Renuncia de derechos: Harry Potter y todo su universo es de Rowling, todos los sabemos, así que solo me hago responsable de la trama y algunos personajes, entre otras cosas.

El presente fanfic participa en el Reto #61: "Las grandes protagonistas" del foro "Hogwarts a través de los años".


Lo que una dama quiere.

Invierno de 1874.

—Debe ser una broma.

Lo que era una broma, pensaba Isla, era el haber recurrido a Cirsium Ferguson en busca de ayuda.

En el Ministerio de Magia, las brujas con puestos considerados de alto nivel no eran muchas, por más que ya más de una hubiera llegado a Ministra. Así pues, algunos daban por sentado que una asistente junior era el equivalente a una doncella, aunque Isla se las había arreglado para dejar bien claro que, en caso de servirle el té a alguien en los Servicios Administrativos del Wizengamot, sería como una cortesía y no porque se lo ordenaran.

Fue por algo así que conoció a Ferguson, en realidad: un par de tipos malhumorados de Accidentes y Catástrofes, pisando fuerte, solicitaban hablar con alguien del Wizengamot y al pasar Isla a su lado con una copa humeante, uno de ellos le pidió en tono mandón una taza de la bebida más fuerte que tuvieran. Ferguson, hasta la fecha, no se cansaba de contarle la historia a quien quisiera oírlo, incluyendo la contundente respuesta de Isla en aquel momento:

—Con mucho gusto, señor. Cuando sea usted quien asigne mis funciones aquí y pague mi salario.

Los dos tipos no pudieron hacer más enrojecer de indignación, pues Ferguson les plantó cara a continuación, varita en mano, antes de hacerles un gesto para que se retiraran antes de enfrentar consecuencias. Más tarde sabría Ferguson que la copa era para un auror novato que llegó empapado y estornudando de una misión en el Distrito de los Lagos y que Isla, de buena voluntad, fue a conseguirle una poción Pepperup, lo cual la hizo admirarla todavía más.

—¿Por qué iba a bromear con algo así? —se extrañó Isla.

—Mira, no es como si no creyera en tus intenciones, sé perfectamente que eres directa y honesta con todo lo que haces —se explicó Ferguson, frunciendo sus pobladas cejas castañas—. Es solo que debes verlo desde una perspectiva ajena: cualquiera que no te conozca bien, podría creer que hay algo más que buenas intenciones al tomarte tantas molestias con esa familia con la que vives.

—Han sido lo suficientemente comprensivos con el acuerdo que tenemos Hitchens y yo.

—Cierto, no cualquier familia se habría prestado a eso, sobre todo con lo sucedido en el último año, pero no es la cuestión. ¿Solo vamos de compras el fin de semana por la razón que me has dicho?

—¿Estás insinuando algo, Ferguson?

—No, pero debes estar preparada para lo que otros puedan insinuar. Tú misma has dicho que los padres de Hitchens se han estado comportando… extraño.

—Lo sé, pero no creo que eso deba mis planes para las fiestas.

Ferguson se encogió de hombros, por lo cual Isla supo que le daba la razón.

—Entonces te acompañaré con mucho gusto. En realidad, también debo buscar algunos regalos, así que nos terminamos ayudando mutuamente. Sobre todo, quiero elegir algo para Maggie.

—¿Maggie? ¿Sigues viéndote con la hija mayor de Ebenezer Macmillan? ¿Ella es «Maggie»?

—En realidad sí, ¿por qué?

—La recuerdo del colegio, aunque iba unos años por delante de mí. No esperaba que fueras de su agrado y menos por… ¿casi un año ya?

Ferguson arrugó la frente por un momento, antes de asentir con la cabeza y dejarlo así. Ambos sabían la razón tras ese argumento y no valía la pena mencionarla en público.

—En ese caso, me alegra saber quién es, eso será de utilidad para elegir algo. ¿A menos que tengas algo en mente?

—Lo primero que me vino a la mente fue una túnica, pero si tienes alguna sugerencia…

—Ya lo veremos el fin de semana.

