Disclaimer: Ni Evangelion ni sus personajes me pertenecen.
Lo que nos queda por decir
Con gentileza, acariciándole el rostro con una delicadeza etérea, una tenue ráfaga de viento fue la encargada de hacerla regresar al mundo consciente luego de un largo y plácido descanso. Sin embargo, sintiéndose demasiado a gusto con la comodidad que la envolvía, Asuka, sin lograr ocultar la sonrisa que se dibujó en sus labios, deseó caer otra vez en aquel reino onírico que por tanto tiempo le fue negado.
Por más que odiase pensar en el pretérito, sin que pudiese evitarlo, para Asuka las tragedias que la marcaron por casi quince años ya eran parte de su legado, las cuales, le gustase o no, eran los pilares que le daban forma y estructura a la mujer que era hoy. Por ello, haber recobrado la libertad de dormir, le hacía evocar todas aquellas incontables noches de insomnio en las que miraba a la oscuridad reinar.
Fue ahí que una silueta del distante ayer, aprovechándose de su cansancio imposible de saciar, aparecía a diario en sus pensamientos pese a sus esfuerzos por olvidarla. Al tratarse del responsable de la maldición que la atormentó sin piedad, usando el odio y el rencor como armas, Asuka arduamente alejaba aquel espectro, al reprocharle, con rabia, que él la abandonó a su suerte cuando más lo necesitó.
Aquel ardid, funcionándole cada vez que debía afrontar el recuerdo de Shinji Ikari, le devolvía la paz hasta el próximo anochecer, pero, por más que se convenciese a sí misma de lo contrario, Asuka sabía que todo aquello no era más que una débil y fugaz mentira que terminará de caer por su propio peso. Empero, por más que intuyó cuál era el final del camino, nunca imaginó cómo acabaría por suceder.
Así pues, en una intervención más de la inadvertida mano del azar, una que agradecerá por siempre, quien fuese el culpable de haberla desamparado, el día de hoy, ofreciéndole un lecho cómodo donde descansar, era quien la rodeaba con sus brazos al reposar juntos en una colina llena de pasto a orillas del lago principal de Villa-3. Un suceso como este, para su antigua y amargada yo, hubiera sido impensable.
No obstante, ya no siendo el niño que conoció al llegar a Japón, ni ella tampoco, ambos eran dos personas renovadas y completamente diferentes de las que alguna vez fueron.
– Un pajarito me contó que el cachorro te invitó a una cita…
Sin importar que ella no estuviese físicamente presente en aquel instante, atormentándola incluso en su mente, Mari lograba colarse en su cabeza con una facilidad que enervaba a la pelirroja, la cual, arrastrada por la burlona voz de su amiga, no tuvo más remedio que prestarle atención al recordarla.
– ¿Otra vez estuviste espiándome, Cuatro ojos?
– ¡Así que no lo niegas! –Riéndose, regalándole otra de aquellas sonrisas que tanto la irritaban, Mari se divertía a lo grande al sacarla de sus casillas–me alegra mucho ver que estás progresando, princesa. En otra época hubieras inventado mil excusas con tal de negarlo.
– ¡No estoy de humor para esto! –Queriendo dar la discusión por terminada antes que iniciase, Asuka, buscando algún bocadillo entre los estantes de la cocina, le dio la espalda a Mari quien seguía sonriéndole–hoy ha sido un día muy agotador, lo último que quiero es escuchar tus estupideces de siempre. Empiezo a arrepentirme de haberme mudado de casa de Kenken, al menos él tenía la gentileza de respetar mi espacio personal.
Varios meses atrás, cuando la guerra contra Nerv concluyó, una nueva gran prueba se plantó frente a la humanidad recién renacida: la reconstrucción. Millones de personas que habían sido dadas por muertas en el Tercer Impacto, reapareciendo por arte de magia ante los ojos incrédulos de los sobrevivientes de dicha catástrofe, se vieron a sí mismas perdidas y desorientadas al ser recibidas por la confusión total.
El caos, precediendo a la euforia inicial, pronto se extendió en todo ser humano al no saber qué pasará con ellos ni cuál era el camino que debían tomar. Al ya no existir los gobiernos mundiales, la anarquía, amenazando con volcarlos los unos contra los otros, propició que más aldeas, como Villa-3, se levantaran sobre las ruinas de las grandes ciudades que, en la antigüedad, se adueñaron del mundo.
Muchísimos seguían sin entender qué realmente pasó, sólo algunos cuantos, como Asuka, conocían los detalles más generales de la derrota definitiva de Nerv. Sin embargo, todavía desconociendo otros, ni siquiera la propia pelirroja poseía todas las respuestas. Entretanto, acostumbrándose a la idea de nunca más volver a ver a un Evangelion, Asuka, sintiéndose aturdida, se miraba en el espejo sin reconocerse.
En el pasado quedó el reflejo de aquella niña congelada en el tiempo; una niña maldecida, incapaz de comer y dormir, que veía cada amanecer con la esperanza de que la muerte la encontrase. Hoy, aún sin asimilarlo por completo, más allá de su madurez física que la hacía resaltar como una mujer preciosa, Asuka debió aprender a aceptar su presente antes que pudiese comenzar a construir su futuro.
Kensuke Aida, un chico a quien ni siquiera se volteó a ver cuando llegó a Japón, habiéndose vuelto muy importante para ella sin que llegase a ser consciente de ello, la recibió bajo su techo igual que un padre que acogía a una hija en desgracia. Para Asuka, al abrazar su valía, Kensuke dejó de ser un simple amigo ocasional; para volverse, luego de haber creado un vínculo estrecho con él, un miembro de su familia.
No obstante, a su vez que Asuka se reconstruía, un aprieto más empujó contra las cuerdas a la endeble civilización que apenas daba sus primeros pasos. Ante el aumento tan súbito y brutal de la población, Kredit, la entidad creada por la extinta Wille para distribuir provisiones y recursos vitales para la vida, alcanzó el límite de su capacidad, viéndose impedida, totalmente, de seguir proveyendo a los poblados.
Se temió que otro período de violencia y conflictos armados empezase, destruyendo, definitivamente, hasta el último ser viviente que existiese en el planeta. Empero, asestándose la sensatez una victoria crucial en nombre de la concordia, las armas de fuego no llegaron a dispararse al ser reemplazadas por las herramientas de agricultura, donde cada villa, con afanoso vigor y esfuerzo, se alimentará a sí misma.
Fue de esa manera que muchos de los resucitados, labrando la tierra por primera vez, hallaron en ellos talentos y dones que no imaginaban poseer en su interior. Descubrimiento que, llegando a tocar a la puerta de la mismísima Asuka, suscitó que ella hallase la vocación que terminó de separarla, en su totalidad, de quien fuese la Asuka Shikinami que piloteó la Unidad 02 desde que tenía uso de razón.
– Siempre dices lo mismo. Te quejas una y otra vez de haber venido a vivir conmigo a esta cabaña, pero nunca te vas–sin tomarla en serio, sentada en un sofá con un libro abierto en sus manos, Mari regresó la vista a las páginas que leía minutos antes de la llegada de Asuka–además, no te estaba espiando. Simplemente caminaba de regreso a casa, cuando vi, accidentalmente, que el cachorro y tú platicaban muy a gusto.
– Nos encontramos por pura casualidad, nada más.
– ¿Casualidad? –arqueando una ceja, ya estando acostumbrada a las evasivas de la teutona, Mari le cuestionó–si tomamos en cuenta que el cachorro trabaja como cocinero y que tú te desempeñas como pescadora, yo diría que no tiene nada de casual que ambos se encuentren cuando haces tus entregas diarias de pescado fresco.
Renuente a ocultarse como lo hizo por años al visitar Villa-3, Asuka, deseosa de salir del caparazón que ella misma había edificado para refugiarse en las tinieblas, se volcó por una solución hacia Kensuke quien era una figura de liderazgo incuestionable en la aldea. Kensuke, tal y como lo intentó con Shinji cuando éste retornó luego de tres lustros desaparecido, le sugirió la tarea que la hacía sobresalir hoy.
En otra época, sin dudarlo, Asuka hubiera protestado con vehemencia ante tal propuesta; sin embargo, ya no recayendo en aquellos hábitos, la germana aceptó en sus manos los implementos requeridos para pescar. Así, tomando asiento en una de las varias rocas del río más grande de la villa, con el viento como testigo, Asuka lanzó sus anzuelos al agua, mirando, con desdén, como ningún pez mordía su carnada.
Al estar allí sentada; aunque no fuese su intención, la sensación de hallarse dentro de su antigua Unidad 02 la arropó instantáneamente, al notar, que al igual que en un Eva, la concentración y la calma eran las claves de una pesca exitosa. Así pues, su poca paciencia y explosivo carácter, siendo los artífices que la hicieron fracasar en un comienzo, fueron disipándose lentamente al serenar su voluble temperamento.
Sin noción alguna de cuántas horas se mantuvo allí inmóvil, contemplando la corriente desplazándose en su cauce, Asuka se vio sorprendida cuando un repentino tirón, el cual, casi arrancándole la caña de entre sus dedos, generó que el carrete comenzara a girar sin parar con una velocidad colosal, haciéndole ver, y comprender, que finalmente su perseverancia dio frutos al atrapar el primer pez de la jornada.
Volviendo a sentir la adrenalina única de una contienda, pero sin el peligro de morir al luchar, Asuka se aferró a la manivela obligándola a retroceder al hacerla rotar en el sentido inverso. No perdiendo la oportunidad para expresar algunos insultos y blasfemias en su lengua natal, Shikinami, como era normal en ella, conservó encendida la llama competitiva que la caracterizaba al negarse a perder aquel duelo.
Su rival, como sucedió con ella misma en las numerosas peleas que libró contra los ejércitos de Nerv, dio todo de sí con tal de sobrevivir; empero, alzándose con el triunfo, Asuka lo extrajo de las profundidades al halarlo con todas sus fuerzas en un movimiento insuperable. Frente a ella, un robusto salmón, retorciéndose con salvajismo, la dejó muda al ver que era capaz de hacer mucho más que sólo pilotear.
Esa tarde, iluminada con los tonos anaranjados de un bello atardecer, Asuka Langley Shikinami subió el siguiente escalón que la guiaba hacia la autorrealización que su alma tanto necesitaba. Al regresar a casa de Kensuke esa noche, orgullosa de proveer los alimentos en la mesa para ambos, Asuka no escondió su palpable felicidad, al prometerse, con un silencioso juramento, que hará lo mismo con la aldea entera.
