CAPITULO 2

Desde que había ido a Azkaban, Harry abrió los ojos después de pasar una noche inquieta, despertando al menor ruido. Tenía pesadillas. Ginny había hablado con él, tratando de tranquilizarlo, y aunque funcionó en su momento, todavía no se sentía del todo bien. El equipo se encontraba dividido, unos opinaban que Dolohov sólo intentaba alardear y meterle miedo, que en realidad no había ningún plan ni nada extraordinario, mientras que la otra mitad opinaba igual que Harry, y coincidían en que de momento no había peligro, dominar la magia oscura llevaba mucha práctica de prueba y error, por lo que los rastros que habían encontrado antes posiblemente formaban parte de esos ensayos. Lo que no sabían y era justamente la tarea, era a quién se refería Dolohov, sí a una sola persona o a un grupo. Aunque Harry había asignado un par de misiones a esos puntos previos, no habían encontrado nada, al menos eso le reportaron, y realmente no tenía motivos para dudar de sus aurores, así que solo quedaba esperar otra señal.

- Debiste tomar la poción - le dijo Ginny cuando terminaron de acomodar los trastes del desayuno y sus hijos se alistaban para partir a la Madriguera - Te ves fatal, mamá se preocupará por ti.

- Gracias por lo de fatal - ella había insistido en que tomara algo para dormir sin sueños, pero cuando lo hacía, al día siguiente se seguía sintiendo adormilado, y era el cumpleaños de Arthur Weasley, no podía quedarse dormido en la fiesta - Tomaré un tónico y quedaré como nuevo.

- Y después de eso, o sueltas de una vez lo que te atormenta o trabajas en ello, porque estás muy alterado últimamente - Ginny lo miró con reprobación, pareciéndose sin duda a su madre - Y confío en que no me estás ocultando nada.

- Es algo del Departamento, lo prometo - Ginny pareció algo escéptica al principio, pero asintió con la cabeza.

- Bien, ahora reúne a los niños, voy a cambiarme y bajo - salió de la cocina ondeando su cabellera larga y Harry se dispuso a tomar el tónico antes de ir por sus hijos.

- ¿Podemos llevar la escoba, papá? Fred dijo que llevaría la suya también - sus hijos eran puro entusiasmo cuando se trataba de una reunión Weasley, pues aunque convivían con frecuencia con cada uno, cuando era reunión masiva era otro nivel. Todos los nietos juntos e imparables, o al menos la mayoría.

- Sí, James, pero se la prestan entre los tres, no quiero discusiones más tarde - acomodó a sus hijos frente a la chimenea, listos para partir y James sacó la escoba detrás de su espalda, como si con eso hubiera pasado desapercibida.

- Podríamos llevar alguna de mamá…

- Cuando tengan 30 años podrán tocarlas - Ginny bajaba las escaleras acomodándose una pequeña snitch que colgaba de su cuello. Harry le sonrió embobado - Listo, vámonos - tomó un puño de polvos flu de la maceta sobre la chimenea y extendió las manos a sus dos hijos varones. Antes de que desaparecieran en medio de unas llamas verdes, Ginny le guiñó un ojo.

- No tardamos, Padfoot, no hagas mucho destrozo - el can levantó las orejas, atento.

- Pórtate bien y cuida a Arnold - le dijo Lily como última recomendación antes de tomar la mano de su papá y entrar a la chimenea. Desaparecieron como lo hicieron los tres anteriores y con algo de tropiezos llegaron a la sala de los Weasley. El barullo y un delicioso aroma en el aire los recibieron. Lily se puso rápidamente de pie y se sacudió las cenizas de la ropa al tiempo que iba al encuentro de sus primos, con entusiasmo. Harry estaba a punto de imitarla cuando fue derribado desde atrás como si se tratara de pinos de bolos.

- ¡Ay! ¡Lo siento! - reconoció la voz de Fred, entre adolorido y divertido, pero antes de que pudieran levantarse, recibieron el impacto de alguien más - ¡Papá!

Las risas de George se unieron a las de ellos y entonces Harry pensó que tomar el tónico había sido inútil, pues siempre que estaba con toda la familia, no había forma de quedarse dormido.

- Hemos atropellado al mismísimo elegido, Freddy, tendremos problemas por esto, pero muevan sus traseros que ya vienen Rox y Angelina - como pudieron se arrastraron a la sala y se pusieron de pie justo a tiempo antes de que dos cabelleras oscuras salieran por la chimenea - Cómo estás, cuñado favorito - George palmeó su hombro mientras se sacudían las cenizas y se acomodaba las gafas.

- Todo en orden, ¿Ustedes? - los niños lo saludaron con la mano y corrieron como lo había hecho Lily, arrastrando una gran escoba y gritando "Abues, ya llegamos".

- También tienes niños, así que ya sabes - Angelina soltó un suspiro, sonriendo - Necesito ese té maravilloso que hace Molly.

- Sí, entre los niños y San Mungo, anda algo estresada - le comentó George cuando Angelina se dirigió a la cocina saludando a Audrey y Percy en el camino - Y eso que ya no has ido a parar tanto por allá, te extrañan - Angelina era la sanadora encargada del equipo de aurores que lideraba Harry en las misiones. Aunque en los últimos meses no hubo necesidad de llegar a San Mungo, Harry era un cliente frecuente de Angelina, para muestra, a principio de año tuvo más visitas con ella de lo que podía contar.

- Y Ginny nunca ha sido más feliz por eso - como jefe del Departamento, la acción en campo se había visto reducida considerablemente.

- Y tú no te ves tan contento, necesitas darte una vuelta por Sortilegios, hay nuevos productos, te vendrían bien.

- Iba a probar unos con él, George, lo has arruinado - Ron se acercó a ellos comiendo un gran trozo de tarta, todavía tenía ceniza en la nariz y a Harry le recordó a la primera vez que lo vio a los once

- No le he dicho qué hacen, así que todavía puedes - George le guiñó un ojo a Ron y pasó entre los dos, dirigiéndose a la cocina

- Sigue dándole vueltas en la cabeza, eh - sin duda su amigo lo conocía a la perfección. Harry asintió, sin poder ocultar su preocupación - Oye, si lo crees necesario, podemos asignar aurores de vigilancia para Ginny y los niños - le dijo en voz muy baja. Las palabras de Dolohov sobre disfrutar de su familia le resultaba con toques de amenaza, y ahora que estaba más que seguro de que había más gente involucrada, le causaba ansiedad.

- Lo he pensado, pero no creo que sea el caso, a Gin no le haría ninguna gracia y…

- Dejen de hablar de trabajo ustedes dos - Hermione llegó hasta ellos con varita en mano y Harry distinguió a Ginny detrás de ella, en el patio - Vamos a acomodar todo afuera.

- Hola Hermione, sí, ya voy, sólo, voy a saludar a los demás - Harry miró a Ron con resignación y se dispuso a saludar al resto de los presentes dispersos por la casa. Percy lo saludó formal y pomposamente como siempre, aunque lo conoció tan recto y serio, nunca pensó acostumbrarse a ese carácter tan diferente al resto de sus hermanos. Audrey, por otra parte, era un alma alegre con la que era muy fácil entablar conversación. Harry siempre se había preguntado cómo se había fijado en Percy. En la cocina saludó y felicitó al señor Weasley, ahora con una calva mucho más profunda y el poco cabello más encanecido que rojo.

- Gracias, Harry - le palmeó un hombro después de la felicitación - Y gracias también por esos boletos, esa obra fue estupenda, son tan ingeniosos - le habían obsequiado una semana atrás, unos boletos de primera fila para una obra muggle que se llevó a cabo en una función exclusiva en Londres.

- No hay nada que agradecer, Arthur, es un gusto saber que la haya disfrutado.

Molly le dio un apretado abrazo y lo analizó como siempre lo hacía cuando lo veía.

