Capítulo 15: Estrellas
Los caballeros los rodearon como depredadores en la fría ladera. Luego de su truco de la tormenta, Skywalker apenas podía mantenerse en pie. No podían enfrentarlos, tampoco huír, y Rue se aferró al sable con la mirada fija en Kylo, surgiendo del rastro de humo y destrucción que dejaron sus soldados.
Bajo la máscara, volvía a ser la misma figura brutal consumida por la ira y el deseo de venganza. Se sentía oscuro, frío, y retorcidamente familiar. No niegues la verdad que ya conoces. Su vínculo en la Fuerza se intensificaba en persona, y el poder crudo fluyendo entre ambos le aceleró la respiración...
...Skywalker posó una mano sobre su hombro, y Rue volvió en sí con un pequeño sobresalto.
- Hola, Ben –si bien serena, la voz del Jedi sonó grave-. Ha pasado tiempo. Necesitamos hablar.
- ¿Acerca de qué? –sin dejar de avanzar, dio una brusca señal, y sus hombres se detuvieron con sus armas a punto- ¿De como me traicionaste? ¿A decir que lo sientes?
El tono de Kylo era contenido, pero la Fuerza alrededor vibraba de odio y resentimiento.
- En parte –admitió, con un largo y pesado suspiro-. Te fallé, Ben, de tantas formas... Realmente lo siento. Cometí un error y no puedo cambiar el pasado. Pero tú aún puedes elegir otro futuro…
- Así que ahora piensas salvarme –Kylo frenó a pasos de ellos, con los puños crispados.
- Nadie puede salvarte, sólo tú mismo. Aceptando la luz en tu interior. Dejando ir todo este odio.
Se hizo un silencio tenso y cargado, solo interrumpido por la lluvia cayendo sobre sus cabezas.
- Eres viejo, débil y sentimental –resolvió fríamente-. Ben Solo está muerto. Pronto lo estarás tú.
Ella sintió a su madre, cerca. En instantes, el cielo oscureció. Supo que se trataba del Supremacy, tapando el sol más allá de las nubes. Los caballeros se agitaron, y Kylo se enderezó al sentir la nave.
- Es una posibilidad –continuó el Jedi, como si el corazón de todo mal no flotara sobre ellos, sus ojos azules mirándolo con compasión-. Por eso debes saber la verdad acerca de tu maestro...
- La verdad... –la gélida voz de Ren lo cortó a mitad de la frase.
Rue miraba discretamente alrededor. Eran siete, maldita sea. Ni siquiera con el lado oscuro podía con todos y el solo pensarlo la hizo estremecer. Pudo sentir cuando la mirada de Kylo se clavó en ella.
- ¿Crees que te han dicho la verdad a ti, ladrona? Hablé con tu madre. Deberías hacerlo también, preguntarle sobre sus visiones. Te hará reconsiderar tu lealtad. Podrás verla si te rindes ahora.
¿Qué visiones? Desprevenida, no alcanzó a reaccionar cuando Kylo los desarmó usando la Fuerza. Los sables de luz volaron del agarre de Rue y el cinturón del Jedi, cayendo a sus manos enguantadas.
- Esto no terminará de la forma que crees… -advirtió Skywalker, serio-. Por favor, escucha.
- Me parece que solo hay una forma de averiguarlo. Llévenselos. El Líder Supremo espera.
Miró a su maestro. Él hizo un gesto imperceptible para que no se resistiera, enviándole calma por medio de la Fuerza. Esposados, se dejaron llevar por los Caballeros de Ren a una nave al Supremacy.
Salir del hiperespacio fue tan caótico como Jacen imaginó. Una docena de cazas TIE los siguieron a Carlac, y lo que quedaba de la escolta rebelde debía deshacerse de ellos antes de hacer el verdadero salto. Sus rivales se desplegaron velozmente en dirección a los transportes, cuyos escudos deflectores estaban a punto de caer. Viendo las múltiples alertas del tablero, él dio suaves palmaditas a su nave.
- Has hecho un gran trabajo, por favor no falles ahora... –susurró, evadiendo los primeros rayos.
Los superaban en número, pero no pasó mucho antes de ver que eran pésimos volando en equipo.
- ¡Torra, Lee, no les den tiempo de apuntar! –la chica que habló también notaba esto- ¡Tío Shriv, Asra y Kaz, intercepten sus trayectorias! ¡Jacen, lo que sea que estés haciendo, sigue así!
Mientras confundían a los cazas TIE con sus erráticas formas de vuelo, él localizó y derribó a tres.
- ¿Quién puso a la pequeña Zay al mando? –señaló el supuesto tío.
