habitación con una cama matrimonial. -les comunicó la recepcionista del último hotel que visitaron de camino a Osaka por la noche.
Senkuu miró a Kohaku -su guardaespaldas- con resignación, luego de que ella le dijera, repetidas veces, que sería imposible encontrar algo por allí sin tener que vivir un clásico cliché de película.
Su conductora parecía estar tres veces más somnolienta que cuando comenzaron la búsqueda, una hora atrás, cuando ambos acordaron en que no sería buena idea viajar durante toda la madrugada. Ninguno había logrado pegar un ojo la noche anterior; Senkuu preparando su próxima presentación en la otra ciudad y Kohaku vigilando que no se quedase dormido o llegase algún fanático friki a interrumpirlo en su propio laboratorio.
Llevaban casi un año con esta dinámica laboral. Ishigami Senkuu había contratado a Kohaku Weinberg como recomendación de su amigo Chrome, luego de que un grupo de gente se metiera a su laboratorio, saqueara maquinaria y quemase meses de investigación en una noche, y si bien en un principio Senkuu no quería tener que andar de aquí a allá siempre vigilado por un guardaespaldas, las noches de insomnio que siguieron al evento lo hicieron tomar la decisión de contratar a la rubia incluso antes de conocerla.
El científico esperaba encontrarse con una imponente presencia el día en que la citó a su laboratorio; pero cuando vio por primera vez a Kohaku no confió realmente en que su delgada contextura, baja altura y cara de muñeca sería de mucha ayuda para él, hasta que la escuchó hablar.
"Kohaku Weinberg. Ex investigadora privada. Se manejar todo tipo de armas, tanto de fuego como manuales. Domino todas las artes marciales. Tengo experiencia trabajando para el conglomerado Nanami." La chica le estiró la mano, esperando a que el peliverde sellara el acuerdo.
Y Senkuu lo hizo con una amplia sonrisa en su rostro, tan divertido como sorprendido.
"No pido más que su protección, señorita Weinberg. Mientras más tiempo a solas pueda tener, mejor para mí".
Y si bien todo comenzó de manera muy formal, el tiempo que tenían que compartir juntos hizo que la dinámica se tornase, con el tiempo, una mucho más cómoda para ambos. Senkuu comenzó a llamarla "leona" desde que la vio reducir a un tipo sospechoso que había entrado al edificio Ishigami en menos de un segundo, y ella lo llamaba "bastardo" cada vez que hacía bromas al respecto. Senkuu también le dio su espacio propio en el edificio para entrenar y distenderse mientras lo vigilaba por una videocámara, y ella lo acompañó varias veces a comer en momentos en que lo hacía solo en su oficina de laboratorio, donde conversaban cosas varias. Incluso, había comenzado a ayudarlo con algunos de sus proyectos con su aguda vista y capacidad para armar piezas diminutas.
Para el momento en que comenzaron este tour de conferencias alrededor de Japón, Senkuu ya consideraba a Kohaku como su amiga. Una amiga que a veces lo distraía y confundía sin ninguna razón aparente, pero una amiga al fin de cuentas.
¿Por qué tenía que morderse tanto los labios? En ocasiones llegaban a ponerse rojos de la hinchazón. Y ¿qué era ese color de ojos? En el día eran color turquesa, en la tarde algo verdosos, y en la noche se veían completamente azules. ¿Por qué tenía el cabello tan alborotado? ¿Acaso no se peinaba? ¿Y por qué comía tan afanosamente? ¿Acaso se moría de hambre en su tiempo libre?
Kohaku también tenía un gusto muy extraño en música: podía pasar de un death metal totalmente macabro a música latina pegajosa, y tarareaba cada canción de la estación de radio mientras manejaba de manera perfecta hacia su destino. Senkuu solo se limitaba a observarla de vez en cuando mientras leía nuevos artículos, y a quejarse cuando la chica subía el volumen repentinamente y lo incitaba a cantar con ella.
A veces, y al igual que él, la leona tenía un pésimo humor. Lo llamaba "bastardo" más seguido, lo vigilaba de lejos o le contradecía cualquier cosa. Esto usualmente pasaba como una pequeña venganza después de que Senkuu la molestase con respecto a su fuerza casi sobrenatural y sus extrañas costumbres.
