CAPITULO 1
Octubre 2015
El cielo estaba adornado por unas cuantas estrellas que se distinguían como pequeñas luciérnagas y la luna emitía una luz tan tenue que, si no fuera por la luminaria muggle, no se avistaría nada en el pueblo a las orillas de Escocia, dejando los lugares más solitarios con tan poca luz que cualquiera se plantearía varias veces antes de abandonar la seguridad y calor de sus hogares. En lo más alejado del pueblo, cerca del bosque, había un lugar que cualquiera definiría como basurero, pues se encontraba repleto con cosas que ya no eran de utilidad, desde autos hasta aparatos eléctricos y baterías. Lo curioso es que nadie nunca en el pueblo recordaba haber empezado a deshacerse de sus objetos en ese lugar, y tampoco es que hayan investigado alguna vez cómo comenzó ese basurero. A pesar de que esos lugares en cualquier otro sitio serían utilizados por alguna banda o acto ilegal, ahí la gente se limitaba a pasar deprisa sin reparar siquiera en el resto de objetos que había alrededor. Unos decían que había animales salvajes por estar tan cerca del bosque, pero lo cierto es que había algo que hacía huir despavorido a cualquiera sin saber bien por qué. Sin embargo, para ojos mágicos, era muy obvia la casa de aspecto desvencijado rodeada de plantas que cambiaban de lugar arrastrándose con sus nudosas raíces. Una figura apareció en la espesura del bosque con un ligero crack que apenas asustó a una liebre y se dirigió con paso seguro a la casa sin voltear a otro lado. Esquivó a unas cuantas plantas que cruzaban por su camino y entró sin percibir nada extraño a como lo había dejado unos días atrás. Apuntó a la chimenea con su varita y el fuego iluminó los muebles cercanos, dejando ver unos sillones algo gastados y una alfombra polvorienta. Dejó la varita en la mesa junto a la puerta y se quitó la capa de viaje, colocándola en un gancho en la pared para acercarse a la chimenea y calentarse un poco. A lo lejos se escuchaba el aullido de algún lobo y el crujir de las hojas de las plantas móviles al desplazarse por la tierra, pero dentro de la casa, sólo el crepitar ligero de las llamas de la chimenea daban señal de que algo ahí se moviera. La quietud en la que se encontraba, no duraría por mucho.
- Me parece que este viaje ha durado más que los anteriores - dijo una voz masculina. El mago se sobresaltó de inmediato y buscó con prisa la varita que había dejado en la mesa hacía unos segundos. La varita ya no estaba - Un buen mago jamás deja su varita lejos.
Con la luz del fuego distinguió una silueta en el fondo del recibidor, cerca de la ventana, sentado en una silla. Con urgencia recorrió la sala en busca de una salida, o su varita tirada, pero su mente quedó en blanco momentáneamente por la sorpresa. El hombre permaneció inmóvil por un momento y después se inclinó hacia adelante en su silla para que pudiera verlo con la poca luz que se colaba por la ventana.
- Siempre has sido un entrometido - dijo el mago con los dientes apretados al reconocer al sujeto - Te crees intocable, ¿No? Te aseguro que no será por mucho - aunque trató de sonar amenazante, su voz salió menos segura de lo imaginado, estaba en evidente desventaja y sintió una rabia en el estómago al verse acorralado precisamente por él.
- Y no podrás presenciarlo en todo caso - por otro lado, la voz de su interlocutor era segura y confiada, de sobra sabía que hasta ese momento tenía toda la ventaja - Has estado mucho tiempo lejos de Azkaban, Dolohov - él alzó la cabeza, altivo, si ya no tendría salida, al menos se mantendría firme - Ojalá hayas disfrutado este tiempo libre, pero temo que se ha terminado - se puso de pie y por instinto, Dolohov intentó correr aunque sabía que era en vano, pero antes de que pudiera llegar a la puerta, sus piernas se pusieron rígidas y cayó estrepitosamente contra el húmedo piso - ¿A dónde pensabas ir de todos modos?
Trató de mover sus piernas, pero resultó inútil, sólo pudo acomodar los brazos lo suficiente para mover su rostro en dirección al hombre que se acercaba. Con más luz, pudo distinguirlo por completo. Su capa oscura portaba el símbolo emblemático del Departamento de Seguridad Mágica y la insignia que lo distinguía como auror de máximo rango acompañada de la correspondiente al jefe de la oficina de aurores. Se puso de cuclillas junto a él y con repudio reconoció que la cicatriz en la frente era lo único que compartía con aquel mocoso de hacía años, por lo demás, ante él tenía a un hombre joven con porte de alguien experimentado. Una cicatriz en la mejilla acompañaba a la de la frente y sus ojos verdes reflejaban seguridad. Y lo detestó más.
- Tu casa está rodeada, supuse que alguien con tu experiencia sería más precavido.
- No has cambiado, Potter, valiéndote de alguien más para hacer por ti algo que no eres capaz - escupió con rabia las palabras - Dame mi varita y enfréntame, sin atajos, sin preocuparte por mostrarme tu máxima capacidad, que no te limite tu cargo. Demuestra que ya no eres un niño asustado y que no temes hacer lo que realmente quieres – tal vez, si lograba retarlo…
El auror lo escuchó con atención y guardó silencio, como si estuviera analizando la situación. Después levantó la varita dejándola en vertical y unas chispas rojas salieron de ella, perdiéndose en el techo sin hacer el mínimo ruido.
- No tengo que demostrarte nada, Dolohov - lo dijo con calma al tiempo que se ponía de pie y lo miró con desprecio sin perder la compostura, y por momentos se notaba ausente, como si estuviera atrapado en los recuerdos. Por sus ojos pasó una sombra que sin duda correspondía a la tentación de lanzarle otro tipo de maleficio y causar daño - Yo sé quién soy y, sobre todo, sé lo que has hecho, y no sólo bajo las órdenes de Voldemort, si no ahora, sigues asesinando, así que si no te mato es porque no quiero que te pierdas de la agonía de estar en Azkaban - a pesar de la rabia, su voz se mantenía impasible.
- ¿Matarme dices? No tienes las agallas, niño, sigues siendo cobarde - comenzó a reír con algo de trabajo por la postura. Sabía que su libertad había terminado, así que no tenía nada más que perder al retar a su oponente - A pesar del uniforme y el cargo que ahora tienes, sigues siendo un niño asustado.
