Disclaimer: Los personajes de bnha son propiedad de Kohei Horikoshi, Mary y lo relacionado a Ib es propiedad de Kouri.
Hace años conocí Ib, me gustaba mucho. Hace mucho que no se nada del juego, pero se me ocurrió este fic X-over como un especial de Halloween (como siempre, atrazado). Mi único problema es que pasó tanto que tuve que ver dos gameplays para recordar.
Como vieron en el resumen, es un Kacchako. Perdón si llega a contener un poco de OC, siempre intento que sea el mínimo.
Este no es el único fic de horror que se me ocurrió, pero es el termine, pero tal vez siga publicando horror porque es un género que me gusta aunque no se me da mucho.
*La exposición de los horrores*
I.
No es como si Ochako fuera muy fan del arte, de las exposiciones de obras famosas y exóticas o de los museos en sí, pero cuando Yaoyorozu le dio dos boletos para la exposición de un artista de sobrenombre, pensó que sería un buen cambio de aires a los que suelen tener su novio y ella.
No tiene quejas de sus citas en cafeterías o en cines, pero su amiga ya las había pagado y resulta que no las podrá usar, ¿por qué no aprovechar la ocasión y salir de sus rutinarias citas? Sería una buena excusa para hacer una actividad más calmada y ¿Por qué no? Educativa.
Aunque a Katsuki no parece hacerle gracia, aún así asiste, intentando apoyar a su novia que piensa que era una buena idea.
No le interesa ver cosas extrañas vendidas como obras de arte, pero la luz en los ojos de Ochako hace palidecer a cualquier faro en la obscuridad, es por eso que da un suspiro y observa el cartel ubicado en la recepción y que rezaba: Bienvenidos al mundo de Guertena.
Bien, ya estaban ahí.
¿Qué es lo peor que podía pasar?
Nada bueno, eso es seguro.
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II.
Bakugou Katsuki no se distingue por ser un novio tan emotivo o dar mucho cariño, sin embargo, eso no significa que no tenga forma de dar afecto, una de ellas era estar ahí a pesar de no tener un maldito interés en esas cosas. En cambio, en lo que sí se distingue es en las palabras filosas y duras.
Pero Uraraka Ochako también sabe de ello, más cuando su novio le inculca una culpa desconocida por celos solo porque está aburrido.
Pelean. Con palabras falsas y dolorosas en medio de un museo lleno de testigos vivos y no vivos.
Se separan, cada uno por su camino entre pinturas al óleo.
Sin tener una idea del destino que les espera en ese museo.
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III.
Hace años que Ochako dejó de temerle a la obscuridad, sin embargo había algo inquietante en las sombras surgidas en las paredes que la hacen regresar en el tiempo, a los años en que era una niña pequeña. De la nada, se encontró hundida en la soledad del museo, caminando entre esculturas extrañas y pinturas que se movían solas.
Con los nervios de punta, Uraraka Ochako casi quiso carcajear al recordar a la persona aleatoria que momentos antes había dicho textualmente que "las obras de Guertena parecen tener vida propia" a su lado. Claro, la misma Ochako simpatizó con la idea, pero de una manera mucho más metafórica.
Ya había intentando salir por la puerta e incluso por las ventanas.
Y justo ahora, su cordura pende de un hilo.
En un lugar donde se muestren sombras detrás de las ventanas y las paredes sangraban mensajes aterradores. Su único pensamiento congruente para ese momento era solo uno:
Quiero volver a ver a Katsuki
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VI.
Caminando, buscando una salida de aquella exposición llena de horrores, bajó por un pasillo que no había visto antes, llegando hasta un jarrón con agua y una hermosa rosa posando dentro del objeto, con pétalos color rosa pálido y un perfume natural.
Con manos temblorosas, la agarró entre sus dedos. Un escalofrío recorrió toda su columna vertebral cuando aparecieron inscripciones que la culpaban de ladrona en las paredes, fue tan inverosímil como el texto bajo la pintura que le esperaba detrás de la puerta.
Si la rosa se marchita, tú también te marchitas
Por eso decidió permanecer con la flor, protegiéndola al igual que a su propia vida. Porque al parecer, ambas están ligadas. Y Ochako había decido que regresaría a casa, con Katsuki.
Por eso debe salir de este maldito lugar.
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V.
