Parte II

CAOS EN LA GALAXIA. La Primera Orden avanza implacable reclamando los mundos de la destruída Nueva República. Con el tiempo en contra, la Resistencia se dedica a reunir todos los aliados posibles para hacer frente a su tiranía. En el Borde Exterior el combate se intensifica, al igual que la tenaz búsqueda de LUKE SKYWALKER, el último Jedi...

Capítulo 1: El último Jedi, aparentemente

No había rastro de la Resistencia en D'Qar. Ignorando las recomendaciones del droide médico, un furioso Kylo Ren fue a supervisar personalmente la ocupación de la base enemiga, con su negra capa ondeando tras él. Todo era ajetreo e inquietud cuando descendió de su lanzadera al planeta. Las colinas alrededor habrían sido verdes horas atrás. Tras el bombardeo inicial, ahora estaban en llamas.

- Llévenme al centro de comando –ordenó con voz distorsionada al primer soldado que vio.

Rápidamente, lo guiaron allá entre humo y escombros. Los stormtroopers que se desplazaban en escuadrones asegurando el perímetro reaccionaban ante su presencia con miedo, sorprendidos de ver al Mata Jedi nuevamente en pie. Ramalazos de dolor le atravesaban el torso mientras caminaba, pero la máscara que usaba encubría cualquier muestra de debilidad en su rostro.

El dolor de la herida solo lo motivaba a seguir con su cacería. Le ayudaba a mantenerse enojado, alerta, fuerte. Un cruel recordatorio de lo que pasaba cuando atendía a sus sentimientos en lugar de sus instintos. Debió seguirlos en Jakku, cuando sintió en la Fuerza las dudas del soldado que posibilitó la destrucción de la base Starkiller, y ahora el fracaso de la invasión a D'Qar. Apretó los puños.

Un stormtrooper. Uno. FN-2187. Phasma y Hux tenían que responder ante el Lider Supremo por el error de entrenar a un traidor. Pero su propio fracaso era el que más le enfurecía. Había sido arrogante, subestimando las habilidades del desertor, la ladrona, y su patético grupo de rebeldes. Debió matarlos cuando tuvo la oportunidad. A todos ellos. Ahora su pista a Skywalker había desaparecido.

Cuando llegaron al centro de comando de la Resistencia, éste estaba destrozado. Pero no solo por el bombardeo a la base, sospechó. Tuvieron tiempo. Hux había gestionado los avances tecnológicos para rastrear naves a través del hiperespacio, pero el desertor les dio tiempo para escapar. Técnicos y soldados se movían entre el desastre revisando la anticuada tecnología de tiempos de la Rebelión.

- Cuál es el estado de los equipos –demandó al técnico que tenía más cerca-. Quiero un reporte.

El técnico se estremeció al notar que se dirigía a él. Mientras tanto, Kylo Ren se impacientaba...

- Me temo que la información en los dispositivos es… -tragó saliva- imposible de recuperar. Los rebeldes han inutilizado adrede todos los equipos que no alcanzaron a desmantelar…

…como sospechaba, pensó, y su furia creció hasta quemar cada fibra de su ser. Extendió la mano hacia el mesón holográfico en medio del salón y lo comprimió usando la Fuerza. Sus dedos crispados se cerraron en un puño mientras liberaba sobre el chirriante revoltijo de cable y metal todo su odio por la Resistencia. Hasta que sintió a Snoke dentro de su cabeza. Se enderezó, con la respiración agitada.

Ven. Ahora.

Su voz estaba cargada de disgusto.


Ingresando casualmente al puente de mando, Maz vio como el rostro de la general Organa reflejaba preocupación, inclinada sobre un datapad. Estaba leyendo de nuevo el reporte de inteligencia que Finn había dejado antes de irse. No tenían mucha información de la capital móvil de la Primera Orden, el Supremacy, pero ahora al menos sabían que era un peligro real y concreto. Leia se veía agobiada.

- ¿Qué tan malo es? –preguntó Maz.

