Antes de que se preguntes, sí, Fragilidad está en proceso de actualización justo ahora. Pero... Este proyecto lo he estado gestando desde hace rato. Es así como una serie de relatos que no tienen orden cronológico en sí, pero que se enfoca principalmente en la pareja GiyuuShino y ciertas experiencias que tienen entre ellos y entre sus compañeros.
Es algo así como la seria TanKana El futuro que vendrá, pero con esta pareja. Espero que les guste mucho. Se actualizarán constantemente y espero que sea de su agrado.
-1-
Una sonrisa real.
La primera vez que vio a Kamado Nezuko fue en el monte Natagumo. Estaba inconsciente y yacía en los brazos de su hermano mayor mientras éste, a su vez, era protegido por Tomioka Giyuu. Todo en esa escena le pareció raro. No sólo por que su espada no alcanzó a tocar al demonio en cuestión a pesar de su velocidad y puntería, sino porque era el mismísimo Pilar del Agua, quien se lo impedía a posta.
Además de esto y esa breve discusión sobre todo el mundo odiándolo, cosa que, admitía no fue del todo sincera, Shinobu contuvo su ira mientras la persecución se daba a cabo. Afortunadamente Kanao estaba presente y confiaba en que, si ella no podía encargarse de la niña demonio, su subordinada lo haría.
Claro que también se le hizo extraño que los cuervos pidieran que no se les hiciera daño. Que, en lugar de eso, se acogieran a ambos hermanos y se les llevara a la sede inmediatamente. Al oírlos, Shinobu paró todo acto de violencia y caminó al lado de su compañero pilar en absoluto silencio.
Por supuesto que era impensable, pero cuando Oyakata-sama pidió, generosamente, tenía que agregar, que se les perdonara la vida, por un momento ella declinó esa absurda petición; mas tras un momento y con la carta del antiguo pilar Urokodaki, no le quedó más que aceptar.
Así que, ¿Qué tantas cosas podrían aprender de esa niña que ahora estaba en su finca? Shinobu pidió que Tanjiro y su hermana fueran trasladados a su mansión para así darles cuidados médicos y, por supuesto, saber más a fondo de ser posible, la extraña condición que significaba la menor de los Kamado.
A pesar de los días que Tanjiro estuvo hospitalizado y a las terapias de rehabilitación, no tuvo mucha oportunidad de interactuar con la chiquilla. De hecho, según lo dicho por su hermano mayor, Nezuko solía ser muy dormilona y gracias a esto, tenía la capacidad de vivir sin la necesidad de la carne humana.
Shinobu se interesó por eso, pero, sus quehaceres como pilar no eran tampoco fáciles de ignorar. Tenía que atender enfermos, continuar creando venenos y además antídotos de ser posible.
Miró momentáneamente su bitácora de investigación y se estiró. Qué sorpresa eran los hermanos Kamado, volvió a decirse al tiempo que se levantaba de su silla y salía de la habitación.
Pensó en las palabras de su hermana mientras caminaba en silencio por los pasillos de la mansión y repasó lo que ella intentaba tatuarse en el alma pese a todo el odio que sentía. ¿Los demonios y los humanos podían llevarse bien? ¿De verdad podría ser capaz de conseguirlo? Hasta ahora todo siempre resultaba en horridos fracasos. No había conocido a un solo demonio que tuviera algo de empatía. ¡Vaya, incluso entre ellos se odiaban!
—¿Te desperté? – escuchó la voz de un hombre en el jardín. Shinobu a penas pudo reconocerlo. Esa voz, monótona y taciturno no podía ser otra que la de Tomioka Giyuu. ¿Qué hacía tan tarde en sus instalaciones? ¿Habría pasado algo?
Camino, aunque sin apresurarse, hasta el pasillo que daba al patio y allí se halló con otra inesperada escena. No tenía la intención de pasar desapercibida, por que, siendo honestos, esa era su casa, pero quizás es que sus "invitados" no estaban interesados en lo más mínimo en prestar atención a los alrededores, convirtiéndola en una espectadora anónima.
