Hotch miró de reojo el horno, en el que acababa de meter la bandeja de la carne, mientras se frotaba despacio el hombro.
-Entonces, vais a despegar en unos minutos ¿verdad? -preguntó mientras miraba cómo la lluvia caía con furia.
-Sí. Ya estamos en la puerta de embarque. Estamos esperando poder entrar ya al avión de una vez -respondió cansada Erin al otro lado del teléfono.
Strauss llevaba tres días en Los Ángeles, en una conferencia de la que no había podido librarse. Estaba previsto que volviera el día anterior, Domingo, pero el mal tiempo en DC, y en gran parte del país, había hecho que suspendieran todos los vuelos procedentes de la ciudad costera. Ahora, se encontraba por fin a punto de coger el vuelo de vuelta a casa.
Y Hotch estaba aprovechando que estaba de baja para prepararle una sorpresa (o al menos intentarlo). Aprovechando también que era San Valentín. Hacía tres semanas había recibido un disparo en el hombro, y aunque a la semana ya se encontraba mejor y había insistido en que podía y quería trabajar, no le habían dejado. Esta era una de las desventajas de mantener una relación con la jefa.
-¿Quieres que te vaya a buscar al aeropuerto?
-No hace falta, cogeré un taxi. Además, no deberías conducir.
-Erin, estoy bien. Ya casi no me duele y puedo hacer vida normal ¿sabes? -dijo haciendo una mueca mientras movía el hombro y notando dolor. Esperaba que no lo hubiera notado en su voz.
-Sabes que sé cuando me estás mintiendo ¿verdad? Incluso a través del teléfono -respondió Erin con un deje de diversión en la voz.
-Voy a acogerme a la Quinta Enmienda -comentó mientras abría lentamente la puerta del horno y echaba un vistazo al asado.
-Está bien, lo dejaremos pasar por esta vez -respondió con cariño-. Voy a colgar ya. La cola se está moviendo.
-Vale cariño. Nos vemos en unas horas. Ten un buen vuelo. Te quiero.
-Y yo -y colgó.
Hotch dejó el teléfono sobre el mostrador de la cocina y miró el reloj. Tenía aproximadamente seis horas antes de que llegara Erin, y creía tenerlo todo controlado. El asado estaba en el horno, cocinándose a baja temperatura, las verduras las haría un rato antes y tenía bastante tiempo todavía para hacer el postre. Así que decidió recoger un poco la casa para hacer tiempo.
Jessica se había ofrecido a quedarse con Jack esa noche, puesto que estar sin pareja desde hacía meses implicaba no tener ningún plan. Y Hotch se lo agradecía sinceramente. No sólo por el día que era, sino porque sentía que Erin y él necesitaban un tiempo a solas. El trabajo, su lesión y la vida en general habían hecho que sin querer se distanciaran un poco. Esperaba que esa noche volvieran a reconectarse como siempre.
Cuando terminó, una hora más tarde, estaba exhausto. No quería reconocerlo, pero todavía no estaba al cien por cien y el hombro lo estaba matando de dolor. Y aunque no le gustaba tomar las pastillas que le habían mandado (de hecho llevaba sin tomarlas casi una semana), decidió tomar una. Se sentó en el sofá y cogió el libro que estaba leyendo. Aunque intentaba mantener los ojos abiertos, a cada segundo que pasaba las palabras estaban cada vez más difuminadas, hasta que al final habían desaparecido. Se quedó dormido sin darse cuenta.
Fue la alarma de incendios sonando sin parar la que lo despertó mucho rato después. Tardó unos segundos en darse cuenta de lo que estaba pasando. La cocina y el salón estaban cubiertos de humo, y era evidente que se habían quedado sin cena. Corrió hacia el horno y lo abrió. La carne estaba calcinada.
Se ocupó de la alarma, mientras maldecía en voz alta. Abrió todas las ventanas, deseando que el humo se fuera pronto. Luego miró con tristeza la bandeja de la carne, y la tiró directamente a la basura. Se había quedado sin salsa, se le había pasado la hora de cocción, y terminó quemándose.
Cuando miró el reloj, se dio cuenta que había dormido casi toda la tarde, y que faltaba poco más de una hora para que Erin llegara a casa. Se maldijo a si mismo por su mala suerte. Él había querido tener un detalle con su pareja, y por echarse una siesta, lo había estropeado todo.
