Capítulo 13: Un aviso

La alerta en la base les hizo repasar el plan de evacuación en cuanto Maz y los otros salieron de Ajan Kloss. No estaban en condiciones de luchar contra la Primera Orden, por lo que desmantelarían todo y escaparían a distintos refugios provisionales. En el peor de los casos, redistribuirían el personal del Raddus al Ninka, al Vigilia y al Anodino, usándolo como señuelo. La flota de la Resistencia estaba dispuesta a sacrificar su nave insignia con tal de despistar a sus rivales.

Se encontrarían luego en un punto de reunión por informar. Jacen intuyó que aún no lo tenían claro.

Disimuló una mueca, cubriéndose la boca con expresión pensativa. Demasiado como para dormir tranquilos en la base rebelde. Mirando a su madre de reojo, se preguntó si los altos mandos estarían lo suficientemente desesperados como para oírle. No hay emoción, hay paz... repitió mientras la reunión terminaba y veía como el Jedi y su aprendiz salían discretamente del centro de comando.

Él había perdido a su guía en los caminos de la Fuerza al poco tiempo de iniciarlos. Esperaba tener una mejor suerte esta vez. No existe la suerte, se recordó a regañadientes, dejando la cueva tras ellos.

- ¿Por qué no mencionaste el lugar de tus sueños en la reunión? –preguntó Hera, alcanzándolo.

Afuera, la delicada lluvia tropical se había vuelto un aguacero. Reconociendo su expresión urgente, su madre se acomodó a sus pasos mientras él buscaba a los Jedi entre los rebeldes que caminaban velozmente para resguardarse del agua. Los había perdido. Se quitó la chaqueta y se la tendió a Hera.

- Debo hablar con Skywalker primero.

- ¿Por qué?

Su madre rechazó la prenda, pero él la acomodó sobre sus hombros con una mirada significativa.

- No quieres saberlo.

- Ahora quiero saberlo más –devolviéndole la mirada, ella se puso la chaqueta.

- Digamos que para llegar hay… complicaciones. Será más rápido convencerlos si hablo con él. ¿Puedes averiguar cuáles son las opciones para el punto de reunión? Oh... –dejando vagar la vista por la base, resopló incómodo-. Y diles que Yavin-IV está lleno de sondas espías.

- ¿Cómo sabes eso? –preguntó con suspicacia.

- Porque casi me atrapan ahí –intuyendo su preocupación, agregó-. Prometo contarte luego. ¿Puedes encargarte de que lo sepan? No quiero perderlos…

Señaló el punto en el cual segundos atrás había sentido… algo. Debían estar en aquella dirección.

- Ve –suspiró su madre, disponiéndose a regresar a la cueva-. Ten cuidado.

- Siempre... -ante la mirada escéptica de Hera reconsideró su respuesta- Siempre hago mi parte. Que funcione o no, es voluntad de la Fuerza.

Antes de que ésta replicase, besó fugazmente su mejilla y se fue a paso apurado a buscar al Jedi.


Luego de que un escuadrón apoyara la captura, y condujese a los intrusos a las prisiones en los niveles inferiores del Supremacy, Kylo ordenó que ataran a la reina pirata a una silla en una de las salas de interrogación. Era su rival, pero también un recurso valioso, revelado en un momento clave.

Ya solos, arrastró otra silla con lentitud hasta ubicarla frente a ella, y se sentó para estar a su altura. Exploró su ánimo usando la Fuerza. La arrugada anciana estaba tan serena como demostraba, una actitud acorde a su título. En contraste, Kylo percibió una sospechosa inquietud en Phasma, mientras ésta seguía de largo escoltando al droide y al piloto rebelde a las celdas. Iría por ella después.

Estudió el rostro de la pequeña mujer frente a él, calculando sus posibilidades.

- Debo reconocer su astucia –comenzó-. Ocultarse en un templo Jedi en ruinas, convertirlo en un refugio para rodearse de otros seres... camuflar dos sensibles a la Fuerza del Líder Supremo Snoke no es tarea sencilla.

Maz Kanata no contestó. Tan solo se limitó a mirar a través del visor de su máscara. Imperturbable.