- Mucho trabajo - le dijo en tono de madre reprendiendo a su hijo por comer un chocolate antes de la comida - Ese nuevo puesto te va a acabar, delega responsabilidades para que no hagas todo tú.

- Estoy bien, Molly, sólo que apenas me estoy adaptando - cuánta razón tenía Ginny - No se preocupe - le sonrió para infundirle confianza, pero Molly lo siguió viendo con ojos ligeramente entrecerrados.

- Pero si es el nuevo jefe - Bill, que había estado añadiendo ingredientes a un gran cazo en la estufa, se acercó hasta él. Su cabello rojo ahora lo llevaba corto, pero lo compensaba con una espesa barba de candado que lograba disimular las cicatrices que seguían intactas desde hacía años - Felicidades - le sonrió con entusiasmo y Harry le devolvió el gesto.

- Gracias, Bill.

Harry, Ron, Hermione y Ginny se encargaron de arreglar el jardín, acomodar la lona y poner las mesas, mientras vigilaban a los niños que no habían podido esperar para comenzar con las partidas de quidditch. Lily, Hugo y Roxanne, que eran los más pequeños, se entretenían con naipes explosivos en todo el jardín mientras Albus, James, Fred, Lucy y Rose volaban cerca de los aros. Lo malo de que el cumpleaños de Arthur fuera en época escolar, es que el resto de sus nietos se encontraban en Hogwarts, aunque desde luego ya habían mandado una lechuza con la respectiva felicitación.

En cuanto Fleur y Charlie llegaron, se abarrotaron en las tres mesas que habían colocado en fila como si se tratara de una de las casas de Hogwarts y se dispusieron a comer. El ambiente estaba muy alegre y relajado y Harry se olvidó por completo de todas las ideas que traía en la cabeza, su atención se concentró en su familia y el calor que sólo ellos lograban brindarle. Después de la comida partieron el pastel de cumpleaños y helado para después retirar las mesas y dejar sólo las sillas para poder contemplar el juego de los niños. Al cabo de unos cuantos partidos, donde habían estado bastante parejos los dos equipos, los niños por fin se bajaron de las escobas. La tarde transcurrió de lo más tranquila, con amenas pláticas enfocadas en el señor Weasley y los bombardeos de preguntas por parte de sus nietos. Cuando Lily dejó caer la cabeza sobre el hombro de Harry, profundamente dormida, llegó el momento de partir.

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Harry y Ron llegaron a las afueras del majestuoso castillo, donde los esperaba tras la reja una imponente figura que no coincidía para nada con su personalidad.

- Al fin se dignan a venir - les dijo Hagrid abriendo la reja y dejándolos pasar.

- Hola Hagrid - dijo Harry con trabajo, pues como siempre que se veían, Hagrid lo asfixiaba con un abrazo - Qué gusto verte.

Harry se sobó el pecho mientras Hagrid repetía el saludo con Ron. Su imponente altura y su rostro bonachón detrás del enmarañado cabello y barba seguían intactos a través de los años, y su cabello siempre negro, ahora tenía algunos mechones grises.

- Con que jefe de Seguridad ¿Eh? - le sonrió a Harry, orgulloso - Si el Ministerio supiera cuántas reglas rompiste por tu paso en Hogwarts, se replantearían la decisión.

- De ahí aprendí todo - emprendieron el camino hacia el castillo, dando grandes zancadas para seguirle el paso a Hagrid.

- Sé que ese puesto no puede estar en mejores manos - palmeó su hombro y las rodillas de Harry se doblaron - ¿Y cómo está Hermione?

- Llena de trabajo, pero sabes que eso la hace feliz - contestó Ron - Así que está bien.

- No cambia nada - Hagrid negó con la cabeza, con nostalgia - ¿Y cómo les va a los niños en su colegio muggle?

- A Rose de maravilla, a Hugo le cuesta un poco seguir el orden, y con Lily, ya te imaginarás…

Tanto los hijos de Harry como los de Ron, asistían a un pequeño colegio muggle no tan apartado de dónde vivían. Hermione desde luego nunca dudó en hacerlo, pero Harry no tenía un buen recuerdo de esos años y se pensó varias veces antes de aceptar meter a los niños, pero después de todo, estarían acompañados entre ellos y no tenían un primo enorme que los estuviera persiguiendo todo el tiempo como para que hicieran magia involuntaria para defenderse. - Y ni siquiera pueden reprenderlos, son la calca de los padres - conforme iban caminando por los jardines, se iban encontrando más estudiantes, algunos no notaron su presencia, pero los que lo hacían, abrían los ojos con sorpresa y cuchicheaban entre ellos - ¿Y Ginny?

- De momento tranquila, pero está por comenzar la liga de quidditch, la próxima semana ya va a cubrir partidos.

- Oh sí, con su colega Rita - rió Hagrid y llegaron a la entrada del castillo abierta de par en par y para ese momento, su visita era más que notoria para los estudiantes.

- Y no, no me voy a divorciar - se adelantó a añadir ya que Hagrid había mencionado al escarabajo.

- Desde luego - el gigante rio más fuerte. Harry distinguió a lo lejos varias cabezas asomadas por las ventanas de las torres y gente que se detenía para mirarlos mejor - La profesora McGonagall los espera en su oficina, la contraseña es gato asustado, no los acompaño porque tengo que ir a ver que el kappa se haya adaptado bien - dijo con entusiasmo.

Ni Harry ni Ron quisieron preguntarle más por temor a que Hagrid los invitara a conocer a su nuevo fascinante animal y terminaran siendo la comida. No es que a Harry no le gustan las criaturas, pero sabía de sobra que al semi gigante le gustaban casualmente las más letales. Se despidieron de él y continuaron su camino, pasando por el gran comedor y Harry estiró el cuello para ver si distinguía a Teddy entre los estudiantes que todavía estaban desayunando, pero a simple vista no encontró a nadie con el cabello turquesa, así que continuaron su camino. Más de una vez, logró distinguir algunas frases como "en persona es mucho más guapo", "los años le sentaron bien" o "¿Será cierto que se está divorciando?", pero también otras como "se ve imponente, ¿No?" y "¿Ya vieron la cicatriz?" Y aunque la nueva cicatriz que tenía en la mejilla era bastante vistosa, las miradas siempre lograban desviarse a la de la frente. Ron reía en voz baja por cada comentario hasta que le tocó escuchar algunos similares dirigidos a él y fue el turno de Harry de reír por el color que habían adquirido sus orejas. Finalmente llegaron a la gárgola que custodiaba la oficina de la directora que se movió para dejarlos pasar en cuanto Ron dijo la contraseña. La profesora McGonagall les indicó que entraran cuando tocaron a la puerta y los esperaba sentada tras el escritorio con sus gafas cuadradas perfectamente acomodadas.

- Buenos días, Potter, Weasley - acompañó el saludo con un gesto de la cabeza.

- Buenos días, profesora McGonagall - dijeron los dos a la vez y Harry supo que Ron se sentía igual que él, como adolescentes a punto de ser reprendidos por la profesora por haber saltado una regla, y es que, a pesar del tiempo, la bruja frente a ellos era imponente y de mirada severa.

- Vamos, que ya no son mis estudiantes - les dijo con voz más suave y una ligera sonrisa en la comisura de la boca - Me da gusto verlos enteros, aunque no ilesos por lo visto - sus ojos se fijaron en la mejilla de Harry y en la quemadura casi curada en la oreja de Ron - Poner su vida en riesgo parece ser un deporte para ustedes.

- Hemos pasado por un par de peligros - aceptó Harry - Pero todo en orden.

- No quiero ni pensar en la preocupación constante en la que viven sus familias.

- Están acostumbradas - Ron se encogió de hombros restándole importancia. Lo cierto es que los dos sabían que tanto Ginny como Hermione vivían en angustia constante cada vez que salían a campo y los niños todavía no comprendían la magnitud del riesgo que corrían.

- Bien, la clase de Defensa del último año está por comenzar, será mejor que los acompañe al aula para que les presente al profesor Thompson.

