Capítulo 4: Aliados
Entraron a lo que parecía ser una bodega de utilería. Mientras Nix abrazaba a la pantorana, Finn observó curioso muebles de extrañas formas curvas, perchas con trajes de lentejuelas, lámparas con líquidos fluorescentes y montones de accesorios brillantes y plumas acumulándose en cada superficie.
- Me alegra verte a salvo, Freya –al separarse, Nix lo señaló a él-. Él es Finn, un amigo.
- Un gusto –dijo él. Ella lo saludó distraídamente, cubriendo la ventana-. ¿Qué ha pasado aquí?
- ¿Y dónde están las otras chicas? –agregó la twi'lek. El local se veía deshabitado.
- Escuadra Civil –explicó Freya, sombría-. Salieron en masa a intimidar justo después de lo de Hosnian Prime. Están trabajando como informantes para la Primera Orden, y las otras pandillas lo tomaron como algo personal. Llevan días peleando. Casi todas las chicas se han marchado...
- ¿Por su cuenta? –Nix se estremeció, y Freya la miró con aprehensión.
Finn las interrogó con la mirada. Cualfuese el oscuro pensamiento que las invadía, sentía que se adentraban en terreno delicado. Dentro de todo lo delicado que ya era perder su nave y llegar al bajo Coruscant en medio de una guerra de pandillas sin saber de la Resistencia. Nix le explicó velozmente.
- Las bailarinas aquí suelen desaparecer cuando nadie está a cargo de ellas. Es una forma cruel de hacer dinero fácil: llevarlas a otro planeta, hacerlas trabajar bajo otro nombre. Por eso debía dejar que esos matones creyeran que eras mi novio. No sabía si Shi seguiría respaldándome…
Él ya intuía lo dura que podía ser la vida fuera de la burbuja de mentiras que era la Primera Orden, pero tardó unos instantes en dimensionar lo retorcido de esa situación. Sintió su estómago encogerse.
- ¡Pero eso es terrible! –sonaba abiertamente como esclavitud.
- Me gusta este Finn –opinó Freya-. Se ve decente. ¿Y no es tu novio, dices? ¿Está soltero?
Él, si bien halagado, se sintió enrojecer. Nix miró a Freya con reproche y ella volvió a ponerse seria.
- Si, es terrible. Y ahora con las mascotas de la Primera Orden armadas y desatadas, ya no solo desaparecen bailarinas. Cualquier simpatizante rebelde corre peligro. Cuando Jinx murió, Shi creyó que la dejarían en paz. Pero Escuadra Civil no olvidó el tiroteo, y tampoco al desertor…
El corazón de Finn dio un vuelco al oírlo. Rue había mencionado ver morir a un desertor ahí abajo. Esperaba tener mejor suerte que él, pero de nada serviría la suerte si seguían atrapados en el bloqueo.
- ¿Han oído de Jon Sunrider? –ordenaba sus ideas mientras hablaba- ¿Lo han visto por aquí?
Freya los quedó viendo con desconfianza, y Nix y él intercambiaron una mirada. Lo habían visto.
- Es la razón por la que estamos aquí –agregó Nix con suavidad-. No sabíamos que todo estaba tan tenso aquí abajo. Pero debemos encontrarlo y preguntarle algo, de parte de la Resistencia.
Tras vacilar unos momentos, Freya los condujo al amplio salón que había sido la Taberna del Jizz. Finn distinguió un escenario al fondo, cubierto por cortinas negras. Casi todos los muebles habían sido apilados contra la entrada, y sus pasos hicieron eco en la estancia producto del espacio vacío.
- Los husmeadores y los gorgojos ruines volvieron a pelear afuera con Escuadra Civil –anunció Freya a un grupo sentado en la barra, cerca del escenario-. Pero miren a quién encontré…
Otra pantorana, una toydariana, un joven humano de su edad y una fea mujer mayor se voltearon. La toydariana alzó el vuelo al verlos, emitiendo zumbidos enojados con sus pequeñas alas.
- ¡Mira nada más quién vuelve! –Nix a su lado pareció encogerse ante el ronco regaño.