- Necesitamos más información –suspiró-. Y naves. Y rebeldes. Y planetas apoyando la causa.

Razonable, pensó. Después de que la Resistencia volara la base Starkiller, era de esperarse que recibieran más apoyo del resto de la galaxia. Pero el temor a que la Primera Orden tomase represalias era fuerte, y la cruel forma en la cual destruyeron Hosnian Prime había desmoralizado a muchos. Maz lo vio ocurrir durante el Imperio. Solo la esperanza podía movilizar grandes cantidades de gente hacia un objetivo común pese al miedo a las consecuencias, pero debían ser pacientes.

Quizás en ése preciso instante, su hija estaba por traer de vuelta parte de esa esperanza perdida. Maz, mientras tanto, tenía sus propias misiones que cumplir.

- Iré a Takodana por un par de cosas –dijo a Leia, que aún examinaba el documento-. Emmie y yo contactaremos con algunos amigos en el camino que podrían ser de ayuda a la Resistencia. Son en su mayoría prófugos de la ley, pero soy bastante buena juzgando caracteres.

- Lo recuerdo bien –Leia le sonrió, quitando la vista del datapad-. Y agradezco tu apoyo, siempre.

Tras su expresión diplomática, Maz la sintió triste. No tenía que ser Jedi para saber que pensaba en Han. Tiempo atrás, una joven princesa acudió a ella para ayudarla a rescatar al contrabandista de uno de los tantos problemas en los que se había metido por su propia idiotez. El recuerdo le trajo una idea que podría animarla. Esperó a que C-3PO pasara de largo detrás de ellas y se acercó a Leia.

- ¿Será tiempo de traer a nuestro amigo en común de vuelta? –preguntó discretamente-. Harán falta posiciones menos radicales respaldándonos si queremos el apoyo de ciertos planetas…

Leia no comprendió enseguida. Luego sus ojos brillaron en complicidad.

- Es una buena idea –vaciló-. Si es que nuestro amigo en común decide arriesgarse, claro.

- ¿El Príncipe encantador en persona? –soltó una risotada-. ¿Qué mejor forma de salir airoso de la clandestinidad? Créeme, le va a encantar la idea, déjamelo a mí…

Entusiasmada, Maz se despidió y echó a caminar hacia el hangar en donde Emmie la esperaba.


- ¡Finn! –gritó Nix por sobre su hombro- ¡Estamos por llegar!

La Reina aún tenía la comunicación interna descompuesta. Hizo nota mental de todo lo que debía reparar en Ajan Kloss. Eso, si lograba hacerse el tiempo entre todos los diagnósticos de X-Wings que tendría que apoyar para poder siquiera subirse a uno. Hizo un mohín. Su breve conversación con Poe antes de partir le dejó en claro que ser piloto requería mucha más preparación de la que creía. Esa misión con Finn probablemente sería la última fuera de la base por mucho tiempo…

- ¿Me llamabas? –el joven se asomó a la cabina ajustándose un cinturón de herramientas.

Uno que Poe, sin razón aparente, le había regalado al despedirse. Nix sonrió al verlo presumirlo.

- Poe tiene buen gusto –dijo con complicidad, pero él no captó la indirecta. Ella optó por dejarlo así-. Estamos por llegar a Coruscant. Maz me confió un puerto de aterrizaje en el que no harán preguntas por una nave robada. Pero el escudo deflector de la Reina es… inestable. Prefiero que estés cerca de los cañones, por si acaso.

- Entendido –replicó, frotándose las manos en anticipación-. ¿Dónde están?

Le señaló el monitor que sobresalía toscamente del tablero del lado del copiloto. Finn se sentó a familiarizarse con el equipo. Nix sacrificó valiosas horas de sueño para tenerlos listos a tiempo. Al salir del hiperespacio, agradeció a la Fuerza por haberlo hecho. Porque la órbita de Coruscant estaba custodiada por un destructor estelar. Su estómago se cerró de golpe. La Primera Orden ya estaba ahí.