Siguieron a la profesora por los pasillos del colegio, ahora casi sin alumnos porque ya estaban en clase la mayoría. Recorrer el castillo le causaba una gran nostalgia y por un momento deseó volver a estar ahí, como estudiante.

- ¿Alguna advertencia para la clase de hoy? - preguntó Ron a la bruja, haciendo referencia al incidente de hacía un año cuando habían asistido a los TIMOS como evaluadores y se les había pasado la mano con la dificultad de las pruebas. Por alguna extraña razón, el salón había terminado en llamas.

- Sólo recuerden que están en un colegio y que son magos jóvenes que no tienen que saber toda clase de hechizos - llegaron al aula de DCAO y McGonagall entró después de unos chicos de Hufflepuff que se apresuraron a tomar sus asientos. Segundos después regresó acompañada de un hombre de mediana estatura y el cabello negro a la altura de los hombros, algunas arrugas surcaban su rostro y al verlos puso la misma expresión que la mayoría de los alumnos - Él es el profesor Thompson, ellos son…

- Pero claro que sé quiénes son - la interrumpió el mago, estrechando la mano de Ron con entusiasmo para repetir lo mismo con Harry - Un placer conocerlos - sus pequeños ojos castaños brillaron con emoción.

- Bien – la directora enarcó las cejas por la efusividad del mago - Cuando terminen aquí, disponen de un par de horas libres antes de la siguiente clase y por favor, no incendien nada - Ron asintió y la profesora caminó por el largo pasillo hasta perderse en una vuelta.

- Todavía faltan unos minutos para la hora, si gustan pasar en lo que llega el resto de los alumnos…- les indicó el profesor. Harry echó un vistazo dentro del aula, pero de nuevo no distinguió la distintiva cabellera de Teddy, por lo que se rezagó un poco cuando Ron y Thompson entraron - Trabajé un tiempo en el Ministerio y…

Su amigo y el profesor llegaron al frente del salón, y todos los estudiantes que ya estaban sentados, permanecieron en silencio total, atentos a los invitados. Harry se quedó en el marco de la puerta, moviéndose para dejar pasar a los rezagados, que lo miraban con sorpresa pensando que se habían equivocado de aula y cuando pasaban junto a él, unos le hacían una especie de reverencia con la cabeza, como si se tratara de la realeza. Harry se contuvo de poner los ojos en blanco. Finalmente, reconoció la voz de su ahijado acercándose a él.

- No sé si lanzarle un maleficio cuando me lo encuentre, o pedirle algo especial a mis tíos, de esos nuevos productos que todavía no están bien probados - Harry cruzó los brazos, atento a lo que Teddy le venía diciendo a Daniel seguramente, su mejor amigo.

- Podrías meterte en problemas - le advirtió la voz de su amigo, cada vez más cerca.

- ¿Qué pueden hacerme? ¿Meterme a Azkaban?

- No, pero se me ocurren varias opciones - dijo Harry cuando los dos chicos estaban por entrar al aula.

Teddy dio un respingo, evidentemente sorprendido, mirando a Harry como si se tratara de una rara especie de animal fuera de su jaula. Su cabello turquesa pareció opacarse un poco al tiempo que el rostro del joven perdía algo de color. Era tan alto como Harry, pero no tan flacucho como él a su edad.

- ¡Harry! - la voz de su ahijado sonó unas cuantas notas más aguda y se aclaró la garganta - Hola, pero qué sorpresa, ¿qué... qué haces aquí?

- Vigilándote, no es obvio - Dan pasó a su lado con prisa y se fue a su lugar, hundiéndose en su asiento como si así fuera a pasar desapercibido.

- Este…

- Bien, bien, todos adentro - indicó Thompson, y a Harry no le quedó más remedio que quitarse para dejar pasar a Teddy, no sin antes lanzarle una mirada de "no te has salvado". El chico imitó a su amigo y procurando no mirar a nadie, se sentó junto a él - Buenos días, clase, el día de hoy tenemos el honor de contar con la presencia de los aurores Harry Potter y Ronald Weasley - el salón se llenó de murmullos y volvieron a observarlos mientras Harry avanzaba al frente de la clase, junto a Ron - Como saben, los dos son aurores de máxima categoría, orden de Merlín… bueno, bueno, son cosas que ya todos saben, me ahorraré la presentación para que entremos en materia, debemos aprovechar su presencia al máximo, así que les pido pongan total atención y no duden en hacer preguntas… - al instante varias manos se levantaron - Sí, bien, me gusta su entusiasmo pero dejemos que hablen - se hizo a un lado, pegándose al escritorio para dejarles el escenario.

Harry no sabía muy bien qué hacer o qué decir, pues aunque no era la primera vez que asistían de invitados, siempre olvidaba lo que se supone debería enseñarles, le costaba acomodar sus ideas de su equipo de aurores de siempre, a los alumnos de Hogwarts.

- Bien, buenos días a todos - unas chicas al fondo del salón soltaron unas risitas entre ellas y Harry las pasó por alto - Tengo entendido que ya comenzaron con los hechizos no verbales, así que los practicaremos hoy. Para los hechizos de defensa...

Harry dió una breve explicación de hechizos de defensa y Ron lo hizo con los de ataque, aunque realmente no se habían puesto de acuerdo para la clase, el equipo que formaban ellos dos había llegado a un punto de entendimiento que ni siquiera era necesario leer la mente - ¿Alguna duda? - las manos de un grupito del fondo, se levantaron, y aunque Harry tenía la sospecha de que no era relacionado con la clase, accedió a sus preguntas.

- ¿Es cierto que se va a divorciar? - preguntó rápidamente una chica del grupito, causando algunas risas entre los demás y otras caras de espanto.

- Relacionado a la defensa - aclaró Thompson.

- ¿Por qué no pudo defenderse de su esposa para que le dejara esa cicatriz? - Harry suspiró. Evidentemente todos leían las notas de Skeeter.

- Sí Harry, ¿Por qué? - Ron lo miraba con curiosidad y notó que estaba haciendo un verdadero esfuerzo por no soltarse a reír.

- Bien, ya que ha quedado todo claro, todos de pie y al patio - se miraron entre sí, sin saber bien si hablaba en serio - ¿Requieren un hechizo para moverse? - sacó su varita y al instante todos se pusieron de pie - Sólo la varita, dejen todo lo demás - los estudiantes se apiñaron en la puerta para salir, algunos lucían emocionados y otros no muy seguros de querer bajar.

- Oye no estamos en la Academia - le recordó Ron cuando se unió a él para seguir a los alumnos, aunque en realidad parecía bastante divertido.

- Nunca se sabe cuándo será necesario aplicar todo lo que aprendan en la clase, deben estar preparados, se ven demasiado confiados y seguros.

- Y eso es gracias a ti.

- Voldemort no es el único mago tenebroso, deben estar preparados siempre - buscó entre los estudiantes a Teddy, pero su ahijado se había escabullido con el grupo más entusiasmado que iba hasta adelante - ¿No le has estado dando ningún producto nuevo a Teddy, cierto? - miró con algo de reproche a su amigo.

- No últimamente, ¿por qué?

- ¿El patio les parece el lugar apropiado? - cuestionó Thompson, uniéndose a ellos - Pueden pasar alumnos pequeños o alguien más.

- Lo tendremos en cuenta, profesor - lo tranquilizó Ron - Pero dígame, ¿qué es lo que se les complica más?

