Nota de autor: Este fic es con motivo del día de muertos (02 de noviembre) en un homenaje a la tradición mexicana y con los personajes que tanto quiero. Espero que lo disfruten.
Di mi nombre.
Cuando Makoto accedió a acompañar a Rei y a su nuevo novio al cementerio de Aoyama iba con algunas reservas. Ciertamente esa no era la manera en que pensaba que pasaría un viernes por la tarde y no solo por el enigmático lugar, sino por la extraña compañía. Pero accedió y no supo por qué.
Quizá sería la intriga que le ocasionaba el rubio oji azul que tenía un mes saliendo con su amiga más rejega y escurridiza, definitivamente quería saber que tenía aquel hombre para que alguien como Rei accediera a estar con él, después de todo era muy serio y poco expresivo, no tenía aun una opinión digna de ofrecer sobre él. Y por si fuera poco, solo ella lo conocía, la sacerdotisa no se había animado ni siquiera a mencionarlo frente a las demás.
Pero parecía un buen chico, hablaba poco y cumplía todas sus exigencias que no eran pocas, con una sonrisa leve y un tanto confusa en el rostro. Además, y no es que lo necesitara, Rei le prometió que un amigo de Ryu los alcanzaría ahí y le había asegurado que era digno de ser presentado a ella. Makoto se ruborizó, mientras por dentro se preguntaba si sería tan atento como Ryu.
Y así fue como se encontró caminando detrás de ellos dos, por el pasillo principal de ese viejo pero glorioso campo santo cercado de cerezos que, para esa época del año soltaban sus hojas rosadas al viento en un espectáculo que era digno de fotografía y tan romántico, que apenas se podía creer que estaban en medio de miles de tumbas.
-¿A que venimos a este lugar? - preguntó muy queda toda vez que seguía sin comprender la extraña visita.
-Ryu quiere visitar el sitio donde descansa su familia, solo será un momento- contestó Rei apenas girando a verla, sin detener el paso. La morocha venía tomada del rubio apenas con el dedo meñique, algo tierno para tratarse de ella.
Makoto asintió mientras seguía de cerca a la feliz pareja, que iba muy seria, pero siendo la sacerdotisa de quien hablaba, ir serios ya era una buena señal.
-Nath ya está aquí tomando algunas fotos, nos llamará en cuanto esté libre. —dijo Ryu, en ese tono gentil pero demasiado formal.
Caminaron casi hasta el fondo, pero se detuvieron unos diez metros antes, ahí entraron por uno de los pasillos secundarios hacia la derecha y unos ocho o nueve metros más allá, al fondo cerca de una de las paredes que delimitaban el lugar, una tumba en particular, que parecía muy abandonada para alguien que aún tenía familia, llamó su atención.
Ryu se detuvo y por primera vez en todo el tiempo que Makoto lo conocía lo vio sonreír de verdad, en una mueca sincera que arrugó su rostro y entrecerró sus ojos. Él se arrodilló y puso una mano en la lápida mientras decía una oración. Makoto se acercó lentamente, tratando de ser lo más respetuosa y discreta posible, después de todo ella conocía muy bien las visitas a los cementerios, era algo que hacía cada mes desde que sus padres murieron. Quiso ver el nombre en la placa, pero Rei se interpuso.
-¿Alguna vez te han dicho lo que pasa si lees el nombre de una tumba? - dijo resuelta mientras la obligaba a retroceder acercándose a ella.
-Cuentos de niños-susurró-. Pero me disculpo por acercarme, será mejor que les de su espacio- respondió casi ofendida al ver lo recelosa que se puso su amiga.
Rei asintió y Makoto se dio la vuelta en silencio, perdiéndose entre los monumentos y las lápidas altas.
Pasear entre la muerte no le daba miedo, como ya se ha dicho, ella estaba acostumbrada y quizá, esa haya sido la razón por la que Rei la invitó en primer lugar. Minako seguro rehuiría a esa cita y Amy no estaría en absoluto interesada. De Serena es mejor ni hablar.
Estaba inmersa en el hermoso paisaje de cerezos cuando un ruido a su espalda llamó su atención. Ella giro alarmada solo para descubrir a un hombre de cabellos largos y castaños, revueltos por la ligera brisa, ojos marrones y piel apiñonada que sostenía una cámara en sus manos. No pudo evitar sentirse abrumada por aquel porte y más cuando él le sonrió.
-No quise asustarte.
Makoto se relajó y suspiró-. ¿Me tomaste una fotografía? -El hombre asintió.
-Disculpa, te veías tan adorable que no pude resistirme. -ella se sonrojó.
