¡Hola, hola! Hoy veremos otro deseo inspirado en nada más y nada menos que Kanao. Tanto Giyuu como Shinobu exteriorizaran sus opiniones y los veremos interactuar con esta chica, que honestamente, me encanta. Se me hace un personaje muy interesante, por favor, disfruten de:


-5-

Un vínculo que florece.


Ese día, no esperó toparse con la discípula de Kochou. A decir verdad, nunca le había prestado especial atención, más allá del hecho de que, era una cazadora al servicio de la sede y que provenía de la finca de las mariposas. Su apariencia era de hecho, muy similar a la de Kanae y Shinobu. Quizás, eso fue lo que más llamó su atención.

Sabía que la Pilar de la Flor tenía una estudiante, varias, pero conforme pasó el tiempo, escuchó el rumor de que todas habían perecido y que la única sobreviviente era la niña que tenía ante sus ojos.

Tsuyuri Kanao era rápida y ágil, pero a diferencia de su mentora, sí podía decapitar demonios. Su estructura no era tan poderosa como la de Kanroji, pero sabía manejarse con precisión. Incluso, él se había dado cuenta de su vista hipersensible. La muchacha encontraba sin mucho esfuerzo, en la noche, a los demonios que pretendía cazar.

Realmente el encuentro fue casual. Tomioka estaba patrullando la zona que le correspondía y se topó con la tsuguko de misión en ese mismo sitio. No se movió porque le interesó ver que tan bien se desempeñaba aquella chiquilla que Kochou tanto apreciaba. Fue interesante verla. Su sangre era aún más fría que la suya... Porque la manera en la que decapitaba a la jauría de demonios sedientos de sangre, no podía describirse de otra forma.

Kanao terminó la última estocada con el aliento de las flores. Era sorprendente cómo un aliento tan gentil podía acabar con mucha facilidad con aquellos seres tan despreciables. Incluso era más escalofriante ver el rostro vacío de la muchacha al momento de limpiar su katana. La sangre de sus enemigos estaba derramada por todas partes y a ella sólo le importaba que la hoja rosa de su nichirin estuviera aseada.

Fue allí cuando le dirigió una mirada. Sus ojos eran profundos, casi como si dentro, existiera una inmensidad incalculable. No era sorpresa que los suyos fueran parecidos. Tomioka supo ver en aquellos orbes apagados, la propia tristeza que a él también le consumía. Reconoció, a su pesar, que Kanao también estaba sumergida en una oscuridad impenetrable.

—¿Son todos? – exclamó el pilar del Agua y la chica le dedicó una mirada muda. El pilar inspeccionó a los alrededores y no sintió la presencia de nadie más que ellos.

Kanao avanzó algunos pasos, pretendía regresar a su casa.

—¿Estás herida? – la detuvo, no parecía afectada, pero se sintió con la necesidad de averiguarlo. Ante esto, Kanao dio media vuelta y con ese mutismo arraigado, sus ojos volvieron a encontrarse. De pronto, sacó de entre sus ropas, una moneda de cobre. La arrojó y capturó en el aire. Tras verla, la chica elevó la cabeza y finalmente, habló.

—Fueron todos, Pilar del Agua. Estoy bien, con permiso. – hizo una reverencia y así, de esa manera tan escasa de sentimientos, se giró y continuó su andar por el cielo nocturno.

Tomioka se quedó solo cuando su figura se perdió finalmente a la lejanía. Echó un último vistazo y él también se dispuso a regresar a su residencia.

Era la primera vez que escuchaba su voz y la verdad, sonaba sumamente dulce y frágil. Muy acorde a su figura. Giyuu pensó que, tal vez, esa muchacha era igual a Shinobu. De cierto modo, la alumna de la Pilar del Insecto, compartía una complexión delicada, pero que no debía ser subestimada. A veces, los cazadores podían ser todo un oxímoron en su expresión más literaria. ¿Quién podría imaginar a dos mujeres tan gráciles eliminando demonios como si fuera un paseo por el campo?

...

La segunda vez que la vio, fue en el monte Natagumo. Bueno, en realidad sólo fue un vistazo rápido prácticamente después de su lucha contra Shinobu por impedir que asesinara a Nezuko. Cuando ambos se dirigían en silencio hacia la sede, la vio posarse al lado de su maestra en silencio. Shinobu le saludó amistosamente y la chica sólo asintió.

