Capítulo 6: Un cambio en la corriente

Se hizo el silencio mientras salían del planeta con códigos de una nave de insumos médicos. La Primera Orden imponía un interrogatorio exhaustivo a todo vehículo, y nadie respiró mientras Myca y Shi aunaban fuerzas para convencer al policía. Inquieto, Finn esperaba un mejor efecto que al llegar. Finalmente les dejaron ir con su carga a Cuyacan, y entraron al hiperespacio con un suspiro colectivo.

- ¿¡Quiénes eran esos!? -exclamó Kaya, aún temblando- ¿Y por qué demonios les persiguen?

Finn la miró sombrío. Los habían perseguido, era cierto. Solo les lanzaron la granada cuando ya no podían alcanzarlos. O sea que los querían vivos para interrogar, o muertos para no divulgar lo visto.

- Son el culto del que salió Kylo Ren. Oí que era su líder, debió enviarlos a la taberna por algo.

Por alguien. Se estremeció sospechando su interés por Rue. Debían advertirle. Vio a Nix petrificada en la silla del piloto, su mirada perdida en el túnel de luz. Habría esperado un arrebato de cualquiera menos ella, verla así en la taberna le hizo dimensionar lo mal que realmente se sentía. Tras chequear que todos estaban sanos y salvos, fue a sentarse a su lado. Nix se sobresaltó, sin oírlo acercarse.

- Lo que sea que haya sido eso… –dijo con suavidad- Nos tienes a Rue, a mí y a todos nosotros.

- Lo sé –ella se cubrió el rostro con las manos, avergonzada-. No sé qué me poseyó allá abajo

- No te juzgo. Has pasado por mucho, y no puedes posponer lo que sientes por siempre –Nix se puso a chequear controles y él captó la indirecta-. Cuando quieras hablar, aquí estaré.

Notó que su mentón temblaba mientras asentía con un débil gracias. Supo que no era el momento, por lo que decidió ayudarla a pensar en otra cosa. Les había servido antes, saliendo de Jakku…

- ¿Tus lekkus se mueven cuando te enojas? –observó, curioso- Nunca antes te había pasado...

- No lo sé –distraídamente se llevó una mano a ellos-. Es todo un lenguaje para los twi'leks, pero en Jakku nunca tuve a alguien como yo que me enseñara. Ni siquiera sé hablar fluido en Ryl...

- Podríamos buscar a alguien que sepa en la base. O quizás Kaya, así podrían romper el hielo...

- Sería divertido -esbozó una débil sonrisa-. Si llegamos en una pieza. Tomaré un desvío extra...

Le alivió verla algo menos tensa volviendo a pilotar. Debía ser duro no comprender algo tan propio de ti mismo. Podía entenderlo, ahora más que nunca. Vaciló en contarle lo que sintió en Coruscant.

Una especie de frío alrededor de los niveles bajos, los Caballeros de Ren, y Myca, por momentos... Finn había vivido cosas extrañas desde que dejó la Primera Orden, pero nunca estuvo tan seguro como entonces. Un sentimiento dentro de ti, había descrito Maz Kanata de camino a la base Starkiller. Ahora estaba convencido de que no era ni sugestión ni ansiedad, era un sentimiento el que le había advertido del peligro. Con una oleada de vértigo, concluyó que debía ser sensible a la Fuerza.


Tras horas de viaje, agotados pero vivos, llegaron a la base de Ajan Kloss. Un grupo de rebeldes tapó el puerto de aterrizaje con un toldo cubierto de enredaderas en cuanto el transporte tocó tierra. Aún abrumada, Nix salió de la nave a sentir la calurosa humedad del planeta. La general Organa fue a recibirlos y ya no tuvo tiempo de pensar en nada. Afortunadamente, todavía tenía mucho por hacer

- Oí que traían insumos médicos –dijo Leia, impresionada-. ¿Cómo fue que los consiguieron…?

- Yo lo hice –saliendo de la nave, Shi interrumpió-. Y les costará. Acabo de perder mi taberna.

- Por supuesto… –la general disimuló su desilusión-. Pagaremos un precio justo por ellos.