Si la Asuka que tanto se empeñaba en esconderse de los demás pudiese verse ahora, negándose a creer lo que veía, no le daría crédito a la visión de sí misma pescando durante horas en los ríos de Villa-3, cargando, uno luego del otro, canastos llenos de peces. La alegría y sentido de pertenencia que tanto buscó en ser piloto de un Eva, acabó por hallarla en una actividad tan insospechada como la pesca.
Por ende, ansiosa por proseguir, su rutina no se demoró en establecerse desde entonces, la cual, haciéndola ganar una célebre reputación como la mejor pescadora de toda la aldea, se vio amenazada, de improviso, por la aparición de dos rostros que Asuka creyó no volver a ver jamás.
– De acuerdo, no diré nada más sobre el cachorro por ahora–sin dejar de leer, percatándose como Asuka continuaba sin participar en la conversación, Mari quiso tranquilizar los ánimos–pero al menos espero que aceptes su invitación, ustedes dos no pueden vivir para siempre postergando lo inevitable.
Soltando un suspiro, sabiendo lo inútiles que eran aquellas discusiones con Mari, Asuka se reprochó en sus adentros su constante incapacidad por no poder dejar de negar y mentir cuando algo estaba asociado con Shinji. Por ello, por más que odiara darle la razón a Makinami, la pelirroja, harta de huir de sus deudas pendientes, quiso demostrarse a sí misma y a Mari que ya tenía el coraje para enfrentarlas.
– Pues si te alegra saberlo, no tengo la intención de seguir postergando más este asunto–poniéndose cómoda en otro sillón, Asuka, sin perder aquel tono de voz desafiante que tanto la definía, se giró para mirar con determinación a su vieja compañera de armas–tengo pensado darlo por terminado la próxima vez que vea al idiota, le daré punto final a todo esto.
– ¿Eso significa entonces que aceptarás salir con él? –Cerrando el libro en sus manos, delineando una divertida sonrisa en su faz, Mari no se dejó impresionar por la actitud de Asuka–sabía que tarde o temprano terminarías cayendo ante los encantos del cachorro, siempre lo supe; aunque no imaginé que tardarías casi un año en hacerlo.
– Otra vez estás diciendo estupideces, él ya no me interesa para nada. Lo que alguna vez pudo haber existido entre nosotros, murió hace mucho tiempo. No olvides que se lo dije personalmente aquella vez en el Wunder cuando…
– Claro que lo recuerdo, yo estuve ahí esa vez–cruzándose de piernas, Mari se ajustó los lentes al interrumpirla–pero todo ese elocuente discurso que diste no fue más que una farsa, incluso hoy mismo, sigues intentando mantenerla. Has progresado mucho, princesa, pero sigues mintiéndote a ti misma cuando se trata del cachorro.
– ¡Era un mocoso! –Reaccionando ante los alegatos de Mari, la germana, demostrando que Makinami no mentía, se puso a la defensiva de inmediato–un mocoso estúpido que casi destruye el mundo dos veces, las cosas sencillamente no hubieran funcionado. Además, yo ya era mucho mayor que él.
– Es cierto, tienes toda la razón. En ese entonces, el cachorro necesitaba curar sus heridas y despejar su mente. Antes que cualquier otra cosa, primero debía madurar–conteniendo sus ganas de reírse, Mari sabía muy bien qué nervios tocar para hacer que Asuka hablase de Shinji con honestidad cuando fuese necesario–pero él ya no es ningún mocoso, al igual que tú, el cachorro al fin pudo crecer física y mentalmente. Ya no es ese niño perdido que trajimos del espacio hace más de un año, ya es un hombre adulto. Y tú lo sabes muy bien.
Ocho meses después de restaurarse el planeta, Asuka, como todos aquellos que llegaron a conocer a Shinji Ikari de cerca en su niñez, había continuado con su vida aceptando la idea de que jamás lo volvería a ver. No obstante, algunos como Kensuke y Toji, tratándose de los más optimistas, no escondían sus esperanzas de reencontrarse con él ya sea en un hipotético futuro lejano o en el enigmático más allá.
Asuka, quien guardaba en secreto la despedida que compartieron, pensaba que Shinji estaba muerto, al haber sentido, en el ambiente de aquella playa la última vez que se vieron, sus intenciones suicidas. Igualmente, opinando lo mismo con respecto a Mari, Shikinami lamentaba no haber tenido la oportunidad de hablar con ella antes que desapareciese de su vista, junto con Shinji, para siempre.
Pese a que ambos, de distintas maneras, llegaron a colmarle la paciencia, Asuka atesoraba su recuerdo siendo ese el motivo que la llevaba cada mañana, antes de ir de pesca, a ofrecerles un humilde tributo en la forma de una plegaria. Al menos así era la rutina que Shikinami mantenía en la villa, hasta que un día, apareciendo con su camioneta a orillas del río donde pescaba, Kensuke le gritó que lo acompañara.
Viéndose a ella misma en aquel instante, Asuka, con claridad, aún podía evocar el desconcierto que la invadió cuando Kensuke, enredándose con su propia lengua, no conseguía articular palabra alguna para responder a las cuantiosas preguntas que ella le arrojaba. En consecuencia, no teniendo más opción que dejar tiradas sus cañas de pescar, Asuka entró en el auto justo a tiempo para que él acelerara a fondo.
Conduciendo de un modo frenético, lo opuesto a la tranquila prudencia que solía acostumbrar, Asuka vio como Kensuke luchaba por recobrar el don del habla murmurando varias incoherencias. Empero, en medio de toda esa caótica comunicación verbal, Asuka alcanzó a entender tres frases que la hicieron dudar de su cordura: "¡Está vivo!", "¡Está con Toji en la clínica!" y "¡Es un milagro; es un milagro!".
Al cuestionarle de quién se refería, Kensuke, tomándose un segundo para serenar sus emociones exaltadas, se giró hacia ella quitando su mirada de la carretera para contestarle: "Ikari, Ikari regresó". El resto del camino, abrumada por la magnitud de lo dicho por Kensuke, Asuka no pudo ni siquiera formar un sólo pensamiento sólido, salvo recordar la declaración hecha por Shinji en la que fue su charla final:
"Tú también me gustabas a mí".
El sonido de un ronquido, no muy fuerte, pero imposible de ignorar, provocó que Asuka abriera los ojos abandonando sus remembranzas, para enfocarse, completamente, en la fuente de tan cercano ruido. Ella, entrecerrando los párpados al verse golpeada de lleno por la luz del sol, fue moviendo su cabeza con lentitud buscando aliviar su repentina ceguera. Al terminar de girar, dormido junto a ella, lo vio a él.
Shinji, descansando sin darse cuenta que ella lo observaba, respiraba profundamente al estar tumbado debajo de Asuka, la cual, al escucharlo roncar otra vez, continuó mirándolo en silencio sin atreverse a hacer algo que lo despertase. Rodeándolos, tanto a ella como él, varios platos vacíos con leves restos de comida en ellos evidenciaban la sencilla, pero inolvidable primera cita que disfrutaron horas antes.
Al seguir contemplándolo, dándose cuenta de lo cerca que yacían sobre la hierba fresca de aquella colina, Asuka debió admitir que Mari no mintió. El Shinji Ikari que conoció hacía tantos años y que era un mocoso inseguro, tal y como la Asuka Shikinami engreída que viajó a tierras niponas para revalidar su mera existencia, no era más que un fantasma perteneciente a una época distante que no volverá nunca.
El Shinji Ikari que la acompañaba y que le daba un cálido abrazo donde reposar, resaltando su madurez con los rasgos acentuados de su rostro, le demostró con facilidad que ya era un hombre adulto. Un hombre adulto que, haciéndole rememorar aquella noche cuando ella se coló en su alcoba al sentirse abatida por la soledad, sin tan siquiera intentarlo, la indujo a que desease reclinarse de nuevo sobre él.
Era muy atractivo, mucho. Tal vez no era un chico fornido ni atlético; sin embargo, poseyendo su propio encanto, Asuka se sintió sonrojar de la misma forma en que lo hizo cuando lo escuchó corresponderle a sus sentimientos. Por ello, enterrando su cara en el cuello de Shinji, volviendo a cerrar los ojos para saborear, aún más, aquel instante juntos, Asuka le agradeció al cielo por tenerlo de vuelta a su lado.
De haber estado allí, riéndose a carcajadas al verla seducida por él, Mari la hubiera obligado a aceptar que todo lo que dijo en esa celda dentro del Wunder fue una absoluta falacia. Jamás pudo olvidarse de Shinji, por más que el odio y el rencor la inundaran de dolor, Asuka, cansada de pensar en lo ocurrido con la Unidad 03, se decantaba por añorar los días previos a aquella tragedia que la mutiló sin piedad.
Si siendo una niña cayó enamorada de él; ahora, como toda una mujer, lo estaba haciendo una vez más.
– Jamás podré olvidar la expresión en tu cara cuando nos volvimos a ver. Nunca antes te había visto tan sorprendida, princesa. Fue como si estuvieras viendo a un par de muertos vivientes…
La voz de Mari, haciéndola revivir la plática que sostuvieron unos pocos días atrás, la hizo verse a ella misma ante la antigua piloto del Eva 08 que seguía hablándole de Shinji. La Asuka de ese entonces no dijo nada en un inicio, al creer, como ya era usual, que Mari diría otra de las boberías que frecuentaba expresar cada vez que decía algo vinculado con él. Aún así, sorprendiendo a Asuka, eso no ocurrió.
– Me sorprendí porque pensaba que estaban muertos, creía que jamás nos veríamos de nuevo–al ver que Mari guardaba silencio, experimentando una inusitada tranquilidad por hablar de ese hecho en concreto, Asuka se limitó a ser honesta–volver a estar cara a cara con ustedes dos, fue muy sorprendente para mí.
Al término de unos diez minutos de viaje, todavía recordando el rechinido de los neumáticos de la camioneta de Kensuke al frenar ante la clínica de la aldea, Asuka salió del vehículo apresurándose a seguir los pasos de un exaltado Kensuke, el cual, al conducirla directamente hasta el interior del pequeño hospital de la villa, acabó por destrozar cualquier duda o vacilación que ella aún tuviese.
Parado al lado de una camilla, abrazado por un eufórico Toji Suzuhara que lloraba de alegría, Asuka se halló de frente con él. Shinji, quien reaccionó a su semblante pálido y choqueado con una sonrisa, logró liberarse de Toji para acercarse a ella, quien, aún impactada por corroborar su regreso, lo miraba de la cabeza a los pies, buscando, apresurada, algún indicio que le probara que no se trataba realmente de él.
