Capítulo 5: Sed de Justicia, sed de Venganza
El comunicador que encontraron en las cosas de Jinx no servía. Era su última chance de ubicar a la Resistencia desde la taberna. Myca alzó una ceja mirando a los rebeldes. No parecían muy seguros de qué hacer, viendo con desilusión el aparato sobre la barra. Eran jóvenes y se habían enrolado días atrás, pero ya se habían probado capaces pasando el bloqueo, y en la Starkiller. Intentó no juzgarlos.
Él, en cambio, ya tenía su propio plan. Si no encontraba otros desertores, los crearía. Buscaría a soldados con signos de disconformidad que aún no calificaban para reacondicionamiento y los sacaría de ahí. Pero para eso necesitaba acceder a los registros de la Primera Orden, y tener a alguien dentro.
Quinn le había sugerido contactar al Colectivo, una organización conocida por su habilidad para robar información. El único problema era que a ellos sólo los movía el dinero, y él no tenía nada, salvo a Sunrider. Si pudiese convencerlo de hablar con ellos, tendría algo para negociar… Pero Jon, además de temer a la Primera Orden, no quería asociarse con criminales.
Ahí era en donde Finn y Nix entraban. Él no había podido convencerlo de revelarle otros proyectos de la Primera Orden. Tal vez bajo el amparo de la Resistencia, Jon Sunrider aflojaría la lengua…
- Tendremos que salir de Coruscant sin ayuda –resolvió Finn, ceñudo-. Lo más pronto posible.
- Les conseguiré yo misma una nave limpia, si se van de aquí hoy –gruñó Shi-. Todos ustedes. Ya no quiero más fugitivos en mi taberna. No con Escuadra Civil respirándome en la nuca.
- Encontraremos la forma de pasar el bloqueo –Nix miró a las tres mujeres, aprehensiva-. ¿Por qué no vienen con nosotros? Son bienvenidas. Cualquier otro sitio es más seguro que éste. Señor Sunrider, usted también. Podríamos dejarlo en algún planeta del Borde Exterior…
Secando vasos en un rincón, Sunrider los miró de reojo. Se había negado a unirse a la Resistencia dos veces ya con el argumento de compartir serias diferencias ideológicas, pero Nix ahora le ofrecía a cambio de nada algo valioso: seguridad. Lo que la hacía una muy buena persona, pero una pésima negociadora. Y dejarlo ir al Borde Exterior no le serviría a él. Bebió un poco de agua antes de intervenir.
- Todos saben que el lugar más seguro para un fugitivo de la Primera Orden es la Resistencia…
Volvió a beber para evitar la tos, consciente de la mirada de Quinn sobre él. Si bien disfrutaba su atención, no quería que volviese a humillarlo mandándolo a descansar. No cuando intentaba organizar su propio golpe a la Primera Orden. Tras casi morir de un disparo, había aprendido que la venganza era un plato que debía servirse frío. Myca esperó a que los rebeldes entendieran su intención.
- Totalmente –Finn captó al vuelo-. Con la protección de la General Organa nadie se atrevería a hacer de cazarrecompensas. El Borde Exterior está lleno de esos, me he topado con algunos.
Sunrider se estremeció. Lo cierto era que debía vestirse de mujer para no llamar la atención. Todos los criminales del bajo Coruscant lo venderían sin rechistar, y él lo sabía.
- No es que tengas muchas opciones –Shi revoloteó sobre él con los brazos en jarra-. Yo me quedo, tengo un negocio que recuperar, pero no me arriesgaré a que te quedes de camarera.
- Yo voy –Freya hizo una mueca-. Aunque tenga que pasar por el bloqueo. Quinn tenía razón…
Dijo esto último a regañadientes, y su amiga esbozó una sonrisa macabra.
- Es el peor momento para decirlo, pero te lo dije. También iré. Madam, debería reconsiderar…
- ¡Bien! –exclamó Sunrider, dejando el trapo de secar junto al mostrador- Iré con la Resistencia.
- Iré a conseguirles la nave –aliviada, Shi voló fuera del salón.