—¿Le hiciste daño? – preguntó Kochou, refiriéndose a Nezuko y Kanao negó con la cabeza. —Entiendo... – Shinobu dio una mirada furtiva a Tomioka y después a su alumna. —Cuando llegues a la mansión dale esto a Aoi. – sacó de entre su haori particular una cajita, la abrió para mostrarle dos frascos con un líquido amarillento dentro. —Son los antídotos para el veneno de las arañas. Con esto, podrá parar la transformación de los que se están convirtiendo. – sus instrucciones eran limpias y Kanao las recibía en total calma. Cuando ella tomó los frascos, Shinobu sonrió con amabilidad y fijó su vista al frente.

Allí pudo ver la clase de relación que ellas mantenían... Y era muy rara. Shinobu era la más parlanchina de las dos. Solía sonreír y mantener una actitud calmada todo el tiempo, pero en general, su apertura con los demás era bastante buena. Incluso con él. En varias ocasiones la Pilar tuvo la iniciativa de hablarle, aunque más bien parecía un soliloquio por parte de Kochou, pero el caso era que la chica se interesaba por conversar y darle ánimos para que hiciera lo mismo con otros.

Por supuesto que nunca le hizo caso. A no ser que fuera estrictamente necesario, Tomioka se sentía profundamente avergonzado de dirigirse a sus compañeros. Los consideraba héroes que entregaban sus vidas al servicio de una noble causa. Ellos habían afrontado tantas pruebas de incalculable peligrosidad mientras que él era un pobre diablo con suerte. Se sentía tan pequeño a comparación de ellos que no tenía el valor de relacionarse más allá que un saludo educado o una despedida escueta.

Nunca se lo dijo a nadie y quizás ese era el colmo de sus errores... Pero, el cómo se sentía, lo veía correcto. Tal vez Shinobu era la única con la suficiente capacidad de empatizar con su miserable existencia, pero incluso cuando ella se le acercaba a charlar, él se ponía nervioso y a la vez, intentaba simplemente quedarse callado, sin saber qué más decirle.

Shinobu también era sarcástica y solía jugarle bromas. No le divertía mucho que digamos, pero tampoco le disgustaba. Lo cierto es que era la amiga más cercana que tenía entre los pilares y quejarse de su forma de ser, sólo lo condenaría a pasar más soledad. Si ofendía a Kochou, sospechaba que sería más infeliz de lo que ya era.

Por eso se esforzó en no hacerle daño cuando la capturó para impedir que siguiera a Tanjiro. La tomó con la mayor firmeza posible, pero también con la suficiente suavidad de no dañarle el brazo ni el cuello. Intentó esquivar sus golpes y no atacar directamente. Aunque sabía que ella era más rápida, entendía que físicamente era capaz de hacerle más daño neto. Cuando ella le pidió explicaciones, sopesó sus opciones y decidió contarle todo... Aunque, su escasa capacidad de comunicación, sólo irritó más a la muchacha. Bendito cuervo, estaba seguro que podría haber perdido un ojo si el talón de la Pilar le llegaba a dar.

Afortunadamente él seguía con ambos ojos y, si Shinobu estaba furiosa, lo estaba disimulando muy bien. Después de eso sucedieron varias cosas.

Que, de alguna forma, resultaron bien. Eso pensó Shinobu, mientras reposaba en el fondo del dojo de entrenamiento. Como era su costumbre, solía entrenar con Kanao para no perder la condición física. Podría ser un pilar, pero necesitaba estar lo suficientemente atenta para cualquier emergencia.

—¿Estás lista? ¡Ya! – y allí iban de nuevo. Verlas a ambas en acción era todo un espectáculo. Incluso Kanroji, cuya flexibilidad y velocidad son envidiables, quedaba admirada por la agilidad y capacidad de ambas cazadoras.