- Funciona, ¿o no? –ella replicó- ¡Atentos! ¡Un transporte ha perdido el escudo!
- Los TIE se lanzarán en picada a ése –advirtió Shriv-. Estén preparados.
En instantes, cuatro cazas fueron disparados al transporte flotando indefenso en medio de la nada.
- Oh, no, ¡no lo harán! –gruñó Zay.
Atacaron a los TIE desde tres puntos distintos, éstos estallaron en su carrera por la gloria. Al mismo tiempo, los cinco restantes eran abatidos por el Halcón antes de que los otros transportes perdieran su escudo. Asegurándose de que ninguno quedase por rastrearlos, saltaron al hiperespacio de nuevo.
Jacen dio palmaditas de gratitud al X-Wing por resistir, con la mente nuevamente en Ajan Kloss.
Pero llegando al helado planeta de Burska, se encontraron con que eran los únicos rebeldes ahí.
La calma de Skywalker la ayudaba a mantener la mente despejada en el turboelevador. Sus amigos y Maz estaban en la nave, los sentía, e intentó ubicarlos por medio de la Fuerza. Frunció el ceño dimensionando la extensión del Supremacy. Había demasiada gente como para distinguirlos ahí.
Sí sentía la resolución en Kylo mientras subían. Sin la máscara, su rostro se cerraba inexpresivo frente al odio que sentía por el Jedi. Ella lo entendía, había visto a Skywalker a través de sus ojos, pero no podía dejar que sus emociones la inundaran. No cuando la Fuerza parecía danzar entre ellos.
Viendo de reojo a su maestro meditando, se preguntó si él lo sentía también. Apenas sosteniéndose de pie entre Kylo y Rue en el turboascensor, sus ojos se abrieron con más preguntas que respuestas.
- Pueden elegir, siempre –afirmó sintiendo la inquietud de la joven-. Nada ni nadie cambiará eso.
Ella cuidó no mirar a Kylo a los ojos cuando giró a verlos apretando los dientes. Ira. Resentimiento. Odio. Dolor. Ahnelo. Sus emociones afloraban antes de lograr reprimirlas. Rue debía huír antes de ser absorbida por ellas. Encontraría la forma, con Skywalker y su gente. Alzó la vista a examinar el techo.
No puedes huír de mí, Rue, susurró Kylo, sorpresivamente cerca. Sobresaltada, se giró a mirarlo.
Él seguía en el mismo sitio, y se estremeció al notar que el Jedi no había oído. La voz de Ren habló en su mente, pero no como la de la Starkiller, invasiva y aterradora. Ésta se sintió como una caricia...
Sacudió la cabeza. Él había usado a Maz, a sus amigos y a la Resistencia para probar que estaba dispuesto a ceder, si Rue le daba lo que quería. Pero la galaxia no podía perder a Skywalker. Volviendo a mirar al Jedi, vio que la arruga en su entrecejo volvía. Esposado, débil y sin su sable de luz, no podía contra Snoke. Pero alguien más podía intervenir, y dependería de ella tragarse su orgullo y persuadirlo.
Se acercó a Kylo. De espalda a la pared con los sables sujetos a una mano él se tensó sin moverse. Sus ojos la interrogaron cuando ella buscó su mirada. Quedando entre él y el Jedi, habló con suavidad.
- Te hicieron creer que no tenías opción, pero no es así. Estoy aprendiendo una forma de lidiar con la oscuridad, y tú también podrías. Puedes encontrar paz, lejos de este sitio y de Snoke...
Vacilación. Conflicto. Ahnelo. Pero le bastó una sola mirada al Jedi para recuperar la determinación.
- Skywalker no puede salvar a nadie. Pero yo tendré justicia. ¿Me detendrás tras lo que me hizo?
Ella miró sobre su hombro, esperando la intervención de su maestro. Éste volvía a meditar. Suspiró.
- Él puede ayudarte ahora –susurró, dando otro paso a él-. Snoke va a matarlo, ¿y luego qué?
- Habremos terminado con el último Jedi –su mirada ardía en un rostro por lo demás inalterable.
- ¿Y luego qué? –insistió, sosteniendo su mirada- ¿Eso te hará dormir tranquilo? Yo no lo creo.
- Luego, las cosas podrían ser distintas –insinuó con voz ronca-. Si eliges sabiamente.
Su corazón dio un vuelco al reconocer las palabras. Volteó a mirar al Jedi con expresión culpable. Él fruncía el ceño ahora, sus ojos abiertos alternando entre el rostro de su antiguo y su nueva aprendiz.