- Aliarse con la Resistencia, sin embargo, no fue una decisión sabia –se inclinó intimidante hacia ella-. Habrá consecuencias. Pero podría mostrar piedad por su hija. Si ambas colaboran.

Una leve vacilación en la Fuerza le indicó a Kylo que la anciana ahora lo estaba tomando en serio.

- ¿Por qué molestarte en negociar? Rue no caerá directo en una trampa, si es lo que esperas.

- Tal vez la conozco mejor –replicó, altivo-. He estado en su mente. He visto lo que ella ha hecho.

Era fuerte en el lado oscuro, aunque su propia madre y el Jedi lo obviasen. Tenían eso en común.

- Tú me robaste algo importante una vez –él controló su voz, pese a que su pulso aumentaba-. El antiguo sable de luz de mi abuelo. ¿Lo recuerdas? Tal vez esté por hacerte lo mismo a ti...

Pese a tener las manos atadas a los reposabrazos, la mirada de la anciana adquirió un brillo feroz.

- Cuidado, chico... –su tono era peligrosamente dulce-. ¿Sabes cuántos años tengo...? Los suficientes como para reconocer cuando una máscara es solo una máscara.

Él se tensó, esforzándose en mantener su mente despejada de las oleadas de ira que lo inundaban. ¿Cómo se atrevía? Con los dientes apretados, optó por aceptar el desafío, convertirlo en oportunidad.

- ¿Es eso así...? -se quitó la máscara, dedicándole una fría mirada. La pondría a prueba a ella, pero también, a sí mismo-. ¿Qué es lo que ves ahora?

- Necesito usar mis lentes –demandó alzando las cejas, luego de una breve pausa-. Estoy vieja.

Tras descartar la posibilidad de que fuese una trampa, Kylo usó la Fuerza para liberarla de la silla. La reina pirata entornó los ojos, y se ajustó los lentes que reposaban sobre su cabeza, sin quitarle la vista de encima. Su intensa mirada se amplificó bajo los cristales, y él aguardó, inexpresivo.

Los Caballeros de Ren ocultaban su rostro a fin de intimidar. Pronto, él ya no necesitaría hacerlo. Pero la anciana tardaba demasiado, su serenidad vaciló unos instantes. Ahora sabía con quién trataba.

- ¿Y bien...? –estrechó los ojos, desafiante- ¿Qué hay detrás de la máscara?

- Oscuridad, y desesperación –concluyó ésta con voz grave-. Pero no tan profunda como crees. Veo a un joven solitario, con miedo de volver a casa.

Kylo presionó los labios fulminándola con la mirada. Aquel interrogatorio era una pérdida de tiempo.

- Curioso... -la mujer se retiró los lentes, mas no dejó de observarlo con el ceño fruncido de preocupación-. Sus destinos están entrelazados, pero no de la forma que quieres. Llegado el momento, me temo que tendrás que escoger: alzarte como Ben Solo, o morir como Kylo Ren.

Pudo haberlo abofeteado, y su reacción habría sido menos intensa. Se incorporó apretando puños.

- ¿Es eso una amenaza? –siseó entre dientes.

- Es una advertencia –suspiró Maz Kanata, mirándolo con compasión. De algún modo eso sólo lo hizo sentir más expuesto-. Por años, he visto las posibilidades a través de la Fuerza. Si no me crees, puedes verlo tú mismo, en mi mente. Tienes mi consentimiento.

Maz Kanata reforzó esta idea ofreciéndole una arrugada mano. Con la respiración agitada, él vaciló.


Las balizas binarias encubiertas estaban diseñadas para funcionar durante mucho tiempo con una pequeña batería. Luego de una concienzuda evaluación, Nix no encontró más remedio que arriesgarse a sacrificar una de éstas para intentar engañar el mecanismo de las esposas.

A falta de herramientas, envolvió uno de los rastreadores en la tela para amortiguar el daño, y lo rompió con toda la fuerza que pudo imprimir a un golpe de su talón. Maniobrar esposada era una tarea ardua, mas no imposible. Usó el alambre para llevar corriente de la batería al sensor de las esposas.

Nada pasó. El cosquilleo que sintió al tantear el metal recubierto indicó que no era suficiente poder. Mordiéndose el labio, decidió abrir otro. Envolvió ambas baterías con el alambre, y al tocar el extremo libre siseó al darse la corriente. Mejor. Encomendándose a la Fuerza, volvió a probar el sensor, y las esposas se abrieron con un click.