Quizás, Senkuu podría catalogar todas esas particularidades de Kohaku como algo completamente molesto y contraproducente cuando se trataba de mantener la concentración mientras trabajaba, comía, descansaba y vivía su día, pero la única verdad era que, al final de todo, y cuando la leona finalmente se devolvía a su casa, solo podía sentirse completamente solo y extraño, necesitando la compañía de alguien que nunca pensó que llegaría a conocer si otras fuesen las circunstancias.
Jamás había esperado enamorarse, tampoco. Pero las cosas pasaron tan rápido y se salieron tanto de control que, una vez que Senkuu se dio cuenta, era ya demasiado tarde.
De acuerdo con la ciencia, el peliverde sufría todos los síntomas de una persona enferma de amor: unos extraños escalofríos cada vez que, por alguna razón, llegaban a tocarse; una extraña obsesión por saber dónde estaba su guardaespaldas a cada momento; y una evidente ineptitud para comunicarse con ella de manera eficiente sin pensar en qué se sentiría besarla, acariciarla, quererla… y dormir con ella.
Cosa que, ahora mismo, estaban a punto de hacer.
-La tomaremos. A nombre de Ishigami Senkuu. -Kohaku le respondió a la recepcionista luego de rodar sus ojos.
La mujer asintió brevemente antes de comenzar a ingresar los datos que Senkuu le iba dando en su computadora, aún sin poder creer del todo que iban a hacer esto. Las veces anteriores, ni siquiera habían compartido la misma habitación.
-¿Y usted es…? -la recepcionista continuó, mirando a la mujer.
-Kohaku. Kohaku Weinberg. -la leona replicó.
-Uh. ¿No están casados? -la mujer los miró con curiosidad.
-Es un viaje de negocios. Mi trabajo consiste en proteger a este hombre enclenque. Así que, si no cabe dentro de la política del hotel que durmamos en la misma habitación, nos iremos rápidamente.
-¡No! ¡T-todo está bien! Solo preguntaba, ya que parecen…
-Tranquila. Danos las llaves de la habitación y todo solucionado. -Senkuu intervino, sin querer incomodar a Kohaku más de lo que ya estaba.
Su guardaespaldas mantuvo un incómodo silencio de camino al ascensor, mirando hacia la recepción de vez en cuando.
-¿Fui muy agresiva? -preguntó la rubia en voz alta, una vez que las puertas cerraron de par en par y Senkuu apretó el número del piso que les correspondía.
-Sí. No todos están acostumbrados a ver leonas sueltas por ahí. -el peliverde bromeó, intentando ocultar lo tenso que se sentía con la situación.
-No soy una leona. -replicó, sin muchos ánimos. -Debe ser el sueño. Mañana me disculparé con ella.
-De todas formas, estuvo fuera de lugar con sus comentarios. No debes sentirte mal… -Senkuu la consoló, mirándola de reojo.
Ciertamente, que la mujer hubiese pensado que eran una feliz pareja fue bastante incómodo. Era como si le estuviese restregando en la cara al científico que en realidad estaba solo viajando con Kohaku por su trabajo, y nada más.
Ambos caminaron en un cómodo silencio a la habitación asignada. Senkuu abrió la puerta y Kohaku prendió inmediatamente las luces. El lugar era lo suficientemente amplio, con un baño junto a la entrada, una cama de tamaño King, un escritorio y un pequeño sofá. La calefacción era buena y, por lo general, parecía todo muy tranquilo.
-Es una suerte que hayamos encontrado algo aquí. Los otros lugares que había se veían mucho peor en las fotos. -Kohaku comentó, colocando su bolso en una esquina de la habitación. -Y no te preocupes por lo de la cama. Yo dormiré en el sofá.
-¿Qué? Ni hablar. Has manejado todo el día y necesitas descansar más que nadie. -Senkuu la miró con desaprobación. -Yo dormiré en el sofá.
-No dejaré que llegues a tu conferencia mañana con cara de muerto, Ishigami. Yo no tengo a nadie a quien impresionar mañana.
