Cada persona, al cumplir los 16 años obtiene una marca de alma gemela. O "soulmark" (cada marca es única y solo la tienen dos personas)
Adrien desde los 13 años había soñado que esa marca pertenecería a Ladybug. Él había imaginado tantos escenarios distintos.
Él estaba realmente seguro de que ella sería su alma gemela.
Pero luego...
Simplemente hubo contratiempos.
Primero había salido con Kagami (justo a los 14 años) su relación sólo duró alrededor de un mes, porque él siempre tenía que salvar a París y además muy en el fondo seguía enamorado de Ladybug.
Él creyó que podía hacer cambiar a su corazón, pero no funcionaba así.
Terminaron, y él siguió detrás de Ladybug, como su fiel compañero.
Cuando tenía 15 años se dió cuenta de que no le molestaría si Ladybug no era su alma gemela. Porque él se encontraba pensando constantemente en su compañera de clases, Marinette.
Lo que sentía por ella era muy distinto a lo que sentía por Ladybug.
Su amor por Marinette era como una plantque germinó y que fué creciendo poco a poco (sin que él lo supiera) hasta convertirse en un gran árbol, con raíces muy fuertes.
Ya se imaginaba despertando con ella todas las mañanas, además ella había dejado hace tiempo de estar intimidada por él y ahora eran muy cercanos. Él sentía que era de las pocas personas con las que podía ser uno mismo.
Parecía perfecto, Marinette y él llegaron al punto de ir a salidas sólo ellos dos, tomados de la mano, a veces Marinette diseñaba mientras él le daba sugerencias. Y todo era muy bonito.
A él le encantaba llenarla de halagos sólo para ver cómo su rostro se ponía rojo.
Todo marchaba bien, o eso parecía.
Pero entonces ese año se enteró de una terrible noticia que cambiaría el rumbo de su vida.
Él era un sentimounstro.
Esa noticia fué tan mala, que la noticia de que Ladybug y Marinette eran la misma persona no podía causarle tanta felicidad.
Ella siempre estuvo para él, ella también se enteró que él era un sentimounstro y él se sintió avergonzado.
Avergonzado en creer que podía ser suficiente para ella, que en realidad pese a que su vida tan trágica, ella podía ser esa luz. La única cosa buena.
Que realmente podía besar sus labios, pasar sus tardes en la panadería.
Él no merecía nada. Eso estaba seguro para él.
Intentó alejarse de ella, intentó ignorarla, pero eso no era fácil cuando la chica en cuestión tenía en su poder su corazón.
Entonces no pudo estar alejado por mucho tiempo, él quería tenerla en su vida a toda costa. Ella lo dejaba ir cada tarde a la panadería y siempre le recordaba lo valioso que es.
Pero Adrien sabía que eso no podía durar. Él sabía que nunca podría tener la marca de ella en su piel. Eso lo destrozaba cada día.
Él la amaba tanto que era difícil creer que ella no perteneciera a sus brazos.
El cumpleaños 16 de Adrien estaba más cerca. A todos les empezaba a llegar sueños relacionados a su alma gemela, un mes antes de sus cumpleaños.
Y la verdad Adrien sí empezó a soñar demasiado con Marinette, muchos sueños eran de ellos dos, con una vida hogareña. Ella siendo su esposa, la madre de sus hijos.
Y Adrien se ilusionó, ilusamente. Durante todo ese mes dejó que sus sentimientos hacia ella se desbordaran. Entonces cuando pasaban las noches juntos, viendo películas, él entrelazaba sus dedos con ella.
Él también ponía cualquier excusa sólo para darle besos en la mejilla a ella.
Él estaba tan ilusionado.
Pero cómo era de esperarse ese día no apareció la marca, tampoco los días siguientes a ese.
Quizás ese fué el punto de quiebre de Adrien. Él volvió a cerrarse bastante.
Se sentía humillado. Triste, enojado.
Ya no quería existir. Pero de hecho la única razón por la que todavía estaba de pie, era Marinette y su familia.