No obstante, al hacerse evidente que ese individuo no era un impostor ni el producto de una alucinación, Shikinami, ya no teniendo que recurrir a la máscara de rudeza que tantas veces la escudó, manifestó con franqueza sus sentires al abandonar la habitación a toda prisa sin llegar a decir nada. Mari, quien estaba reclinada en una pared, no quedándose quieta, corrió detrás de Asuka al perseguirla.
Al hallarla tratando de encender el auto de Kensuke, Mari, también mostrando su adultez con su nueva apariencia física, la detuvo en seco al llamarla con el apelativo con el cual la apodó durante los muchos años de guerra contra Nerv. Allí, sin que pudiese negar lo que sucedía, la férrea y tenaz Asuka que dio todo de sí para vencer a la Unidad 13, terminó, sin remedio, por desmayarse sobre el volante del coche.
– Esa fue la primera vez que te vi comportarte como una verdadera princesa, y no en el buen sentido–sabiendo que era una pésima idea bromear sobre aquel desmayo, Makinami, hablándole con delicadeza, le comentó con sinceridad–incluso llegué a temer que el cachorro llegase a sentirse culpable por lo sucedido, pero él fue muy comprensivo contigo y no se mostró afectado ni dolido.
– La última vez que lo vi, él se veía como el mismo idiota de siempre, pero también me di cuenta que era diferente–sin molestarse ni explotar en rabia como solía hacerlo, Asuka, cambiando de postura, flexionó sus piernas sobre el sillón para rodearlas con sus brazos–incluso ahora que lo veo casi a diario, todavía me sigo sintiendo extraña al estar frente a él. Es como si no lo conociera; es como si fuese otra persona.
– Es otra persona, princesa. De eso no puede haber duda alguna–haciendo énfasis en esa cuestión, Mari le apuntó con un dedo–ni siquiera yo puedo explicar realmente qué sucedió con él dentro del Anti-universo, literalmente volvió a nacer en ese lugar.
– Recuerdo que cuando me sentí mejor y recuperé la lucidez, me dijiste que ambos estuvieron dentro de esa dimensión antes que encontraran la forma de salir–girándose hacia ella, encontrándose solas en la cabaña que las acogía a ambas, Asuka al fin tuvo el valor para formularle la pregunta que quería hacerle desde hacía meses– ¿podrías, por favor, contarme cómo fue que lograron regresar?
– Pensé que nunca me preguntarías tal cosa. Ya me parecía extraño que no me hablaras del tema, pero con gusto te contaré lo que sé.
Mari, sin ocultarle ningún detalle, le explicó lo mejor que pudo qué era y cómo lucía esa dimensión a la que tuvo acceso junto con Shinji cuando él tomó la decisión de enfrentar a su padre. Asuka, usando su imaginación, se esforzó por darle forma a las descripciones psicodélicas y abstractas de aquel sitio fuera de su comprensión; empero, por más difícil de entender que le fuese, la germana quería saber más.
Así, al confirmar sus sospechas que Shinji planeó sacrificarse para enmendar todos los daños causados por él y por Nerv, Shikinami logró comprender lo que sucedió luego de despedirse de él en aquella playa onírica. Mientras ella emprendió el vuelo de regreso hacia la Villa-3, Shinji y Mari, sumergidos en lo más recóndito de aquel inexplorado universo, recorrieron caminos separados antes de reencontrarse.
– Yo reviví, literal y metafóricamente, mi niñez y mi juventud al entrar a la universidad–Mari, sin detener su narración, poseía la atención total de Asuka–fue como si estuviese reconstruyendo la vida que tuve antes de verme involucrada en el desarrollo y construcción de los primeros prototipos de las Unidades Evangelion, pero pronto descubrí que no todo era igual, varios sucesos que debieron haber ocurrido no pasaron.
– ¿A qué te refieres con eso? –confundida, Asuka le consultó.
– Estaba viviendo una nueva vida; la vida que hubiera tenido si nada de lo que sucedió realmente hubiese pasado–al notar en la expresión de Asuka que ella no terminaba de discernir lo que decía, Mari buscó una descripción más sencilla de lo que intentaba decirle–el Segundo Impacto no sucedió dentro de esa "recreación" del mundo en la que me encontraba, tampoco existían los Evas ni los ángeles.
Asuka, deteniendo sus preguntas, se quedó sin habla por un segundo cuando al fin comprendió lo que Mari trataba de explicarle. Por consiguiente, pensando en un mundo donde ni los Evangelion ni los ángeles existían, Shikinami, sin olvidarse de su pasado y origen, sintió un atroz escalofrío recorriéndole el cuerpo al darse cuenta que ella, en una realidad como la descrita por Mari, tampoco hubiese existido.
Haber nacido en un laboratorio militar de Nerv para pilotear a la Unidad 02, cuyo propósito era luchar contra aquellos monstruos que invadían el planeta, hacía totalmente imposible que ella existiese en un escenario donde ninguno de esos elementos estuviesen establecidos. Asuka Langley Shikinami, sin un padre y una madre que la engendraran naturalmente, quedaría relegada al reino de lo inconcebible.
Dicha conclusión, agobiándola con una soledad que no sentía desde el final de las hostilidades contra Nerv, hizo tambalear el duro trabajo que la condujo a renacer como una nueva persona, al construir, para sí misma, un sendero orientado hacia la aceptación y felicidad que por tanto tiempo se le negó.
– Era un lugar realmente agradable para vivir; era una utopía en comparación con todas las adversidades que enfrentamos juntas durante años–Mari, tornándose más seria de lo normal, soltó un largo suspiro antes de volver a sonreír–pero me siento afortunada y agradecida por haber encontrado el modo de salir de allí, por más agotador que sea afrontar los retos que este mundo posee, prefiero estar aquí junto a ti y a los demás que haberme quedado allá.
– ¿Lo dices en serio? –Asuka, frunciendo el ceño, le debatió–no termino de entender por qué rechazaste un mundo tan maravilloso y perfecto como el que describes para volver a uno que está hecho pedazos.
– La respuesta es muy simple, princesa. Ese mundo, por más perfecto y maravilloso que fuese, no era real.
Asuka, pestañeando varias veces, no sabía si pensaría lo mismo si ella hubiese tenido la oportunidad de adentrarse, en esa dimensión, como lo hizo Mari.
– Ahí dentro perdí por completo la noción del tiempo. Algunas veces las cosas pasaban con normalidad; pero en otras, sucedían tan rápido que eran incomprensibles–Shikinami, viéndola sumergida en sus recuerdos, quería escuchar más de lo vivido por ella y Shinji en ese sitio tan inverosímil–fue por eso que me di cuenta que todo lo que me rodeaba en ese universo era una mera ilusión, un espejismo muy elaborado y convincente. Luego recordé la promesa que le hice a Misato de encontrar al cachorro y traerlo de vuelta, fue así que comencé a buscarlo en todas partes.
– Imagino que cuando lo encontraste, él ya era como es ahora.
– Así es. Cuando lo encontré, ya no era el mismo. Tampoco yo–riéndose un poco, Mari se quitó sus gafas para limpiarlas antes de volver a colocárselas–poco antes de encontrarlo, me materialicé corriendo por las calles de una ciudad que no logré identificar. No sabía con exactitud hacia dónde me dirigía, pero tenía el presentimiento que iba en la dirección correcta.
Asuka pensaba cuestionarle qué ocurrió luego, pero Mari, sin que fuese necesario que ella le preguntase, no se demoró en continuar relatándole su experiencia en el Anti-universo.
– Me detuve en una esquina, justo al lado de una boutique. Miré en todas direcciones buscándolo, pero me congelé cuando vi mi propio reflejo en los ventanales de esa tienda.
– ¿Tu reflejo?
– Me veía como me ves justo ahora, ya no era la misma de antes. Sin la maldición que afectó a mi cuerpo, el proceso de envejecimiento finalmente me alcanzó–Asuka, mirando las palmas de sus manos, recordó el momento cuando regresó a la aldea y descubrió que también se había librado de la maldición–mientras que para ti y para los demás fuera del Anti-universo pasaron algunos meses, para Shinji y para mí ahí adentro, trascurrieron muchos años. En una ocasión hablé al respecto con la Doctora Akagi, ella postuló que una posible explicación para este fenómeno podría ser la distorsión que sufre el tejido espacio temporal al pasar de un universo a otro. Aunque para ser honesta contigo, intentar hallar una explicación coherente provoca que me duela la cabeza.
– Y a mí ya me duele con sólo escucharte repetir lo que esa mujer dice–diciendo una sutil broma, cosa que contrastaba bastante con la Asuka huraña y malhumorada que Mari conoció por casi tres lustros, Shikinami seguía muriéndose de curiosidad por escuchar más–pero aún no me has dicho cómo fue que lograron regresar.
– Pues no tengo una respuesta clara al respecto, solamente te diré que cuando ambos nos reencontramos la salida se manifestó ante nosotros–sin mentirle, limitándose a contarle lo que sucedió, el cómo consiguieron retornar desde esa otra dimensión seguía siendo un tema de debate interno para Mari–cuando descubrí que mi apariencia física había cambiado, retomé mi búsqueda del cachorro dirigiéndome hacia una estación de trenes que divisé no muy lejos de mí. Nada me garantizaba que lo encontraría ahí, pero tenía la sensación que iba por buen camino. Así que no me detuve, corrí y corrí hasta que al fin lo encontré en esa estación.
Asuka, mirándola directamente, notó un brillo inusual en la mirada de Mari, la cual, como si estuviese recreando ese momento en su mente, nunca perdió la expresión sonriente en su faz.
– Estaba sentado en una banca, esperando que el tren llegara por él. Vestía un traje de oficinista, pero lo que más me impresionó al verlo, fue que se veía como el hombre adulto que ya conoces–percatándose que la germana ni siquiera pestañeaba al escucharla, Mari no quiso hacerla esperar más y prosiguió–yo conocí a sus padres en la universidad, fui amiga de Yui y Gendo, así que cuando me puse frente a él y vi su cara, fue increíble ver lo idéntico que era a sus padres. Aunque, lo más asombroso fue su forma de comportarse, fue ahí que entendí que él nunca más volverá a ser el que era.
– ¿Su forma de comportarse?