Tal vez el punto más fuerte de Shinobu era su capacidad de estocada. Aunque no podía balancear una espada, sí tenía la fuerza necesaria para realizar una estocada mortal. Era por eso que podía envenenar demonios a la brevedad. Su método de ataque se especializaba en "picar", como los insectos vaya. Para poder realizar esto, tenía que ser precisa y bastante rápida. Shinobu tenía poca masa corporal pero fuertes articulaciones para su tamaño. El impulso que lograba podía destrozar los pisos de madera o las paredes en donde reposaba... Su técnica del ciempiés era precisamente la más fuerte en arranque.

Pero Kanao, era una historia diferente. Ella no sólo era rápida y precisa al atacar, contaba con la fuerza física necesaria para abanicar y decapitar, así como sus ojos tenían una habilidad especial. Era el sentido más agudo que poseía... Y a Shinobu le fascinaban. Conforme pasaron los años y Kanao dejó de ser una niña, el reto de entrenar con ella se volvió más intenso.

Los instintos de su alumna respecto a la batalla eran de los mejores que había visto. Incluso Kanae la elogió mientras practicaban el aliento de las flores. La muchacha era tan feroz que, al pelear, podía emular una situación de vida o muerte, como en el campo de batalla.

El tronar de la madera confirmaba sus pensamientos. Kanao al igual que ella, ganaba impulso mientras más chocaban las espadas de madera. Si bien Shinobu tenía más experiencia, las habilidades de su alumna eran muy parejas.

—¡No te contengas! – exclamó Shinobu, al verla dudar un segundo de atacarle. No iban a herirse... supuestamente, con la madera. Aunque en todos los años entrenando juntas, Kochou nunca le permitió que la tocara. Sabía que su hermana menor no pretendía hacerle daño, pero tenía la precaución de salir lo más ilesa posible, puesto que su cuerpo era tan frágil como el de una mariposa, mientras que Kanao era una flor muy resistente.

El sonido de la madera chocando nuevamente aturdió a los presentes. Kanao no se estaba conteniendo. Eso lo sabía. Podía sentir sus brazos vibrar cuando ella acertaba un golpe. La potencia era incluso más agresiva cada vez... Entonces Shinobu lo vio. Contempló que poco a poco, los ojos de su alumna se estaban coloreando de un rojo bermellón aterrador.

—Eso es... – sí, lo reconoció a tiempo. La última postura de la respiración de la flor, quizás la más peligrosa que podía usar el usuario. El bombeo de la sangre a los ojos podía ayudar a maximizar el rendimiento de la retina y el resto del ojo, dotando al cazador de una vista sobrehumana... Pero, el precio... Era la misma visión.

—¡Kanao! – la llamó y por un segundo, uno solo, perdió la concentración. —¡Espera...! – el golpe iba dirigido a su torso y Shinobu pudo verlo. Le había pedido que no se contuviera, pues allí estaba el resultado. Interpuso la katana de madera y logró cubrirse del golpe, no obstante, Kanao cambió la dirección en cuando la vio, no cabía duda, estaba siguiendo sus movimientos de forma milimétrica. Desvió el corte y con la fuerza de tracción ella perdió el equilibrio. Rodó por el suelo del dojo. Shinobu, quien había contenido la respiración momentáneamente, se recuperó en cuestión de segundos.

Reposo un poco y corrió hasta su alumna. Kanao estaba tirada, acababa de girar y tenía nauseas. Le dolía la cabeza.

—Kanao, Kanao... – Shinobu tomó a la chica con cuidado y se arrodilló para verla mejor. Respiró aliviada al ver que las escleróticas ya eran del habitual blanco. —¿Estás bien? – lo dijo con preocupación y la muchacha alzó la cabeza y asintió silenciosamente. —Ven, vamos a mi habitación un momento. – cuando quiso ayudarle a levantarse, Tsuyuri se tambaleó, tenía vértigo y todo le daba vueltas. —Tranquila, sostente de mí. – le ofreció su hombro y ambas caminaron con parsimonia hasta los aposentos de la Pilar.

Cuando llegaron y la depositó en un banco acolchonado, para que descansara, la muchacha dedicó una mirada cargada de preocupación a su maestra. Estaba sudando mucho. Esa era la manera en la que manifestaba su angustia. Shinobu conocía muy bien a la chica. Si no fuera por los reflejos de Kanao el golpe pudo haberla lastimado en serio. No la mataría, pero sí le causaría mucho dolor. Ella había desviado de último minuto el ataque para no lastimarla. Sintió ternura. Kanao en realidad era una chica muy buena. Tuvo miedo de su propia fuerza cuando comprendió que podía romperle las costillas a Kochou si no frenaba.