Ella siempre insistía en que él pasará reuniones familiares con ellos.
Además ella le preparaba sus dulces favoritos, lo mimaba. Y sus padres lo trataban como si fuera su propio hijo.
Ella siempre le recordaba lo amado que era.
Él tenía tanto miedo, porque al pasar los meses, el cumpleaños de Marinette estaba en la vuelta de la esquina.
Y él sabía que ella sí obtendría una marca ese día.
Entonces quería aprovechar los últimos días dónde él sería el chico más importante para ella.
Entonces, unos días antes de su cumpleaños, Adrien estaba actuando más raro de lo normal, luego de que ambos desayunaran, subieron a la habitación de Marinette. El ambiente estaba algo pesado.
Y él preguntó en un intento de ser casual.
—¿Haz tenido sueños, sobre... ya sabes... ? La semana que viene es tu cumpleaños.— él sentía como un masoquista, porque en verdad no quería saber la verdad sobre eso.
Marinette estaba pensativa, incluso un poco incómoda, parecía no querer hablar sobre eso. Y justo cuando Adrien estaba por disculparse por preguntar algo así, ella le respondió.
—Sí, en realidad sí he tenido sueños inusuales. — ella no lo miró a los ojos. —Creo que él es músico. —murmuró esto último, casi con dolor en su mirada.
Adrien sentía como si él mismo se hubiera clavado un cuchillo en el corazón, se dió cuenta de que no debió preguntar si no quería saber la verdad. Prefería no saber.
Había un silencio incómodo. Que Marinette no tardó en cortar.
—Pero bueno ¡Todavía falta una semana, ósea no es tanto tiempo, pero ya veremos! El destino a veces es impredecible... — ella pareció pensativa al decir eso.
Adrien reflexionó poco sobre sus palabras.
—Cuando todo sobre él sea claro... ¿Seguiremos siendo nosotros mismos?— Adrien estaba avergonzado por sus propios sentimientos. Él sabía que era egoísta, porque ella ya le había dado mucho de ella. Muchas cosas que ya no compartiría con su alma gemela.
Marinette le dió una mirada suave, la mirada amorosa que tenía cada vez que le aseguraba que era importante.
—No cambiaremos. Eres mi gatito. Nada en el mundo podrá separarnos. —ella le aseguró, mirándolo fijamente a los ojos.
Esa mirada que ella le daba a veces, lo hacía pensar que en verdad sus sentimientos no eran unilaterales. Es que simplemente no parecía la manera en que dos amigos se verían.
Él prácticamente ronroneó, apoyando su hombro sobre el de ella.
Y en ese momento, se sentía seguro y feliz en sus brazos. Él sabía que ella no lo iba a abandonar. Viniera quién viniera. En el fondo él quería que no viniera nadie más, porque los dos eran suficiente.
—Mi hermoso gatito... — murmuró ella, besando su cabeza.
Él no pudo evitar las sacudidas que daba su corazón cada vez que ella estaba cerca. Cada vez que los hermosos labios de Marinette lo llamaban "mío" porque él le pertenecía a ella, por completo.
Lo peor de todo es que él siempre sería de ella, siempre anhelaría en silencio lo que pudo haber pasado entre los dos si él hubiera sido su alma gemela. Nunca podría amar a otra persona como la amaba a ella. Entonces ni siquiera lo iba a intentar.
Él estaba dispuesto a seguir cerca de ella, sin importar cuánto le doliera la idea de que ella... Hiciera todas las cosas que él quiere hacerle, con otro hombre.
Él decidió ser egoísta por última vez.
Y sin dar advertencia, acercó el rostro de ella al de él, al principio ella parecía bastante sorprendida pero no lo alejó. Entonces él tomó eso como un permiso y se dió un pequeño gusto antes de que todo fuera más difícil.
Él colocó sus labios sobre los de ella.
Al principio fué un suave roce, podía sentir cómo Marinette se relajó cuando sus labios se encontraban.