- Tú no te mereces la muerte.
La puerta se abrió de golpe antes de que pudieran decir algo más y por ella entraron tres personas con la misma capa que el primero y con varita en mano. Dolohov reconoció a uno de ellos y lo miró desafiante, tratando de demostrar que, de los recién llegados, él en específico, no le resultaba intimidante. El pelirrojo no apartó la mirada.
- ¿Se te puso difícil? - preguntó a su superior sin apartar los ojos azules de él.
- En absoluto, pero me pareció que desde ahí tiene mejor vista - los otros dos desconocidos lo tomaron de los brazos y le pusieron algo en las muñecas, tal vez un hechizo o algo físico, pero sentía mucha presión en ellas- Démonos prisa y tal vez podrías alcanzar algo de ese concierto, Edwards - con un movimiento de varita le quitó el hechizo inmovilizador para que pudieran ponerlo de pie.
- Debí pedir mis malditas vacaciones - protestó una voz de mujer - No prometo ser amable en lo que resta de la noche.
- Todos afuera, haremos aparición grupal.
Al cabo de unos minutos, el silencio volvió a reinar dentro de la casa, y de no ser por una planta que tropezó al cambiar de lugar, todo lo demás permaneció sin el menor cambio.
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Era domingo, y el sol apenas comenzaba a asomarse cuando una lechuza parda llegó a la ventana cerrada. Empezó a picotear el cristal para poder entregar el sobre amarillento que llevaba, pero las personas dentro del cuarto dormían profundamente. Lo intentó con esmero en repetidas ocasiones hasta que una de ellas se movió.
Harry abrió un ojo con mucha dificultad ante el ruido en la ventana. Al percibir que era tan temprano volvió a cerrarlo para mandar maldiciones a la distancia por haberlo despertado a horas inapropiadas. La lechuza no iba a darse por vencida, así que con resignación se levantó arrastrando los pies hasta la ventana.
- Les dices que hubieran esperado 5 minutos más - le dijo a la lechuza cuando abrió la ventana, como si el emplumado lo entendiera. Con manos torpes le retiró la carta con el sello del Ministerio y al instante el ave emprendió el vuelo. Cerró la ventana y se recargó en ella, sintiéndose más dormido que despierto y con envidia miró hacía la cama donde una cabellera de rojo encendido se esparcía desordenadamente a lo ancho de las sábanas sin haber notado el ruido anterior. Deseó tener el sueño tan pesado como ella. Se talló los ojos y se puso los lentes, dispuesto a leer la carta que había interrumpido su sueño. Era un aviso de la sentencia de Dolohov, a quien había capturado una semana atrás, aunque prácticamente su sentencia fue directa, quedaban un par de cabos sueltos por lo que la investigación seguía. Harry fue despertando conforme leía, pues, aunque ahí aseguraba que había asumido la responsabilidad de otros actos de magia oscura, a Harry le parecía que algo se les estaba escapando, había resultado demasiado fácil. Con la mente trabajando al cien, le resultó imposible regresar a la cama, así que tomó su varita del buró y salió de la habitación sin hacer ruido para no perturbar el sueño de Ginny. Todavía iba releyendo la carta al bajar las escaleras cuando Padfoot se acercó hasta él, moviendo la cola con emoción al saludar a su dueño. Harry lo saludó, lo acarició detrás de las orejas un momento y siguió su recorrido hasta la cocina para abrirle la puerta. Guardó la carta en el bolsillo de su pantalón de pijama y sin prestar atención, comenzó a preparar el desayuno, a pesar de que era muy temprano y su familia tardaría más en bajar. Debía escribirle a Ron y hablar del asunto, aunque sabía la postura de su amigo sobre el caso Dolohov, al igual que los demás, creía que Harry no se conformaba con un caso sencillo y era por eso que siempre quería encontrar una historia más profunda de la verdadera, pero él mismo había confiado en sus corazonadas varias ocasiones atrás y habían resultado ciertas, por lo que temía que esta no fuera diferente. Hacía algunos meses habían comenzado a aparecer rastros de magia oscura en diferentes puntos de Gran Bretaña, muy alejados entre sí y no sólo eso, sino que había desapariciones, tanto de muggles como de magos. No es que fueran casos que alertaran a la gente, pero tenían que investigar a fondo el origen y así es como siguiendo pistas llegaron a Dolohov, un famoso ex mortífago que había logrado escapar después de la batalla de Hogwarts hacía 17 años. Resultaba lógico que él fuera el responsable absoluto, incluso en su declaración así lo aceptaba, pero si fuera el caso, no se hubiera dejado capturar tan fácilmente, debía tener vías de escape o bien pudo haber cubierto su rastro con más éxito, después de todo era uno de los principales ayudantes de Voldemort, y de sobra sabía que no cualquiera pertenecía a su círculo más fiel. La magia oscura deja huellas, siempre, y Harry había percibido esas marcas tantas veces hace años, que podía identificarla con más facilidad que cualquiera, y por lo mismo le resultaba extraño que no hubieran realizado algo así en lugares más escondidos o que al menos hubieran intentado tapar el rastro, aunque hubiera resultado inútil al final. Era como si dejaran esos rastros expuestos con un fin que para su desgracia no se imaginaba ni él ni su equipo o el Departamento de Seguridad. Ron alegó que simplemente era porque Dolohov había dejado atrás la astucia que una vez lo caracterizó y que ya no era tan brillante, por eso las huellas a plena vista, y por desgracia Harry no pudo objetar nada en ese punto (sobre la inteligencia del ex mortífago) aunque tampoco estaba convencido.
- ¿Qué es lo que te preocupa? - unos delgados brazos lo rodearon por la espalda y sintió el calor de la mejilla de Ginny a través de su camiseta de pijama. Ese contacto lo hizo regresar a tierra y percatarse de que había estado removiendo su café en la taza tanto tiempo que hasta se había enfriado ya - ¿Sucede algo?
- No, nada - puso una mano sobre las de ella y volteó un poco para verla - Estoy pensando en el último caso, es todo - le sonrió para tranquilizarla.
- Debe ser algo serio para que te manden correspondencia tan temprano en domingo.
