Universo: Original.
Pareja/Personajes: Kagome; Naomi.
Palabras: 1117
Inspiración: idontwannabeyouanymore – Billie Eilish [Canción] | Post-Soulmate not destined [capítulo 3].


"Overthinking"
"Pensar de más"

7.

Cuando notó nuevamente que la figura había quedado mal, sus dedos se entumecieron sobre el cuaderno y soltó el lápiz con decepción. Era la quinta vez ya que intentaba dibujar aquellas figuras para su clase de matemáticas y cada una salía peor que la otra. Se quedó observando los documentos con una mirada perdida y triste, como ya se había vuelto costumbre para ella. No podía creer que no tuviera un segundo de paz, solo pedía un minuto de concentración, ¡era todo lo que necesitaba! Sabía que cuando su mente dejaba de pensar en él, lo único que hacía, cinco minutos después, era recordarle que no lo volvería a ver, que la vida tenía que seguir.

Sin él.

Con delicadeza y sintiendo que sus ojos se escondían del mundo tras su propio fleco, dejó sus tareas a un lado y se levantó despacio, haciendo que su silla corra un poco hacia atrás gracias a las ruedas. No había manera en que pudiera descansar de su peor enemiga en el mundo: su mente.

Se llevó una mano hasta las sienes y apretó contra ella los dedos, luego los corrió por entre sus hebras y ladeó el rostro. Aquello era un pedido desesperado de ella para que el cerebro dejara de repetirle una y otra y otra maldita vez que InuYasha no iba a volver. O que ella no iba a volver con InuYasha.

Si en Historia Japonesa hablaban de cualquier cosa que tuviera que ver con época de guerras civiles, pensaba en él, recordaba cualquier escenario de aquel tiempo y lo veía en él o a sus amigos. El simple hecho de hablar de Historia le recordaba a él; si alguien comía ramen, lo veía a él, si alguien comía papas fritas, lo veía a él; si alguien usaba gorra, veía a InuYasha; si alguien vestía de rojo, veía a InuYasha; si alguien usaba un collar con perlas violeta, se acordaba de InuYasha; si veía a gente luchar con espadas en la televisión, se acordaba de él; si veía a un perro, automáticamente se fijaba en sus orejitas; si veía a un padre cargar a su hija en la espalda, se acordaba de él; si su ventana estaba abierta y por ella se colaba el aire, se acordaba de él y, como si fuera poco, si intentaba cerrar los ojos, lo único que hacía era acordarse de él.

—Ya basta… —susurró azorada, sintiendo cómo las piernas iban perdiendo fuerzas hasta que la obligaron a desplomarse sobre el tatami. Ahora ambas manos se habían colocado a lado de su cabeza—. Ya basta, por favor.

Para olvidarse de él tenía que recordarlo, tenía que pensar en InuYasha para olvidarse de InuYasha. Tenía que dejar de ver el reflejo de su risa en la mente a través de recuerdos como si se tratara de una película; tenía que dejar de escuchar su voz diciendo su nombre, llamándola; tenía que dejar de imaginar sus ojos la última vez que lo había visto, ese pánico que reflejó cuando el pozo lo absorbió para no volver a saber nunca más nada de él—. Por favor, ya no…

O saber que, aunque quisiera verlo, parte de su vida estaba bien allí y que su tiempo se había terminado en la época antigua. Su misión había sido cumplida a la perfección, no había nada que la volviera a atar, ni siquiera sus propios sentimientos. Entonces, sabiendo eso, ¡¿por qué no dejaba de recordarlo como si su vida dependiera de ello?! Obtener buenas calificaciones cada vez estaba costando más. Si lograba concentrarse en un examen, solo era para notar que no recordaba absolutamente nada de lo estudiado y que esas preguntas eran imposibles. Inconsciente volvía la vista a la ventana con la esperanza de encontrarlo sentado en el filo de esta, pero claramente no había nadie. Y de nuevo su mente no dejaba de pensar en él.

Aquello estaba llegando a volverse asfixiante, ya no quería pensarle. Juraba por todos los cielos que ya estaba cansada. Se sentía tan agotada, que ya ni siquiera se esforzaba por gestionar sus propios recuerdos, pero había ocasiones como esa, en las que, quisiera o no, su ansiedad subía hasta su cabeza tan violenta, que le causaba calor y presión en el pecho. Eso estaba acabando con ella, estaba matándola y se sentía como una tetera que te anunciaba que iba a empezar a chillar cuando llegara a su pronto máximo de ebullición. Y era ella o el recuerdo de InuYasha que estaba a punto de volverla loca.

»No va a volver.

De nuevo su mente.

»Ya lo sé, sé que no va a volver.

Se respondió también, con los ojos cerrados y aferrándose a sus propios cabellos.

»¿Por qué lo sigues esperando?

»No lo sigo esperando, tú no dejas de recordarlo.

»Tú y yo somos una misma. ¿Por qué no lo puedes olvidar?

»Quiero verlo.

»Pero no quieres dejar a tu familia. Este es tu mundo.

»Quiero descansar.

»Quieres que esté contigo.

»Déjame descansar. Deja de pensar en él.

»InuYasha debe estar solo. Tú lo dejaste solo.

»¡No, no! ¡No lo dejé solo, tiene a nuestros amigos!

»Ellos no son tú.

»Él está bien. Déjame en paz.

Sin saberlo, había empezado a llorar y sus sollozos se hacían cada vez más sonoros. Era desesperante.

»Deja de quererlo y no lo recordarás.

»¡No puedo!

»Entonces vivirá siempre dentro de ti.

»Pero no así, me está matando.

»¿Y si él también está muriendo?

»No, él jamás haría eso.

»Si InuYasha muere…

»¡No, cállate! ¡Cállate!

»Será tu culpa.

—¡Basta, ya cállate!

Junto a su grito de colapso, Naomi entró a la habitación de su hija, abriendo la puerta con fuerza. Prendió la luz de la habitación porque la de esa lámpara no era suficiente y la vio en el piso, completamente deshecha y encogida como si quisiera protegerse de algo. De ella misma.

—¡Kagome! —La cubrió con todo su cuerpo y entonces el llanto rompió con más fuerzas.

—¡Mamá! ¡Mamá! —Aferrada a las ropas de su madre, lloró con todas las fuerzas que podía. Sentía que callar tanto aquello la había ido envenenando cada día más—. ¡No quiero que InuYasha muera por mi culpa, mamá!

La mujer cerró los ojos con fuerza, sintiendo el corazón encogerse.

—No morirá, hija —habló de inmediato, sobando el cabello azabache precioso—. Tú le enseñaste a vivir.

Con un sollozo, sintió que los espasmos pararon de golpe.

Era la primera y la última vez que encontraba a Kagome con una crisis tan horrible. Su hija necesitaba ayuda profesional y corría de su cuenta que volviera a tener paz en su mente.

Aunque sabía que esas penas del corazón eran las más difíciles de sanar.


Evidentemente, las cosas las pinto un poco más oscuras de lo que realmente creo que pasaron, pero no está de más traerlas a cuento para este reto.