Y luego... Los sentimientos parecían escaparse por medio de sus besos, ya no pudo evitar unir más sus labios a los de ella, hasta llegar al punto de hacer que ella abriera la boca mientras se besaban.
Entonces estaba aquí, besando apasionadamente a una chica que tenía un alma gemela afuera esperándola. Este tipo de actos eran prácticamente penados por la ley. Pero sólo eran ellos dos en la habitación.
No pudo evitar besarla con todo lo que tenía, con tanta pasión, amor, había tanta tensión sexual entre los dos y ahora estaba desbordándose.
Intentó marcar su boca con la de Marinette, de tal manera que de pudiera arruinar todos los besos que vendrían para ella después.
La besó una y otra vez, disfrutando del baile de lenguas que ambos estaban teniendo. Ella le acariciaba el cabello, él ponía sus manos en la cintura de ella.
No podían tener suficiente.
Él se sentía tan posesivo. No dudó en darle unos cuantos besos en el cuello, que la dejaron temblando.
El mundo era tan injusto. Él le hubiera dado todo, la trataría para siempre como la princesa que es, la habría amado hasta su último aliento. Corrección, aún si ella encontraba a su alma gemela, él la amatia hasta el fin.
Y no de manera platónica, era simplemente imposible.
No cuando conocía el sabor de sus labios, la sensación de sus besos y su lengua. Y Adrien tenía un miedo.
¿Realmente el alma gemela de Marinette la amaría tanto como él la ama? Adrien estaba seguro que no era posible.
Cuando finalmente se separaron de aquél cálido y apasionado beso. Ambos estaban hechos un desastre.
Tenían los labios hinchados, el cabello despeinado. Y Adrien estaba prácticamente montado sobre el regazo de Marinette. Ambos no podían apartar la mirada del otro. Adrien sintió una mezcla de sentimientos tan satisfactorios al verla de ese modo.
—Gatito...—Marinette tenía los ojos dilatados y la voz ronca.
—Mi Lady...— él tenía una sonrisa orgullosa. —Ojalá pudieras verte ahora mismo, estás tan hermosa. — dijo con ternura.
Ella se sonrojó.
—Adrien ¿Qué fué eso?— ella estaba intrigada, sorprendida por el semejante beso que había compartido con él.
—Oh, sólo... Quería que sepas que siempre estaré aquí para tí. Eres muy importante para mí. —Marinette se veía un poco contrariada, se notaba que no le creía del todo.
Pero asintió, todavía sonrojada.
—Bueno, voy a diseñar...—ella se movió de manera muy poco natural para agarrar su cuaderno de diseño.
Había algo en el aire en ese momento, y no era del todo incomodidad.El cumpleaños de Marinette llegó con rapidez. Ese día, sus amigos vinieron.
Adrien era muy habitual ahí, así que no había nada de raro, pero también estaban Nino, Alya y sus otros compañeros de clase.
Alya parecía como si supiera el gran beso que tuvieron Marinette y él la semana pasada, porque lo miraba fijamente de vez en cuando.
Adrien se sentía algo incómodo por las miradas de Alya, pero Nino dijo que simplemente no le hiciera caso.
Entonces Marinette bajó, se veía preciosa con su vestido.
Adrien sintió que podría babear. Cómo si Alya leyera sus pensamientos, lo miró con una sonrisa burlona.
—¡Chicos! Estoy tan feliz de que vinieran. —Ella los abrazó uno a uno, hasta que llegó al lugar donde estaba Adrien. Él le sonrió con cariño y ella le devolvió la sonrisa, con las mejillas rojas.
Se abrazaron, y fué más tiempo de lo debido. Los demás lo notaron, pero no dijeron nada. El ambiente era agridulce.
La fiesta pasó con normalidad, pero llegó el momento de que Marinette mostrara a todos su marca.
Adrien sentía un nudo en la garganta, pero si amigo Nino colocó una mano sobre el hombro del chico para consolarlo.
Todos los presentes daban miradas de compasión a Adrien de vez en cuando.