– Reconozco que tal vez fue una mala idea, pero al ver lo apuesto que se veía no me resistí a jugar con él de la misma manera en que lo he hecho contigo. Lo normal hubiera sido que se avergonzara y se mostrara incómodo, pero fue todo lo contrario: el cachorro coqueteó conmigo, él me respondió al coqueteo–riéndose con aquellas mismas carcajadas que, muchas veces en el pasado, volvieron loca a Asuka, Mari se sentía feliz por poder contarle a alguien esa anécdota que para ella será inolvidable–simplemente no lo podía creer, incluso temí que él fuese alguna alucinación creada por el Anti-universo, pero cuando me tomó de la mano y me condujo fuera de la estación, supe que en verdad era él.
– ¿Y luego consiguieron volver, no es así?
– Sí, así es–Mari, asintiendo con la cabeza, le afirmó sin rodeos–corrimos fuera de la estación hasta que la luz del sol se hizo tan brillante que todo a nuestro alrededor se tornó blanco. Cuando pude recuperar la conciencia, él y yo estábamos tumbados en las orillas de una playa. Ambos seguíamos vistiendo nuestros trajes de piloto, pero nos veíamos como lucimos ahora.
– Supongo que después de haber regresado, buscaron el camino que los trajera a este lugar–pensando con lógica, imaginándose a sí misma en la situación que enfrentaron ellos dos, Asuka adivinó lo que Mari y Shinji hicieron una vez que escaparon de esa dimensión.
– Nos tomó mucho tiempo orientarnos, caminamos en círculos por un par de semanas antes que pudiéramos hallar la ruta indicada que nos trajera aquí. El resto de la historia, ya la conoces.
– Gracias por contarme lo que pasó, te confieso que intenté preguntártelo varias veces; pero no tuve el valor para hacerlo–poniéndose de pie, cansada luego de un largo día de trabajo recorriendo los ríos y riachuelos que rodeaban la aldea, lo que más deseaba Asuka en ese momento era ponerse cómoda en su cama para meditar sobre todo lo narrado por Mari–me iré a dormir, nos vemos mañana. Buenas noches.
– Antes de que te vayas, hay algo más que debes saber–deteniéndola antes que pudiese dar un paso, Mari, también poniéndose de pie, se situó justo frente a su vieja camarada de armas–desde el primer momento en que supimos que estábamos de vuelta, el cachorro nunca dejó de repetir que quería volver a verte. Ustedes dos todavía tienen mucho por decirse, esta puede que sea la última oportunidad que tengan para intentar que las cosas funcionen. No rechaces su invitación a salir, si lo haces, podrías arrepentirte por el resto de tu vida.
Abriendo los ojos por segunda ocasión, permaneciendo quieta al seguir escuchando los ronquidos de Shinji, Shikinami se sintió como una estúpida por haber desperdiciado tanto tiempo valioso, al ignorar, por culpa de las dudas e inseguridades que aún poseía, los deseos y anhelos que despertaron en ella el día en que Shinji regresó, los cuales, sin que pudiese evitarlo, también revivieron añejos sentimientos.
Después de aquel vergonzoso desmayo al tratar de huir de Shinji, Asuka, despertando en el interior de la clínica de la villa, se vio rodeada tanto por Kensuke como por Mari, quienes, esperando a que recobrara la conciencia, se voltearon a mirarla para darle la bienvenida. Allí, al cabo de unas cuantas explicaciones concisas y necesarias, la pelirroja se convenció que todo aquello; a pesar de su incredulidad, era real.
Shinji, entrando en la habitación unos minutos más tarde, la saludó expresándole su alegría por verla una vez más, a lo que Asuka, esforzándose por acostumbrarse al aspecto varonil y adulto de Shinji, a duras penas masculló un escueto: "Yo también". Ninguno de los dos dijo nada sobre la despedida que tuvieron durante el Impacto Final; no obstante, ambos, en sus adentros, apetecían mucho hacerlo.
De repente, salvándola de la creciente incomodidad con una ruidosa intervención, Toji Suzuhara reapareció invitando a los allí presentes, incluyéndola a ella, a una cena en su casa para celebrar el milagroso retorno de Shinji. En dicha celebración, mientras las risas y las manifestaciones de júbilo se esparcían entre los comensales, Asuka, sumergida en sí misma, dio la impresión de ser la de antes.
Sin moverse y profundamente cohibida, Shikinami, con vergüenza, probó algunos de los diversos platillos, que Hikari, contagiándose de la euforia de su marido, no se demoró en preparar para darle la bienvenida a Shinji, el cual, sin perder nunca el semblante sonriente de su faz, fue totalmente lo opuesto a aquella otra ocasión, cuando, sin ni siquiera hablar, fue recibido en el hogar Suzuhara al llegar a Villa-3.
Para Shikinami, quien escuchaba sus carcajadas y contemplaba sus sonrisas, todas las páginas que creía haber cerrado sobre él, abriéndose una tras otra, fueron la causa de intensos choques de pensamientos y sentires en ella. Se alegraba de verlo con vida, al igual que con Mari, pero sin dejar de vigilarlo, Asuka se moría por preguntarle si su confesión fue honesta o, por lástima hacia ella, fue una mentira piadosa.
Tal y como lo fue recuperar su humanidad perdida, Asuka, con urgencia, necesitaba saber la verdad.
– ¿Adónde te quedarás a vivir ahora, Shinji? –Toji, luego de haber bebido algunos tragos de licor, hablando con una tenue embriaguez, le lanzó aquella pregunta a su amigo recién llegado–me encantaría que te quedaras a vivir aquí con nosotros, pero lamento no tener alguna habitación disponible…
– En mi casa hay una disponible–Kensuke, levantando su mano antes que Shinji pudiese decir algo, se inclinó hacia su viejo camarada de la infancia–es una habitación pequeña y modesta, pero si gustas, puedes quedarte conmigo y Shikinami. Estoy seguro que te sentirás muy cómodo al estar con nosotros en casa. ¿No es así, Shikinami?
Habiéndose decidido a degustar más del banquete, Asuka, viéndose tomada con la guardia baja por la afirmación de Kensuke, se convirtió en el blanco de las miradas de sus acompañantes, lo cual, siendo muy vergonzoso para ella, provocó que casi se atragantase con la carne que masticaba. La posibilidad de tenerlo tan cerca todos los días, por más que le pareciese tentadora, también le resultaba aterradora.
– Yo tengo una idea, si no es muy atrevido de mi parte.
Mari, como si tuviese poderes telepáticos, intervino al ver como Asuka balbuceaba sin conseguir dar una respuesta clara. Makinami, logrando redirigir la atención reunida en Asuka hacia ella, con otra de sus brillantes ideas, expresó su propuesta: ambas, como lo hicieron en el Wunder, pero en una cabaña propia no muy lejos de la de Kensuke, se mudarían a vivir juntas teniendo un rincón sólo para ellas.
Intercambiando opiniones, Kensuke y Mari, sin que Asuka dijese algo, acordaron los últimos detalles para hacer realidad aquella sugerencia. Shinji, también sin referirse al tema, solamente mantuvo sus ojos puestos en la germana sentada frente a él al otro lado de la mesa. Shikinami, con una timidez que evocaba al Shinji Ikari que conoció antaño, lo imitó como si conversaran en privado sin usar palabras.
La pelirroja, quien revivió el adiós que compartieron en aquella playa, no se sintió lista para enfrentarlo con la madurez requerida, prometiéndose, en sus adentros, que se encargará de eso más adelante. Primeramente debía armarse de coraje para apaciguar su galopante corazón; enseguida, como lo hizo al luchar contra la temible Unidad 13, le pondrá punto final a Shinji Ikari al hacerle ver que lo dejó atrás.
Así pues, con Shinji viviendo con Kensuke y Asuka con Mari, dicha promesa fue postergándose semana tras semana, hasta que, inevitablemente, terminó por explotarle en la cara como un barril de pólvora, cuando Shinji, en una tarde soleada, sin que notasen que Mari los veía en la lejanía, la invitó a salir para charlar del pasado. Invitación que, luego de pensar en lo dicho por Mari, Shikinami acabó por aceptar.
– ¿Por qué las cosas más simples siempre terminan siendo imposibles para mí? –Cansada de correr en círculos, recayendo en su viejo hábito de no saber expresar lo que quería, Asuka no midió el volumen de su voz al hablar con ella misma.
– Esa misma pregunta me la he hecho a mí mismo muchas veces.
Respondiéndole, casi matándola del susto al romper el silencio que los arropó por varias horas, Shinji, quien seguía acostado debajo de ella, propició que Asuka se volteara de repente hacia él, mirándose, el uno al otro, sin que pudiese borrar la expresión sorprendida de su rostro. Shinji, con sutileza, soltó una ligera risa al estudiar los rasgos de la germana, al sacarle provecho, con rapidez, a la cercanía entre ellos.
– Me doy cuenta que últimamente ocasiono que te sorprendas, me disculpo contigo. No es mi intención asustarte.
– No estoy asustada, un tonto como tú nunca me causaría miedo–comportándose con un poco de la arrogancia que tanto la definió tiempo atrás, la teutona, recuperando la compostura, suprimió la imagen pasmada de su faz–simplemente me tomaste desprevenida, eso es todo.
– Ya veo. Me alegra ver que algunas cosas no han cambiado; aunque ahora ya no me asustan los cambios, en ocasiones son necesarios–alzando la mirada al firmamento, observando el cielo azul que empezaba a tornarse rojizo con la llegada inminente del atardecer, Shinji le aseveró manteniendo aún la posición que compartían–lo único que lamento, es que me haya tardado tanto tiempo en darme cuenta de una verdad tan obvia.
Ya con un domicilio definido y estable, Shinji, de la misma manera en que lo hizo Asuka meses atrás, no pudo contener sus ansias por integrarse a la villa al fungir como un miembro más de ella. De nuevo, al tener un rol vital dentro de la estructura que mantenía en funcionamiento al pueblo, Kensuke, al considerar las habilidades de Shinji, no vaciló en sugerirle que pusiese en práctica sus dones culinarios.
Habiendo una creciente población en la aldea, las muchas bocas que alimentar, estando presentes todos los días, causaban que varios voluntarios utilizasen los vegetales y granos cultivados en la propia Villa-3 para la confección de alimentos. Alguien como Shinji, con un don natural para la cocina, era el indicado para unirse a dicha tarea, a lo que Shinji, ilusionado por ayudar, no se demoró en ser un cocinero más.
