Todo continuaba en ese extraño y cálido día de invierno, Ran y Shinichi iban ttanquilos en ese paseo rutinario hasta el instituto, acompañados por esa blanquinosa nieve que había caído días atrás, provocada por la ola de frío que había atravesado la ciudad. El sol brillaba completamente despejado y los rayos chocaban con gusto en aquellos que transitaban por las venas de Tokio, animando a cualquiera salir de su morada para pasear, divertirse o simplemente contemplar esa pureza que ofrecían las calles esos días de Enero.
Ran disfrutaba de encontrar la calidez en los momentos fríos. Le recordaba al día que lo había visto aparecer en su portal, con la promesa de no volver a desaparecer nunca más. Ese día, también estaba el suelo nevado, y llegó incluso a pensar, que su reluciente sonrisa, sería capaz de derretir hasta el último copo que caía.
Cuando empezó a llorar, se dio cuenta de que lo había extrañado más de lo que imaginaba. A él, su sonrisa, abrazos, bromas e incluso ese poder que tenía de ignorar la alarma y quedarse dormido casi todos los días que le recogía.
Todo parecía volver a su curso de las cosas con el paso de las semanas. Al principio, hubieron muchas preguntas y muchos hechos que asimilar, pero después de perdonar e intentar comprender, la línea de sus vidas se volvió paralela a la vida que habían vivido.
"¿Ran? ¿Me estás escuchando?"
"Sí, me has repetido mil veces esa historia. Ya sé que Sherlock es un genio." Le contestó rodando los ojos.
"No solo es un genio, es el mejor." Contestó con los ojos brillantes.
"Podemos hablar de otra cosa, por ejemplo...Mi madre me ha propuesto ir a Fukuoka a pasar unos días, ¿Qué te parece si vam-" El romanticismo entre ellos, era lo único que se había estancado con su vuelta. Pero apenas pudo acabar de proponerle antes de que él mismo le cortase.
"¡Myiano!" Le interrumpió sin haberle prestado mucha atención en lo último.
La morena suspiró, como cada día. Ella lo recogía en casa a la misma hora, y de camino al instituto, mientras escuchaba a su compañero hablar sin parar de futbol o misterios, él callaba repentinamente para llamar a la nueva compañera que había entrado en su círculo en el mismo momento que Shinichi había vuelto. Y le insistía, una y otra vez, que no se marchase por su cuenta.
"Vivimos uno al lado del otro, ¿Por qué te empeñas en caminar sola todos los días?" Le preguntó acelerando el paso hacia ella. Ran apareció a su lado poco después.
"No me apetece escuchar tu irritante voz de buena mañana." Contestó sin más. "Además, desgraciadamente, me alcanzas todos los días."
"¿Por qué eres así?" Le preguntó dándole un suave golpe en el brazo antes de empezar a bromear sobre su carácter y molestarla el camino que les quedaba.
Ran se dedicaba a escuchar sus discusiones tontas los días que la pelirroja se dignaba a devolverle la palabra. Ella, apenas la conocía, era una mujer muy fría para Ran y no acababa de entender como su amigo podía entenderse tan bien con ella con ese carácter tan contradictorio que ambos tenían. Tenía una mirada que lograba intimidarle y apenas se había atrevido a tener mucha conversación con ella.
Se sentía un poco tensa a su alrededor y sabía que ella también lo hacía.
"¡Por fin! Hora de comer." Dijo Sonoko sentándose a su lado antes que Shinichi se levantase.
"Ahora vuelvo, voy a la cafetería a comprar algo." Les comentó con una sonrisa, abandonando la clase con las manos dentro de su bolsillo.
"No me acostumbro al nuevo detective." Dijo Sonoko mientras lo veía marcharse.
"¿Qué?" Preguntó Ran abriendo su fiambrera.
"Me refiero a Shinichi." Explicó dándole el primer bocado a su comida. "Antes de irse, era un chico que solo se quería hacerse ver y ser el centro de atención. Y ahora, no podría ser más reservado, y...no sé, es como si hubiese madurado de un momento a otro. Como si ahora se comportase como un hombre de treinta años."
"Tienes razón." Contestó ella jugando con sus palillos mientras observaba su otro lado ahora vacío.
