II. And you don't seem to understand

Ser un Omega, como Qui-Gon había intentado hacerle creerle, no era un milagro, ni ningún regalo de la Fuerza. Nunca lo sería, no viviendo en los tiempos en los que estaban, por mucho que la República e incluso la Orden Jedi intentaran enmendar cómo funcionaba su sociedad. Quizás la vida de los Omegas era diferente hace cien años atrás, pero ya no lo era. Cuando solía ser el padawan de Qui-Gon y tenía catorce años, a veces Obi-Wan solía tener pesadillas por las noches. Imágenes de él mismo encadenado, con el torso desnudo y solo unas diminutas telas cubriendo su entrepierna y sus nalgas. Era vendido por un alto precio, como cualquier esclavo. Él era incapaz de defenderse, ni siquiera podía recurrir a la Fuerza para luchar. La cobija que solía ser la Fuerza no lo arrullaba en esas alucinaciones como si lo hubiera abandonado. En cambio, los únicos sonidos que existían era el barullo de un grupo de extraños que jugueteaban con él. En medio de una habitación oscura, alguien jalaba de sus cadenas, hasta precipitarlo por el suelo. Su rostro impactaba contra las frías y duras baldosas, y entonces su campo de visión se veía obnubilado por unas piernas que conocía. "¿Qué harás, Kenobi?" decía la voz de un padawan, un Alfa que solía amedrentarlo únicamente porque Obi-Wan había demostrado ser más talentoso que él. "¿Volverás a humillarme frente a los demás? ¡Mírate! Este es el verdadero tú. Así es como deberías estar, desnudo y arrodillado como cualquier Omega. Como una puta"

Entonces se despertaba de sopetón, el pecho subiéndole una y otra vez agitadamente, su piel completamente húmeda por su sudor. A veces Qui-Gon golpeaba su puerta, alegando que su aroma lo había despertado. El Alfa, pese a todo, nunca atravesaba la privacidad de su habitación. "Es por tu bien, mi inocente padawan. Soy totalmente capaz de controlar mis instintos, pero aún así, sigo siendo un Alfa. Libera tus emociones a la Fuerza, respira profundo. Ella nunca te dejará solo"

Las palabras de Qui-Gon no le traían consuelo, por muy sabias y metafóricas que fueran. En esos tiempos Obi-Wan solía tener muchos más problemas para dominarse a sí mismo, de los que hubiera tenido jamás. Solía esforzarse por sobre el resto de padawans para no quedarse atrás. Si no era por orgullo, aunque no fuera correcto porque los Jedi no deberían sentir esa clase de emociones, entonces era por integridad. Ningún padawan de su generación lo respetaba. El único que lo hizo, extrañamente un Alfa, fue Quinlan Vos. Mientras Obi-Wan paseaba por los concurridos pasillos, personas susurraban a sus espaldas, con toda clase de obscenidades puesto que ya eran adolescentes. Obi-Wan los ignoró hasta que uno de ellos lo obligó a detenerse "¡Hey, Omega!" esa sola palabra lo hizo paralizarse. Sus ojos se abrieron de par en par, como si estuviesen a punto de salírseles de sus cuencas. "¡Detente ahora mismo y arrodíllate!" Obi-Wan sintió una inmensa y desagradable sensación recorrerle los músculos. Sumisión. Era un Alfa, uno que lo estaba obligando con aquel tono de voz.

Pese a que había tomado sus supresores aquella mañana, no bastaron para que su cuerpo luchara contra su voluntad por, efectivamente, arrodillarse. Obi-Wan hizo rechinar sus dientes dolorosamente. Dolía resistirse así contra su naturaleza. No hay sentimientos, hay paz, se dijo internamente. "¡Te estoy hablando, Omega!" sintió como unos pasos se acercaban detrás de su espalda. Obi-Wan comenzó a inclinarse cuando un fuerte puñetazo resonó antes de cualquier movimiento "Déjalo en paz" dijo un Alfa, sus facciones juveniles endurecidas y utilizando un brusco timbre. "Alertaré de esto a los Maestros"

Obi-Wan se giró, observando de pronto al joven de cabello negro y tez morena. Quinlan Vos. Él lo conocía, pero nunca habían cruzado palabras. Obi-Wan odiaba que alguien más lo defendiera, sentirse tan inútil como débil como para que otro intentara tomar un lugar que él no había cedido. "Kenobi, vamos a entrenar" el tono tosco de su voz lo sacó de su trance, y más tarde, tuvo que ser humilde y manifestarle su agradecimiento. Seguido de eso, Vos comenzó a protegerlo más de lo que el Omega hubiera deseado. Alguna vez se lo dejó en claro, pero al Kiffar no le interesaba. Nunca se detuvo, hasta que eventualmente las diversas misiones los separaron, pero nunca dejaron de ser amigos. Quinlan Vos no solía permanecer en Coruscant por mucho tiempo. Se veían esporádicamente si es que alguna vez coincidían.