- Madam Shi lo lamento tanto, no me va a creer la de cosas que han pasado desde que me fui…
La toydariana irónicamente abarcó con un brazo el desierto y desbaratado salón. Finn vio chispas caer desde el techo, saltando del cableado expuesto de donde supuso antes hubo un holoproyector.
- Dímelo a mí. Todo gracias a Escuadra Civil. Pero también a la peleona de Sun. Oí que huyeron en la nave de Travis. ¿Por qué no vino ella a lamentarlo? ¿Y cómo fue que burlaron el bloqueo?
- Chocamos la nave arriba y huímos. Sun envía disculpas, está en otra misión de la Resistencia.
Los cuatro personajes en el bar se removieron inquietos, y Finn notó como el ambiente se tensaba.
- ¿Se unieron a Resistencia? –Shi soltó una risotada amarga- ¡Ah, dénme un respiro! ¿Es por eso que me cargaron ese embrollo de Jon Sunrider?
- ¿Está aquí? ¿Lo ha visto? –intervino Finn, esperanzado-. Es urgente…
- ¿Y éste quién es? –la toydariana lo evaluó con mirada recelosa- ¿Tu nuevo novio rebelde?
- No es mi novio –Nix replicó con paciencia-. Es mi amigo Finn. También se unió a la Resistencia.
Pero Shi no parecía dispuesta a confiar en él, por lo que Finn agregó con todo el aplomo que pudo:
- Soy un desertor como él –los dos humanos atrás se miraron entre sí-. Solo queremos hablar.
- ¿Otro desertor? –saltó la pantorana del bar, asombrada- ¿Cuáles son las probabilidades…?
- O sea que sí lo han visto -Finn sintió un cosquilleo en el estómago.
Shi se volteó al grupo del bar, suspiró e hizo un gesto resignado en dirección a la mujer humana.
- Lo estás viendo, amor. La Primera Orden lo busca por traición. Teníamos que esconderlo bien.
Sunrider se estremeció al ser mencionado, su peluca y cargado maquillaje disimulaban sus rasgos a la perfección. Finn caminó hacia él, de pronto emocionado de encontrarse a otro desertor. Le tendió la mano, y al tocarlo notó que temblaba. Se apartó para darle espacio, inseguro de cómo dirigirse a él.
- Estoy feliz de conocerlo, señor. Nos ayudó en nuestro momento más tenso en la Starkiller...
Sunrider apenas lo miraba a los ojos. Finn intuyó que estaba asustado, como él alguna vez estuvo.
- ¿Estuvieron en la Starkiller? –susurró el otro humano con voz rasposa.
Cada palabra que pronunciaba parecía causarle dolor. Tenía aspecto de haber peleado y perdido, vendas con bacta se asomaban del cuello de su camisa. Finn asintió y para su sorpresa, él estrechó su mano con toda la camaradería que Sunrider no mostraba.
- Hiciste lo que yo no pude. Soy Myca, también deserté –giró a la pantorana junto a él-. Me debes una cita, Quinn. Somos más de los que creen, lo sé.
El corazón de Finn comenzó a latir más fuerte, una agradable calidez se expandía desde su interior. Había más como él que habían abandonado la Primera Orden. ¿Habrían sentido lo mismo que él?
- ¿Crees que hay más desertores? ¿Cuántos más?
- Es solo una conjetura –Sunrider respondió con timidez-. Este joven cree que puede reunir más como él. He intentado señalarle su error. La Primera Orden está en todas partes. Es invencible.
Vio en Sunrider el mismo miedo que lo invadió al dejar la Primera Orden. No podía culparlo, él aún lo sentía por momentos. Hasta hacía unos días, jamás se habría atrevido a enfrentarlos. Luego había conocido a Poe, Nix, Rue y Maz, a los legendarios Han Solo y Chewbacca, y en su breve tiempo con ellos descubrió que habían cosas más fuertes que el miedo. Como proteger a aquellos que te importan.
Ahora Finn era parte de algo mucho más grande que él. Algo a lo que él había decidido pertenecer.
- Solía pensar como usted –lo miró comprensivo-. Pero luego de ver lo que pasó con la base Starkiller, creo que es posible unir fuerzas, hacer algo para vencerlos. Y creo que usted también ha de creerlo. De no ser así, no los habría dejado sin energía cuando la Resistencia llegó.