Nunca fue buena jugando las escondidas, y tener pinturas, sin poder salir completamente de sus cuadros, arrastrándose hacia ella no le ayuda. Ochako puede escuchar el rasguño de la madera del marco de una pintura, contra el suelo. Otro escalofrío viajó por toda su columna vertebral.
Volvió a moverse por el laberinto, a pasos apresurados, buscando resolver todos lo puzzle que se le enfrentan.
Hasta ahora, Ochako tenía solo algo claro: ese maldito lugar tiene vida, y se está divirtiendo a costa de ella.
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VI.
Ochako estaba asustada, cansada de tanto horror y con ganas de llorar. Sentía que no había algo peor que lo que ya estaba viviendo, donde intentaba sobrevivir de cosas no reales (cosas nacidas de la cabeza de un pintor) que querían hacerle daño.
Se equivocó.
—¡Katsuki! — Gritó aterrada cuando, a varios pasos de ella, reconoció la melena rubia y el abrigo con el cual fue a la exposición. Se acercó con recelo, para ser honesta ya no podía distinguir entre lo que era real y lo que no lo era. Pero cuando vio lo que parecía una rosa de pétalos color rojo, encerrada entre los largos dedos del rubio, resguardada de cualquier peligro que pueda hacerle daño.
Ella se agachó para revisar de más cerca el estado de su novio, quién respiraba rápido y de forma muy ruidosa. Entonces, con terror, se dio cuenta que a la flor roja le quedaban solamente tres pétalos.
La rosa de Katsuki se estaba marchitando…
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VII.
Katsuki no entendía lo que había pasado.
O Tal vez, lo comprende más que nadie.
Ochako había querido compartir una linda experiencia con él, a pesar de eso, Katsuki decidió no darle la atención ni a la exposición ni a su novia. En cambio, empezó un juego inútil de celos que ninguno ganó.
Porque ambos resultaron heridos.
Por eso, el propio Katsuki se considera un hijo de puta que se merece lo que está pasando.
Quiero verla… Quiero verla… Necesitaba hablar con ella.
Se repetía como una mantra en su mente, dándole fuerza para atravesar ese puto laberinto que asemejaba una jodida casa de los sustos. Nunca se asustó por esas cosas, nunca creyó en lo paranormal y aún si alguien intentó hacerle una broma, se ganó una buena paliza.
Pero esto era diferente. La mal vibra era palpable y las pinturas no solo se movían como si fueran jodidas proyecciones, sino que podían salir de sus marcos y hacerle daño.
Solo por eso escapó de aquella pintura que tenía por nombre "la mujer de azul", no antes de maltratar su rosa, quitándole varios pétalos. Escapó, pero su respiración empezó a fallar. Una vez que vio que nada lo seguía, paró y cayó de rodillas, jadeando por aire.
En su rosa solo había tres pétalos.
Si la rosa se marchita,
Tú también te marchitas
Y entonces comprendió que ya no será capaz de arreglar todas sus estupideces, esa pelea boba que desencadenó por egoísta.
Y por idiota.
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VIII.
Katsuki despertó en la calma de una habitación silenciosa. Puede escuchar el sonido de alguien hojear los libros, eso fue suficiente para alertarlo. Se puso en pie y se puso en guardia, no sabía que tipo de horror le esperaba al otro lado del librero.
Sin embargo, se congeló al ver los cabellos castaños y los ojos del mismo color — ¡Katsuki! — Gritó con la voz que muchas veces ha escuchado decir su nombre, y sin esperar se abrazó al rubio. Pero tan pronto sintió los brazos de la castaña, Katsuki agarró a quién aparentaba ser una chica de los hombros, y la empujó. Por supuesto, a Ochako le dolió el rechazo inmediato, ella había querido tanto verlo que ahora era doloroso pensar que el orgullo había ganado la pelea para Katsuki.
Pero al escuchar las siguientes palabras de su novio, comprendió que no había sido eso.
—¿Qué cosa eres tú? — Gritó Bakugou, Definitivamente no había hablado la rabia, tampoco el orgullo, si no el miedo. Ochako podía comprenderlo, incluso desde su lugar podía percibir el temblor de sus manos.
—Soy yo, Ochako — Dijo porque no se le ocurrió otra cosa, a pesar de saber que algo así no era suficiente para que él lo creyera. Luego recordó las rosas que tenía en la mano, elevó el brazo para que Katsuki tomara ambos flores — La de color rosa es mía — Comentó.