Quinlan Vos, aunque le hacía doler la cabeza, era un buen amigo. Alguna vez su instinto consideró verlo con otros ojos, pero él mismo aniquiló aquella idea de su mente, sin dejar rastro. Que el Alfa Kiffar lo defendiera creó en él un rechazo por la situación, básicamente porque nunca se había sentido tan bien cuando él lo protegió. Obi-Wan maldecía su naturaleza Omega.

Nadie más volvió a hacerlo sentirse así, porque nadie más hizo eso por él. No hasta Anakin.

Iba caminando por los pasillos cerca de la entrada, llegando de atender unas tareas fuera del Templo que el Consejo le había encargado. Anakin debió haber percibido su presencia a través del vinculo que ambos tenían, o por el registro de su propia Firma en la Fuerza, porque tan pronto Obi-Wan se acercaba a la Torre Sureste, su padawan de once años corría a su encuentro, esquivando cada persona o ser que se interponía en su camino como un obstáculo.

Obi-Wan suspiró, entrecerrando los ojos.

──Anakin, ya hablamos de esto. ── amonestó el Omega como solía hacerlo usualmente con su padawan. El último tiempo su aprendiz había tenido un comportamiento un tanto arrogante y rebelde. Solía enfadarse cuando enviaban a Obi-Wan a misiones en solitario, alegando que quería ir con él. "Debes ser paciente" le decía Obi-Wan, "¡Pero puedo hacerlo! ¡Estoy mucho más avanzado que los otros! ¡Ellos son niños y me aburro!". El pequeño se detuvo con brusquedad y entonces, Skywalker guardó silencio, un tanto desilusionado por la reacción de su Maestro. ──, ¿Qué estabas haciendo antes de venir? No debes descuidar tus estudios.

──Meditando con el Maestro Yoda…

Ambos comenzaron a caminar, su padawan a un lado de él, manteniendo un ritmo constante. Anakin utilizó un tono aburrido que le causó gracia, pero decidió reprimir su risa.

──No puedo creer que hayas interrumpido tu meditación con el Gran Maestro Yoda, Anakin, no estuvo bien.

──¡Le dije que tenía que ir al baño!

──Oh, le mentiste. ── replicó Obi-Wan──, no es correcto, lo sabes.

──Lo siento Maestro. ── contestó inmediatamente el pequeño.

──Debes ser precavido y dedicado. Pronto tendremos una misión en terreno, mi joven padawan. Para eso debes tener un comportamiento impecable.

Los ojos de Anakin se iluminaron por la emoción. Él era aún demasiado joven para exponerlo a misiones con mayor dificultad, pero el Gran Maestro Yoda había estimado conveniente que Maestro y padawan se encaminaran a una misión a Dallenor, donde un equipo arqueológico había descubierto un holocrón Jedi, según le habían informado. Durante la semana deberían partir al planeta que requería de la ayuda de los Jedi. Ambos estaban caminando hacia la Torre del Sureste del Templo, hasta que alguien se cruzó por su camino y una sola mirada bastó para encender los sentidos de Anakin. Un Jedi caminaba en dirección contraria frente a ellos, regalándole una mirada llena de aversión a Obi-Wan. Él conocía aquel mensaje, aquellos ojos, durante años lo habían observado así. La repulsión en esos orbes era evidente, no solo en ellos, sino también en su presencia y lenguaje corporal. Obi-Wan bajó la mirada para seguir con su camino, hasta que unos gruñidos frenaron su caminata.

Anakin había detenido a Obi-Wan con su pequeño cuerpo, posicionándose entre él y el Jedi, actuando como su protector. Eso era muy malo. El Jedi podía alertar al Consejo, la orden, los Maestros…

──¡No mires a mi Maestro así! ── gruñó el pequeño. ──, te protegeré, Maestro.