- Pensé que no te habías despertado, lo siento - se disponía a darle un sorbo a su café, pero Ginny se lo quitó y se separó de él para poder tomar.
- No desperté por eso, sólo distinguí el sello del Ministerio que asoma en tu bolsillo - señaló la carta y se puso frente a él para poder mirarlo mejor.
- Sí, es el último informe, y prácticamente lo toman como un caso cerrado...- sonó inconforme y negó con la cabeza.
- Pero - lo incitó ella a continuar - Hay algo más, ¿no?
- No lo sé - y así era, no tenía pruebas ni algo más que contradijera al resto, y como decía su superior "no puedes basar alguna investigación con base a presentimientos ni corazonadas".
- ¿Quieres contarme? - sugirió Ginny, mirándolo con las cejas alzadas. Harry le sonrió y negó con la cabeza.
- Sabes que no puedo - y así era, el Departamento de Seguridad era muy estricto con las reglas de compartir información con gente ajena al departamento, y aunque de vez en cuando le contaba las generalidades, no era nada relevante, mayormente eran sólo quejas.
- Y tú sabes que en casa no se trae trabajo- lo miró con desaprobación - Así que quita esa cara de angustia que los niños se darán cuenta - pasó un dedo por su frente como si quisiera alisar su ceño.
- Sí, lo siento - tomó el café que Ginny tenía en las manos y sin que ella lo soltara le dio unos sorbos, estaba frío pero la mañana ya no estaba tan fresca - ¿Siguen durmiendo?
- Sí, pero no sé por cuánto más, ya sabes que cuando Lily se entusiasma con algo no duerme mucho tiempo - para ese día habían acordado ir a un zoológico en Londres muggle y los niños estaban más que emocionados - Debería ir a darme una ducha a ver si recupero energías, aunque también tengo hambre ya - bostezó y se pasó las manos por el cabello despeinado.
- ¿Una ducha dices? - Harry dejó la taza de café en la barra de la cocina y miró a su esposa, logrando alejar al fin el caso Dolohov. Ginny tenía el cabello bastante revuelto y llevaba su pijama oficial de las Holyhead Harpies que consistía en un pantalón y una camiseta con manga corta que había resultado su favorita en mucho tiempo desde que George le había regalado un camisón gigante con la cara de Harry que guiñaba un ojo cada tanto (que Harry odiaba, por cierto). Ella alzó las cejas, adivinando sus intenciones. Los últimos días había llegado bastante tarde, cuando Ginny y los niños ya dormían.
- Pero también tengo hambre - medio se lamentó.
- Ahora yo también - Harry se acercó peligrosamente a ella, dándole un beso, y cuando Ginny estaba a punto de ceder, una vocecita irrumpió en la cocina.
- Papi, ¿Ya nos vamos? - Harry dejó caer la cabeza en el hombro de Ginny, rendido. De no ser porque adoraba a esa mini copia de su esposa y a los otros dos torbellinos del piso de arriba, los hubiera dejado encerrados en sus habitaciones un poco más - ¿Estás llorando? - Ginny río y lo apartó de ella para acercarse a su hija.
- Sí amor, papi llora de pura emoción - saludó a su hija dándole un beso en la coronilla - Lo dejo con buena compañía, señor Potter, voy a darme un baño - escuchó sus pasos alejarse.
- Buenos días Lils, ven aquí - la pequeña de 7 años se acercó hasta él, con su rojo cabello enmarañado, para darle un abrazo - ¿Me vas a ayudar a terminar el desayuno?
- Sí, huele muy rico, ya me dio hambre - la ayudó a sentarse en uno de los bancos altos - ¿Puedo ir tomando mi leche mientras?
En el tiempo en que Harry terminó con el desayuno, Lily lo había bombardeado con montones de preguntas sobre el zoológico y sobre por qué los muggles no tenían permitido tener puffskeins o kneazles. Aunque iban a lugares muggles con mucha frecuencia porque ahí podían pasar inadvertidos, todavía había cosas que les costaba entender. Y como si la explicación de su padre no le bastara, Lily aseguró que le preguntaría a su tío Dudley si de verdad nunca había tenido un crup en la vida la próxima vez que lo viera.
El desayuno fue devorado igual de rápido a como fue preparado, pues en cuanto James, Albus y Ginny (bañada y cambiada) bajaron, la comida fue el centro de atención. Una vez que los trastes estuvieron limpios y acomodados, que Padfoot estuvo conforme con su dosis de caricias de cada uno, Arnold fue alimentado y aseado y que los cinco estaban cambiados y peinados (Harry y Albus podían pasar esa regla), emprendieron su pequeño viaje al zoológico.
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- No hay nada más oculto, Harry - le dijo Ron por décima vez esa noche, en los pocos minutos que llevaban hablando por la chimenea - Sólo es idiota y ya - escuchó a lo lejos la voz de Hermione reprendiéndolo por el vocabulario inapropiado delante de los niños - Además el mismo lo aceptó, su varita fue analizada y todo lo demás - hizo un ademán con la mano como si siguiera un discurso, pues no debían hablar de asuntos oficiales fuera del Departamento - Y que dirigió a los anteriores que cayeron hace meses así que déjalo por la paz y alégrate, otro caso cerrado, debemos celebrar y compensar a Edwards porque sigue odiándote por ese concierto.
Harry no dijo nada más, no tenía caso seguir alegando por algo que al parecer sólo él veía. Se despidió de sus amigos y se quedó sentado en la alfombra de la sala, viendo el fuego de la chimenea. Ron debía tener razón, ya no tenía que pensar tanto las cosas.
- ¿Quieres leer mi nota aburrida para que despejes la mente? - Ginny se sentó junto a él y apoyó la cabeza en su hombro, doblando las piernas.
-Tus notas no son aburridas, tienen tu toque, así que jamás lo son - Ginny llevaba dos años de reportera de deportes en el Profeta y antes había estado en una prensa más pequeña, pero le iba bien y le gustaba. Después de que Lily cumplió tres años, había tomado la decisión de dejar el quidditch definitivamente, pues aunque entre Harry y ella se las arreglaban para ver por los niños (y varias intervenciones de Molly y toda la ayuda de Kreacher), sentía que ya se había alejado bastante de casa y que ya se había sentido muy realizada con los máximos logros en el deporte - Adoro cuando haces chistes sobre tu propio equipo.