"Genial, todos saben que la amo. Y ahora creen que voy a llorar por ver su marca. "No era del todo mentira porque sí quería llorar.
Marinette parecía avergonzada, pero los padres de la chica estaban muy emocionados ( ya que ellos mismos eran almas gemelas ) y querían que su hija fuera muy feliz.
Entonces, ella mostró su marca.
Era un símbolo en chino, que significaba Balance
Era poco usual.
Adrien pensó que esa marca no era digna de ella. Le hubiera gustado ver un gato negro al lado de una mariquita.
Marinette lo miró, buscando cualquier señal de incomodidad.
Él sonrió, cómo apoyándola. Porque eso es lo que iba a hacer.
Todos los presentes aplaudieron, la mayoría empezó a hacer teorías sobre quién podría ser su alma gemela.
Adrien incluso escuchó a Rose mencionarlo en la lista de candidatos, pese a que era imposible.
—Adrien, ¿Podemos hablar? — Marinette estaba parada frente a él, con la hermosa ropa que había usado hoy por su cumpleaños. Ella lo miró, rogándole que lo siguiera.
—Claro, mi Lady. — Él la siguió, siempre lo hará.
Fueron a los pasillos, arriba.
Marinette parecía algo tímida. Él le tomó una de las manos para hacerla sentir más tranquila y sí funcionó.
Él la animó con la mirada para hablar.
—¿Está todo bien entre nosotros? — preguntó ella, con preocupación.
Él siempre la encontraba adorable. Y era un increíble lo mucho que la amaba cada día.
—Por supuesto que sí, Mari. Estoy muy feliz por tí. —Era verdad que no estaba enojado con ella, pero aún así su declaración salió muy practicada.
Ella lo notó con rapidez.
—Sabes que nunca voy a abandonarte ¿Cierto?— le susurró ella. Haciendo que él la mirara.
—Lo sé, mi Lady. — él le sonrió.
Ella hizo un puchero.
Y susurró algo. Él no pudo entender.
—¿Podrías repetirlo, princesa?— él la miró fijamente, con calidez. Esperando que ella hable.
Ella se cruzó de brazos, sonrojada, y mirando a cualquier parte menos a él.
—Sólo estaba pensando lo injusto qué es que seas tan guapo. Es difícil ser tu amiga de esa manera. — Adrien estaba casi en shock, literalmente ella había recibido hoy su marca de alma gemela, y estaba teniendo ese tipo de pensamientos sobre él.
El rubio de sonrojó.
—Yo debería decir lo mismo.
Los dos se miraron fijamente, y como la semana pasada, el aire se puso pesado derrepente, había una energía extraña en la habitación. Y en ese momento los dos no podían pensar en nada más que estar juntos.
Adrien no tardó en acercarse al rostro de la chica. Y ella hizo lo mismo.
Aún cuando él era un rubio alto y ella una pelinegra bajita, sus labios encontraron la manera de encontrarse. Ese aire pesado se volvió prácticamente electricidad entre ambos.
Con el paso de los segundos, su beso se volvió casa vez más apasionado. De nuevo sus lenguas se mezclaban, con mucha brutalidad.
Ni siquiera se separaron para respirar. Seguían besándose una y otra vez.
Siguieron haciéndolo hasta que alguien carraspeó cerca de ellos.
Ambos se separaron de golpe, la saliva se escurría un poco de los labios de ambos. Intentaban acomodarse la apariencia lo mejor que pudieran.
—Sabía que habían pasado ya demasiado tiempo a solas. — la persona que los encontró era Alya.
Ella alzó las cejas al ver las apariencias desaliñadas de los dos.
—¡Alya!— se quejó Marinette. — Interrumpiste mi tiempo con Adrien. — la pelinegra de cruzó de brazos.
Alya no parecía impresionada.
—Tienen suerte de que haya sido yo, quién sabe cómo reaccionaría otra persona si los encontraba comiéndose aquí. —Alya se burló.
Adrien se puso rojísimo de la vergüenza. Marinette no estaba mejor que él.
