CAPITULO 3
Junio 2019
El repentino silencio del mundo le resultaba inquietante. Sentía que cuando más paz había después de algo tan perturbador como lo ocurrido en Kent, en 2016, una tragedia aguardaba por arrasar con todo de nuevo. Y no es porque realmente el Departamento de Seguridad (DS) no tuviera nada que hacer, pero los rastros de magia oscura parecían no relacionarse entre sí a pesar de localizarse en un área cercana, pero incluso algunos resultaron sin que los ejecutores supieran lo que hacían realmente, más como resultado de magia involuntaria o experimental sin propósito definido. Se seguía sintiendo impotente respecto al caso del 2016, pues no habían logrado resolverlo y no encontraron alguna pista concreta. De todos modos, lo mantenía como un caso abierto ,aunque muchos le aconsejaban que dejara aquello por la paz, ya que afortunadamente no pasó nada más, pero Harry no estaba conforme. Además de que el Departamento perdía credibilidad ante la posibilidad de dejar un caso sin resolver sobre todo de esa magnitud. Desde entonces no pasaba nada relevante para alivio de todos y lo normal es que él también se sintiera así, pero el silencio sólo lo hacía pensar que el plan que le insinuó Dolohov hacía un tiempo requería organizarse y consolidar sus bases para el siguiente paso, por lo que no bajaba la guardia. Tenía constantes reuniones con la oficina de aurores y el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, liderado por Hermione, para tener la situación en el mayor control posible. En los casi cuatro años que llevaba a cargo del DS había logrado avances en su organización y estructura y una gran evaluación en la Academia de Aurores, que aunque se manejaba aparte, la comunicación había mejorado considerablemente. Desafortunadamente no todo evolucionaba para bien, pues Kingsley Shacklebolt había renunciado a su puesto de Ministro de magia tras 20 años de servicio. Desde luego que merecía descansar, y aunque no se apartó del todo del ministerio, su sucesor, Kyle Myers no resultó ser la mejor elección y sobraba decir que Harry procuraba mantener su distancia.
Aparte de su responsabilidad en el Ministerio, la parte maravillosa de su vida, su familia, también había tenido cambios. James y Albus cursaban su tercer y segundo año en Hogwarts, respectivamente, por lo que Lily se coronaba cómo la consentida de la casa y acaparaba la atención que antes compartía con sus hermanos. En septiembre entraría al colegio y estaba tan ansiosa como nostálgica. En ocasiones Ginny la llevaba con ella a los partidos que le tocaba reportar, pues mantener a una sola vigilada era más fácil que a los tres en su momento, así que había ocasiones en que Harry se encontraba solo en casa por unos días. A diferencia del Harry adolescente, él se había acostumbrado a la compañía de su familia y la soledad le parecía extraña. En otro momento hubiera contado con la compañía y complicidad de Ted, pero ya se dividía bastante entre abrirse paso en el mundo legal del Ministerio y su relación con Victoire, que por cierto, toda la familia había previsto desde hacía años. Nunca había visto tan feliz a su ahijado como en ese último par de años. Así que los deseos de Molly de hacer a Tonks parte de la familia, se había cumplido en cierta medida y sabía que ella también le hubiera dado gusto.
Aprovechando lo calmado de ese día en específico, se disponía a salir un momento a comprar el regalo de cumpleaños para Lily que sería en un par de semanas, y ya que últimamente no pasaba tanto tiempo con ella como le gustaría, quería que su cumpleaños fuera especial.
- Te traigo los formatos para que los firmes - su asistente entró por la puerta que siempre permanecía abierta cuando no estaba tan ocupado, con una torre moderada de papeles entre los brazos - Ah, vas a salir - Harry ya tenía la capa en la mano.
- Sólo un momento - le indicó que dejara los papeles sobre el escritorio - ¿Nada urgente?
- No, las firmas de siempre.
- Bien, no tardaré - salió de la oficina, seguido de Sam.
- Tienes reunión por la tarde con Anderson y Watson - pasaron por el pasillo principal, siempre en movimiento.
- No lo olvido, estaré de vuelta antes - llegaron a la salida del área donde ya era común ver a gente de otros Departamentos - ¿Ya entregaste tus documentos para la reasignación de exámenes?