- Sí bueno, alguien debe ponerle algo de emoción ahora que ya no estoy ahí - dijo con un poco de alarde.
- ¿Ya no extrañas jugar? - le preguntó luego de una pausa, y es que acostumbraba preguntarle eso, como si un día ella fuera a cambiar de opinión.
- Pues… - suspiró con nostalgia - A veces, pero no todo era tan bueno, y ya no quería los reflectores sobre mí, ya suficiente tenemos contigo. Además, sigo en el medio, esto del reportaje me gusta más de lo esperado y los niños están creciendo tan rápido que quiero tener más tiempo con ellos.
- Sí, esa parte la vale en absoluto - hace algunos años, a Harry le habían ofrecido un puesto en el Ministerio de Estados Unidos, un alto rango en el Departamento de Seguridad y Misterio, pero lo había rechazado. Lily estaba por nacer y sus hijos estaban muy pequeños, no podía hacerles eso, y llevárselos tampoco era una opción, toda su vida estaba en Inglaterra. A pesar de que en sus primeros años de auror se les asignaban muchos deberes (más que misiones en realidad) y contaba con muy poco tiempo libre, conforme fue adquiriendo experiencia se le asignaban casos de campo y no tan tediosos como resguardar el transporte de algún preso de Azkaban y no tan complicados como le resultaron los cursos en la Academia. Los años que pasó siendo perseguido por Voldemort y enfrentarse a la magia oscura en ese entonces le dieron la suficiente experiencia para poder tener un gran desempeño en las misiones en las que era asignado, subiendo de a poco hasta que finalmente a los 26 lo había nombrado director de la Oficina de Aurores, por lo que aunque detestaba el trabajo de escritorio y el papeleo, le permitía tener más tiempo y sólo acudía a misiones muy específicas, como la de Dolohov.
- En un año James entra a Hogwarts, siento que están acelerando el tiempo, apenas ayer aprendía a caminar - dijo Ginny con nostalgia y se dejó caer hacia atrás en la alfombra.
- Y presiento que recibiremos muchas lechuzas por parte de McGonagall desde primer año - Harry la imitó y se acostó junto a ella - Lo bueno es que Teddy ya me ha preparado para eso - lo cierto es que su ahijado había sacado el don de hacer travesuras como su madre y Harry solicitó que las quejas fueran enviadas directamente a él, pues no quería causarle ningún disgusto a Andrómeda.
- Y que McGonagall ya ha tenido a otros Potter en el colegio, ya sabe a qué enfrentarse.
- Y a bastantes Weasleys también - podía decirse que James y Lily habían sacado más de Ginny que de él, tenían esa misma chispa en los ojos y siempre estaban llenos de energía, mientras que Albus era como Harry tanto físicamente como en su forma de ser, más retraído y callado que sus hermanos, pero cuando los tres estaban juntos eran una bomba, sin mencionar cuando Teddy se les unía, que a pesar de ser muchos años mayor, se acoplaba a la perfección con ellos.
- ¿Recuerdas la adrenalina que te recorre la primera vez que vas a Hogwarts? Estaba tan nerviosa… bueno, creo que todo mi primer año me la pasé nerviosa, era tan callada y tímida.
- No tan tímida como para escribir un poema - la molestó, ganándose un codazo en las costillas.
- Sé que nunca lo admitirás, pero yo sé que desde ese poema, tan bello por cierto, caíste a mis pies - siempre que podía sacaba a colación el poema que Ginny le escribió en San Valentín a los 12 y aunque ella fingía molestarse, sabía que adoraba ese pequeño guiño del pasado tanto como él.
- No estoy muy seguro si fue por el poema o por la tarjeta que me regalaste un año después - aunque sus sentimientos por Ginny despertaron hasta los 16, agradeció haber sido lo suficiente vago para no limpiar su baúl del colegio y encontrar esa tarjeta años después.
- Búrlate todo lo que quieras, por eso nunca te escribí una carta de amor.
- Todavía puedes hacerla.
- Te llegan suficientes al año, no creo que necesites una más.
Alegaron un rato más sobre sus años en Hogwarts ahí tirados en la alfombra, y Harry la observó detenidamente mientras Ginny contaba con entusiasmo alguna broma que hizo con Fred y George en las mazmorras. En momentos como ese agradecía con todas sus fuerzas estar vivo y poder compartir esa vida con ella. Después de la caída de Voldemort, le costó mucho trabajo salir adelante, por un tiempo se alejó de todos, incluso de Ron y Hermione, pero al cabo de meses salió a flote. En esa época llevó un trato cordial con Ginny solamente, pues cuando él estaba aceptando sentirse en la miseria, Ginny ya estaba renovada, llena de energía y determinada a conseguir un lugar con las Holyhead Harpies. Supo entonces que no la merecía. Pero el tiempo pasó, casi sin notarlo volvieron a acercarse, y aunque eran buenos amigos, ambos sabían que sus sentimientos no correspondían únicamente a una amistad y tras poner las cartas sobre la mesa, cedieron a lo inevitable. Aunque no todo fue viento en popa, su relación era sólida y ayudaba a que mantuvieran los pies en la tierra en sus carreras en ascenso. A Molly casi le da un colapso cuando al fin habían decidido casarse, como si llevaran años juntos, pero lo cierto era que esa boda era la más esperada por los Weasley - y por el resto en general -. Lo que nadie más sabía, aparte de ellos dos, es que la tan esperada boda estuvo a punto de ser cancelada unas semanas antes, cuando Harry fue amenazado directamente en una misión, y eso no resultaba nada nuevo ni original, pero en esa ocasión en específico habían señalado dañar a alguien importante para él. Pudo referirse a Ron tal vez, o a Hermione, o a cualquier miembro de la familia Weasley, pues todos sabían que era su familia, pero la idea de que esa amenaza fuera dirigida a Ginny lo hizo sentir algo similar a un crucio. Había tenido muchas pérdidas en lo que llevaba de vida, pero muy aparte de él, no podía destinar a un final fatal a nadie más, menos a un Weasley, suficiente peligro había corrido esa familia por su culpa y no quería arrebatarles otra vida. Esa vez, discutieron como nunca, y Ginny le dejó claro que ella no iba a rogarle ni a estar esperando a que se decidiera a dejar a un lado su complejo de héroe para ver si estaba dispuesto a compartir su vida con ella, con todo lo que eso implicaba. Si alguien podía hacer que se sintiera un completo imbécil en un segundo, sin duda era ella. Con la llegada de James, casi enloquece de felicidad, pues no era un secreto -para los más cercanos- que él siempre había deseado formar una familia, y a pesar de que a Teddy siempre lo había considerado como su hijo, no podía tenerlo todo el tiempo con él y la custodia la tenía Andrómeda. Su familia fue creciendo, no sólo con Albus y Lily (y Padfoot por supuesto), sino con los Weasley, tenía más sobrinos de lo que pudo imaginar, y tenía una buena relación con cada uno de ellos, sobre todo con los hijos de sus mejores amigos. La vida le había concedido tanto, que todavía le costaba trabajo creerlo.