—¡Alya!— dijeron ambos. —No nos estábamos "comiendo" —dijo Marinette, abrazándose a sí misma.
—Claro. —Alya les dijo en un tono que dejaba claro que no les creía nada.
—Por favor no le digas a nadie — murmuró el rubio, avergonzado. Él no podía soportar ver la decepción de Tom y Sabine cuando descubran cómo había tocado él a su hija, sin preocuparse por el alma gemela de la chica.
—¿Por quién me tomas? No le diré a nadie... Pero "esto"— Alya los señaló a ambos. —No puede ser un secreto por demasiado tiempo. Deberían permitirse ser felices chicos.
Era fácil decirlo. Adrien no quería ser más egoísta de lo que ya había sido.
Había robado tantos besos a Marinette a lo largo de los años.
Se suponía que ella debía compartir esas cosas con su alma gemela.
Alya terminó alejándose para darles privacidad.
—Adrien, yo siempre...—Marinette parecía querer decir algo, pero el rubio la Interrumpió.
Él tomó las manos de ella entre las de él.
—Marinette, yo sólo quiero que seas feliz. Te amo tanto... Por eso lo mejor es que esto no vuelva a pasar. — a él le dolía muchísimo decir eso. Pero no pertenecía al lado de ella. Quizás como Chat Noir sí, pero no era SU alma gemela.
Ella parecía tan dolida como él.
No quiso seguir viéndola así.
—Adrien, siempre quise que fueras tú. Siempre imaginé que serías tú el que tendría mi marca. Que nos casaríamos y... — ella parecía a punto de llorar. Él le acarició la palma de la mano.
Él recordaba que ella le había contado el enamoramiento que tenía por él como Adrien. Y él recordaba, parecía que había pasado tanto tiempo, pero sólo fué un año.
Ellos dos, despreocupados por el mundo. Riéndose, creyendo que todo lo que venía pertenecía a ellos dos. Cuando seguían creyendo que él era un humano.
—Yo quería tanto pertenecer a tí. Cada vez que me llamabas "tu" gatito. Yo alucinaba. Mi decepción fué tan grande cuando cumplí 16 y no apareció ninguna marca. — por fin admitió aquello que su corazón guardaba.
Marinette lo miró con comprensión.
—Adrien, yo quiero estar contigo. Quiero casarme contigo. No me interesa conocer a mi "alma gemela" — esas palabras hicieron a Adrien tocar el cielo. Él siempre quiso escuchar eso desde que cumplió 16 y no apareció una marca en él.
Pero él sabía que él destino es sabio.
—Marinette, nada me haría más feliz, pero... En serio quiero que conozcas a tu alma gemela. Sólo podrías ir a una cita con él. Por favor, hazlo por mí.
Marinette no parecía segura de lo que él le sugería.
—Por fiis, ¿mi Lady?— él hizo su mejor expresión de gatito mojado.
Entonces ella asintió, rodando los ojos.
—Está bien, pero con una condición...— ella lo miró y él asintió. Si esa cita va mal, tú tendrás que recompensarlo.
Él estuvo de acuerdo. Entonces se sonrieron mutuamente, antes de volver a la fiesta. Marinette cumplió su palabra, un mes después, pudo localizar a su alma gemela. Y sí era un músico (de acuerdo a los sueños de Marinette)
Adrien sabía muy poco del tipo, sólo que tenía el cabello castaño y ojos verdes, según la descripción de Marinette.
Y hoy ella había ido a la cita que Adrien sugirió.
Él se sentía molesto por haber sugerido eso.
Miles de pensamientos horribles pasaban por su cabeza.
¿Y si funciona? ¿Y si ella se va a vivir con él? ¿Si ya te deja atrás para siempre?
No debió sugerirle eso a ella. Pero Adrien sabía que era lo correcto.
Él se había quedado en la habitación de Marinette, cuidando a los kwamis.
Y derrepente estos hicieron alborotos para mirar por la ventana.