Harry, Ron y Thompson se encargaron de poner encantamientos protectores alrededor del jardín, por si pasaba algún curioso y los estudiantes a su cargo no podían controlar la dirección de sus hechizos. Ante la atenta mirada de todos, Harry y Ron hicieron una breve demostración de lo que se supone debían hacer. Recordaba cuando él mismo años atrás había llevado esa lección en la clase de Snape, y había sido un total asco, así que cuando los alumnos exclamaron con admiración ante la demostración, sintió la nostalgia de haber estado en su lugar. Formaron grupos y los tres se iban rotando con cada uno para darles más instrucciones, aunque en cierto punto a Thompson se le olvidó que él era el docente y también atendía con detalle cada instrucción de ellos como si fuera un estudiante más. La hora dio por finalizada, pero ante las protestas de que había sido muy corta y que tenían la siguiente hora libre, accedieron a abarcar más tiempo. Como habían predicho, al principio había sido un desastre y hubo varios cabellos chamuscados, alguien perdió una oreja (Ron bromeó un poco sobre que era irremediable hasta que la chica se puso a llorar, desconsolada) y para asombro de todos uno había resultado con la cabeza reducida. Seguro había sido resultado de una mezcla de hechizos lanzados en todas direcciones menos al oponente de enfrente. Una vez que el alumno dejó de reír ante el tono tan agudo de su voz por la mini cabeza, Harry logró regresarla a su tamaño original, y cuando le pidió que no se lo dijera a la profesora McGonagall, el chico le dijo con sorpresa "¿bromea? ¡eso fue genial!" Y tampoco es como que pudiera mantener en secreto la clase, pues al finalizar la primera hora, varios estudiantes se arremolinaban alrededor del jardín para observar. Para satisfacción de Harry, cinco alumnos habían logrado el objetivo para el final, entre los que se encontraba Teddy, que, a pesar de haber esquivado la mirada de Harry al principio, al final se dejó sorprender como los demás y era uno de los más entusiasmados haciéndole preguntas. En general, Harry estaba satisfecho con el resultado, pues incluso las chicas que le habían hecho preguntas fuera del tema al principio, se mostraron muy atentas y entusiasmadas con la práctica y se concentraron sólo en eso en el resto del tiempo. La siguiente clase fue muy similar y no ocurrió ningún daño que no pudiera repararse, por lo que podía decirse que fue un éxito. La última seción era después de la comida y aunque el plan original era ir a Hogsmeade en ese tiempo para comer, la profesora McGonagall los invitó a quedarse. Ron aceptó sin dudar y a Harry no le quedó más remedio que ceder, y no es que no le agradara la idea, sólo que sería muy notoria su presencia en el comedor.

- Solo faltan Hermione, Ginny y Luna para completar la sensación de estar en el colegio como antes - les dijo Neville con entusiasmo cuando se lo encontraron en las puertas del gran comedor.

- Sí bueno, eso y una fuerte dosis de poción rejuvenecedora - añadió Ron.

- Pero si no hemos cambiado tanto - Harry y Ron lo miraron con una ceja arqueada. Si de cambios hablaban, Neville era el claro ejemplo, pues ya no quedaba nada de aquel chico regordete e inseguro - Bueno, en esencia - se encogió de hombros.

- ¿Te unes con nosotros y el clan Weasley para comer? - le preguntó Harry

- He quedado con Hanna, en la mesa de profesores - apuntó con la cabeza la mesa del fondo del comedor donde se distinguía una mujer de trenza y el característico uniforme de enfermera que portaba su predecesora.

- Oh cierto, ahora ya está aquí - Ron le guiñó un ojo y le dio un golpecito en el brazo - ¿Y cómo hacen para…

- ¿Vienen a comer o se quedarán ahí? - Teddy pasó junto a ellos acompañado de su amigo.

- Pensé que me evitarías - se extrañó Harry.

- Sé que no serviría de nada - negó con la cabeza con resignación y entró al comedor dirigiéndose a la mesa donde abundaban los pelirrojos.

Después de platicar un momento con Neville, se sentaron junto a sus sobrinos y Teddy. Un grupo de amigas de Victoire no les quitaban el ojo de encima y los más pequeños los miraban sin disimulo y los señalaban.

- ¿Y bien? - dijo Harry dirigiéndose a su ahijado cuando ya estaban en el postre - ¿Vas a contarme lo que ocurre o tengo que preguntar?

- Aquí no - le susurró Teddy mirando alrededor, como si los demás presentes supieran de qué estaban hablando - En otro momento.

- Después de la última clase te veo en la puerta del castillo - accedió, pero empleó un tono que no admitía réplica. Teddy asintió con pesar. Su relación con el chico era bastante buena, había confianza y cierta complicidad, y aunque Harry no fuera su tutor, siempre le mostraba respeto. A diferencia de Sirius, él si había logrado llevar a cabo su función de padrino, con mucho trabajo al principio, pero con más confianza después. Y Harry sabía que, para Teddy, él era su figura paterna, y que había cosas que sólo se las confiaba a él, como la decepción amorosa que había sufrido ese verano. Harry agradecía tener ese lazo tan fuerte con él, así podía sentir que estaba cumpliendo la voluntad de sus padres. La comida terminó sin más novedades, salvo la parte en que Ron les pasaba a sus sobrinos algunos productos exclusivos de la tienda de bromas por debajo de la mesa, recordándoles que no debían mencionárselos a sus padres. La siguiente clase fue para alumnos de sexto año que lucían más asustados que motivados, por lo que no ocurrió nada que reportar y así culminó el día en el colegio

- Soy todo oídos. ¿A quién planeas hechizar? - cuestionó de nuevo cuando había culminado la última clase, se habían reportado con la profesora McGonagall y Ron estaba de visita con Hagrid.

Teddy soltó un suspiro de resignación y le explicó como si fuera un tema muy aburrido.

- A Anthony Smith - Harry no dio señales de reconocimiento y Teddy tuvo que aclarar de quién se trataba - Es el idiota de sexto con el que sale Victoire.

- Oh ya veo - Harry arqueó las cejas - Puede resultar liberador, pero no es la solución, si hablas con ella…

- No es por lo que tú crees - se apresuró a aclarar él con algo de fastidio como ocurría cuando detectaba algún tono cómplice en la voz de su padrino cuando se refería a Victoire, y es que a pesar de que sólo eran muy buenos amigos, a Harry le daba la sensación de que no faltaba mucho para que ocurriera algo más, muy independiente de los chismes que circulaban con Skeeter - Lo escuché hacer comentarios sobre… sobre ella y no debe estar con un tipo tan desagradable como él.

- ¿Qué clase de comentarios?

- No quiero repetirlos, basta con que sepas que eran bastante bajos y que merece algo mucho peor de lo que planeaba hacer – pudo percibir la indignación del chico.

- ¿Pero eran sobre ella? – él asintió - Habla con Victoire entonces.

- ¿Y hacerla pasar por una decepción así? Además, no me creería.

- Son amigos, ¿no? No creo que piense que te inventarías una historia para dañar su relación.

- Por otro lado, tal vez si lo amenazo o… - Harry lo miró con recelo – Bien, todavía no sé qué haré, pero te prometo que no será nada que ponga en peligro su vida, o la mía o algo así.

- Insisto en que es mejor que hables con ella, pero te lo dejo a tu elección, sólo pon en orden tus prioridades.

- ¿Así que no me dirás que no me meta en problemas? – se extrañó, mirándolo como si tuviera fiebre.

- Por mucho que me cueste admitirlo, ya has crecido, Ted, ya no puedo sugerirte que hacer o no hacer, además, sé que te has convertido en un hombre recto, y tengo confianza en ti.

Teddy lo miró un poco sorprendido por sus palabras, y es que a Harry le venían dando vueltas desde que estaba por cumplir 17, pero había pospuesto decirle todo aquello porque le costaba admitir que ya no era un niño que estaba bajo su protección.

- Siento que me dices todo esto porque si hago algo es como si te estuviera decepcionando – Harry rió y negó con la cabeza.

- Te prometo que no es así. Yo siempre tuve la libertad de tomar mis propias decisiones desde que supe que era un mago, y aunque yo me decía que no tuve elección en lo que se refiere a la profecía y todo eso, lo cierto es que cada cosa que hice o no hice, fue elección mía, desafortunadamente las personas a las que recurría para pedir consejo… bueno, tú me tienes a mí, siempre que necesites algo sabes que estaré para ti.

