CAPITULO 4

El papeleo y el movimiento en el Departamento de Seguridad había aumentado desmesuradamente. Harry anotó mentalmente no volver a decir que había calma. Los cuerpos de los muggles habían sido identificados y entregados a sus familiares, atribuyendo sus muertes a un trágico accidente que el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica se había encargado de montar, al menos en la mente de los muggles. Esas 10 personas no habían sido reportadas como desaparecidas, por lo que todo indicaba que las habían capturado apenas unas horas antes de acabar con sus vidas y lo único que se sabía al respecto era que la causa de muerte tenía rastros de oscuridad, pero desconocida. Para saber eso Harry no necesitó días, pero el procedimiento oficial del Ministerio dictaba muchos procesos inútiles. También se llevó a cabo el funeral de Robins con la algarabía que el Ministerio acostumbraba y para Harry resultó tan doloroso como acusador. El Wizengamot lo había dejado al fin, pero no sin antes insinuar que habría una constante vigilancia al Departamento, a él como jefe sobre todo. Pero esperaba lograr un momento de paz y calma para el cumpleaños de Lils que sería en pocos días y que la calma fuera más misericordiosa cuando los niños regresaran a casa de vacaciones.

- Harry, ¿Tienes un minuto? - el despeinado cabello de Ethan Williams se asomó a su oficina, con un sobre en las manos - Es importante.

- Adelante - sí, estaba cansado y le dolía la cabeza, pero era necesario escuchar a cada uno de los suyos. Eran las 8 de la noche y contaba con poder irse a casa en un par de horas.

- Seré breve - se acercó frente a él, cerrando la puerta, y del sobre sacó unas fotos que fue colocando sobre el escritorio - He recorrido los lugares muggles cercanos a dónde han ocurrido los ataques estos últimos años, y por si se me iba algún detalle, tomaba fotografías para analizarlas después - explicó, aunque no era necesario pues era el único auror que iba con una cámara a las investigaciones, los demás confiaban en la magia. Harry se enderezó en su asiento, atento - Estas dos fotos son del ataque del 2016 en Kent, en la zona muggle habitada más cercana - señaló un par que mostraba unas largas calles iluminadas por altos faros y lo que parecían locales de comida que estaban concurridas, pero no había mucha gente caminando - Y ésta - señaló la tercera - Es del último ataque en Northumberland, igual en la zona muggle habitada más cercana - el lugar parecía más pequeño que el anterior, pero había mucha gente que se movía a lo largo de la calle iluminada por la luz del sol - Y ella - utilizó los índices de ambas manos para señalar un punto en específico en las dos fotografías - Aparece en los dos lugares - Harry se acercó más, distinguiendo lo que mostraba Williams. El corazón le dió un vuelco. Una mujer de cabello castaño rizado y ojos grandes caminaba por las calles y sin duda le resultó conocida, esas cicatrices casi rodeando el ojo eran particulares - En ésta - señaló la tercera foto - Está de espaldas pero definitivamente es ella - el poco tiempo de movimiento de las fotos permitía ver que caminaba lento, muy lento para alguien de su edad, como si estuviera perdida o algo físico la aquejara - Demasiada coincidencia que alguien esté en los alrededores de dos ataques que ocurrieron en lugares tan alejados, ¿No te parece? - Harry miró a Williams, que parecía tanto eufórico como sorprendido, mientras que él se sentía tan impotente por haberla dejado ir teniéndola justo a su alcance… - He ampliado las fotos lo más que pude - sacó otras dos fotografías del sobre y las puso junto a las anteriores. Sin duda era la misma de aquella vez.

- ¡Sam! - Harry casi brinca de su asiento para llamar a su asistente, que no tardó mucho en aparecer en la puerta - Contacta al equipo, por favor, es urgente - él asintió y salió con prisa.

- Necesito que me entregues todas las fotografías que has tomado del 2016 y las últimas, pero asegúrate de sacar un duplicado de todas y consérvalas tú en un lugar seguro - el corazón le latía con fuerza.

- Claro, jefe, ya mismo - Harry estaba pensativo, pero Williams parecía emocionado.

- ¿A quién más le informaste de esto?

- A nadie más, en cuanto lo descubrí vine aquí de inmediato.

- Bien – Ethan asintió y se dispuso a salir - Y Williams - lo llamó cuando salía - Buen trabajo.

- ¡A la orden, jefe! - gritó desde el pasillo.

Harry apretó tanto las fotografías al analizarlas que terminó por arrugarlas. Sentía tanta rabia e impotencia… No sólo había perdido a un compañero, sino que la potencial responsable o involucrada, había estado a unos metros de él y la habían dejado ir.