Adrien escuchó sonidos frente a la panadería. Eso era lo que los kwamis tenían curiosidad por ver.
Él también se puso a ver, curiosamente los kwamis le dejaron libre el camino.
Ahí abajo, estaba Marinette, pero obviamente no estaba sola. Había un tipo con ella. Su alma gemela. Él parecía tener un gusto decente para la ropa, Adrien tenía que asumirlo.
Marinette y el tipo estaban riéndose.
Parecía que se llevaban bien.
Adrien sintió los amargos celos asomándose.
"Tú quisiste que fuera así, Adrien" le dijo su mente.
Probablemente era lo mejor para todos.
Él suspiró.
—Niño, a veces las cosas no son cómo uno las piensa. — dijo Plagg, intentando consolar a su manera a su portador.
—¿Por qué me pasaron estas cosas a mí Plagg? Lo único que quería era ser amado, tener una familia. — él lloriqueó, el kwami gatuno se posó en su hombro.
Entonces, la escotilla de Marinette se abrió, y ella apareció por ahí.
Ella entró a la habitación, buscándolo con la mirada. Y cuando lo encontró, se sorprendió.
—¡Adrien!— corrió hacia dónde él estaba acurrucado. —¿Por qué lloras? ¿Qué pasó?
Plagg la fulminó con la mirada, parecía que estaba a punto de decir algo, pero Adrien lo interrumpió.
—No quiero que estés con él, me dolería muchísimo. Quiero que estés sólo conmigo. No quiero que haya ninguna otra persona... Sé que es egoísta, pero no me importa el destino. Yo existo, y sé que somos tal para cuál.
Marinette lo miró fijamente, su boca medio abierta por el shock, pero eso desapareció rápidamente, porque se acercó a él.
—Adrien, soy tuya. — afirmó ella, sin ninguna duda. —Puedes tenerme por el resto de tu vida si así lo quieres. — ella sonrió.
Él se limpió las lágrimas, para luego mirarla con confusión escrita en sus rasgos.
—¿Lo dices en serio? — murmuró él, a lo que ella asintió. —y qué pasa con todo ese asunto de "alma gemela" lo ví. — él se cruzó de brazos.
No quiso sonar tan celoso pero su voz lo traicionó.
Ella río un poco, al parecer le gustaba verlo celoso.
—No pasó nada, simplemente no somos tal para cuál. — él la miró con confusión cuando ella dijo esas palabras. A lo que ella prosiguió a aclarar. — él tampoco guardó mucho para su alma gemela... Él estaba enamorado de una chica, le dió todo. Pero ella por desgracia falleció. Pero de igual forma a él no le interesa tener alguna relación más allá de amistosa conmigo. —admitió ella.
Él pareció reflexionarlo un rato, hasta que finalmente de su cuerpo empezó a desaparecer los rastros de tensión.
—Entonces ¿No van a tener una relación? — Adrien se sorprendió, porque aunque había oído sobre casos así, nunca había presenciado algo así en la vida real. Ella asintió.
—Así que... Yo estoy...
—Estás libre... ¡Estás libre!— él se abalanzó sobre ella para abrazarla.
—Sí, y además totalmente entusiasmada por salir con el chico que amo de verdad. —admitió Marinette. Y Adrien sintió que por primera vez tenía suerte en toda su plumosa vida.
—¿No te importa que en lugar de alma tenga una pluma?— él parecía tímido.
—Para nada. Además estuve investigando en notas de los monjes y descubrí que los sentimounstros que son creados para ser humanos, pueden vivir como cualquier humano. Hasta... Tener hijos. —La última palabra parecía entusiasmar más a Marinette.
Adrien sintió que su cara se calentaba. No era secreto para nadie que a Marinette le gustaría tener una numerosa familia en el futuro.
—Y lo mejor que es ¡Tenemos mucho tiempo para practicar!— dijo ella con entusiasmo. Él también se sintió así.
Él practicaría con ella todas las veces que fueran necesarias... Lo mejor era que eso incluye caricias y muchos besos.