La confusión tiñó la expresión facial del desconocido. Su padawan soltaba gruñidos y su olor a cachorro comenzó a agriarse, el Omega agradeció que seguía siendo un niño, por lo tanto, sus feromonas sin determinar no ejercían ningún efecto en el ambiente. Tan solo era un cachorro enfadado. Obi-Wan no le dio tiempo a ninguno de los dos como para que una situación tan infantil pudiera transformarse en algo peor. Tomó tan rápido como pudo al pequeño del hombro, obligando a Skywalker a seguir con su recorrido ──: Disculpe a mi padawan, con su permiso.

Atrás dejaron al desconocido mientras se precipitaban por los pasillos, con su pequeño padawan protestando.

──No puedes hacer eso, Anakin. ── ¿Cuántas veces ya había dicho esa frase desde que comenzó con su entrenamiento? Habían sido una infinidad de veces, tanto, que ni siquiera podía contarlas. Obi-Wan susurró en el oído del cachorro, preocupado por la aparición de otros testigos. La situación era inocua a los ojos del mundo exterior. Pero dentro de la Orden no estaba bien por diversos motivos. ──, él no estaba haciendo nada. Sentir esa clase de emociones no está permitido.

──¡Pero él te miró como si tú fueras un…!

El cachorro lo miró directamente a los ojos, la aflicción afectando el azul de sus orbes. Obi-Wan frunció su ceño, esperando que terminara aquella frase. Pero Anakin guardó silencio, antes de bajar su cabeza en dirección al suelo. Anakin Skywalker, pese a que comenzaba a ganar altura por sobre otros muchachos de su edad, parecía más joven de lo que era. Seguía siendo un cachorro, se repitió Obi-Wan. Un cachorro que extrañaba a su madre, su hogar y que añoraba atención y cariño.

──Anakin…

──Como un esclavo. Como miraban a mi madre. Como lo hacían conmigo.

Aquellas palabras erizaron su piel. Crearon un nudo en su garganta y secaron su boca. El tierno olor de Anakin comenzó a impregnarse en su nariz y su naturaleza respondía a él automáticamente. Obi-Wan no sabía que decir. En Tatooine Anakin había crecido con los horrores de los cuales Obi-Wan escapaba en sus sueños cuando adolescente. ¿Cómo deshacer de su padawan aquellos recuerdos? Desde que se había convertido en el Maestro de Anakin, jamás se había sentido como un sabio, no como lo había sido Qui-Gon. Obi-Wan seguía sintiéndose demasiado joven, apenas tenía veintiséis años de edad, rondando los veintisiete. Su rostro impoluto, sin rastro de vello facial, y su piel tersa solo lo hacían parecer aún menor a su edad. Cualquiera que lo mirara, no creería que fuera el Maestro de alguien.

Obi-Wan acercó su mano hacia la mejilla del cachorro, acunando su rostro redondo. El extraño tacto produjo en él una sensación de calidez. Solo por esta vez dejaría que su naturaleza Omega se saliera con la suya, solo esta vez. Obi-Wan abrió sus labios para hablar──: Yo no-

Anakin, sin embargo, mientras se inclinaba adormecido con esa caricia, tomó bruscamente aquella mano, sus dedos asidos a su dorso con vehemencia. Fue la primera vez que Obi-Wan vio aquella mirada en los ojos del, por aquel entonces, cachorro.

──No permitiré que nadie te mire así, Maestro.


La misión parecía ser sencilla. En cuanto él junto con su padawan se aventuraron hacia Dallenor en la lanzadera, con Anakin insistiendo que quería pilotearla, no había ningún problema. Salvo las inquietantes conclusiones que llegaba Anakin cuando hablaban del pasado de Obi-Wan o la vida del cachorro como esclavo en Tatooine. Al Omega no le gustaba para nada el sendero que estaban tomando los pensamientos de su padawan. Sin embargo, cuando arribaron y la arqueóloga Clatriffe le explicó la situación con los piratas locales, Obi-Wan decidió ignorar el tema con su padawan. La Togruta le informó del descubrimiento de droides antiguos, reliquias; cuando los atacaron. Obi-Wan intentó convencerlos de que se marcharan pacíficamente, pero no fue suficiente. Mientras Obi-Wan derribaba a cada pirata que tenía cerca, su padawan estaba petrificado en su lugar, sin moverse en lo absoluto. El Omega gritaba su nombre para sacarlo de su trance con su sable arremetiendo con destreza en contra de sus enemigos. No fue hasta que, el líder de los piratas se dirigió a él, que Obi-Wan se detuvo. Hudso Shaku inspiró profundamente el ambiente, como si hubiese encontrado el rastro de algo más valioso que el mismo holocrón. Las pupilas de Shaku se dilataron y el Omega presintió lo peor.