- Hay algo que debes saber Ben. Esto es más grande que nosotros. Snoke no es quien dice ser.
El turboascensor se detuvo, haciendo a los dos jóvenes sobresaltarse. Las compuertas se abrieron a un salón rojo, amplio y antinaturalmente frío. Recuperando la compostura, Kylo esperó a que el Jedi saliera para avanzar. Su mano enguantada la condujo firme por la espalda cuando Rue tardó en seguir.
El contacto la hizo estremecer, pero las protestas murieron en sus labios al mirar dentro del salón.
Maz había sentido minutos atrás la sacudida del Supremacy al salir del hiperespacio. Percibiendo a Rue cerca, concluyó que estaban en Ajan Kloss. Está con Luke, se dijo a sí misma. Él la mantendrá a salvo. Posponiendo su inquietud, se asomó a la rejilla del techo del laboratorio indicado por BB8.
Apagado, el droide estaba por ser intervenido por un técnico. Maz abrió la trampilla y saltó adentro, aturdiendo al humano y a los dos asistentes robot que lo atendían. Echando una ojeada alrededor, activó y liberó al astromecánico. BB8 se sacudió con rápidos y enojados pitidos. Se detuvo al verla.
- ¿Cómo te encuentras? –inquirió con suavidad- Diste una buena pelea, por lo que veo...
BB8 hizo un breve chequeo a sus circuitos. Todo en orden, bipeó. Maz enderezó su antena torcida.
- Bien. Porque debemos volver a conseguir los planos. O todo este caos será en vano.
Fue por una nueva tarjeta de datos entre las cosas del desmayado técnico, mientras BB8 buscaba una terminal. Maz se estremeció, volviendo a sentir aquel llamado de cuando miraba las estrellas en el Raddus. Su aventura estaba cerca, lo sentía en los huesos, y no se debía solo al dolor de espalda.
El astromecánico trinó al encontrar un sitio al cual enchufarse, ella le tendió la tarjeta de datos para copiar el mapa. Al acabar, se guardó el dispositivo en el bolsillo, revisando los planos en la holopantalla sobre la terminal. Vio que había un protocolo de seguridad activado debido a su intrusión. Concentraba refuerzos en los puntos vitales de la nave. Esperaban un ataque al Supremacy, no un escape masivo...
- ¿Crees que puedas abrir las celdas desde aquí? –tanteó Maz, calculando sus posibilidades.
El droide bipeó que debía hacerlo desde el sector de prisiones, ocho niveles abajo. Ella buscó el turboelevador más cercano. Se concentró en abrirse a la Fuerza para detectar si habían peligros cerca. Parecía tranquilo allá afuera. Ella no era Jedi, pero la Reina Pirata decidió confiar en aquella intuición.
- No nos queda mucho tiempo. Hay un turboascensor al final del pasillo. ¿Listo para rodar?
BB8 trinó, ubicándose junto a la salida del laboratorio. Maz abrió y oteó el exterior, despejado. Hizo una seña al droide, y con la protección de los blasters robados, se lanzaron al ascensor sin imprevistos.
Cuando las compuertas se abrieron en el nivel de prisiones, ya tenía un arma lista en cada mano. Los soldados custodiando la amplia recepción tardaron en mirar abajo, y Maz les abatió antes de pedir refuerzos. BB8 rodó sorteando los cuerpos caídos y se conectó al mesón que controlaba los accesos. En instantes, informó con un alegre pitido que había abierto y desactivado todas las celdas del sector.
Una chillona alarma se disparó acompañada de una intermitente luz roja. BB8 trinó lastimeramente.
- Están abiertas, es lo que importa –le sonrió-. Ve a la nave y asegura el escape. Yo iré por ellos.
El droide dio media vuelta y regresó por donde vino. A través de los corredores ahora despejados, Maz vio como algunos prisioneros se asomaban tímidamente por las compuertas. Entró al pasillo por el cual vio que se llevaban a Poe, esperando llegar a los jóvenes antes de que se armase el desastre.
- ¿Dónde están los otros? –preguntó Jacen, chequeando el radar con un nudo en el estómago.
- Tal vez solo se han retrasado... –Kaz fue el primero en romper el silencio que siguió.
- Sintonicen el canal de los transportes –avisó Shriv-. El Halcón tiene información que entregar.
El contrabandista lo hizo, manteniendo su inquietud a raya. Hera y Chopper estaban bien. Lo sabía.
- …lamento informar que el Ninka ha caído en Lenico IV –la voz de la general sonaba calmada, pero triste-. Es el único reporte recibido hasta ahora. Sé que estamos cansados y tensos, pero hemos llegado al punto de encuentro, y los sobrevivientes también lo harán. Les esperaremos.