Con el equipo completo, más Sam y Williams, los puso al tanto de la situación, desde las fotos hasta su encuentro visual con ella. Las expresiones de sorpresa no se hicieron esperar y tampoco las teorías y suposiciones al respecto, pero justo lo que no quería era completar el rompecabezas sólo con suposiciones, así que debía tomar medidas. Revisarían de nuevo cada rincón de los dos sitios y las zonas cercanas a ellos. Williams y Stevens, que habían sido compañeros de cursos, acudirían a Kent, Wembley y Sanders a Northumberland, Edwards regresaría a tratar de sacarle más palabras a Dolohov, Sam buscaría en los archivos la identidad de aquella mujer y Harry y Ron tendrían la tormentosa tarea de sumergirse en libros y pergaminos para estudiar la magia oscura y tratar de descifrar la relación de los rastros y los asesinatos. No quería involucrar a más aurores de momento, en primera porque la muerte de Robins continuaba atormentándolo y no quería poner a otros en peligro, y conocía lo suficiente a su equipo para saber que estarían bien, añadiendo a Williams en el campo y a Sam en la investigación. Si lo que Dolohov le había dicho en un principio era cierto, disponían de tiempo hasta el siguiente ataque, al menos confiaba en eso, pero también sentía la incertidumbre por desconocer cuántos ataques eran necesarios antes de que se cumpliera el objetivo.

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A los pocos días Harry estaba tan lleno de trabajo como de preguntas. Sam todavía no había dado con la identidad de la mujer pero le aseguró que parecía tener algo y que esperaba confirmarlo para darle todo completo y el resto del equipo no había obtenido respuestas en los puntos de los ataques, pero de primera, nadie parecía conocer a la mujer, salvo una señora en una florería que aseguraba haberla visto hacía unos días (el mismo del hallazgo) y que parecía enferma, pero no aportó nada extra a la investigación. El ministro Myers no dejaba de insinuar que el DS estaba perdiendo su buena racha y que tal vez era necesario hacer una reestructuración, pero Harry sabía que de momento no había candidatos para ocupar su puesto, y no porque no hubiera gente calificada, pero era un trabajo pesado que no era muy peleado. Watson y Anderson le habían insistido en que compartiera la información para que pudieran movilizar a los aurores, pero Harry sólo les dió una pequeña pista que parecía que una mujer era sospechosa, pero no dió más detalles, quería tener más en las manos antes de compartirlo.

Por otro lado, varios días se saturó de trabajo hasta altas horas de la madrugada para poder librarse en el cumpleaños de Lily, cómo le había prometido, así que se había tomado el sábado para pasar todo el día con sus pelirrojas. Cómo pocas veces ocurría, Harry fue a despertar a su hija en la mañana con algunas luces selectas de sortilegios Weasley y un pequeño pastel con once grandes velas. Le causaba nostalgia y alegría ese cumpleaños en específico, recordando que al igual que había ocurrido con James y Al, dejaría la casa para ir a Hogwarts. Seguramente era la edad, porque últimamente se llenaba de nostalgia al recordar los primeros años de su hija, como la primera vez que la subió a una escoba, la primera vez que le dijo "papá", cuando aprendió a caminar, cuando la tuvo en sus brazos al nacer, presumiendo sus hermosos ojos castaños tan iguales a los de Ginny…

- Papá, no me estás escuchando - Harry sacudió la cabeza, alejando sus recuerdos y regresando al presente, dónde ahora una niña de 11 años de cabello rojo encendido lo miraba con molestia.

- Lo siento, Lils, ¿Qué me decías? - caminaban por la zona mágica del centro de Londres y se disponían a ir a comer, pero Harry no podía evitar perderse en su mente cuando observaba a Lily detenidamente.

- Que si después de comer podemos ir por mi lechuza - ella había pedido que ese fuera su regalo de cumpleaños, aunque como Lily decía, no es un regalo, es una compañía.

- Claro, será mejor que se decidan por un lugar para comer entonces - Ginny y Lily habían entrado en un debate sobre qué preferían, una buena comida y un postre regular o viceversa - Además no tarda en llover.

- De acuerdo, el postre puede ser la prioridad - cedió Ginny y Lily los guió entre los establecimientos hasta que entraron en un amplio restaurante con grandes ventanas que no estaba tan concurrido. Tras unas cuantas reverencias, el dueño del lugar los había instalado en el área con mejor vista y la comida llegó de inmediato. Aunque Harry estaba acostumbrado a ese trato, le seguía resultando incómodo, y lo mismo cuando ocurría al revés y alguien le reclamaba algo que la oficina de Aurores había o no hecho. Como había dicho, la lluvia comenzó a azotar con fuerza los ventanales y la gente en la calle buscó refugio o cubrirse.

