Los ojos de Damian se quedan mirando a la niña de cabello rosa, quien esta sentada en un banco pareciendo dormitar. El viento mece su cabello y el sol brilla sobre Anya.

Esa imagen parece que le hace sucumbir sus órganos internos. De su cuerpo comienza a generarse multiples sintomas desagradables.

Le irritaba muchisimo. Porque por supuesto para el niño, todo en ella es irritante y muy molesto.

Y ahora era mas, porque estaba usando su banco favorito... ¡Era eso!

Asi que se dirigio alli.

-No es que quiera sentarme contigo, tonta-había que dejarle en claro-No hay mas sitio y este es mi banco favorito.

Al decir eso, se sentó como si no fuera la gran cosa, sacó un libro y...

De inmediato giró su cuello al sentir un peso en el hombro, su cara se volvió rojo, obviamente fue de la rabia por que una plebeya se había acercado demasiado y lo estaba tocando.

-¿Pero que te crees que estas haciendo? -dijo de forma prepotente, pero la niña ni lo oyó. Y él a pesar de su invasión del espacio personal no se apartó.

En cambio, la observó, ella seguia con los ojos cerrados y los labios ligeramente entreabiertos

Tan linda.

Cuando ese pensamiento fluyó. De inmediato alegó que era las flores, provocado por esa parte molesta, malvada y deshonesta de su mente.

La que decía que ella era una molestia pesada en su hombro, pero no hacia nada para sacarla.

La que decía que solo se iba a quedar hasta que terminara de leer el libro, pero este estaba al reves.

La que decía que solo la dejaría en su hombro por cinco minutos, pero ya había pasado mucho mas.

La que decía que esperaba de una vez que se despierte, pero no hacía nada para que ocurra.

La que decía que era su banco favorito y por eso no se iba.

Y mientras mas la veía dormir a su lado, mas se repetía que era su banco favorito... al menos desde hoy lo era.