"¿Cómo van las cosas con él?" Preguntó su amiga al ver su rostro neutro.
Ran suspiró. "Como siempre, supongo."
Sonoko dejó de comer por un momento. "Tienes que hablar con él y decirle de una vez por todas lo que sientes, Ran."
"La verdad es que, no sé si eso es lo que quiero hoy por hoy." Confesó con la mirada baja. "Ya...ya no siento la misma plenitud que sentía antes cuando estaba cerca de él, me molestan cosas de él que antes ni siquiera me molestaban...y la manera de extrañarle, es como si ya no fuese igual de fuerte..."
Su amiga abrió los ojos fuertemente sorprendida. "¿Me estás diciendo que ya no te gusta?"
Ran resopló. "Claro que me gusta, Sonoko. Al fin y al cabo, estamos hablando de Shinichi...pero, no lo sé...creo que me pasa es que ya no me siento enamorada de él." Confesó por primera vez en voz alta, con un cierto dolor en el pecho. "Al menos, no de la misma manera."
Confesar esas emociones así, en voz alta, lo hacía todo más real. Y que doliese aún más. Se había dicho a si misma muchas veces que solo era algo temporal, intentando convencerse de que era algo causado por las muchas desapariciones y repentinos abandonos del detective, pero cuando lo había tenido de nuevo frente a frente, su corazón apenas se dignó a acelerarse. Se acordaba de todas las veces en que sus miradas se habían perdido en el pasado y como su vello se erizaba con solo un roce suyo. ¿Por qué ya no le temblaba la voz al verle? ¿Por qué la distancia intrusa había arremetido entre esa conexión tan bella que habían tenido? ¿Por qué habían estado destinados a no ser?
"¿Todo esto es por Eisuke?" Preguntó Sonoko alzando una ceja. "He escuchado que no ha tardado en pedirte una cita al reincorporarse en las clases. Lo tienes enamorado desde el primer día que te vio."
"No, no." Contestó rápidamente mientras se sonrojaba al recordarlo. No se había esperado que Eisuke también volviese a clases, y, presentarse con un ramo de flores como hizo hace un par de días, fue una sorpresa muy agradable. "Ni siquiera le he contestado todavía." Dijo rápidamente antes de volver la atención a su fiambrera.
La morena, se limitó a seguir comiendo en silencio con la esperanza de que su amiga no quisiese indagar mucho sobre el tema. Ese día, no se sentía de especial humor para hablar sobre ello.
Sentía una extraña sensación de que su oportunidad con Shinichi había pasado hacía demasiado tiempo, y la nostalgia, apareció por un lado de todos esos pensamientos. ¿Cómo podía pensar en Eisuke si todavía tenía esa espina clavada en el pecho?
"Voy al baño." Se excusó después de medio acabar su comida.
Salió de la clase y cruzó el pasillo hasta los baños de la planta superior. No tenía ganas de hablar ni encontrarse con nadie. Se sentía decaída y decepcionada. No con él, tampoco con ella. Estaba enfadada con esa idea que había tenido desde siempre en la cabeza, en la que pensaba que el amor que se tenían era más fuerte de lo que, en realidad, nunca había sido.
Pero a cada día y cada año que pasaba, más les separaban sus intereses comunes y sus estilos de vida.
Y ahora, con solo mirarle, había visto que él también parecía verlo de la misma manera.
Abrió la puerta resoplando con el paso decidido y frenó al escuchar la llave del grifo abierta, levantó la mirada y se topó de nuevo con la misma pelirroja. Ran clavó su mirada en su reflejo del espejo y se sintió rápidamente intimidada por sus profundos ojos verdes. Tenía los ojos un poco enrojecidos, no sabía si era porque había llorado o por las ganas que parecía de querer hacerlo.
Pero no se atrevió a preguntar.
"Hola." La saludó acercándose a su lado para lavarse las manos.
La pelirroja asintió mientras cerraba el agua y se quedaron mirando cada una su propio reflejo sin decirse palabra. Ran se agachó para lavarse la cara y no pudo evitar empezar a mirarla de reojo. Meses atrás, había causado mucho revuelo la vuelta del detective al instituto, pero más alboroto había causado ella entre los estudiantes en cuanto apareció detrás de él. Todos habían intentado acercarse a ella desde un primer momento, pero ni ella, que se había esforzado a conocerla desde que su amigo las presentó, había conseguido cruzar un centímetro de la coraza que le rodeaba.