- ¿Y por qué nunca tuviste una lechuza, mamá? - cuestionó Lily mientras comían.

- Ah pues porque usaba las de mis hermanos - se encogió de hombros - O las del colegio. Y luego tuve a Arnold y no sentí que en verdad deseara una.

- ¿Y tú, papá? - alguna vez les había mencionado a sus hijos que su primera amiga en el mundo mágico había sido su lechuza.

- Pues… después de Hedwig no quise tener otra, ella era única - y era verdad, aunque después tuvieron la necesidad de adquirir una, Maximus, pero James se había llevado cuando entró al colegio.

- Y ya que estoy por entrar a Hogwarts - hinchó el pecho sutilmente, orgullosa - Ya me pueden contar algo. ¿Les gustó su primer año? - era un interrogatorio que ya habían pasado dos veces por parte de los niños, pero ahora era el turno de Lily y estaba emocionada por escucharlos.

- Pues… - Ginny dudó un momento y Harry sabía que no estaba segura de revelar que en su primer año se mantuvo en una especie de trance por el diario de Riddle y que estuvo a punto de morir - Claro, todo es nuevo y sorprendente y aprendí varias cosas. Y tu papá me ayudó también - le guiñó un ojo. Cuando platicaron al respecto, hace muchos años, Ginny todavía se estremecía ante el recuerdo de la posesión del diario, pero con el paso del tiempo, ambos lograban tocar el tema como una anécdota o aventura que habían compartido.

- El primer año es el más sorprendente porque es cuando aprendes más y conoces a tus amigos - intervino Harry para evitar que profundizaran más en el tema de la cámara secreta.

- Pero entonces cuál fue su mejor año en Hogwarts, su favorito - la comida había sido medio olvidada por estar pendiente de la conversación y Harry disfrutaba de tener ese momento para ellos, a pesar de estar rodeado de personas sintió que estaban en un momento exclusivo e íntimo.

- Tercero - contestaron al unísono y a Lily le brillaron los ojos.

- Pero eso ya lo decidirás tú, no te dejes influenciar por lo que te digamos, disfruta cada año.

- ¡Y podré entrar al equipo de quidditch! - apretó un puño, decidida - Con James y Al - sus hijos habían logrado obtener un lugar en el equipo de quidditch en el segundo año, y sabía que Lily también lo conseguiría.

- Verás que sí, cielo.

- ¿Y cuál fue su curso favorito?

Las preguntas continuaron por el resto de la comida y el postre. Contestaron la mayoría y a otras les dieron la vuelta porque había temas que todavía no querían tocar con ella, así que se enfocaron en la parte bonita y mágica. Aunque Harry estaba concentrado en la plática con su hija, no pudo evitar notar que en la larga calle se estableció un grupo pequeño de magos con túnicas oscuras que reconoció de inmediato como miembros de la oficina de aurores. Extrañado sacó su insignia del bolsillo y la revisó sutilmente, pero no había ninguna señal. Ginny lo miró de mala manera y volvió a guardar la insignia mientras el grupo se separaba.

- Cuando Al y James lleguen en las vacaciones ¿Podemos ir al partido con ustedes?

- Claro, y nos sentaremos juntos los cinco - cedió Ginny - David me pasará sus notas - el compañero periodista de Ginny seguramente estaría muy complacido de ayudarla.

- Entonces papá si va - el tono de sorpresa que empleó fue como una puñalada en el estómago. Últimamente se había mantenido lejos de casa y era claro que Lily lo resentía aunque no lo expresara.

- Y también iremos a comprar tu lista para el colegio, podemos decirle a Ted que se nos una también, ¿Te parece…

Pero no pudo formular nada más, las puertas del establecimiento se abrieron y el frío aire y brisa se colaron, contrastando con el acogedor ambiente del interior. Entraron tres sujetos con gruesas capas empapadas y Harry apenas los reconoció supo que su cálido momento sería estropeado de la peor manera. Los comensales dirigieron su mirada a los recién llegados, pero continuaron comiendo, al tiempo que los tres aurores caminaron entre las mesas, con la vista fija en donde ellos estaban. Harry miró a Ginny y a Lily, lamentándose les susurró un "lo siento" mientras llegaban hasta él.

- Potter - dijo Anderson en voz baja a modo de saludo, tratando de no llamar más la atención, como si fuera posible – Señora Potter, gusto en saludarla - Ginny estaba ocupada viendo a los aurores frente a ellos para contestar el saludo, tratando de descifrar su presencia - Señorita - con un gesto de cabeza saludó también a Lily.