- ...tardaron como un mes para lograr el silencio total al fin, fue de las mejores bromas en las que participé - terminó Ginny, riendo.
Harry rio con ella, pero una de las palabras que ella dijo le hizo eco.
- ¿Silencio? ¿No te parece que todo está muy silencioso?
Los niños estaban arriba, encantados con un juego de mesa muggle, pero la calma era demasiado sospechosa. Los dos se miraron con terror y se levantaron a la par, corriendo al piso superior imaginando el peor panorama.
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HARRY POTTER, NUEVO JEFE DEL DEPARTAMENTO DE SEGURIDAD MAGICA
Como si haber sido nombrado Jefe de la Oficina de Aurores a la corta edad de 26 años no hubiera sido suficiente, el famoso y posiblemente sobrevalorado Harry Potter ahora es condecorado con un nuevo puesto tras haber resultado victorioso en una investigación secreta que llevaba abierta desde hacía un tiempo. No se saben más detalles de esta aclamada misión de seguridad que estuvo a cargo de Potter, pues todo ocurre bajo el más estricto control y misterio en ese Departamento, pero creo que al menos el público se merece una mejor respuesta que "La seguridad mágica está en nuestras manos, y si no se sabe al respecto, es porque hacemos bien nuestro trabajo", como siempre responde el auror a cargo. Así que no nos culpen si nos queda la duda de la supuesta audacia de Potter y si su nuevo nombramiento es meritorio o simplemente lo sentaron ahí por su proeza pasada o por ser el mejor amigo de una alta funcionaria del Ministerio, Hermione Granger. No demerito su papel en la caída de Quién-ustedes-saben, pero han pasado años, y no ha mostrado nada fuera de lo común que cualquiera de los aurores del Ministerio y hay otros más capacitados o con más experiencia para el puesto, pero entiendo la parte en que la gente cree sentirse más segura con un auror de renombre como jefe de Seguridad Mágica, y más si se apellida Potter. El tan esperado nombramiento se llevó a cabo la noche de ayer en uno de los salones de eventos del Ministerio y acudieron los altos mandos y los no tan altos como gente de la Academia de Aurores en apoyo a su ex jefe Potter. A pesar de que también se hicieron otros nombramientos, como el de Kenner Anderson justo como el jefe de la Oficina de Aurores y André Watson como Subdirector del Departamento (página 6), el que sin duda sale a relucir entre todos, es el de Potter, el cual acudió acompañado de su esposa Ginevra (tal vez quieran seguir un poco el cuento del matrimonio feliz antes del inminente divorcio) y su ahijado Edward (con un extravagante tono de pelo debo añadir), pero sus hijos brillaron por su ausencia, no sabemos si fue porque era un evento demasiado formal para unos niños o porque Potter quiere mantenerlos lejos del reflector (como si fuera posible). Tras ser nombrado por el mismísimo ministro Shakebolt, Potter dirigió unas muy breves palabras y en resumen se comprometió a cumplir con su deber (un discurso muy digerido ya), pero sabemos que nunca ha sido de mucho verbo. El resto de la noche pasó sin pena ni gloria para los asistentes y el evento concluyó a altas horas de la noche. Ahora sólo queda esperar que Potter cumpla con la nueva responsabilidad que carga sobre sus hombros como lo hizo en este tiempo como jefe de aurores (varias fuentes lo aseguran). Y ya saben, queridos lectores, que el mínimo detalle lo haré saber de inmediato.
Para el Profeta, Rita Skeeter.
Harry dobló el periódico para no ver más a detalle la foto donde Kingsley le estrechaba la mano en el estrado. La nota de Skeeter no había sido tan venenosa como lo había imaginado, pero de todos modos no le hacía gracia que esa mujer siguiera persiguiendo una historia a sus costillas después de tantos años. Miró su oficina y estuvo tentado de salir corriendo, olvidarse por un momento de todo lo que implicaba ser el jefe y en general de todo. Era el primer día de noviembre, no había pasado una buena noche, como cada año desde que tenía 17, tener presente el día en que sus padres…
- No estuvo tan mal, ¿no? Aparte del hecho de que le urge tu divorcio – Ron entró a su nueva oficina, señalando el periódico en su mano. Desde hacía unos meses, Rita resaltaba en sus notas una posible ruptura entre Ginny y él desde que se había presentado al mundial de quidditch con su nueva y reluciente cicatriz en la mejilla e insinuó entre líneas que su esposa lo había agredido - Al menos su atención en ti ayudó a que no viera cuando derramé sin querer algo de bebida en la pulcra túnica de Malfoy - se encogió de hombros, sonriendo - Eso me costó algo caro con Hermione, aunque sé que en el fondo también le dió gracia.
- ¿Y Malfoy se quedó tranquilo? – Harry no entendía por qué entre Ron y Malfoy seguía habiendo ese desprecio tan infantil, y no es que con él fuera el gran amigo, pero había un mutuo respeto cuando llegaba a encontrarlo. Entendía que las acciones o comentarios más bien por parte de Malfoy hacía la familia de Ron y a Hermione fueron bastante ofensivas, pero después de la guerra Draco había cambiado, como todos, y no precisamente para ser un esponjoso puffskein, pero no había vuelto a meterse con ninguno de ellos.