El rostro de Jon Sunrider palideció, mientras Quinn, Myca y Shi apartaban la vista al mismo tiempo.
- No lo hice por la Resistencia. Lo hice por… -tomó aire mirando ansioso alrededor- Fue confuso. No podía quedarme ahí, y quería ayudar a la joven Rey a huír. Me arrepiento de haber formado parte de su creación, pero no esperaba que llegaran rebeldes a volar la base Starkiller. Había gente prometedora, y recursos valiosos en ése lugar.
En una sola mirada, Nix y Finn comprendieron que convencer a Sunrider de unirse a la Resistencia sería más complejo de lo que tenían en mente. Tras un incómodo silencio, el exoficial se excusó y salió del salón, alterado. Freya les hizo un gesto para que no lo siguieran.
- Él no disfruta hablando de eso. Perdió a su hija en Hosnian Prime.
- Y yo perdí a una prima y dos sobrinos –gruñó Shi-. Pero yo no creé el arma que los desintegró.
- Suena terrible –Nix se abrazó a sí misma, mirando hacia la salida-. Vivir con esa carga, solo.
- El quiere estar solo –precisó Myca-. Y está demasiado asustado como para actuar. Pero Finn, tú no lo estás, ¿me equivoco? ¿Podría contar contigo para buscar a otros desertores?
La propuesta lo tomó por sorpresa. Miró a Nix de reojo, no iba a dejarla sola ahí. Tampoco iba a abandonar su misión, pero pensó en toda la información que podían recabar para la Resistencia…
- ¿Por qué no vienes tú con nosotros? –sugirió Nix a su lado- No sería descabellado esperar que más desertores intenten contactarse con la Resistencia.
Finn sonrió, agradeciendo la intervención.
- Gran idea –le dijo a Nix, y se volteó a Myca- ¿En dónde serviste? ¿Cuál era tu trabajo ahí?
Se abstuvo de preguntarle qué lo había hecho desertar. Quizás era demasiado pronto, pero rabiaba por saber. El joven iba a responder, pero tuvo un acceso de tos que lo dejó jadeando por aire. Se llevó una mano al pecho, haciendo muecas de dolor, y Quinn se apresuró a tenderle un vaso con agua.
- Demasiada charla por hoy, necesitas descansar –se giró a ellos para explicar-. Un Escuadra Civil le disparó en el tiroteo. Myca llevaba encima una plancha de metal. Sobrevivió, pero casi se fríe por dentro… A ustedes también les vendría bien dormir, se ven terrible.
Entonces el desertor del que Rue le contó no había muerto. Finn miró a Nix y luego a sí mismo. Efectivamente, parecían haber saltado de una nave en llamas y peleado para llegar ahí. La toydariana dejó escapar un gruñido, alzando el vuelo hacia la trastienda mientras refunfuñaba.
- Tres desertores y una rebelde bajo mi techo. Maldito sea Jinx, dondesea que esté. Sin créditos no podrán quedarse, no soy caridad –tras una pausa, escupió al suelo-. No más de una noche.
- No habla en serio –dijo Freya-. Quería a Jinx, y afuera es peligroso. Les dejará quedarse más.
Dicho esto, fue tras Shi. Quinn se llevó a Myca, y Nix y él quedaron solos. La twi'lek alzó las cejas.
- Esta no es la misión que tenía en mente… pero estamos vivos y encontramos a Sunrider.
- Y a otro desertor que creíamos muerto. Pero deberíamos pensar en una forma de salir de aquí. Y de convencerlos de ir con nosotros. No parecían muy afines a la Resistencia.
- Voto por convencerlos pronto. Este lugar ha cambiado demasiado -miró alrededor-. No creo que sea seguro para las chicas quedarse, me gustaría que vinieran con nosotros también.
Mientras más, mejor, pensó él. La pregunta era cómo. La expresión preocupada de Nix se disolvió al escuchar que el estómago de Finn gruñía. Ahogó una risita llevándolo de un brazo fuera del salón.
- Vamos, mi habitación está arriba. Con algo de suerte, mis bocadillos seguirán escondidos ahí. Con el estómago lleno pensaremos en algo.