──¿Y se supone que eres un maestro Jedi? No pareces uno, eres demasiado joven… ── el Omega no permitió que el pirata se diera cuenta de su perturbación. Por el contrario, él enviaba olas de advertencia y mensajes para que su padawan reaccionara, como si tuviera todo bajo control. Obi-Wan dejó de comunicarse con Anakin hasta que Shaku exclamó──: ¡Oh, pero si eres un Omega sin unir!

¿Cómo? ¿Cómo lo había descubierto? ¿Por qué? Él siempre había sido cauteloso, desde que se presentó su casta. Ingería los medicamentos que Vokara Che le recetaba para controlar su ciclo y suprimir lo más que se podía su aroma a Omega. Si alguien más lo notaba, entonces sería un peligro para los demás y para él mismo. Dentro del Templo o fuera de este, siempre existiría el riesgo de que algo malo ocurriera. Si un Alfa joven e inexperto, ya sea un padawan o un desconocido en una misión en el exterior, sospechaba de su verdadera naturaleza o inhalaba una pizca de su verdadera esencia, la integridad y seguridad de Obi-Wan estarían en juego. Por eso cuando el pirata pronunció esas palabras, descolocó a Obi-Wan lo suficiente para que su padawan fuese atrapado y él amenazado para que les entregara su sable de luz a cambio del cachorro. Hudso Shaku sonrió, tanto como su pico se lo permitía, victorioso. Obi-Wan sintió que podría vomitar al saber lo que estaba pensando un pirata como aquel. Un Omega, sin unir, varón. ¿Cuánto dinero darían por Obi-Wan en el Borde Exterior?

──Podrías venir con nosotros también, Omega.

La realización de sus pesadillas estaba condensada en ese mensaje. Obi-Wan se quedó sin aliento. Sin embargo, un escalofrío recorrió su espina dorsal cuando Obi-Wan dejó que sus pensamientos invadieran el vínculo que compartía con su aprendiz y sintió la ira de Anakin. Shaku fue derribado y noqueado por el cachorro, quien había hecho uso de la Fuerza para lanzarle unas enormes rocas. Tenía toda la intención de aplastarlo, pero Obi-Wan se precipitó hacia él para detenerlo. A su alrededor, los pocos piratas que quedaban se rindieron ante los Jedi. Habían ganado y también hecho cargo de la situación.

──Joven padawan. ── siseó Obi-Wan, haciendo un increíble trabajo con llevar sus sentimientos a la Fuerza y no dejar que las olas de irritabilidad del cachorro inundasen sus propios sentidos. El pequeño soltaba gruñidos, mostrando sus dientes, como si pudiera marcar territorio y como si tuviera colmillos. No era un buen presagio su actitud. ──: Anakin Skywalker. ── dijo Obi-Wan con severidad.

El rostro del cachorro se distorsionó, volteándose a ver a la cara a su Maestro, claramente confundido con el mar de emociones que lo estaban abrumando. Obi-Wan suspiró.

──Yo…

──Debes comportarte, te veo en la lanzadera dentro de unos veinte minutos.

──Sí, Maestro.

Luego de conversar con Clatriffe y finalizar la misión, Obi-Wan ingresó a la lanzadera encontrándose al pequeño perdido en sus pensamientos. Algo en él sabía que la reacción de Anakin incluso podría haber sido natural, puesto que él tenía conocimiento de su condición de Omega y había dejado al descubierto sus pensamientos y emociones al cachorro. Anakin había reaccionado en respuesta a un Omega asustado, incluso siendo tan pequeño. Era… natural. Pero no correcto, y tampoco, bueno. Si Anakin tomaba esas actitudes, entonces, ¿cómo podría presentarse como un Beta? Obi-Wan se acercó al pequeño a pasos dudosos. ¿Debía darle un tipo de consuelo? Al fin de cuentas había sido la primera misión de Anakin, y lo había salvado.