- Astoria no permitió que hiciera nada al respecto, claro - le restó importancia - ¿Y qué tal el nuevo cargo? Algo le falta a tu oficina - miró alrededor al espacioso lugar que para el gusto de Harry era demasiado serio y lúgubre. Sólo había puesto una fotografía de su familia en el escritorio viendo hacia él, pues no le agradaba que la gente externa viera objetos personales.
- Aburrido hasta el momento, me han traído esta torre de papeles para que los revise y… en teoría lo estoy haciendo ahora, claro.
- Sí…- Ron miró a la torre como si se tratara de algo repugnante - No te envidio, jefe.
A Ron se le había ofrecido el puesto de director de la Academia de aurores, pero su amigo se negó. Aunque le gustaba estar al frente en la acción, la parte de delegar responsabilidades y organizar, no era lo suyo, y prefería conservar su lugar como auror de alto rango simplemente. Con eso se daba tiempo para ayudar a George con la tienda que seguía vendiendo tanto como recién abierta. Y aunque Harry se resistió al principio en ser jefe de aurores, esa parte le permitía tener ciertas libertades, tanto en tiempo como en el rumbo que podía tomar alguna misión, ya podía decidir él qué hacer y cómo hacerlo sin tener que pedir permiso, aunque de todos modos tenía que rendir cuentas al Departamento de Seguridad, pero como dicen, mejor pedir perdón que pedir permiso. Ahora como jefe del Departamento, de todos modos debía rendir cuentas ante funcionarios del Ministerio, entre ellos, a Hermione, así que realmente nunca se iba a librar de esa parte.
- De saber que esto iba a ser tan tedioso, me la pienso más - coincidió Harry, tomando el primer pergamino de la torre y abriéndolo con desgana - Qué tan importante en la seguridad es que un Diricawl haya sido visto en un gallinero - se pasó las manos por el pelo.
- Supongo que podrías delegar funciones en tu asistente.
- Sí, bueno, aún debo familiarizarme más con el trabajo aquí, aunque me siento como en clase de Historia de la Magia - se recargó en su silla con pesar.
- Hablando de Hogwarts, McGonagall nos ha enviado una invitación para asistir a una clase de Defensa Contra las Artes Oscuras para alumnos de EXTASIS dentro de dos semanas - Ron sacó un pergamino bastante arrugado de su bolsillo y se lo extendió. Harry leyó el pergamino reconociendo la pulcra caligrafía de la profesora - Me daba flojera, pero viendo tu nuevo trabajo creo que será algo renovador después de todo, o puedes quedarte aquí en tu silla, viendo papeles…
- Dile que sí, que mañana si quiere - bromeó Harry regresando el pergamino a su amigo - Me resultará bien ver a Teddy y saber cómo va en su último año.
- No lo acoses en sus terrenos, ya tiene 17.
- No es acoso, sólo quiero saber cómo va, no voy a decirle nada, a menos que sea necesario, claro - su ahijado había decidido involucrarse en las leyes mágicas al terminar Hogwarts, y a Harry lo llenó de orgullo, pues sabía que su ambición, era luchar por los derechos de los hombres lobo, aunque también había demostrado gran talento en DCAO, así que sería uno de los alumnos a los que le tocaría enseñar - Aunque en el último año no he recibido carta de McGonagall, así que eso es buena señal.
- O ya aprendió a evitar que las recibas - Harry lo miró con el ceño fruncido.
- Si me entero que has colaborado con eso…
- Tranquilo, fue una suposición - Ron levantó las manos, en defensa - Seguro es porque su comportamiento es intachable.
- Ya veremos… - todavía lo miraba con suspicacia. Que Teddy no fuera su hijo hacía que sintiera una responsabilidad extra con él, no quería defraudar a Tonks y Remus. - ¿Y qué me dices del caso Dolohov? - Ron se acomodó en su asiento, como llenándose de paciencia para tocar el tema que obsesionaba a su amigo.
- No hay nada nuevo, él no ha dicho gran cosa, lo que ya sabíamos.
- ¿Quién fue a interrogarlo esta vez?
- Logramos que Sanders tuviera entrada, pero no obtuvimos gran diferencia - Harry se pasó las manos por el pelo, comenzando a desesperarse - Edwards hubiera sido la mejor opción, pero está de vacaciones al fin.
El equipo de aurores de Harry estaba conformado por Jack Sanders, de unas cuantas generaciones abajo de Harry, pero era muy confiable con especial habilidad en transformaciones; Chloe Stevens, la más joven de todos pero con unos reflejos sorprendentes y sabía bastante de hechizos curativos de emergencia, lo que le venía muy bien al grupo; Adam Wembley, el mayor, con una mirada vivaz y el único de todos que sabía legeremancia y Stephanie Edwards, de las primeras que conocieron en la Academia y fue su compañera en bastantes cursos, de carácter rudo e intimidante cuando no la conoces pero la más confiable y eficiente, pero no salías ileso si se te ocurría llamarla por su nombre de pila, con todo y eso, era en la que Harry más confiaba. Todos eran aurores con experiencia y salvo Stevens, lideraban grupos de aurores en misiones particulares, igual que él y Ron, pero cuando se trataba de un caso especial, Harry sólo confiaba en ellos para acompañarlo, de ahí que los involucró en el caso de Dolohov. Desde antes de la guerra, la oficina de aurores tenía muy pocos miembros, pero con el paso del tiempo el número fue aumentando, y aunque seguían siendo pocos en comparación a otros departamentos, Harry tenía la confianza de que todos eran buenos elementos.
- Supongo que tendré que ir a darme una vuelta.
- ¿Qué te hace pensar que será diferente contigo?
- Somos viejos conocidos.
- Y no sé cómo puedes controlarte y no retorcer su cuello con tus propias manos - Harry sabía que Ron no se ofrecía a ir porque era tanto el desprecio que sentía por el sujeto que temía no poder controlarse.
- Sólo imagino que lo hago.
- Bueno, ahora como jefe, ¿quién te podría reclamar? - en cuanto lo dijo, los dos se quedaron mirando con complicidad.