Satisfecha consigo misma, se preparaba para el desafío de abrir la compuerta, cuando nuevamente sintió pasos en el corredor. Su corazón dio un vuelco al oír que se formaba un alboroto afuera.

- ¡Suéltame! –la voz le era familiar- ¡Ya dije que puedo caminar por mi cuenta!

¿Poe...? Se oyó un golpe sordo, y un gruñido de dolor. Efectivamente, era él.

- Silencio, basura rebelde –siseó Phasma.

La compuerta de la celda a su derecha se abrió, y se cerró luego de que la capitana arrojase al prisionero adentro. Nix se apuró a acomodar las esposas como vio hacer a Jacen, juntando valor para pelear en caso de que Phasma fuese por ella ahora. Tal vez, podría tomarla por sorpresa, y encontrar algo con lo que abrir su prisión y las otras dos... Mas los pesados pasos de la mujer pasaron de largo.

- ¡Espere, capitana! ¡Esto es un malentendido! –gritó otra voz familiar, su dueño golpeaba la compuerta de la celda a su izquierda- ¡Yo estoy de su lado!

¿Travis? Nix alzó las cejas, incrédula. Phasma ni se dignó a replicar, pero súbitamente, se detuvo.

- Percibo su inquietud, capitana –otra voz masculina, alterada por un casco, se aproximaba a ella por el corredor-. Intenta ocultar algo. Algo acerca del desertor...

La frialdad de su voz la hizo estremecer. Concluyó que se trataba de Kylo Ren. No estaba contento.

- …lo ha interrogado –concluyó él, grave y amenazante, tras unos momentos.

- Cumplí con mi deber hacia la Primera Orden –la voz de Phasma, si bien dura, sonó atropellada.

- Los habrá escoltado hasta aquí. Pero éstos son mis prisioneros. Especifiqué que nadie se les acercara... –hubo otra pausa, en la cual Nix tuvo que pegarse a la compuerta para confirmar lo que estaba oyendo. Sonidos ahogados-. ¿Fue esta desobediencia su propia iniciativa?

- Sí… -jadeó la capitana.

- No -gruñó Kylo, implacable-. ¿Quién ordenó esto? ¿Hux?

Cualfuese la respuesta de Phasma, Nix nunca la escuchó. Se oyó un estruendo metálico, y la joven asumió con un escalofrío que la capitana había caído al suelo. Luego se hizo un espantoso silencio.

Pasos lentos y deliberados se acercaron a la celda de la twi'lek, que de pronto olvidó cómo respirar. Con el corazón martillando en su pecho, se preparó para confrontar al monstruo que mató a su familia. Esta revelación la golpeó repentinamente, sin embargo, algo le dijo que quizá necesitaba ver su rostro.

Pero sus pasos también pasaron de largo. Y fue la celda de Travis la que se abrió.

- Por favor no me haga daño –fue lo primero que dijo-. Soy un soldado leal a la Primera Orden.

- Eres un impostor –replicó Kylo, sin emoción-. No un soldado.

- No… -la voz de su ex se agudizaba- debe haber un error, soy de Escuadra Civil. Un aliado. Limpiamos los niveles bajos de indeseables, tal y como acordamos con la Primera Orden...

- La Primera Orden no negocia con criminales.

- Tengo información –gimió-. Conozco a la chica que buscan. Su nombre es Sun Astralis...

- Si eso es todo, no eres útil para mí.

- ¡No! ¡No es todo! ¡Conozco la ubicación de la base rebelde...!

No. La sangre huyó del rostro de Nix. Escapando de los Caballeros de Ren, dejaron a Travis tirado en el suelo de la Taberna del Jizz. Lo habían creído inconsciente cuando Finn sugirió tomar desvíos para llegar a la base. El silencio que siguió fue intolerable. La voz de Kylo sonó peligrosamente suave.

- Habla.

- Ajan Kloss.

- ¿Cómo lo sabes?

- Oí al desertor FN-2187 en la Taberna del Jizz, en los niveles bajos.