- Yo me encargaré de protegerlo personalmente –ofreció Myca a Jon-. Si llegado el momento, usted me ayuda a mí… Estoy mucho mejor gracias a tus cuidados, Quinn.
Dijo esto último al ver que la pantorana iba a protestar por su salud. Ella se cohibió, y a sus espaldas Freya rodó los ojos. Tomó nota mental: debía congraciarse con la amiga para cobrar su cita. Giró a Sunrider, esperando una respuesta. Éste titubeó antes de ofrecerle la mano a él, y luego a Finn y Nix.
- Todo sea por salir vivo de aquí –suspiró-. Pero no soy un rebelde. Solo quiero paz.
Como si uno de los responsables de la Starkiller tuviese derecho a paz, pensó con rencor. Sunrider podía ser un desertor, pero no tenían nada más en común. Luego de obtener lo que necesitaba de él, ajustarían cuentas. Hasta entonces, el exoficial sería su aliado. Notó que Finn tenía la vista fija en él.
Una explosión los derribó a todos, sus heridas protestaron al caer. Incorporándose con los oídos zumbando, vio entre el humo y polvo que los muebles de la entrada ya no estaban. A través de un agujero en ésta, tres Escuadra Civil entraron con la misma soberbia de los que enfrentó en el tiroteo.
Sus cinco piratas escogidos esperaban en el punto de encuentro, un raro asteroide con atmósfera en el sector Bakura. Con Ransolm y Poe flanqueándola, Maz acudió a ellos sintiéndose optimista.
- Los he convocado aquí porque sé que no están en buenos términos con la Primera Orden...
Uno de ellos, llamado Spike, fue abatido de un disparo. Inmediatamente todos sacaron sus blasters apuntándose entre sí en actitud defensiva. Quizás fue demasiado optimista.
- Esto escaló rápido… -masculló Poe tras ella.
- ¡Dije claramente que vinieran sin armas…!
Lo que significaba pretendan venir sin ellas y tengan el tino de no sacarlas. Lancel, el nautolano que había disparado, los miró a todos en confusión.
- Spike se volvió un soplón de la Primera Orden. Vendió a Olav. ¿Qué no lo sabían?
Pese a la triste noticia, la tensión del ambiente disminuyó, y todos guardaron sus armas. Maz tuvo el buen juicio de no dar el motivo de su reunión hasta llegar al asteroide. Bato, el mirialano que estaba junto Spike escupió, maldiciendo en su idioma natal. Luego miró a Casterfo con ojos entornados.
- ¿No es el senador que mató al otro senador hace unos años? Hay una recompensa por él…
- ¿A quién te refieres…? -replicó él, aparentando extrañeza con un convincente acento garqi.
Vestía como ellos, y le había crecido el cabello y la barba. Pero Bato tenía buen ojo para las caras.
- ¡No, es Ransolm Casterfo! –insistió él, acercándose- ¡Lo reconozco de la orden de búsqueda!
- Ok, vamos a calmarnos… -Poe alzó las manos, apaciguador- Y hablar de lo que nos convoca.
- No me digas lo que tengo que hacer… –Bato sacó su arma- O quizás te aturda y lleve de vuelta a Kijimi. Reconozco tu cara también, traficante…
Poe hizo un mohín y asintió en son de paz, pero con la bravata los blasters volvieron a salir mientras se iniciaba una discusión sobre qué hacer con Casterfo. Maz solía obviar el caos de reunirlos, estaba acostumbrada. Pero con el revuelo que se formaba en el asteroide, disparó al cielo. Todos se callaron.
- Es inocente y está bajo mi protección. La Flota Libre no tiene soplones. Gracias, Lancel y Bato, por recordárnoslo –se giró a sus escoltas-. Somos un grupo con una meta común: robar a ricos sin escrúpulos para ayudar a gente desamparada. Pero eso no quita que también robemos para nosotros mismos. Ahora, piratas, ¿me dejan hablar o quieren dispararse un poco más…?
- ¿Traficante…? –Ransolm preguntó por lo bajo a Poe.