—Yo tenía… — calló, se dio cuenta que no la tenía cerca.
—Es la tuya, la puse en agua y por parte de magia se revitalizó — Dice Ochako, sin bajar el brazo. Katsuki frunció las cejas, aún incrédulo.
—La Ochako real es inteligente, no le daría su vida a quién sabe quien… —
—Yo sé quién eres, Katsuki, y es porque soy la Ochako real qué te confío mi propia vida — Declaró la castaña. El rubio parecía pensarlo pero finalmente alargó un brazo para tocar los pétalos color rosa, se sentían suaves, la flor emanaba vida propia.
De la nada se sintió vergüenza, al parecer le había ganado la paranoia — Lo siento — Murmuró y tomó su propia rosa.
—Está bien, para ser honesta yo tampoco puedo reconocer lo que es real y lo que no — Respondió con una sonrisa.
Katsuki entonces no pudo evitar pensar en qué un patán (como él) no merecía a nadie como ella. Se acercó más a la chica y la abrazó, como muy pocas veces a hecho.
Tenía miedo, sí; pero ahora que la tiene no dejará que nada le pasara.
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IX.
Hace mucho tiempo que no había invitados, desde aquel día en qué conoció a Ib y Garry. Tal vez esta vez pueda ir donde ellos están y disculparse por querer que ellos se quedaran con ella en aquella ocasión.
Podría perdonarlos que se fueran sin ella, que la dejaron, mientras salga de ese lugar… Todo puede ser borrado e iniciarlo desde cero.
Pero claro, primero que nada debe salir de esa galería.
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X.
Katsuki casi golpea a esa niña extraña, su cabello era rubio como los rayos del sol y sus ojos azules como un cielo soleado. Ochako lo detiene a tiempo, sabe que el otro rubio tenía los nervios destrozados después de tal recorrido que han tenido, para ser honesta ella también.
Pero no tiene la entereza que necesitaría para pelear con quién parece una niña normal. Solo la ve con el ceño fruncido, sabe que cabía la posibilidad de que fuera una niña que veía la exposición de Guertena como ellos, pero también podía ser un ser maligno que quería divertirse con sus mentes, de nuevo.
—¿Quién mierda eres, mocosa? — Como siempre, Katsuki gritó con su florido vocabulario.
La pequeña rubia tembló, al ver eso, la castaña se acercó a ella y habló gentilmente — perdón, él es así, además de que estamos cansados psicológicamente… —
—S-soy Mary… estoy perdida — Mintió.
Porque ahí Mary todo lo ha escuchado y todo lo ha visto, los ha estado vigilando de lejos.
—Mocosa, ¿Tienes una rosa también? — Preguntó Bakugou. Mary observó al chico con duda hasta que mostró una rosa amarilla que tenía con ella, luego la volvió a esconder. Katsuki iba a decir algo más, pero Ochako interrumpió.
—Eso es suficiente para mí — Comentó, luego miró a su novio — Seguro que es más difícil atravesar esto para una chica tan joven, más que para nosotros — Bakugou puso mal cara, pero no refutó lo dicho por la castaña.
—Bien, puede venir con nosotros pero aún no confío en ella — Dice el chico, la rubia sonrió feliz.
Los mayores no supieron que haber aceptado a Mary con ellos, era algo que en poco tiempo será motivo de arrepentimientos.
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XI.
Justo cuando Bakugou y Uraraka se habían encontrado en ese lugar, una vez más tuvieron que separarse.
Era como si el lugar conspirara contra de que los dos estuvieran juntos.
Y eso era estúpido.
Pero…
—Seguro hay otro camino donde podremos encontrarnos — aseguró la rubia, Katsuki gruñó, no le gustaba la idea de dejar sola a Ochako con alguien a quien no confía.
Y Para ser honesta, Ochako tampoco quería dejar solo a su novio.
Pero hubo un temblor hace algunos minutos, seguido de esto, el piso se derrumbó y ahora un abismo separa al rubio de las chicas.
—Tal vez, si tumbo una puerta… — Empezó Katsuki.
—Pero no sabes que efecto puede ocasionar — Al ver que la pareja la observaba fijamente, Mary se puso nerviosa —Y-ya saben, la galería puede defenderse — Comenta la rubia.
—Además, estamos muy lejos, no creo que existiera una puerta lo suficientemente larga para que sirviera como puente — Dice ahora la castaña, el chico gruñe pero se dio cuenta de que eso era cierto.