- ¿Por cuánto tiempo? –inquirió uno de los pilotos de transportes- ¿Y a dónde iremos luego?
Se hizo una fugaz pausa, en la cual él dejó vagar la mirada por el negro espacio frente a sí. Burska flotaba en una esquina del transpariacero, totalmente indiferente al pesar de los rebeldes.
- Por todo el que podamos –resolvió Organa-. Ejecuten los diagnósticos correspondientes a sus naves. En base a éstos, seleccionaremos un lugar. Es nuestro deber seguir con la Resistencia, por aquellos que ya no están con nosotros. Les contactaremos en breve para oír los resultados.
Jacen cortó la comunicación y se puso a revisar el estado de la nave. Su mente volvía a Ajan Kloss. Aún tenía suficiente combustible para ir y volver. Distraído por esto, tardó en ver una señal del Halcón en la computadora. Era una línea privada. Buscó el carguero con la mirada hacia el espacio, intrigado.
- ¿General...? –aventuró.
- Estoy viendo la información de tu tarjeta de datos. Es la opción más cercana, puede que la única que alcancemos con nuestro combustible. Pero está en la frontera con el territorio Chiss. Dices que todo el planeta está abandonado. ¿Arriesgarías a la Resistencia entera por ello?
Su tono era mortalmente serio. Jacen sabía que si lo estaba considerando, era su último recurso.
- Está fuera de sus límites –aseguró solemne-. De otra forma, ya estaría muerto. O peor, preso.
Había pasado semanas recorriendo el lugar, por motivos menos nobles que el presente. Aún tenía escalofríos al recordar la soledad que sintió al bajar de la nave. Aquel planeta era territorio de nadie.
- Estaba libre hasta antes de Hosnian Prime. No queremos llegar a otro combate. ¿Será seguro?
- Lo será más que aquí. Burska no será seguro por mucho –hizo una mueca pensando en Maz, Poe y los Jedi, todos sabían del lugar-. La Resistencia necesita desaparecer para recuperarse.
- En eso, estamos de acuerdo... –Organa suspiró, pero se interrumpió-. Alguien ha llegado aquí.
A través del transpariacero, Jacen vio una nave recién llegada soltando una bocanada de humo al vacío del espacio. El Anodino se caía a pedazos, pero de algún modo había logrado dar el hipersalto.
El Espíritu iba con ellos. El joven contrabandista sintió que el alivio lo inundaba. Volvió a sintonizar el radiocanal colectivo, mientras él y el resto de los transportes se agrupaban alrededor para asistirles.
- …abatieron al Vigilia en Muzara –reportaba una voz masculina-. Dos escuadrones TIE nos siguieron desde Ajan Kloss, apenas logramos neutralizarlos antes de huír. Perdimos a todos nuestros cazas en Roxuli. Si somos todo lo que queda de la Resistencia, debemos movernos pronto, general. El Anodino no aguantará otro combate.
El Anodino no aguantaría otro viaje, se sintió tentado a decir. Al parecer, la general pensaba similar.
- Para el viaje que nos espera, debemos reorganizar los recursos que tenemos. Necesitamos las raciones y combustible que el Anodino pueda disponer. Solo naves del tamaño del Espíritu pueden llegar al refugio, ¿es así, Jacen? ¿Los cazas, los transportes, y el Halcón estarán bien?
Entonces Organa lo aprobaba. Su pulso se disparó al dimensionar la locura que estaban por hacer.
El chispazo de las baterías contra la compuerta soltó un humo denso en la celda, pero Nix seguía encerrada. No era como robar un speeder. Rezongó, arrojando su trabajo de horas contra la entrada. Éste rebotó y cayó al suelo, la compuerta se abrió, y alarmas se dispararon alrededor. La twi'lek saltó y se pegó a la pared del fondo del puro instinto antes de juntar valor. No había nadie del otro lado.
Alzando una ceja, se acercó con recelo. No había sido ella. Asomándose al pasillo, vio que todas las celdas estaban abiertas. Y que Phasma aún yacía en el suelo, con su blaster convenientemente a su alcance. Nix saltó a recogerlo, viendo que algunos prisioneros salían temerosos al corredor.
Estaba inconsciente, pero viva. En un arrebato vindicativo, consideró dispararle. Realmente lo hizo. No solo había torturado a Finn, también dirigió la matanza en Tuanul. Sacudió la cabeza, recordando a su familia. No los deshonraría de esa forma, la habían criado mejor que para matar por venganza.