- Sí, desde ayer - asintió seguro. Sam era un buen elemento, y aunque le facilitaba mucho la vida, sabía que se desperdiciaba en el papeleo y no dudaba que fuera capaz de desempeñarse en el campo, así que él mismo le había pedido que volviera a intentar acreditar los dos cursos que no había logrado para ser auror - Serán en un par de meses y…
Pero no logró terminar la idea, pues el escandaloso sonido de una alarma llegó a cada rincón del Departamento de Seguridad y seguramente al siguiente piso. Harry maldijo por lo bajo, automáticamente dió media vuelta de regreso y varios a su alrededor lo imitaron corriendo por el pasillo. Cuánto odiaba tener razón.
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Si Harry había tenido la corazonada de que el bosque del 2016 era sólo el principio, ahora tenía la completa certeza. Frente a sus ojos se mostraba un escenario casi idéntico al de aquel año, salvo que no llovía y a pesar de las nubes que cubrían el cielo, la luz que se filtraba a través de ellas permitía ver el panorama completo. El rastro de oscuridad era el mismo que sintió aquella vez. Árboles y tierra estaban secos, revueltos y seguramente habían sido los únicos testigos de lo ocurrido ahí.
- ¡Establezcan un perímetro de seguridad! - la voz de Anderson se hizo presente en algún punto junto a él, así que aprovechando que el hombre quería llevar a cabo su función de jefe de aurores al pie de la letra, Harry se adentró entre los árboles caídos, con varita en mano para abrirse paso - ¡Williams, Green, Graham, Yung, vayan a la zona muggle habitada más cercana!
- Es exactamente lo mismo que aquella vez - Wembley caminó a lado de Harry, dejando cada vez más atrás la voz autoritaria de Anderson. La tierra a sus pies se veía revuelta, con finos surcos. Caminaron unos metros más, y cuando un árbol especialmente grande fue apartado del camino, el centro fue visible.
- Definitivamente no lo es - el corazón de Harry dió un vuelco. Justo en el cráter, estaban los cuerpos de al menos una decena de personas. A su lado, Adam soltó una maldición, pero él fue incapaz de dejar salir algún sonido. Sintió un gusto amargo en la boca, acompañado del ácido burbujeando en su estómago. Eran muggles sin duda, a juzgar por la ropa que se mantenía intacta, igual que el cabello. Si fuera otra circunstancia, parecería que estarían durmiendo. El resto de los aurores llegaron detrás de él, algunos reaccionando igual que Adam ante la escena.
- Ne…necesito que… - al cabo de unos eternos minutos, Anderson habló por fin, la confianza de hacía un momento había desaparecido, igual que la del resto - Un equipo se encargue de identificarlos - su orden ya era al azar, como si esperara que alguien se ofreciera voluntario. Lockwood y Robins, de los más jóvenes, se acercaron más, apenas un metro más cerca de los cuerpos que Harry - Potter - la forma en que lo llamó revelaba que se sentía un tanto aliviado de poder pasar la batuta a alguien más, dadas las circunstancias - ¿Alguna idea?
Harry lo miró pero no dijo nada, suficiente tenía con el propio caos en su cabeza como para hablar. Algo se les había escapado la vez pasada.
- Aquí hay algo - Robins estaba de cuclillas, señalando algo junto a la mano de uno de los cuerpos - Parece como una recordadora - extendió la mano.
