CAPITULO 5

Antes de que James entrara al colegio, Ginny y él bromeaban entre ellos diciendo que en cuanto sus tres hijos estuvieran en Hogwarts, harían tres cosas principalmente: dormir, decir malas palabras libremente y dejarse llevar por sus bajos deseos por toda la casa. Pero cuando Lily entró a Hogwarts, el vacío era palpable, el silencio les resultaba tan extraño como en su momento les pareció el llanto de James recién nacido. El lugar parecía tan grande para ellos dos (y Padfoot, porque Lily se llevó a Arnold) que al regresar a su casa después de dejar a los niños en el expreso de Hogwarts se limitaron a sentarse en la sala, sin decir palabra, mirándose con nostalgia. Había pasado demasiado tiempo desde la última vez que habían estado solos de esa manera, sabiendo que sus tres hijos regresarían a casa hasta las vacaciones y que ahora los planes que tendrían ya no girarían tanto en torno a ellos. Tenían asuntos pendientes, y los dos lo sabían, pero erróneamente quisieron dejarlos de lado para llevar a cabo el plan original que habían establecido, tratando tal vez de borrar así el pasado y aunque sí lo cumplieron (en parte), al final habían terminado hablando de sus hijos y el momento exclusivo murió.

Y pasaron los días. Y pasaron las semanas. Y no lograban adaptarse a su nueva rutina ni hablaron de aquello pendiente que venía haciéndose más profundo.

La gente que había tenido la oportunidad de convivir con Harry y Ginny en ocasiones calificaban su matrimonio como perfecto. No es que a él le importara lo que los demás opinaran sobre su vida, pero no le resultaba molesto que detectaran que su relación era maravillosa, muy lejos de perfecta, pero sólida. A lo largo de los años habían encontrado el equilibrio entre los problemas, discusiones, desacuerdos, tristeza y la felicidad, calma, paz, armonía, respeto, complicidad. Por un tiempo se vio rodeado de matrimonios, y no sólo los de la familia, si no en la Oficina, compañeras de Ginny, ex compañeros de Hogwarts, o del ED y se familiarizó con el ambiente. Pero al cabo del tiempo comenzaron las separaciones, no de muchos, pero sí le parecía un número considerable, incluso Percy y Audrey habían acordado separarse hacía más o menos medio año. Había escuchado mil razones de por qué decidían poner fin a una relación de años, pero una parte de él se sentía aliviado al confiar que era algo que nunca ocurriría con el matrimonio Weasley-Potter. Para Harry, el matrimonio - como otros aspectos de la vida - evoluciona, y no se queda estancado o encasillado. El matrimonio cambia a una convivencia madura, dónde las decisiones que se tomen afectan a ambos y no es porque se pierda la individualidad, pero se forma un equipo donde ninguno se queda atrás. No tenía mucho tiempo que Harry pensó que su matrimonio había alcanzado la madurez total y estaba asegurado para toda la vida. Pero al paso de los meses de convivencia entre ellos sin alguno de sus hijos Harry se percató de que entre Ginny y él comenzaba a formarse una grieta que nada tenía que ver con que no hubiera amor. Él la amaba, ¡Era la madre de sus hijos! y sabía que ella también lo amaba, y no sólo porque fuera una palabra frecuente entre ellos en su día a día, era algo complicado de explicar, pero el amor ahí estaba, sólo que estaba cansado. Cansado en el aspecto de que llevaban 20 años juntos, habían superado muchas pruebas. Era un amor maduro que se había distraído desde que James se anunció. No es que sus hijos estorbaran o hayan arruinado su matrimonio de alguna forma, para nada, pero desde luego que se convirtieron en su prioridad y cada decisión era siempre en beneficio de ellos. A pesar de buscar siempre tener un momento para ellos, sus sentidos siempre estaban pendientes de sus hijos. Cuando James entró a Hogwarts, Al y Lily les daban suficiente trabajo que compensaba la ausencia del mayor y cuando sólo Lily quedó en casa por dos años, compartieron mucho tiempo ellos tres, y fue fantástico, pero la atención se volcó en ella porque sabían que eran sus últimos momentos de padres de tiempo completo, que Lily crecería y ya no los necesitaría como en ese momento. Ahora sin Lily, Al y James, el espacio que ocupaba su paternidad de tiempo completo estaba vacío y no sabía cómo llenarlo. La atención que volcaron en sus hijos se vió libre al fin y era tan raro que no sabían en qué enfocarla ahora, pero parecía que no sería en el otro. Ginny aceptó cubrir más eventos que implicaban muchos viajes y Harry se encasilló más en su trabajo, asistiendo también a más misiones de campo donde no era de verdad necesario aparte de la investigación de la magia oscura que seguía abierto. El tiempo libre se limitó más, y el tiempo compartido también.

Cuando los niños llegaron de vacaciones para Navidad estaban muy entusiasmados y dispuestos a acaparar la atención de sus padres para contarles todo lo que habían vivido en esos meses. Aunque Harry había logrado despejar su agenda de papeleo para esos días, no faltaban imprevistos que requerían de su atención o autorización y de todos modos tuvo que ausentarse en varias ocasiones, dejando de lado algunas reuniones con la familia en pleno, aplazando la visita a su primo y un par de salidas con los niños. No es que antes no hubiera pasado, pero tal vez sus hijos todavía no estaban muy conscientes de ello y ahora sentía que su comportamiento hacia él había cambiado. James estaba por cumplir 15, y sus intereses y actitudes habían cambiado sin duda, pero también sentía que hablaba menos con él, tal vez era por la edad. Albus tenía más afinidad con Ginny, pasando más tiempo con ella que cualquiera, y escuchaba que tardaban horas platicando y con Harry eran muy contadas esas ocasiones, mientras que Lily sentía que debía aprovechar el tiempo para mejorar su técnica de vuelo y no se acercaba tanto a ninguno de sus padres, pero notó que recurría más a su hermano mayor, lo que le pareció perfecto. Si él hubiera tenido hermanos, sin duda serían los primeros a los que recurriría ante cualquier situación. Ginny y él se centraron de nuevo en sus hijos, o eso quiso creer, porque, aunque detectaba la mirada molesta de ella cuando llegaba tarde, cancelaba algún plan o lo llamaban de imprevisto, no le decía nada al respecto cuando lo veía en la noche o a la mañana siguiente, pero de ahí en fuera hablaban sólo lo indispensable o algo relacionado a sus hijos.