Miró a su alrededor, al desastre que había creado, y decidió actuar con rapidez. No podrían cenar el asado con las verduras, pero todavía le daba tiempo a hacer un wok de verduras y pollo. Sacó rápidamente los ingredientes de la nevera, y se puso manos a la obra.
Erin abrió la puerta, y notó inmediatamente el olor a humo y comida quemada. La voz enfadada de Aaron llegaba desde la cocina. Frunció el ceño con confusión y se dirigió hacia allí.
-¿Necesitas ayuda? -Le dijo entrando en la cocina. Aaron se giró hacia ella, asustado.
-¿Ya estás aquí? Esto es un desastre, yo…quería darte una sorpresa, preparar la cena y tener una noche agradable, pero lo he estropeado todo -contestó él acercándose a ella. La besó en los labios y luego se apoyó en la encimera, derrotado.
-¿Me cuentas qué ha pasado? ¿Y qué pensabas hacer? -preguntó Erin al tiempo que apagaba el fuego y retiraba la sartén, con las verduras también quemadas.
-Un asado. Y todo iba bien hasta que me quedé dormido y me despertó la alarma. Estaba para tirar. Entonces pensé en hacer un wok de verduras, pero cómo has visto, tampoco eso me ha salido bien. Y quería hacer una tarta de queso de postre, pero tampoco me ha dado tiempo. Ahora lo único que podemos cenar son las sobras del chino que cenamos Jack y yo ayer -respondió con tristeza en la voz.
Erin lo miró fijamente un instante, luego se acercó a él sonriendo. Pasó sus brazos por su cintura y lo besó intensamente. Luego posó una mano en su mejilla.
-Aaron, ha sido un gesto maravilloso el que has tenido, aunque no haya salido bien. Y no me importa lo que cenemos, como si tenemos que comer cereales. ¡No me importa!, porque lo realmente importante es que estemos juntos. Hoy y siempre.
-Pero he estropeado este San Valentín…
-No has estropeado nada, cariño. De hecho, es la primera vez que alguien me prepara la cena en San Valentín, y aunque no haya salido como esperabas, la intención es lo que cuenta.
Aaron la besó de nuevo, intensificando el beso. Erin gimió y eso lo excitó aún más. La apoyó contra la encimera mientras recorría su cuerpo con sus manos.
-Deberíamos dejar esto para más tarde -jadeó ella cuando se separaron para respirar.
-Está bien. Sólo quería demostrarte todo lo que te he echado de menos -besó su cuello antes de separarse definitivamente de ella.
Entre los dos, pusieron la mesa y calentaron las sobras de comida. Cenaron con tranquilidad, hablando del fin de semana de Aaron y Jack y de la conferencia de Erin en Los Ángeles. Recogieron juntos la mesa y la cocina.
-Tengo un regalo para ti. En realidad es para los dos, pero…-Aaron le entregó un paquete. La mirada de Erin se iluminó-. Feliz San Valentín, cariño.
-Gracias -sacó un camisón blanco, de satén y encaje-. Oh, es precioso, Aaron. Me encanta.
-Puedo cambiarlo si quieres…
-Es perfecto, cariño -lo besó-. ¿Por qué no vas a la cama y te preparas? Yo iré enseguida.
-Tengo tanta suerte de tenerte a mi lado…-besó su mano antes de alejarse hacia el dormitorio.
Erin sonrió. Cogió el regalo y se encerró en el baño. Se preparó rápidamente y se cambió. El camisón era precioso, aunque un poco corto para su gusto. Aunque no lo tendría demasiado tiempo puesto, pensó sonriendo.
Se aseguró que puertas y ventanas estuvieran cerradas, apagó todas las luces y fue al dormitorio. Al llegar, sonrió con amor. Aaron estaba desnudo, sólo en ropa interior, pero dormía como un bebé. Se acostó a su lado, y los tapó a ambos con la sábana. Lo besó dulcemente en la mejilla y se acurrucó junto a él. Antes de quedarse dormida, también ella pensó en la suerte que tenía de tener a Aaron Hotchner en su vida.
Fin