- ¡No! - pero la orden de Harry no llegó a tiempo. En cuanto los dedos de Robins rozaron la superficie de la esfera, un humo verde se desprendió de ella con fuerza, alzándose unos metros, acompañado de susurros que no se distinguían - ¡Atrás, ahora! - con un movimiento de la varita expulsó a Lockwood hacia atrás, alejándolo del humo que había cubierto completamente a Robins, que gritaba y se retorcía de dolor, incapaz de salir de ahí por sí sólo, pero Harry debía actuar rápido ante el peligro - ¡No dejen que se extienda! - con la varita estableció un escudo entre el humo y el resto, impidiendo que se expandiera en su dirección, pero tenía más salidas - ¡Un círculo! ¡Ya! - percibió el movimiento a su alrededor, obedeciéndolo e imitándolo con las varitas. Debía sacar a Robins de ahí - ¡Otro círculo externo, si pasa sobre nosotros, los demás lo detienen! - había exclamaciones y nerviosismo alrededor - ¡Debemos contenerlo! - el más próximo a él era Wembley y apretaba tanto la varita que le temblaba entre las manos. Su compañero asintió con la cabeza, entendiendo que pensaban lo mismo y sin esperar más órdenes apartó la varita, lo que dejaba a Harry con más área que cubrir. Los gritos de Robins se escuchaban más apagados, y Harry sabía que no contaba con mucho tiempo, pero no era posible apartar la varita. No pensó mucho lo siguiente, pues si lo hubiera hecho probablemente no hubiera funcionado. Extendió la mano libre en dirección a su compañero agonizante y como si tomara una cuerda invisible lo atrajo hacia él con el mismo efecto de un encantamiento convocador. Robins apareció entre el humo, llegando a los pies de Harry, todavía retorciéndose. Debía mantenerse concentrado al frente, por lo que apenas pudo distinguir que respiraba con dificultad y su cuerpo estaba irreconocible, con deformaciones.
- ¡Traigan un sanador! ¡A mí señal, empujen con fuerza! - confió en que los aurores en el círculo lo hubieran escuchado entre los susurros que se escuchaban cada vez más fuertes. Mentalmente contó hasta tres - ¡Ahora! - empujó, dando un paso, y el ruido pareció acelerarse, pero bajó de volumen - ¡Ahora! - repitió, dando otro paso.
- ¡Lo tengo! - Wembley llegó de nuevo a su lado, agitado, con una vasija de medio metro de alto adornada con lo que parecían runas antiguas - ¡Rápido! - puso la vasija en el mismo punto en el que él había estado hacía un momento.
- ¡Atención! ¡Empujen con todo lo que tengan cuando de la orden! - su corazón latía con fuerza. Robins había dejado de moverse a sus pies y él debía dirigir el humo para poder contenerlo. Un movimiento en falso y se liberaría. Cerró los ojos un segundo, concentrándose en los rostros que mantenía fijos en su mente en todo momento, recordando que siempre hacía todo por ellos. Abrió los ojos con determinación - ¡Empujen!
Alejó la varita lo suficiente para que su escudo se viera debilitado y el humo pudiera escapar por ahí, repelido por los demás. Sintió la fuerza de la magia tratando de escapar, empujándolo unos centímetros en la tierra y apretó la varita con ambas manos dispuesto a no ceder más. Finalmente logró hacer que el humo siguiera la dirección que su varita le dictaba, extinguiéndose al interior de la vasija que temblaba y crujía con fuerza. Al cabo de unos segundos que se le hicieron eternos, los fuertes murmullos fueron apagados y todo quedó en silencio, salvo por la vasija que continuó vibrando un poco más hasta que se quedó estática. Los aurores alrededor parecían agitados pero aliviados, sin embargo, Harry no se permitió respirar. Se agachó al lado de Robins.
- ¿¡Dónde está el sanador!? - lo que en un principio le pareció que era el cuerpo deforme, en realidad eran enormes pústulas verdosas que lo cubrían por completo - Resiste, Frank - comprobó que todavía respiraba, aunque con mucha dificultad - Estarás bien - se odió internamente por mentir, pero en cuanto Robins abrió los ojos supo que no importaba lo que dijera en ese momento. A pesar del físico irreconocible, ante él estaba el joven de cabello castaño y sonrisa amable que se había emocionado bastante cuando fue nombrado auror.
- Pe… Perdón, jefe - dijo el hombre con una voz apenas audible - Fui… descuidado.
- No hables, guarda energías - miró alrededor con ansiedad, esperando la ayuda, pero los demás los observaban con pesar e impotencia. Angelina estaba ahí, a unos metros, acompañada de otras dos sanadoras, mirando en su dirección. Ella negó con la cabeza, afligida.
- Di… dígale a mi hermana - Harry apretó la mandíbula, resistiéndose a que no hubiera nada que hacer, pero dispuesto a escucharlo - Ella… - Robins lo miró con firmeza, tratando de decirle todo a través de esos ojos oscuros.
- Ella lo sabe - Frank y su hermana eran un dúo que Harry llegó a comparar con Fred y George, aunque ella no estuviera en el mismo Departamento - Estará bien, Frank.