- Anderson - mantuvo su temperamento controlado, pero sin duda no le hacía nada de gracia que hubieran ido a buscarlo hasta allí, en un lugar público y sobre todo en compañía de su familia - Pudiste haberme solicitado en el cuartel y evitarte la molestia de venir - miró también a los dos que lo acompañaban, los aurores Green y Jackson que evitaron mirarlo a los ojos.

- Temo que la situación es complicada, Potter, no es visita de cortesía y de verdad lamento todo esto - miró a Ginny y a Lily con pesar. Harry se aventuró a mirarlas también y sintiendo un vuelco en el estómago comprobó que Lily parecía afligida. Ginny tomó su mano - Tendrás que acompañarme al Departamento de Seguridad.

- Ya veo - se recargó en el respaldo de la silla, echando a andar su mente al cien para dilucidar la situación que sin duda era hostil - ¿En calidad de qué? - preguntó, aunque de sobra sabía la respuesta por el panorama completo. A este punto, el ruido de los cubiertos chocando con los platos había cesado porque todos los presentes estaban más que pendientes de lo que estaba ocurriendo, y los murmullos comenzaron a su alrededor.

- Preferiría que habláramos de esto en otro lado - volvió a mirar a Lily - Tiene que ver con Grimes, tu asistente - Harry apretó la mandíbula. Dirigió la mirada a los tres hombres frente a él, como esperando que alguno riera y le dijera que era una broma. Sin embargo, por el gesto que le dedicó Anderson, supo que Sam estaba muerto. Grimes había demostrado ser valiente, de su confianza y había sido asesinado, junto con lo que sabía hasta el momento – Todo apunta a que tú fuiste… - Harry lo miró a los ojos, seguro, atento a lo siguiente que saliera de su boca – El último que lo vio y… vamos Potter, no lo hagas más difícil.

Ginny miró a Harry, no porque dudara de él, por supuesto, sino porque sabía que era una situación grave en verdad. La gente alrededor ya no se preocupaba en ser discreta, algunos hasta se levantaron de su lugar para tener un mejor ángulo de lo que estaba ocurriendo.

- Mi mano derecha fue… - se interrumpió - Y yo lo estoy haciendo difícil - el enojo burbujeó en su estómago, no sólo por la pérdida y la impotencia, sino porque el culpable estaba suelto en algún lado y el jefe de aurores estaba frente a él, insinuando que estaba involucrado.

- Debemos seguir el protocolo, Potter, fue encontrado en tu oficina, sólo debemos investigar para llegar al fondo de esto.

- Y supongo que los 5 aurores afuera también son por mero protocolo – Anderson de pronto parecía nervioso - ¿Temes que oponga resistencia?

- Sólo estamos siendo precavidos, es todo, no lo tomes personal - el hombre ya no sabía qué más decir para que Harry cediera, lo que estaba sucediendo era todo menos una operación discreta.

- Si no hay más remedio… - Harry miró fijamente a Ginny, procurando transmitirle seguridad, ella sólo asintió con la cabeza, confiando en él, como siempre. Se puso de pie y metió la mano en el bolsillo. Automáticamente los aurores presentes sacaron su varita y lo apuntaron directamente, causando nerviosismo entre los comensales, incluida Lily, que dió un brinco en su asiento. Afuera, los otros 5 aurores que pretendían pasar desapercibidos se acercaron al establecimiento, cerca de las ventanas, atentos ante cualquier movimiento. Harry permaneció quieto, sin alterarse y continuó con su labor.

- Es suficiente - esta vez fue Ginny la que habló. Tal vez se había contenido de intervenir hasta que Lily se había visto afectada.

- Vamos Potter - susurró Anderson, más como una súplica ya que era el único que no lo había apuntado con la varita, pero la sujetaba con fuerza dentro de su capa.

- Voy a pagar la cuenta – dijo con calma al tiempo que sacaba unas monedas de plata y las colocaba en la mesa.

- Oh bien - él y el resto de aurores exhalaron al fin, claramente nerviosos – Temo que… tendrás que entregarme tu varita, sólo por un momento - bien, si la tarea pretendía ser secreta al principio, ahora ha era todo un parque de atracciones para los presentes.

- Por supuesto - contestó de la forma más natural posible y sacó su varita. Como si la varita conspirara para que el ambiente se pusiera más tenso, sacó un par de chispas rojas. Todos contuvieron la respiración de nuevo, pero se la entregó al auror sin titubear y éste lo agradeció, guardándola en el interior de su capa con precaución – Vamos - se puso de pie, aumentando la pesadez del lugar.