—Descuida, lo desviaste a tiempo, estoy bien. – su sonrisa adornó el comentario. Si había personas a las cuales le afligía ver sufrir era a sus hermanas. Shinobu las amaba tanto que normalmente que era capaz de protegerlas hasta de ella misma. No quería que Kanao sufriera más de lo que ya había pasado. Aun con la sorpresa y el susto, intentó disipar el miedo de su alumna con palabras suaves y sonrisas maternales.

Ella asintió y la vio respirar para tranquilizarse. Las palabras de Kanae llegaron a su memoria de abrupto. Era una niña encantadora...

—Esa técnica, ¿Te la enseñó Kanae-nee-san? – preguntó con tranquilidad y la chica asintió. —Ya veo. Es el último recurso del usuario de aliento de la flor, ¿No? Según recuerdo, es la postura te permite concentrar un flujo de sangre constante a los ojos, de esa forma, se gana una ventaja ocular temporal. No obstante... – se puso seria. —Usarla puede costarte la vista, Kanao. Los vasos sanguíneos de los ojos son muy pequeños y el aumento de tensión podría dañarlos de forma irreversible. – Kanao escuchaba atentamente, sin decir nada. —Es una técnica sorprendente, pero también un arma de doble filo. Si vas a usarla, tienes que comprender que podrías quedar completamente ciega. – con esas palabras, la jovencita se sintió agobiada.

Sí, ya Kanae le había dicho eso. Es sólo que, en el calor de la batalla, perdió la prudencia y la usó sin pretenderlo realmente. Su falta de temple, la excitación del combate y la "orden" de no contenerse la impulsaron a pelear sin restricciones. Tal vez había malinterpretado a su maestra...

—No te angusties más, por favor. – habló Shinobu. —Sé que no lo hiciste a propósito... ¿Te emocionaste, Kanao? – fue atrapada en el acto, la chica desvió la mirada, se sintió tímida. —Bueno, admito que a mí también se me pueden olvidar algunas cosas en el candor de la batalla. – sonrió inclinando la cabeza, estaba siendo honesta. —Pero soy tu maestra y mi deber es indicarte tus errores para corregirlos. Procura guardar más prudencia para la próxima. Aún es pronto... – lo último lo susurró y por un instante, Kanao sintió que lo decía con mucha tristeza.

—Sí, maestra. – habló finalmente, con aquel delicado tono.

—Kanao... – el resto murió en su garganta. Shinobu reprimió lo que iba a soltar. No, no era el momento... No todavía. Era muy pronto. Se repitió en su mente. El tratamiento con veneno estaba a penas por la mitad. Ni siquiera estaba segura si iba a funcionar o no. No se lo había dicho a nadie excepto al Patrón y él, con pesar, le dijo que tenía que tener un apoyo en caso de que no funcionase correctamente.

Miró a su alumna. Ella era la única que podría comprenderla. Su única esperanza y su mano derecha. La amaba como a una hermana y aunque no solía demostrar la melancolía como las otras niñas, percibía el dolor de su corazón con toda claridad. Kanao también lloró la muerte de Kanae, pero a su manera. Nunca se lo recriminó ni tampoco se lo dijo a nadie. Guardó silencio por respeto a su tsuguko y a su sentir.

Ahora no era un buen momento. Este día... Kanao ya se había sentido suficientemente abrumada como para darle una carga más.

—¿Sí? – pero le respondió... No se quedó callada como siempre y Shinobu sintió remordimientos por mentirle.

—Acabo de recordar... Que tengo que ir a hacer un mandado. – Sí, necesitaba conseguir más glicinias para la elaboración de veneno, no era una mentira del todo, ¿Verdad? —Nuestro entrenamiento por hoy concluyó. ¿Por qué no descansas un rato? – la chica asintió, hizo una reverencia y salió de la habitación. Dejándola sola y en la oscuridad.

...

—Esto está mal. – musitó al ver que sus dedos no dejaban ese temblor fino.