En cuanto regresaron al colegio, el ambiente regresó a la rutina que habían marcado ellos dos sin notarlo. El peso de la verdad fue aplastante cuando Harry descubrió que su convivencia se había convertido en una asociación de compañía, compartía con Ginny lo mismo que con Ron y Hermione, y sentía que de la misma manera Ginny compartía con él lo mismo que con Luna y Hermione. No había discusiones, no había desacuerdos, no había complicidad, no había chistes en común, no había nada. Tal vez se habían acostumbrado tanto a la presencia del otro que se olvidaron de lo mucho que les costó llegar a dónde estaban.

- ¿Cómo llevas tu relación con Ron?

Se había resistido a tocar ese tema con sus amigos, evidentemente con Ron no era posible porque no podía hablar libremente de su matrimonio al ser su cuñado, aunque de vez en cuando sí tocaban el tema y Hermione era como su hermana, y aunque le resultaba un tanto incómodo, no tenía a nadie más a quién recurrir. Mentalmente lanzó un improperio contra Sirius y de paso contra Remus.

Hermione alzó una ceja, sorprendida por el repentino cambio de tema, pues habían comenzado a hablar sobre el ambiente hostil que se percibía últimamente en el Ministerio.

- Bien, o bueno, como se puede, ya sabes - se encogió de hombros y continuó anotando algo en un pergamino como solía hacer cuando Harry la iba a ver a su oficina, tratando de aprovechar al máximo el tiempo haciendo dos tareas a la vez. Parecía que su amiga no estaba dispuesta a dar más detalles.

- ¿Cómo distribuyen su tiempo ahora que no están los niños? - insistió, tomando una de las largas plumas elegantes que tenía en su escritorio y jugando con ella como si estuviera hablando de algo trivial.

- Siento que me estás haciendo preguntas capciosas, Harry - sonrió con algo de suspicacia - ¿Por qué lo preguntas?

- Por nada, sólo que siento como una especie de vacío ahora que ya no está Lily en casa y quiero saber si sólo soy yo o también les pasa a ustedes.

- Bueno, sí, definitivamente se siente diferente - dijo con algo de nostalgia, haciendo una pausa en su escrito - Ron me dijo que tuviéramos otro hijo - Harry alzó las cejas y ella rodó los ojos.

- Buena idea…

- Como si ese vacío fuera a llenarse con otro hijo…

Hablaron al mismo tiempo y Hermione se vio tan sorprendida por lo que dijo su amigo que dejó el pergamino olvidado.

- Harry, es la peor idea del mundo - negó con la cabeza - Con razón ustedes se llevan tan bien, no puede ser.

- Sólo era una idea, no es que de verdad ocurra… - barajó la idea en su mente, sí, ya tenía 39, a pocos meses de los 40 pero Ginny era un año más joven…

- Llenarse de hijos no es la solución a lo que sea que estén sintiendo por llegar a los cuarenta.

- No es por la crisis de los cuarenta - se defendió, más tratando de convencerse a sí mismo.

- Lo que sientas será mejor que lo platiques con Ginny y que también escuches lo que ella tiene que decir.

- ¿Qué tiene que decir? - se enderezó en su silla - ¿Te ha dicho algo?

- Harry - dejó la pluma también y cruzó los brazos, mirándolo como cuando estaban en Hogwarts y ella parecía hablar otro idioma diferente al de él - No, no me ha dicho nada, pero es evidente que tienes asuntos pendientes con ella y será mejor que hagas algo al respecto - el volvió a recargarse en la silla, calmado - Y ni se te ocurra pedirle otro hijo, desde luego.

- Como si ella fuera a aceptar… - dijo entre dientes.

- ¿Tienen problemas? - preguntó finalmente después de un momento de duda, pero tal vez la expresión de Harry la hizo no poder contenerse.

- No - dijo con demasiada rapidez y ella lo percibió también. En realidad, no es que tuvieran problemas, o no sabía, estaba resultando complicado.

- Pues mejor habla con ella antes de que los tengan - retorno su pluma en la mano y continuó escribiendo - Anda, ve.

- ¿Qué, a dónde?

- Por lo que veo tienes suficiente tiempo libre para venir a verme, así que mejor empléalo con Ginny - le hizo un ademán con la mano como corriéndolo de su oficina.

- ¿Ahora? - se quedó estático, esperando la respuesta de su amiga.

- ¡Merlín, Harry! ¡Cuántos años tienes, muévete! - golpeó con un puño sobre el escritorio y Harry se levantó de su asiento. En ocasiones como esa, recordaba sus años escolares.

- Pero no sé dónde está - dejó la pluma que había estado jugando.

- Hoy hay partido, ¿No?

- ¡Cierto! El estadio, bien, nos vemos luego Hermione - dió media vuelta.