──Hiciste un buen trabajo hoy. ── dijo Obi-Wan. ──, para ser tu primera misión.

──Simplemente me quedé quieto, Maestro. ── Anakin murmuró, la impotencia tiñendo su voz.

──Gracias a que lo noqueaste, ganamos.

──¡Pero después de qué, Maestro! ¡Creí estar listo para estas misiones, pero no lo estoy!

Anakin exclamó, su firma exaltando a la Fuerza. Obi-Wan tanteó su vínculo, únicamente para enviar mensajes de tranquilidad. Anakin, sin embargo, no se lo permitió levantando sus escudos rápidamente hacia Obi-Wan. Pero él, insistentemente, acercó una de sus manos al rostro del pequeño, guiado por el impulso que su lado Omega le había dado. Será la última vez que haga esto, pensó Obi-Wan, ya que el cachorro no lo estaba escuchando. La respuesta del niño fue ceder a la calidez que emanaba la palma del Omega contra su redonda mejilla.

──Estás listo, Anakin. Quien no lo estaba, era yo. No pude salvar a mi Maestro de la muerte, y me temo que tampoco podré hacerlo por ti.

──No es necesario que lo hagas, Maestro. Yo te salvaré a ti, o será mutuo. Creo que el Maestro Qui-Gon así lo habría querido.

Obi-Wan quiso sonreír, pero no lo hizo. Ojalá Anakin tuviera razón. Ojalá Qui-Gon en realidad hubiera pensado en la seguridad del Omega antes de partir, aunque no le dijo nada en su último hálito de vida. Él fue incapaz de contradecir a su padawan cuando había calmado al fin, el torbellino de emociones que se había creado dentro del pequeño.

──¿Aún quieres pilotear regreso a Coruscant?

──¡Kriffing, sí!

Obi-Wan lo amonestó por su vulgar expresión, pero el camino a Coruscant fue agradable, la atmósfera y dinámica entre ellos había cambiado por aquel lapso. Obi-Wan deseó que sus problemas terminaran, de una vez por todas, en esa charla. Pero en cuanto llegaron al Templo Jedi, luego de que ambos fueran llamados a la sala del Consejo Jedi para informar acerca de su misión, lo sintió. Estaban camino al departamento compartido cuando Obi-Wan tuvo que apoyar una de sus manos contra la pared para no perder el equilibrio. Una desagradable arremetida por su entrepierna lo desestabilizó lo suficiente como para que sus músculos se contrajeran. El calor se extendió por su cuerpo, concentrándose en la zona de sus glándulas Omega, arriba de su estómago y su tra…

Su celo. Lo había olvidado completamente. A veces su celo llegaba de forma abrupta, otras veces, las señales llegaban unas semanas antes permitiendo que pudiera prepararse. Su ciclo era tan irregular que su celo se repetía cada dos o tres meses. Nunca había pasado más tiempo sin sufrir alguno, ni siquiera en sus peores momentos. Obi-Wan debía ser cauteloso cuando vivía con Qui-Gon. Apenas notaba alguna señal de su celo, debía dar aviso a la Sala de Sanación y a su Maestro para que lograran despejar el departamento y a los más cercanos, restringiendo la zona. Lo lógico era crear habitaciones especiales para los únicos Omegas de la Orden, pero su naturaleza impedía que se separaran del lugar que resultaba ser su hogar durante el celo. El Omega no podría hacer su nido y al sentirse desprotegido, incluso podría morir.

──A-Anakin…── Obi-Wan exhaló con dificultad, sintiéndose mareado, mientras experimentaba como el aire escapaba de sus pulmones para no regresar. Por suerte su padawan aún era un cachorro sin casta, así que su aroma no podía afectarlo. Inmediatamente su padawan lo sujetó de la cintura para que no cayera al suelo.

──¡Maestro! ¿E-es uno de esos celos?