Poe salió de su celda y se precipitó a su encuentro. Llevaba puesta una armadura de stormtrooper.
- Maz y BB8 lo consiguieron –sonrió, luego miró alrededor, preocupado-. ¿Y Finn?
Antes de echar a correr a Finn, le señaló la celda, viendo que Travis se les acercaba con vacilación.
- ¿Nix? –ella lo apuntó con el blaster y él alzó las manos con expresión inocente- Vamos primor, sé que las cosas se salieron de control allá abajo, pero no es para tanto. Tú no me dispararías...
El arma de Phasma solo contaba con modo letal, una cruel modificación para una cruel persona. Nix bajó el blaster y disparó al pie de Travis. Éste cayó al suelo, ahogando una exclamación de dolor.
- Y tú no irás muy lejos –replicó ella-. Luego de todo lo que has hecho, no mereces salir de aquí.
Esta vez estaba tranquila al confrontarlo, no solo por los rebeldes que delató y la gente de los bajos niveles que limpió. Travis se pudriría en prisión, que era lo que sacaba por usar a chicas como Kaya, y como ella. Nix ya no era la suave muchacha que él alejó de su familia. Ahora ella estaba a cargo.
- Vuelve a tu celda, o dispararé a tu cabeza –le gruñó, mostrando dientes y agitando lekkus.
Mirándola aterrado, él obedeció enseguida, recordando la última vez que Nix hizo aquello. Lo cierto era que la twi'lek no pensaba cumplir su amenaza, pero él no tenía por qué saberlo. Había una fina línea entre endurecerse y perderse a sí misma, y ella ya había decidido ser mejor que sus enemigos.
Cuando apartó la vista, vio que Maz corría por el pasillo hacia ella con una sonrisa de aprobación.
Imágenes borrosas acudían desordenadas al inquieto sueño de Finn. Una isla rocosa. Soldados de la Primera Orden entrenando. Un chico de pie en un establo. Myca luchando contra la marea... El joven era vagamente consciente de que Phasma lo había noqueado. En la confusa neblina de ideas, sueños y recuerdos, Finn sintió una presencia suave y cálida tocando su mente.
Despierta, Finn.
Abrió los ojos de golpe. La celda estaba vacía, pero la puerta estaba abierta. Aturdido, se preguntó por qué no entraban a torturarlo. La presencia luminosa le infundió calma, ayudándolo a disipar esos pensamientos. Con la mente despejada, se incorporó con lentitud. Aún temblaba y le dolía todo, pero...
- ¿Maestro Skywalker...? –susurró, sintiéndose un tanto ridículo. Una alarma lo ensordecía todo.
Esta es su única oportunidad de huír. Rue los encontrará luego.
Su corazón dio un vuelco al oírlo en su mente por segunda vez. Era real. El Jedi lo había contactado con la Fuerza, y él lo había sentido. El cuerpo le dolía horrores, pero se esforzó en llegar a la banqueta, apoyándose de ésta para ponerse de pie. Tuvo que sentarse cuando la celda osciló a su alrededor.
- ¡Finn! –desde la entrada, Poe lo vio en ese estado y corrió a sostenerlo- Finn, ¿cómo estás?
- Mejor que nunca –gruñó al chocar contra su armadura de soldado-. ¡Poe! ¿Qué haces aquí?
- Vine por ti, claro… -él se las ingenió para levantarlo- Nos escapamos ahora. ¿Puedes correr?
- No lo sabré hasta hacerlo, pero no perdamos tiempo. Skywalker me dijo que es ahora o nunca.
- ¿Hablaste con Skywalker? –saliendo de la celda, Poe frenó confundido- ¿Cuándo? ¿Cómo...?
- Más bien él habló conmigo, antes de que llegaras... Es un Jedi, no importa el cómo ahora...
- Cierto –retomó el paso-. Guarda energía, debemos volver a la lanzadera. Será un largo camino.
Nix y Maz los esperaban en el corredor, rodeadas de otros cautivos ansiosos de escapar con ellos. La twi'lek se puso al otro lado de Finn, mirándolo con preocupación. Maz le tendió a Poe un rifle blaster.
- Me encanta como siempre encuentras las cosas buenas –sonrió el piloto, luego se dirigió a los prisioneros-. ¿Alguno tiene ganas de unirse a la Resistencia?
Finn se tensó de pronto. Algo malo iba a pasar. Oyó a Nix sisear a un punto a sus espaldas. Apenas alcanzó a girarse a ver que Phasma se abalanzaba sobre ellos, cuando un rayo golpeó su garganta, el único sitio expuesto en su armadura. Cayó al suelo, muerta, y luego solo se oyeron las alarmas.