- ¿Al menos tienes boleto para entrar?

- ¡No lo necesito! - exclamó desde la puerta, cerrándola detrás de él.

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Como le había dicho a Hermione, entrar al estadio no había sido problema, y aunque seguía disfrutando mucho del quidditch no prestó atención ni al partido, ni al marcador, ni al comentarista o la afición. Directamente su vista buscó la grada donde se ubicaban los periodistas que no resultó difícil pues era de dónde provenían mayormente las luces de las cámaras. No tardó en distinguir el cabello rojo que resaltaba entre el resto. Ginny veía atenta el partido y con pluma en mano anotaba algo en cada marca al aro, falta o jugada que le parecía interesante, también sonreía y comentaba con el hombre de cabello rubio junto a ella. No le costó trabajo reconocerlo, era Jones, un periodista que trabajaba para otro medio pero que al igual que Ginny, su área era la deportiva, así que se encontraban en los partidos. En-cada-partido. Por suerte al cabo de unos minutos el buscador de alguno de los equipos había logrado atrapar la snitch y el partido había finalizado. Harry se escabulló hasta la parte posterior de la grada periodista mientras el estadio se iba vaciando. Pero pasaron varios minutos más para que tuviera oportunidad de acercarse, pues faltaban las respectivas entrevistas y fotografías de los jugadores, especialmente del equipo vencedor. Los periodistas finalmente fueron saliendo poco a poco, y cuando calculó que quedaban menos, se acercó. Ginny se colocaba su capa y guardaba pluma y papel en los amplios bolsillos. Jones, a su lado, la imitaba. Mientras hablaban entre ellos, la miró con atención, sus gestos, sus expresiones, ademanes y se veía relajada y alegre. Estuvo a punto de volver por dónde llegó, pero sus pies actuaron antes y dió un par de pasos al frente para hacerse notar.

- Buenas noches - saludó en general. Aparte de Ginny y Jones, había otra reportera y dos fotógrafos. Contestaron al saludo con sorpresa de verlo ahí. Conocía a Leta, la reportera, y a los fotógrafos sólo de vista, o eso creía.

- Harry, ¿Qué haces aquí? - bien, no era el tipo de bienvenida que esperaba y no se percató si su propio gesto lo delató.

- Decidí pasar a saludar después del partido - inventó rápidamente.

- No me avisaste que vendrías - y parecía que lo lamentaba, pero Harry no supo descifrar si estaba sorprendida o molesta por verlo ahí. Harry esperó a que saliera la Ginny alegre que le echaba los brazos al cuello cuando iba a verla.

- Tampoco sabía que vendría la verdad - se encogió de hombros y esperaba que sólo él percibiera el ambiente un tanto incómodo, pero los demás también intercambiaban miradas.

- Oh, disculpen - miró al hombre y la mujer de las cámaras - Él es mi esposo Harry - se acercaron para estrechar su mano - Ellos son Jennifer Blair y Andrew Kaufman.

- ¡Pero claro! ¡Un gusto, señor Potter! - dijo Andrew con efusividad apretando su mano con fuerza. Y Jennifer parecía demasiado contrariada para decir algo, sin apartar los ojos de él.

- Igualmente - respondió Harry tratando de grabarse sus nombres.

- A Leta y a David ya los conoces - ellos asintieron, cruzando palabras de saludo con cortesía. Claro que conocía a "Davy" Jones, desde hacía años.

- Bueno, será mejor que nos vayamos, seguro estará lleno de gente del partido - dijo Andrew y terminó de recoger sus cosas, los demás lo imitaron - Saldremos a cenar, si tiene tiempo sería un placer que nos acompañara, señor Potter.

- Ay no, nada de señor, por favor, sólo Harry - el hombre pudo haberlo abrazado - Justo venía a… - miró a Ginny, comprendiendo – Pero ya tienes planes - ella abrió la boca, sorprendida.

- Vamos saliendo - Leta apresuró el paso, indicando sutilmente al resto que debían dejar un momento a Harry y Ginny - Gusto en saludarte, Harry - se despidió de él y caminó por el pasillo, seguida de Andrew y Jennifer que se despidieron de igual forma. Jones miró indeciso a Ginny y luego al resto, como si no se decidiera a esperarla o seguir con ellos, pero tuvo la iluminación de último minuto.

- Potter - dijo a modo de despedida el rubio.

- Jones - contestó él. Cómo siempre que lo veía, parecía intimidado, Ginny le decía que empleaba una mirada demasiado intimidante con él, aunque Harry no lo percibía así. Salió detrás del pequeño grupo.

- Te veo en casa más tarde - procuró que la voz no delatara su decepción.

- Jamás pensé que vendrías – ahora era evidente el tono de reclamo en su voz.

- Lo sé, debí avisarte - no había pedido que los acompañara, pero Harry entendía que era su ambiente y que no actuarían como normalmente lo hacían si él iba - Regresaré al cuartel. Diviértete - trató de sonreírle lo más natural posible pero no sabía qué tan bien le había salido.

- Adiós, Harry.

Dejó que Ginny y sus compañeros se alejaran y hubiera suficiente distancia para caminar hacia la salida. Mientras lo hacían, no perdió de vista a la pelirroja que platicaba de nuevo con Jones alegremente. El monstruo en su pecho estornudó y le causó un cosquilleo que hacía mucho no había sentido, no por Jones en específico, pero ver a su esposa alejarse de él en ese momento era lo que le causaba esa picazón. Ginny lucía feliz y se sintió bien por ella. Siempre pensó que Ginny merecía la felicidad completa y que, si bien Harry no era un derroche de felicidad, podía juntar la que tenía con la de ella para hacer una más grande. Con pesar se preguntó desde cuándo no la había hecho sonreír genuinamente. Se sintió egoísta y culpable, no celoso. Si otro la hacía reír y sentirse bien como él hacía mucho no lo hacía, era problema de él, no de Jones ni de Ginny.