-Me importa una mierda eso. Tú eres la que conduce. No me arriesgaré a tener un accidente mañana por algo como esto.
-Bien. Entonces ambos dormiremos en la cama. -propuso Kohaku, de brazos cruzados, mirándolo con una expresión completamente seria.
Cuando se ponía así, Senkuu no podía decir que no.
-Yo iré al lado de la puerta. -continuó, colocando su bolso allí encima. -Me iré a cambiar al baño ahora.
El científico simplemente asintió, y se sentó abatido sobre el cómodo colchón. Tuvo que repetirse a sí mismo que no había nada de terrible en esto: la cama era lo suficientemente grande para ambos y podrían dormir uno en cada esquina sin ningún problema. Senkuu solo esperaba no tener un sueño húmedo o una vergonzosa erección mañanera.
Resignado, el peliverde sacó su ropa de dormir de la maleta, se desvistió y se la colocó en corto tiempo, y se acostó bajo las coberturas de la cama, privándose de ver a Kohaku en prendas distintas a la laboral. No debía, por ningún motivo, verla como algo más que su guardaespaldas, que dormiría junto a él solo debido a un infortunio durante su jornada laboral.
Para su propia suerte, tenía tanto sueño que solo llegó a sentir las luces apagarse y el colchón removerse antes de quedarse profundamente dormido.
SS
Tan pronto como llegó a la puerta de su antiguo hogar, Senkuu sabía que pasaría después. La situación, el clima y el ambiente eran demasiado familiares como para olvidarlo. El aroma del delicioso curry que preparaba su madre emanaba por los bordes de la puerta de entrada y el peliverde se sintió ansioso por entrar, buscando en su bolsillo las llaves que la semana anterior ella le había mandado a hacer.
Quería verla, aun cuando sabía que algo andaba mal. Olía a algo quemado y el sonido de la televisión no permitía oír nada más que el programa de la tarde.
"¡Mamá!" Senkuu intentó gritar, pero su voz simplemente no se escuchaba. El ruido era alto y el humo nublaba cualquier cosa.
El fuego que parecía surgir de la cocina fue lo que lo había alarmado. Y su mamá no se veía por ningún lado. Senkuu sabía que, ese día, ella no iba a saludarlo.
Sin embargo, cuando vio su cuerpo en el suelo, en la misma posición y la misma ropa de siempre; una memoria grabada con fuego y sangre, el niño no pudo hacer nada más que gritar.
-¡Aaaaah!
Mierda. Todo estaba oscuro. Senkuu no estaba en su casa ni en ningún lugar conocido. Había sido ese maldito sueño otra vez. Ese maldito sueño que recurrentemente venía a él y le dejaba un sabor amargo, y la incapacidad de controlar su respiración por un buen rato.
Era el último y casi único recuerdo que tenía de su difunta madre.
Su pecho dolía con la agitación de su respiración, y no podía siquiera recordar dónde podría estar para encender la luz, pararse al baño y tomar algo de agua. Senkuu sentía que estaba a punto de ahogarse si no fuese por la cálida mano que sintió sobre su pecho luego de que una tenue luz se encendiera a lo lejos.
¿Quién era? El peliverde se preguntó, completamente desorientado, pero extrañamente más aliviado.
-Respira conmigo. -dijo una voz ajena, cerca de él. -Mírame y respira conmigo.
Tan pronto como vio ojos turquesa, Senkuu supo de quién se trataba. Su mirada se focalizó rápidamente en el rostro de Kohaku, intentando seguir sus instrucciones rápidamente.
Pero era difícil: imitar su calma era casi imposible. Acababa de presenciar nuevamente la muerte de su madre y no podía pensar en otra cosa que eso.
Incluso cuando Kohaku se abrazó a él, Senkuu no pudo calmarse.
-Siénteme respirar. -la leona insistió, esta vez sobre el oído del científico, mientras guiaba una de las manos de Senkuu hacia donde se encontraba su caja toráxica, bajo su pecho, y volvía a mirarlo fijamente.