- ¿Significa que no me ocurrirá algo peor que Azkaban si hago algo… digamos… que rompa un par de reglas? – entrecerró los ojos para captar la reacción de Harry.

- Eso no te lo puedo asegurar, no sé cómo se vaya a tomar Victoire lo que sea que le hagas a su novio y ella no sabrá por qué – Ted torció la boca en acuerdo – Bien, medítalo y procésalo, hijo, ya nos pondremos al tanto – palmeó su espalda y comenzó a avanzar – Buen desempeño en la clase de hoy, por cierto.

- Ha sido la mejor de todo el curso – le dijo sonriendo, caminando a su lado – Deberías venir más seguido.

- Me temo que esta será la última clase dentro de mucho tiempo – se había escapado en esa ocasión para poder salir de su oficina, pero dudaba que pudiera tomarse esas libertades más seguido – Pero me alegra que la hayan aprovechado.

- Saluda a Ginny y los niños por mí.

- Claro, ya nos veremos en las vacaciones – le dio un abrazo al chico y se alejó a paso decidido hacia la cabaña de Hagrid para indicarle a Ron que ya era tiempo de partir.

- ¡Harry! – lo llamó Teddy y él volteó a verlo – Gracias – la gratitud se reflejó en sus ojos, y en la solemnidad con que lo dijo vio la sombra de Remus.

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Diciembre llegó casi sin notarlo, pues había una repentina calma en el Departamento de Seguridad Mágica, sólo las redadas de costumbre que no implicaban más de unos pequeños grupos de aurores. A pesar de la tranquilidad, el papeleo seguía resultando una molestia. Aunque había delegado responsabilidades y los documentos que le entregaban ya habían pasado por un primer filtro por su asistente y un segundo vistazo por Watson, el subdirector del departamento, al final Harry terminaba revisando todo en caso de que a alguien se le hubiera escapado algún detalle, por lo que el tiempo invertido en su trabajo de oficina seguía siendo tedioso y pesado pues de cada 20 documentos, uno resultaba de mediana relevancia. De cualquier manera, Watson no era auror, él era la parte "legal" del Departamento como en su momento lo fue Hermione, así que discrepaba en lo que él consideraba un asunto sin importancia. Su asistente, Sam Grimes, originalmente se había postulado para ser auror hacía unos años, pero para su desgracia no logró acreditar un par de cursos y no pudo ejercer, pero se involucró en la oficina en la parte del papeleo e investigación, lo que resultaba una gran ayuda para Harry. Ginny había comenzado a cubrir reportajes de la liga de quidditch, ausentándose un par de días a la semana como mínimo y Harry había optado por tomar una decisión que no le hacía mucha gracia, llevarse trabajo a casa, pues no le parecía justo dejar a Kreacher sólo con los niños. Cuando salían del colegio a medio día, pasaba por ellos en el auto, y en caso de que se le complicara llegar a tiempo, Ron, Hermione o Molly pasaban por ellos junto con Hugo y Rose, y lo mismo ocurría cuando a sus amigos se les dificultaba llegar, siendo Harry el responsable de los 5, lo que rara vez ocurría. Afortunadamente ninguno de los niños había tenido algún tipo de percance mágico durante sus horas de escuela, pero Harry tenía el presentimiento de que era cuestión de tiempo a que tuvieran que intervenir de alguna manera, Lily era demasiado parlanchina y llegaría el momento en que las cosas que decía respecto a la magia serían tomadas como algo más que cosa de niños. Cuando Ginny no estaba en casa, se sentía un vacío muy grande, a pesar de que los niños se ocupaban de mantener con ruido el lugar, se notaba su ausencia. Por fortuna los tres se llevaban bastante bien, no es que no pelearan, vaya que lo hacían, pero cuando mantenían la paz, podían llegar a ser cómplices entre ellos. James siempre intentaba tomar ventaja sobre sus hermanos, por ser el mayor sentía que tenía algún tipo de poder sobre ellos. Albus a pesar de ser el más tranquilo de los tres, también tenía sus momentos de demasiada actividad y aunque procuraba no dejarse intimidar por su hermano, siempre salía con alguna duda respecto algo que le había dicho James para asustarlo. Lily por otro lado, era una pequeña llama que incendiaba todo a su paso, demasiado activa, curiosa, alegre y detestaba estar sola por sobre todo. Harry pasaba el mayor tiempo posible con ellos desde que salían del colegio hasta que se dignaban a dormir, y aunque contaba con la ayuda de Kreacher (con su respectiva paga), sentía que se consumía de a poco. Cuando eran más pequeños Ginny y él coincidían en que era demasiado agotador, por lo que cuando llegaban a viajar a mismo tiempo y los dejaban con Molly, Kreacher estaba de tiempo completo en la Madriguera y Ginny se encargaba de ejecutar algún tipo de amenaza o consecuencia en caso de que a alguno se le ocurriera infringir las reglas. Ahora ya no tenía que estar detrás de ellos todo el tiempo, afortunadamente hacían sus deberes sin ningún problema y cada uno tenía sus propios intereses a los que se dedicaban en su tiempo libre. A James le encantaba la aventura y la acción, ("como a papá", decía) por lo que los libros que había en casa que tuviera algo de aquello era suficiente para que se perdiera en sus páginas por horas, soltando exclamaciones como "wow" o "increíble" de vez en cuando o se pusiera en plan explorador y meterse en lugares donde no debía. Además de que cuando jugaban juntos a alguna situación catastrófica, él era el auror que salvaba el día. A Albus lo mantenía entretenido cualquier cosa que tuviera que ver con pociones, ofreciéndose siempre como voluntario para ayudar a su madre a preparar las que no podían faltar en la casa y si involucraban explosiones, mejor; Harry supo que su madre estaría orgullosa. Mientras que, para Lily, lo máximo eran las criaturas de cualquier tipo, tamaño, aspecto y peligrosidad, haciéndole honor también a su segundo nombre, e incluso les hablaba y los nombraba. Afortunadamente no había gomos en su jardín, porque de ser así, Lily ya los hubiera adoptado, puesto nombre a cada uno y hubiera cedido su habitación para que estuvieran de lo más cómodos. Arnold, que milagrosamente gozaba de una salud envidiable, estaba bajo la custodia de Lily en las ausencias de su dueña. Lo que podía mantenerlos unidos y que compartían todos como familia, era su afición al quidditch, así que era común que dieran vueltas en escoba por el jardín, turnándose para usar la escoba adaptada para ellos y Lily volaba siempre acompañada por alguno de sus padres. En las noches salían a pasear a Padfoot, que tenía una sola cola a pesar de ser una mezcla con crup, por lo que ante ojos muggles no había diferencia entre él y un perro de gran tamaño. Finalmente, después de la cena, Harry podía dedicarse al trabajo en su oficina, procurando no tardar demasiado con cada caso para poder avanzar lo más rápido y no subir a dormir muy tarde, ya que al día siguiente le esperaba una rutina igual.

- Te diría que se ve que has descuidado tu aspecto estos días, pero la verdad es que me encanta esa barba – comentó Ginny una noche cuando llegó tras haber estado fuera por cinco días y al fin subieron a su habitación después de que sus hijos se habían quedado sin energía después de bombardear a su madre con preguntas sobre los partidos de quidditch.

- Por eso me la dejé, no creas que fue porque no me he dado el tiempo de reparar en mi aspecto, para nada – se dejó caer en la cama, rendido después de un día que se le hizo eterno.

- ¿Qué es más trabajo, los niños o ser el jefe? – Ginny se acostó a su lado, apagando la última luz, aunque por la ventana se colaba la luz de la luna, lo que le permitía ver su rostro y su cabello encendido.

- Los dos sabemos que con los niños es más trabajo del que podemos manejar – se talló los ojos con pesar y Ginny rió, asintiendo.