Luego de aquella catastrófica bienvenida a Coruscant, tampoco les vendría mal descansar los ojos unas horas. Sentía el cuerpo pesado por la tensión del día, y por la falta de aire fresco ahí abajo. Se dejó llevar con una mezcla de expectación y nerviosismo. Era cierto que debían parar a evaluar sus opciones, pero no podían quedarse mucho. Ese lugar estaba lleno de… algo malo. Podía sentirlo.
Garqi era un planeta de abundante vegetación violácea, producto de la composición de la tierra. Maz evitó el puerto espacial de Peskdta y aterrizó en la rivera de un río, a una cómoda caminata de la aldea de Ghi. Dejó a Emmie a cargo del Fortuna del Extraño por si recibía respuestas de la Flota Libre, y echándose al hombro el saco de reliquias de la Fuerza, partió a buscar al príncipe encantador.
En realidad Ransolm Casterfo no era ningún príncipe, pero su encanto era incuestionable. Años atrás, había recibido un llamado urgente de Leia para rescatar en secreto a un senador agraviado por la Primera Orden, entonces aún oculta entre las sombras. Cuando Maz supo que el asesinato del que lo culpaban era una incriminación por respaldar a la princesa, supo que lo correcto era evitarle la pena de muerte que exigía la ley de su planeta.
Con una pequeña tripulación intervino la nave que lo llevaría a su condena, y lo ocultó en una aldea productora de caf, sobre una de sus bodegas secretas. El noble senador protestó, pero finalmente lo convenció de que solo vivo podría limpiar su nombre. Maz creía que la galaxia necesitaba políticos lo suficientemente rectos como para seguir la ley pese a ir en contra del beneficio personal, pero también espabilados como para romperla si se usaba mal. Pero ella no era política. Solo una pirata excepcional.
De mala gana se detuvo dos veces camino a la plantación. Aún le dolía la espalda del rescate en la Starkiller, pero en sus más de mil años había tenido varias experiencias cercanas a la muerte. Sesenta y siete, pera ser exactos, habían sido las veces en las que creyó que moriría, y en todas ellas, su voluntad de vivir fue mayor. Ser arrojada contra un árbol parecía un chiste en comparación.
Un hombre humano en sus treinta destacaba del resto de jornaleros, no solo por su estatura. Y es que incluso recogiendo granos de caf, lo hacía con dignidad cautivadora. Maz agradeció a la Fuerza por seguir viva para ver a Casterfo en ropas tan favorecedoras, y caminó animada hacia su encuentro.
Finn se dejó caer sobre una de las desvencijadas camas en la diminuta ex habitación de Nix y Rue.
- Parece increíble que al llegar ya hayamos encontrado a dos desertores –suspiró, estirándose.
La Fuerza los debió juntar ahí, a Nix no le cabía duda. Revolviendo en su cajón de ropa, encontró dos porciones de comida instantánea y tres bocadillos dulces. Se volteó a él con el botín en los brazos.
- Debe ser emocionante saber que hay más como tú. E imaginar que pueden haber más aún…
Le tendió la comida y se giró a revisar sus cosas. Estaba feliz por él, pero a la vez sentía un vacío desde que llegaron a la Taberna del Jizz. Su ropa parecía ahora demasiado colorida, y su ex habitación se sentía demasiado asfixiante. Pocas veces durmió ahí. En sus seis años en la ciudad subterránea, había pasado casi todas las noches donde Travis. Ahora él ya no estaba con ella. Tuanul tampoco. Y la Reina de Naboo, si bien incomparable a su familia, también se llevó un pedacito de su corazón.
- ¿Nix…? ¿Estás bien?
La joven volvió al presente. Finn la miraba con preocupación. Muy en el fondo ella no quería sentir ese dolor, que era lo que pasaría si se ponía a hablar de ello con su amigo. Así que no lo hizo. Sacudió la cabeza y abrió el cajón de Rue para distraerse. Con curiosidad se preguntó qué encontraría ahí...
- Extrañaba mis cosas, creo que llevaré algunas. Quizás a Rue le anime ver las suyas… también.
Entre la ropa negra, Nix encontró una máscara de tela. Finn se levantó a mirarla sobre su hombro.