- Un bloqueo –la voz de Finn destilaba amargura-. Por supuesto que lo harían…

- ¿Tan pronto? –replicó, preocupada- ¿Cuánto ha pasado desde Hosnian Prime? ¿Tres días…?

- ¿Crees que perderían el tiempo tras lo de la Starkiller?

El tono lúgubre con el que Finn respondió hizo que Nix se hiciera una pregunta aún más importante: ¿qué harían ellos ahora…? Una señal de comunicación les interrumpió. Se miraron con aprehensión. La Primera Orden no sería como la policía de Coruscant. Si no contestaban, la Reina volaría en pedazos. La joven twi'lek se obligó a pensar rápido.

- Somos una delegación diplomática de Naboo que perdió todos sus permisos en un atraco pirata –inventó con palabras atropelladas-. Tú los conoces mejor que yo. Convéncelos.

Ante la mirada ansiosa del joven, ella aceptó el llamado. Un hombre de voz aguda los apremió.

- Esquirfe estelar tipo J, su llegada no ha sido notificada al Ministerio de Ingreso. Bajo los nuevos protocolos al amparo de la Primera Orden, está cometiendo una infracción a las normas de seguridad coruscanti. Comunique su identidad y propósito, o será tratado como una amenaza.

- Aquí el esquirfe estelar tipo J… -Finn hizo una mueca al momentáneamente quedar en blanco, y Nix le dirigió una mirada tensa- …habla con Niff y Xin Genti de Naboo. Venimos en una misión diplomática, pero fuimos emboscados por piratas...

Silencio escéptico del otro lado. El corazón de Nix dio un vuelco cuando dejaron un tono de espera. Resignada, señaló a Finn los controles de los cañones, revisó los radares y posó una de sus manos sobre el interruptor del escudo deflector. No tenían ninguna nave encima, aún. Pero el destructor estelar que coronaba el planeta bien podía freírlos, o liberar a un montón de cazas TIE. Rezó a la Fuerza para que el escudo funcionara ese día. Tras una pausa eterna, la voz replicó fríamente.

- Registros de la Fuerza de Seguridad coruscanti indican que están en posesión de una nave diplomática robada. Esquirfe estelar tipo J, bajo la sospecha de un atentado terrorista, en treinta segundos será abatido por fuerzas de la Primera Orden...

Al menos tuvieron la cortesía de avisar. Con una sacudida del estómago, Nix bajó en picada a la atmósfera, consciente de que a esa velocidad un cálculo errado los mataría. Finn ahogó un grito. Los patrones geométricos en la superficie crecieron hasta convertirse en edificios, y la alerta de proximidad sonó instantes antes de recibir el primer disparo. La Reina se estremeció, perdiendo su estabilidad.

El escudo decidió no funcionar ese día.

- Tenemos dos TIE en la cola –dijo Finn-. Solo puedo darles de frente.

La Reina después de todo, no era una nave de combate. Ni siquiera era lo suficientemente veloz como para perderlos. Nix sorteó los carriles aéreos que comenzaban a aparecer a sus lados e invirtió la dirección de la nave para que Finn disparase. Los TIE volaban a su encuentro atacando sin pausa. Él abatió a uno pero ella tuvo que girar para no estrellarse con el otro, casi chocando con una lanzadera en cambio. Oyó maldecir al joven. El atestado cielo coruscanti era el peor sitio para una persecusión.

- Voto porque acabemos pronto con esto –masculló Nix-. Para escondernos en los niveles bajos.

- De acuerdo –jadeó Finn-. Pero hay que volar ese TIE o no llegaremos abajo. ¿Dónde está…?

- …estoy en eso…

La superficie del planeta quedó sobre sus cabezas mientras maniobraba para ponerse de nuevo frente al segundo caza. Los circuitos sensibles de su Reina le permitieron nuevamente desafiar a la muerte al evadir un carguero cruzándose en su camino. Luego de un par de intentos Finn derribó al TIE restante, y Nix descendió a buscar cubierto entre los rascacielos.