- Es lo mejor, Potter - les indicó a los otros dos que lo acompañaban que se hicieran a un lado para poder escoltarlo.

- ¿A dónde vas, papá? - no había miedo en la voz de Lily, era desesperación. Aterrizó de nuevo a la realidad y le dolió demasiado que estuviera presenciando todo y justo en un día que le había prometido que sería especial. Volteó a verla y su mirada se ablandó, procurando transmitirle seguridad, aunque sabía que no había nada que pudiera consolarla o la hiciera olvidar esa escena.

- Tengo asuntos que atender, Lils – le hubiera gustado abrazarla y evitarle a toda costa lo que estaba sintiendo – Pero te prometo que lo resolveré y volveré contigo. Cuida a mamá – miró de nuevo a Ginny, cruzando palabras con ella sin necesidad de decirlas en voz alta. Sin perder su aparente calma caminó con Anderson a la salida, seguido de los otros dos. El cuchicheo a su alrededor era bastante audible, pero no prestó atención a nada más, barajando en su mente las posibilidades con respecto a Sam. La copiosa lluvia los recibió sin piedad y a ellos se les unieron los otros aurores. No le importaron los murmullos, los magos que lo escoltaban en un lugar público ni que de momento era el principal sospechoso del asesinato de uno de sus mejores hombres, lo único que le importaba era volver a casa, abrazar a su hija y hacerle olvidar lo que acababa de pasar.

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- ¿Ginny y Lily están bien? - fue lo primero que le preguntó a Ron apenas lo vió cruzar la puerta de la sala de interrogación en el DS.

- Sí, están en la Madriguera, Ginny se comunicó conmigo, ¿Qué ocurrió exactamente? - los últimos días Ron se encontraba más en el Departamento de Misterios que en el de Seguridad, buscando información sobre el tipo de magia empleada en los ataques.

- Tenemos un infiltrado - aseguró en voz baja para que sólo su amigo lo escuchara, aunque estaban solos en la sala - Reúne al equipo, que no confíen en nadie.

- Bien, señor Potter - Gleeson entró decidido, no era auror pero formaba parte del DS en el procesamos e inspección de sospechosos desde el momento de su captura hasta su sentencia o libertad. Era un joven en sus veintes, era muy alegre y le aseguró ser un gran admirador suyo cuando lo conoció hacía algún tiempo - Su varita fue revisada y concuerda con lo que nos ha dicho, no hay encantamientos de desarme o algún otro sospechoso - le entregó su varita con ambas palmas abiertas, como si fuera un instrumento demasiado valioso – Lamento que haya pasado por todo esto.

- ¿Ya puedo salir de aquí? - guardó su varita al interior de su capa.

- Claro, Potter - Anderson entró detrás de Gleeson - Gracias por tu cooperación - parecía un tanto apenado y temeroso, tal vez pensaba que ahora se había echado de enemigo al jefe de seguridad por haberlo contemplado como sospechoso, pero no era el caso, si bien no eran amigos, Harry lo respetaba y mantenía una relación cordial con él. Y aunque estaba molesto por haber sido interrumpido y apresado delante de su hija y decenas de personas, no tenía tiempo para rencores - Y también lamento todo esto.

- No hay tiempo de lamentaciones, tenemos trabajo. ¿Qué se sabe hasta el momento? - se puso de pie.

- Al parecer lo asesinaron con su propia varita que estaba junto a él. El hechizo revelador no fue de ayuda tampoco, hicieron un contrahechizo o algo así - explicó el jefe de aurores.

- Quiero hablar con quién lo encontró y con quien lo haya visto en el Departamento hoy - salió de la habitación, seguido de Ron, y más atrás, Anderson.

- ¿De quién sospechas? - preguntó su amigo en voz baja mientras caminaban hacia la oficina de Harry.

- Es lo peligroso, Ron, no tengo sospechosos - estaba molesto consigo mismo porque las cosas estaban sucediendo en sus narices y no tenía idea – Tenemos que hablar personalmente con los otros, la información que tenemos no debe salir de nosotros siete. En cuanto pueda haremos una reunión.

Llegaron a la oficina que como era de esperarse, estaba acordonada y rodeada por aurores, curiosos y otros involucrados en la investigación. Harry respiró profundo, haciéndose a la idea de la imagen que lo esperaba dentro. El resto de sus emociones eran tan fuertes que no se había permitido sentir dolor por la pérdida de Sam, y ahora se enfrentaría a ella. Ron apretó su hombro.

- Lo siento mucho - Harry asintió y tratando de echar su dolor en el fondo de su corazón, se enderezó y sacó a relucir su autoridad frente al resto.