- Me dijiste que Rue se estaba escondiendo aquí abajo –comentó inseguro-. Tiene sentido, ¿no?
Asomándose a la puerta, Shi dio un hondo suspiro. La twi'lek se volteó a interrogarla con la mirada.
- Sun me ahorró un montón en seguridad los últimos años asustando a los que venían a robarse a mis chicas. Solía salir enmascarada todas las noches tras el show, y volver agotada. Era algo personal, se notaba. Creí que lo sabías, compartiendo habitación. Pero bueno, así es el amor...
Si bien no lo decía con mala intención, Nix sintió como se le hacía un nudo en la garganta. Siempre se habían llevado bien como colegas, pero hasta el tiroteo no se había esforzado mucho en mirar más allá de la reserva de Rue. Ahora sabía el por qué: Travis fue todo su mundo esos seis años bajo tierra.
Seis años que ella había desperdiciado. No podía describirlo de otra manera. Había sido tan tonta…
- Pero no es eso lo que venía a decirte –gruñó Shi, rascándose la cabeza-. Hay algo que debes saber, solo para que estés preparada por si lo ves… Travis se ha unido a Escuadra Civil.
Nix no supo qué responder. Estaba mejor sin él, eso ya lo sabía. Había redescubierto su pasión por el vuelo, aprendido a pelear por su cuenta y hasta se había reconciliado con el legado de su familia en la Iglesia de la Fuerza… aún lo hacía. No cambiaría su nueva vida con la Resistencia y sus amigos por nada. Pero no significaba que el pasado le dejase de doler. Y vaya que lo hizo, en ése momento.
Esa bodega bajo la pequeña cabaña en Ghi había salvado el pellejo de Maz en más de una ocasión. Pero en sus seis años viviendo allí, Casterfo se había dedicado a convertir aquel destartalado refugio en un hogar austero pero acogedor. Tras escucharla, el apuesto hombre dejó su taza sobre la mesa.
- Cuenten conmigo –asintió-. Mi lealtad está con Leia, y con lo que queda de la Nueva República. Tan solo espero que mi presencia no sea perjudicial para la imagen de la Resistencia…
Sus ojos azules relucían con determinación, pese a la tristeza que Maz veía en ellos. Un senador no era nada sin la gente que lo respaldaba, y él había perdido toda su credibilidad con el ardid de la Primera Orden. Ahora que Hosnian Prime y el senado ya no existían, trágico como era, sería más fácil que el Riosano volviese al ojo público. Pero era cierto que debían actuar con cautela...
- Dejemos que ellos piensen la mejor forma de dar la noticia. Hasta entonces, será bueno que mantengas un bajo perfil. Debo hacer un par de paradas antes de volver a la base, y espero que me acompañes.
- Aún soy un prófugo de la ley… ¿crees que sea sabio acompañarte? –preguntó educadamente.
- Todos lo son a donde vamos –ella restó importancia a su inquietud con un gesto de la mano-. Además, Leia me contó de sus aventuras investigando a Rinnrivin Di. Podrás manejarlo.
El ex senador agradeció el reconocimiento con una inclinación de cabeza. Maz terminó su taza de caf y le pidió permiso para guardar las reliquias que había traído en la bodega. Casterfo se ofreció a ayudarla a mover el pesado aparador que ocultaba el mecanismo de la puerta secreta. Una vez resguardados los objetos, ambos caminaron de regreso a la Fortuna del Extraño.
- Me sorprende que un hombre tan afable como tú no tenga a nadie de quién despedirse en este lugar… -comentó Maz, viendo la mochila que llevaba consigo. No había tardado en empacar.
- Es difícil serlo cuando eres un fugitivo –replicó él, sonrojándose-. Mantener un bajo perfil y a la vez involucrarme con gente parecía peligroso. Así que no lo hice. Mi jefe no notará que me fui.
Triste pero razonable, concedió. Ni todo el caf de la galaxia sería suficiente como para mantenerla a ella lejos del bullicio de las personas por demasiado tiempo. Las encontraba demasiado fascinantes.
- Recibimos confirmación de la Flota Libre –informó Emmie en cuanto llegaron a la nave-. En las coordenadas señaladas. Informé a la base y la general Organa ha enviado un mensaje. Dice que enviará a Poe Dameron como escolta, y que por favor lo aceptemos. Énfasis en por favor.