Cuando todos bajaron de la nave, Nix hizo las presentaciones y fueron repartidos por la base: Shi, Quinn, Freya y Kaya con la teniente Connix a designarles un rol y un lugar de descanso, y Myca, Finn, Sunrider y ella con la general a un toldo que hacía de centro de comando. En ella, C3-PO chequeaba una central de comunicación portátil, mientras técnicos con datapads iban y venían haciendo recados.

Tras un breve reporte de lo ocurrido en los niveles bajos, la general fijó la vista en Sunrider y Myca.

- Por lo que entiendo ninguno de ustedes tiene intención de unirse a la Resistencia. La Primera Orden no hará esa distinción. Podemos ser aliados, y bajo esta idea, les ofrezco refugio…

- …pero nos costará –replicó Sunrider, resignado-. ¿Información? ¿Contactos? ¿Créditos?

La general ladeó la cabeza, examinándolo. A Nix le pareció curioso que tuviese la misma mirada intensa que Rue y Maz Kanata. Deseó que su amiga estuviese ahí. Suspiró, y se enfocó en el presente.

- Disposición a escuchar. Entiendo que usted también perdió familia en Hosnian Prime. Lamento su pérdida –con delicadeza, la princesa agregó-. ¿Fue lo que lo motivó a desertar?

Sunrider asintió en silencio, evitando su mirada. Se veía miserable, pensó la twi'lek con compasión.

- Contrario a lo que imagina, en la Resistencia no nos entusiasman las matanzas sin sentido, tampoco que reine el caos en la galaxia. Deseamos establecer orden, bajo los términos de las personas a las que servimos. El régimen que establecerá la Primera Orden costará la vida de muchas otras familias. Nosotros deseamos impedirlo –tras una pausa, agregó con suavidad-. Debemos desarticular su capital móvil, el Supremacy. Y usted tiene el poder para ayudarnos.

Todos sintieron la misma sorpresa, pero reaccionaron distinto. Alzando las cejas, Nix miró a Finn, boquiabierto. Myca evaluó a la general estrechando los ojos. Sunrider parecía a punto de desplomarse, sus ojos perdían foco y sus rodillas temblaban peligrosamente. Ella consideró sujetarlo.

- Eso es imposible –susurró él con voz ronca-. Incluso si accediese a colaborar, la cantidad de recursos, la coordinación, el tiempo y los riesgos… las consecuencias... las consecuencias

Aprehensiva, Nix vio al exoficial dudar de la cordura de la general. Ella, sin embargo, ni se inmutó.

- No estamos pensando a corto plazo, si es lo que cree. Nuestra respuesta a la destrucción de Hosnian Prime fue exactamente eso, una respuesta al ataque de la base Starkiller, un arma que nunca debió existir –le dirigió una mirada severa-. Confío en que estamos de acuerdo, al menos en eso. La Resistencia se toma la seguridad de la gente muy en serio. No nos asusta la idea de planificar con tiempo. No somos salvajes

Dijo esto último con intención de aligerar el ambiente, pero Sunrider estaba helado. Myca intervino.

- Puede contar conmigo. Si me permite acceso a los registros de la Primera Orden que obtengan. Los de las tropas, en específico. Quiero liberar a todos los soldados que pueda antes del golpe. Contrario a los oficiales –miró a Sunrider-, los troopers en su mayoría no eligieron su destino.

- No veo por qué no podamos trabajar juntos, Myca –asintió en su dirección-. Compartiremos la información que solicitas, si logramos acceder a ella. Gracias por tu disposición y honestidad.

- El Supremacy es demasiado grande –la voz de Sunrider apenas se oía-. No soy un estratega, pero sé que ningún golpe realista puede ser diseñado sin los planos.

- En eso también estamos de acuerdo –convino Leia, cautelosa-. ¿Dónde sugeriría buscarlos…?

- Quinn mencionó un grupo que podía ayudarnos a acceder a información tan resguardada como esa –interrumpió Myca-. El Colectivo. Operan en Corellia. Puedo contactarlos, hoy mismo, pero por lo que sé sus servicios requieren un precio. Luego de que Sunrider nos dé más información acerca de los proyectos secretos de la Primera Orden, yo podría negociar con ellos.

La tensión volvió a incrementar alrededor. Finn se removió incómodo junto a Nix, mientras Sunrider le dedicaba una mirada desconfiada a Myca. La general les examinó con expresión inescrutable.