-Soy Kino Makoto. ¿Acaso tu eres Nath?
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Se entendieron tan fácil, él era justo lo que pensó que sería, un chico serio, pero con una voz jovial y un tanto pícara, sonrisa gentil igual que Ryu, tranquilo y amable. Caminaron un rato hablando de cosas diversas y triviales, hasta que llegaron a una banca y se sentaron. Nath no dejó de tomar fotografías en ningún momento.
-Este es un lugar muy extraño para presentarte a alguien—dijo Makoto, mientras retorcía su suéter con ambas manos visiblemente abrumada. Un frio extraño le calaba en los huesos, era eso o sus nervios.
-Es que no puedo salir de aquí- respondió. Ella abrió sus ojos sorprendida y un tanto pálida. Él sonrió-. Es broma, si tú me invitas iré a donde quieras -agregó con una voz de terciopelo que casi la derritió. ¿De dónde sacaba Rei a estos hombres?
-¡Ser un fantasma en un cementerio es una broma muy buena! - exclamó con sarcasmo, pero más tranquila-. Ahora me dirás que has venido por mi alma.
-O tu por la mía -dijo sonriendo.
Era encantador y no podía ocultarlo, vaya que Rei lo había hecho bien esta vez.
-Solo que creas en leyendas o historias de fantasmas...- musitó.
-¿Leyendas? ¿Conoces alguna? -cuestionó muy interesado, ella consideró adorable como el inclinó su rostro y levantó una ceja.
-Justo Rei me acaba de reprender con la leyenda que dice que no debes leer el nombre de una tumba desconocida.
-Bueno eso no es una leyenda—dijo él-. Yo diría que es una precaución.
-¿Precaución por qué?
-Imagina que el espíritu de esa persona se sienta atraído a ti y tu lees su nombre, podría seguirte eternamente.
-¿Tú también crees en esos cuentos para asustar niños? -se burló.
Nath sonrió, una mueca más dulce y amplia que la que Ryu expresó unos minutos atrás. Makoto no pudo evitar ruborizarse otra vez.
-Te reto entonces. Si estás tan segura que no existen los fantasmas, lee un nombre para mí.
El chico alto y galante se puso de pie y colgando su cámara al cuello, invitó a la castaña a seguirlo. Ella titubeó un instante, ciertamente no conocía a aquel hombre, pero había algo en él tan familiar, una sensación intrigante y que la tenía atrapada.
-¡Por supuesto que lo haré!
Comenzaba a hacer frio, por eso cuando volvieron a internarse entre las tumbas no se sorprendió que aquel viento helado le calara de nuevo en los huesos, pero él que llevaba un chaleco color tierra a juego con sus pantalones y una camisa blanca con los puños doblados parecía tan tranquilo ¿Quién era ese hombre y que estaba haciendo con ella?
La tarde comenzaba a caer y ella, aunque siempre había sido muy fuerte y valiente, empezó a sentir que era momento de retirarse. Cuando él giró para ver si ella aún lo seguía, su angustia se incrementó. Sugirió varias lápidas, pero él siempre negó con la cabeza. Poco a poco se acercaron a donde Rei y Ryu se habían quedado, su sorpresa fue mayor cuando llegaron y ellos no estaban ahí.
-Están afuera—dijo él como si hubiese adivinado sus pensamientos. Detuvo su andar frente a la tumba que había visitado antes.-. Es esta.
Makoto lo miró tratando de entender, habían vuelto a la tumba del hermano de Ryu, eso debía ser una broma, seguro quería tomarle el pelo. El castaño sonrió y la tomó por los hombros para girarla hacia el objetivo.
Ella pasó sus ojos esmeraldas por aquel monumento, una hermosa construcción de piedra pulida y letras forjadas que centellaban con la luz de la vela encendida a sus pies. Ya no estaba tan sucia, seguro el rubio la había limpiado hace unos momentos.
-Esta es la tumba del hermano de Ryu.
-De uno de ellos.
Miró primero la fecha, había muerto hace cinco años y era joven cuando lo hizo, tenía veintiuno, la misma edad que ella ahora. Un escalofrío le recorrió por completo, tragó saliva y giró de nuevo hacia su acompañante, la miraba ansioso y expectante. Él movió su cabeza hacia arriba, apurándola un poco.
Suspiró profundo y miró el nombre.
"Hayashi Nathaniel"
"Nathaniel"
"Nath"
Sus labios quedaron abiertos, parpadeó un par de veces muy lento mientras su cerebro registraba aquello. El escalofrió de nuevo la poseyó. Giró lentamente y el castaño seguía ahí, sonriendo.