- Sí… - respiró con profundidad, como si se sintiera aliviado y cuando exhaló, no se movió más.
Frank Robins. Uno más.
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- Harry, mientras más te muevas, más tardaré - insistió Angelina por décima vez. Él no lo percibió al principio, sus manos presentaban pequeñas pústulas que apenas le incomodaban, pero Angelina insistía en que debía tratarse, así que estuvo detrás de él hasta que prácticamente lo amenazó en que se podían complicar - Estoy segura que Anderson puede encargarse un momento - terminó de envolver la mano izquierda con una venda después de aplicarle un díctamo.
- Tengo que seguir revisando.
Se habían ocupado de los cuerpos, incluido el de Robins, y habían sido llevados al Ministerio para investigación. Harry tenía retratado en la mente los últimos instantes de su compañero y sabía que sería así por un tiempo. Pero en los alrededores había mucho movimiento. Estaban en el condado de Northumberland, al norte del país, muy alejado del primer hallazgo, ocurrido en Kent, y debían aprovechar el día para moverse e interrogar muggles. Harry estuvo a unos metros de llegar a la zona muggle antes de que Angelina lograra persuadirlo.
- Aplícate esto por tres días - le entregó una botellita cuando terminó su tarea con la mano derecha - Sabré si no lo haces - dijo a modo de regaño - Tú más que nadie debe saber que las heridas causadas con magia oscura son difíciles de tratar - él asintió, derrotado.
- Gracias, Angelina - ella le dedicó una sonrisa calmada, comprendiendo la dimensión de todo lo que había pasado - ¿Puedo pedirte que…
- No se lo diré a George ni a ningún pelirrojo, no te preocupes - incluso ya sabía las peticiones usuales de Harry - Sólo cuida esas manos, nos vemos después - se colgó al hombro la bolsa de tela y palmeando su hombro a modo de despedida, se alejó.
- ¿Jefe? - Lockwood aprovechó que Angelina se había marchado para acercarse a él, algo inseguro. Harry esperó a que continuara, pero el chico sólo se retorció las manos hasta que después de un momento, habló - Sólo quería agradecerle, señor…
- Sólo Harry - aclaró. El apodo de jefe se lo decían varios gracias a Edwards, pero él había solicitado en repetidas ocasiones que se dirigieran a él sólo como Harry o Potter, si querían, pero nada de formalidades como señor.
- … por salvarme hace un momento, yo… actué como novato - que en realidad sí lo era - Y si usted no hubiera intervenido, seguramente habría corrido la peor suerte - Harry nunca buscaba agradecimiento, y en ese momento menos lo merecía - Así que, gracias jefe, daré lo mejor de mí en adelante - le hizo una especie de reverencia y sin esperar respuesta, caminó de prisa hacía un pequeño grupo de compañeros.
- Nadie vio nada, como era de esperarse - Wembley llegó a su lado y se dirigieron hacia las calles del lugar. El sol ya se estaba ocultando, y ya no había tanta gente fuera de los edificios - Siguen recorriendo la zona, pero igual que la vez pasada no hay nada. La vasija ya fue transportada y sin mayor contratiempo ya está custodiada en el Ministerio - había una sección especial para la contención de artefactos tenebrosos y de potencial peligro.
- ¿Ya tienen los nombres? - refiriéndose a los muggles.
- Me parece que no, pero están en eso - se mezclaron con la gente, desentonando un poco por las largas capas. Harry se quitó las insignias que sobresalían bastante y de un codazo le indicó a Adam que hiciera lo mismo.
- ¿Han contactado a la familia de Robins? - decir su nombre dolía, pero él mismo debía y quería encargarse de esa parte. Conocía a cada auror y la pérdida no sólo le pesaba, le dolía sinceramente.
- Estarán en el Ministerio en media hora.
En el camino se encontraron a otros aurores, algunos preguntando en los locales, otros a la gente. Esas inspecciones iban acompañadas con su respectivo hechizo desmemorizante o de confusión, pues aparte de la vestimenta, algunos no eran muy discretos, como Williams que se detenía cada tramo para tomar una foto con una enorme y anticuada cámara fotográfica que los muggles habían dejado de ver hacía mucho, o Yung que tomaba notas con una larga pluma azul metálico que repentinamente se quedaba levitando cuando no la usaba y estaba tan concentrada que parecía no notar que estaba siendo demasiado obvia.
