Luego de un largo día de trabajo entre papeles y planos, por fin Senku podría tener lo que su cuerpo le pedía con desesperación hace ya un tiempo.

Un descanso.

Y qué mejor que un baño solitario en las aguas termales.

Crujió el cuello y masajeó sus hombros mientras caminaba hacia su destino. Hace casi nada había salido de su habitación con lo que necesitaba en una cubeta para su baño caliente.

Se asomó entre los arbustos y ramas de los árboles para así lograr ver en el claro la pequeña laguna, rodeada por algunas rocas y con vapor desprendiendo de ella, justo bajo el tranquilo cielo nocturno. Suspiró aliviado y caminó unos pasos más en lo que deshacía el nudo de su capa, mientras llegaba al borde de las rocas.

Dejó la cubeta y su cinturón a un costado, cubriendo este último con la capa ahora doblada. Se quitó los zapatos en lo que abría su ropa, cayendo naturalmente por sus hombros, dejando poco menos de la mitad de su espalda sentir directa la calidez del vapor de las aguas.

Alzó los brazos para deshacerse por completo de su vestidura, que abandonó sobre otra roca. Tomó el inicio de los vendajes en sus muñecas para aflojar su agarre rápidamente, tirándolos encima de las otras telas. Por último, llevó sus manos al nudo en su ropa interior, soltándolo por completo.

Entró a las termas lentamente para llegar al otro lado de la laguna con la cubeta en mano. Con un suspiro se sentó, con el agua llegándole a los hombros, sintiendo el calor calmar sus entumecidos músculos. Llenó el balde de madera hasta la mitad para mojar su cabeza, tirando hacia atrás los cabellos que se pegaban a su rostro.

Respiró profundo, el silencio en medio del bosque era verdaderamente tranquilizador. Venir aquí siempre ha sido de las mejores opciones cuando lo que necesitaba era un descanso.

Cerró los ojos, vaciando su mente. No pasaron más de cinco minutos cuándo...

—¡SENKU! ¡¿POR QUÉ VIENES SIN NOSOTROS?!

...escuchó el grito de una voz escandalosamente conocida que lo despertó de un sobresalto.

Abrió los ojos de golpe, encontrándose a Ryusui sonriente chasqueando los dedos frente suyo. Tras él veía a Gen reí nerviosamente, a Chrome mirando con brillo en los ojos las aguas termales y, más atrás de todos, a Tsukasa con una cara de póquer.

No pudo evitar que sus cejas temblaran, viéndolos desconcertado.

—¿Por qué están aquí?...

—Yo me di cuenta que ibas de camino a las aguas termales y también quise venir, Gen se animó y Chrome nos escuchó. — Dijo Ryusui sin bajar su sonrisa mientras desabotonaba su abrigo; su capa y cinturones yacían olvidados en el piso.

—¿Y tú, Tsukasa?

—A mí Ryusui me arrastró de camino aquí— Suspiró, soltando una ligera sonrisita. —Aunque no veo lo malo de un baño en las aguas termales.

—Hace tiempo que no veníamos todos juntos aquí. —Gen fue abriendo su yukata. —Por mí está bien.

Senku solo los veía despojarse de sus ropas con cansancio.

Okey, ya no podía hacer nada.

—Bueno, no me importa. Entren si quieren. —Soltó al mismo tiempo que se arreglaba el cabello hacia atrás, aún húmedo por el vapor a su alrededor.

Uno a uno fueron sumergiéndose junto a él. Ahora Ryusui estaba hablando a su izquierda junto a Gen; Chrome, a su otro costado con el agua justo abajo de su nariz a nada de dormirse y Tsukasa un tanto alejado de ellos con el cabello amarrado en un moño bajo.

Con la voz del capitán hablando de quién sabe qué de fondo, Senku pensó que quizás sería mejor ir quitándose el exceso de agua del cabello, por lo que se paró de su asiento, sintiendo ahora un ligero viento frío recorrer su espalda desnuda y caminó a dónde sus ropas se encontraban y así coger la toalla que trajo consigo.

Tsukasa, quien hasta ese momento tenía los ojos cerrados, al sentir el movimiento del agua se puso alerta por reflejo, dejando ver sus orbes marrones. Lo primero que vieron estos lo dejó sin palabras, completamente confundido.

Gen notó al instante ese cambio de ambiente que transmitía Tsukasa por su mirada perpleja, dejó de escuchar a Ryusui y giró sus ojos en dirección a lo que sea que esté viendo el castaño mayor, abriéndolos enormemente de la sorpresa.

Y hasta diría que sintió un calor en sus mejillas que no venía necesariamente del vapor.

—… ¿Senku-chan?

—¿Mm…? ¿Qué pasó con Senku? — Preguntó Ryusui, algo extrañado por su reacción y, preguntándose por qué ya no lo escuchaba y miraba a otra parte, también quiso saber que era lo que veía. Casi se desencaja por lo que sus ojos apreciaban.