La mano de Nix temblaba sujetando el blaster, pero su mirada se mantuvo fija en la cruel capitana. Dando un hondo suspiro, dio a Finn un breve asentimiento. Phasma no volvería a lastimarles otra vez.
- Hora de irnos –anunció ella con voz tirante a los presentes-. Comandante Dameron, comanda.
Organizados por Poe, alrededor de noventa criminales influyentes, políticos, espías, exmilitares de la Rebelión y acaudalados detractores de la Primera Orden salieron del área de prisiones con relativa rapidez. De alguna forma el piloto había conseguido que no se disparasen entre sí durante el escape.
Finn se esforzó en seguir su ritmo, su cuerpo estaba torpe y adolorido mientras se acercaban a los hangares. Cada stormtrooper abatido significaba un nuevo fugitivo armado, y teniendo esto en cuenta, él miraba con suspicacia cada pasillo desierto que se encontraban. No eran muchos, pero los había.
- ¿Dónde están todos los stormtroopers? –preguntó en voz alta- ¿No les parece sospechoso?
- ¿Acaso te parecen pocos? –resopló Nix, que había relevado a Poe de sostenerlo unos cuantos corredores atrás cuando casi tropiezan con una nueva emboscada- ¡Cuidado!
Desde el pasillo que cruzaba perpendicular al suyo, una ráfaga de rayos los detuvo bruscamente.
- Están priorizando proteger las estructuras vitales –contestó Maz, disparando al pasillo lleno de soldados-. Activamos un protocolo, creen que Poe, BB8 y yo fuimos solo la distracción. ¡Já!
- ¿Dónde estamos ahora? –Nix abatió a uno que logró evadir a Maz- ¿Qué tan lejos de la base?
- Sospecho que estamos sobre ella. Solo espero que los rebeldes hayan huído a tiempo...
- Si es así irán a distintos sectores, luego se reagruparán en un punto de encuentro. Los conozco todos –Poe dio la señal de avanzar-. Daremos un par de saltos falsos e iremos al más probable.
- Debemos avisar a Rue y a Skywalker –apuntó Maz oteando alrededor-. Están en el Supremacy.
- ¿Están aquí? –Nix volteó bruscamente y él hizo una mueca de dolor-. No me voy sin ella.
- Skywalker me dijo que ella nos encontrará, pero debemos irnos pronto de aquí –Finn titubeó antes de agregar-. Él habló en mi mente en la celda. Soy sensible a la Fuerza.
Por lo que duraba un latido, Poe lo miró boquiabierto. Nix ya lo sabía. Maz apenas se giró a asentir; ella lo intuyó al conocerlo, y él sospechaba que bajo su serena atención al combate, pensaba en Rue.
- Siempre supe que eras extraordinario –soltó Poe, con un dejo de orgullo en la voz.
Y aunque los rayos rozaban sus cabezas con alarmante frecuencia, Finn se sintió algo más ligero.
Mirar a Snoke era como ver a un abismo sin fondo, cien veces más oscuro que el de Jedha. Desde su trono, estaba demasiado ocupado regodeándose en la debilidad de Skywalker como para fijar sus hambrientos ojos en ellos. Kylo la llevó a un costado del salón y se arrodilló en actitud sumisa mientras la guardia pretoriana del Líder Supremo apuntaba al último Jedi con sus sofisticadas armas.
- Bien hecho, mi hábil aprendiz –su profunda voz resonó en todo el espacio-. Finalmente me has traído a Skywalker. O lo que queda de él. Debo reconocer que estaba esperando... algo más.
Modestamente de pie en medio de los ocho guardias, el Jedi se tomó su tiempo para ver alrededor.
- Snoke... –saludó con ironía, y se volteó a sus hombres-. Esta es su última oportunidad de irse.
Rue se enderezó. Él tenía un plan. Esta certeza se hizo añicos cuando Snoke soltó una cruel risa.
- ¿Y con qué poder piensas cumplir tus amenazas? No eres más que una cáscara vacía.
- Curiosa elección de palabras... –entornó los ojos, intrigado-. ¿Cómo es que sigues con vida?
- Subestimas el poder del lado oscuro -replicó éste con voz socarrona-. Hoy, por última vez...
Pero rodeados como estaban de enemigos, Rue no podía distraerse oyendo esas fanfarronadas.
- Él puede enseñarte balance –susurró a un inquieto Kylo tras ella-. No dejes que lo mate...
- ¡Y la historia se repite...! –la atronadora voz de Snoke llegó hasta ellos-. Creí que serías más sabio, Skywalker, como para volver a entrenar a un discípulo de linaje oscuro. Ven, niña.