Fue de ese modo, al ser una de las proveedoras de pescado más destacadas de la despensa comunitaria, que Asuka comenzó, casi a diario, a encontrarse con Shinji al hacer sus entregas. Con normalidad; aunque deseando platicar de su mutua historia pasada y futura, acostumbraban saludarse con cortesía y amabilidad. No obstante, mientras ella posponía lo inevitable, Shinji tuvo la audacia de dar el gran paso.
– Gracias por haber aceptado a venir aquí conmigo, significa mucho para mí.
Horas antes, soportando chistes y bromas por parte de Mari, Asuka se arregló lo más elegante que le fue posible usando las mejores ropas a su disposición. A diferencia del antiguo mundo, donde las tiendas departamentales atestaban los centros comerciales, en la actualidad, era común que en las aldeas elaboraran sus propios atuendos; asimismo, que adquirieran otros gracias a trueques e intercambios.
Shikinami, respondiendo a las descaradas insinuaciones de Makinami, se limitaba a decir que únicamente tomarían un paseo por los bosques de la villa sin que ocurriese nada más. Mari, con su tradicional sonrisa desvergonzada, le miraba en silencio vaticinando que pasará muchísimo más que un simple "paseo". Así, escuchando la puerta de su cabaña sonar, ambas supieron que Shinji había llegado.
– Para mí también significa mucho…
Dejando a sus espaldas la villa, que con el desarrollo urbano e incremento poblacional que experimentaba pronto se convertirá en toda una ciudad, Shinji, quien sostenía una canasta de mimbre, la guio entre los senderos que se internaban en la zona boscosa ubicada lejos del corazón de la aldea, hasta llegar, al cabo de unos minutos, a una colina frente al lago que nutría con agua fresca al pueblo.
Allí, haciéndoles evocar la excursión que hicieron al acuario de Kaji, donde Asuka, por primera vez, probó la comida hecha por Shinji, el clima caluroso y agradable les dio la bienvenida para que tuviesen un tiempo a solas para ellos dos. Así pues, recurriendo a temas triviales como sus empleos y deberes, tanto Shinji como Asuka, rompiendo el hielo, fueron derritiendo el grueso glaciar que les separaba.
Shikinami no recordaba cómo fue que terminaron durmiendo uno junto al otro; tenía imágenes fugaces de ambos charlando de sus vidas actuales, para luego, tentados por la comodidad del suelo cubierto de pasto, cerraran sus ojos cayendo dormidos sin que pudiesen evitarlo. De esa forma, inconscientemente, el recuerdo de aquella noche que compartieron en su infancia los llevó a querer acercarse y abrazarse.
Abrazo que; pese a estar despiertos, ninguno de los dos tenía la intención de terminar.
– ¿Te gusta pescar todos los días en los ríos de la aldea? –Shinji, planteándole aquella pregunta, hizo que Asuka arqueara una ceja.
– Pensé que ya no hablaríamos más de lo que hacemos ahora que no somos pilotos–replicándole, la pelirroja le echó un vistazo a la canasta que yacía a su izquierda.
– Olvidé preguntarte ese detalle–viéndola extender un brazo para hurgar en el interior del canasto, Shinji justificó sus acciones.
– Pues sí, me gusta mucho la pesca. Es relajante escuchar la corriente del agua al fluir, nunca hubiera imaginado que encontraría agradable algo como eso–sacando la última lonchera guardaba en la canasta de Shinji, Shikinami, colocándola ante ella, fue liberándose de aquella actitud reservada que no le permitía ser honesta con ella misma–siempre estaré agradecida con Kenken por haberme dado la sugerencia de intentarlo, sinceramente no me imagino a mí misma trabajando en alguno de los sembradíos de la aldea. Ya no quiero quedarme estancada en un solo lugar todo el tiempo, quiero salir y tomar caminos diferentes cada día.
Dicho eso, abriendo la lonchera, Asuka no estaba preparada para el golpe directo a la nostalgia que la sacudió al ver su contenido. Ahí dentro, mirándola al dar la ilusión de tener vida propia, varias salchichas fritas, cortadas y moldeadas para aparentar ser diminutos pulpos, generaron que Asuka se quedara sin habla al reconocerlas. Shinji, contemplándola, tomó una de las salchichas ofreciéndosela a la germana.
– Hace mucho tiempo, cuando te mudaste al departamento de Misato, leí en una revista de cocina que las salchichas eran muy populares en Alemania, así que pensé que te haría sentir como en casa si preparaba algunas para ti–evocando los minutos que tardó en cortarlas y darles forma, Shinji, al ver el rostro atónito de Asuka, supo que su dedicación y esfuerzo valió por completo la pena–debo agradecerle muchísimo a Kensuke por haberlas conseguido para mí, sé que tuvo que buscarlas en otras aldeas vecinas con las que se hacen intercambios de mercancías.
Durante la década y media que Shinji estuvo ausente, Asuka, usando precisamente aquellas salchichas como un punto de inflexión que marcó un antes y un después en su vida, recurría a ese recuerdo para regresar a la época cuando la maldición sobre ella no existía, donde Shinji, principalmente, no era el culpable de ésta, sino que era el chico que le hizo conocer el amor al enamorarse perdidamente de él.
Una Asuka recién llegada a Japón, que odiaba hablar de sí misma al saber muy bien su origen artificial, jamás imaginó que el hijo del Comandante de Nerv acabaría por convertirse en esa persona, que le haría descubrir, dentro de ella, emociones y sentimientos humanos que iban mucho más allá de sencillamente cumplir con su deber como piloto. Shinji Ikari, por sí solo, provocó que no volviese a ser la misma.
Por ello, harta de pensar en todo lo malo que ocurrió después del incidente con el Eva 03, la pelirroja, añorando a Shinji, solía imaginar qué hubiera pasado si esa catástrofe no hubiese sucedido. Tal vez, luego de mucho practicar, habría mejorado su destreza al cocinar preparando una cena para Shinji, la cual, de tener éxito, confiaba en que hiciese que él la mirase del mismo modo en que ella lo hacía.
Desgraciadamente para ella, aquello, no siendo más que un sueño infantil, nunca llegó a realizarse. Al menos, hasta este momento en concreto, era lo que Asuka pensaba.
– ¿Lo que me dijiste en esa playa era verdad o me mentiste? –Ya no pudiendo contenerse, necesitando saber la verdad cuánto antes, Shikinami regresó su mirada hacia Shinji– ¿acaso fue una mentira piadosa porque tuviste lástima de mí?
– Sé que no he sido la mejor persona contigo, Asuka. Por mi culpa sufriste tantas tragedias, esa es una responsabilidad de la que jamás podré deshacerme–con una seriedad no propia del Shinji que Asuka conocía, el primogénito de Yui y Gendo Ikari, sin quitarle los ojos de encima, le respondió sin rodeos–cuando te escuché decir que yo te gustaba, sentí mucha tristeza; tristeza por haber sido tan estúpido, tan terco y tan inmaduro. Sólo veía las cosas malas que pasaban en mi vida, nunca supe valorar lo bueno que me rodeaba: Misato, Ayanami, mis amigos de la escuela, y por supuesto, tú.
Asuka, nerviosa y ansiosa por aclarar los nublados que la invadían, se sintió como la niña que alguna vez fue al escucharlo hablar.
– Cuando pude comprender todo el daño que causé, no dudé en hacer lo que fuese por repararlo, a costas de mi propia vida si era necesario–si bien el Impacto Final aconteció varios meses atrás, para Shinji, luego de su travesía en el Anti-universo, aquel suceso pasó hacía muchos años–mis palabras en esa playa eran ciertas, me gustabas cuando era niño y me sigues gustando ahora. He querido decírtelo desde el día en que Mari y yo regresamos a la aldea, pero cuando te vi huir al verme de nuevo, me di cuenta que aún no era el momento correcto para hacerlo.
Si bien lo dicho por Shinji provocó un auténtico terremoto emocional en ella, Asuka, logrando mantener en funcionamiento su capacidad de razonamiento, volvió a insultarse en sus adentros por aquella ridícula y penosa huida que protagonizó al reencontrarse con él.
– Ya ninguno de los dos somos los mismos; hemos viajado por caminos separados sanando las heridas que nos hicimos mutuamente, pero nuestros pasos nos han atraído de vuelta uno frente al otro–volviendo a dejar a Shikinami sin habla, no con sus palabras, sino con sus actos, Shinji deslizó una mano hasta la cintura de Asuka presionándola suavemente contra él–no puedo prometerte que no me equivocaré en el futuro, fallaré y tropezaré, pero aprenderé de mis errores. Hay tantas cosas que no he vivido, y si me das la oportunidad de intentarlo, me gustaría vivirlas contigo.
En silencio absoluto, oyendo solamente el sonido del viento meciendo los árboles y el canto de las aves volando por encima de ellos, Asuka ni siquiera pudo construir un comentario o una respuesta para Shinji que fuese acorde a lo que sentía. Simple y llanamente, estaba impresionada.
¿Este Shinji Ikari, quien la mirada con devota atención, era verdaderamente él?
¿Qué cosa había sucedido con él, dentro de esa dimensión, que lo cambió tan radicalmente?
¿Cómo fue que el Shinji Ikari cobarde que conocía se convirtió en este hombre tan seguro de sí mismo?
– ¿Quién eres tú? –Recuperando la elocuencia, Asuka le musitó aquella pregunta– ¿de verdad eres tú, estúpido Shinji?
– Claro que soy yo, nunca antes en toda mi vida había estado tan convencido de ello.
En su juventud, cuando se enamoró de él, lo que Asuka más anhelaba de Shinji era que mostrase iniciativa propia, para que dejase, tras de sí, aquella actitud temerosa que exhibía con regularidad. De suceder, reflejando en Shinji los temores que ella ocultaba por dentro, Shikinami tenía la esperanza que él rompiese el muro invisible que, dando la impresión de ser inexpugnable, los separaba con impunidad.
Sin embargo, más allá de un destello fugaz aquella noche cuando durmieron juntos, Shinji jamás actuó como ella lo deseaba. Al contrario, fueron sus defectos más grandes quienes acabaron por alejarlos tanto en tiempo como en espacio. Esa fue la grieta que terminó por destrozar la ilusión de una conexión amorosa entre ambos, haciéndola creer, entonces, que ese capítulo ya estaba escrito y concluido.
Ahora, acostados en la hierba, sin soltarla de su cintura, Shinji la fue aproximando más a él hasta que sus narices, rozándose punta con punta, los llevó a estar más cerca que nunca. Esto era justamente lo que ella quiso de él en el pasado, pero con las numerosas tribulaciones que cargaban en sus almas, era algo imposible de lograr; empero, con la adultez a su favor, la posibilidad de intentarlo se volvió muy real.