La primera inspiración controlada de Senkuu fue temblorosa. Tan solo ahí pudo reconocer la efectividad del fuerte abrazo de Kohaku, que había logrado en algunos minutos lo que al científico le costaba casi media hora lograr. El calor y la calma que transmitía la rubia con cada inspiración era realmente impresionante, y hacían que automáticamente el científico la imitara, mirando sus labios inhalar y exhalar, y sintiendo su pecho llenarse y vaciarse de aire con tranquilidad.
-¿Mejor? -la voz adormilada de Kohaku sonó dulce y adictiva para los oídos de Senkuu, que aún se hallaba incapaz de articular cualquier palabra. -Tranquilo. Yo estoy aquí.
El científico miró a su guardaespaldas a los ojos, para observar el nuevo color que tenían con la tenue luz de la lámpara en la mesa de noche. Era cierto. Kohaku estaba allí, con él.
Senkuu no lo pensó mucho antes de apoyar su frente sobre la de ella, y llevar la mano, anteriormente en el abdomen de Kohaku, a su cintura, acariciándola suavemente. Sus ganas de besarla superaban cualquier razón lógica para no hacerlo. Rozó su nariz con la de ella esperando alguna respuesta, desesperado por su aprobación.
-Koha… -el científico articuló, pero la leona lo calló con sus labios sobre los de él, en un corto y tímido beso.
Un acto que Senkuu no pudo soportar por más de dos segundos, donde llevó su mano libre a la nuca de Kohaku y la acercó a él de manera que no pudiese escapar tan fácil del beso que le devolvió él, donde se preocupó de encajar sus rostros, morder ligeramente sus labios y dejarle completamente claro que lo que estaba haciendo era lo que realmente quería, y no un simple desliz.
La leona pareció simplemente querer apaciguar su agitación una vez que separó sus labios de ella, completamente muda.
-Lo siento. -el científico se disculpó en caso de haber interpretado todo mal. Lo que menos quería era que la rubia se sintiera incómoda con lo que acababa de hacer.
-¿Qué… significa esto? -Kohaku preguntó luego de unos segundos, respirando sobre los labios de Senkuu.
-Que te quiero. -el peliverde confesó rápidamente, sin preámbulos.
Sus palabras hicieron a la leona tragar una rápida bocanada de aire.
-¿No estoy soñando? -preguntó en voz alta, provocando una divertida carcajada de parte del científico.
-No. Te aseguro que no.
-Lo siento. Esto es mucho para mí. Pensé que era la única tonta enamorada aquí. -rio.
El siguiente beso que compartieron lo inició ella, de manera mucho más desordenada. Le llevó una mano a la nuca y acarició su cabello mientras empujaba su lengua dentro de la boca de Senkuu, que la recibió ansioso y confundido, aún algo incrédulo de lo que estaban haciendo y la espontánea confesión.
Kohaku, por otra parte, había pasado de un estado de extrema timidez a uno de evidente desesperación, gruñendo sobre la boca del científico cuando sus lenguas chocaron por primera vez y rasguñándolo ligeramente, como si por nada del mundo lo pudiera soltar.
Era realmente una leona. Senkuu sonrió sobre la boca ajena antes de sostenerla por la cintura y mantenerla cerca mientras comenzaba a explorar su boca, húmeda, caliente, y completamente adictiva. Su sabor era exactamente como lo había imaginado: y eso solo lo hizo desearla más.
Cuando Kohaku trepó sobre su regazo, Senkuu gruñó con aprobación. Le encantaba la ansiosa manera en que ella se entregaba a él, porque de alguna forma necesitaba confirmar que esto era lo que ella quería. Fue ella quien quiso levantar su camisa de dormir y mostrarle su torso desnudo; y fue ella quien comenzó a deshacerse de las ropas de él mientras continuaba besando su boca.
Sí que era preciosa. Senkuu se tomó el tiempo de apreciarla una vez que se despegaron para tomar algo de aire y se preguntó cómo mierda lo haría para mantener la calma de ahí en adelante; y cómo podría darle el placer que ella necesitaba, de la mejor manera posible, si es que su verga ya estaba lo suficientemente dura y lista para ella.