- Los que no tengan nada que ver con la investigación, regresen a sus labores - varios dieron un respingo y se alejaron a paso apresurado, lo que permitió que tuviera espacio para pasar.

- Potter - Watson lo esperaba de pie en la puerta, afligido.

Con el corazón latiendo con fuerza entró a su oficina. Todo estaba en su lugar como él lo había dejado, los archivos detrás de su escritorio seguían intactos, protegidos por los encantamientos que sólo él sabía quitar. Y todo parecería normal, pero el cuerpo de Sam estaba tendido en el piso, con los brazos extendidos. Tenía los ojos abiertos pero su rostro era normal, tranquilo, no había miedo en él o algo que lo hiciera pensar que sospechaba de su asesino, era alguien conocido sin duda.

- No hemos movido nada, sólo tomamos su varita que estaba tirada junto a él para analizarla, así comprobamos que la emplearon para… y bueno, es todo.

Harry se arrodilló junto al joven. Recordó cuando se lo presentaron al tomar su nuevo puesto de jefe. Estaba tan entusiasmado y dispuesto a colaborar con él y se adaptaron rápidamente entre ellos. Confiaba en él, y Sam confiaba en Harry y le había fallado. Extendió un brazo y cerró sus ojos. Se preguntó cuántas veces más debía repetir ese mismo acto.

- Vamos a ponernos en contacto con su familia y…

- No, yo iré a verla - se puso de pie - Pueden proceder - le indicó al resto que permanecían afuera, los encargados de llevarse a Sam - Quiero una lista de todos los que estuvieron en el Departamento de Seguridad cinco horas antes de que lo encontraran y que los citen para más tarde.

- Estamos en eso.

- Regreso en dos horas - salió de la oficina y apartó a Ron del resto para hablar con él - Que la reunión sea en Grimmauld Place, los veo ahí en una hora, voy a hablar con la familia de Sam y luego pasaré por Gin y Lily a la Madriguera.

- Entendido - asintió Ron y los dos se pusieron en marcha.

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Hablar con los Grimes fue tan doloroso como lo imaginó. Todavía tenía muy reciente la muerte de Robins y ahora la de Sam. No sabía si algún día volvería a dormir. Pero tragándose sus emociones llegó a la Madriguera alrededor de las ocho, esperando adquirir un poco de paz del lugar y llevarla consigo. Esperaba encontrar a una Lily enojada con él por haberla dejado botada en su cumpleaños, pero lo único que recibió fue un abrazo apretado que no merecía pero que le hacía tanta falta.

- Lo siento tanto, Lils - aunque sin duda ya era pesada, la levantó del piso y ella lo rodeó como koala a un árbol - Perdóname.

- Fuimos por mi lechuza sin ti - señaló una jaula al fondo de la sala donde una lechuza gris dormía.

- Es muy bonita - Ginny estaba junto a la chimenea, Harry caminó hasta ella y sin soltar a Lily, la rodeó con un brazo también - Gin…

- No digas nada - ella lo abrazó de vuelta, y al igual que Lily tampoco parecía molesta, más bien aliviada - ¿Qué ha pasado?

- Te lo contaré más tarde, tengo que regresar al Ministerio, pero antes tenemos que ir a Grimmauld Place - se separaron y bajó a Lily - Ve por tu lechuza ¿Cómo se llama?

- Aún no le pongo nombre, debe ser uno genial.

- Pueden quedarse aquí - Harry no se había percatado que Molly los estaba observando al pie de las escaleras.

- Se lo agradezco mucho, Molly, estarán bien en casa, sólo quiero ponerlas al tanto, gracias por todo - ella se acercó hasta él y puso una de sus tibias manos en la mejilla de Harry.

- No hay nada que agradecer, cielo - Harry supo que con esa caricia le decía muchas cosas, pero sólo pudo corresponder con una sonrisa a medias, por más que se esforzó - Cuídense.

Emplearon la chimenea de la Madriguera para trasladarse a la casa de Sirius dónde el equipo ya estaba reunido y conversaban sobre lo ocurrido. Harry se aclaró la garganta para que cambiaran de tema delante de Lily.

- Buenas noches - saludó Ginny, sacudiéndose la ceniza de la ropa.

- Buenas noches - respondieron todos a coro y Harry se preguntó cómo le podían resultar cómicos en un momento como ese.

Todos chocaron palmas con Lily, que ya los conocía desde hacía tiempo, menos Williams.

- Gracias a todos por venir - Lily no soltó la jaula de la lechuza que estaba agitada por el viaje en chimenea - Él es Ethan Williams, creo que no los había presentado - él dió un paso adelante - Mi esposa Ginny y mi hija Lily - estrechó las manos de las pelirrojas.