—Bien, buscaré otra salida — Suspiró el rubio.
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XII.
—¿Ese tipo es tu novio? — Preguntó Mary, caminando detrás de Uraraka. Por supuesto, era algo que la rubia ya sabía. En ese lugar, Mary todo lo veía y todo lo veía.
—Sí, parece mala persona pero en realidad puede ser alguien amoroso y de alguna extraña forma, amable — Respondió la castaña, con una risilla nerviosa. La chicas caminaban por el pasillo, atenta de cualquier pasillo o algo que pueda ayudarle a reencontrarse con él, de nuevo.
—Y si… ¿no pudiéramos salir todos de aquí?— Preguntó la rubia.
—¿A que te refieres? — Volteó a ver a la menor, con un rostro de confusión.
—Me refiero a, por ejemplo, si solo dos personas pueden salir, ¿A quién elijes? — Aunque algo le decía que Ochako no iba a dejar al rubio solo, quiso probar su suerte.
—Por favor, no digas cosas tan pesimistas, yo no sería capaz de elegir algo así, no quiero quedarme, no dejaría a Katsuki y tampoco pretendo dejar a una chica tan joven aquí, sola con tantos horrores — Ochako sonrió. — Y tal vez pienses que Katsuki sea un patán que preferiría salvarse solo, pero no, te aseguro que piensa igual que yo — Al final del discurso, tomó a la rubia de largo cabello ondeado por los hombros, — Te aseguro que encontraremos una forma de salir, los tres — Terminó de hablar la castaña. Mary se quedó perpleja con esa respuesta.
Fue una hermosa respuesta.
Y muy idealista.
Lástima que eso no se puede.
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XIII.
Mary había perdido de vista a Ochako. Y al parecer, se encontraba con Katsuki otra vez. Pero eso no era lo peor, sino qué… está segura de que Katsuki lo sabe.
Sabe que no es real.
Y posiblemente, a estas alturas Ochako también.
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XIV.
Ochako vio un jarrón de agua y revitalizó su rosa. Volteó para decirle a Mary que debería aprovechar para hacer lo mismo, pero la rubia no estaba. Se preocupó, era una niña después de todo.
Antes de caminar hacia donde debió ir la más joven, unos brazos la tomaron y una voz conocida susurró a su oído.
—¿Dónde está Mary? — Se asustó, sobre todo porque Katsuki le había tapado la boca para evitar que gritase.
—No sé, la perdí —Respondió, susurrando también sin saber él porque. Sintiéndose mal por perder a una niña. Katsuki puso su rosa en agua.
—No pude recordarlo antes, pero creo haberla visto en el museo… Mary seguramente no es real — Volvió a susurrar. Uraraka iba a refutar eso, pero entonces recordó aquellas palabras, esa pregunta.
Si unía eso y lo dicho por su novio, había una sola hipótesis.
¿Y sí…?
—Hay que salir de aquí — Le dice al rubio, susurrando de nuevo.
Lo único que tiene seguro es…
Qué Mary es peligrosa.
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XV.
Habían estado evitando a Mary durante lo que parecía una hora y media, aunque claramente el tiempo estaba alterado, se dieron cuenta de ello por el reloj de muñeca de Katsuki.
Justo ahora, los jóvenes caminaban por un sendero muy extraño. Era como si hubieran llegado a un infinito vacío, llenado únicamente por los trazos indefinidos por un niño de preescolar.
Daba muy mal rollo.
Si Mary tenía alguna magia que le sirviera para manipular ese lugar, era claro que intentaba asustarlos.
Y si no…
De todos modos estaban aterrados, sobretodo observando aquellas figuras colgadas en cada intersección o en cada esquina, figuras muy parecidas a ellos.
Jugando a las escondidas con la rubia, llegaron a la caja de juguetes (que se veía inmensa).
— Los encontré —.
Aquello les dio un escalofrío a los adolescentes, pero no tuvieron tiempo para voltearse y ver a Mary tras de ellos. La niña rubia los avienta en el pozo donde se asomaban minutos antes.
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XVI.
Katsuki tenía su cabeza adolorida, cuando se incorporó sintió un mareo. ¿Qué había pasado? Observó todo a su alrededor, no vio a Ochako, pero en el piso encontró su rosa color carmín.
Caminó hasta donde estaba la flor, cuando la tomó escuchó una risa cerca de él. Mary había tomado la rosa de Uraraka, pero la joven no estaba en ningún lado.