Allí, en medio del jardín, se encontraba arrodillado el callado Pilar del Agua y parada, pero con el aspecto de una niña pequeña, se encontraba Nezuko Kamado, quien estaba atenta al muchacho de ojos azules. La chica de pronto aumentó de tamaño, convirtiéndose en una jovencita y Tomioka se levantó lentamente para quedar a una mejor vista. Ella con lentitud acortó la distancia entre ambos y le proporcionó un abrazo tan delicado y a la vez dulce, que parecía desentonar con la naturaleza misma.
Porque... ¿Cómo podía un cazador permitir que un demonio le diera aquella muestra de afecto tan puro? ¿Cómo era posible? Tomioka era un pilar, uno de los cazadores más habilidosos y, por ende, que más demonios había decapitado. ¿Por qué? ¿Cómo es que...?
Allí, con una familiaridad inaudita, Nezuko abrazaba a Tomioka como si se tratase de un pariente cercano. ¿Lo mejor? Era que Giyuu correspondió a la caricia delicadamente. Posó su mano sobre la cabellera de Nezuko y palmó dos veces, como si se tratara de un padre cariñoso a su hija que no ha visto luego de mucho tiempo.
—Lo hiciste bien, pequeña. – susurró, pero Shinobu pudo escucharlo. —Gracias... Por no haber hecho que me arrepintiera. Gracias, por proteger a tu hermano.
Y Nezuko, la linda Nezuko, asintió con un gemido ahogado por el bambú en su boca. Ella se separó y fue que olfateó a Shinobu. La muchacha estaba parada a unos cuantos metros de ellos, era bañada por la luz de la luna y sus ojos violetas estaban atónitos. Giyuu le dedicó una mirada profunda y ambos pilares se conectaron en el acto.
Nezuko se le acercó tímidamente. Shinobu era a penas más alta que ella. Ésta dejó de ver a Tomioka para enfocarse en la niña. Fue la primera vez que vio a Nezuko a los ojos. También, era la primera vez en toda su vida que no sentía el impulso de matar a un demonio con tan sólo teniéndolo enfrente. Pero quizás, también era de esas únicas veces en las que su sonrisa pre-fabricada había desaparecido para mostrar una cara totalmente anonadada.
Todo en ella era una oda a la sorpresa. Era un poema, una canción y también una obra de teatro. Todo al mismo tiempo. Shinobu Kochou, la Pilar del Insecto estaba absolutamente atrapada por los rosados ojos de la menor de los Kamado.
Tomioka dio un paso, temeroso, a decir verdad, de que la actitud de Shinobu no hubiese cambiado a pesar de aceptar la petición del Patrón. Pero no rompió la conexión. La verdad es que eran segundos, pero ese instante el tiempo se hizo eterno.
Sintió los brazos del demonio tomándole del cuello y halándola débilmente para terminar por abrazarla contra su pecho. ¿Qué sería lo que Nezuko estaba viendo? ¿Acaso la imagen de Shinobu le recordaba a su hermana fallecida o su madre Kie? Nunca se sabría, pero lo que sí, fue ese detalle tan encantador que tuvo, cuando en medio del abrazo, le acarició la cabeza a la Pilar de la misma forma que Giyuu lo hizo con ella.
Shinobu no pudo responder al abrazo, estaba congelada. Algo se había roto en su interior. Y sus ojos, eso amatistas que sólo eran buenos para fingir, se repletaron de cristalinas lágrimas.
—Nezuko. – Tomioka le llamó, asombrado como preocupado. —Suéltala, Nezuko. – y la pequeña le obedeció, se giró a Giyuu y se acercó rápidamente. —Ya es tarde, ¿Por qué no regresas adentro? Te agradezco que vinieras a saludar. – Nezuko asintió y caminó lentamente hasta el interior de la finca.
Shinobu continuaba de pie, en medio del jardín, sin mover un solo músculo.
—Kochou. – Tomioka llamó su atención y ésta parpadeó al mismo tiempo que unas cuántas lágrimas escaparon.