Con eso, cada uno se fue a su respectivo escritorio, aunque por un largo rato, Isla no pudo quitarse de la cabeza parte de la conversación.

Sin embargo, era del tipo de persona que al decidir algo, actuaba acorde a ello hasta las últimas consecuencias y esta no sería la excepción.

Solo esperaba que no le saliera todo mal.

—&—

Cuando Isla decidió ser independiente de su familia, ciertamente no pensó en los medios para ello.

Sus padres y sus hermanos tendrían un síncope si se enteraban de cómo lo consiguió, estaba segura.

Los recuerdos la asaltaban con una inusitada frecuencia ese invierno. Su actual residencia, ubicada en Charing Cross Road, no era para nada como su casa paterna en Grimmauld Place, lo cual hacía énfasis en los giros que había dado su vida y en que vivía con gente con la que no estaba relacionada, ni por sangre ni por matrimonio.

Con todo, lo conversado con Cirsium le dio algo en qué pensar.

Hacía casi un año que le venía dando vueltas a su predicamento, llegando a la conclusión que había discutido con su amigo, aunque éste dejó en claro que tenía algunas dudas debido a lo poco ortodoxas que eran las circunstancias. A decir verdad, si Isla hubiera escuchado algo así de otra bruja, se habría echado a reír y miraría a la susodicha por encima del hombro, pero evidentemente, eran otros tiempos y ella era ignorante de muchos aspectos de la vida.

Por eso el sábado siguiente, tras unas horas de intensa búsqueda en compañía de Ferguson, regresó a casa deseosa de una bebida caliente y un asiento delante de la chimenea. Si bien el día estuvo soleado, también había soplado un viento muy frío, que le enrojeció las mejillas y la punta de la nariz, a la vez que le entumió las manos por más que llevara sus mejores guantes.

—Buenas tardes, señorita Black. Estaba preparando té, ¿gusta un poco?

Isla asintió al tiempo que caminaba hacia el salón, después de subir sus compras a su habitación. No quería dejar al alcance de la vista nada de lo recién adquirido, por si era descubierta.

—¿Nadie más está en casa, Victoria?

La aludida, de cabello castaño claro y luciendo orgullosamente un vestido color verde pastel, negó con la cabeza mientras se dirigía a la cocina.

—Mis padres salieron hace una hora y los chicos se van a tardar en volver —informó

Isla ocupó su butaca preferida del salón, apuntó a la chimenea con la varita y las llamas se avivaron un poco. Suspiró de alivio cuando sintió que empezaba a calentarse y no emitió ni un sonido hasta minutos después, que Victoria entró con una bandeja con el servicio de té y dos tazas ya servidas.

—Nunca creí que lo diría, pero hay un hombre que puede ser más exigente que yo al hacer compras.

—¿En serio?

—Sí. Un amigo necesitaba consejo para unos regalos de Navidad, y lo invité a acompañarme hoy.

—Un amigo…

Victoria, que acababa de entregarle su taza, se sentó a poca distancia en un taburete, con el ceño levemente fruncido y contemplando su bebida con gesto serio.

—Sí, creo que lo he mencionado antes. Ferguson, un compañero del trabajo.

—¿Solo esa era su intención? ¿El obtener consejos de su parte?

Repentinamente alerta, Isla dio un sorbo a su té mientras se enderezaba en la butaca.

—Ferguson es un mago muy capaz en el trabajo, pero en cuanto a gustos femeninos, puede cometer algunos errores bastante graciosos. Está actualmente cortejando a una señorita y se le había ocurrido regalarle una túnica de gala color naranja.

Tras escuchar aquello, Victoria se quedó pasmada y acto seguido, se echó a reír. Isla pensó que era un milagro que la otra no derramara su té.

—¡Naranja! A mí me gustan los colores brillantes, pero el naranja simplemente… —respiró hondo y volvió a reír, tardando en tranquilizarse.