- Lo dice el que quería tener su propio equipo de quidditch – Harry sonrió, recordando que cuando habían tenido sus primeras pláticas sobre tener una vida juntos, él le aseguraba que quería una familia numerosa.

- Sí bueno, no todos al mismo tiempo – se volteó por completo hacia ella y la abrazó, hundiendo su rostro en su cuello, aspirando su perfume que lograba atontarlo como cuando tenía 16 – No se me ha olvidado que todavía nos faltan cuatro jugadores, bueno, si contamos a Teddy, tres.

- Seguro, ¿y quién sería la madre? - correspondió a su abrazo, enredando los dedos en la espesura de su cabello revuelto y pasó una pierna sobre las suyas.

- No faltará quien caiga ante mi encanto - se encogió de hombros y Ginny soltó una risa sarcástica antes de replicar.

- Suerte con eso, que en cuanto se le pase el efecto de tu fama, tu puesto, tu cámara en Gringotts, tu físico y esa barba, no durará mucho – dijo muy segura de sí misma.

- ¿Significa que sin todo eso soy nadie? – se separó de ella para poder mirarla, fingiendo mostrarse ofendido.

- Pues sin todo eso sólo queda Harry – explicó – Que no es esto – pasó suavemente el pulgar por su cicatriz en la frente – Ni esto – bajó la caricia a la cicatriz en la mejilla – Es el hombre que sólo puedes encontrar a través de esos hermosos ojos verdes - Hubo un momento de silencio en el cual los ojos castaños se perdieron en los verdes. Harry sabía que Ginny amaba sus ojos tanto como él los de ella, y en momentos como ese, reafirmaba la devoción que sentía por la mujer frente a él.

- Te a…

- No digas nada – apartó la mirada y lo jaló hacia ella con fuerza para que volviera a acomodarse en su cuello y no siguiera alegando.

- Te amo – dijo con la voz opacada por estar apretado contra la piel de ella.

- Cállate – continuó enredando los dedos en su pelo, pero esta vez con menos cuidado y Harry sentía como le arrancaba unos cuantos cabellos. Desde antes que retomaran su relación, Harry le había hecho saber que ella era demasiado para él y que se merecía a una persona diferente, no a alguien roto y marcado por la culpa como él. Ginny, por su parte, había dejado muy clara su postura respecto a eso, que Harry no debía tomarse atribuciones que sólo le correspondían a ella, como saber qué o quién era bueno tener en su vida.

Harry ya no añadió nada más y se relajó disfrutando de la compañía de la pelirroja y poder aspirar su aroma, al menos el tiempo que lograra durar, pues Ginny no podía estar quieta y en cuanto se quedaba dormida, Harry terminaba en el otro extremo de la cama, y dependiendo de la intensidad de las patadas de Ginny, en el suelo, pero a esas alturas había logrado acostumbrarse y le resultaba raro dormir sin las patadas de su esposa cuando no dormían juntos.

- ¿Estás muy cansado? – dijo al fin Ginny, cortando súbitamente el silencio en la habitación.

- ¿Cansado como para hacer qué? – Harry se incorporó rápidamente apoyándose en el codo para verla mejor. Ginny soltó una risa ante su comportamiento y el sonido fue como un elixir revitalizante. Podía pasar por mil problemas, pendientes o sentirse el ser más miserable, pero escuchar esa risa al final del día, lo mantenía vivo y optimista.

- No sé, para un masaje, tal vez – la poca luz bastó para que pudiera detectar el brillo en sus ojos y la sonrisa cómplice.

- Mmm ya veo – se acercó a ella y le dio un corto beso en la frente.

- ¿O tenías algo más en mente? – dijo inocentemente.

- Tal vez algo… - se incorporó lo suficiente para pasar un brazo al otro lado, dejándola atrapada debajo de él – Más… recreativo – comenzó un recorrido de besos cortos desde el rojo cabello hasta la mandíbula, bajando lentamente a su cuello.

- Pero qué hay de mi masaje – la firmeza de su voz se había desvanecido y ahora luchaba por mantener la cordura, rodeando el cuello de Harry con los brazos y levantando la cabeza para que pudiera seguir con su recorrido.

- Mañana… - ahora besó sus labios – O pasado… - volvió a besarla y cuando se separaron, sus miradas quedaron atrapadas en el otro. Por mucho que se lo propusiera, le resultaba imposible no pensar que estuvo a punto de perderse de todo aquello, de su vida, de ella. Aunque ahora tenían menos tiempo para ellos dos, pues aparte de sus hijos, sus respectivos trabajos les exigía alejarse de casa por días, los momentos que tenían, como ese, lo vivían plenamente.

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Las celebraciones Navideñas y de fin de año pasaron en un parpadeo. Como cada año, la Madriguera fue el lugar de reunión por excelencia, aunque por desgracia no todos los Weasley coincidieron para estar juntos, pues debían dividirse con las familias de sus respectivas parejas. Para el caso de los Potter, eso nunca era un problema, ya que Harry era uno más de los Weasley y no tenía un hogar más al que ir, porque a su primo Dudley lo veía por esas fechas, pero nunca en las más significativas. Teddy estuvo parte de las vacaciones con ellos, y Harry se alegraba de tenerlo en casa no sólo porque sus hijos lo veían como su hermano mayor y lo adoraban, sino porque así podía reconectar con él y ponerse al día. Al final, Teddy tomó el consejo de Harry y decidió hablar con Victoire en lugar de alguna represalia directa contra su novio y para desgracia de ambos, no había terminado bien el asunto, así que, de momento, los dos chicos se encontraban distanciados. El invierno pasaba con algo de nostalgia para los Potter al saber que sería el último año en que estarían con sus tres hijos juntos al partir James en septiembre a Hogwarts. Una vez que entrara al colegio, volvería a casa sólo de visita y al terminar sus estudios, tomarían un rumbo diferente y a él le seguirían Albus y Lily. Ginny y Harry procuraban pasar la mayor parte del tiempo en familia, lo que se les dificultaba por sus ocupaciones, y Harry sentía que el tiempo se le escapaba entre los dedos como nunca antes. Desearía poder hacer un encantamiento alentador sobre su vida en momentos cuando estaba con su familia y uno acelerador cuando estaba en la oficina, y no es porque no le gustara su trabajo, era parte de él, pero al ver lo crecidos que estaba sus hijos, la añoranza del hogar era más grande. Por otro lado, su mente también seguía ocupada en gran parte por el caso Dolohov, que aunque no había ocurrido nada parecido en un tiempo, no significaba que estaba cerrado, pero de momentos no tenía nada nuevo y eso lo mantenía intranquilo. En un abrir y cerrar de ojos, llegó marzo, iniciando con una celebración que se llevaba a cabo medianamente en grande desde hacía unos años.

- ¡Feliz cumpleaños! - Harry le dió un fraternal abrazo a Ron, con su rojo cabello muy corto y sus características pecas enmarcando la radiante sonrisa - Treinta y seis ¿eh?

- La plena juventud – le dijo su amigo con entusiasmo mientras abrazaba a su hermana.

- Se nota – Ginny palmeó la barriga apenas notoria de Ron y él la miró de mala manera, conteniendo la risa y abrazando ahora a sus sobrinos.

- ¡Felicidades, tío! – le decían conforme les tocaba su respectivo abrazo – Esto es para ti – Lily le entregó un paquete mal envuelto con un enorme moño.

- Gracias, jovencita, me ha encantado la envoltura – lo tomó y lo analizó rápidamente.

- Yo misma lo he envuelto – dijo Lily con aire triunfal, entrando a la casa detrás de sus hermanos.

