El universo y los personajes de Boku no Hero Academia son propiedad de Kohei Horikoshi, a mi solo me gusta jugar con ellos.

Este fic es parte del Evento Colaboración Artista- FanFicker para el Club de Lectura de Fanfiction.

Artista: Laura Rivera

La palabrería para el final, sinceramente tenía mucho tiempo que no escribía sobre el TodoMomo, así que fue muy emocionante colaborar en esta creación.

Canonverse. Post canon, situado dos años después de la graduación. TodoMomo.

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Una noche eterna

En ocasiones, no importa el tiempo que pase. Nunca terminas de conocer a una persona y es gracias a esos pequeños detalles que tienes la oportunidad de enamorarte una vez más, cada día.

La invitación llegó con un precioso vestido. Inevitablemente recuerda su infancia, cuando solía acompañar a sus padres a diferentes galas. Como sostenía sus manos mientras desfilaban por la alfombra roja.

Se acostumbró demasiado rápido a los reflectores, perfeccionando su sonrisa y refinando sus modales; se había vuelto el orgullo de sus padres que brillaba con luz propia en cada evento.

A veces solo eran invitados, no por el prestigio de la empresa familiar, sino por el espectáculo que era su simple presencia. Así que no era sorpresa, que después de su debut como heroína, acudiera sola a las galas. Se siente como pez en el agua, ocasionalmente coincide con algunos de sus compañeros, intercambian saludos corteses y cada uno continúa por su lado, sin embargo, él siempre es la excepción.

—Todoroki —Suprime la sorpresa con la misma rapidez que los acelerados latidos de su corazón—. No esperaba verte por aquí —agrega estirando sus labios en una sonrisa tensa para ocultar el nerviosismo y la emoción que la consumían. El aludido se limita a asentir, reconociendo su presencia.

—Vine en representación de Endeavor —explica pausadamente, moviendo la copa que tenía en su mano—. Desconocía que habían invitado a más héroes. —Yaoyorozu traga saliva, centrándose en su entorno para evitar que el rubor en sus mejillas se extendiera por toda su cara hasta el cuello.

—Invitaron a mis padres —comenta con suavidad—. Así que también los estoy representando —su compañero asiente y el silencio reina entre ambos—. Creo que la ceremonia va a empezar —señala, moviéndose incómoda—. Iré a tomar mi lugar, fue un placer, Todoroki.

—Te acompaño —Aunque las palabras salieron naturales, había una pizca de nerviosismo. Se limita a asentir, aceptando el brazo que ofrece su ex compañero. Habían pasado al menos dos años desde su graduación, el tiempo y el hecho de abrir agencias en diferentes ciudades fue fundamental para disipar su comunicación—. El azul te favorece —señala, después de acomodar su silla para que pueda sentarse. Momo se sonroja, el vestido es un regalo, como en antaño; sus hombros están descubiertos y agradece que no tenga un escote pronunciado, ya que sobre sus pechos dos tiras se cruzan a la altura de su clavícula y alrededor de su cuello. El corte de sirena acentúa más sus curvas, para finalizar en una pequeña apertura en la parte delantera que iniciaba debajo de sus rodillas. Logra mantener un aire elegante y juvenil, acorde al evento.

—Gracias —contesta con una suave sonrisa, sin evitar que el sonrojo revele sus verdaderos sentimientos. Aunque la ceremonia empieza, no puede quitar sus ojos de su nuevo acompañante: el traje de tres piezas gris, logra capturar su atención, combina tan armónicamente con sus ojos, que se pierde un instante en él.

Conoce al pie de la letra cada programa, varía ocasionalmente, pero la estructura es la misma. Disfruta de cada evento como si aún tuviera ocho años, así que sonríe con gracia y conversa con atención. Inevitablemente su mirada escapa a su ex compañero. Ha guardado sus sentimientos tanto tiempo, que cree que puede ser una caja de Pandora. En cualquier momento puede desatar un caos, sin embargo, asiente cuando el presidente de la fundación a la cual apoyan, le habla sobre un nuevo proyecto que se inició con la colaboración de sus padres. Siente el corazón reconfortado al imaginar a las personas beneficiadas, que ignora su momento favorito.

—Disculpen —un estremecimiento recorre su cuerpo y contiene el aliento cuando él se dirige exclusivamente a ella—, Yaoyorozu, ¿me concedes esta pieza?

—Claro —Empuja las palabras fuera de su boca, toman posición y las primeras notas de Claro de luna los sumergen en una burbuja propia—. Es una agradable velada, ¿no lo crees, Todoroki? —Sus ojos conectan un par de segundos y Momo se niega a considerar, que después se enfocó en sus labios.