—Lo peor era que la túnica tenía unos bordados en color azul celeste demasiado brillantes que, admito, formaban unas flores muy hermosas. Le sugerí que solicitara otro color en vez del naranja, quizá eso sería de más agrado para su señorita, lo que por fortuna aceptó hacer. No quiero ni pensar en lo que habrían dicho en casa de ella si vieran ese naranja…

—Ah, ¿es que el naranja no es bien visto entre los magos?

—No precisamente. Algunas familias son demasiado… conservadoras en cuanto a su vestimenta y sus modales. A Ferguson realmente le agrada esta joven, lleva casi un año visitándola. Prometió escribirme cuando supiera cómo había reaccionado ella con su regalo.

—¡Espero que eligiera un mejor color que el naranja!

—Lo vi antes de irme, quedó bien con las flores, al menos.

Victoria abrió la boca, a punto de hacer un comentario más, cuando Isla recordó de pronto su más reciente preocupación y decidió que haría como con su independencia de su familia: iría de lleno por ello y lo demás, lo resolvería sobre la marcha.

—De hecho, Victoria, necesito un favor para la víspera de Navidad. ¿Podemos discutirlos todos juntos esta noche en el estudio, después de la cena? Usted, Leopold, George, Alexander y yo.

—¿Nada más? ¿Y Bob?

Isla negó con la cabeza y algo debió revelar en su expresión, porque Victoria no dijo más y prometió ayudar a que todos estuvieran allí.

Como descubriría esa noche, hizo bien en confiar primero en los jóvenes Hitchens, por más que Leopold no dejara de mirarla con cierta burla por casi media hora.

—&—

La víspera de Navidad, la casa de Charing Cross Road estaba resplandeciente.

Isla se había esmerado en que la decoración fuera especial, que hablara de todas las personas que habitaban el lugar, aunque fuera un poco.

Como había supuesto en sus más recientes conversaciones con Cirsium Ferguson, el señor y la señora Hitchens no expresaron el más mínimo deseo de colaborar con la preparación de las fiestas, ya no se diga el aportar algo de capital para ello.

Casi lamentó su programa para esa noche.

—¡Muchas gracias por el árbol, Bob! —exclamó la señora Hitchens, quizá por doceava vez solo ese día—. ¡Creo que es más bonito que los de su Majestad!

—Lo dudo, madre, pero Leo también colaboró, tú sabes.

La señora Hitchens asintió con entusiasmo, pero su expresión daba a entender que no había tomado en cuenta la mención de su único hijo mago.

Pasaron a la mesa, que fue servida de manera espectacular gracias a algunos encantamientos de Isla y Leopold. Las velas iluminaban cada rincón y la comida lucía apetitosa por donde se viera.

—¿De dónde ha salido todo esto? —preguntó el señor Hitchens, sin dirigirse a nadie en particular.

—La señorita Black y yo cocinamos, y los muchachos fueron muy amables en conseguirnos todos los ingredientes a tiempo —respondió Victoria sin vacilar.

El señor y la señora Hitchens intercambiaron miradas, en las cuales Isla vio su incredulidad ante la idea de ella cocinando. Lo que no sabían (que la magia podía ayudar en las tareas culinarias), no les dolería, ¿verdad?

Así, la cena comenzó, primero con cierto nerviosismo y después, las conversaciones no dejaban de fluir, siendo el tema principal el cómo la ciudad había ido vaciándose de los residentes habituales y en cambio, hubo algunas secciones que se atiborraron de personas que pasarían las fiestas con familiares y amigos. El buen humor reinó y fue después del postre, que Isla consideró prudente llamar la atención golpeando levemente su copa de vino con una cucharilla.

—Si me permiten su atención… —dijo, en su tono más educado.

Los demás fijaron los ojos en ella, lo cual la cohibió un poco, más al haberse apropiado de una de las cabeceras de la mesa.