- Tomé algunas malas decisiones de adolescente. No estoy orgulloso de ello…
- Como saben, Kylo Ren destruyó mi castillo y secuestró a mi hija hace unos días. No habría podido recuperarla sin los rebeldes. Así como la Primera Orden fue por nosotras, irán por todo aquel que ose desafiarlos, y nosotros somos buenos en eso dado nuestro oficio. Será lo primero que nos quiten al consolidarse. Los de la Flota Libre sabemos lo que significará para la gente humilde de la galaxia, por lo que vengo a proponerles unir fuerzas con la Resistencia.
Maz esperó pacientemente su respuesta. Sabía que costaría convencerlos, pero a la Flota Libre no llegaba cualquiera. A esos piratas los movía algo más que el dinero… a veces.
- ¿Y traes a un senador y a un rebelde para moralizarnos? –Bato gruñó- No debiste molestarte.
- Hacemos lo que podemos, Maz –replicó Tenzing, una mujer humana-. Pero no somos héroes, no podemos darnos el lujo de rescatar a otros todo el tiempo. Sobrevivimos primero.
- Además, ¿nosotros? ¿ahí? –la rodiana llamada Tia bufó-. ¿Cómo crees que nos recibirán…?
- La Resistencia aceptará gustosa a pilotos de su talento –agregó Poe, un pésimo mentiroso.
- Pues tú no me hueles muy gustoso que digamos… –Lancel hizo una mueca-. ¿Algún reparo?
Los piratas se habían ganado su mala fama en toda la galaxia. Ellos eran la excepción, pero Maz entendía que era difícil concebirlo. Tras pasarse una mano por el cabello, Poe replicó rígidamente.
- Tengo fe en el criterio de Maz, la general Organa ha depositado toda su confianza en ella…
- Pero tú no –espetó Bato-. ¿Insinúas que no somos confiables? ¿Te crees mejor que nosotros?
- No dij… –Poe intentaba en vano disimular su irritación-. Oye, no pongas palabras en mi boca…
- Te pondré mi puño en tu boca…
Casterfo carraspeó pidiendo atención. Ignorado por la nueva discusión que se armaba, disparó al cielo con su blaster. Todos se lo quedaron mirando, demasiado descolocados como para ofenderse.
- La vida antes de la Primera Orden ya era dura, no todos pueden ser moralmente rectos cuando hay que sobrevivir. Puedo entenderlo. Pero se necesita compromiso, acuerdos, y trabajo en equipo para cambiar esa realidad, hoy más que nunca. Este conflicto es más grande que nosotros, y si Maz los ha llamado es porque cree que podrían ser importantes para darle fin.
Bato fue el primero en recuperarse, mirando fijo al ex senador. Éste, si bien tranquilo, tragó saliva.
- ¿Quién acordó que mi familia fuese esclavizada? Los senadores, ignorando como el Imperio y la Primera Orden saqueaban el Borde Exterior. ¿Ahora lo que queda de la Nueva República nos pide ayuda…? ¡Bah! Te doy la razón en algo, la vida aquí es dura, y nada de lo que hagan será suficiente para cambiarlo. No pueden entender algo que no han vivido.
- Muchos han entrado a la Resistencia huyendo de la esclavitud y el saqueo –objetó Poe-. Ellos decidieron luchar para que nada de eso se repita. Ustedes también pueden. Sin importar nuestras diferencias, tenemos un mismo objetivo, y unidos somos más fuertes…
Pero Poe los había ofendido sin notarlo, y ahora ninguno de ellos estaba dispuesto a oírle. Notando esto, Casterfo dio unos pasos hacia ellos y les mostró sus palmas. Estaban llenas de cortes y callos por el trabajo de la plantación, pero intrigada, Maz notó cicatrices mucho más grandes y antiguas.
- Con mi familia también fuimos esclavizados durante el Imperio. Tuve suerte de sobrevivir, no así muchos otros. No le deseo ese destino a nadie, pero los buenos deseos sin acciones no sirven de nada. Ustedes ya lo saben. Les ofrecemos una forma concreta de actuar para vencer a la Primera Orden. Porque solo libres podremos construír algo mejor para todos en la galaxia.