No era una persona desagradable, pero era demasiado distante y directa, no le importaba quedar bien o mal delante de cualquiera, ni tenía la necesidad de fingir una sonrisa o ser amable con nadie por compromiso. A los estudiantes, les había encandelado, pero la mayoría de chicas, le habían cogido tirria sin ni conocerla.
A Ran, al principio le era indiferente, pero después de ver que la única persona con la que sonreía, era con Shinichi, empezó a sentir algo de celos. No la odiaba, pero una extraña envidia crecía en cuanto más la estudiaba. Ran siempre sonreía, incluso cuando no le apetecía hacerlo. No era una persona capaz de hacer un comentario tajante para frenar algún comentario que le molestase, ni tenía la capacidad de ponerse a si misma sobre los demás. Ella siempre se había dedicado a contentar y satisfacer a todos.
Y envidaba eso de ella. Esa desconexión y desinterés.
"¿Quieres decirme algo?" Le escuchó preguntar con su tono cínico de siempre mientras clavaba su mirada en ella con una ceja alzada.
"Em...no. Lo siento." Se disculpó apartando la mirada, secándose las manos antes de volver a dirigirse a la puerta para desaparecer de ahí, notando en todo momento su mirada penetrante en su nuca.
"Mouri, espera." Le frenó su voz cuando abrió la puerta.
Ran se giró para verla frente a frente, sin entender bien que querría decirle ahora.
"Supongo que tendrás una infinidad de preguntas que hacerme."
Ran abrió los ojos sorprendida y entre abrió la boca, pero no sabía exactamente que decirle o por donde debía empezar.
Shiho suspiró y se reclinó al lado de los grifos con los brazos cruzados. "Sé lo que debes estar pensando, Mouri... que he aparecido de un día a otro sin una explicación clara, o incluso, deberás pensar que he venido a robarte la atención del corazón de tu detective." Dijo con una sonrisa triste. "¿No?"
"Yo, la verdad..." Empezó a hablar intentando buscar las palabras.
"No he venido a convencerte para que dejes de odiarme. Estás en todo tu derecho de hacerlo." Dijo sin titubear. "Supongo, que cualquiera lo haría estando en tu lugar."
"No te odio ni nada de eso." Contestó con un tono tranquilo, notando como la pelirroja se relajaba un poco. "No me mal interpretes, me gustaría hacerlo." Admitió suspirando. "...Pero no sé por qué, no puedo."
Shiho se sorprendió ante su declaración y clavó su mirada en la suya.
"Hoy por hoy, Shinichi y yo estamos en dos mundos distintos." Le confesó apartando su mirada para observar su reflejo. "No tendría ningún sentido hacerlo después de ver como son ahora las cosas. No soy alguien que pueda vivir con odio o rencor...y menos por alguien que solo le hace el bien a Shinichi."
La pelirroja se quedó en silencio unos segundos. Ran era una persona demasiado agradable, ni ella ni Kudo merecían tener cerca a alguien como ella. Ellos solo la habían herido.
"Estoy enamorada de él, Ran. No pretendo mentirte." Le sonrió tristemente.
Ran, poco sorprendida por su confesión, también le sonrió. "Tus sentimientos han crecido, y los míos, prácticamente han desaparecido."
"¿Qué?" Se volvió a sorprender la pelirroja.
Ran ensanchó su sonrisa, esta vez no tenía ganas de llorar, sin embargo, sentía una fuerte liberación al poder hablar con ella de una manera tan transparente. Kudo apenas le contaba las cosas a cuentagotas. "Es difícil admitir que no siempre el primer amor es el verdadero. Pero finalmente, he entendido que solo estaba repitiendo los errores de mis propios padres y creo que merezco una vida distinta."
"Kudo es un idiota, definitivamente mereces alguien que te valore de verdad." Admitió la pelirroja, provocando una pequeña risa en su compañera.