Hablando de personas fascinantes, pensó Maz. Esa misión acababa de volverse más interesante.
Su respuesta era no. Lo supo en cuanto vio la expresión del Jedi al encontrarlo en el templo a la mañana siguiente. Rue tuvo que respirar profundo y morderse la lengua, sintiendo como el mundo se le venía encima. Caminó hacia él a través de una espaciosa caverna rebosante de paz. Toda la que ella no sentía. Skywalker la invitó a sentarse junto a él, al borde de una baja fuente de agua. Mirando los patrones tallados en el suelo de roca, ella frunció el ceño y se sentó a cierta distancia de él.
- Quiero que entiendas por qué no entrenaré a otra generación Jedi –su voz triste sólo la hacía sentir peor-. Tras la caída del Imperio, me dediqué a estudiar la Fuerza con el fin de restaurar la Orden, jurándome que no cometería los errores de mis predecesores. Me negué a tomar padawans, y por los años que siguieron, la oscuridad se mantuvo a raya en la galaxia. Hasta que mi sobrino, Ben, comenzó a manifestar sus habilidades. ¿Recuerdas cómo fue para ti?
Asintió sin mirar al Jedi. Nunca lo olvidaría. La bofetada que Nazzer le dio al descalibrar por primera vez la consola de la nave le dolió por días. Vagamente recordaba a Mara golpeándolo de vuelta, y las tensas horas que pasaron a la deriva del espacio hasta lograr repararla. Odiaba volar desde entonces.
La mirada del Jedi se perdió en recuerdos, mientras Rue se esforzaba por mitigar su desconsuelo.
- El poder de Ben era… caótico, e iba en aumento. Con esa poderosa sangre Skywalker en las venas, en mi arrogancia, creí que podía transmitirle mis fortalezas y convertirlo en un gran Jedi. Así que lo llevé a él, y a un grupo de estudiantes a empezar una nueva academia. Pero con el tiempo, me vi superado por el poder del muchacho, y por mi propia falta de experiencia. Cuando vi que no podía competir con la oscuridad que crecía en su interior, ya era demasiado tarde. Una noche fui a confrontarlo, y Ben se volvió en mi contra... Perdí el conocimiento cuando él derrumbó el techo sobre mi cabeza. Debió creerme muerto. Cuando desperté, el templo estaba en llamas, y yo era el único sobreviviente –tras una sombría pausa, agregó con un hilo de voz-. Yo le di las herramientas para esa destrucción, y ahora cargo con la culpa. Con el ascenso de Kylo Ren fracasé como maestro, y como Jedi, dejando la galaxia en desbalance. Todo este tiempo me ha hecho reflexionar que éste es el verdadero legado de la Orden: crear la misma oscuridad a la que hace frente. Los Sith. Darth Vader. Kylo Ren. No dejaré que ocurra otra vez.
Ella se quedó en intranquilo silencio. Desacreditar a toda la Orden por la caída de unos pocos era absurdo. No dudaba que su dolor y remordimiento fuesen honestos, pero había algo en él que aún la hacía desconfiar. Sacudiendo la cabeza se dijo a sí misma que su prioridad no era confiar. Era sacarlo de esa apatía, llevarlo a la Resistencia y aprender de él para no terminar desquiciada como Kylo Ren.
- Debió ser devastador para usted, pero independiente de quienes se han descarriado, la Orden es lo que nos hace falta para nivelar fuerzas contra la Primera Orden. Alguien poderoso en la Fuerza ha de enfrentar a Snoke, y a Kylo Ren. Alguien que luche por la luz, la paz y la justicia. ¿Quién si no el último Jedi? La Resistencia necesita ayuda para traer esperanza a las personas que luchan... Y yo necesito un maestro para no caer al lado oscuro.
El Jedi suspiró pesadamente, viéndola con… ¿compasión? ¿arrepentimiento? ¿desesperanza?