-¿Cuál dijiste que es tu nombre? - preguntó titubeante. Él no respondió, pero no hacía falta. Ella lo sabía.
-Debes leerlo completo y en voz alta—dijo él ahora un poco más serio.
Molesta, porque aquella broma se había salido de control se empujó hacia él para irse, no iba a permitir que Rei ni ninguna otra persona se burlara de ella. Pero su sorpresa fue mayor cuando cayó al suelo sin que el cuerpo de aquel alto y fornido hombre la detuviera. Entonces volteó como movida por un resorte y lo miró de nuevo. Nath estaba ahí, sonriendo.
Se recorrió de espaldas al suelo hasta que otro monumento la detuvo y entonces, ayudada por aquella lápida se levantó y echó a correr hasta la puerta del recinto, que para entonces ya estaba solo y casi a oscuras. Cayó un par de veces y se levantó con la misma rapidez, gritando el nombre de Rei como una loca.
Cuando al fin atravesó la puerta del cementerio, Rei y Ryu estaban ahí, mirándola fijamente.
-¡¿Qué diablos?! - gritó molesta mientras se iba sobre su peli negra amiga. La sacerdotisa la detuvo antes de ser golpeada por la desesperada castaña-. ¡Si esto es una broma Rei... ! ¿Cómo pudiste? -siguió gritando con furia en su voz.
-Cálmate Makoto por favor—dijo ella en tono bajo y apacible.
-¡Ese idiota! - murmuró con rabia-. ¿Acaso esto es una broma? - Makoto miró a Ryu quien estaba inexpresivo y quieto como una roca, sus ojos azules destellaron hipnotizantes-. ¿Quién eres tú? -lo increpó.
-Nath...
La castaña calmó su coraje por un segundo y miró de nuevo a Ryu, esos ojos zafiros no la miraban sino que estaban clavados detrás de ella, sobre la puerta del recinto. Contra todos sus instintos volteó, aunque estaba segura lo que iba a toparse.
Tras la reja, con esa sonrisa apacible y coqueta Nath los miraba, a su lado un hombre de cabellos plateados y un rubio tan pálido como la luna también se aferraban de los barrotes, con un gesto melancólico en el rostro. Makoto reconoció a los últimos dos, sus vellos se erizaron con solo mirarlos.
Giró con rudeza sobre Ryu y el mundo se le aclaró y se le vino encima al mismo tiempo. Ahí estaba el rubio, quieto y taciturno. Entonces sus ojos se fueron sobre Rei, en lo que pareció la primera vez que la veía conscientemente en todo el día.
-No puedes culparme, ¿Cierto? -preguntó tranquila y con una voz baja, casi suplicante.
-¿Qué hiciste? -su voz temblaba.
-Hablar con los espíritus es una maldición algunas veces. No podía ignorarlo y simplemente, un día no pude seguir sin él.
Esos ojos amatista se fueron sobre el incipiente rubio quien sonrió agradecido. Por un momento Makoto olvidó lo que estaba pasando, enternecida por el único gesto romántico que había visto en la mujer del fuego. Miró de nuevo hacia la puerta, esa mirada marrón la llamaba en silencio.
-¿Ellos están...? -Rei asintió sin esperar a que su amiga terminara su pregunta-. Pero, ¿Cómo?
-Las mujeres como tú y yo no conseguimos fácilmente un amor. ¿No crees que es injusto que ellos no estén para nosotras?
-¡Pero están muertos! - gritó desesperada, su mano tapó su boca como si aquello fuera un insulto para los presentes. Se reprendió internamente por eso.
Rei se encogió de hombros, aquella discusión la había tenido con ella misma por tanto tiempo que estaba preparada para cualquier pregunta, aunque siempre supo que Makoto no haría demasiadas. Después de todo, Marte y Júpiter siempre estarían unidas de una forma que las demás no, desde el principio de los tiempos.
-¿No estás cansada de estar sola?
¡Lo estaba! Claro que lo estaba. Había estado tan sola por tanto tiempo que perdió la cuenta de los años que habían pasado. Miró de nueva cuenta a la puerta, ahí estaba él, Nath... Neflyte... ¡Cómo sea! Sonriendo.
-Son dóciles, tranquilos y respetuosos. - Rei caminó tras de Ryu y lo tomó por los hombros, el rubio se inclinó a su toque con ternura.
-¿Por qué yo? -preguntó, aunque sabía la respuesta.