Obi-Wan asintió. Afortunadamente ya habían pasado por esto. La primera vez que ocurrió también fue inesperadamente. Estaba cocinando cuando la olla cayó de sus manos, volcando su contenido a la fría baldosa de la cocina. Obi-Wan se agazapó sintiendo el dolor y los espasmos quemar su piel, sus músculos, calando hasta sus huesos. Cuando sintió la humedad recorriendo sus muslos y empapando sus pantalones, gritó en auxilio. Su pequeño padawan corrió hasta él chocando contra los muebles. Anakin preguntó que le ocurría, rogándole que no muriera. "E-estoy entrando en ce-celo" le había dicho para tranquilizarlo. Anakin asintió, asustado, murmurando que su madre también sufría de ello. "Te ayudaré con tu nido, Maestro" respondió el pequeño, y Obi-Wan negó con su cabeza, explicándole que es lo que debía de hacer. Una hora después, Vokara Che ya se había hecho cargo de la situación, hasta que obligó bruscamente a Anakin a abandonar el departamento por el tiempo que durara el celo de Obi-Wan. "¡¿A dónde me llevan?! ¡¿Por qué lo debo dejar?! ¡Maestro, Maestro!" llevarse a Anakin fue la peor parte de todo, o así le había contado Vokara con aspereza. Al final su padawan cedió, siendo recibido por el Maestro Plo Koon, quien tenía cierta estima por Obi-Wan debido a la amistad que sostenía con su difunto Maestro Qui-Gon.

──Llévam-mmh… llévame al departamento. Da aviso, po-por favor…

A Obi-Wan le costaba formular palabras. Cada minuto que pasaba era una tortura para él. ¿Cuándo sería el día en que pudieran crear un supresor lo suficientemente fuerte para evitar esto? Su mirada comenzaba a aguarse, tornarse vidriosa, mientras el mundo comenzaba a ser algo lejano, como fruto de su imaginación. Necesitaba un Alfa, pensaba internamente. Necesitaba ayuda, de un Alfa, quien sea…

──¡Estamos llegando, Maestro!

No sabía como el pequeño lo hizo, pero efectivamente atravesaron su hogar en menos de unos cinco minutos. Que tan patética debía ser la escena de un niño arrastrando a su Maestro por los corredores, Obi-Wan no lo quería saber. Con ayuda de su padawan pudo llegar a su habitación, mientras el pequeño corría por todas partes en búsqueda de sábanas, mantas y ropa que lo ayudara a confeccionar su nido. La rapidez y atención que le brindaba Anakin en esos momentos era incuestionable. Skywalker tropezaba con los restos de droides que él mismo dejaba por el departamento, mientras corría hacia el cuarto del Omega con sus pequeños brazos atestados de botellas de agua y comida enlatada.

──Está todo listo, Maestro. ──dijo Anakin, agitado, bajo el umbral de la puerta──, quédate tranquilo, Vokara ya se hizo cargo de todo.

──Gracias…, Anakin.

Fue lo último que pudo decir antes de que su consciencia lo abandonara cuando el pequeño desapareció. Obi-Wan se despojó de la túnica que quemaba su piel, para quedar totalmente desnudo. Una vez que sus pensamientos comenzaron a tornarse lascivos y desesperados, Obi-Wan se refugió en el nido que él y su padawan habían hecho.

Cuando el celo de Obi-Wan finalizó, la primera noche que volvieron a estar juntos en el departamento, Anakin se escabulló entre las sábanas de la cama de su Maestro, únicamente para acoplarse a un lado del Omega, olfateando el aroma concentrado en las glándulas de su Maestro. Anakin todavía no podía exactamente identificar qué clase de esencia era la de su Maestro, pero representaba un refugio. Obi-Wan solía recalcarle que no debía hacerse un hábito, y Anakin aquella ocasión contestó: "Es que no me gusta cuando estoy lejos de ti, Maestro". Esa noche el Omega decidió guardar silencio, únicamente porque estaba cansado, porque ambos sabían que no estaba bien lo que hacía el cachorro. No era correcto, estaba prohibido, pese a la tranquilidad que reinaba en la privacidad de su habitación. Ambas Firmas se combinaban y su vínculo de Maestro-Padawan se mantenía en total equilibrio y armonía durante esas largas horas de letargo que compartían juntos.

Un año más tarde, Obi-Wan llevó a Anakin a construir su primer sable de luz. En un desacuerdo por la serie de eventos que acontecieron luego de unas misiones, Anakin quiso dejar la Orden, pero luego se retractó.

──Es tu elección, Anakin Skywalker. El camino se abre ante ti, ¿lo seguirás solo? ── preguntó Obi-Wan.

──No, Maestro… como Jedi. Solo si tú me muestras el camino.

Todo marchó bien hasta un año después, cuando Anakin tenía ya doce años de edad.

Llegó su primer celo, y por consiguiente, la revelación de su casta.