Nix se contuvo de gritar, pero al parecer su terror fue suficiente. La compuerta de Travis se cerró con un alboroto, y los pasos del aprendiz oscuro se precipitaron de vuelta por donde vinieron.


Él debía saberlo, se convencía a sí misma. Luego de ver la esperanza oculta en sus ojos, no fue capaz de negarlo más. Luego de la partida de Kylo, concluyó que lo inestable de sus visiones acerca de Rue no se debía enteramente a ella, sino también a algún tipo de influencia de él. Maz no era Jedi, pero reconocía en lo similar de sus miradas que la Fuerza los había destinado, para el bien o para el mal. La peor pesadilla de una madre aprehensiva. Pero ella no era una de esas. Él aún podía cambiar.

En su apuro por huír de la verdad, Kylo la había dejado encerrada en la sala de interrogación, libre de ataduras. Usando los instrumentos de tortura colgados en la pared, abrió un ducto de ventilación. Dejando que su intuición la guiase, se desplazó por laberínticos túneles, hasta llegar a la trampilla que se sintió la indicada. Mirando hacia abajo a través de ésta, vio a Finn inconsciente en el suelo.

Lo llamó un par de veces, sin respuesta. Sonidos del tunel de enfrente llamaron su atención. Cruzó por una intersección y llegó al ducto paralelo al que había usado. En éste, Nix y Poe hablaban a gritos.

- ¡NO TIENES IDEA DE LO QUE ACABAS DE HACER! –Poe golpeaba la compuerta con rabia.

- No desperdicies tu aliento, Poe. Travis no lo vale. Debemos abrir estas puertas, y advertir a la Resistencia. ¿Cómo fue que llegaste aquí? ¿Hay alguna posibilidad de que vengan refuerzos?

- Nos escabullimos en la lanzadera que Tía robó, con Maz y BB8. Pero Kylo nos capturó y se llevó a Maz. Mi droide fue confiscado –suspiró-. Con ellos, tendríamos una oportunidad de salir.

No le costó inferir que la Primera Orden había descubierto Ajan Kloss. Ahora actuaban contra reloj.

- ¿A dónde lo llevaron? –preguntó Maz, asomándose a la trampilla de la celda de Poe.

Éste se sobresaltó al verla ahí arriba. Su rostro se iluminó con una sonrisa de alivio.

- ¡Maz! ¿Cómo llegaste ahí?

- ¿A dónde lo llevaron, Poe? –apremió Nix, para luego agregar-. Me alegra que estés bien, Maz.

- Junto a la recepción de la prisión había una bodega de objetos confiscados. No sé qué tan grande sea, pero vi como metían a BB8 ahí. ¿Crees que puedas llegar, Maz?

- ¿Podrían acceder a los sistemas de las celdas? –las palabras de Nix se atropellaban con urgencia-. Tiene que haber algún comando para abrir todas a la vez, en caso de emergencias…

Era altamente improbable que en caso de emergencias la Primera Orden evacuase prisioneros. Pero Maz veía hacia dónde iba la idea de la dulce twi'lek. Si iban a salir, debían de hacerlo a lo grande.

- Vi una consola al llegar –agregó Poe-. Junto al mesón de seguridad. Debes seguir la dirección opuesta a la celda de Nix.

- Estoy en eso.

La anciana no gastó más tiempo, y emprendió el viaje por los ductos de ventilación. Miró el infinito corredor extendiéndose frente a sí, y su espalda protestó. Con la Fuerza de su lado, BB8 estaría cerca.


Con sus pensamientos cuidadosamente resguardados, Kylo se concentró en el camino que tenía por delante. El único camino. Ajan Kloss. Tenía a la Resistencia. En unas horas, tendría a Skywalker. Cruzó la prisión a zancadas, tomando el turboascensor más cercano.

Llegando al único acceso al salón del trono de Snoke, adelantó a Hux y accionó el turboelevador antes de que éste lo alcanzase. Percibió su odio en la Fuerza mientras las compuertas se cerraban. Bien. Que recuerde el día en el que Kylo triunfó al exponer a la resistencia sin él, pese a sus engaños.

…tras revelar esta información a su maestro, Snoke dejó escapar una exclamación de interés. Su guardia pretoriana, ocho presencias intranquilas hasta entonces, recuperaron su autodominio habitual.