- Solo queremos ayuda para mantener una línea segura de abastecimiento –agregó Maz antes de que Bato replicara-. Nada descabellado. La Resistencia pagará un precio justo por sus servicios. Son los mejores en lo que hacen, pero es por su lealtad por lo que les he convocado.
Maz conocía a su gente. Los miembros de la Flota Libre eran leales, pero muy orgullosos, y debía admitirlo, indisciplinados. Poe tenía razones para dudar. Tras un momento, Bato cruzó los brazos y asintió. Los otros lo imitaron. Maz sonrió, contenta de ver que cuatro de sus cinco piratas aceptaban.
Ésta se desvaneció viendo el cadáver de Spike. Podía atribuír su traición a las tentadoras promesas de la Primera Orden, pero también intuía que se debía a algo más profundo: el lado oscuro cobraba fuerza en la galaxia velozmente, y nadie estaba libre de su influencia. Todo estaba conectado.
Se necesitaban personas luminosas que guiasen el camino en tiempos como los que venían. Gente como Leia Organa y Luke Skywalker. Pero también como Casterfo y Poe, una nueva generación de líderes. Siempre y cuando éste último aprendiese a conciliar con personas con valores distintos a los suyos. Algo le dijo que era la razón por la cual lo habían enviado con ellos. A ponerlo a prueba...
- ¿Llevamos esta charla a un sitio más agradable? –sugirió Maz, al oír una alerta desde su nave.
Rue pasó de largo a los cuidadores trabajando en las cabañas, accidentalmente espantando unos porgs con el ímpetu de su andar. Kylo Ren no tendría razón. Sintió el enfado crecer dentro de sí, sus ojos fijos en el templo escaleras arriba. Ella quería la verdad, e iba a conseguirla del propio Skywalker.
Con pasos ligeros acechó al Jedi, sentado en una roca fuera de la gran caverna. Tan solo pasando junto a la fuente se fijó en el mosaico que había dentro de ella. Se detuvo en seco.
Era la silueta de una persona meditando. Estaba dividida en dos mitades, una blanca y una negra. Es ambas, pensó, y la sorpresa la distrajo de su ira. Luz y oscuridad. ¿Por qué, si ése era un templo Jedi? Se volvió a ver a Skywalker, dándole la espalda en la misma postura, e intentó hablar con calma.
- Iba a asesinarlo mientras dormía –él se sobresaltó al no sentirla llegar, y Rue notó lo indefenso que estaba cerrado de la Fuerza-. A Kylo Ren, la noche que destruyó el templo. Niéguelo.
Por favor niéguelo, pensó yendo a encontrarlo. Skywalker giró con expresión culpable, confirmando sus sospechas. Había reconocido el rostro del Jedi en los borrosos recuerdos de Kylo Ren, cuando revirtió su invasión mental en la Starkiller. Por eso no confiaba en él. Por eso le temía. Lo había visto a través de los desesperados ojos de Ben Solo, despertando con el brillo de un sable de luz verde sobre él. Solo tras oírlo, pudo distinguir la imagen del resto del caos de sensaciones ajenas.
- ¿Cómo te enteraste…? –Skywalker se puso de pie con gravedad.
- Él me lo dijo. Puedo… verlo... a través de la Fuerza –admitió con voz temblorosa-. No lo puedo controlar, solo pasa. Pero eso no es todo. Cuando estoy muy, muy alterada, puedo oír la voz del lado oscuro, justo como él. La oí cuando maté a esos dos hombres...
Se limpió las lágrimas con impaciencia y se abrazó a sí misma. El frío en su interior crecía mientras una tensa quietud los envolvía en el acantilado. El viento amenazaba tormenta, y parecía apropiado. La mirada del Jedi ahora le resultaba aterradora, pero descorazonada, ella tenía que saber…
- En la cueva, fue con el sable de luz colgado al cinturón. ¿Pensaba hacer lo mismo conmigo?
Su voz se quebró. ¿Realmente no había esperanza para ella? Suavizando el rostro, Skywalker dio un paso en su dirección, pero Rue instintivamente se alejó dos. Odiaba sentirse así de desamparada, pero prefería morir antes de caer al lado oscuro. Tras un largo silencio, estaba por decirle que hiciera lo que tuviera que hacer con ella cuando él replicó con voz queda.