-Porque solo tu entenderías. - respondió secamente-. Además, Ryu se sentía tan solo y Nath es casi su hermano, ¿No crees que sería lindo que los cuatro compartiéramos esto?
Makoto quería tomar a Rei de los hombros y estrujarla con fuerza hasta que entrara en razón, pero en cambio era ella quien la perdía. Su argumento no era tan malo... ¿Acaso estaba loca? ¡Esos hombres no estaban en el mundo de los vivos y nunca lo estarían! Pero él la había tocado, y Rei había acariciado a Ryu frente a ella. Y Makoto quería ser tocada así, mirada así, servida así, amada así.
Caminó entonces hasta la reja, sus pies traidores lo hicieron sin avisarle. El frío fue más intenso en medida que se acercaba, pero eso no la detendría, tampoco la mirada perturbadora de Zoycite y Kunzite. Fue directo hacía Nath, Neflyte ¡O como diantres fuera! Sus largos dedos rodeaban un barrote mientras la miraba con esa mueca dulce en los labios, como si supiera lo que estaba pensando.
-No te conozco, no sé quién eres—dijo-. Dame una razón. ¿Cómo sé que no vienes por mi alma?
-Eres tú quién ha venido por la mía, ésta y cada una de las veces, Jade.
Su pie se barrió contra el suelo mientras retrocedía un paso. "Jade", él había usado ese nombre y su cuerpo supo que hablaba de ella. Se estremeció. Rei hizo por acercarse, pero por primera vez, Ryu la detuvo.
-¿Cómo me llamaste?
Nath sonrió. Y ella estaba loca de verlo sonreír.
-Jade.
Makoto se agarró de la reja y la estrujó con fuerza. El chirrido del metal oxidado hizo eco en la oscuridad de la noche, ahuyentando a los cuervos que rondaban en las cercanías. Rei sonrió, Ryu sonrió y Nath una vez más, sonrió.
La castaña sintió el suelo moverse a sus pies y su corazón salir de su pecho. "Jade", repicaba en sus oídos y mucho más adentro. Se movía en sus venas como la sangre que la mantenía con vida.
La oji verde estiró sus dedos soltando el barrote que sufría su frustración y acarició, lenta y temerosa, los largos y finos dedos del castaño tras la reja. Sintió su aspereza y frialdad, se asustó.
-Te acostumbrarás a su temperatura. -dijo su amiga a sus espaldas.
Y de nueva cuenta, ese hombre le sonrió.
-¡Deja de sonreír! -espetó molesta, con la presión sobre sus hombros.
-Deja de verme así entonces, Jade.
-¡Ese no es mi nombre, no me llames así!
Y mientras lo miraba desafiante a los ojos chocolate, que brillaban como faros en la oscuridad, aquel espíritu perdido en el tiempo le devolvió la caricia en la mano. Ella lo recibió, asustada pero perdida en su frialdad.
-¿Qué quieres de mí? -musitó suavemente, su aliento se convirtió en vapor en medida que él se inclinaba para escucharla.
-Como siempre, solo a ti.
Su mirada hacia atrás solo la hizo dudar más, Ryu rodeando a Rei, ambos esperando. Al lado de Nath, Zoycite y Kunzite en un visible estado de deterioro. Makoto intuyó que Nath... o Neflyte como maldita sea... estaría igual si no fuera por su presencia.
-¿Qué debo hacer?
-Di mi nombre.
Silencio.
Y un poco más de aplastante y sepulcral silencio.
-Hayashi Nathaniel.
-Jade.
Makoto tiró de él, y como el espectro que era y que seguiría siendo, el hombre atravesó los barrotes con todo y su cámara colgando del cuello. Al terminar se cernió sobre ella, en el abrazo más congelante que la mujer había recibido en su vida. La piel pálida del castaño comenzó a tornarse ligeramente bronceada y sus cabellos como sus ojos brillaron un tanto más natural, pero no completamente humano. Ella también lo abrazo.
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Rei miró a Ryu al lado de Nath, tranquilos y aguardando por ellas. Después miró a Makoto que no podía apartar la vista de la mirada suplicante de los otros dos hombres tras la reja.
Caminó hacía ella y la tomó del hombro, llamando su atención de vuelta.
Con un gesto de su cabeza se despidió y caminó hacia donde sus "ni vivos ni muertos" hombres esperaban por ellas. Antes de llegar miró a la morena y sabiendo de antemano la respuesta, de igual forma preguntó.
-¿Volveremos por ellos? -susurró.
-No. Lo más probable es que no.
FIN.
Muchas gracias por leer, espero sus comentarios.
Saludos.