Estaba recolectando glicinias. Los árboles creían en los alrededores de las fincas de los pilares, así como en una reserva especial que ella había hecho.

Había ido sola y estaba recolectando lo ramos en una canasta. Claro que subir y cortar las flores sin dañarla dependía mucho de su capacidad de salto, por que, como estaba sola, nadie se las iba a alcanzar.

Pero esa tarde, sus manos no dejaban de temblar. Después del entrenamiento y durante la plática con Kanao, Shinobu se dio cuenta del tremor que perduraba en sus brazos. No estaba segura si era por la intensidad de la hazaña física o por el veneno que estaba consumiendo. Lo cierto es que estaba molestándola. No podía mantenerlo a raya. Le estaba impidiendo hacer sus tareas. ¿Sería que su sistema nervioso estaba actuando así por la presencia de veneno en su torrente sanguíneo?

Si era así, tenía que preparar otro medicamento que no descompusiera en veneno, pero que le permitiera librarse de los efectos secundarios.

Mosqueda, tomó la canasta y caminó. Pero al salir del huerto de wisteria el temblor se hizo más intenso. De pronto, la canasta cayó de entre sus dedos, dejándola perpleja.

¿Qué acaba de pasar?

¿Fueron mis manos?

¿Qué es esto?

¿Estoy agotada?

—Maldita sea. – frunció el ceño, estaba enojada. Y para colmo reconoció la cara de Tomioka Giyuu a unos cuantos pasos. Seguramente estaba de regreso a su residencia y decidió cruzar por allí para acortar el camino. En realidad, no quería hablar con nadie, pero novedosamente Giyuu la reconoció a la distancia y se detuvo a un metro frente a ella. Sus ojos estaban tan muertos como siempre, pero parecía haber curiosidad en su expresión.

—¿Kochou? – saludó e interrogó. Era su forma escueta de decir: Hola, Kochou, ¿Qué haces?

—Tomioka-san. – devolvió el saludo. Aunque irritada disfrazó su humor con avidez. El muchacho la vio atentamente, sin decir otra cosa. —¿Vas a casa? – preguntó para romper la tensión. Como siempre, Giyuu tenía la costumbre de saludar sin otra cosa qué decir.

—No.

—Ah, ya veo... – Shinobu tomó de nuevo la canasta y cuando intentó hacerlo sus manos volvieron a tiritar. Chasqueó la lengua nerviosa, por más que lo intentaba, voluntariamente no podía moderar el temblor.

—¿Necesitas ayuda?

—¿Eh? – no se lo esperaba. Miró a Giyuu y parpadeó, ¿Habías escuchado mal?

Ambos se quedaron bastante quietos. Shinobu por la sorpresa, Giyuu por los nervios. Lo cierto era que logró apreciar el temblor en sus dedos y la frustración de la chica. No era muy caballeroso, eso solían decir de él, pero cuando la vio, una pequeña y profunda parte de él se sintió el deber de hacer algo por su compañera.

—La canasta. ¿Quieres ayuda? – no se veía pesada, pero Kochou era pequeña...

—Tomioka-san... ¿Me estás...? – pero no terminó de hablar, él tomó rápidamente el cesto.

—Vas a tu finca, ¿No? – Shinobu asintió. Giyuu respondió y comenzó a caminar. La dejó atrás rápidamente y tras esto Kochou espabiló. Se apresuró a posarse a su lado y observó de reojo a su camarada.

No se veía diferente a otros días. Tampoco percibía ningún signo de enfermedad, ¿Por qué el frío Pilar del Agua era tan... encantador?

—Nee, Tomioka-san... ¿Hoy estás de buen humor? – volvía a sonreír como habitualmente lo hacía. —No sabía que podías ser tan acomedido. Nee, nee, Tomioka-san.- estaba callado y decidió probar nuevamente. —Eres demasiado serio... – concluyó y se resignó a ya no hablar más.

—Kochou. – pero él respondió. —¿Le pasa algo a tus manos? – casi se congela. Por un momento sintió terror. ¿Lo había notado? ¿Tan evidente era? No, no podía ser eso, ¿O sí?

Controló su respiración y en casi menos de un parpadeo, ella recuperó su habitual forma de ser.