Tan real que Asuka, dando un salto de fe al vacío, se dejó tentar por el fantasma de un beso.
Las bocas, al sentirse unidas, se movieron solas al ser guiadas por el deseo reprimido de amarse: él, con firmeza, sujetó su figura, y ella, con vehemencia, se aferró a sus labios como si soltarse significara morir. Tal acción, poseyéndola por completo al nublar su razón, hizo experimentar a Asuka el despertar de sus más humildes necesidades: amarlo y ser amada por él; hacerlo todo suyo mientras él la hacía toda suya.
A pesar que su edad adulta se confirmada en su apariencia, sus ánimos fervorosos, siendo más similares al de dos jóvenes que se besaban por primera vez, quedaron de manifiesto en las lenguas trémulas que no tardaron en buscarse, al saborear, con gustosa calidez, la pasión que juntos encendieron. Ese fue un beso veraz; un beso que había estado pendiente desde hace quince años, un beso que era urgente dar.
Habiéndose tratado de una espera casi eterna para ellos, ninguno de los dos, al tenerse tan cerca el uno del otro, estaba dispuesto a aguardar más; ya era hora que dejaran salir los últimos demonios internos que llevaban consigo. Así pues, gracias a esa caricia catártica, que se volvía rápida al tornarse impetuosa o lenta al hacerse profunda, juntos, sin dejar de besarse, se otorgaron el perdón total a sus errores.
Cada jadeo desesperado; cada mirada compartida, hablando por sí misma, estableció un diálogo mudo en palabras, pero elocuente en significado:
¡No vuelvas a abandonarme jamás!
¡Nunca más volveré a irme!
¡Te he extrañado tanto!
¡Te necesito conmigo!
¡Te amo!
Asfixiada, tanto por la falta de aire en sus pulmones como por la intensidad de los besos, Shikinami, por más que no lo quisiese, se vio en la obligación de separarse de Shinji para respirar y relajar el vigoroso latido de su corazón. Ikari, por su parte, también aliviando su carencia de oxígeno, la acunó entre sus brazos al juguetear con su largo cabello escarlata que, tal cual una catarata, la coronaba como una reina.
– ¡Sí eres tú; sí eres tú, sí eres tú!
Girando la cabeza hacia él, mirándolo repetir esa frase una y otra vez, Asuka continuó respirando agitada a su vez que se preguntaba qué le ocurría. Shinji, abriendo los ojos, se percató del modo en que ella lo veía, comprendiendo, con facilidad, que Asuka no entendiese a qué se refería.
– ¿Mari te ha dicho que ambos estuvimos atrapados en otro universo antes de llegar aquí? –cuestionándole, hablando con voz baja, Shinji nunca dejó de abrazarla.
– Sí, hablé con ella sobre eso hace poco. Me explicó que después de tu intento de jugar al héroe, ustedes dos cayeron en lo más profundo de otra dimensión donde el tiempo pasa mucho más lento, así que estuvieron atrapados en ese lugar por varios años–recordando dicha conversación con Mari unos días atrás, Asuka, contestándole a su pregunta, no dudó en ponerse más cómoda junto a él–también me comentó que en el interior de ese sitio se encuentra un mundo similar a este, pero donde no existen los Evas ni los ángeles.
– Así es. Hay un mundo muy parecido a este, es increíble. Era un mundo que, en un inicio, me pareció casi perfecto.
Conociendo la versión de los hechos desde el punto de vista de Mari, Shikinami, sin ocultar su curiosidad, ahora quería escuchar la historia que Shinji tenía para contarle. Fue de esa manera, reviviendo aquel viaje astral, que Shinji se vio a sí mismo despertándose en la cama de una habitación que era casi igual a la que tuvo cuando vivió con Misato; empero, el decorado era totalmente diferente.
Pestañeando con confusión, estudiando sus alrededores, lo primero que Shinji notó fue un hermoso y prominente violonchelo que yacía reclinado en una de las paredes, las cuales, adornadas con carteles de bandas musicales y equipos deportivos, daban el aspecto de ser la alcoba de un chico común que amaba la música y los deportes. Tales detalles, sorprendiéndolo, le hicieron preguntarse por qué estaba allí.
Asimismo, en un escritorio cercano, varios libros y cuadernos se amontonaban como si mucha tarea pendiente estuviese esperándolo a él para completarse. Por ende, apartando las mantas que lo cubrían, Shinji sintió el frío del suelo con sus pies descalzos, antes de animarse, con cautela, a explorar aquel dormitorio que; pese a lo ordinario y normal que lucía, para Shinji era completamente desconocido.
– Creí que estaba enloqueciendo o que quizás aquello era un sueño, pero todo se sentía muy real al tocarlo. No podía ser una simple alucinación–dándole un vistazo más al sol que se ocultaba en el horizonte, Shinji le afirmó a una atenta Asuka que no se atrevía a interrumpirlo–luego caminé al escritorio al lado de la cama, ahí fue cuando me di cuenta que definitivamente me encontraba en otro mundo.
Una fotografía familiar, reclinada junto a una lámpara de mesa, provocó que Shinji sintiese como sus ojos, literalmente, se salían de sus órbitas al mirar la imagen allí plasmada. Se reconoció a él mismo, sonriendo a la cámara con una felicidad que no recordaba haber sentido nunca; sin embargo, asombrándolo aún más, sus padres, a sus espaldas, también sonreían al abrazarlo con profundo amor.
Aunque el retrato ante él irradiaba una alegría genuina, sabiendo muy bien que tal cosa no sucedió realmente, Shinji, anonadado en demasía, se llevó las manos al rostro en un esfuerzo inútil por encontrarle sentido a lo que ocurría. Lamentablemente para él, empeorando su desorientación, una voz femenina, luego de haber golpeado a su puerta sin aviso, casi lo mató del susto al decir su nombre.
– ¿Una voz de mujer? –Asuka, dejándose llevar por la intriga, fue incapaz de contener sus ansias por hacerle un par de preguntas– ¿quién era?
– Mi madre, Asuka. Era mi madre…
Viéndose acorralado por los constantes llamados de esa mujer, Shinji, temeroso y desconfiado de lo que pasara, se atrevió a abrir la cerradura sin imaginarse lo que encontraría al otro lado. Allí, mirándolo con una expresión de autoridad, pero no amenazante, Shinji se halló ante lo que pensó que era una variante adulta de Rei Ayanami, los rasgos y características físicas en esa persona eran idénticas a las de ella.
No obstante, al no poseer el particular cabello azul de Rei ni los ojos rojos que la hacían resaltar, Shinji, guiado por el instinto, consiguió reconocerla como aquella figura materna que tanto extrañó y necesitó en su destrozada vida. Así pues, sin que pudiese resistirse, Shinji se olvidó del desconcierto que lo invadió y se lanzó a sus brazos, para llorar, sin restricción alguna, como el niño herido que era.
– No sé cuánto tiempo estuve llorando encima de ella, lo único que sé es que lloré como nunca antes lo había hecho en toda mi vida–escuchando sus llantos resonar en su memoria, Shinji, conmocionado por ese recuerdo, sintió sus ojos humedecerse–en ese instante dejó de importarme si ese mundo era real o no, al tener a mi madre otra vez, lo que más me importó era aferrarme a ella con todas mis fuerzas.
Después de lo que le pareció un siglo entero, Shinji, todavía con sus mejillas empapadas de lágrimas, vio como Yui Ikari le sonrió al pedirle que se apurara en vestirse, de lo contrario, llegaría tarde a la escuela. Definitivamente esa no era la reacción que hubiera deseado recibir Shinji en una situación como esa, pero al estar con su mamá una vez más, Shinji, temporalmente, renunció a las preguntas que poseía.
De esa forma, recorriendo aquel departamento que, en diseño, era una copia precisa al de Misato, Shinji se apresuró en darse un baño percatándose de más discrepancias en detalles mínimos: el color en los muros no era el mismo, los muebles yacían en posiciones distintas; igualmente, los habitantes en aquella vivienda eran otros. No había señales de Misato, Asuka ni Penpen. Ninguno de ellos estaba allí.
– Las preguntas seguían acumulándose en mi cabeza, quería saber dónde estaba y qué sucedía, pero también tenía curiosidad por ver más–regresando su vista hacia la germana, Shinji, apartándole un mechón rojizo que colgaba en su faz, siguió relatándole–cuanto terminé de ducharme y de vestirme, caminé hacia la cocina donde mi madre me había servido el desayuno, ahí me llevé otra sorpresa.
Gendo Ikari, profundamente inmerso en la lectura que el periódico matutino le ofrecía, no sólo impresionó a Shinji con su presencia, sino también, cuando le dedicó un inesperado saludo al tomar asiento en la mesa. Shinji, sin decir nada, miró a sus padres interactuar, el uno con el otro, al hablar de temas cotidianos como su trabajo, compras y demás asuntos que eran usuales en cualquier familia.
A Shinji le hubiese encantado quedarse en casa para comprender mejor lo que acontecía, pero sin más opción, tuvo que cumplir con las órdenes de su madre, la cual, con un beso en la frente que casi lo hizo sollozar otra vez, le prometió que estará esperándolo para recibirlo cuando regrese. Así, con su mochila en mano, Shinji salió de su hogar rumbo a la escuela, donde, esperanzado, creyó que vería a los demás.
– Al caminar por la ciudad, como sucedió cuando desperté, noté que había muchas cosas similares y a la vez diferentes. Ninguna de las fortificaciones del ejército ni de Nerv estaba a la vista, tampoco los puntos de recarga para los Evas. Ni siquiera el nombre de la ciudad era el mismo, simplemente se llamaba Tokio.
La escuela, al llegar, lo recibió con una rebosante cantidad de alumnos que iban y venían por sus amplios pasillos, lo cual, anotando otra marcada diferencia en la lista, contrastaba con el escueto estudiantado que recordaba, donde las sillas vacías, por encima de los estudiantes, resaltaban a la vista con notable facilidad. Así pues, ubicado en su pupitre, Shinji se giró a buscar a sus amigos más cercanos.
Fue allí, al no encontrar a ninguno de ellos, que Shinji, carente del interés requerido para enfocarse en la lección a punto de empezar, recordó sus planes de morir al sacrificarse para darle fin al Impacto Final. Aunado a eso, al evocar a los Toji, Kensuke, Hikari y Asuka adultos, quienes, junto con Ayanami y Kaworu, se quedaron en la villa, Shinji comprendió que era lógico que no estuviesen allí con él.