- ¡Exacto! Ahora soy el jefe - se puso de pie y tomó su capa del respaldo de su asiento - No le digas a Hermione…
- ¡Feliz primer día, jefe del Departamento de Seguridad! - una cabellera castaña entró a la oficina como un torbellino y los dos dieron un respingo - Veo que ya estás instalado - se acercó al escritorio viendo alrededor y bastó un gesto sutil para saber que pensaba lo mismo del lugar que ellos dos - Pero creo que falta algo - dejó en el escritorio una placa negra con letras doradas donde resaltaba el título "Harry J. Potter. Seguridad Mágica".
- Unos globos le hubieran dado más vida a este lugar - intervino Ron intercambiando miradas con su amigo -Tal vez necesitas una visita de George.
- Falta que Harry le dé el toque, es todo - enarcó una ceja y se dirigió a la ventana, corriendo la polvorienta cortina y dejando que entrara un débil rayo de sol - Tal vez con un hechizo luminoso… o algo.
- Gracias por la placa, Hermione - Harry salió de detrás del escritorio y se recargó en él, junto al asiento de su amigo - Ya me ayudarán a revivir esta oficina.
- Sí, Travers no era precisamente alguien muy vivo - bromeó Ron sobre su antiguo jefe y Harry rió con él.
- No deberías estar aquí distrayendo a Harry, por cierto - Hermione miró de mala manera a su esposo, como si haberse reído de su ex jefe hubiera sido el detonante para que se fijara en su presencia - Ahora tiene muchas más responsabilidades y requiere todo el tiempo para concentrarse, ya podrán ponerse al corriente después.
- Pero si acabo de llegar, además estamos discutiendo sobre un caso - Hermione se arregló el largo saco de funcionaria del Ministerio.
- Espero que sea un caso de seguridad mágica y no un caso de chisme.
- Un poco de todo, cariño, los casos de ahí no se ven muy prometedores - Ron señaló la torre de pergaminos.
- Si tu definición de prometedores es que deben ser peligrosos, confío en que no lo sean.
- Definitivamente no lo son - intervino Harry y se puso finalmente su capa - Bueno, se quedan en su oficina, pueden desordenarla si quieren - Ron enarcó una ceja y Hermione se ruborizó - Redecorarla, quise decir.
- ¿A dónde vas? Es tu primer día - Hermione pasó por alto la aclaración de Harry.
- Voy a atender un asunto de seguridad mágica - señaló la insignia SM que relucía junto a su placa de auror -No brincaré ninguna ley, Hermione - ella asintió, satisfecha - De momento.
- ¿No quieres que te acompañe? - Ron se puso de pie.
- Sé que este caso no te parece muy entretenido, así que puedes ahorrarte la visita - Harry se dirigió a la puerta.
- Bueno, ya no está tan mal ahora que no hay dementores pero admito que salgo muy deprimido cuando voy ahí - acompañó a Harry a la salida y Hermione los siguió - Pasaré por la Academia antes de ir por los niños, cualquier cosa me avisas.
- Claro y gracias, jefa - miró de nuevo a su amiga, que le sonrió orgullosa.
- Éxito en tu nuevo puesto, Harry, nos estamos viendo para celebrar - volteó ahora a ver Ron - Los veo para la comida entonces.
Harry se dio la vuelta y se dirigió al elevador para poder llegar a la más apartada de las chimeneas del primer piso que lo conducirían a las orillas de Azkaban.
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El viento le revolvía el cabello como en los tiempos de sus partidos de quidditch y la brisa en los lentes le impedía ver con claridad la gran construcción que tenía delante. A pesar de haber retirado a los dementores años atrás, Azkaban lucía tan imponente y aterradora como ninguna. Al llegar a la orilla, bajó del pequeño bote que lo condujo hasta allá y en cuanto tuvo los dos pies en tierra, el bote regresó sólo de donde provino. Ahora la principal protección de la prisión eran encantamientos de todo tipo puestos por diferentes magos, y se supervisaban cada cierto tiempo y reforzaban, a él le había tocado varias veces llevar a cabo esa misión. Cuando Harry entró por la estrecha puerta de entrada, con un movimiento de varita se secó la capa y los lentes, lo que resultó inútil cuando pasó enseguida por la perdición del ladrón que estaba a un par de pasos adelante. Volvió a repetir la operación para secarse y un mago con una vistosa túnica azul se acercó a él.
- Harry Potter - se identificó.
- Señor Potter - lo saludó con voz ronca y Harry respondió con un movimiento de cabeza - Su varita, por favor - extendió su varita y el sujeto hizo un par de movimientos con la suya. A pesar de que eran más encantamientos que personal en la prisión, los custodios rotaban con frecuencia y como Ron le comentó, todos tenían un rostro de depresión cuando los veía ahí. Recordó sus primeros años de auror y las constantes guardias que le tocaba llevar a cabo, si bien le iba, con alguno de sus compañeros, pero la mayoría de las ocasiones era él solo - Su nombre y la celda, por favor - guardó su varita y le extendió una larga pluma, un pergamino amarillento y tintero.
- Gracias, no tardaré - le devolvió la pluma en cuanto se anotó y continuó su camino. Tuvo que pasar por otros tres filtros de encantamientos y protección para poder llegar a las estrechas escaleras que conducían al ala este. En el trayecto escuchó varios murmullos y ruidos de metal, era tan silencioso y abandonado todo el lugar que los prisioneros veían como una oportunidad de cordura cuando alguien pasaba por ahí, sobre todo los del ala este, donde se ubicaban, en su mayoría, aquellos que eran considerados más peligrosos o que tenían delitos más graves. Harry se concentró en llegar a su destino, evitando a toda costa mirar dentro de las celdas o poner atención a los murmullos, pero era inevitable escuchar una que otra voz dirigiéndose específicamente a él como Potter. Conforme subía más, su nombre era escuchado en mayor frecuencia, pues era responsable de esas capturas en los últimos años.
- Así que has venido - Dolohov estaba sentado en el suelo al fondo de su celda, donde apenas entraba un débil rayo de sol que permitía ver el polvo en el aire. Lucía demacrado y andrajoso, pero eso no impidió que lo viera con desprecio - ¿Quieres saborear este pequeño triunfo?
- Quiero que me digas lo que estás ocultando - Harry permaneció en calma a pesar de querer hechizarlo y casi sin notarlo metió las manos en los bolsillos, donde jugó con la varita, tentado.