—Uhm —murmura, haciéndola dar un giro inesperado.

—Mis padres solían traerme —cuenta, con la esperanza de romper el hielo y generar un momento más ameno—. Desde que era pequeña, crecí en galas y eventos de beneficencia. Es una agradable actividad recreativa —La emoción es palpable en su voz, de alguna forma, es transportada a un cálido recuerdo.

—Solo recuerdo una gala —intervino el muchacho—. Me seguía ocultando tras mi madre y eso enfadó a mi padre. Cada segundo que pasaba, solo quería irme, el traje me incomodaba y no podía interactuar con adultos —Momo siente su corazón estrujarse ante la perspectiva de un pequeño Shoto solo y triste—. Sin embargo, había una niña que parecía una princesa, saludaba a todos y tenía una hermosa sonrisa. De repente se acercó, tomó mi mano y me llevó a los jardines. Nos perdimos en el laberinto, pero ella jamás perdió la calma. Creo que fue el momento más agradable que he tenido en estos eventos… hasta ahora —afirma lo último cuando contempla sus ojos oscuros. Y algo se despierta nuevamente en su compañera.

La canción ha terminado hace tanto, que ni siquiera se molestaron en dejar de balancearse a un compás que solo ellos podían escuchar.

—Fue un placer bailar contigo, Todoroki.

—El placer siempre será mío, Yaoyorozu —Se despide, depositando un prolongado beso en el dorso de su mano. La mirada que tantas personas tildaron de fría, ahora parecía un incendio forestal que podría quemar todo a su paso. Y Momo se preguntó qué se sentiría al ser abrasada por esas llamas.


Hay tantas coincidencias como estrellas en el cielo.

Aquel evento generó un efecto de bola de nieve, donde ambos se volvieron plenamente conscientes de la presencia del otro. Y de la frecuencia con la cual se encontraban, a veces de casualidad, otras más bien intencionadas.

Momo Yaoyorozu es incapaz de negar sus sentimientos, pero aprende a guardarlos celosamente. Sabe que existen y están ahí, como un amable recordatorio de que su corazón fue robado cuando apenas era una niña.

—Yaomomo, llegó otra invitación. —Jiro aparece en la puerta, ondeando un sobre con una radiante sonrisa—. E incluye un vestido. Esta vez parece un evento muy exclusivo —comenta, leyendo la invitación. Deja la caja en el escritorio mientras cede el papel—. ¿Puedo? —Señala el paquete, Momo asiente, sin dejar de leer—. Vaya, de verdad desean que asistas —silba al tiempo que saca el vestido blanco—. ¿De qué es?

—No creo que sea adecuado que acuda —murmura, esforzándose por mantener una expresión neutra, sin embargo, Jiro la conoce perfectamente.

—¿Por qué? Adoras estos eventos y justo cae en tu descanso. —Momo se mueve incómoda por su oficina. Una línea fue suficiente para despertar cada terminación nerviosa y acelerar su corazón.

"¿Me podrías conceder el honor de ser tu acompañante?".

Una parte de ella sabe que otra persona está tras sus palabras. Las intenciones son bastante claras. Y ahora es ella quién se pregunta por qué.

—Esta vez no —Es tajante, aunque su corazón se estremece. Siente el escrutinio de su mejor amiga pese a que no dice nada—. Es lo mejor —susurra, para convencerse a sí misma de que cerrando la puerta al amor, es la opción más viable en su camino como heroína.

Su día de descanso ha llegado, escondió el vestido junto a la invitación para olvidarse de su existencia, no obstante, aparecen en la mesa de comedor, como un inminente recordatorio de una decisión que prefirió evitar. Por un instante se permite fantasear con la idea de quedarse en casa, ordenar comida y ver comedias románticas por lo que resta de la noche.

"Ábreme"

La nota en la caja es tentadora y se siente como Alicia en el país de las maravillas, jugando con su futuro. Así que decide seguir la indicación, descubriendo un precioso vestido dentro de la caja, muerde su labio, contemplando la idea de usarlo y antes de arrepentirse, lo lleva a su habitación, toma su móvil y envía un simple mensaje:

"El honor es mío. Te veré a las 8:00 en la entrada de la galería"

Ni siquiera pasa un minuto, cuando recibe la respuesta inmediatamente.

"Pasaré a recogerte, si me lo permite. Quiero escoltarte por todo el trayecto"

Deja el celular en la cama, escapando en dirección del baño, deseando que una ducha sea suficiente para calmar el inesperado calor que invade su cuerpo.