– En ese momento, me dolió mucho pensar que ya no los volvería a ver, pero tenía sentido: todos ustedes ya eran personas adultas, era natural que ya no fuesen estudiantes como yo.
– Mari me comentó algo similar. Ella también revivió su vida desde la infancia hasta la adultez antes de encontrarte y regresar a este mundo–sin olvidarse de la historia de Mari, Asuka, observando las similitudes en ambos testimonios, empezó a sacar sus propias conclusiones–al parecer, en ese universo, cualquier persona que caiga allí adentro tendrá que repetir su vida desde el principio.
– Mi vida en ese lugar se mantuvo normal durante varios meses, ya no me preguntaba si era falso o no, tener a mi familia conmigo hizo que me sintiera como en casa. No fue hasta más adelante, cuando creía que ya nada podía sorprenderme, que alguien me hizo darme cuenta que no era así.
– ¿Quién? –sin demorarse, Shikinami le cuestionó.
– Tú, Asuka. Fuiste tú…
Una mañana, al ir a la escuela, tal y como lo hacía con regular normalidad, Shinji caminaba por la misma ruta que empleaba a diario, sin sospechar, que al doblar en una esquina, divisaría una larga cabellera carmesí, cuya propietaria, conociéndola muy bien, era imposible de confundir para él. Sin embargo, pensando que era un error, Shinji se negó a creer que esa silueta que veía en la distancia fuese ella.
Su manera de caminar, el estilo de su peinado, el cual, siendo sujetado por los broches rojos que tanto la caracterizaban, así como el uniforme escolar que traía puesto, eran suficientes indicios visuales para identificarla como la célebre piloto alemana de la Unidad 02. Por ende, viéndola continuar alejándose al andar por el camino que él recorría, Shinji se sintió tentado a correr para verificar su identidad.
Pero justo cuando se debatía si en realidad se trataba de Asuka, Shinji, al parpadear, vio como aquel espectro se desvaneció tan rápido como apareció. No obstante, sin que él lo supiese todavía, aquel avistamiento fue apenas el comienzo de una oleada de apariciones que, acompañándolo hasta su encuentro con Mari muchos años en el futuro, no dejaron de manifestarse ante sus ojos día tras día.
– Siempre te encontrabas lejos de mí, pero sin importar la distancia, sabía que eras tú–mirando la sorpresa dibujada en el rostro de Shikinami, Shinji, sonriéndole otra vez, le aseveró con seguridad–no importaba dónde me encontrase: en mi casa, en la calle, en la escuela o en una tienda, si volteaba a un costado, podía verte en algún rincón.
En esa misma ocasión, sin ánimos para enfocarse en sus clases, Shinji ladeó su mirada hacia el extremo opuesto del salón, donde, sentada en una silla con el mentón reclinado en una mano, volvió a verla. Asuka, o lo que aparentaba ser ella, miraba en otra dirección sin que los demás notasen su presencia. Shinji, hechizado por ella, no pudo dejar de mirarla, hasta que su profesor, al llamarlo, lo forzó a hacerlo.
Para cuando regresó su vista al sitio donde observó a Asuka, ella, como sucedió más temprano, se había evaporado sin dejar rastro. Si bien su aspecto era exacto al de la Asuka que conoció cuando ella llegó a Japón, Shinji, recordando que él la envió de regreso a la aldea al confiarle a Kensuke su cuidado y protección, además de ser ya una mujer adulta, nunca la consideró como la verdadera Asuka Shikinami.
– Los años fueron pasando en ese mundo, fui creciendo teniendo una vida relativamente tranquila y ordinaria. Eso era justo lo que necesitaba para volver a comenzar, pero a pesar de todo, jamás pude olvidarme de ti.
Si bien no tuvo el coraje de preguntárselos, Shinji, habiéndose habituado a ser parte de ese universo, solía cuestionarse si las demás personas que vivían allí con él, especialmente sus padres, se consideraban a sí mismos como reales o si sabían que eran parte de una alucinación muy convincente. Igualmente, viendo al fantasma de Asuka, Shinji, en más de una vez, trató de hablarle y dialogar con ella.
Aún así, fuesen o no reales quienes le rodeaban, Shinji adoraba la paz que lo cobijó al no verse forzado a pilotear un Eva ni a enfrentarse a un ángel jamás. Sin embargo, por más que sus heridas emocionales fueron cicatrizando y sanando, sintiendo que algo le hacía falta, Shinji no podía hacer a un lado una innegable verdad: aquel mundo, por más perfecto y bello que fuese, era vacío y artificial.
Era una absoluta mentira.
– Me había resignado a nunca poder salir de allí, estaba más que convencido que me quedaría en ese mundo para siempre viviendo rodeado de alucinaciones y fantasmas.
Ya siendo un joven adulto, habitando en su propio apartamento, Shinji, al darle un vistazo a la insistente aparición espectral de Asuka que acostumbraba desvanecerse segundos después de materializarse, comenzó a cuestionarse el motivo de tales manifestaciones. Alguna razón, que aún lo eludía, era la causa que propiciaba que "Asuka" siguiese acompañándolo a pesar de haberse despedido mutuamente.
Sabía muy bien, para su enorme aflicción y vergüenza, que su inacción durante el incidente de la Unidad 03 fue el génesis de todas las desgracias que azotaron a Asuka durante el tiempo en que él estuvo ausente. De haber tenido el valor de rescatarla, Shikinami, corriendo con mejor suerte, no hubiera sido maldecida ni tampoco habría acabado infectada por el parásito angelical que la tomó como su huésped.
Empero, habiéndole reconocido su culpa a la auténtica Asuka, Shinji seguía sin entender por qué su espectro persistía en aparecer. Le tomó más esfuerzo y meditación notar una pista crucial: esa Asuka, sin importar dónde apareciese, daba la impresión de sentirse sola e incompleta, lo cual, al tenerla muy presente en su mente, Shinji empezó a especular qué hubiera pasado si él la hubiese salvado del Eva 03.
¿Cómo hubiera avanzado su relación en ese caso?
¿Habría tenido el valor de confesarle que ella le gustaba?
¿Asuka le hubiera dicho lo que sentía por él como lo hizo años más tarde?
Ya poseyendo la madurez requerida como para pensar con claridad, Shinji, por mucho que le doliese, llegó a una inequívoca conclusión que respondía a tales interrogantes: lo más probable es que hubiesen fracaso al estar juntos. Sí, se gustaban; pero la mera atracción nacida en su juventud, no era suficiente, por sí sola, para formar un vínculo sólido y fuerte que le hiciese frente sus muchos demonios internos.
Igual que un barco que navegaba, el sincero e inexperto amor que compartían, al ser torpedeado por los varios conflictos personales que cada uno de ellos acareaba en sus adentros, terminaría por hundirse hasta el fondo del mar. Así, por más contradictorio que sonase, Shinji concluyó que no haber llegado a tener una relación en su niñez, mantenía, abierta, la posibilidad de intentarlo al ser personas adultas.
Por desgracia para Shinji, el adiós definitivo que se dieron en aquella playa; aunado al hecho de estar en universos diferentes, levantó un muro que le impedía soñar con realizar un milagro como ese.
– A veces me gustaba salir a caminar y ver el mundo que me rodeaba, me tomaba mi tiempo para observar el entorno con calma–peinando la extensa cabellera carmesí de la germana, Shinji, evocando más vivencias de aquel universo, se fue sumergiendo en sus remembranzas–en una ocasión, me quedé quieto justo en medio de una carretera, los automóviles se detuvieron esperando hasta que yo quisiese hacerme a un lado.
Aquella, sin considerar al fantasma de Asuka, era una de las experiencias más insólitas que vivió en ese lugar. Sabiendo que nadie lo obligaría a moverse de la autopista, Shinji, por curiosidad y diversión, se mantuvo sentado sobre el asfalto deteniendo el tráfico durante horas. Los conductores en sus vehículos, con una paciencia infinita y silenciosa, no hicieron más que permanecer congelados en sus asientos.
En aquel instante, sintiéndose el "amo y señor" de esa dimensión, Shinji pensó en su ya remota infancia, donde él, por temor a ser traicionado y herido por los demás, llegó a desear que fuese la única persona en el planeta para asegurarse que nadie pudiese lastimarlo; aunque eso implicase, irremediablemente, que la soledad lo condujese a una muerte solitaria marcada por el dolor de no tener a nadie en su vida.
– Ese día volví a llorar desconsolado, igual que cuando mi madre apareció al tocar a mi puerta. Lloré porque ya no quería estar solo y deseaba volver a verlos a todos, en especial a ti, Asuka–enterrando su rostro en los cabellos rojizos de Shikinami, Shinji le afirmó a una callada Asuka que imaginaba en su cabeza a un Shinji solitario que vagaba en un mundo de sombras–antes huía de la gente, pero ahora disfruto mucho de tener compañía y ser de ayuda en lo que pueda.
– Yo no hubiera podido resistir ni un minuto en ese universo, habría enloquecido sin remedio.
– A pesar de haber estado atrapado allí adentro por tantos años, no le guardo rencor a ese universo. Me dio la paz que necesitaba y el tiempo suficiente para darme cuenta de mis muchos errores.
Ya como un hombre adulto, en otro de sus habituales paseos por la rebosante metrópoli que lo acogía, Shinji, observando no muy lejos al espectro de Asuka que entró en un parque, no dudó en seguirla al sentir el presentimiento que debía hacerlo. Así pues, caminando detrás de ella, Shinji, al entrar, no se sorprendió por la predecible desaparición de la pelirroja, pero otro elemento sí fue de interés para él.
Ahí, como sucedería en el mundo real, cientos de personas disfrutaban del clima soleado del verano, donde, resaltando a la vista, Shinji contempló a numerosas familias y parejas felices que colmaban el paisaje circundante. Ante esto, como si una bombilla se encendiese en su mente, Shinji se dio cuenta que ese era un panorama que, sin importar en qué sitio estuviese, siempre era recurrente y reiterado.
– Después de tantos años, ese día en particular, al fin comprendí cuál era la verdadera naturaleza del Anti-universo.
Más allá de usar los recuerdos de Shinji para construir una realidad que fuese tangible y perceptible para sus sentidos, el Anti-universo, utilizando también los sentimientos y deseos de su alma para llenar dicha realidad, le estaba mostrando a Shinji lo que su corazón quería. Haber crecido con sus padres, en un hogar cariñoso y normal, era sencillamente uno de los varios anhelos que él guardaba en su interior.