No tenía que volver al trabajo en realidad, así que llegó a casa y salió a pasear a Padfoot. Mientras el animal husmeaba entre los arbustos del parque, Harry se sentó en una banca. Había niños jugando y gente haciendo ejercicio. Del otro lado del parque había una pareja de jóvenes que se abrazaban, susurraban entre ellos y reían. Harry se permitió pensar en lo que había pasado hacía un momento, tratando de definir lo que sentía. Él sabía que el compañero de Ginny tenía sentimientos por ella, y no es como que lo ocultara mucho pues hasta él se había dado cuenta. Cuando recién lo descubrió, hacía muchos años, el pinchazo de los celos estuvo presente inevitablemente, pues Ginny y él compartían tiempo juntos cuando coincidían en reportajes, y aunque mantuvo el monstruo a margen, resultaba un tanto obvio. Sin embargo, sabía que era un sentimiento unilateral, que Ginny lo veía como un buen compañero y tal vez un amigo, pero nada más allá. Y no es que Harry tuviera la certeza de tener el corazón de su esposa asegurado, sabía que era algo que tenía que ganar siempre, pero confiaba en que Ginny sólo tenía ojos para él, así como él sólo tenía ojos, oídos, olfato, tacto y todo lo demás para ella. Y el monstruo en su pecho que despertó a los 16 se sentía tan complacido cuando llegaba a verla después de los partidos y ver cómo se le iluminaba el rostro cuando se acercaba, una sonrisa que jamás la había visto repetir con nadie, mucho menos con Jones. Siempre había sido así, desde que volvieron después de la caída de Voldemort. Con el paso del tiempo, se llenó de más responsabilidades y cosas por hacer que eran raras las ocasiones en que acudía a los partidos hasta que dejó de ir.

Padfoot se había acercado a la pareja, meneando la cola, juguetón. La chica exclamaba con alegría lo bonito que era el perro y acariciaba su cabeza. El chico la miraba embelesado y sonriente, expulsando el enamoramiento por los poros. Harry pensó que esos dos eran jóvenes, tal vez no se habían enfrentado a ninguna prueba todavía, ni tenían tantas responsabilidades encima y mucho menos tenían tres hijos que habían tomado gran parte de su vida. Recordaba perfecto esa sensación al principio de sus veintes, pero ahora no sabía qué sentía.

Conforme fue creciendo y madurando, se dió cuenta que los celos no eran algo sano para él y mucho menos para Ginny, y hacía mucho que no los sentía, aunque la picazón en el estómago seguía presentándose cuando Ginny reía con Jones. Pero esta vez reconoció que esa picazón no se debía a que Ginny hubiera salido con sus compañeros y que Jones estuviera incluido, era el hecho de que había ido a sorprenderla para que estuvieran un momento juntos y ella había decidido irse de todos modos. Sabía que se estaba comportando de una manera que no era él, no podía culpar a Ginny, ella ya tenía planes y no debía destruirlos sólo porque él había llegado, ni tampoco esperar que ella estuviera siempre disponible al mismo tiempo que él. Con la mente revuelta llamó a Padfoot y se dispuso a correr con él de regreso a casa.

Trató de concentrarse en algunos papeles de casos menores que tenía acumulados en el escritorio del estudio. Procuró no mirar el reloj en ese tiempo, preparó algo de café y tomando un pergamino caminaba por la planta baja de su casa, leyendo. No quería sentarse ni estar quieto, así que prendió todas las luces para poder caminar mientras trabajaba. Padfoot se echó en la alfombra frente a la chimenea que permanecía apagada, pero de todos modos hacía calor. Por más que trató de mantener su mente ocupada en los papeles, al final de cada párrafo terminaba pensando en Ginny y en su situación actual. Entró al estudio de nuevo y dejó los pergaminos sobre el escritorio, comenzaba a sentir ansiedad y no le gustaba. Pasó las manos por el pelo y se talló los ojos, todavía resistiendo la tentación de ver la hora. Al cabo de unos minutos el ruido de la puerta y los ladridos de Padfoot le avisaron que había regresado. Tomó al azar uno de los papeles de encima y procuró leer unas cuantas líneas mientras Ginny saludaba al perro con voz alegre.

- ¿Qué haces aquí? - se asomó por la puerta abierta del estudio. Harry la miró sin comprender, todavía sujetando el pergamino - Dijiste que regresarías al cuartel.

- Ah, resulta que no tenía tanto papeleo como pensaba y vine a casa, salí a caminar con Pad - respondió tranquilamente - ¿Qué tal estuvo la cena? - lo preguntó por genuina curiosidad, como se le pregunta a alguien qué le parece el clima, pero Ginny respiró profundo y apretó un poco la boca.

- Bien, la cena estuvo bien - dijo cortante y se dispuso a retirarse. Harry tardó dos segundos en reaccionar, una parte de él quería dejar las cosas en paz, pero la otra tenía atravesada la incertidumbre y no podía dejarlo pasar.

- ¿Me lo dirás tú o tengo que investigar por mi cuenta? - soltó con rapidez y los pasos de Ginny se detuvieron.

- ¿Qué? - Harry llegó al marco de la puerta y Ginny se acercó también para poder mirarlo - ¿De qué hablas?