—¡Eso es de Ochako! — Exclamó Bakugou, cuando Mary se dio cuenta de que no estaba sola, sonrió.
—¡No, es mía porque yo la encontré! — Respondió Mary haciendo un puchero, como niña berrinchuda. Katsuki chistó la lengua.
—Mocosa… — Gruñó, en el fondo con un poco de miedo, después de todo la rubia tenía la vida de su novia en sus manos, literalmente.
—Pero… tal vez si quieres intercambiar… — Dice, jugando con el tallo de la flor rosa entre sus dedos. Esto hizo temblar a Katsuki, lo único que puede intercambiar era otra rosa.
Pero no puede.
No quiere morir…
Mary necesitaba salir de ahí, y si debía jugar con una flor (aplastar, deshojar, o simplemente dejarla marchitar) le gustaría que fuera una de color rojo.
Porque las rosas rojas le recuerdan tanto a Ib.
Ojos azules observan la rosa de Katsuki, expectantes, al final… ¿Qué elegirá?
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XVII.
Las lágrimas bajaban de sus ojos. No sabe que está pasando o porqué no puede encontrar su maldita rosa. Tan rápido como despertó al fondo de la caja de juguete, se dio cuenta de que no tenía su rosa. Eso la aterró, por eso empezó a buscarla, incluso buscó entre esos juguetes extraños. Nada.
No quería morir. Quería entrar a la Universidad, en un mes era el examen de admisión, y llevaba muchos meses estudiando para eso. Quería ir al viaje de graduación con sus mejores amigos, quiere ver a las chicas intentando coquetear con Todoroki sin éxito, ver a Deku-kun llorando ebrio diciendo que los extrañará, solo porque Kaminari le diera una sola cerveza, quiere los regaños de Iida por los problemas que provocó el grupo, y quiere probarse muchos vestidos para la fiesta con Tsuyu. Pero sobre todo, quiere vivir una vida feliz con Katsuki, ahora y en el futuro.
¿Por qué Mary buscaba quitarle todo eso?
Impotente. Lo único que pudo hacer fue cubrir sus manos en el rostro, mientras lloraba sentada en sus rodillas.
—¿Ochako? — Uraraka escuchó la voz de su novio.
—Lo siento, Katsuki — Murmuró la castaña, — No voy a salir de aquí — hipeó.
Pero a diferencia de lo que esperaba, el rubio se sentó a su lado. — Oye, quiero hablar contigo — Dice, Ochako bajo las manos, viendo al otro pero evitando sus ojos.
No podía. Se sentía estúpida por tener que morir así.
Se sentía patética.
—Perdona — Siguió Katsuki, cosa que sorprendió a la chica — Todo es mi culpa —.
—¿Qué? — Lo dicho por Bakugou la confundió.
—Es que no puedo evitar pensar que, si estuviéramos juntos, ninguno de los dos hubiéramos sido adsorbidos por ese cuadro — Explicó.
—No Katsuki, esto no es tu culpa — Afirmó la castaña, poniendo una mano en el hombro del chico, él temblaba.
Con miedo.
—Te dije muchas cosas hirientes — Continuó Katsuki. Fueron tantas palabras que salieron sin querer, sin sentirlas, que le avergonzaba su actitud.
—Está bien, te conozco, y yo también tengo mi temperamento así que también te dije cosas que no sentía — Aseguró. Siquiera recuerda todo lo qur se gritaron, y desde que se encontró en ese lugar, cualquiera frivolidad como esa quedó en segundo plano, salir era la prioridad, después de hacerlo se podrían reconciliar.
Solo vivos podrían hacerlo.
Pero…
Ochako sabe que no saldrá con vida.
— Cara de ángel — La nombró con aquel sobrenombre cariñoso, sin embargo no quiso verlo a los ojos — Por favor, deja de decir que no saldrás con vida de aquí — Y solo entonces, Ochako se dio cuenta de la flor que tenía entre sus dedos, color rosa pálido — Promételo, debes vivir — Fue lo último que le dijo.
—¿Eh? — Sentía que su novio la bombardeo con tanta información que le fue imposible procesarlo. Justo cuando iba a preguntar por la razón de esas palabras, Katsuki jaló a Ochako para besarla.