- Al parecer todo depende de usted, Sunrider. Le daremos tiempo para que lo medite. Me temo que nuestra base no es tan cómoda como las instalaciones de la Primera Orden, pero estará seguro aquí. C3-PO, por favor, guía a nuestros huéspedes a la zona de descanso junto al área médica. Procura que tengan lo que necesiten.

- Con gusto, general –replicó el droide con una leve inclinación-. Caballeros, por favor, síganme.

Sunrider y Myca fueron detrás de C3-PO, y la general se acercó a Nix y Finn mientras los veía irse.

- Bien hecho –les murmuró-. Vayan a descansar, pero por si acaso, manténganse cerca de ellos.

- General… -Finn giró a ella- ¿Qué hay de los Caballeros de Ren? ¿Deberíamos avisar a Rue?

Nix hubiese jurado que la serenidad en su rostro vacilaba levemente. Así de serios eran esos tipos.

- Si estaban en Coruscant, no estaban cerca de encontrarla. Enviaré un aviso de todas formas.

- ¿Han sabido de ella? –preguntó Nix, de pronto ansiosa- ¿Si encontró algo, o cuándo volverá?

- Las comunicaciones son complicadas en las Regiones Desconocidas. Pero en dónde está -les mostró un dispositivo en su muñeca, similar a un rastreador-. Ahora si me disculpan…

Les señaló la central de comunicaciones abandonada por el droide, con una sonrisa agotada. Los dos jóvenes caminaron al área médica a lo lejos, en donde Quinn ya organizaba los insumos. Freya se mantenía cerca, viendo a los rebeldes que pasaban con coquetería. Nix buscó con la mirada a Kaya, dispuesta a cumplir su compromiso de velar por ella. La vio sentada y desganada junto a Shi.

- No me siento bien con Myca –dijo Finn de pronto-. Su idea es noble pero hay algo turbio en él.

- Creí que estabas feliz de conocer a otro desertor –ella lo miró confundida-. ¿Qué ha cambiado?

- Oh, cielos, oh, cielos… ¡Esto es lamentable…!

Un ruidoso caza pasó sobre sus cabezas, levantando una nube de polvo y hojas. C3-PO se acercó a ellos con los brazos en alto. Con un nudo en el estómago, Nix temió haber vuelto a confiar en exceso y que Sunrider hubiese escapado. Grande fue su asombro al verlo detrás del droide, con la nariz rota.

- Es Myca. Me ha interrogado y se ha ido tras golpearme. Dijo que le urgía contactar al Colectivo.

C3-PO fue a avisar a la general, mientras los jóvenes corrían al transporte. En la confusión nadie asumió que habían robado un caza. Cuando Nix y Finn llegaron a la nave, Myca salía al hiperespacio.


Luego de ser informado del fracaso de sus caballeros, Kylo Ren cruzó a zancadas el trecho hasta el puente de mando. Esa humillación no sería olvidada. La estancia quedó en silencio al verlo entrar. Hux, quien hasta entonces daba órdenes a Phasma, volteó a verlo con toda la calma que pudo reunir.

- Veo que se ha recuperado pronto. Otra vez. Encomiable –dijo mientras él se le acercaba-. Me complace anunciar que cuarenta planetas han sido anexados desde su ingreso al ala médica...

Detectó la burla disfrazada de alabanza. Con nuevas suturas cruzándole el pecho, él no estaba de humor. Su voz modulada por la máscara resonó en todo el puente.

- Qué ocurrió en el distrito de entretenimiento –espetó-. Cómo escaparon los rebeldes. Entiendo que el grupo llamado Escuadra Civil estaba a su disposición.

Hux miró de reojo a Phasma. Con una tensa inclinación de cabeza, le delegó la tarea de informar.

- Escuadra Civil avistó a FN-2187 y sus aliados en el nivel 1326. Lamentablemente, perdieron su rastro en un enfrentamiento… –vaciló- un malentendido… con los Caballeros de Ren.

Había sido idea de Phasma contactar a Escuadra Civil, pero le convenía a Hux que sus caballeros perdieran la pista de la ladrona, hacerlo ver inútil a ojos de Snoke. Todo fuese por recuperar su favor…

El general se consideraba astuto. Éste observaba impretérito su reacción, anticipando su estallido de ira contra Phasma, no él. Kylo apretó los puños. Su ira le daba poder, pero le quitaba perspectiva. Debía ser capaz de dirigirla para adelantarse a sus rivales. El que FN-2187 también estuviese en el distrito de entretenimiento significaba que iba tras algo, o alguien. Y gracias a Hux, lo habían perdido

- Esa milicia ilegítima obstruyó un trabajo crucial –los amenazó con un dedo-. Son criminales que actúan bajo el símbolo de la Primera Orden, y dicha ofensa es sancionada con la muerte.