Las familias felices representaban su necesidad por tener un núcleo familiar al cual pertenecer; asimismo, las incontables parejas que miraba, tomadas de la mano y muy unidas, simbolizaban el amor romántico, que le haría encontrar, a esa persona ideal y especial, con quién querer pasar el resto de su vida. Con esa revelación, avistando de nuevo al fantasma de Asuka, Shinji se dispuso a reflexionar más.
¿Acaso la reiterativa aparición fantasmal de Asuka escondía también su propio simbolismo?
¿Ella insistía en aparecer frente a él porque todavía no había descifrado su significado?
En busca de respuestas, como si le hubiesen quitado una venda de los ojos, Shinji miró a las parejas que iban y venían en todas direcciones: algunas platicaban con una sonrisa, otras paseaban en lo que obviamente era una cita, y otras, bajo la sombra de un árbol, se besaban al expresarse físicamente cuánto se amaban. Shinji, al cabo de unos segundos, pensó en que él nunca había vivido nada de eso.
Shinji, a diferencia de su yo que llegó a esa dimensión, ya no deseaba escapar de la convivencia humana apeteciendo ahora integrarse a la sociedad; igualmente, al extrañar a Asuka, Shinji moriría por tener la oportunidad de volver a su lado, para vivir, con ella, todas aquellas cosas que no ha podido hacer: invitarla a salir, sentirla junto a él al abrazarla, y, principalmente, decirle que seguía enamorado de ella.
Fue entonces, por primera vez desde su aparición primigenia, que la Asuka espectral se dio la vuelta para que él la viese directamente. Shinji, sorprendido, enmudeció al ver que ella ya no lucía como una niña con uniforme escolar; sino que se veía como la mujer adulta que se materializó ante él en aquella playa cuando se dijeron adiós. No obstante, otra sorpresa más acabó por tomarlo con la guardia baja.
– En menos de un parpadeo todo el entorno había cambiado. Ya no me encontraba en el parque, ahora me hallaba en una estación de trenes–mirando los últimos rayos del sol, el cual, muy pronto será reemplazado por la oscuridad de la noche, Shinji estaba a punto de concluir su relato–tú seguías ahí, del otro lado de las vías, sentada en una banca igual a la mía. Estuve quieto mirándote por una eternidad, fantaseando con que pasase algún milagro que me hiciera salir y regresar contigo.
Asuka, quien no olvidaba la historia que Mari le narró, sabía cómo terminaba la de Shinji.
– De repente, cubriéndome los ojos, alguien apareció detrás de mí. No tenía idea de quién era, nunca ninguna de las alucinaciones del Anti-universo había hecho algo semejante.
– Mari…
– Sí, era Mari–asintiendo con la cabeza, Shinji le dio la razón–hasta ese momento, pensaba que yo era el único en esa dimensión. Verla allí conmigo, me hizo ver que estaba equivocado.
Luego de casi quince años, acompañado solamente de ilusiones y espejismos, para Shinji, verse en compañía de alguien tan real como él, fue una señal irrefutable de que era posible alcanzar aquel milagro con el que tanto soñaba. Por ende, sin dudarlo, decidido completamente a regresar con Asuka y con todos sus demás amigos, Shinji tomó a Mari con firmeza y emprendió el viaje de retorno a casa.
Fue así, con una enorme sonrisa en su faz, habiendo aprendido a quererse a sí mismo y ansioso por estar con otros, que a Shinji no le importó que no supiese hacia dónde se dirigía; su única meta era seguir hacia adelante. En consecuencia, demostrando una vez más que poseía mente propia, el Anti-universo lo premió concediéndole la salida, al envolverlo, a él y a Mari, con una luz tan brillante que los cegó.
Para cuando recuperó la lucidez, escuchando el estridente sonido de las olas rompiendo contra la costa, Shinji miró los alrededores descubriendo que se encontraba en una playa a orillas del mar. El mundo real, discrepando de aquel paisaje rojizo y de muerte que recordaba antes del Impacto Final, le dio la bienvenida con un despejado cielo azul y con muchos árboles meciéndose con el viento muy cerca de él.
– Sabía que estamos de regreso, podía sentirlo en todo mi cuerpo; pero pronto una preocupación inesperada borró mi entusiasmo.
– ¿Cuál?
– El tiempo. No tenía idea de cuánto tiempo había pasado atrapado en esa dimensión, me asustaba la posibilidad de haber estado allí durante décadas o incluso siglos–contestándole, Shinji ahora podía respirar tranquilo al ver que sus peores temores no se hicieron realidad–empecé a preocuparme que tú y todos los demás ya fuesen ancianos o que ya hubieran fallecido hacía muchos años atrás. Temí haber regresado siendo ya muy tarde.
Tan pronto cómo pudo pararse sobre sus pies, Shinji, desesperado por encontrar el camino hacia Villa-3, estaba dispuesto a cruzar ríos y montañas; continentes enteros si era necesario, con tal de hallar a Asuka. Durante semanas, caminando sin rumbo al guiarse sólo con sus instintos, tanto Mari como él, vagaron al atravesar bosques espesos y ruinas de ciudades destruidas por los Impactos anteriores.
Makinami, tranquilizando sus ánimos, le contó sobre la relación de amistad que tuvo con sus padres en la universidad; asimismo, le platicó como ella misma fue su niñera en un par de ocasiones cuando Gendo y Yui necesitaban que alguien le echase un vistazo a su inquieto hijo. De esa manera, también diciéndole que todo saldría bien, Mari fue la encargada de cuidarlo y de mantener su esperanza intacta.
No fue hasta unos cuantos días más tarde, al ver camiones y automóviles moviéndose con abundante presencia, que ambos se orientaron en la dirección correcta, avistando, a unos pocos kilómetros, la entrada de la aldea. Shinji, como si su vida dependiera de ello, corrió con prisa pasando por alto su cansancio acumulado y la insolación que enrojecía su piel. Nada valía más que ver a Asuka de nuevo.
Shikinami, por su parte, completando el rompecabezas que Shinji Ikari encarnaba para ella, fue capaz de entender la transformación que él experimentó en aquel universo paralelo. Ahora, con todas las piezas reunidas en su lugar, podía despedirse, para siempre, del Shinji temeroso, inseguro e indeciso que no la salvó de la Unidad 03, para recibir, con gusto, al Shinji juicioso y seguro que la seducía en el presente.
Asuka, a su modo, también vivió su propia metamorfosis; una metamorfosis que la liberó de las cadenas que la definieron desde que nació, hallando, por sí sola, una vocación y un destino que la hiciese sentir orgullosa de sí misma. De niños, con tanto peso encima de ellos, el fracaso no se hubiera hecho esperar; sin embargo, siendo ya unos adultos consagrados, nada les impedía intentar estar juntos y ser felices.
– Eso era lo que tenía pendiente por decirte, ahora lo sabes todo–aprovechando de su cercanía, sin ningún temor que lo frenase, Shinji fue depositando pequeños besos en las mejillas de Asuka, con los cuales, lentamente, fue delineando su rostro hasta llegar a su barbilla–yo no soy perfecto, tropecé muchas veces con la misma piedra, pero si me das una oportunidad, quisiera crear mi propio mundo contigo.
No le importó que sonase tan cursi, habiéndose visto en la obligación de beber tanta amargura por años, para Asuka, mirándolo con una alegría que contrastaba con su expresión malhumorada de antaño, recibir una cucharada de dulzura era motivo de gratitud. Así pues, ya siendo suficientes palabras por el momento, convirtiéndose en adicta a sus besos, Asuka lo haló hacia ella para recibir otra dosis más.
Con el sol ocultándose por completo, volviéndose la luna en la guardiana y testigo de su naciente amorío, ambos dieron el primer paso hacia un futuro prometedor, el cual, con nuevos desafíos y retos esperándolos, pondrá a prueba la solidez del vínculo que tejían en aquella colina. Ya llegará la hora donde querrán ir más lejos; donde el deseo por hacer el amor, poseyéndolos, los hará comerse vivos.
Hasta entonces, dejándose abrazar por él, la alemana no se inquietó por las bromas indiscretas y comentarios burlescos que Mari tendría preparados para ella cuando volviese a casa. Sin la máscara de rudeza que se obligó a ella misma a usar, Shikinami, gozando de la libertad de expresar sus sentires, se perdió en los brazos de Shinji, cuyos labios, haciéndola desfallecer, la hizo buscar aún más de él.
Así pues, al ser innecesario que fuese la Asuka fuerte, aguerrida e intrépida que el mundo conocía, Shikinami, quitándose más grilletes y ataduras, se relajó al disfrutar de los beneficios de ser débil, indefensa y dócil. No deseaba ser más aquella mujer que aparentaba fortaleza y rigidez para sentirse segura ante los demás, sólo quería ser amaba por ese hombre que le arrebata el aliento al besarla.
Por ende, ya no quedándoles nada pendiente por decirse, con esa deuda finalmente pagada, ya estaban más que listos, para descubrir, juntos, todo lo que les quedaba por vivir.
Fin
Hola, les agradezco de todo corazón por haber leído esta historia. Sé que en el pasado ya he escrito otros finales alternos para Rebuild donde Shinji y Asuka se reencuentran y logran ser felices juntos, me disculpo con ustedes si esta temática ya les resulta repetitiva, pero no pude evitar imaginar un final más al ver que se acercaba el primer aniversario del estreno de Evangelion 3.0+1.0: Thrice Upon a Time.
Personalmente, con la película tengo una relación de amor y odio. Hay ideas y conceptos que me parecen geniales: como las aldeas de sobrevivientes y las vidas adultas de los personajes secundarios. Pero otros, me resultan un total disparate lleno de incoherencias que se sienten improvisadas y sacadas de la nada: como el Evangelion Imaginario, la Lanza de Gaius, el Objeto Gólgota y el Anti-universo.
Siempre insistiré en que Rebuild of Evangelion debió ser una serie, así todos estos elementos nuevos se hubieran explicado y desarrollado de mucha mejor forma. En cuanto al Anti-universo; aunque no me gusta, quise usarlo como pieza central para este fic tal y como ya pudieron leer. Me alegra muchísimo haber logrado publicar el fic justo el día de hoy, 8 de marzo de 2022, primer aniversario de 3.0+1.0.
Por el momento es todo de mi parte, muchas gracias por leer y hasta la próxima.