- Es obvio que estás molesta, molesta conmigo en específico y sólo quiero saber por qué - cruzó los brazos, todavía sin soltar el pergamino que comenzaba a arrugarse. Ginny respiró profundo una vez más, mostrando incomodidad.

- No soy un caso más en tu papeleo, Harry - él sintió un vuelco en el estómago, llevaban juntos lo suficiente para saber cuándo se aproximaba una tormenta.

- No, no lo eres, por eso quiero que me hables y me digas qué es lo que está pasando - no alzó la voz, pero comenzaba a alterarse.

- Tu instinto de auror está fallando entonces - se dispuso nuevamente a dar la vuelta - Voy a darme un baño.

- Estamos hablando, tu baño puede esperar - su voz cambió está vez y de una zancada se acercó a ella.

- ¡No, Harry, las cosas no se harán cuando tú quieras o tengas tiempo! - esta vez sí explotó y lo miró furiosa - ¡¿Sabes cuántas veces me han invitado a salir mis colegas y cuántas he rechazado?!

- ¡Nunca te he pedido que…

- ¡Siempre les digo que no para llegar a casa y poder estar contigo, aunque sea un momento! - Harry cerró la boca - ¡Sin importar que traigas trabajo a la casa o estés muy ocupado! ¡Sólo es saber que estás aquí, a salvo! - hizo una pausa, respirando profundo y Harry no dijo nada más, lo que quería era que ella hablara, así que escucharía todo lo que tenía que decirle - ¡Y cuando estás en misión sólo quiero estar en casa para recibir noticias tuyas, esperar a que regreses y rogar porque no hayas sido herido de gravedad! - el dolor en su voz lo atravesó. Sabía que Ginny no la pasaba en fiesta cuando él no estaba, pero nunca le había externado así sus miedos - ¡Así que sí, estoy molesta! ¡No porque hoy hayas aparecido después de años, cuando finalmente había hecho planes! ¡No porque tu trabajo sea tu prioridad!

- ¡Eso no es cierto!

- ¡Es porque te alejas de mí y de nuestros hijos y luego pretendes volver un momento y que las cosas sigan como siempre cuando te estás convirtiendo en un desconocido! - dolió. Escucharla dolió, pero también le parecía injusto.

- ¡Sabes perfectamente por qué lo hago! - bien, la calma había ido a parar a algún lado, probablemente junto a Pad, que se había alejado al percibir el ambiente hostil o en el piso con el pergamino que había quedado en el olvido - ¡Los niños y tú siempre han sido mi prioridad!

- ¡¿Y ellos lo saben?! ¡Porque te aseguro que cuando te ausentas en sus vidas lo último que piensan es que lo haces por ellos!

- ¡¿Y qué pretendes que haga?! ¡¿Que deje todo para estar los cinco como la familia feliz?! - Ginny lo miró con desprecio y el color de sus mejillas y orejas se encendió - ¡¿Y que ahora que no están, seamos tú y yo como novios adolescentes llenos de felicidad mientras la gente sigue muriendo allá afuera en el mundo real?!

- ¡Me conoces muy poco si lo que crees es que requiero atención de ti!

- ¡¿Entonces qué quieres de mí, Ginny?!

- ¡Sigue salvando al mundo, Harry! - dió media vuelta y comenzó a subir las escaleras con la furia a flor de piel. Pero para desgracia de ambos, Harry estaba en las mismas condiciones - ¡Ya que sólo lo que tú haces es importante! - la siguió escaleras arriba.

- ¡No dije eso, pero sabes perfectamente que la seguridad depende de mí!

- ¡Sigues siendo el salvador! - se detuvo a media escalera para voltear a enfrentarlo, agitando la cabellera - ¡¿Pero tienes idea que Albus estuvo enfermo?! ¡¿Que James se lesionó la semana pasada en un partido?! ¡¿Que Lily recibió su primer castigo?!

- ¡Lo sabría si me lo dijeran! - contestó de inmediato, pero una punzada de dolor lo atravesó al escucharla.

- ¡¿Si te lo dijeran?! - Ginny estaba tan furiosa que se extrañó que no lo hubiera golpeado - ¡Son hijos míos tanto como tuyos! - terminó de subir las escaleras con prisa y entró a su cuarto. Harry la siguió y se detuvo en el marco de la puerta - ¡¿Acaso las cartas de tus hijos deben venir con el maldito sello del Ministerio para que las leas?! - tomó un paquete de cartas abiertas que estaban sobre el pequeño escritorio y desdobló una con dedos temblorosos - ¡Queridos mamá y papá! - leyó y después la aventó en dirección a Harry para repetir lo mismo con la siguiente - ¡Queridos mamá y papá! - y la siguiente - ¡Queridos mamá y papá! - tomó las cartas con ambas manos y con furia las aventó hacía Harry, chocando contra su pecho para aterrizar en el piso junto con su espíritu. Hubiera preferido el golpe - ¡Supongo que deben estar envueltos en algo misterioso para que el caso llegue a tu Departamento y así les prestes atención! - lágrimas de rabia se acumularon en sus ojos castaños que nunca había visto de esa forma y la verdad cayó aplastante sobre él cuando descubrió que era desprecio - ¡Y perdóname porque sí, sí pensé que los cinco podíamos ser una familia feliz!

El eco de la puerta al ser azotada permaneció apenas un segundo, pero en los oídos de Harry fue eterno.

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- ¡Expecto patronum! - de la varita de Harry salió un humo azulado que se dispersó a los pocos segundos - ¡Expecto patronum! - lo intentó de nuevo, apretando la varita, pero el resultado fue el mismo.