- No es la noticia que esperaba, pero se acerca a nuestro objetivo final… –le dedicó una mirada calculadora desde lo alto de su trono-. Ve a la vanguardia, mi joven aprendiz. Si Skywalker se cruza en tu camino, recuerda que deseo mirarlo a los ojos antes de matarlo. Tráelo a mí, y a la chica también. Solo entonces, restaurarás tu posición junto a mí.

- Sí, maestro Snoke.

Arrodillado frente a él, Kylo inclinó la cabeza con sumisión. Complacer a su maestro es su prioridad.

Pero desplazándose a hipervelocidad en el Fulminatrix, su mente trabajaba con la misma rapidez. Iba a eliminar a la Resistencia, a terminar con Skywalker. A seducir a su aprendiz al lado oscuro. No era solo su igual, estaban destinados, y ahora que conocía las posibilidades de labios de su propia madre, él iba a moldearlas a su voluntad.

Sacrificios debían hacerse para alcanzar la grandeza. Con esto presente, Kylo tomó una decisión arriesgada. Su prioridad eran la ladrona y Skywalker. La Resistencia estaba acabada de todas formas.

- Contacten a los Caballeros de Ren –ordenó al primero que vio en el puente de mando-. Envíen las coordenadas de nuestro destino.

Los necesitaría cerca, lo suficientemente pronto.


A los minutos de sentarse a meditar bajo un gran árbol que les cubría de la lluvia, el Maestro Jedi volvía a su estado de triste serenidad. Se sentía como un faro de luz a través de la Fuerza. Mientras tanto frente a él, Rue se esforzaba en atravesar la tormenta para llegar a la calma. Le estaba costando.

- Percibo conflicto en ti, Rue -su tono era suave, acogedor-. Compartir esa carga podría aliviarte.

Ella abrió los ojos, para ver que el Jedi la observaba sin juzgar. Se removió incómoda en su sitio.

- Sé que la base está en alerta, y actuar en base al miedo es alejarse de la luz, pero… -frunció el ceño- mis amigos y Maz están allá, y yo estoy aquí. Siento que los estoy traicionando.

- Sé que es difícil –asintió, comprensivo-. Como Jedi, debemos velar por todas las personas, ver más allá de nuestros intereses. Siento que pronto nos necesitarán aquí. ¿Puedes sentirlo tú?

Ella asintió a regañadientes. Era la única razón por la que no se había colado en la nave de Maz.

- Tu madre es la mejor en lo que hace –la tranquilizó, notando su inquietud-. Y si no es suficiente, encontraremos la forma de ayudar. Con sabiduría. Uno siempre está en donde tiene que estar.

- Quiero confiar en eso –suspiró ella.

Lo cierto era que con sus habilidades y experiencia, Maz probablemente los sobreviviría a todos. Y Finn y Nix se tenían el uno al otro hasta que su madre, Poe y BB8 los encontrasen. La Fuerza se encargaría de mostrarles el camino, Rue quería confiar en eso, como quería confiar en muchas cosas.

- Pero no es solo eso –el Jedi la traspasó con la mirada-. Tienes miedo a sentir esperanza, por el rescate de tus amigos... y por Kylo Ren. Chewie me contó que has preguntado por él.

Dirigiéndole una mirada culpable, Rue se llevó la mano al brazo derecho. No olvidaba lo peligroso y traicionero que era, pero tampoco podía ignorar los hechos.

- He visto y sentido lo que él a través de la Fuerza –vaciló-. Por eso sé que no destruyó el templo, y que resiente la muerte de Han. He percibido su conflicto, su luz, y quiero confiar en eso. Quiero ayudar, pero no sé si soy capaz. No ahora que tiene a mis amigos. No soy tan buena…

Rue no podía explicarse por qué deseaba involucrarse pese a todo. Era más lista que eso. El Jedi repentinamente se había puesto muy serio, y ella temió haber cruzado la línea. Él dio un eterno suspiro.

- No espero que lo seas. Verás, Rue, nadie nunca se va del todo. Creo en eso. Puede que Kylo vuelva a la luz. Pero el es responsabilidad. No tuya. Llegado el momento, seré yo quien lo confronte. Tu conexión con él ha ido demasiado lejos -la línea de su entrecejo se marcó profundamente- ¿Quién destruyó el templo entonces? ¿Desde cuándo sabes esto?