Pero la alerta de proximidad informó que ahora seis cazas los seguían. No alcanzó a alertar a Finn. Dos estruendos sacudieron a la Reina, haciéndoles perder altura considerablemente rápido. La sangre se le heló en las venas. Le habían dado a un motor.

- Esto está mal –gimió-. Esto está muy mal…

Intentó calmarse. La cabina se llenaba de humo. La consola era un caos de alertas. Otra sacudida, y miró a Finn de reojo. No sabía decir quién estaba más tenso. El estruendo del metal cediendo era ensordecedor. La nave se estrellaría, con o sin ellos. Con el dolor de su corazón Nix tomó la decisión.

- No le serviremos muertos a la Resistencia –dijo con un nudo en la garganta-. Tenemos que abandonar la nave. Con la Fuerza de nuestro lado, pasaremos desapercibidos con el humo.

Era una locura, pero también la única forma que tenían de sobrevivir. Finn la miró con terror en los ojos. Luego tomó aire y asintió mirando hacia fuera del transpariacero.

- Ese arco en el jardín, puedo engancharnos de él –dijo señalando un punto verde destacando entre los rascacielos, sobre la terraza de un gran edificio-. ¿Puedes pasar por encima?

Había una especie de bodega cerca. Al menos su Reina no causaría una tragedia cayendo en un lugar concurrido. La nave dio otra sacudida, y el rugido del metal se intensificó. Fijó el curso dejando el piloto automático y abrió una escotilla inferior. El pasillo hacia ella estaba rebosante de humo denso y negro que les hizo toser, y mirando la salida Nix vio la ciudad acercándose rápidamente bajo ellos.

- ¡Sujétate de mi espalda! –gritó Finn a su lado- ¡Y no te sueltes!

Ella obedeció, prometiéndose a sí misma que no gritaría. Saltaron, y su estómago pareció quedarse allá arriba. Sus pies no encontraron nada sobre lo que afirmarse. Presa del pánico, Nix gritó todo lo que daban sus pulmones, aferrándose a Finn mientras caían.


Nix probablemente le había reventado un tímpano. El humo irritaba sus ojos pero tenía solo una oportunidad. Finn disparó la cuerda retráctil de su cinturón hacia el arco de metal que coronaba esa terraza. El miniarpón atravesó la estructura. Él sujetó la cuerda con una mano y con la otra accionó el mecanismo para enrollar. Un fuerte tirón en su cintura detuvo su caída, cortándole la respiración. Se sacudieron violentamente colgando de la cuerda, la twi'lek enroscada a él a punto de asfixiarlo.

A la distancia se oyó el estruendo de la Reina impactando la bodega. Aún balanceándose fuerte, Finn se atrevió a mirar abajo. El jardín bajo la terraza estaba a una distancia razonable para caer.

- ¿Lista para bajar? –medio gruñó, sintiendo que Nix pronto le rompería las costillas.

- Eso creo –replicó ella con voz rasposa.

Con cautela, Nix se desenganchó de él y cayó sobre un césped cubierto de flores azules. Finn presionó el botón para liberar el arpón y la siguió, suspirando de alivio al tocar tierra firme. Árboles de colores bordeaban la terraza, y una fuente lanzaba agua justo en el centro. Parecía ser un espacio público, gente de diversas especies se paseaba ociosamente por senderos trazados entre arbustos. Notó como algunos los miraban con desconfianza tras verlos saltar de una nave en llamas.

- Será mejor que nos vayamos –murmuró a Nix-. Antes de que alguien llame a seguridad.

Ella asintió buscando la salida con la mirada, mientras Finn enrollaba la cuerda de vuelta en el cinturón. El mejor regalo de su vida. La twi'lek señaló un arco más pequeño en un rincón de la terraza, a juego con el que habían usado para colgarse. Detrás de éste se veía una escalera mecánica.

Mientras bajaban por la larga y lenta escalera rodeada de gente, Finn vio en un letrero que el lugar en el que habían caído era un jardín botánico. Estaba por comentarle a Nix que jamás había estado en uno antes cuando notó que la twi'lek se estaba esforzando por no llorar. Vaciló antes de preguntar.