Fue un beso salvaje, desesperado. El rubio llevó una mano a la nuca de la chica y la otra a la cintura evitando que Ochako se separe. Con el paso de los segundos, el ritmo marcado por el chico disminuyó, se separó para decir dos palabras que no recuerda haber escuchado antes y después cayó muerto en el piso.
"Te amo"
No.
No.
No.
¡No!
¡NO!
—¡Katsuki! — Ochako gritó su nombre entre lágrimas, aterrorizada, desesperada. Una vez, dos, tres, diez… No funcionó.
Katsuki yacía muerto justo frente a ella.
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XVIII.
Le dolía la garganta de tanto gritar.
De sus ojos bajaban dos caminos de lágrimas, justo ahora estaba más tranquila, pero no por eso estaba menos triste o esto le resultaba menos doloroso.
Debes vivir…
Decidió buscar en los bolsillos, tal vez encontraría algo que le ayudará contra Mary. Tenía un tríptico de la exposición, de los que uno podía tomar en la entrada, tenía su cartera y un encendedor, Katsuki casi no fumaba, de hecho no encontró cigarros, pero sabe que a veces su grupo lo hacía y de vez en cuando lo hace también.
Cosa rara de alguien que se iba a dormir a las 8:00 de la noche.
Y como pensó, no poseía esa rosa roja que guardaba tan celosamente cuando se reencontraron antes de encontrarse con Mary.
Agarró todo lo que tenía entre sus ropas y luego se alejó.
Estaba enfadada.
Y su ira aumento al ver en el camino los restos de una flor de pétalos rojos. La rosa fue deshojada y varios pétalos yacían aplastados, como si hubieran sido pisados
Mary no era humana y había matado a Katsuki.
Definitivamente, Mary iba a pagar.
Más allá de la escena del crimen de la vida pisoteada vio la entrada de otra habitación, la puerta de enredaderas, espinas y flores amarillas le dijeron que ahí algo se custodiaba con mucho cuidado.
Se pregunta que es eso que Mary no quería que ellos vieran.
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XIX.
—¡¿Qué haces aquí?! — Grita Mary llegando a la habitación de paredes rosa y llena de juguetes. Frente a la puerta, en la pared opuesta, había una pintura rota, era como si algo hubiera surgido de esta.
La pintura de la cual había aparecido Mary.
—¿Por qué? — Fue apenas un murmullo, pero la rubia había escuchado.
—Dos personas entraron, solo dos personas pueden salir — Explicó, — Supongo que Katsuki pudo comprenderlo, por eso aceptó darme su rosa a cambio de la tuya — Ochako se sorprendió — al final… No era tan mala persona como creí — Sonrió.
Eso fue lo suficiente, para romper la mente de la castaña.
Dos caminos salado cayeron de sus ojos, Uraraka nunca ha pensado en la venganza como una opción útil. Pero Mary le había quitado una parte de ella, de su corazón. Estaba tan enojada y dolorida qué bien pudo quemar toda la galería.
Pero no, solo sacó el encendedor de Katsuki y quemó el cuadro de Mary, sin darle tiempo a la rubia para actuar. La pintura empezó a consumirse en el fuego a gran velocidad, y los gritos agónicos de Mary tampoco se hicieron esperar, mientras su cuerpo también ardía hasta las cenizas.
¡Oh pobre, pobre Mary!
Después de todo, lo único que deseaba la pequeña era… Existir como ser humano.
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XX.
Se sentía desubicada.
Tenía un sentimiento de ansiedad e incluso miedo. Ochako miró a su alrededor, pero nadie la veía a ella. Tal vez estaba un poco paranoica, pero sentía que acababa de tener la experiencia más desagradable y extraña de su vida.
Lo mejor sería irse a casa con…
Con…
Tenía la sensación de que había llegado con alguien.
Pero era raro, no podía recordarlo.
Caminó por la exposición, con esa sensación latente, palpitante dentro de ella. No se detuvo sino hasta que algo atrapó su atención. Una pintura de un adolescente dormido, atrapado en un rosal de flores rojas, entre las espinas.
El sueño eterno
Por alguna razón, se sintió abrumada.
Involuntariamente, empezó a llorar. Se acercó al cuadro y tocó suavemente la pintura, gentilmente, en su boca bailando una sola palabra.
Katsuki
Entonces empezó a llorar más fuerte, sin importar que todos la vieran.
A Ochako no le importaba.
Katsuki se había quedado atrapado en aquel limbo entre lo real y lo que no lo era.
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Fin.