- Snoke provocó una tormenta eléctrica usando la Fuerza –replicó, cohibida-. Fue lo que hizo estallar el templo finalmente. Sólo estuve segura de ello hace unas horas, volviendo de Jedha.

El Jedi dejó vagar la vista, intrigado. Se le ocurrió a Rue que estaba más tenso de lo que mostraba.

- ¿Qué sabes acerca de Snoke? –preguntó con tono ausente.

- Es el Líder Supremo de la Primera Orden. Un usuario del lado oscuro. No sabemos más de él.

Con nosotros, se refería a la Resistencia. Pero para su inquietud, también valía para ella y Kylo.

- Es un clon –le confió con gravedad-. El único sobreviviente de los experimentos del Emperador. Un ser poderoso en la Fuerza, pero dada la naturaleza de su creación, su poder tiene un límite. Lo enfrenté años atrás y lo creí muerto hasta que sedujo a Ben al lado oscuro. Esto es distinto...

Un escalofrío le recorrió la espina, pero no era solo por la revelación. Sintió un familiar tirón en la Fuerza, y por instinto Rue se alejó del Jedi, saliendo a un espacio abierto de la lluviosa jungla.

- ¡Ya regreso…! –se giró a gritarle. Había algo en aquel llamado que destilaba urgencia.

- ¿Es él...? –le oyó replicar con recelo.

No le respondió. Con un estremecimiento en la Fuerza, Kylo Ren apareció frente a sus ojos. Tenso.

- Tengo a tu madre –anunció con rigidez, sus ojos oscuros fijos en ella-. Y a tus amigos.

En el silencio que siguió a esto, Rue usó toda su fuerza de voluntad para conectar con la luz. Era testimonio de su entrenamiento que no saltase a su garganta con el cuchillo oculto en su bota. Respiró.

- Tu familia aún no pierde la fe en ti –imprimió a su voz toda la calma que pudo reunir-. Si me devuelves a la mía, yo podría ayudarte a dejar la Primera Orden, y al abusivo de tu maestro.

Él entornó los ojos. Sintió su débil vacilación en la Fuerza, mientras iba hacia ella con pasos suaves.

- Puedo matarlos. Pero no lo haré. No quiero que seamos enemigos... –no le hablaba como si lo fueran, su intensa mirada tenía esta vez una doble intención-. Estarán bajo custodia hasta que me entregues a Skywalker. Iré personalmente a buscarlo. Tienen menos de una hora.

Kylo se esfumó de su vista, pero Rue siguió paralizada bajo la lluvia. Instantes después, dio un puñetazo al tronco más cercano, que se estremeció ante el impacto amplificado por la Fuerza.

- ¡Bastardo! –gritó, fuera de sí.

Rue sentía el frío de nuevo, desencadenado por una ira que no podía dejar ir. Tenía que calmarse.

- Tiene a mi madre –siseó, sintiendo a Skywalker acudir a su encuentro-. Quiere que te traicione. No puedo hacer eso. La galaxia te necesita más.

Temblaba. Quería culpar al Jedi por todo, pero el frío en su interior era señal de que no pensaba con claridad. Era exactamente lo que Kylo Ren quería, provocar su ira, hacerla caer al lado oscuro…

…su ira fue reemplazada por desconcierto al reparar en que aquella amenaza fue también un aviso.

- Vienen en camino –miró al Jedi con cruda certeza-. La Primera Orden. En menos de una hora.

- ¿Cómo sabes que no es una trampa? –era una pregunta de rigor, ambos lo habían intuído.

- Puedo sentir cuando miente...

Podía sentirlo en los huesos, había un plan detrás de aquello. Kylo estaba dispuesto a perder a la Resistencia por Skywalker. No. Por ella. Quería probarle algo. Ahora que tenía a su familia, finalmente tenía poder sobre ella, pero Rue comenzaba a intuír que ella también tenía algo de poder sobre él. Necesitaría más para aventajarlo. Para mantenerlos a salvo.

Las manos de su maestro la sacudieron con suavidad, y ella por poco reacciona con Zama-Shiwo.