- No, Rue. Aprendí mi lección. Aquella noche, mientras él dormía, vi a través de la Fuerza en lo que Ben se convertiría. Y en un impulso, encendí mi sable de luz con el fin de evitar todo el sufrimiento que él iba a provocar. Fue un pensamiento fugaz, pero entonces Ben despertó, y supo lo que había pasado por mi mente. Entonces, me atacó… Le fallé como maestro y cargo con ese remordimiento hasta el día de hoy. Por eso no puedo enseñarte. Lo que hiciste con la Fuerza es peligroso, y lo sabes. No cometeré el error de arriesgar a otro estudiante a su caída.
Rue lo miró dolida. Era peligrosa, lo sabía, pero quería dejar de serlo y él no la guiaría sin renunciar a la Fuerza. Había asumido que Kylo Ren intentaba ponerla en contra de Skywalker, lo había mandado al demonio tras oír su versión de los hechos. Nunca esperó descubrir que el Jedi mentía, y que el bastardo tuvo la audacia de contarle la verdad. Se sentía tan estúpida ahora, tan sola y desamparada...
- Pero estoy preocupado por ti –agregó él tras una pausa-. El lado oscuro en sí no tiene una voz. Debe ser alguien. Y si dices que Kylo Ren también la escucha, podría tratarse de Snoke.
Sintió náuseas imaginando a Snoke en su cabeza, pero pronto su miedo se volvió indignación. No solo había gatillado la creación de Kylo Ren con su descriterio, el Jedi no parecía en absoluto apelado porque el mismísimo Líder Supremo de la Primera Orden estuviese jugando con mentes de jóvenes sensibles a la Fuerza. Sintió su pulso en los oídos cuando la sangre finalmente se le fue a la cabeza.
- ¿A cuántos otros podrían atormentar de esta forma…? ¿¡Qué aún no piensa hacer nada!?
Dando un rodeo, alejándose del acantilado, él dio la espalda a la cueva mirándola con seriedad.
- Solo enseñarte a cerrarte de la Fuerza, para que no escuches nada de lo que tienen que decir.
Rue echó la cabeza atrás y soltó un gruñido frustrado. A la mierda todo...
- ¡No pensaba escucharlos! ¡Prefiero morir a complacer a esos bastardos! Iba arriesgarme a confiar en usted, pero veo que además de un cobarde, es un mentiroso, y no me deja opción… -miró por sobre el hombro del Jedi, y gritó a la caverna tras él- ¡Chewie, prepara la nave, nos vamos! ¡Y no lo mires así, Skywalker ya tomó su decisión!
Con expresión apenada, éste se volteó a mirar a un espacio vacío. Entonces Rue lo aturdió con el blaster que llevaba en el cinturón. Él no tendría paz sin justicia, pensó mientras se aseguraba de agarrarlo para que no se azotara contra el suelo de roca. Ella nunca iba a ser Jedi de todos modos.
Los oídos le dolían horrores. Viendo la taberna de lado desde el suelo, Nix vio tres pares de pies acercándose. En lo que tardaba en levantarse con la cabeza dando vueltas, Finn ya estaba a su lado.
- Cuando oí que Nix Ventura había vuelto, no lo creía… -dijo una voz familiar desde afuera- Pensé… no puede ser tan tonta como para regresar luego de robarme…
Travis se sumó a los otros tres Escuadra Civil, del brazo de una joven twi'lek de expresión engreída. Verlo aparecer con ese intento de uniforme gris ya era suficientemente malo. Verlo con su reemplazo, una crueldad innecesaria. Todo fue silencio mientras se acercaban: Finn se puso frente a Nix, Sunrider se pegó a la pared y las pantoranas se abrazaron. Myca los fulminaba con la mirada.
- Pero ahora hay una recompensa por mi ex… ¿qué mejor manera de recuperar mis créditos?