"Yo tampoco tengo un carácter con el que pueda controlar sus impulsos o conseguir frenarlo." Admitió ella, sintiéndose cada vez más a gusto con esa conversación. "Creo que el amor tiene que fluir...y nosotros, solo acabamos forzándolo."
"Todo fue por mi culpa." Intervino Shiho amagando su mirada tras su flequillo.
Ran se sorprendió, pero suavizó rápido la mirada. "No lo es. Si buscamos un culpable, la culpa es mía y de Shinichi, por no lanzarnos cuando debíamos hacerlo."
Shiho levantó la mirada completamente sorprendida. No sabía porqué, pero escuchar esas palabras de Ran, hacía que los kilos de culpa que cargaba, disminuyeran radicalmente. No la odiaba y ni si quiera la culpaba. Definitivamente era un ángel, no sabía si había hombre lo suficiente bueno en el mundo como para merecerla.
"No quiero pedirte explicaciones de nada, Miyano. Las cosas van como nosotros hemos querido que fueran." Dijo Ran antes de esbozar una última sonrisa y girarse para dirigirse a uno de los baños para cerrar la puerta detrás de ella. "Simplemente, cuida de él."
Escuchó la puerta abrirse y cerrarse un par de minutos después e intuyó que finalmente se había quedado sola. Se quedó recostada espaldas a la pared mientras intentaba recordar la conversación que había tenido con Sonoko y Shiho. Ese día, era uno de esos días en los que te levantas pensando que va a ser un día cualquiera que acabarás olvidando, y a medida que transcurría, acababa alterando tus emociones o conciencia para crear un antes y un después, empujándote de tu trayecto para que empieces tu vida tomando otro camino.
Escuchó la sirena que indicaba el fin del descanso y salió del baño para dirigirse a clase antes de llegar más tarde. Los pasillos ya estaban prácticamente vacíos así que aceleró más el paso para no acabar recibiendo un castigo.
"¿Shinichi?" Susurró para ella misma.
Frenó el paso al ver escurrirse al moreno por los pasillos hasta salir por una de las puertas de emergencia, y su curiosidad, le hizo seguirle. Caminó siguilosamente detrás de él a una distancia prudente. Se suponía que las clases habían reanudado, así que no entendía muy bien por que se escabullía entre las escaleras de emergencia. Llegó al último piso y paró unos segundos mientras estudiaba el alrededor. La brisa era fresca pero agradable y la azotea mostraba una gran vista de los alrededores de la ciudad.
Siguió andando sin dejar de buscar con la mirada y un sollozo cercano le hizo y girarse a esconderse rápidamente detrás de una de las paredes para no ser pillada, pero los pasos se escucharon cada vez más cerca.
"¡Shiho, espera!" Escuchó al detective llamarla. "Espera." La frenó por la muñeca antes de que pudiese alejarse más de él.
Ran se puso nerviosa al notar lo cerca que estaban, a esa distancia, era capaz de ver sus sombras moverse desde ahí. Se sentía un poco incómoda al darse cuenta de que les espiaba, no sabía que siguiendo al detective haría que también encontrase a la pelirroja. Ella solo había seguido al detective aprovechando la situación para poder tener una buena conversación con él, sentía que se lo debían y ella necesitaba hacerlo para poder cerrar ese libro por completo. Pero había acabado ahí atrapada, a escasos dos metros de ellos, mientras ellos parecían empezar una conversación la cual ella no tenía ningún derecho de escuchar.
"¿Por qué te pones así? ¿Qué te pasa?" Le escuchó preguntarle preocupado.
"¡¿Qué te pasa a ti, Kudo?!" Le preguntó ella de vuelta. "Lo estás echando todo a perder."
"¿Qué? ¡No es verdad!"
"Joder, se suponía que debías volver a tu vida." Contestó ella. "Reanudar todo lo que habías dejado a medias."
"Y lo he hecho." Dijo él con un tono seguro.
"No, no lo has hecho." Se negó ella. "Me convenciste para inscribirme en el instituto y lo único que has hecho, ha sido dejarla a ella de lado. Has vuelto para causarle más daño...al igual que yo. Me repetías una y otra vez que no la querías ver llorar más, y yo, me esforcé al máximo para devolverte esa vida."