Ahí, justo frente a ellos, se encontraba Senku dándoles la espalda buscando entre sus cosas. Lo increíble en cuestión eran las nítidas y rojizas ocho líneas que iniciaban en sus hombros y terminaban en su cintura.

Unos impensables arañazos en la espalda de Senku.

Senku. Arañazos en la espalda de Senku.

Arañazos. Espalda de Senku.

¡De SEN-KU!

—¡Senku! ¡Nunca lo hubiera imaginado de ti!

Podía sentir la sangre viajar a sus mejillas veloz. ¡Estamos hablando de QUIEN PENSÓ MORIRÍA SIN PROBAR CARNE DE ALGUIEN MÁS!

—¿Ah...? — El susodicho giró levemente aburrido y confuso por la afirmación, con la toalla en sus manos. Vio las miradas de los tres hacia él—¿Qué les pasa?

Chrome, quien se enderezó y abrió los ojos al escuchar el grito, enfocó su vista en Senku, notando también las marcas en su piel. —¿Qué te pasó en la espalda? La tienes toda arañada.— Dijo confundido, sin lograr entender la reacción de los demás.

—Ah...—Suspiró. Miró por encima del hombro las marcas que aún ardían en su dermis. La expresión de su rostro cambió a uno de agotamiento y, sentándose en una roca cercana para secar su cabello, soltó.— Fue la Leona.

—¡¿CON KOHAKU(-CHAN)?!— Gritaron al unisonó Ryusui y Gen, saltando levemente de sus asientos. Gen buscando explicaciones lógicas o algún truco en su mente que no involucre lo obvio por parecer imposible y Ryusui de plano imaginando a los dos teniendo sexo.

—¡¿La Gorila te hizo eso?!

—¿Kohaku y tú...?

—Antes que piensen algo que no es, par de depravados pervertidos, no pasó cómo creen— Vio en las miradas de los demás sacar conclusiones precipitadas. Terminándose de quitar el agua excedente, aunque el vapor dejaba aún un tanto húmedo el cabello, frunció el ceño cerrando los ojos algo irritado.

Aun preguntándose por qué Senku los llamó así, Chrome y el resto escucharon la versión del albino antes que pudieran abrir la boca.

—Lo que sucedió fue...

. . .

Ambos estaban en el laboratorio principal una noche hace ya un par de días. Xeno había salido de la sala para entrar a una reunión por videoconferencia con otros científicos sobre el despegue del cohete, dejándolos solos. Senku revisando planos con los últimos detalles de este y Kohaku vigilando unas pantallas que mostraban fotos de la luna hechas por el satélite. Nada del otro mundo, inmersos en el silencio.

Hasta que de pronto una comezón empezó a molestar al científico. Extrañado, intentó llevar su mano a la zona en cuestión, pero su nula flexibilidad no le permitió alcanzar.

A unos pasos de él, Kohaku notó sus intentos fallidos de llegar a su espalda y con una sonrisa gatuna se levantó de su asiento para acercarse.

—¿Qué pasó?

—Nada, solo...— Metió la mano por detrás de su capa para intentar llegar, con el ceño juntándose de la frustración. — Me pica la espalda.

Alegre, Kohaku habló.

—¡Te ayudo! — Y antes que Senku pudiera negarse, clavó sus uñas con un poco mucho de fuerza a sus hombros y bajó hasta su cintura.

Un grito de dolor combinado con maldiciones resonó en el lugar.

El científico arqueó la espalda, mirando a la nada. Kohaku se sobresaltó. Senku se dejó caer en el escritorio, llevándose una mano hacia atrás.

—Mierda...— Gruñó con la cara escondida entre sus planos.

¡Lo hice muy fuerte! ¡Maldición!

—¡Lo siento!

Sin dudarlo, hizo un lado la capa y bajó el cuello de la ropa del albino. Su cara se puso blanca de la impresión al ver el inicio del fuerte color rojizo de las líneas hechas por sus uñas.

En un parpadeo acomodó la ropa y le dio unas palmaditas a la espalda dolorida, riendo nerviosa.

—No está tan mal... Jajaja...

Mentirosa...

Senku la vio cansado por el rabillo del ojo. Suspiró. No podía hacer nada con esa Leona.

—Solo ten más cuidado. Ahora ayúdame a pararme.

. . .

—Y eso fue lo que pasó.

El alivio se veía en los rostros de los presentes al escuchar a Senku hablar. Bueno, exceptuando a Chrome quien seguía sin entender por completo a lo que se referían en un principio.

—Era lo más probable viniendo de ti, Senku

—Sí... porque, para serte sincero, nunca vi interesarte por alguien de esa forma—Murmuró Ryusui mientras se sentaba correctamente. Frunció el ceño luego de escuchar bien lo que dijo.—... O de cualquier forma realmente— Se replanteó.

—Es por qué no estoy interesado así por nadie— Respondió aburrido, hundiendo su meñique a la oreja.