- Será mejor ir entonces - su compañero asintió y se dispuso a regresar.
Harry lo imitó, dando media vuelta para regresar y encontrar un punto discreto para desaparecer. Pero un cosquilleo en la nuca lo hizo aminorar su paso. Era esa sensación de estar siendo observado, como aquella vez en su tercer año cuando Sirius lo vigilaba. Se detuvo y giró la cabeza en la dirección donde sentía la mirada. A lo lejos, entre la gente caminando vislumbró a una mujer de mediana estatura, con el cabello rizado hasta los hombros y unos ojos muy grandes y vivaces y casi en la totalidad del contorno de uno lucía una llamativa cicatriz que parecían los rayos del sol. Tenía las manos metidas en el bolsillo de un abrigo azul y efectivamente, lo miraba fijamente. Harry tuvo una sensación extraña. Pero en ese momento Williams tropezó y dejó caer la cámara, ocasionando ruido y quejidos. Harry apartó la vista de la mujer pensando que se había tratado de algo más, y cuando regresó la mirada, ella ya no estaba. Miró alrededor en su búsqueda.
- Potter, el Wizengamot organizó una reunión - de nuevo era Anderson y Harry ya no se permitió indagar sobre lo extraño que acababa de ocurrir - Nos esperan ahora.
- No, me reuniré con la familia de Robins - se decidió a caminar de nuevo con el resto, tratando de convencerse de que sólo estaba demasiado paranoico.
- Pero es una orden - dijo extrañado ante la evasiva de Harry a llamados superiores.
- Un hombre murió en servicio, así que esa es mí prioridad y si no les parece a los del Wizengamot, saben dónde encontrarme.
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Llegó a casa alrededor de la medianoche del día siguiente. No sabía qué le dolía más, si la cabeza, los pies, respirar o el espíritu. No sólo tuvo que soportar dos insufribles horas con los altos mandos del Wizengamot casi en pleno dentro de su oficina para hablar del tema y de su desacato por no asistir a la reunión oficial, también llevar a cabo todo el papeleo, soportar a la prensa que no dejó de acosar en todo momento y lo peor, enfrentar a la familia de Robins. En sus años de servicio era la primera vez que perdía a un hombre que estaba a su cargo (aunque ahora todos estaban a su cargo en realidad). Hasta el último de sus días recordaría la imagen de los padres y la hermana de Robins al recibir la noticia. Se hubiera refugiado un poco en su equipo, en especial Ron, al menos sobre el caso, pero estaban asignados a misiones.
- Harry - la voz aliviada de Ginny contrastó con sus emociones. Llegó a su lado y lo abrazó. Harry correspondió a su abrazo, tal vez apretándola de más, pero ella no se quejó - Lo siento tanto, amor - aunque la noticia no hubiera corrido por el mundo mágico, Ginny lo conocía a la perfección y seguramente sabía todo lo que sentía.
- Gin - respiró profundo sobre su cabeza, dejando que su aroma lo inundara - ¿Lily?
- Logró dormir en cuanto supo que estabas bien, Sam se puso en contacto - se separaron al cabo de un momento y Harry reparó en su aspecto. Estaba sucio y su ropa desprendía olor de bosque, díctamo y algo quemado - Ve a tomar un baño, te prepararé algo.
- No tengo hambre.
- Sólo ve a tomar un baño, ¿Sí? - Harry asintió, pues definitivamente lo necesitaba. Miró a Ginny una vez más, acarició su mejilla y subió las escaleras.
No tardó mucho en la bañera, pues las manos le escocían un poco con el agua a pesar de que las pústulas estaban desapareciendo. Tomó unas vendas y antes de bajar de nuevo, pasó al cuarto de Lily sin hacer ruido. Su hija era la calca de Ginny, durmiendo con las sábanas revueltas y una pierna la tenía colgando de la cama, pero a pesar de eso se veía tranquila y en paz. Harry se permitió respirar aliviado, recordándose que todo lo que hacía era justamente para que Lily y sus hermanos pudieran dormir con esa calma. Bajó a la sala, donde Ginny lo esperaba sentada en el sofá con dos tazas de algo que olía delicioso.