- Y muerte fue lo que obtuvieron, gracias a su respetable Orden –concluyó Hux con frialdad-. Ahora los rebeldes lograron huír con permisos falsos a Cuyacan, sin registro de su arribo al planeta. Lo hemos sitiado para demostrar lo que ocurre con colaboradores de la Resistencia.

Con los templos Jedi rastreados sin éxito, él tanteaba a ciegas para dar con Skywalker. Solo tenía certeza de que los rebeldes no lo tenían aún, o ya lo habrían divulgado. La ladrona era su única opción para encontrarlo, pero Hux y su milicia incompetente se había entrometido. Como lo detestaba...

Una alerta de comunicación sonó en una consola cercana. Sintió agitarse al oficial que atendía.

- Se avistaron piratas en el sector Bakura, siete naves de carga –informó-. El escuadrón catorce solicita refuerzos para una confrontación, un X-Wing de la Resistencia está en el lugar.

- Piratas –bufó Hux, detrás de él-. Con un escuadrón es más que suficiente. Aniquílenlos a todos.

Kylo tembló de furia. Estaba rodeado de idiotas. La ladrona podría estar ahí. Y con ella, Skywalker.

- No, el rastreador del Finalizador está operativo. Envíenlo. El X-Wing guiará a la base rebelde.

El oficial vaciló en seguir órdenes de Ren. Extendía la mano al intercomunicador cuando Hux soltó:

- Un X-Wing no es suficiente como para mover un destructor estelar. Para lo que tarde en llegar, los piratas se habrán ido. No tiene autoridad para tomar esa decisión, Ren. El Supremo Líder…

Su primer impulso fue encender su sable de luz y ensartarlo en su pecho. En cambio, giró a quedar frente a él cuan grande era. Si quisiera, podría destruírlo. Pero su maestro estaría aún más inconforme con él. El general hizo un patético esfuerzo por sostener la intimidante mirada de su máscara de metal.

- El Supremo Líder desea acabar con la Resistencia al completo –gruñó Ren, feroz-. Yo también. Le sugiero que mantenga a sus subordinados fuera del camino de los míos la próxima vez.

Dicho esto, salió rabiando por subir a su nave y destruir algo. Un hormigueo en la base del cráneo interrumpió sus pensamientos. Sucedía de nuevo. La ladrona. Skywalker no la había silenciado aún.


No tuvieron tiempo de llamar a la Resistencia. Para bien o para mal, solo la Fuerza sabía. Un grupo de diez TIE los emboscó y apenas tuvieron tiempo de subir a sus naves. La encerrona en el desierto asteroide destruyó la nave del difunto Spike y la de Tía, mas no fue del todo efectiva. En lo que Maz y Ransolm se preparaban en la Fortuna del Extraño, Poe ya devolvía el fuego, cubriéndoles.

- ¿Puedes ponernos a todos en una frecuencia segura, Maz…? –le esuchó decir por el radio.

Emmie ya estaba en eso mientras la anciana se elevaba y Ransolm se aclimataba a los cañones.

- Hecho –confirmó la droide-. A la Flota Libre, aquí la Fortuna del Extraño. ¿Su situación?

- El generador de mi escudo fue dañado –gruñó Lancel-. Mi astromecánico intenta repararlo.

- Trato de cubrir a Lancel –a Tenzing le temblaba la voz-. La nave de Tía ha estallado.

- Tía está conmigo –Bato sonaba tenso-. Pero son demasiados para escapar.

- Incluso si pudiésemos –advirtió Maz-, es posible que nos rastreen a través del hiperespacio.

Se hizo un silencio tenso en el radiocanal, mientras las naves se alejaban más y más del asteroide.

- ¿¡Desde cuándo pueden hacerlo!? –Maz esperaba que Tía no estuviese tan mal como sonaba.

- No lo sé y no me importa –exclamó Bato-. ¡Siguen siendo demasiados!