La sala de los Granger-Weasley estaba bastante iluminada y abarrotada de rostros conocidos, desde la familia Weasley casi en pleno, miembros de la oficina de aurores y antiguos compañeros de Hogwarts, del ED para ser más específicos. James, Albus y Lily se perdieron entre la gente, en búsqueda de sus primos, como ocurría siempre en las reuniones familiares. Harry iba a requerir de un encantamiento convocador cuando fuera momento de regresar a casa, pues dudaba que sus hijos se fueran de ahí voluntariamente. Ginny y él se adentraron entre los presentes, saludando a todos y teniendo breves conversaciones con los señores Weasley, Bill, Sanders y Edwards. Finalmente tomaron asiento junto a Luna y Rolf, en el fondo de la sala donde el ruido de las conversaciones era más bajo y tranquilo.

- ¿Qué tal estuvo su expedición en los Alpes? – les preguntó Ginny con curiosidad.

- Muy provechosa, la verdad, y los niños aprendieron mucho – contestó Luna con un característico tono de asombro, el que siempre aplicaba cuando se le preguntaba sobre asuntos relacionados a sus viajes – Rolf no quería volver.

- Me hubiera gustado quedarme un poco más, es cierto – Rolf era la viva imagen de su abuelo, y como a Luna, le brillaban los ojos cuando se mencionaba algo relacionado con la naturaleza, animales, bestias, o cualquier ser que resultara particularmente peligroso o extraño - Pero el Departamento ha tenido mucho trabajo, hay algunos animales que están saliendo de sus hábitats - aunque no formaban parte del Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas, colaboraban con frecuencia.

Continuaron platicando con ellos por un largo rato, hasta que George, Fred y Roxanne se pusieron a hacer un show de luces y fuegos artificiales en medio de la sala, llenando el ambiente de olor a pólvora y chispas de colores que terminaban en todos lados, incluidas las charolas levitantes con aperitivos que pasaban entre los invitados. Harry se imaginó que a Hermione no le haría ni pizca de gracia todo aquello, pero se sorprendió cuando la divisó más lejos, abrazada a la cintura de Ron, muy animada viendo el espectáculo. Sin notarlo, Harry olvidó los fuegos artificiales y observó a sus amigos, sonrientes y felices. En momentos de celebración como ese era cuando recordaba todo lo que habían pasado por acompañarlo y hasta dónde habían llegado. El camino después de la guerra fue pedregoso para todos, pero afortunadamente para ellos, había resultado bastante más liviano al contar el uno con el otro en un sentido más allá de la amistad. Y claro que como pareja tuvieron que crecer bastante, pues cuando sólo eran amigos eran muy celosos y vengativos con el otro, pero Harry los había visto madurar y consolidar su relación rápido, culminando en el altar tres años después. Ron había tomado un descanso como auror, cuando Hermione estaba embarazada de Rose, y Harry llegó a pensar que podía ser definitivo, pues su amigo quería estar más en casa, con su familia, y sobre todo, lejos de los peligros que implicaba su carrera. No lo podía culpar, él había pasado por ese mismo sentimiento cuando nació James, pero dejar de ser auror nunca fue una idea que pasara por su mente, sólo se motivó más a tener éxito en sus misiones y asegurarse de resultar lo más ileso posible, pues siempre había tenido la convicción de que su trabajo se encargaba de que su familia no creciera en oscuridad. Cuando Rose cumplió dos años, Ron decidió retomar su carrera de auror sin abandonar a George en la tienda y el equilibrio que había logrado entre sus dos ocupaciones lo ayudaron a mantenerse positivo y optimista en las misiones, así que cuando Hugo se anunció, el miedo e inseguridad que sentía en el campo habían quedado opacadas. Además de todo, lo cierto es que no habían corrido más peligro que cuando enfrentaron a Voldemort, sólo visitas seguidas a San Mungo que pasarían desapercibidas de no ser por las cicatrices y bueno, lo importante era que seguían vivos.

- ¿Me ayudan con el pastel? - Hermione se acercó a ellos con una sonrisa en el rostro y sin esperar respuesta jaló a Ginny de la mano y se la llevó a rastras entre la gente, seguidas por Harry.

El enorme pastel fue rodeado por los invitados y Ron se colocó frente a él, junto con Hermione, Hugo y Rose. Más barullo y luces inundaron el lugar mientras las rebanadas de pastel levitaban en platos sobre sus cabezas para llegar a cada invitado. En cuanto los niños obtuvieron su rebanada, corrieron en grupo al piso superior para seguir con lo suyo. Cuando comenzaban a retomarse las conversaciones, Harry sintió algo caliente en el bolsillo y al instante comenzó a vibrar con movimientos bruscos. Metió la mano al bolsillo y sacó su insignia de auror que comenzó a resplandecer en su mano con una brillante luz amarilla. El código de la señal era de emergencia para evaluar el lugar de los hechos, sin combate directo, pero definitivamente requerían de su presencia. Harry levantó la vista y comprobó que Edwards, Stevens, Wembley, Sanders y Ron tenían sus respectivas insignias en la mano, lo que indicaba que todo auror que estuviera disponible debía presentarse. Harry volvió a ver a Ginny, que había estado observándolo y supo que sucedía algo.

- Gin… no tardaré - le dijo él, lo que indicaba que era un llamado de reconocimiento y no tardaría días como pudo haber pasado - Dile a los niños…

- Te quiero intacto, Potter - le dijo ella con firmeza y clavó sus ojos en los de él. No era la primera vez que ocurría algo así, con frecuencia Harry era llamado y sin importar la reunión o momento en el que estuviera, debía acudir, más ahora como jefe.

- Claro - besó su frente al tiempo en que el equipo llegaba hasta él, como esperando instrucciones. El resto de los presentes había interrumpido sus respectivas pláticas al ver la movilización de los aurores y algunos susurraban, formulando hipótesis del llamado - Tú no vienes, Weasley - refiriéndose a Ron por su apellido cuando se trataba de algún asunto oficial, su amigo lo miró extrañado - Es tu fiesta, cuenta como que no estás disponible, es una orden - añadió al ver que Ron abría la boca para replicar - Los demás…

- Mueve tu trasero, jefe, nos están esperando - Edwards echó a andar con paso decidido hacia la puerta, pasando entre la gente que estaba de pie y Harry la siguió sin dudar, con los otros tres detrás. Cuando salieron, el clima era un poco más fresco que el interior de la casa, pero bastante agradable, lo que resaltaría sin duda con lo que estarían por encontrarse. Apretando la insignia en su mano, desapareció con un sutil sonido.

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Lo primero que percibió cuando sus pies tocaron tierra firme fue el retumbar del cielo, producto de los fuertes truenos que lo iluminaban cada tanto, como largas serpientes, pero no había lluvia; el aire huracanado los recibió sin piedad, alborotando sus capas y los relámpagos eran tan rápidos que no les permitía ver con claridad. Pero no fue el clima violento lo que captó la atención de Harry de inmediato, pues en cuanto dió un paso, lo sintió. Magia oscura. Metió una mano en el bolsillo de su capa, apretando la varita, aunque percibía que lo que había causado aquello ya no estaba ahí, no habría un enfrentamiento.

- ¿Qué rayos…? - escuchó a sus compañeros detrás de él, y concentró su atención en su alrededor, tratando de ignorar los constantes sonidos de aparición del resto de aurores que llegaban a unos cuántos metros. Los relámpagos habían sido tan constantes en esos segundos que permitieron ver con claridad el panorama. Los árboles frente a ellos estaban derribados, con sus hojas opacas apuntando en su dirección y las grandes raíces expuestas como si los hubiera arrancado un gigante, apuntando al interior. Más allá del primer grupo de árboles que se distinguían, pudo notar que los siguientes tenían las hojas secas parecido al efecto del filtro de los muertos en vida. A sus pies, la tierra estaba revuelta, sin vegetación y por supuesto sin ningún tipo de vida animal. El bosque estaba muerto.