—Ara, ¿Qué haces aquí tan tarde, Tomioka-san? – su rostro cambió de nuevo, era esa sonrisa falsa de siempre y esa actitud ligera que constantemente reflejaba. Por un momento Giyuu pensó que estaba fingiendo que nada de lo vivido había pasado realmente.
—Sólo saludaba. – él se dio media vuelta. —Perdona el haber irrumpido en tu casa. Me voy.
—No tan rápido. – esa era la antigua Shinobu que conocía. —¿Viniste a ver a los hermanos Kamado? ¿No podías esperar hasta la mañana?
—Nezuko sólo está fuera de la caja durante la noche. El sol puede matarla. – dijo, como si fuera lo más obvio del mundo y aunque lo era, no satisfizo a Shinobu.
—Eso es verdad. – tenía que reconocer su lógica. —¿Ella vino a ti? – sentía curiosidad.
—Lo hizo. – Giyuu seguía dándole la espalda.
—¿Es así con todo el mundo? – insistió.
—No lo sé. – Giyuu se enderezó y la encaró.
—¿Entonces por qué...? – pero se cortó, de nuevo estaba perdiendo el control en sí misma y se reprochó mentalmente por eso.
—Eso tampoco lo sé. Pero quizás lo que Tanjiro dijo es verdad. Nezuko ve a los humanos como su familia.
—Es imposible. – estaba molesta, su tono, su ceño fruncido, era la Shinobu de años atrás, antes de que Kanae muriera, esa misma jovencita que estaba cegada de odio hacia los demonios y que solía exasperarse por la actitud tan amorosa de su hermana hacia aquellas almas descarriadas.
—Bueno, tú la viste. – para ser francos, Tomioka estaba admirado y a la vez algo mosqueado con Kochou. Nezuko fue amable con ella. Le dedicó una mirada repleta de ternura. Incluso a él. Esa niña, ese demonio, era capaz de sentir amor, ¿Tanto le costaba creerlo?
Y fue en ese preciso momento que Tomioka rememoró las palabras que la misma Shinobu había dicho algunos años atrás, durante un altercado en una montaña: "Si existe un demonio que nunca se ha comido a un humano y elige morir de hambre, lo acogeré... Y le daré mi querido amor hasta que muera".
—Kochou. – la llamó al verla en total silencio. —Tal vez no es lo que esperabas, pero... Creo que Nezuko jamás ha matado a ningún humano. – ella conectó con sus pensamientos. Sus palabras, esas idílicas palabras, estaban volviendo a su mente justo ahora. —No seas tan dura. – Tomioka Giyuu, el más frío y desgraciado de los pilares, acababa de aleccionarla. ¿Quién lo hubiera dicho?
Él desapareció en medio de la penumbra. No se despidieron ni nada, simplemente avanzó dejando el sonido de las cigarras y la luz de las luciérnagas al desaparecer. Shinobu permitió, en esa soledad, tan sólo acompañada por la luz de la luna, que sus lágrimas recorrieran su rostro mientras se quitaba de su corazón una amarga sensación de arrepentimiento.
Esas escasas lágrimas fueron acompañadas lentamente de una preciosa sonrisa. Era quizás, la sonrisa más llena de esperanza que había tenido alguna vez.
—Querida hermana... – miró a la luna mientras llenaba sus pulmones de aire. —Perdóname. – luego exhaló, como si un peso acabase de irse para siempre y esperaba jamás volver a sentirlo.
Esperanza.
Los deseos de su hermana se sentían más reales que nunca. Y, con esa sonrisa caminó solitaria por la finca hasta llegar a su habitación. La puerta se cerró, pero en su corazón, una acababa de abrirse.
Continuara...
En este relato la pareja se enfoca en Nezuko y cómo su conversión impactó en el mundo de los cazadores, pero sobretodo en Shinobu y Giyuu. Como ven, pronto tendremos más personajes y su interacción entre ellos, así que espero que pronto su personaje favorita sea el centro de atención.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