- No era necesario que me esperaras - debía pasar la una y Harry sabía que no merecía las atenciones de Ginny, de nadie.
- Lo sé - le indicó que se sentara junto a ella y Harry fue primero a recuperar el frasquito de díctamo de su capa junto a la puerta antes de obedecerla - Toma esto, te sentirás mejor - sabía que no había caso en replicar, así que se llevó la taza a los labios y bebió un poco. Permanecieron en silencio mientras Ginny le ayudó a curarse las manos y a vendarlo. Al cabo de unos minutos, Harry comprobó que estaba calmado, pero seguramente el té no había tenido tanto efecto como la pelirroja a su lado.
- Vamos a dormir - susurró Ginny después de un momento.
- Ve tú, yo no creo poder hacerlo - sólo daría vueltas en la cama y tampoco la dejaría descansar.
- Entonces me quedo contigo.
- No es necesario, Gin, ve a descansar.
- Si quieres tener tu espacio, está bien, me iré a dormir, pero también puedo acompañarte, sin hablar ni hacer nada, sólo estar aquí, contigo - Harry la miró fijamente. Cuando creía que lo sabía todo respecto a su relación con Ginny, descubría algo nuevo y sorprendente - ¿Quieres que me quede?
No contestó inmediatamente no porque meditara la respuesta, sólo estaba valorando el momento, aferrándose a él.
- Siempre.
Ginny le sonrió con ese amor que sólo ella podía transmitirle, una sonrisa que sólo le había visto dedicarle a él, y se acurrucó a su lado, apoyando la cabeza en su hombro. Sabía que no recibiría palabras de consuelo por parte de ella, como "no fue tu culpa" o "hiciste lo que pudiste" y mucho menos un "todo estará bien", porque al igual que él, aceptaba la realidad con todo lo que venía, y las palabras no aminorarían la carga que llevaba. Así que lo acompañó en silencio y para asombro de Harry, se sintió más liviano. Comprendió por qué Dumbledore le atribuía tanto poder al amor, porque en ese momento la compañía de Gin lo estaba sanado.
No pensó poder dormir esa noche, así que se sorprendió cuando abrió los ojos a la mañana siguiente y descubrió que los primeros rayos del sol comenzaban a colarse por la ventana de atrás. Estaba un poco torcido del cuello, pero era una molestia casi placentera al comprobar que Ginny seguía durmiendo junto a él, en la misma posición acurrucada. Y una sonrisa apareció finalmente en su rostro al encontrar a Lily acostada junto a él, con la cabeza apoyada en sus piernas. Recordó que en la madrugada percibió la llegada de su hija con ellos, pero estaba tan cansado que sólo había atinado a indicarle que se sentara con él. El olor a café recién hecho llenó la casa, y el ruido en la cocina le indicó que Kreacher ya estaba haciendo sus labores de la mañana. Pero debía levantarse y regresar al infierno en el ministerio, dónde el papeleo interminable lo esperaba y sobre todo la investigación. Sin despertar a las pelirrojas se preparó para salir, y cuando bajó las dos ya estaban despiertas, así que pudo despedirse de ellas, tomando valor de sus palabras y sus abrazos. Harry sabía que el tiempo ausente no se compensaba con nada, y le dolía que pasara menos tiempo con Lily, pero también sabía que por ella es que se enfrentaba a todo.
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Lo sé, mucho drama, pero lo siento necesario para la evolución de la maldad en esta historia que tendrá un papel importante en la vida de Harry. Además, es explorar a Harry como jefe y lo que implica sentir el peso de la pérdida de uno de los suyos. Y no quiero hacer comparaciones con Voldemort, pero a él le tomó muchos años llegar a ser el mismísimo You-know-who, así que aquí también se requiere tiempo.
También el momento que tiene Harry con Ginny es importante, la compañía y el entendimiento tan profundo que tienen. Sé que a la mayoría del fandom no le pareció la pareja, pero desde que leí el sexto libro, para mí tuvo todo el sentido del mundo. Y sí habrá momentos familiares y de calma, no todo es tragedia… o más o menos…
Espero sus reviews :)