—No entiendo a que se refieren, pero definitivamente Senku no está interesado en esas cosas, menos por la gorila de Kohaku—Chrome soltó como si fuera lo más obvio del mundo. Aburrido por el cambio sutil de conversación, se paró y se quitó la soga de su frente, buscando una forma de mojarse la cabeza.

—Claro, es algo más de tu estilo, Senku-chan.

Con una sonrisa que perfectamente escondía algo, Gen habló. Bah, no creía nada en esa fachada de «chico frío con cero interés» de Senku por muy creíble que pareciera, o por lo menos no ahora y en estos últimos años, por qué sabía muy bien que sí existía alguien que pudiera atrapar al científico. Alguien que lo tenía como un león tiene a su presa.

Pero claro, él no diría nada al respecto.

Senku notó esa risilla burlona y sabionda que conocía tan bien del mentalista e iba a preguntar de no ser por Ryusui.

—Pero realmente no entiendo esa parte tuya, Senku. Todas las mujeres son hermosas.— Sonrió, coqueto. Su mirada dio un rápido recorrido al torso perfectamente esculpido de Tsukasa, logrando tensarlo al instante de la incomodidad. Sus ojos pasaron a su costado izquierdo, mostrándole los dientes a Gen que sintió un escalofrío recorrer su espalda, para luego volver su vista a Senku (a quien, por cierto, le quedaba muy bien el cabello hacia abajo), que lo miraba asqueado.— Así como los hombres también...

—A veces me das miedo, Ryusui-chan...jajaja...

—No te acerques, Ryusui—Dijo Tsukasa.

—¡¿Pero que dicen?! ¡Yo los deseo a todos, y eso también los incluye a ustedes!

—Ni lo sueñes— Respondió el albino.

Mientras Senku veía como el rubio sonriente se levantaba con clara intención de acercarse a un Tsukasa aburrido y cansado, Gen intentando detenerlo y a Chrome dormitando a un lado de ellos, no dejaba de pensar que mentir definitivamente no era lo suyo.

Por qué, aunque le desagradaba la idea de mentirles, era mejor que no indagaran de más en cosas que claramente no les importa, y lo decía principalmente por el mentalista que pareciera saber la verdad.

Jamás dejaría que supieran lo que realmente sucedió. No, ni en diez mil millones de años.

. . .

A la mañana siguiente, ahora mucho más relajado, Senku se dirigía al laboratorio más temprano que de costumbre para seguir con su trabajo.

Pero primero, una parada.

Vio un tanto a lo lejos un manchón amarillo moverse con rapidez entre los árboles. Era Kohaku entrenando.

Ella se dio cuenta al instante que el albino se dirigía hacia dónde estaba, por lo que bajó ágil por las ramas y caminó a su encuentro, con una sonrisa en los labios.

—¡Senku! No eres de despertarte tan temprano—Rio con sorna apenas lo alcanzó.—¿Me necesitas en algo?

—Sí, Yuzuriha ayer me habló sobre empezar con el diseño de los trajes espaciales y me pidió que vayamos a verla por la tarde, después de almorzar. Eso por ahora.—Hurgó en su oído con el meñique, sin tomarle mucha importancia.

—Oh, bueno, si solo es eso entonces...-

—¡Ah! Casi se me olvidaba...— Sonrió perverso, acercándose más a la rubia que ya se había girado para volver. La cercanía hizo que su corazón de un vuelco, deteniéndose en el acto. —La próxima vez sé más cuidadosa con esa fuerza tuya de leona, las marcas siguen en mi espalda...—Le susurró al oído.

La sangre se acumuló veloz en el rostro de Kohaku al saber a qué exactamente se refería. Volteó a verlo rápido con el ceño tembloroso, más roja que un tómate, teniendo que soportar esa sonrisa burlesca de Senku que conocía a la perfección.

—¡Qué no me llames así!— Le gritó furiosa, aún más por ver su sonrisa ensancharse. Sus labios temblaron y desvío la mirada. E, intentando que su voz no sonará tan alta, musitó— Y... Trataré de modular mi fuerza la próxima vez...

Una risa se escuchó venir del científico. Jajaja, como le gustaba molestar a esa Leona.

—Aunque, ¿te parece bien ir después a las aguas termales?


Fin c:

Ahhh, mejor tarde que nunca^^'

Este fic lo tengo a la mitad desde finales de febrero y recién lo puedo terminar:( Tuve algunos inconvenientes (me operaron jsjsj) y luego empecé a prepararme en una academia para ingresar a la universidad:') y eso está absorbiendo mi vida últimamente. Jajaja, la UNI es complicada.

Aun así quiero terminar aunque sea dos de los borradores que tengo para ir publicandolos, perdón de antemano si me toma mucho actualizar :(

¡Espero les haya gustado este intento de comedia (y fanservice)! Y aunque Dr. Stone haya terminado seguiré haciendo cositas para este bonito fandom y este hermoso shipp. Tarde, pero seguro^^

¡Muchas gracias por leer!