- No si me siguen –intervino Poe-. Hay ocho de ellos y cinco de nosotros, tenemos oportunidad

Los cazas describieron un círculo sobre ellos y centraron su ataque en el carguero de Lancel, cuyo escudo aún no encendía. La anciana solo pudo ver, impotente. Su nave estalló y los restos cayeron al asteroide. El resto de la Flota Libre y el X-Wing se dispersaron por el espacio, dos TIE tras cada uno.

Maz maniobró para perder a los suyos, pero reconoció que sus rivales eran más disciplinados y ágiles. A ellos solo les quedaba ser persistentes. Casterfo no era particularmente bueno disparando, pero se esforzaba y eso tendría que bastar. Emmie era una pésima artillera en el espacio, pero ninguna de ellas dos lo reconocería en voz alta, jamás.

- ...estoy libre, cubriré a Maz –en medio del caos vio a Poe acercarse-. Tenzing, Bato, podemos fastidiar su formación si nos entrecruzamos lo suficiente. Sin pánico, solo sigan moviéndose.

Maz se dijo a sí misma que ya no estaba para esos trotes, pero hizo lo que Poe les dijo. Ransolm atinó a un TIE, y una vez que Poe se deshizo del otro, fueron en ayuda de los demás. El sensor de proximidad indicó peligro, pero era Tenzing, haciendo piruetas frente a ellos para evadir los disparos.

- Creo que me deshice de los míos… -dijo, luego se la escuchó gemir-. Oh, no…

Su comunicación se cortó con un estruendo, y Maz atravesó un montón de chatarra flotante que segundos atrás había sido la nave de la humana. Se guardó su dolor para después ya que nuevamente fue asediada por un TIE. Tomó un desvío que la alejó de Poe, también bajo ataque. A su lado Ransolm miraba pálido y ceñudo el monitor, intentando enfocar el caza enemigo.

- ¡Bastardos! –Bato sonaba angustiado-. Estos bichos se mueven demasiado rápido...

- No por mucho –replicó Poe-. Quedan cuatro, somos tres. Podemos lograrlo. Te cubriré.

- Emmie, prepara la ruta de hipervuelo, escondite número veintiséis –dijo a la droide mientras se debatía por evitar disparos-. Envía las coordenadas a los otros cuando se acaben los TIE.

- Lo tengo –escuchó sisear a Casterfo presionando el botón, y el TIE en su cola fue abatido.

Fueron a apoyar a Bato, pero el X-Wing entre ellos giró hacia arriba en un ángulo particularmente cerrado y sorprendió al que lo perseguía cambiando de dirección. Maz vio la oportunidad.

- ¡Ransolm! –le avisó.

- En ello… -el TIE se desintegró con el fuego del cañón.

- Ahora, encerramos a esos dos –Poe lo dijo casi a la par que ella lo pensaba.

Bato dio un rodeo para girarse a enfrentar a sus perseguidores. Maz siguió avanzando hacia ellos. Desde arriba, Poe les cayó en picada, y terminó con los TIE restantes. Pero con dos de sus piratas muertos en el enfrentamiento, nadie estaba de ánimos para celebrar. Emmie envió las coordenadas de su escondite, y asegurándose de no tener más compañía, entraron en silencio al hiperespacio.


- ¿Está Nix aquí… general Organa? –agregó viéndola muy seria en la central de comunicación.

Asomándose en nuevo centro de comando, un toldo en medio de la jungla de Ajan Kloss, Rue se preguntó cuánto habría avanzado la Primera Orden mientras estaban en Ahch-To. Hizo un mohín.

- Bienvenida, Rue. Ella y Finn están descansando, tuvieron un regreso agitado. Y Maz está en Bakura con la Flota Libre -suspirando, le sonrió con tristeza-. No lo encontraron, ¿verdad…?

- Será mejor que vaya al Halcón –el rostro de Leia palideció-. Oh, no, está vivo. Pero no contento.

Ante su mirada interrogadora, Rue la llevó a la nave. Cuando la general se encontró con el Jedi en la bodega principal del Halcón, se hizo un tenso y emotivo silencio. Leia cruzó la habitación a abrazar a Luke, que ocultó su rostro en su hombro. Chewie, R2 y ella acordaron salir de ahí y darles privacidad.

- ¿Mandaste a una cazarrecompensas a buscarme…? –escuchó gruñir a Skywalker.