El Jack Russell Terrier de Ron pasó corriendo a su lado y persiguió a los dementores frente a ellos como si espantara palomas, ladrando y moviendo la cola. Al perro lo siguieron seis animales más, dispersando a las horribles criaturas. Habían recibido un llamado alertando de dementores que se refugiaban en un túnel del metro muggle y él se había ofrecido para liderar al grupo de los recién egresados de la Academia. Ron le pidió acompañarlo porque ya estaba harto de pasar sus días leyendo y quería acción, aunque fuera con dementores, así que ahí estaban los dos como líderes del grupo y Harry sólo estaba haciendo el ridículo. El frío se dispersó y las luces del túnel volvieron a brillar, aunque parpadearon un poco.

- No te avergüences, hermano, al mejor le pasa - Ron palmeó su hombro tratando de darle ánimos, pero Harry estaba molesto. Podía conjurar un patronus corpóreo desde los 13 y ahora no lo había logrado - Les diremos que fue a propósito para que ellos actuaran bajo presión.

A Harry no le interesaba lo que los más jóvenes dijeran de él o la opinión pública en general, la opinión que más le importaba la tuvo hacía un par de días y todavía no se recuperaba de ello, tal vez nunca lo haría. No había logrado hablar con Ginny desde esa noche. Estuvo despierto en el estudio, rememorando una y otra vez lo que había ocurrido con Ginny, grabando cada dolorosa palabra en su mente y no tuvo tiempo de pensar en el siguiente paso, así que al amanecer salió directo al Ministerio, lo que menos quería era incomodar a Ginny y sabía que era su persona menos favorita en ese momento. Pero eventualmente tuvieron que verse y ocurrió lo que nunca en esos años juntos: se ignoraron. Sentía vergüenza y dolor en misma medida, y no quería descubrir todos los sentimientos en el rostro de su esposa. Aunque llegaba a su casa muy tarde, Harry evitó pasar a las zonas en la casa donde sabía que era más probable encontrarla, y a pesar de que sabía que no era necesario, fingió estar sumergido en una torre de papeles en el estudio para no subir a su cuarto, pasando noches terribles. Pudo haber usado el cuarto de alguno de sus hijos, o el sillón, pero sentía que, si lo hacía y ella se daba cuenta, era como terminar de firmar esa guerra silenciosa. Para fortuna de ambos, Ginny se marchó a cubrir algunos partidos en América, así que de momento estaba sólo en casa, lo que aprovechó para ponerse al día con las arrugadas cartas de sus hijos y contestarlas, sintiendo el dolor en cada letra que escribía. Lograba llevar a cabo su trabajo como siempre, su vida seguía, pero al parecer había ciertos efectos secundarios que no quería reconocer.

- Debemos seguir su rastro, que los hayamos alejado de aquí no significa que se vayan muy lejos - se dirigió al grupo que lo miraba atento y confundido, tal vez por su pésima demostración - Andando.

Caminaron por el túnel con las varitas en alto para iluminar el camino ante la escasa luz. Odiaba a esas criaturas, y aunque había hecho propuestas para que se regulara su "vida libre", atentaban contra los derechos de los seres y no les quedaba más remedio que acudir de vez en cuando a los sitios dónde se escondían cuando estaban cerca de personas.

- ¿No me vas a contar qué es lo que te tiene así? - preguntó su amigo en voz baja mientras caminaban sobre los rieles.

- Mi pesimismo le ha ganado a mis recuerdos felices, supongo - respondió tajante. Se había tomado las pociones necesarias para mantenerse despierto y otros tónicos para enfocarse, pero suponía que su aspecto físico no era muy favorable.

- No me refiero al patronus, en general te veo como perdido en tu mente, y un poquito más despiadado en la oficina.

- Pero si todos dicen que soy un buen jefe - y era verdad, no lo decía él o los más cercanos, lo decían los aurores, desde que había sido jefe de la oficina de aurores y se sentía satisfecho por ello.

- No lo discuto, lo eres, yo me refiero a cuando te enfrentas a los jefes de otros departamentos, o al Wizengamot, o cuando hay diferencias en las estrategias o…

- Bien, ya entendí - el eco de sus pasos hacían suficiente ruido para que el resto del grupo no escuchara, aunque de igual modo iban en sus propias conversaciones - Es todo el asunto de la magia oscura, lo de Sam, y eso me tiene con la cabeza en otro lado supongo - mintió en parte, pues seguía con eso en la mente, desde luego.

- ¿Nada más? - sentía la mirada de Ron sobre él, analizándolo. Harry dudó. Era su mejor amigo, su hermano, pero también su cuñado y eso complicaba todo - ¿Pasa algo con mis sobrinos o mi hermana? - tal vez Hermione le había comentado algo o simplemente era que después de tantos años lo podía leer a la perfección.

- Están bien, sólo… - se detuvo ante una bifurcación en el túnel y agudizó su instinto para elegir un camino - Siento un vacío grande sin los niños - continuó caminando por el túnel derecho - No nos hemos adaptado.

- Sí, es extraño, me cuesta acostumbrarme al silencio - hizo un gesto de repulsión cuando su varita iluminó a unas ratas que se alejaban en sentido contrario, lo que corroboraba que iban en el camino correcto - Hasta le dije a Hermione que me gustarían tener otro hijo, debo estar loco - dijo riendo ante su propia petición.

- Sí, algo me comentó al respecto.