Finn lentamente se había llevado la mano al arma colgada de su cinturón. Uno de ellos notó esto y lo apuntó con un blaster. Rápidamente los otros dos apuntaron a Myca y Sunrider. Con el corazón latiéndole a mil por hora, Nix cerró los puños y juntó todo su coraje para replicar.
- ¿Qué tal reparando tu propia nave para variar…? El esquirfe era más mío que tuyo y lo sabes.
Travis fingió sorpresa con sus saltones ojos azules. Tanto los Escuadra Civil como la novia rieron.
- La Resistencia te ha endurecido, es lo más cruel que te he oído decir. Hablando de rebeldes… -hizo un conteo-. Tenemos a tres desertores y tres cómplices. Pero falta Shi. Y tu amiguita.
- Lo que ves es lo que hay –espetó Finn-. Ellas no están aquí.
- Mala suerte –se lamentó tras confirmar con un escáner diminuto-. Pero con ustedes bastará.
Con un gesto de su cabeza, los Escuadra Civil se separaron para repartirse prisioneros. Superado el aturdimiento y la impresión de verlo, la mente de Nix zumbaba buscando la forma de distraerlos.
- ¿Desde cuándo que puedes contar? –fingió asombro- ¿Y ni así te aceptaron en la Primera Orden? ¿Es por eso que decidiste quedarte en el bajo Coruscant con el resto de fracasados?
Discretamente pateó con suavidad a Finn. Esperaba que entendiera que estaba haciendo tiempo.
- Estás celosa del talento de Travis –saltó la twi'lek colgada a él-. No solo construyó esa nave desde cero antes de que la robaras, ahora es un líder y no soportas ver que está mejor sin ti...
La risa de Nix sonó forzada, pero no le importó. Recorrió a la otra de pies a cabeza con la mirada.
- Disculpa cariño, ¿y tú cuántos años tienes como para creer esas tonterías…?
Su intención era humillarla, pero en lo que duraba un latido, intuyó la respuesta. Se le cerró el estómago de disgusto. La chica alzó la barbilla en actitud desafiante.
- Mi nombre es Kaya, no cariño. Y tengo dieciséis.
La misma edad que Nix tenía cuando un Travis en sus tardíos veintes la persuadió de dejar a su familia e irse con él, seis años atrás. Ella no tenía derecho a juzgarla. Pero Travis podía ser su padre. Con un escalofrío, recordó las cosas repugnantes que en nombre del amor él la forzaba a hacer…
Finn lo sintió antes de que ocurriera. Miró a Nix de reojo, sus lekkus se agitaban mientras que de su pecho brotaba un gruñido feral. Enseñando los dientes, la twi'lek siseó y se lanzó sobre Travis cuan alta era. El Escuadra Civil no alcanzó a reaccionar. Pero él sí.
Cayendo a hojarcadas sobre Travis, Nix lo golpeó. Finn sacó su blaster y abatió al primer enemigo que se preparaba para disparar. Myca agarró el arma del muerto y se puso delante de las pantoranas, acribillando al segundo. Kaya tomó ése blaster y apuntó a Nix, quien zarandeaba a Travis con furia.
- ¡ERES ASQUEROSO! –se oía en toda la estancia mientras lo golpeaba.
Finn corrió a desarmar a la chiquilla. Un rayo pasó junto a su oreja, pero Myca se encargó del último Escuadra Civil. Kaya forcejeó cuando él la apresó y le quitó el blaster, pero pronto se rindió. Quinn y Freya apartaron a Nix de encima de Travis. La twi'lek, volviendo en sí, se dejó llevar por ellas.
La calma que siguió le pareció engañosa. Con la respiración agitada, Finn seguía sintiendo que algo malo iba a pasar. Miró alrededor. Sunrider seguía pegado a la pared. Myca y las pantoranas se hacían con las armas de Escuadra Civil. Nix se recomponía en un rincón, temblando como una hoja.
Si bien él había esperado una distracción, sabía que su estallido no había sido un acto. Nix se giró a llamar a Kaya. Finn sintió como ésta se estremecía en sus brazos ante la dura mirada de la joven.
- ¿Tienes familia o amigos a los que puedas acudir? –Kaya negó-. Pues felicitaciones, te acabas de ganar una hermana mayor. Te vienes con nosotros. Finn, déjala ir.