Sintió la agitación en Kylo, y palideció. Él no lo sabía. Rue se forzó a mirar a Snoke y quedarse ahí. Él esbozó una ruin sonrisa, y comandó a la Fuerza a atraerla. Sus pies rechinaron en el suelo mientras se resistía, pero finalmente el infeliz tiró de ella, dejándola caer como una muñeca de trapo frente a sí.
- Tu igual en la luz... –incorporándose con expresión desafiante, Rue notó que ahora Snoke se dirigía a Kylo-. El heredero de Vader y la hija de Mara Jade, la mano invisible del Emperador. Oh. Veo que he tomado a mi leal discípulo por sorpresa, demasiado distraído fantaseando con conseguir una aprendiz. Es irónico que haya seleccionado a su propio reemplazo...
Dolorosamente consciente del efecto de aquella burla en Kylo, Rue sacó el coraje para ser mordaz.
- No estoy interesada –espetó alzando la barbilla-. No eres un maestro, eres un sádico abusador.
Los fríos ojos de Snoke la diseccionaron viva. Solo la luz le dio el temple necesario para soportarlo. Notó con su visión periférica que el Jedi se acercaba a ella. Kylo era una muda tormenta en la Fuerza.
- Ya veo –el Líder Supremo etornó los ojos-. Serás un dolor de cabeza, como tu traidora madre...
Una alarma resonó en el salón, tensándolos a todos. Snoke activó un comunicador fijado al trono.
- Líder Supremo, lamento la interrupción –era la voz de Hux, el miserable de la Starkiller-. Los rebeldes han provocado una fuga masiva en la prisión, y tenemos un motín en el hangar 32.
Hasta que exhaló, ella no había notado que contenía el aliento. Maz y sus amigos lograron escapar por su cuenta. Los ojos de Snoke relucieron con frustración, para luego mirarla con algo más siniestro.
- ¿No estás interesada, entonces...? –se acercó al comunicador-. Vacíen el hangar.
- ¡NO! –exclamó horrorizada.
Un duro combate se había desatado entre soldados y fugitivos en el hangar. Nuevamente sujetando a Finn, Poe echaba una carrera interminable a la lanzadera con Nix y Maz cubriéndoles las espaldas. Una ráfaga de disparos los separó, y mientras los dos varones llegaban a la nave custodiada por BB8, ellas se quedaron atrás buscando cobertura tras un deslizador, un tanto bajo para la twi'lek.
- Sé que no es el mejor momento... -comenzó Nix, disparando a los soldados que les impedían salir- Pero quisiera saber tu opinión sobre Jacen Syndulla...
- ¿Por qué el interés...? –preguntó ella de vuelta, en tono juguetón.
Gastados sus blasters, Maz arrojó un cuchillo al stormtrooper más cercano. Éste se llevó la mano a la axila apuñalada, tirando su arma convenientemente al alcance de la anciana. Nix revisó cuántos soldados les quedaban antes de volver a cubrirse tras el deslizador. Suspiró recordando la infinidad de rastreadores que les plantó Jacen, para no aparecer a rescatarlos con Poe, BB8 y Maz.
No era que Nix necesitase ser rescatada por él, pero habría sido un lindo gesto de su parte.
- Si sobrevivo a esto, quiero tener clara mi decisión de perdonarlo, o de molerlo a golpes.
Sonó como Rue, y se sonrió. Alrededor, otros grupos de prisioneros abordaban naves, sorteando los rayos con la fiereza o desesperación de alguien que no tiene intenciones de volver a su encierro.
- Cuando sobrevivas a esto, cielo –la corrigió Maz con una mirada cómplice-. Es un buen hombre como su padre, aunque un tanto descarriado. Ahora, si quieres saber por qué no vino aquí hoy, yo apostaría a que es porque creyó que salvaría más personas quedándose en Ajan Kloss.
Lo que cualquier romántica desea oír. Tal vez el romance estaba sobrevalorado. Nix hizo un mohín, viendo como Poe volvía a salir de la lanzadera rifle en mano a despejarles el camino del otro lado.
- Haré ambas, entonces –bufó.
Maz soltó una risotada. En eso, su camino a la lanzadera quedó momentáneamente libre, y con un asentimiento, ambas corrieron a ella. Dos naves ya habían dejado el hangar, y unos cuantos fugados subieron a la suya aprovechando el caos de disparos yendo y viniendo. Poe les cubrió las espaldas.