- A mis 40 y se me ocurre semejante idea - negó todavía sonriendo - Pero cómo dices, es porque se siente el vacío de los niños. Con la mente fría sé que no era una opción, no porque no me agrade la idea, pero además de que terminaría volviéndome loco, no podría hacer pasar a Hermione de nuevo por eso - se estremeció un poco ante el recuerdo. Cuando Hermione estaba esperando a Rose, tuvo complicaciones serías, de ahí que Ron se decidiera finalmente a dejar la oficina por un tiempo – Bueno, pero ahora ya nos hicimos a la idea y nos estamos adaptando, es cuestión de tiempo - Tiempo. Él también quería convencerse de eso, pero no sabía cómo lo iba a ayudar - ¿Seguro que sólo es eso lo que…

- Siento que mi matrimonio está al borde del abismo - y las palabras abandonaron su boca sin pensarlo. Era un pensamiento que lo atormentaba pero que se estaba guardando para sí, como un secreto oscuro, y tal vez se había contenido tanto que a la menor oportunidad el miedo salió tal como lo vivía. Para complementar el cuadro, el aire frío volvió a calar sus huesos - ¡Estamos cerca! - No quiso ver la expresión de Ron y estuvo tentado de lanzarle un hechizo desmemorizante o al menos un confundus, pero no podía. Apresuró el paso y cuando doblaron una curva la oscuridad total los recibió y ante ellos volvían a presentarse aquellas odiosas criaturas - Bien, procuren separar al grupo. Lidiar con un dementor en solitario es mejor.

Y así lo hicieron. Si tuviera espacio para sentir algo más, se hubiera sentido orgulloso de ellos. Ron y él no intervinieron esa vez, quedándose más atrás para dar indicaciones. Harry se sentía peor gracias a los dementores y esperaba que Ron no retomara el tema cuando salieran, pero otra parte de él quería hablar y hablar y hablar…

- Buen trabajo - los felicitó Ron cuando ya se encontraban en la superficie y el atardecer los recibió en el mundo muggle - Regresen al cuartel y coman algo de chocolate - ellos asintieron, satisfechos - El reporte se lo entregan a Roberts o a Anderson.

Agradecieron una vez más, se despidieron y se dispersaron. Harry permaneció quieto en su lugar, tratando de fingir que nada pasaba, observando a la gente que pasaba a su alrededor.

- El reporte te lo tendrían que dar a ti - le recordó a su amigo.

- Mis ganas de leer reportes andan escasas - se estiró, extendiendo sus largos brazos e imponiéndose con su altura - Mis ganas de leer en general, no quiero ni leer cartas - bostezó. Harry sabía que la parte de investigación en documentos le resultaba tedioso - Hermione lo hace ver tan fácil… - giró la cabeza y luego la movió de un lado a otro para relajar el cuello.

- Ve a casa, yo regresaré al cuartel - se disponía a cruzar la calle para buscar un sitio seguro para desaparecer.

- No tienes que contarme nada que no quieras… o lo que sea - Harry contuvo la respiración y evitó mirar directamente a su amigo - Si quieres hablar, aquí estoy - se encogió de hombros, tratando de quitarle peso a la seriedad del tema - Pero sabes tan bien como yo, que no es conmigo con quién necesitas hablar.

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Pero Harry no encontraba el valor para hablar con ella. Debía poner en orden su mente y poder organizar su vida, además la seguridad del mundo mágico dependía en gran parte de él y debía estar concentrado. No atribuía sus males a su matrimonio, pero era una parte de él muy importante, la más importante junto con sus hijos, y se le estaba yendo de las manos. Hace muchos años, cuando llevaban poco tiempo de casados, se planteó un escenario imaginario dónde Ginny y él se separaban, pero admitió que sí era lo mejor para ella, no había nada que él pudiera objetar ni trataría de convencerla de volver o algo similar. Y él seguiría con su vida, llevando consigo el recuerdo del tiempo juntos, pero sin vivir atormentado por lo que pudo ser o lo que él pudo haber hecho diferente para que las cosas resultaran. Ahora esa idea volvía a pasar por su mente, y si al final ocurría, seguiría adelante, por supuesto, pero no era algo que él quisiera y una punzada de miedo lo atravesaba al pensar que Ginny tal vez sí lo consideraba.

Mientras buscaba la manera de mejorar las cosas con su familia, quería mantener la paz con su esposa, o al menos conocer el terreno que pisaba. Así que ya no la evitaría, buscaría su mirada, y descubriría algo a través de ella. Sólo que el día que Ginny regresó de su viaje, la encontró profundamente dormida en el estudio. No era un lugar exclusivo de él, lo usaban los dos para sus respectivos trabajos, pero solía ser el refugio de Harry la mayor parte del tiempo, así que se extrañó de verla ahí, con los brazos sirviéndole de almohada sobre un pergamino que sólo llevaba el titular. Estuvo tentado de despertarla y preguntarle cómo le había ido, que fueran las primeras palabras que volvían a cruzar después de días, pero la vio tan relajada que no quiso hacerlo. Esperando que no lo golpeara si se despertaba, pasó un brazo bajo sus piernas, el otro por su espalda y la levantó del asiento. Ella suspiró, pero no despertó. Debía suponerlo, tenía un sueño de envidia y agradecía que a pesar de su situación pudiera tener descanso, cosa que él no podía presumir. Llevarla en brazos hasta su cuarto era una actividad que le resultaba más fácil diez años atrás, pero era algo que no admitiría. Con cuidado subió las escaleras, evitando a Pad que subía con ellos y entró a su habitación. Cuando la recostó en la cama, una de las manos de Ginny se aferró a su ropa, evitando que se alejara de ella.

