El último mes, había sido el más feliz de la vida de Darcy. Cada día que pasaba estaba aún más enamorado de su esposa. Todos los días se levantaban juntos al alba, caminaban al menos media hora por los jardines y bosque cercana para posteriormente desayunar. Luego trabajaban varias horas, pero encontraban tiempo para hablar sobre sus dudas y temores. Elizabeth lo apoyaba y ayudaba en todo lo que podía, para aliviar el peso tan grande que ahora llevaba su esposo en sus hombros.
Para ello, Elizabeth llevó un pequeño escritorio en la oficina de Darcy para leer su correspondencia, y ayudarlo a clasificar las cartas. Incluso, las que no eran importantes, ella misma las contestaba bajo la dirección de su esposo. Además, participaba activamente en las reuniones que su esposo tenía con su administrador para estar mejor informada de lo que pasaba en Pemberley.
Todos los días se acostaban antes de las 10:00 PM, y dormían abrazados. Los momentos de intimidad eran intensos y hermosos. A pesar de todas las obligaciones y el poco tiempo que tenían para ellos, los dos estaban muy contentos con la vida que estaban lentamente construyendo.
Esa mañana, justo treinta días después del casamiento - estaban trabajando en la oficina de Darcy, cuando la Sra. Reynolds les trajo la correspondencia. Elizabeth vio que había una carta de Mary, que muy contenta la abrió y comenzó a leerla. Su rostro enseguida se ensombreció y sus ojos se llenaron de lágrimas.
Darcy al ver los cambios en el bello rostro de su querida esposa, se levantó y enseguida fue a abrazarla, "Mi amor, ¿qué sucede? ¿Recibiste malas noticias de Longbourn?"
Lizzy asintió con tristeza y le dio la misiva de Mary...
2 de octubre 1811
Longbourn
Querida Lizzy,
Espero que el Sr. Darcy y tú estén muy bien en Pemberley y que sigan adaptándose con éxito a su nueva vida. Por la descripción de tus cartas, Pemberley debe ser un lugar hermoso y la biblioteca magnífica.
Afortunadamente, el nuevo párroco de Netherfield y su esposa, el Sr. Terry y la Sra. Terry, son muy agradables y ambos desean continuar varias de las tareas que empezó el Sr. Darcy, entre ellas la escuela.
Aprovecho a contarte que los niños de la parroquia me preguntan muy seguido por ti y por el Sr. Darcy, y les escribieron una carta que voy a adjuntarles.
3 de octubre 1811
Lamentablemente me acabo de enterar de muy malas noticias; este año no vamos a poder ir a Pemberley en Navidad como te habíamos prometido. Mi padre está muy enfermo, y según el Sr. Jones no hay nada que se pueda hacer para curarlo. Le queda muy poco tiempo de vida, a lo sumo seis meses.
Como te puedes imaginar, estamos todos muy tristes, y preocupados con esta terrible noticia, y las implicaciones que eso tiene en nuestras vidas.
Mi madre está acostada en su habitación con palpitaciones; la pobre Sra. Hill y Jane no saben qué hacer para consolarla.
En cuanto tenga novedades te escribo nuevamente.
Con cariño,
Mary
"Son terribles noticias." La miró a los ojos, "Lo siento mucho, Elizabeth. ¿quieres que vayamos ahora a Longbourn?"
Lizzy suspiró y negó con la cabeza, "No, por el momento prefiero que nos quedemos en Pemberley. Hay muchas cosas que tenemos hacer aquí, y podemos ir en Navidad o antes si la salud de mi tío empeora." Respiró hondo, "Además, tu amigo, el Sr. Bingley y su hermana llegan en una semana a Pemberley…"
"Elizabeth, puedo escribirle ahora mismo a Bingley y pedirle que no venga. Estoy seguro que dada la situación, no se va a ofender..."
Elizabeth le dio un tierno beso, "No, Fitzwilliam, no es necesario que hagas eso. Quiero conocer al Sr. Bingley; por muchos años ha sido tu mejor amigo y te apoyo cuando eras un simple párroco… Además, por el momento no hay nada que pueda hacer en Longbourn. Voy a escribirle hoy mismo a Mary…"
Darcy sonrió, y abrazó fuertemente a su esposa.
No le dijo nada a Elizabeth, pero desde que se enteró que el Sr. Bennet extraía íntegros los intereses de su dote para repartir entre sus hijas y sus gastos personales, no sentía ningún tipo de simpatía por el caballero. Había leído el testamento del padre de Elizabeth, y comprobó que legalmente el Sr. Bennet podía hacerlo, pero moralmente estaba muy mal… Por las que sentía pena era por su esposa e hijas que se iban a tener que mudar y vivir con menores ingresos.