—Ah, esto. – entonces mostró sus dedos, estaban temblando, pero en menor intensidad que cuando intentó tomar la canasta. —Debe ser el esfuerzo. Estuve sujetando la katana con mucha fuerza. – no iba a admitir que era por el veneno de glicinias, lo cual, sospechaba era la causa. Tenía tantos años empuñando una espada y jamás presentó tales síntomas, por lo que, su teoría le decía que actualmente el veneno que estaba consumiendo le había hecho un poco de daño.

—Sí, a veces pasa. – al menos a él le sucedía cuando entrenada con Urokodaki.

—Claro, Kanao y yo estábamos entrenando y creo que nos emocionamos un poco.

—¿Quién? – no asociaba a nadie con ese nombre.

—Mi tsuguko. - ¡Oh, cierto! Shinobu tenía sucesor. Pff, por un momento sintió un vuelco en el estómago. Recordó a Tanjiro y su ambición respecto a que quería que fuera el próximo en ocupar su puesto. Lastimosamente Tanjiro estaba de misión ahora y por lo que había escuchado, estaría bajo a protección de Rengoku.

—Hmp.

—Tanjiro-kun y sus amigos fueron a una nueva misión, una a la que probablemente se enfrenten a una luna. – dijo Shinobu y Tomioka le miró. —¿Algún día entrenarás con él?

—Él sigue su propio camino...

—¿Pero no querías que fuera el próximo Pilar del Agua? – no le respondió, Tomioka continuó avanzando. —¿Te has resignado, Tomioka-san?

—¿Resignado?

—A no tener sucesor.

—¿Qué? – estaba algo confundido. Era como si Shinobu fuera demasiado lista para su conveniencia. De pronto, el estómago de Giyuu resonó sin poder evitarlo.

—¿Ara? ¿Tienes hambre, Tomioka-san? – no respondió, pero tampoco hacía falta. —¿Quieres ir a comer algo? – él asintió. —Te gusta el salmón ahumado con rábano, ¿No es así? - ¿Desde cuando Kochou sabía eso? Se preguntó internamente. —Sé donde lo venden, ¿Vamos?

Ambos fueron a un restaurante donde, efectivamente vendían su platillo favorito. La comida era bastante buena. Se sentaron uno al lado del otro. Aunque Shinobu pidió un plato más pequeño, él no tuvo reparo en solicitar el mayor tamaño de la casa. La diferencia de apetitos era bastante evidente.

Por ese lapso, ambos sólo se dedicaron a comer y ninguno habló. Lo cierto era que Giyuu estaba distraído con la comida y Shinobu estaba comiendo lentamente a causa de que sus manos no le dejaban tomar bien la comida. Este día dicho temblor estaba insoportable.

—¿Sigues temblando? – a veces, Tomioka era muy observador.

—Sí, eso creo. – fingió que no pasaba nada, seguro que Tanjiro habría podido oler su desesperación, pero como se trataba de Tomioka se sentía más segura respecto a sus mentiras. Comió lo más rápido posible y suspiró al sentirse llena de golpe. Iba a tener que esperar a Giyuu... ¿O no?

—Estuvo delicioso.

—Ara, comes muy rápido. – el plato estaba vacío.

Pagaron y salieron a la calle principal. Iban a retomar la caminata a la Finca de las Mariposas, pero Shinobu se percató de la figura de su alumna a lo lejos. La muchacha estaba buscándola, al parecer.

—¿No es tu Tsuguko?

—Sí, es Kanao. – Shinobu alzó su mano para que pudiera verla a lo lejos y la chica, se apresuró hasta estar a su lado. Hizo una reverencia y después se enfocó en el Pilar del Agua. Ambos tuvieron una competencia de miradas que se extendió un buen rato.

—Ara, ara... Tomioka-san, Kanao, si siguen mirándose así, van a hacer un agujero en la cabeza del otro. – lo dijo con gracia. Ambos se voltearon hacia Shinobu. Kanao se percató de la canasta en las manos de Tomioka. Reconoció las plantas como las que su maestra usaba para la fabricación de venenos.

Una idea atravesó su cabeza y un deseo profundo lo secundó. Miró fugazmente al hombre y después a su maestra. Se percató, gracias a su buena visión, de que algo sucedía con las manos de su sensei y cómo esta, intentaba esconderlos de forma disimulada. ¿Acaso era por el entrenamiento? ¿Le habría lastimado los dedos? ¿Por eso el hashira del agua le estaba ayudando?