No iba a discutir con ella así. Kaya vaciló viendo a Travis seminconsciente en el suelo. Nix suspiró.
- Hace seis años era como tú. Travis me usó como quiso y me abandonó. Sé más lista que yo.
- Ven con nosotros –Sunrider dio unos pasos hacia Kaya-. Estarás mejor fuera de aquí…
Su intervención los sorprendió a todos, pero no tanto como el grito que pegó Shi al entrar al salón.
- ¿¡Qué demonios…!? –chilló al ver los cadáveres, luego suspiró resignada- Iré por mi maleta.
Sintiendo un escalofrío distinto, Finn se acercó a Nix. Ésta lo miró inquieta al ver su expresión.
- Tenemos que irnos ahora -le dijo-. Ajan Kloss está lejos y tendremos que tomar varios desvíos. Además… siento que algo está por pasar.
- ¿A qué te refieres…?
- ¡Estoy lista! –exclamó Shi, volando con una pequeña maleta.
Un estruendo sonó afuera, seguido de gritos y disparos. Con una sacudida en el estómago, Finn corrió a asomarse por el costado de la entrada para ver lo que ocurría. Una horda de Escuadras Civiles corrían hacia el local. Tardó instantes en comprender que no iban hacia ellos. Corrían de seis figuras de negro, perturbadoramente similares a Kylo Ren. Sintió que vomitaría. Creía que eran solo un rumor.
- Hay seis Rens afuera –avisó con voz tensa-. Están masacrando a Escuadra Civil.
Solo Nix, Sunrider y Myca compartieron su horror. Su amiga agarró a Kaya y la arrastró con ella.
- Puerta trasera, ¡ahora! –exclamó.
Finn echó una última ojeada afuera, justo para ver como uno de ellos prendía fuego a dos Escuadra Civil con un lanzallamas. Otros tenían armas de corto alcance, no así menos letales. Era como si esos seis concentraran toda la maldad de los niveles bajos. Supo que no sobrevivirían si los encontraban. Salieron por la trastienda y corrieron del alboroto por el callejón secundario. Llevaban ya un trecho cuando una de las figuras de negro se asomó por la puerta trasera y alertó al resto. Él sintió frío.
- ¡Ahí vienen! –gritó Finn-. ¿Dónde está la nave?
- A nueve bloques de aquí –Shi se colgó de su espalda y señaló adelante-. Mis alas no son tan rápidas, ¡apresúrate!
Un disparo casi le vuela el pie a Sunrider, quien pálido los seguía como a punto de desmayarse.
- No tenemos tiempo para esto –Nix saltó al primer speeder vacío que vio-. ¡Suban y cúbrannos!
Abrió la caja de fusibles con un disparo y se puso a remover el cableado, siseando al quemarse con el metal aún caliente. Los demás se apretujaron en la plataforma. Corriendo a ellos, uno de los tipos voló parte de la carrocería con un rifle blaster. Finn, Myca y Shi devolvían el fuego mientras eran alcanzados. Otros dos sacaron blasters y dispararon al speeder. El motor partió y Nix aceleró, no sin que antes una granada cayese en el vehiculo. Con un vuelco al corazón, Finn la pateó justo a tiempo.
La granada cayó afuera y rebotó en el túnel mientras el speeder seguía avanzando, las siluetas oscuras aún disparándoles a lo lejos. La explosión de la granada iluminó e hizo retumbar todo a su alrededor, calentando el aire y ensordeciéndolos. Pero ellos ya estaban lejos del peligro. Por ahora.
- Estamos jodidos, Chewie.
El wookiee, más divertido que molesto, le gruñó que hablase por ella. Rue hizo un mohín. De no ser por él, ella no habría logrado llevar por las escaleras a un inconsciente Skywalker al Halcón. Pero había sido su arrebato, su responsabilidad. Paseándose inquieta por la cabina, miró el monitor para ver cuánto faltaba para llegar. Se preguntó qué tan mala sería la reacción del Jedi cuando despertase en el camarote de Chewbacca, de camino a Ajan Kloss.