- He dicho todo lo que tenía que decir - Harry dio un paso más a los fríos barrotes, tratando de retar a su interlocutor y así reaccionara como la noche en que lo atrapó.
- Sabemos que eres más listo de lo que aparentas, Dolohov, aunque lo aparentas muy bien - los ojos del mortífago se achicaron un poco.
- Y tú te crees más listo de lo que eres, Potter - al menos estaba reaccionando a los sutiles embates - Si lograste sobrevivir al Señor Tenebroso fue por suerte, no eres extraordinario.
- Digamos que tenía información que Tom no conocía - a Dolohov le brillaron los ojos de desprecio al escucharlo emplear el nombre directo de su señor. Con el paso de los años y después de colaborar con la captura de varios mortífagos prófugos (más con información que en acción directa), ya tocaba el tema con tranquilidad, además de mantener a raya sus emociones como auror entrenado, algo que no hubiera logrado a los 17 - Pero de eso han pasado años, concentrémonos en el presente.
- No pretendas conseguir más de lo que tienes, auror, lo podrías lamentar - no fue una amenaza como las que estaba acostumbrado, la sintió más como una predicción y apretó los puños dentro de los bolsillos - Sé que aparte de tu fama, tu reputación y tu alto mando, tienes otras cosas que extrañarías bastante si las perdieras por querer más gloria.
- Y tú en cambio no tienes nada más que perder, ya no tienes tu voluntad, que era lo último que te quedaba - el miedo que le recorría siempre que recordaba lo mucho que tenía que perder estaba presente, a pesar de parecer seguro.
- Pero hay otras pequeñas cosas que espero ver, y que estoy seguro me causarían una gran satisfacción - mostró una sonrisa desagradable y forzada.
- Lo de ver es un decir, ¿no? Porque dudo que puedas ver mucho por esa ventana - Harry estiró el cuello para fingir ver por la pequeña ventana en lo más alto de la pared.
- Tienes mucha confianza, Potter, ten cuidado porque el exceso de ella puede resultar tan peligroso como la magia oscura.
- Y por lo visto sabes mucho sobre ella - al fin estaban tocando el punto que Harry ansiaba saber - Dudo que Tom te haya enseñado algo de lo que sabía, él no era precisamente un maestro.
- No sabes nada sobre él.
- Mucho más que tú, te lo aseguro, y por eso sé que él no compartía nada de lo que sabía, así que… ¿has investigado por tu cuenta la magia oscura? - miró con atención la reacción de él, esperando que un sutil movimiento de ceja lo delatara - ¿O alguien te ha estado enseñando? - y ahí estaba, un gesto apenas perceptible que hubiera pasado desapercibido para cualquiera le indicó a Harry que había dado en el blanco.
- La magia oscura está al alcance de cualquiera que esté dispuesto a controlarla.
- De cualquiera que esté dispuesto a pagar el precio por ella - añadió Harry, pues desde que tuvo su primer encuentro con el mundo mágico, supo que la magia oscura cobraba un alto precio
- El miedo al poder es lo que los tiene cegados, conformes con lo poco que hacen y sus reglas.
- Entonces oriéntame, Dolohov, cómo puedo controlarla – todo rastro de arrogancia desapareció de su voz, tomando la información con todos sus sentidos.
- Está muy por arriba de ti, jamás estarías dispuesto a pagar el precio.
- Pero estoy dispuesto a detenerla.
- Esto es más grande que tú y tu magia básica, te recomiendo ocuparte de tus casos menores y dejar que las cosas tomen su curso.
- Así que hay un plan - finalmente había dicho lo que tanto necesitaba escuchar y el rostro de Dolohov se ensombreció - Dime más detalles, tal vez así de con la pista más rápido y mi muerte sea más prematura, eso te gustaría, no.
- La muerte es lo que desearás - percibió en su voz que no mentía y por primera vez en muchos años, Harry sintió un cosquilleo en la nuca - Requiere tiempo y no podrás hacer nada, así que no desperdicies el tuyo.
- Yo administro mi tiempo como me plazca, y si tengo que venir todos los días a tener estas pequeñas charlas contigo, lo haré, pero no siempre serán tan tranquilas, te lo aseguro.
- Guarda tus amenazas, Potter, no sé más de lo que te he dicho, sólo sé que vienen tiempos mejores para todos, incluso tus queridos muggles - Harry supo que no mentía, si era parte de algo más grande, no significaba que estuviera enterado de todo, como ocurrió también con Voldemort, pero al parecer, disponía de tiempo todavía - Si decides continuar con tu racha de héroe, sé que te costará muy caro, así que ve a disfrutar de tu bella esposa y tus pequeños hijos ahora que puedes, ah, y del pequeño lobo… - le brillaron los ojos con una malicia que Harry no había visto en mucho tiempo - ¿No aúlla por las noches por su padre?
Harry apretó los puños y todo su cuerpo se tensó de rabia. De sobra sabía que Dolohov haría algo así, tratar de provocarlo donde más le dolía. El hombre sonrió por su reacción y la tranquilidad de saber que no podría hacerle nada ahí encerrado, al menos nada muy doloroso.
- Vendré a visitarte, Dolohov, te veo muy aburrido en esta celda - echó un último vistazo al hombre y dio un paso hacia atrás quedando medio oculto en las sombras. Harry sacó su varita y apuntó al rostro demacrado, con un hechizo lo suficientemente fuerte para causar estragos, pero no tanto para ser prohibido.
- Lo esperaré con ansias… - Dolohov parpadeó y al segundo siguiente su mirada se volvió ausente y movía la cabeza de un lado a otro, como si estuviera rodeado de una manada salvaje y estuviera esperando que el primer animal atacara. Tendría suficiente con sus miedos, al menos, para esa noche.
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Conocemos esta versión adulta de Harry que ha sido nombrado jefe pero también tiene la responsabilidad de su familia y dividirse un poco por eso. He tomado algunos datos que dijo JK después de los libros y uno que otro que me pareció de Cursed Child (no lo tomo en cuenta como canon, ¡no debería existir!), por lo demás, son cosas que pensé para la trama, como reciclar un poquito el personaje de Dolohov y que Ron siga haciendo equipo con Harry como auror.
Gracias por sus reviews :D sin duda dan ánimos para actualizar.