- Rue –la llamó-. Necesito que despejes tu mente. Cada segundo cuenta, y debes enfocarte para evacuar la base. Una vez que la Resistencia esté fuera de peligro, iremos por tu madre. Juntos.

Una sola mirada al Jedi, y supo que lo decía en serio. Tocando los kyber en su bolsillo, Rue dio un hondo suspiro y se concentró en la luz en su interior. Estaba ahí. Solo debía buscar lo suficiente.


Maz recién había encontrado la bodega de confiscados cuando sintió la sacudida general. Habían saltado al hiperespacio. Ellos habían tardado en llegar al Supremacy. ¿Qué tan veloz sería esa nave?

Luego de asegurarse de que no hubiera nadie cerca, Maz bajó de la trampilla y se apuró a merodear por largos pasillos de estantes con objetos requisados. Se armó con lo que encontraba en el camino: dos pequeños blasters, un cuchillo y un rifle demasiado elegante como para que acumulase polvo ahí.

Eventualmente divisó una mesa de recepción. Oculta detrás de un estante, vio que sus cosas y las de Poe aún reposaban en la superficie, custodiadas por un solo stormtrooper. Éste le daba la espalda.

Se aproximó lo más pegada al suelo posible, y cuando estaba por tomar el comunicador, el soldado volteó a estirarse. Maz se ocultó bajo el mostrador justo a tiempo. Enfocándose intensamente, llamó a la Fuerza para mover un machete ubicado en lo alto de un estante, del lado opuesto a donde estaba oculta. Éste vibró primero, y luego cayó con gran estruendo. El stormtrooper se precipitó al lugar.

- ¡Quién anda ahí! –gritó apuntando con un blaster al inicio de un pasillo vacío.

Maz tomó su comunicador y el de Poe, y se resguardó bajo el mesón, atenta al soldado vigilante.

- ¿BB8, me escuchas? –susurró al aparato- ¿Estás por ahí, BB8?

Afortunadamente, aún no habían bloqueado al droide. Éste pitió quedamente que sí, pero que su movimiento estaba restringido por un mecanismo empotrado a la pared. Pronto vendrían a revisarlo.

- ¿Dónde estás? ¿Puedes describir cómo llegaste ahí?

BB8 especificó el recorrido desde el inicio de la zona de prisiones, en donde se habían separado.

- Bien. Iré por ti. Mantente activado del modo que sea.

No estaba tan cerca como quería, y si tomaba turboascensores se exponía a quedar encerrada con enemigos. Era mejor tardar en llegar que no hacerlo en absoluto, resolvió volviendo a los ductos de ventilación para recorrer la distancia a pie. Tan solo esperaba que el Supremacy no fuese tan veloz.


Jacen se encontró con la aprendiz a medio camino. Ésta casi lo empujó al pasar de largo a su lado.

- Vete a tu puesto, la Primera Orden está por llegar –se detuvo a ladrarle-. Sube a todos los que puedas a tu nave y espera a que te avisen el punto de encuentro… ¡Ahora, Syndulla, muévete!

Jacen la vio irse corriendo bajo la lluvia con un escalofrío, pero eso pasó a segundo plano cuando divisó al Maestro Jedi, caminando a paso ligero en la misma dirección que la joven.

- Maestro Skywalker -inclinó la cabeza, adaptándose a su ritmo-. Es un honor conocerlo. Iré al punto, me he dedicado a explorar las Regiones Desconocidas, la Fuerza es poderosa ahí y me ha llamado en sueños…

- Eres sensible a la Fuerza –asintió él con aire ausente-. ¿Has encontrado el sitio de tus sueños?

- No, por desgracia. Pero accidentalmente encontré un planeta en el que podríamos ocultarnos. Es importante que lo consideren. Su aprendiz dijo que estábamos por ser invadidos.

Sirenas comenzaron a sonar en toda la base. Aproximándose al centro de comando, vio a lo lejos que los rebeldes encargados de la evacuación se reunían en el exterior. Entonces era cierto.

- El punto de reunión es Burska –avisó la aprendiz, yendo a ellos con cara de pocos amigos-. Los rastreadores se están moviendo a hipervelocidad, esperamos una gran flota enemiga...

¿Burska? Jacen exploró inquieto alrededor, calculando el tamaño del refugio. Luego miró a la joven.