El sonido del timbre la saca de su ensoñación, traga saliva antes de levantarse. Camina con aparente seguridad, alisando los pliegues de su vestido a cada paso. Reconoce el excelente gusto de su ex compañero: el escote de corazón y las mangas a los lados realzan sus atributos elegantemente, el entalle de sirena y la longitud del mismo, mantiene su característico aire juvenil.

—Buenas noches, Todoroki —saluda, con una tímida sonrisa.

—Eres hermosa, Yaoyorozu —comenta con soltura, manteniendo su mirada fija en ella. Tras algunos segundos, extiende su brazo, ofreciendo un ramillete de flores blancas—. Es para ti —se anima a decir. Momo sigue tratando de procesar sus palabras y acciones. Aunque trata de no darle importancia a ese "eres hermosa", en lugar de "te ves hermosa", impactó profundamente en ella.

—Gracias —responde, desviando la mirada—. También te ves muy bien con ese traje azul.

—Gracias, Bakugo me ayudó a elegirlo —Por un segundo, cree que ve la sombra de una sonrisa—. Uraraka colaboró en escoger el ramillete.

—¿Y el vestido? —Cuestiona, dándose cuenta que ingenuamente creyó en una fantasía donde él había elegido todo pensando en ella.

—Mi hermana —contesta sin inmutarse—. Cuando le comenté sobre esta ocasión especial, se ofreció a ayudarme. Originalmente le había pedido un consejo, pues temía hacer una mala elección, aunque tenía la certeza de que cualquier prenda resaltaría tu belleza, quería ofrecerte lo mejor. —Nuevamente, Momo se muerde el labio, conmovida por sus buenas intenciones—. ¿Nos vamos? —Ni siquiera duda en tomar su brazo y bajar junto a él. Sabe que no es necesario, sin embargo, disfruta de su compañía.

—Gracias por la invitación —agradece otra vez—. También por el vestido y todo lo demás —engloba con un gesto en su mano. El silencio entre ambos ya no es incómodo, está cargado de una inesperada complicidad.

Llegan al evento demasiado temprano, procurando evitar las cámaras. Es obvio que han llegado juntos y la prensa se deleita con fotos y sufren por las preguntas sin respuesta. Curiosamente pasan el resto de la noche gravitando cerca del otro. Justo antes de que la ceremonia inicie, Shoto le pide a Momo que lo acompañe a dar un paseo por los jardines.

—Este lugar me trae agradables recuerdos —menciona el muchacho, después de pasar por el laberinto—. Cuando era niño, parecía gigantesco. Ahora tengo la certeza de qué sin importar la distancia o los obstáculos, puedo encontrar el camino hacia ti —detuvo su andar, para centrarse en ella—. ¿Lo recuerdas?

—¿Qué cosa?

—Creíste conocer el camino, una vuelta en falso y nos perdimos —explicó Shoto, con una peculiar y cálida sonrisa en sus labios—. Ni siquiera hubo oportunidad de llorar cuando me tomaste de la mano para infundirme confianza mientras esperábamos a ser encontrados. Jamás pude agradecerte tal gesto.

—Todoroki, no es necesario…

—Sé que una vida no es suficiente para compensarte, pero, ¿podrías darme una oportunidad para intentarlo?

Siente que el tiempo se detuvo en ese precioso instante. Ella desea que así sea. Una sonrisa se tatúa en sus labios cuando asiente con renovada emoción.

Se permiten compartir una mirada que solo ellos logran comprender. Años de camarería han transformado sus infantiles sentimientos en un vínculo que jamás consideraron posible, sin embargo, están dispuestos a cuidarlo y atesorarlo.

—¿Me permite esta pieza, señor Todoroki? —Pide Momo, con una abrumante formalidad, ofreciendo su mano. Shoto observó su gesto, negó antes de aceptarla. Bailan en el mismo lugar donde se conocieron siendo niños, y ahora disfrutan de una balada que solo ellos pueden escuchar, teniendo la luna como único testigo.

"Quizá una vida no sea suficiente, empecemos con esta noche. Una noche eterna".

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JA, VOLVÍ. En realidad solo escribí la colaboración jejejeje. Como mencioné arriba, esta es un actividad del Club de Lectura que disfruté mucho. Gracias a Laura Rivera por aceptar trabajar conmigo, ella realizó una preciosa ilustración que pueden encontrar en mi página de fb (donde está el enlace original del fan art) y ah, realmente quise hacerle justicia, espero haberlo logrado. La idea base era simplemente encantadora, Shoto y Momo coincidiendo en una gala representando a sus padres, jugué un poco con ella y bueno, este fue el resultado.

¡Me encantaría leer sus impresiones! Gracias por leer.