- Todo un honor, Lily, señora Potter - les sonrió.

- Sólo Ginny - aclaró ella.

Harry le indicó a Ron con una serie de gestos que distrajera a Lily por un momento.

- Ey, cumpleañera, enséñame esa lechuza tan bonita que tienes ahí - la sonrisa de Lily fue de un kilómetro, y confiaba en que su pasión por hablar de animales fuera suficiente para que no escuchara la conversación de los demás - Ven, vamos a la cocina a ver si hay algo de comida para ella.

- En cuánto la ví supe que era la elegida - comenzó su hija con entusiasmo, pasando entre los aurores para llegar junto a su tío y juntos se perdieron hacía la cocina.

- Ella lo sabe, Harry - le dijo Ginny en voz baja - No podemos ocultarle las cosas ya.

- Lo sé - recordó que a los once ya no lo engañaban con cualquier cosa, pero quería prolongar más la infancia de su hija alejándola lo más posible de temas que a él le hubiera gustado no conoce a su edad - Bien, tengo poco tiempo - se acercaron a él en círculo, atentos - Sam estaba investigando la identidad de la mujer de los ataques.

- ¿Qué, cuál mujer?

- Te lo explicaré todo, Gin, ahora lo más importante es que tenemos espías dentro del Ministerio, puede que sea incluso alguien de la oficina de aurores, no lo sé. Sam me dijo ayer que parecía que tenía algo ya, pero quería corroborar la información antes de dármela, así que quién haya sido sabía que Sam tenía información importante. Todo lo referente a esta misión sólo se discute entre nosotros, ni siquiera con Watson o Anderson - asintieron con la cabeza - Sólo confío en ustedes.

- Cuenta con ello, jefe.

- Sam también era el contacto con nuestras familias, sé que era algo que no le correspondía, pero siempre nos ayudó, pero a partir de ahora sólo la información que venga de alguno de nosotros es creíble - miró a Ginny - Únicamente confía en lo que alguno de aquí te diga - ella asintió - Establezcan alguna pregunta de seguridad o contraseña entre ustedes y hagan lo mismo con sus familias, no las asusten, no creo que estén en peligro, sólo quiero abarcar todas las posibilidades.

- ¿Significa que oficialmente soy parte del equipo? - Williams levantó la mano, emocionado.

- Sabes demasiado ahora para asignarte a otro lado - contestó Edwards, molestándolo.

- Así es Williams, bienvenido al escuadrón - tal vez más adelante le confesaría que lo mandó a investigar bien antes de incluirlo, y que Stevens le dió buenas referencias de él, pero por el momento lo dejaría con su entusiasmo - Así que hagan lo que les pido, debo volver a la oficina e interrogar a cada uno.

- ¿Necesitas un refuerzo? - preguntó Edwards.

- Pues…

- Bien, interrogar es lo mío - no esperó respuesta - Ah Ginny, nuestra palabra de seguridad es mi segundo nombre.

- ¿Qué, por qué ella sí sabe tu segundo nombre? - se sorprendió Jack.

- Porque sé que no lo usará contra mí.

Aprovechando que estaban interrogando a Edwards, volvió a dirigirse a Ginny.

- ¿Me esperarán aquí o quieres ir a casa?

- Nos iremos, la red flu es segura, tranquilo.

- Bien, ponte de acuerdo con los demás y vayan a casa - le dió un beso en la frente y se dirigió a la cocina - ¿Qué tal todo por aquí?

Lily había sacado a la lechuza de su jaula y la pasaba de su brazo al de Ron.

- Bien, tío Ron me explicaba algunos trucos para enseñarle.

- Es perfecto - llegó hasta ella - Debo irme, Lils, en un momento se irán a casa y ahí las veré - se despidió de ella de la misma manera que con Ginny.

- ¿No quieres que las lleve conmigo? Hermione y Hugo estarán complacidos.

- Ginny prefiere ir a casa, gracias Ron, pero ¿Podrías…

- Las arroparé y les contaré un cuento también - sabía que le pediría que las acompañara a casa. Había sido un día largo y difícil para ellas, más para Lily, y justo en su cumpleaños - No te preocupes.

- Gracias, y pon al tanto a Hermione de lo último que platicamos.

- Claro, suerte.

- Adiós, papá.

Salió de la cocina y Edwards ya lo esperaba en la puerta principal, ajustándose su capa y cubriendo su cabeza para protegerse de la lluvia.