Se sintió culpable. Quiso hacer algo a cambio. Lo que fuera. Pero estaba nerviosa. Quería decidir por sí misma, quería tomar las flores y ser ella quien le ayudara a su maestra, puesto que la culpa de su estado era suya. No se daba cuenta que a causa de estos pensamientos Kanao estaba sudando nuevamente.

Sólo Shinobu comprendió.

—Tomioka-san... ¿Puedes darle la canasta a Kanao? Ella me ayudará a partir de aquí. – Giyuu no dudó en extender su mano y Kanao respingó al ver la agarradera disponible, cortesía del muchacho. —¿Quieres ayudarme, no es verdad? – la chica asintió apenada y después tomó el cesto.

¿De verdad? ¿Shinobu pudo entender sus deseos sólo con verla? Tomioka admiró la conexión entre maestra y estudiante. Quizás había subestimado a la Pilar del Insecto. Ella era más analítica que otros en la organización. ¿O tal vez se trataba del vínculo entre un cazador y su sucesor? Después observó a la muchacha de coleta. A decir verdad, había algo diferente con ella. Tal vez era su imaginación, pero sus ojos ya no detonaban aquella frialdad. Algo cambió en su interior.

—Me voy. – Tomioka giró y comenzó a caminar.

—Adiós y gracias, Tomioka-san. – Shinobu se despidió a lo lejos, agradeciendo la compañía y también la ayuda. Se volvió hacia la su hermana pequeña. —Vamos a casa. – ella asintió y caminaron juntas en una implícita felicidad que sólo ellas podían entender.

Tomioka detuvo su paso y volvió la cabeza para verlas irse. Pensó que, ese vínculo era algo que quizás él no podría tener. A decir verdad, no había sido constante con Tanjiro. Incluso se alejaba inconscientemente. Ver a Kochou y su pupila le llenaron de emociones variadas, llegando a la conclusión de que... Si quería comprender a fondo sus sentimientos, tendría que intentarlo con más ganas... No obstante. Su dolor volvía a paralizarlo.

La desesperación y la constante de su pasado lo atormentaban. ¿Acaso Sabito no había querido tener sucesores? ¿Por qué lo habían hecho a él el Pilar del Agua? ¿Estaría en lo cierto su maestro? ¿Podría tener el mismo vínculo con Urokodaki? Las preguntas agobiaron su cabeza.

Eres el indicado, Giyuu. Confío en ti.

Abrió los ojos al recordar la voz amable de su sensei. Cuando regresó la vista, Kochou y Kanao ya no eran visibles. Sonrió ligeramente. Por supuesto que entendía esos sentimientos. Pero, sobre todo, ahora veía por qué parecía comprender un poco más a Kanao. Al parecer la hermana menor de la Pilar y él no eran tan diferentes. Después de todo, los dos habrían de cuidar el legado de sus respectivos maestros.

El vínculo perduraría... A pesar de todo. Lo afirmó el día que vio a Kanao tambalearse con una cura hacia Tanjiro convertido en demonio. No pudo pararla, aunque sabía que estaba malherida y que ella corría un peligro mortal... Su decisión y valentía lo hicieron admirar su destino. La alumna de Kochou finalmente había florecido.

Y Tomioka Giyuu juró que él también dejaría a su corazón florecer si sobrevivía a esa batalla... Tal como la pequeña Kanao acababa de hacerlo.

Continuará...

Curiosamente, creo que Kanao llegó a ser más fuerte que Shinobu dada su complexión física y a su estilo de lucha, pero también creo que Kanao tuvo que pagar un alto precio por llegar al nivel de un pilar, quedando muy limitada de su vista. En este capítulo la vemos un poco más de cerca. Me gustaría decir que este es un deseo que sí se hizo realidad, puesto que Shinobu se vinculó tanto con Kanao como para cumplir su venganza y además la hizo florecer como persona, aunque claro, mayormente eso lo consiguió con Tanjiro. En el caso de Tomioka, él toma inspiración de la muchacha para "florecer como persona".

Espero les gustara.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.