- Quédate…

No supo si estaba soñando o si en verdad se refería a que quería que se quedara, porque después de eso lo soltó y no despertó. De cualquier manera, Harry ya no se iba a esconder y había decidido no dormir de nuevo en el estudio. No dejaría que la distancia se hiciera más grande, ya no, hablaría con ella. Logró conciliar el sueño finalmente, y la distancia entre ellos había sido tan terrible que durmió cerca de ella aun sabiendo que sus patadas nocturnas harían de la suya más tarde, incluso también extrañaba eso. "¡Plaf!". Harry despertó cuando sintió un dolor punzante en la frente y su brazo derecho soportó todo su peso al caer de la altura de la cama tras una patada especialmente fuerte. No fue muy consciente de su reacción, pero el sonido del cuerpo al chocar con el piso y su queja de dolor la despertaron.

- ¡Pero qué demonios! - Ginny se incorporó en la cama mientras Harry se ponía de pie, sin saber qué atender primero, el dolor de la cabeza o del brazo, pero la frente le dolía más e hizo presión con la mano izquierda - ¡Me asustaste! - llevó una mano al pecho, alejando la otra del buró dónde estaba su varita. La luz que se colaba por la ventana le permitía verla con claridad.

- ¿Yo te asusté a ti? - sin saber por qué comenzó a reírse. Ginny lo miró un segundo, sin comprender - Acabas de aventarme de la cama - seguía frotándose la frente, pero la risa no lo dejaba. Hacía muchos años que Ginny no lo tiraba de la cama, y le pareció tanto divertido como alentador que haya pasado algo tan antiguo en el momento en que estaban tan distantes.

- Porque no sabía que estabas aquí - apretó los labios, y Harry detectó que era para no soltarse a reír también, después de todo la situación entre ellos no estaba para bromas - Se supone que estaba haciendo mi escrito abajo.

- Te quedaste dormida y te subí - alejó la mano de su frente para atender ahora el brazo. La sonrisa de Ginny murió en sus labios antes de que la dejara salir. Hasta entonces, Harry sintió la humedad en la frente y al mirar su mano comprobó la sangre en ella - Supongo que lo merecía - se encogió de hombros.

- Lo siento - se disculpó Ginny por segunda vez. Había insistido en aplicarle un díctamo para que sanara rápido y se lo ponía con delicadeza. Harry estaba sentado en la orilla de la cama para que ella tuviera mejor vista.

- Una cicatriz más, una menos, no importa.

- No te quedará cicatriz - la herida había pasado a segundo plano cuando la tuvo cerca, así que no estuvo seguro de qué estaba haciendo - Porque no es una herida mágica, fue una colaboración mía y del buró - explicó. A pesar de tenerla tan cerca, sabía que estaba a kilómetros de él. Si alguien le hubiera dicho que en ese punto estarían tan lejos uno del otro, hubiera apostado el regreso de Voldemort. Sin embargo, Harry se permitió analizarla, aunque ella sólo miraba su frente, él pudo apreciar su rostro completo, sus pecas, su ceño concentrado, su perfume… - Harry, no me mires así - no se percató de que ella se había detenido para verlo también.

- ¿Así cómo? - ella puso la expresión de "sabes perfectamente de qué hablo" - ¿Por qué no?

- Me incomoda - contestó cerrando el frasquito que tenía en la mano.

- ¿Desde cuándo? - ella esquivó su mirada y dió un paso atrás. No quería incomodarla, pero quería romper esa barrera entre los dos aunque el dolor seguía muy vivo.

- Desde hoy - Harry se puso de pie, notando que ella había bajado la guardia sólo por ese momento.

- Gin… - tomó su brazo, impidiendo que se apartara. Supuso que era una buena señal que ella no se lo haya quitado de encima. Tentando a su suerte puso una mano en su cálida mejilla y terminó de cerrar el espacio entre ellos. Quería decirle muchas cosas, explicarse, disculparse y buscar la manera de enmendar todo, pero las palabras se atoraron en su garganta y sabía que Ginny no se iba a conformar con simples palabras. La respiración de Ginny se aceleró, y Harry imaginó que estaba contando mentalmente antes de lanzarle su hechizo favorito, pero igual estaba dispuesto a terminar lleno de mocos voladores. Sin embargo, cuando lo miró a los ojos no vió el rencor que esperaba encontrar. Acarició su mejilla con el pulgar, soltó su brazo para recorrerlo con la yema de los dedos y ella se estremeció. Un rayo de esperanza cruzó por él cuando se dió cuenta que su cercanía la ponía nerviosa no en un mal sentido. No se iba a aprovechar de eso, desde luego, pero se animó un poco al saber que todavía le provocaba algo además de coraje y desprecio. Se inclinó hacia ella lentamente, dándole tiempo para que se fuera si es lo que quería, aunque le dolería demasiado, lo entendería, pero ella no se apartó. Presionó sus labios con suavidad, temiendo que se fuera a desvanecer como producto de su imaginación, pero al comprobar que no pasó, tuvo más confianza. Ginny le correspondió y Harry sintió la euforia recorrer su columna. No era que ese beso solucionara algo entre ellos, pero era un pequeño recordatorio de que el amor seguía ahí, superado tal vez por los problemas, pero estaba firme a pesar de ellos.

- Buenas noches, Harry - susurró Ginny cuando se separaron, permitiéndole apreciar el brillo de sus ojos castaños que había estado ausente por mucho tiempo.

Harry la dejó ir.

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…...

Adoro la relación de Harry y Ginny, pero quería escribir algo al respecto que involucrara los problemas que tienen por el trabajo, los hijos, la distancia y las ausencias. Están llegando a los cuarenta y ya no se trata de planear el futuro sobre formar una familia, tener hijos y un perro. Ya tienen todo eso y es complicado.

Gracias por leer y a los que se animan a dejar un Review.

Nos leemos en el siguiente capítulo :)