- Ciertamente eres hija de tu madre –refunfuñó Skywalker, asomándose a la puerta.
Con un vuelco al corazón, Rue se tragó sus dudas y lo miró a los ojos con todo el aplomo que tenía. Chewie gruñó una bienvenida. El Jedi negó con la cabeza y dio un resignado suspiro antes de entrar.
- ¿Qué es esto…? –preguntó con paciencia.
- Lo llevaremos con la general Organa –al ver su expresión contrariada, agregó-. Mire, todos en esta nave hemos tratado de matar a Kylo Ren. Es entendible. Es un bastardo que ha hecho cosas terribles…
Sintió que Chewie a su lado se alteraba, pero antes de voltearse a preguntarle si estaba bien, R2 se sacudió y pitió junto a la consola protestando que él no había intentado matarlo. Sorprendido al notar su presencia, el Jedi se agachó junto al droide y lo acarició con una débil sonrisa en los labios.
- R2, viejo amigo… -el astromecánico trinó descontroladamente al reconocerlo, preguntándole por qué se había marchado por tanto tiempo-. Desearía que lo pudieras entender...
Viendo como la sonrisa del hombre se desvanecía, ella retomó la palabra asintiendo hacia el droide.
- Todos aquí, menos R2, tratamos de matarlo –concedió-. Pero usted tiene una conversación pendiente con su hermana, acerca de cómo sucedió todo realmente. Le debe al menos eso, si no va a ayudarla a restaurar la paz.
Solo hablando con Chewie en el Halcón concluyó que esa debía ser la razón por la cual Skywalker se había autoexiliado: la general no lo sabía. El Jedi se dejó caer en una silla, pellizcándose el puente de la nariz con los dedos. Pensando en Maz, Nix, Finn y todos a quienes deseaba proteger, Rue se tragó su orgullo e insistió una última vez. Se acuclilló junto a él, mirándolo con intensidad.
- Está cansado. Ya hizo su parte para cuidar la galaxia. Enséñeme, para yo poder hacer la mía.
- ¿Te parece sabio aturdirme y secuestrarme para que acceda a enseñarte…? –le gruñó irritado.
- Entonces enséñeme a ser sabia. Aprenderé. De los errores de la Orden Jedi, los de Kylo Ren… y los suyos –agregó, quizás demasiado vehemente. Sin respuesta, suspiró-. Enséñeme, o no. La general me confió encontrarlo y traerlo de vuelta. Dele la explicación que merece. Lo dejaré en su isla después… Y aprenderé por mi cuenta a controlar la Fuerza, a no caer al lado oscuro y a limpiar este desastre. Siempre encuentro la forma...
Sintió el peso de esa responsabilidad sobre sus hombros. Aún no sabía por qué, pero la Fuerza la llamaba para algo. Creyó que era para ser una Jedi, ahora no tenía certeza. Solo sabía que no había nadie más dispuesto a tomar posición frente a Snoke y Kylo Ren. Pese a la destrucción que ella misma podría generar, pese a que el poder sin autocontrol te volvía estúpido, tendría que encontrar una forma de fortalecerse sin volverse su escalofriante versión oscura.
Moría de ganas por preguntarle qué fue lo de la cueva, o sobre la fuente de la caverna, pero estaba demasiado cansada como para seguir discutiendo con él. Fue a dejarse caer en la silla del copiloto, dándole la espalda para que no viese su expresión devastada. El Jedi dio un largo y pesado suspiro.
- Hablaré con Leia. Y solo con Leia. Pero necesito volver a Ahch-To por algunas cosas.
Ella se enderezó y lo miró de reojo. ¿Estaba cediendo, finalmente…? No iba a ilusionarse. No aún.
- Están en el camarote –replicó con cautela-. Todas. Incluso las del escondite en la pared.
Tras un exasperado silencio, Skywalker se levantó y salió de la cabina. Chewie se rió por lo bajo.
- No estoy feliz con que hayan registrado mi cabaña –le oyeron gruñir-. Ni con este arreglo.
- Ya era infeliz de todas formas… –murmuró Rue entre dientes, solo para R2 y Chewbacca.