"Yo...solo estoy haciendo las cosas como creo que tengo que hacerlas." Se explicó.
"¿Ignorando casi por completo a Ran?" Le preguntó con un tono serio. "¿Te has parado a escuchar lo que siente o te has dignado a hablarle de tus sentimientos?"
"Espera, espera... ¿Todo esto es por Ran?" Le preguntó acercándose a ella.
Ran, que seguía en la misma posición, se sintió un poco más nerviosa después de que su nombre apareciese en la conversación y lo primero que le vino a la mente, fue esa pequeña frase que le había dicho la pelirroja en el baño.
"Estoy enamorada de él."
¿Miyano estaba así porque le preocupaban más sus sentimientos que los suyos propios? Su rostro tan triste y su voz quebradiza...¿Por qué se veía tan preocupada si ella misma le había dicho que ya se había rendido con el detective? Apenas se conocían como para que sintiese ese apego hacia ella. No lo entendía.
"Ran es mi mejor amiga, creo que los dos nos hemos dado cuenta del tipo de relación que tenemos ahora, y no es para nada una romántica si es lo que te preocupa." Le intentó explicar con calma.
La morena volvió a sentir como su corazón se rompía un poco más, pero extrañamente, su autoestima crecía a la vez. Este no era su destino, y él, ya no era su futuro. Sabía que era alguien que la apoyaría en cualquier situación, pero no era la persona con la que compartiría una hipoteca o discutiría por el lado de la cama.
Cuanto más veía la realidad, más le crecían las alas.
"Per-"
"Y..." Le interrumpió antes de que ella pudiese protestar. "Desgraciadamente, Akemi no puede volver con nosotros. Debes de dejar de culparte e intentar vivir la vida que ella quería que vivieses."
Ran se asomó un poco más para verles mejor. ¿Shiho estaba llorando? No se imaginaba que una mujer tan fría como ella pudiese verse así de vulnerable. Sabía que era el momento de irse, pero sus pies no querían moverse.
"Te quiero, Shiho." Escuchó confesar al detective, como si esa pequeña declaración, hubiese salido mil veces antes de sus labios. Se escuchaba extrañamente natural en sus oídos, y ver como se acercaba a ella para sellar sus labios con los suyos, le hizo sentir y presenciar el aura tan singular que transmitían. Se sonrojó sin poder apartar la mirada.
Eso era el amor, en toda su plenitud. Podía sentirlo desde ahí.
Y por una vez, ya no sintió más tristeza. Sin embargo, no podía dejar dejar de sonreír.
Apartó la mirada y se acercó a la puerta sigilosamente, intentando alejarse sin interrumpirles. El destino era así de caprichoso y había decidido poner a esa mujer en el camino del detective, la única mujer que podía leer la mente y el corazón del gran aprendiz de Holmes. La única que podía entenderle.
Se dirigió de nuevo a su clase, por primera vez, con una agradable sensación en el pecho. Se sentía empoderada. Después de todo, puede que ella se mereciera esa segunda oportunidad con Eisuke.
Y en lo más alto del edificio, seguían ellos dos clavados en la misma posición.
Kudo notó su cabeza apoyada en su hombro y la rodeó en un abrazo como si tuviese miedo a que se alejase. "Estoy aquí porque quiero estar contigo. No tienes nada de lo que huir...tampoco tienes porque escapar de mí."
Ella apartó su rostro de su torso para poder mirarle a los ojos. Incluso en ese momento, después de todo lo que habían llegado a pasar, todavía tenía mideo de las consecuencias después de admitir que lo amaba tanto como él decía que la amaba a ella.
Todavía pretendía protegerle. Protegerle de la oscuridad que siempre amenazaba con volver, protegerle de la sombra en la que se había transformado su vida, protegerle de ella misma.
"No quieras huir de esto..." Le repitió con los ojos cerrados, apoyando su frente en la suya con un tono casi de suplica.
Shiho parpadeó. No había dudado en ninguna de las palabras que decía el moreno, nunca lo hacía. Y le quería por eso. Él, a diferencia de ella, nunca huía. "No voy a huir. No lo haré." Le contestó antes de besarle en los labios por sorpresa.