Sin pensarlo dos veces, el científico empujó a su guardaespaldas boca arriba en la cama, trepando sobre ella rápidamente y acallando sus reclamos por volver a la posición anterior con un beso caliente y mojado en la boca, para luego descender hasta el cuello de la mujer y recorrerla hasta sus generosos pechos, dando lamidas circulares a los pezones rosados y erguidos de Kohaku mientras la escuchaba gemir por lo bajo y aferrarse a su cabello. Era tan estimulante la manera en que reaccionaba, que Senkuu podía olvidarse momentáneamente de sus propias necesidades, ocupándose de desnudarla lentamente y conocerla completamente con las manos y la boca, embriagándose en ella.
Solo se detuvo cuando le quitó los diminutos pantalones de seda que llevaba puestos y posicionó la cabeza a la altura del ombligo de la rubia, mirándola fijamente para saber si quería que siguiera besándola. La verdad era que jamás había hecho algo así, pero en ese momento; con ella respondiendo de esa manera a sus caricias, parecía una excelente idea comérsela completa, y dejarla lo suficientemente mojada como para tomarlo después sin problemas.
Kohaku alzó su pelvis con el primer movimiento de la lengua de Senkuu, haciéndolo tomar medidas drásticas al mantenerla con los brazos quieta en su lugar. Sin embargo, la leona era una chica obediente, y prefirió arruinar las sábanas con sus uñas mientras el científico continuó lamiéndola con dedicación y fascinación, decidido a verla correrse frente a sus mismos ojos.
Pero Kohaku no tenía los mismos planes: de un momento a otro, usó sus manos para levantar la cabeza del científico de su lugar, para mirarlo fija y seriamente.
-Ya tendremos más tiempo después. -enunció la leona, antes de empujarlo hacia atrás de una sola vez, de manera que quedase sentado sobre sus propias piernas.
Entonces, Kohaku le quitó los bóxers y se sentó a horcajadas sobre Senkuu, alineándose con su sexo duro y expectante en tan solo unos segundos. Su mirada era depredadora pero adorable a la vez: con las pupilas casi completamente dilatadas y atentas a él, aunque los ojos brillantes y las mejillas ruborizadas.
Una pequeña lágrima se resbaló del ojo izquierdo de la leona cuando bajó alrededor de él, antes de acostumbrarse a sus dimensiones. Su interior era abrumadoramente estrecho y caliente; aún más de lo que habría imaginado. En su vida, Senkuu jamás había hecho esto con una persona que le causara las mismas sensaciones que Kohaku, y en ese momento no entendía cómo había podido vivir tanto tiempo considerándose feliz consigo mismo sin haber experimentado el verdadero placer de conectarse de esa manera con alguien.
Sin hablar, el científico se aferró a la guardaespaldas por la cintura mientras ella comenzó a moverse con lentitud, mirándolo a cada segundo, analizando cada aliento. Debía saber, por la manera en que su verga palpitaba, que estaba al borde de correrse tan pronto como se sentó sobre él; por suerte, los labios temblorosos de la leona y sus jadeos cada vez más entrecortados eran una señal inequívoca de que ella llegaría pronto al mismo destino.
Pero, en ese momento, no lo harían juntos.
Tan pronto como la sintió palpitar profusamente alrededor de él, Senkuu se retiró de ella y eyaculó escandalosamente sobre su ombligo, adornando su hermosa piel con sus fluidos, mientras Kohaku lo miraba entre ofendida y extasiada, con la boca semiabierta.
-M-me las vas a pagar, Ishigami. -balbuceó la rubia.
Y Senkuu simplemente sonrió antes de que la leona lo empujase de espaldas a la cama y trepase sobre él hasta que su sexo quedó a la altura de su rostro.
-Hoy no vas a dormir. -sentenció.
Al día siguiente, Ishigami Senkuu apareció treinta minutos tarde en su importante conferencia, con el cabello desordenado, los jeans dados vuelta y la camisa fuera de los pantalones.
-Disculpen. -dijo. -No pude dormir anoche. -sonrió ampliamente, mirando cómo a su guardaespaldas, a cincuenta metros del estrado, le subía toda la sangre a la cabeza.