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Interrogar no era uno de sus fuertes, perdía la paciencia rápidamente y aunque trató de agudizar sus instintos, ninguno de los 30 que él entrevistó le resultó sospechoso, pues los más nerviosos eran los más jóvenes y Harry tenía la idea de que el interrogatorio en sí era lo que los ponía nerviosos, así que no logró nada. Los otros 30 que interrogó Edwards tampoco parecían sospechosos en realidad, pero de todos modos realizaron una lista de esas 60 personas para mantenerlos vigilados hasta donde se podía. Había puesto a Ginny al tanto con ciertas restricciones, sólo para que estuviera alerta de que el Departamento que lideraba Harry ya no era seguro y que todo apuntaba a que la mujer de las fotografías estaba involucrada.

La pérdida de su compañero era algo que lo perseguía, y como desde hacía algún tiempo le costaba trabajo dormir y debía recurrir a las pociones. Ginny trató de persuadirlo para que se tomara días de vacaciones para poder estar con James y Al que habían regresado a casa de vacaciones, pero no se podía tomar esa licencia, por lo que el tiempo que pasaba con su familia era escaso. No podía llevarse trabajo a casa porque era información que no debía salir del cuartel y porque gran parte de lo que le tocaba hacer eran torres de papeleo, juntas, entrevistas, reuniones y supervisiones. James era el que lo esperaba despierto la mayoría de las veces, pero Al y Lily casi nunca y rara vez se levantaban antes de que él se fuera. Sus hijos habían cambiado bastante en ese tiempo, James estaba más alto y reparaba más en su "presentación" como decía, y Harry no pudo evitar relacionar el parecido con su padre, aunque tenía la sonrisa de Ginny, y ya no era tan activo como antes, pero conservaba su espíritu aventurero y agradable; mientras que Albus parecía tener el cabello más desordenado que antes y lucía más delgado, pero a la vez estaba más despierto y curioso. Lamentablemente, Harry no tuvo muchas oportunidades de apreciar el cambio en ellos. Llegó el día del partido que había mencionado Lily en su cumpleaños y aunque les había prometido que irían juntos, no pudo librarse a tiempo y apareció en el estadio cuando ya había terminado y los equipos se despedían del público desde abajo, con sus escobas al hombro. Los cuatro tuvieron diferentes reacciones cuando lo vieron de pie junto al auto, esperándolos.

- Papá, otra vez te lo perdiste - fue lo que dijo Lily, como lamentando que se hubiera perdido de todo un espectáculo.

- El partido era a las 7 - reclamó Albus y pudo ver el rencor en sus ojos.

- ¿Todavía tienes que regresar al trabajo? - James no parecía ni molesto ni resentido, más bien le daba igual porque ya se había acostumbrado.

Ginny tardó más en decir palabra, esperó a que los niños estuvieran arriba del auto y que no escucharan.

- Creo que está de más pedirte que no hagas promesas que no puedes cumplir - no añadió nada más, ni lo miró en el transcurso del camino hacia la casa, iba conduciendo con la vista al frente y no reparó en él ni de reojo, mientras sus hijos iban comentando las mejores jugadas y sus momentos favoritos.

La paz con Ginny no regresó en el transcurso de las vacaciones, pero habían quedado en una mutua tregua silenciosa al parecer y actuaba de lo más normal delante de los niños. Los últimos días de agosto accedió a darle más responsabilidad a Anderson para que se ocupara de las supervisiones (con Edwards y Wembley vigilando, por supuesto) y acudía medio día al Ministerio para concederse el resto del día en familia. Pero el tiempo pasó sin piedad y el primero de septiembre los recibió con una mañana lluviosa que iba de acuerdo con el revuelo que implicaba llevar a los niños a la estación. No falló que alguno de los tres quisiera empacar algo de último minuto, que Lily no encontrara el alimento de Arnold, Al y James discutieran por algo, Ginny tratando de poner orden con los tres al estilo Molly Weasley y Harry peleándose con el auto que había decidido no arrancar justo ese día. Al final acordaron enviarle la comida a Lily para que se dignara a subir finalmente al coche, Harry medió la paz entre sus hijos varones y Ginny había logrado hacer que funcionara el auto. Con las prisas por abordar el tren, Harry no se pudo despedir en forma de ellos, ni de detenerse a apreciar el rostro maravillado de Lily al subir con Hugo al tren por primera vez ni de abrazar con fuerza a Al y James y atesorar con fuerza ese momento.

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Y las cosas se complican ahora también con su familia. Ser Harry Potter no es nada sencillo y no paran las pérdidas. Pero ya van descubriendo más o menos el misterio, aunque eso implica que descuida otros aspectos de su vida.

¡Espero sus reviews! :)