—Me alegra mucho celebrar con ustedes de nueva cuenta —comenzó, consciente de haber repasado su discurso por escrito, aunque probablemente no lo diría de memoria—. Esta se considera una época de reflexión y buena voluntad, todo lo cual no me cuesta ningún trabajo el dedicarles. Han sido generosos conmigo, muy comprensivos, y espero que las cosas sigan así.

El matrimonio Hitchens sonreía con cierta indulgencia, por lo cual Isla supo que no debía alimentar demasiado sus egos y proseguir con lo que tenía previsto. Se volvió a su derecha, en donde estaba sentado el mayor de los hermanos Hitchens, y le dedicó una sonrisa que él correspondió tras un momento de desconcierto.

—Desde los inicios de mi amistad con Leopold, en el colegio, uno de sus temas más recurrentes al hablar de su hogar, era el de su hermano mayor. Bob, has de saber que no solo Leopold, sino todos tus hermanos, te aman y te respetan, deseando para ti la mejor de las suertes y una vida más que bendecida. Así pues… —se permitió tomar aire, extendiendo la mano izquierda, lo cual resultó un poco extraño dada la posición en la que estaban, pero Bob no dudó en tomarla con cuidado—, te hago saber que me siento profundamente honrada en ofrecerte mi mano en matrimonio.

Si alguna vez había de comprender el dicho de «se podía oír hasta la caída de un alfiler», Isla pensó que sería en ese momento. Nadie pronunció palabra y ella hizo todo lo posible por no apartar la mirada de los azules ojos de Bob, abiertos de par en par.

No era para menos, pensó. Seguramente ninguno de los presentes había escuchado jamás que una mujer fuera quien, en esencia, propusiera matrimonio al hombre de su interés. Ni siquiera entre las brujas había escuchado un caso semejante, y eso que conocía a algunas con el suficiente carácter como para intentarlo, si así lo deseaban.

—Me haces increíblemente feliz, Bob —aseguró, en tono más suave y dando un leve apretón a la mano de él que sostenía—. Cada día, agradezco infinitamente el que tu hermano y yo iniciáramos nuestra amistad, pues de alguna manera, eso me llevó a conocerte. Sé que eres lo que muchas querrían de un marido, tanto en aspecto como en personalidad y carácter moral. Deseo de todo corazón que tu respuesta…

Isla no pudo acabar, pues ante el asombro de todos, incluida ella misma, Bob se puso de pie sin soltarle la mano, se acercó y se atrevió a besarla allí, delante de toda su familia, no sin antes dedicarle una sonrisa radiante.

Si nadie decía lo contrario, se tomaría aquello como una aceptación a su proposición.


Bienvenidos sean a este One, que espero fuera de su agrado.

El reto en cuestión, en el cual debía ser protagonista un personaje femenino, me inspiró para volver al Potterverso antes de lo que esperaba (ya que intentaba escribir de otro fandom últimamente), con nada menos que uno de mis Black favoritos: la repudiada Isla (lo siento, por ahí se dice que el nombre se escribe diferente, pero empecé a escribirla cuando era Isla y así la seguiré llamando). He usado el personaje antes, así que sabía más o menos qué quería presentar, pero bueno, como últimamente me sucede, fui escribiendo a ratos el fic y lo terminé de un tirón antes de que venciera el plazo, así que tuve que abreviar algunas cosas. Lo que sí quería dejar claro era la idea de que mi versión de Isla, además de refinada e inteligente, era de armas tomar, con las ideas bien puestas y no muy dada a seguir las convenciones de la época si con ello, conseguía cumplir sus deseos.

Datos curiosos de esta historia: mi versión de Bob Hitchens y su familia la presenté hace un tiempo, en el One "La familia es lo primero". Por otro lado, el amigo del trabajo de Isla, Cirsium Ferguson, es evidentemente un OC, antepasado de otro personaje que creé hace un tiempo y el pobre tipo obtuvo su nombre de pila del nombre científico del cardo, flor nacional de Escocia (lo que es una pequeña broma privada, en realidad).

Cuídense mucho y nos leemos en otra ocasión.