Universo: Original.
Pareja/Personajes: Kagome.
Palabras: 800.
Inspiración: Arcade – Duncan Laurence [Canción].
"Soulmate not destined"
"Almas gemelas no destinadas"
2.
—¡InuYasha, no!
Sus ojos… sus preciosos ojos dorados, los que el tiempo cruel había detenido por un instante para que ella pudiera apreciarlos, se vieron envueltos por una cortina de pánico. Por todos los cielos que no había mirada que su mente hubiera grabado mejor que esa ambarina dilatada, esa que le permitió leer el miedo y la confusión por un segundo. Y no olvidaría aquel viento helado que rodeó su cuerpo y movió sus cabellos plateados, absorbiéndolo, llevando su cuerpo hacia abajo, desapareciéndolo de su vista.
Desapareciéndolo para siempre.
—Kagome, regresa… no dejes que me vaya…
Juró ver sus labios moverse y en su cerebro se oía con perfección la voz grave. Estaba roto, herido.
Herido por su culpa.
Quiso correr, pero no podía reaccionar. Su cuerpo parecía de piedra. Espantada, regresó la vista hacia sus familiares y notó que estos la tenían del brazo y ella los sostenía también. Todos sonreían, alegres por su vuelta y parecía que estaba también feliz de verlos, por eso sus extremidades no reaccionaban.
Por ella.
—¡InuYasha!
Con un estruendo violento en el cuerpo, abrió los ojos de golpe y no pasó demasiado tiempo para que fuera consciente de que los latidos desesperados de su corazón se habían extendido por todo su cuerpo, como si ahora solo estuviera compuesta de ese órgano. Juraba que sus leves convulsiones podían mover la cama. Respiró hondo mientras las agonizantes ganas de llorar la invadían sin ninguna clase de piedad. Los ojos ardían y era difícil que se acostumbraran a la oscuridad de su habitación.
O no tanto…
Le llamó la atención que la luz de la luna diera con tal fuerza y alumbrara la mayor parte del espacio. Se removió rápido en la cama y puso los pies sobre el tatami. Las manos le temblaron cuando sus ojos se quedaron viendo fijo a la ventana.
Estaba abierta.
Las cortinas se movían al son del aire fresco de la noche, tan tranquilo, que no parecía empatizar con los desenfrenados latidos que amenazaban a Kagome con propinarle un infarto. Abrió la boca para tomar aire y corrió hasta el filo del enorme ventanal y de ahí se aferró hasta que los dedos se tornaron amarillos por la presión que ejerció sobre estos.
No había nada, porque no era él. Se había olvidado de cerrarla antes de irse a dormir y ahora sus locas ganas de volver a ver a InuYasha la hacían alucinar con que había vuelto, como de costumbre, a velar su sueño desde ese umbral.
Era mentira.
El dolor que sentía simulaba al de una pérdida letal, a cuando un ser querido se va y no volverás a verlo de nuevo. Y si el pozo no había vuelto a abrirse en dos semanas, ya no lo haría nunca más. Muchas veces se odiaba y arrepentía tanto de haber deseado volver con su familia porque eso le había costado la presencia de InuYasha en su vida, pero parte de ella seguía diciéndole que sin ellos tampoco habría sido igual, que quería verlos y no sabía si, de poder repetir ese momento, no elegiría volverlos a ver. Los amaba; amaba a InuYasha, pero también amaba a su familia. Estaba viviendo un duelo emocional.
Y esa era su peor etapa.
Había esperado por él hasta que sus cuencas se quedaron secas. Había esperado tanto por él que sentía que el piso se abría ante sus pies y moría inevitablemente. Había esperado tanto por él que el estómago se le había cerrado por días enteros, llena de pánico por las veces en las que su mente evocaba recuerdos de lo que fueron. Había esperado tanto por él que las cosas fueron dejando de tener sentido de a poco. Había esperado por él que todavía le costaba conciliar el sueño. Había esperado por él y lo único que hacía cuando cerraba los ojos era pensarlo.
¿Qué habría sido de ellos si él hubiera podido cumplir su promesa de protegerla con su propia vida y estar a su lado? ¿Cómo se habría sentido abrazarlo íntima y mezclarse con sus latidos? ¿Qué habría sido de ella entre sus brazos, conociendo hasta los rincones más ocultos de su personalidad, explorando su hombría, sintiéndose suya? ¡Por todos los cielos! ¡¿Qué habría sido de su vida si InuYasha estuviera a su vera?!
Decía la leyenda que el hilo rojo ataba a las almas gemelas que estaban destinadas a amarse en esa y en todas las vidas. Kagome agachó la cabeza, tocándose el rostro empapado.
—Pues, no… —susurró, respirando hondo para calmarse, aceptando que su tiempo, quinientos años atrás, había terminado y con ellos, también su vínculo con InuYasha—, no somos almas gemelas destinadas.
Y el tiempo cruel ya se lo había demostrado con creces.
Aunque con ello, se hubiera llevado la mitad de su alma.
Con este corto, imposible no acordarme de "Soulmates aren't just lovers" (DAIKRA) y "All Hell Breaks Loose" (I'm Iseul)
Muchísimas gracias por sus comentarios y su apoyo. Me alegro que les guste.