Frunció el ceño. Era una pirata, había diferencias, aunque secuestrarlo no hablaba a su favor. En la cabina, Chewie depositó una esfera de metal sobre su regazo. Gruñó que le serviría para entrenar. Inspeccionaba curiosa el aparato cuando volvió a sentir que el wookiee no estaba bien. Alzó la cabeza.

…voces se oyeron desde la bodega. Indescifrables, parecían discutir. R2 bipeó si acaso debían ir a verlos. Inquieta, Rue miró a Chewie, pidiendo su opinión. ¿Habrían hecho bien? La general esperaba un héroe, y ahora solo se volverían a abrir viejas heridas. Él gruñó que los dejaran resolverlo por su cuenta, así que optaron por salir a tomar aire, sentándose entre helechos a la sombra de la nave.

Ninguno de los rebeldes que se paseaban por la creciente base parecía sospechar que dentro del Halcón se escondía Luke Skywalker, el Maestro Jedi. O lo que quedaba de él. Habían tenido el buen juicio de no anunciarlo. Minutos después, la general Organa salió a encontrarlos al húmedo atardecer. Un solo vistazo a su rostro exasperado, y Rue se puso de pie, lista para recibir una justa reprimienda.

- Agradezco hayas traído a Luke, pero ¿contra su voluntad, Rue? ¿Engañándolo y aturdiéndolo por la espalda? –su tono, si bien severo, era dulce como el de Maz-. Como tu general, he de recordarte que ya no eres una pirata. Eres una rebelde, y tus acciones nos representan a todos.

- Si, general Organa –asintió cohibida, mirándose las botas-. No más secuestros, lo prometo.

Aunque no fuese justo que Leia, hija de Darth Vader y madre de Kylo Ren, cargase con ese legado maldito y enfrentase a la Primera Orden, sola. No lo merecía. Esperaba que Skywalker cambiase de opinión al verla. Como si hubiese leído su mente, ella suspiró y apretó suavemente su mano. Cuando Rue volvió a mirarla, ya no se veía molesta.

- Cuento contigo, Rue. No te mentiré, la situación es delicada. Mantendremos a Luke en secreto en el Halcón mientras ordena sus ideas, yo haré lo mismo. De momento, puedes ir a descansar.

Tras decir esto murmuró algo a Chewie y volvió a su toldo. Suspirando, Rue se despidió del wookiee y R2, y fue a buscar un sitio menos concurrido en donde pudiese ir a perderse. Más que descansar, ahora que no tenía chances de volverse una Jedi, a ella también le haría bien ordenar sus ideas…

Horas después, en el claro que había encontrado, se detuvo en medio de una postura de Zama-Shiwo. Una sensación luminosa la distrajo. Sintió la serenidad y tristeza que emanaba, frunciendo el ceño en esa dirección. Skywalker. Lo vio acercarse entre frondosos árboles, sospechando que llevaba tiempo ahí observando. Se enderezó para ver su rostro al ocaso. Él parecía evaluarla de vuelta.

- ¿Por qué obstinarte en ser una Jedi…? Mencionaste en la cueva que no querías nada de esto.

Había una mezcla de curiosidad y escepticismo en su voz. Pero en la Fuerza, solo había calma. Notó que unos insectos luminosos chirriaban a su alrededor como si él no les inspirase ningún peligro.

- Porque no hay nadie haciendo fila para el puesto. La galaxia necesita protección, y esperanza.

- Pero tú no sientes mucha esperanza. Percibo tu miedo y enfado. Es de donde extraes tu poder. Uno que sabes peligroso, pero al que no quieres renunciar. ¿Por qué debería entrenarte así?

Rue hizo un mohín, resolviendo que nada sacaba con mentir a un Jedi abierto a la Fuerza. Suspiró.

- El poder sin autocontrol te vuelve estúpido, su sobrino es el mejor ejemplo. La Fuerza insiste en llevarme por un camino, y ser Jedi es un medio para ése fin. No se trata de lo que yo quiera.

- ¿Y qué es lo que quieres? –la traspasó con la vista- No me queda claro bajo toda esa bravata.

La pregunta la pilló desprevenida. Rue frunció el ceño, dejando vagar la vista por entre los árboles.