- ¡Potter! – Roberts, el auror encargado del contacto con el mundo muggle, caminaba hacia él unos metros a la derecha, pasando con dificultad entre los árboles y afirmándose la capa por el viento aunque no pudo evitar que siguiera enredándose con las raíces y ramas torcidas - Menos mal ya estás aquí, Anderson sigue fuera del país - con esfuerzo llegó a su lado, tratando de recuperar el aliento - Varios muggles llamaron a emergencias reportando luces extrañas que provenían del bosque y luego hubo una explosión. En el cuartel también lo detectaron en el mapa. Tuvimos que confundir al equipo de bombardos muggles que llegaron pensando que era fuego y venían a apagarlo.

Los relámpagos no iluminaban lo suficiente y de momento su última preocupación era que lo vieran los bomberos o cualquier muggle curioso.

- ¡Lumus máxima! - apuntó al cielo y una bola de luz emanó de la punta de su varita y se mantuvo flotando en el aire a unos pocos metros - sus ojos no lo habían engañado la primera vez, todo estaba destruido - Establezcan un radio de seguridad, no quiero que pase ni siquiera una mosca - indicó a nadie en particular, pero escuchó algunos pasos alejarse a sus espaldas mientras otras bolas de luz acompañaban a la suya para iluminar sus pasos - Busquen cualquier indicio, pero manténganse en grupos pequeños, no quiero a nadie trabajando solo - su orden se extendió entre todos los presentes que comenzaron a caminar por su cuenta.

Agudizó la vista, tratando de vislumbrar más allá, pero la luz frente a él no era suficiente. Levantó la cabeza y pudo percibir que efectivamente estaba lloviendo, pero las gruesas gotas no llegaban a ellos, como si hubieran colocado algún hechizo repelente, pero sabía que no era el caso. Se abrió paso entre las ramas de los árboles que estaban frente a él y apuntando a una rama, le prendió fuego. La llama era pequeña, apenas lograba bailar acompañando las luces del cielo y crepitando por un minuto aproximadamente, se fue consumiendo hasta que dejó un simple rastro de humo que serpenteaba lentamente.

- No te gastes, Stevens - le decía Edwards a su compañera al ver que se disponía a poner la varita al suelo para realizar un hechizo revelador que pudiera explicar lo ocurrido - No funciona con esta magia, no se puede seguir un rastro ni recrear la memoria del lugar.

Harry siguió caminando a la siguiente fila de árboles, los que tenían las hojas secas y parecía que llevaban tiempo, para realizar la misma acción que con el primero. La llama era más débil que la anterior y se consumió más rápido. Los murmullos alrededor eran tanto de sorpresa, miedo y teorías y algunos intentaban hacer lo mismo que Stevens o algo parecido, pero no había forma de obtener respuestas. El siguiente árbol, aún más deteriorado, apenas y fue capaz de emitir una chispa ante la varita de Harry y el suelo incluso ya no tenía tierra ni hojas, ni algo a lo que los árboles pudieran haberse aferrado en vida, sólo era polvo, y parecía agrietado, con finos surcos que encaminaban más adentro.

- ¿Habías visto algo así? - una voz familiar llegó a su lado y él se limitó a negar con la cabeza, tan ensimismado en su entorno que no prestó mucha atención. Sabía que la magia podía tener muchas presentaciones, pero en lo que llevaba de servicio, no había sido testigo de nada parecido. Levantó la vista hacia Ron percatándose de que era él que contemplaba la escena con la varita firmemente apretada en un puño. Tenía algunas migajas repartidas en el cuello de su ropa, lo que indicaba que había salido con prisa a mitad del pastel.

- Se supone que no estás aquí - se sentía egoísta por alegrarse de verlo ahí, al pie de guerra como siempre, pero en equipo con él todo era un poco más claro, así habían resuelto varios casos.

- Sí bueno, sabemos que tus órdenes me las paso por…

- ¡Ey, jefe! - lo llamó Edwards a unos cuántos metros delante - ¡Debes ver esto!

Imaginando lo que estaba por ver, se abrió paso separando árboles de su camino con un movimiento de varita y seguido por Ron llegó hasta donde estaba su compañera. Edwards le hizo un movimiento con la cabeza, señalando al frente. Era un cráter no tan profundo pero que estaba por debajo del nivel del suelo, marcando un círculo casi perfecto. El suelo estaba ennegrecido, tornándose más gris a medida que el círculo se hacía más grande y de ahí salían las ramificaciones del suelo que había visto unos metros antes, pero no rodeaban todo el círculo, sólo un tercio. Harry llegó justo al centro, como intentando interpretar los hechos desde ese punto de vista y aunque todo a su alrededor estaba destruido, no veía nada diferente. Apuntó la varita al suelo invocando directamente un bombarda, pues sabía que un simple incendio no haría nada, pero el resultado fue el mismo. De su varita salía con fuerza el hechizo y se notaba impactar el suelo, pero no ocurría nada, ni una chispa, apenas revoloteaba un poco el polvo a sus pies. Mientras más oscuridad, más difícil era combatirla, y que el fuego no se haya producido ahí era un claro aviso de que quién había causado aquello estaba empleando la oscuridad en esencia pura.

- ¿Eso qué significa? - Roberts, que junto con otros los habían rodeado, se aventuró a formular la pregunta que todos se hacían internamente.

- Significa que esto sólo es el comienzo - se limitó a decir.

- Tal vez no lo has hecho concentrado - Ron bajó a su lado y apuntó al piso. Cuando alguno hacía algo y no había resultado, el otro lo repetía sólo para comprobar, como en ese caso, dónde Ron tuvo tanto éxito como él en intentarlo – Maldición - dijo entre dientes más para ellos dos, como odiando que su amigo tuviera razón.

Harry levantó la varita al cielo, lanzando chispas rojas que acompañaron a los truenos y en cuestión de segundos se vio rodeado por el resto de los aurores que no sumaban más de 100, entre veteranos y los recién salidos de la Academia, pero necesitaba a cada uno, sin contar lo que estaban asignados a misiones. Lo miraban con atención, expectantes a su explicación o sus órdenes.

- Investiguen a cada persona involucrada, desde los muggles que hicieron los reportes, hasta los bomberos que llegaron después, y si es necesario hasta las aves, pero necesito testigos - algunos asintieron - Esta zona quedará protegida hasta nuevo aviso. Todo lo que vayan recabando se lo entregarán únicamente a Edwards, Weasley, Anderson si es que llega para el momento o directamente a mí - los fue señalando con la varita - Mantengan los ojos abiertos, no descarten ningún reporte o caso que tenga lo mínimo de sospechoso, y cualquier asunto me lo hacen saber - se escucharon algunos "bien" o "entendido" - A trabajar - comenzaron a dispersarse alrededor, pero Harry no se movió.

- ¿Lo sientes verdad? - Ron parecía preocupado, no sabía si por lo ocurrido o por el semblante de Harry.

- ¿Tú también? - Usualmente decían que Harry tenía un sexto sentido para detectar la magia oscura, él no lo creía, aunque no conocía a nadie más que pudiera sentirlo literalmente, simplemente no podía explicarlo, pero lo sentía en el aire, en la piel. Posiblemente era una secuela que le había dejado su enfrentamiento con Voldemort, pero ahí era parte del alma del mago causante de todo, era posible, pero después de eso siguió detectando ese latente peligro.

- No como tú, pero definitivamente se siente - Edwards, Stevens y Wembley se acercaron a ellos - Pero fue un grupo, esto está muy avasallador para una sola persona, ¿No? - Harry no contestó y eso preocupó más a Ron - ¿No? - repitió, como esperando que Harry diera la respuesta que él esperaba.

- No lo sé, Ron - respondió con sinceridad, viendo la sombra del miedo en los rostros que lo acompañaban - No lo sé.

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Hoy es el cumpleaños de Harry, así que tuve que publicar hoy :D

Todo muy familiar y tranquilo hasta que algo se atraviesa. Es el contraste de Harry en confianza con los suyos con Harry auror/jefe que en lo personal me encanta.

Los momentos de Harry con sus hijos me cuestan un poco la verdad, y la relación con Teddy me la imagino sin problema.

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