Una de las lanzaderas vecinas estalló con el fuego de los soldados. Nix dio un rodeo para evitar el calor y una alarma resonó en todo el lugar. De pronto la twi'lek notó que Maz ya no iba detrás de ella.
Paralizada a medio camino, observaba alrededor con expresión inquieta. Giró bruscamente a ver arriba, y siguiendo su mirada, Nix distinguió a un tieso hombre pelirrojo, mirándoles desde un ventanal. Éste alzó una mano, como dando una señal...
- ¡NIX, MAZ, CORRAN! –exclamó Finn, agarrando a Poe desde la compuerta de la nave.
Una fuerza indescriptible la levantó del suelo y la empujó sin ceremonias a la lanzadera. Nix cayó sobre Finn y Poe con un golpe que le cortó la respiración, y la compuerta se cerró tras ellos. La nave se agitó y sacudió con estruendo sobrecogedor, y se oyeron gritos, maldiciones y alarmas desde la cabina. En shock, vagamente registró que Poe fue en esa dirección, estrellándose contra las paredes por los violentos cambios de trayectoria.
Pero la conmoción de Nix nada tenía que ver con ser arrojados al espacio por la apertura de las membranas del hangar. Miró horrorizada alrededor. Maz Kanata no subió con ellos.
Maz lo sintió antes de ocurrir, y tuvo instantes para actuar. Ella estaba demasiado lejos, pero Nix aún tenía oportunidad. Cerró los ojos, despejó la mente y dejó que la Fuerza fluyese por ella, haciendo lo único que estaba en su poder. Extendió su arrugada mano y empujó a la twi'lek adentro de la nave.
Luego cerró la compuerta, y todo el hangar, fugitivos y soldados, salieron despedidos al espacio.
La anciana no batalló contra el silencioso caos alrededor, sabía que pasaría más temprano que tarde. La Reina Pirata juntó sus tesoros con tiempo y amor, y una bienvenida paz la acunó cuando finalmente pudo dejarlos ir, confiando en que el más preciado de todos estaría a salvo con Skywalker.
Abrió los ojos, sintiendo el llamado de las estrellas. Ahora, estaba lista para su nueva gran aventura.
Maz se disolvió en la Fuerza, y el doloroso vacío en su pecho emborronó todo a su alrededor.
No fue consciente de cómo los focos estallaron sobre ella ni de qué forma su maestro fue empujado a un lado. Como si estuviese dentro de un túnel, todo lo que veía era el rostro de Snoke contraído en una despiadada sonrisa… y su propias manos crispadas, extendiéndose a él con el fin de destruírlo.
Fue inmovilizada antes, dejando escapar un grito de ira mientras la guardia se ponía a la defensiva.
Los brazos de Kylo la apresaron con tal brusquedad que sus pies dejaron de tocar el suelo. Fuera de sí, Rue se debatió, pateó y rugió. Su corazón estaba roto y no descansaría hasta que Snoke sintiera al menos mil veces su dolor. Pero Ren no cedía, y lo implacable de su agarre comenzaba a asfixiarla...
...abrumada por su propia indefensión, la voz oscura se abrió paso, reptando dentro de su mente.
Venga a tu madre. Sus esposas se abrieron con un chispazo.
Un frío que quemaba sus venas le infundió la fuerza suficiente para soltarse de Kylo, cayendo de bruces al suelo. Miró a Snoke y gruñó, sintiendo su odio por él crecer como una marea incontenible.
- ¡Rue, no, recuerda tu entrenamiento!
La voz del Jedi se oía distante, pero no lo suficiente como para ignorarlo. Por mucho que deseara reventar a Snoke, por mucho que mereciera ahogarse en su propia sangre. Ella podía elegir, siempre.
Mátalo. Ella deseaba hacerlo, con cada fibra de su ser.
- Puedo sentir tu odio haciéndote más fuerte… -Snoke la observaba con avidez desde lo alto de su trono-. Tu maestro es incapaz de mostrarte el poder que puedes alcanzar con el lado oscuro. Mi generosa oferta sigue en pie...
¡Házlo! No. Ella elegía aferrarse a la luz.
En medio de la tormenta que la habitaba, tuvo un fugaz momento de cordura. Volteó a su maestro.
- Oigo la voz del lado oscuro –jadeó atropelladamente-. No es Snoke, ésta quiere que lo mate.
- Entonces es cierto… -levantándose, el Jedi la miró con sombría certeza. Se soltó las esposas, volviéndose a Kylo-. Cometí un terrible error al creerte perdido, estaba cegado por la oscuridad. No pude ver a tiempo que Snoke te utilizaba… justo como el Emperador lo está usando a él.