- ¿Estás bien…?

Claro que no estaba bien, se reprochó. Intentó hacer como Poe y poner una mano sobre su hombro para reconfortarla. Frente a ese gesto, Nix lo miró intentando sonreír.

- Sé que estamos vivos, y que la nave es un objeto material y todo… pero la Reina era mi bebé...

De pronto la pérdida de Nix también lo inundó a él. Apenas unos días atrás ella había perdido a su familia. Ahora perdía otra cosa importante. Finn atinó a abrazarla, dándole unas torpes palmaditas en la espalda. Tras unos momentos, la twi'lek suspiró y se separó de él, enjugándose una lágrima.

- Gracias, Finn. Pero debemos encontrar la forma de continuar con nuestra misión y no morir en el intento –hizo una mueca de disgusto-. Ahora tendremos que llegar a pie al bajo Coruscant.

Por la forma sombría en la cual lo dijo, Finn asumió que sería algo difícil.


Rue despertó sobresaltada con una sacudida del Halcón, y su cuello protestó al enderezarse. Notó que Chewie le había echado una manta encima, en algún momento del viaje debió quedarse dormida en la silla del copiloto. Había tenido el mismo sueño, lo sentía. Pero ya no recordaba. Nunca lo hacía. Se estiró haciendo un mohín y miró hacia afuera. Ya no estaban en el hiperespacio.

Un inmenso océano se extendía frente a ellos. Y al horizonte, una isla. Ése sueñolo recordaba. Revisó el monitor quitándose la manta de encima. Ahch-To, rezaba la pantalla. Era el único dato disponible sobre aquel planeta perdido en las Regiones Desconocidas. Señaló la isla.

- Ése es el lugar –murmuró a Chewie, y a R2 junto a ella-. He soñado con esa isla.

Aterrizaron en una explanada a nivel del mar. El viento salado los azotó bajando del Halcón, y Rue sintió el impulso de enterrar los dedos en la arena negra bajo sus pies. Estaba tibia mientras la hacía resbalar de su mano. Un cosquilleo le recorrió todo el cuerpo. Éste es el lugar, se repitió a sí misma, abrumada por la certeza de que la Fuerza la había traído ahí por una razón. La isla se alzaba hasta un elevado risco cubierto de hierba ondulante. Se volteó a mirar al wookiee y al droide.

- ¿Comenzamos? –hizo un gesto con la cabeza a una antigua escalera de piedra más adelante.

Chewie arguyó que el Halcón necesitaba reparaciones. Intuyó que estaba nervioso por algo, pero lo dejó pasar. Era lo suficientemente lista como para no presionar a un wookiee. R2 se entusiasmó a ir, pero no podía subir la escalera que serpenteaba hasta una aldea en mitad de la montaña. Toda la isla se formaba armoniosamente alrededor. El primer templo Jedi en el que Skywalker supuestamente se había retirado debía estar en la cima, y quizás en él Rue encontraría el dominio que aún le faltaba.

Dio un hondo suspiro y caminó con paso firme hasta arriba. Aceptaba la idea de convertirse en Jedi con un sentimiento agridulce. Deseaba controlarse a sí misma, y usar la Fuerza para enfrentar a los que lastimaban a su gente. No quería volver a oír la voz del lado oscuro. Pero aquello venía con un precio: desapego. Había recuperado a Maz tan solo días atrás, y no sabía cuándo la volvería a ver. A ella, y a Nix. Sabía que ese era el camino correcto para ella, pero le costaba no extrañarlas ahora.

Siguió el sendero de piedra gastada hasta un montón de pequeñas cabañas, y continuó subiendo la sinuosa escalera hasta divisar una silueta encapuchada dándole la espalda. Se permitió una pausa antes de ir. Parecía un fantasma. Sobre el acantilado en el que estaba, él levantó la cabeza y se volteó lentamente bajándose la capucha. Y al verlo, sintió con cada fibra de su ser que debía alejarse de él.