- ¿Cuántas personas hay en la base?

- Cinco mil en tierra. En órbita, cerca de siete mil.

- No hay forma de que pasen desapercibidos ahí.

- ¿"Pasen"? –ella entornó los ojos- ¿Acaso piensas dejar de nuevo a tus aliados atrás?

Sonaba personal. Vagamente recordaba a Nix hablar de la aprendiz con admiración. Resolvió que debían ser unidas. Explicaría sus miradas asesinas durante la reunión, desde el otro lado de la cueva.

- Lamento haber puesto a Nix en peligro –hizo un gesto apenado. Realmente lo hacía.

- Lamento no confiar en tu criterio –replicó mordaz-. ¿Por qué no fuiste con Poe y mi madre a...?

- Rue, las lanzaderas de transporte están aquí –le avisó el Jedi con admirable calma-. Recuerda nuestra prioridad. Hay que llevar a los rebeldes fuera del alcance de la Primera Orden.

La joven dio un hondo suspiro, y en un abrir y cerrar de ojos, era toda serenidad y determinación.

- Si, maestro. Me ocuparé de eso –Skywalker se la quedó mirando mientras se iba.

- Tienes razón, la base ha crecido bastante –concedió, girándose a Jacen-. ¿Qué propones?

- Este lugar podría salvar vidas –le tendió una tarjeta de datos-. Aquí están las coordenadas.

- Será mejor que hablemos con Leia –sugirió él, señalando con un gesto la entrada a la cueva.

Se abrieron paso entre la multitud. El droide llamado C-3PO llevaba una central de comunicaciones a modo de mochila, y pegada a ésta, la general Organa se comunicaba con los altos mandos en órbita. A su lado, la teniente Connix voceaba instrucciones a los rebeldes, indicando los puntos de aterrizaje.

- ¡Prioricen los insumos médicos, provisiones y combustible! ¡Las lanzaderas están en la zona oeste! ¿Están los equipos de inteligencia ya en órbita? –nadie ahí lo sabía, por lo que se acercó a Organa- Iré a chequear. General, debe irse. Me encargaré de supervisar los preparativos.

- No hasta que todos estén reacomodados –musitó ésta, cubriendo el micrófono con una mano. Su mirada no admitía réplicas-. Ve, Kaydel. Y no te olvides de los droides de mantenimiento.

- Por supuesto que te quedas -suspiró el Jedi-. Leia, éste joven tiene una sugerencia que hacer...

La general lo interrumpió alzando el dedo índice, frunciéndole el ceño a la central de comunicación.

- No estoy de acuerdo, almirante, pero respeto su decisión. Que la Fuerza lo acompañe.

Se le ocurrió a Jacen que estaba disimulando su pena cuando sus ojos marrones se fijaron en él. La recordaba vagamente de sus días acompañando a Hera por las distintas bases rebeldes. Era tan solo un niño entonces, de cuatro o cinco años. Ahora era Organa quien debía verlo hacia arriba.

- ¿Qué ocurre, Jacen? -sus ojos se arrugaron en las esquinas al reconocerlo también.

- Debemos desaparecer en las Regiones Desconocidas. Conozco una ruta por la que no pueden pasar los destructores estelares.

- Te escucho –sus cejas se arquearon de interés.

- Puede que tengamos que pasar cerca de una anomalía –reconoció con una mueca.

- Entonces es suicida –la general ni siquiera pestañeó al replicar.

- Es un riesgo. Quedarse dentro de los límites de la Nueva República es suicida. Si seguimos la ruta de vuelo, no debería haber problemas. No para naves del tamaño del Espíritu.

- Debería. Palabra clave. No podemos arriesgar más personas a…

La general Organa se interrumpió de repente, palideciendo. El primer instinto de Jacen fue sostener un brazo en el aire tras su espalda para atajarla por si se desmayaba. Ésta se asió de él por estabilidad, pero se recompuso al instante. Intercambió una mirada cargada de intención con el Maestro Jedi.

- Está aquí –asintió Skywalker, con tono sombrío.

Sonó una alarma en la central de comunicaciones. La general atendió, para informar con voz tensa:

- Dos destructores estelares y un dreadnought acaban de salir del hiperespacio.