- Por eso quiero que aprendas a cerrarte de la Fuerza. Es toda la ayuda que puedo ofrecer. A ti, y a la Resistencia. No pelearé contra la Primera Orden. No puedo ser la leyenda que recuerdan, ése hombre se ha ido –concluyó con pesar-. La Fuerza existía mucho antes que los Jedi, y seguirá existiendo cuando éstos desaparezcan. Ésta recuperará el balance en la galaxia, con el tiempo. Siempre lo hace...
No. Ella no aceptaría eso. Su pulso se aceleró. Después de tanto tiempo rechazando esa parte de sí misma, la Fuerza la había enviado ahí por una razón. Se había comprometido a hacer justicia en la Resitencia, y de pronto, el último Jedi aparecía. No podía ser por nada, y no renunciaría a ese llamado ahora, cuando su gente corría peligro. Se levantó sintiendo las mejillas encendidas de indignación.
- Cerrarme de la Fuerza como usted no es una solución, es volverme inútil frente a esta masacre.
Y ella ya no iba a esconder su propio poder. No cuando podía hacer una diferencia en esa guerra. Si merecía o no ser una Jedi era irrelevante, ya no habría nadie más haciendo fila para tomar esa responsabilidad. Skywalker se puso de pie con lentitud, mirándola fija y seriamente. Rue se estremeció viendo una sombra cruzar por sus ojos. Debía huír. Pero se obligó a quedarse y sostener su mirada.
- Quédate o vete –replicó él con frialdad-. Mi decisión es final.
El Jedi le dio la espalda y fue a una abertura en la roca que daba al exterior. Sintiéndose enrabiar, ella exhaló, dio media vuelta y se fue a hacer Zama-Shiwo. Pensó en lo que harían Nix o Maz. Debía calmarse y pensar, antes de hacer algo estúpido como blufear acerca de ir a aprender con Kylo Ren.
Se quitó las botas con furia en una explanada, sentir la hierba húmeda bajo sus pies ayudó. Respiró profundo al adoptar la postura inicial, y cerrando los ojos, dejó que su cuerpo la guiara. El sonido de las olas la enfocaba mientras giraba repartiendo golpes y patadas. Ya estaba sudando y empezando a disfrutar la caricia del viento en el rostro cuando volvió a sentirlo cerca. Su irritación regresó de golpe.
- ¡Detente! –se volteó a gritarle.
No podía quedarse quieta, por lo que empezó a rodearlo. Kylo Ren se ceñía la parte superior del traje sin quitarle la vista de encima, acomodando sus pasos a los de ella. Mientras él se movía, sintió una rigidez en el pecho. Rue se llevó una mano a la zona, pero no tenía nada. No era su dolor, intuyó.
- No soy yo quien hace esto –replicó él, altivo-. ¿Por qué lo haría, por el placer de tu compañía?
- Mentiroso.
- Nunca te he mentido –ella le bufó-. De hecho, me siento inclinado a decirte la verdad. ¿Te contó Skywalker lo que pasó la noche que destruí el templo?
- Sí –gruñó entre dientes-. Te volviste en su contra, echaste abajo el techo y los mataste a todos.
Él apretó los dientes. Rue sintió una oleada de ira a través de la Fuerza. Esto la desconcertó. Él no estaba ahí, pero era como tenerlo enfrente, como en la Starkiller. Su corazón dio un vuelco. Su puñal estaba demasiado lejos en la hierba como para ir a recogerlo. Pero Kylo Ren no mostraba indicios de querer atacarla. Pese a la tensión que los mantenía a ambos en movimiento, su voz sonaba sosegada.
- ¿Y le creíste?
Rue se erizó. No, y él ya lo sabía. Sus ojos relampaguearon con la certeza de haberla descubierto.
- Confía en tus instintos –agregó con suavidad-. ¿Qué te dicen?
La trataba como a una estudiante obstinada. Sintió deseos de golpearlo. Rodeándose mutuamente, parecían a punto de pelear. Ella rabiaba por liberar su frustración sobre algo, estaba estancada con Skywalker y odiaba eso casi tanto como la condescencia de Kylo Ren. Pero algo captó su atención. Ella no confiaba en el Jedi, y él parecía entender por qué. Se detuvo y se cruzó de brazos, escéptica.
- Insinúas que Skywalker miente.
Él también se detuvo. Sus ojos ardían con sed de justicia.