- Quiero hacer justicia. Y proteger a mis amigos, y a todos los que pueda, sin caer al lado oscuro. Quiero sentirme en control de mí misma. Y a Snoke y Ren fuera de mi mente, y de la galaxia...

Ardiendo en una pira, junto a toda la Primera Orden y sus matones. Pero eso no sería muy Jedi de su parte. Tras una larga e intensa mirada de sus ojos azules, el Jedi dio un suspiro que pareció eterno.

- No estaba en mis planes nada de esto. Pero si estás determinada a seguir el llamado de la Fuerza, te enseñaré a escucharla como haría un Jedi. Empezaremos mañana al amanecer.

Rue no tuvo tiempo a procesarlo o agradecer. Skywalker le dio la espalda y volvió por donde vino. Se abrazó a sí misma asumiendo que la general Organa había intervenido para que la aceptara. Volvió a sentir el peso de vivir a la altura de un Jedi sobre los hombros, y se estremeció. ¿Podría hacerlo…?

- Ahora que sabes la verdad, sigues de su lado. Creí que eras una especie de justiciera…

Detrás de ella, demasiado cerca para su gusto, la calmada voz de Kylo Ren destilaba decepción. Él tenía la audacia de sentirse contrariado. Aún mirando el claro, cerró los puños, deseando golpearlo.

- Snoke ha matado a millones. Ha intimidado a muchos más. Sus espías intentaron violarme. Y tú sigues de su lado –giró para mirarlo a sus fríos ojos muertos-. Destruíste mi hogar, lastimaste a mis amigos y no contento con ello, te metiste en mi cabeza. ¿Sentiste todo lo que yo sentí…?

Ahora, él callaba. Ahora, él la veía como si nada de eso importara. La sangre le hirvió en las venas.

- He sentido lo que Snoke te hace a ti –agregó en siseos-. ¿Por qué demonios sigues con él?

El torbellino de imágenes que vio en su mente en la Starkiller fue lo suficientemente aterrador como para hacerse una idea. Aquello no era entrenamiento, era tortura. Y el bastardo se dejaba someter. Los ojos de Kylo vagaron por su rostro, y desconcertada, Rue creyó ver un atisbo de lástima en ellos.

- Él me salvó de Skywalker, me hizo más fuerte. Estuve en tu lugar una vez, harías lo que fuera por complacer a quienes amas. Incluso ir contra tu propia naturaleza. No somos tan distintos…

- …no me conoces en absoluto –le cortó entre dientes-. Y prefiero morir a volverme como tú.

Creyó que estallaría. Pudo sentir su ira en la Fuerza, verla en sus ojos justo como cuando pelearon en el bosque. Se llevó la mano donde la había quemado con su sable. Para su sorpresa, nada ocurrió.

- Skywalker solo te enseñará a reprimirte y sentirte culpable –replicó con voz sedosa-. Es lo que un Jedi hace. Yo podría ayudarte. Aceptar tu naturaleza podría liberarte de lo que te hace sufrir.

- ¿Y cómo te va a ti con eso? ¿Las voces, las pesadillas? –lo miró escéptica-. Skywalker me dijo que Snoke era el responsable. ¿Y lo seguiste, creyendo que él te salvaría…? Qué retorcido

Él había elegido escuchar las voces oscuras y gastar su vida buscando más. Ella no lo haría. Pero con sentimientos encontrados, reconoció que Ben Solo no había tomado enteramente esa decisión…

- Me dijiste la verdad sobre lo que pasó en el templo –gruñó a regañadientes-. No soy estúpida, te convenía, pero puede que lo haya aturdido con un blaster por lo que hizo. Sí hice justicia

Con la mirada perdida, Kylo Ren estaba sumido en sus pensamientos. Al oír esto, sus ojos volvieron a fijarse en ella, incrédulos. Sintiéndose expuesta, inmediatamente se arrepintió de decirlo en voz alta.

- No por ti, bastardo. Por Ben. Puedo entender por qué intentaste matarlo entonces. Pero pude ser una de esos niños que asesinaste en el templo, así que no creas que puedes persuadirme.

Recuperado de la impresión, él frunció los labios, mirándola como debatiéndose entre decir o callar.

- Yo no maté a nadie en ese templo –finalmente murmuró-. Pero es irrelevante a estas alturas.

La conexión se fue tan rápido como llegó, pero Rue no dejó de repetir esa confesión en su cabeza.