Se detuvo en seco, pero se recompuso rápidamente. Su rostro le era familiar, como salido de un sueño. Una pesadilla. Pero ella no había cruzado toda la galaxia buscándolo para luego acobardarse.

- Maestro Skywalker –inclinó la cabeza en su dirección-. Soy Rue. Venimos de parte de la Resistencia. Necesitamos que venga con nosotros.

Los ojos del Maestro Jedi estaban cargados de emociones, pero a ella le estaba costando leerlo. ¿Estaba triste? ¿Enojado? ¿Agotado? Quizá todas las anteriores, por primera vez, no estaba segura.

- No.

A Rue le tomó un par de segundos asimilar la respuesta. Frunció el ceño.

- ¿No?

- No.

Su mirada era intensa, pero indescifrable. ¿Era ése el Maestro Jedi que buscaba? Ella mantuvo el contacto visual como esperando una explicación, pero Skywalker no parecía inclinado a dársela.

- ¿Por qué no? –lo apremió.

- No puedo ayudarlos –dijo él, y echó a andar a pasos largos, pasando junto a ella.

- Me niego a aceptar eso –replicó, dándose la vuelta para seguirlo-. Ni siquiera nos ha oído.

- Puedes negarlo todo lo que quieras –espetó sobre su hombro-. No va a pasar.

Supo antes de irse por la general que él se había autoexiliado tras la matanza de la academia Jedi. Rue pudo sentir entonces que no era una conversación fácil para ella, siendo su hijo el responsable. Pero Leia, pese a su dolor, se había quedado a proteger a quienes aún la necesitaban. Aquel Maestro Jedi no parecía ni la mitad de fuerte, y tenía al lado luminoso de la Fuerza de su lado. No lo entendía…

- Es un Jedi, un protector de la galaxia –Rue casi le pisaba los talones-. La galaxia necesita protección, ahora más que nunca.

- Es tiempo de que los Jedi se acaben –murmuró sombrío, bajando al asentamiento.

Rue disminuyó la velocidad, estremeciéndose. Aquella no era una posibilidad para ella.

- No se pueden acabar. La Resistencia lo necesita. ¡Su hermana Leia lo necesita...!

Yo lo necesito, se contuvo de agregar. No se fiaba de él. Algo estaba mal. No era oscuridad, como Kylo Ren. No eran mentiras, como Finn. No era nada. Era como si no estuviese ahí junto a ella. ¿Era una cosa de Jedis? Skywalker se dirigía a una de las cabañas. Deseando respuestas, Rue fue tras él.

- Váyanse –suspiró él con voz cansina.

- ¿¡Por qué!? –exclamó ella.

Su única respuesta fue la puerta de la cabaña cerrándose en su cara. Su primer impulso fue abrirla de una patada y exigirle que fuera con ellos, pero notó a tiempo lo molesta que estaba. No podía darse el lujo de tener un arrebato, menos ante él. Exhaló de golpe, y se forzó a dar un paseo para despejarse.

Dejó que sus pies la llevasen, y siguiendo algo similar al llamado que sintió en el castillo, terminó encontrando un árbol muerto en medio de una quebrada. Salvo que no estaba muerto, no realmente. De la vieja corteza crecía una capa de musgo, fresco y suave al tacto. El tronco estaba hueco, y al entrar vio que albergaba en su interior una colección de libros. Contuvo el aliento. Ése era el lugar…

Sintió un cosquilleo en el aire, y algo más fuerte que ella misma la hizo pasar una mano por sobre el lomo de los libros. No hubo visiones esta vez. Pero si sintió la calidez que radiaban. Cerró los ojos, concentrándose en la sensación. Se recordó que estaba en esa isla por ella y por la Resistencia, pero también por algo más grande… Tomó el comunicador que llevaba consigo y contactó a Chewbacca.

- Skywalker está aquí. Pero se niega a venir. Averiguaremos por qué, y lo convenceremos.

¿Dejaría que se le escapara de las manos? No. No lo haría. La Orden Jedi no podía acabar así.