Capítulo 16: Última Lección

- El Emperador está vivo, orquestando todo desde las sombras, haciendo su voluntad a través de Snoke. Él es la fuente del poder de tu maestro. Y tú, Ben, eres la clave de su venganza contra los Skywalker. Sigue este camino, y continuarás siendo su peón. Como fuimos nosotros.

Kylo palideció, un cataclismo desencadenándose en su interior. No. El Jedi mentía. O había perdido la razón. Pero su mirada brillaba con entendimiento, tan distinta a la que veía en sus pesadillas... La Fuerza se estremeció en el salón, y Ren clavó sus ojos como dagas en el deforme rostro de Snoke.

Llevaba años observando cada pequeño gesto en él para anticipar sus reacciones. Nunca lo había visto paralizado, tiñendo la Fuerza con temor. Duró un instante, suficiente como para concluír que era posible, y que su maestro no era tan infalible como creía. Dio un paso a Snoke, sacudido por la idea.

Y es que si era cierto, incluso librándose de él, tendría que enfrentar a un ser tan poderoso en el lado oscuro que había conquistado la muerte. Superarlo, o someterse a un nuevo maestro. Su pulso se elevó, preparándolo para luchar. Él solo tenía una certeza: no volvería a arrodillarse frente a nadie.

- ¡MENTIRAS! –rugió el Líder Supremo, aferrándose a su trono- El Emperador está muerto...

- Y también lo está el Snoke que yo enfrenté. Lo sentí morir, y aquí estás... eres un clon –dijo el Jedi, con tacto-. Él te implantó sus memorias y debilitó tu cuerpo para que cumplieras tu rol...

Snoke alzó una mano, y Skywalker fue arrastrado a los pies del trono. La ladrona hizo ademán de ir tras él, pero Kylo la atrajo hacia sí con la Fuerza, sujetando sus muñecas esta vez. La necesitaba.

Espera, susurró a su mente. La sintió debatirse desconsolada, y agregó con suavidad. No todavía.

Intuía una intención oculta en Skywalker y si bien su odio no cedía a sus patéticas excusas, sabría la verdad de "Snoke". El lado oscuro era fuerte, debía saber qué tanto. Sin quitar la vista de ellos sentía el pulso de la chica tan agitado como el suyo, pero él no tenía paz que ofrecer. Su furia se acumulaba.

El Líder Supremo se inclinaba sobre el Jedi, negando fervientemente con voz gutural. Fuera de sí.

- No, no, ¡No…! Fui yo quien quien levantó la Primera Orden de las cenizas del Imperio, guiando a los dignos a través de las Regiones Desconocidas. Yo les di la sabiduría para prosperar entre las sombras, yo los lideré a la victoria. ¡Y yo seduje a tu aprendiz al lado oscuro, quebré tu espíritu y acabé con tu Orden en un solo golpe! ¡Yo te he vencido, y tú, el último Jedi, morirás...!

- ¡NO! –la ladrona se zafó de Ren y atrajo con la Fuerza los dos sables olvidados en el suelo.

Alarmado, Kylo activó el suyo, consciente de que la guardia se cerraba mortalmente sobre la chica y él. El aire en el salón se cargó de estática cuando Snoke dirigió sus rayos de la Fuerza a Skywalker...

...el Jedi recibió el letal impacto con las manos en el pecho, deslizándose por metros. Extendió los brazos y los rayos fueron redirigidos a los ocho guardias. Murieron al instante dentro de sus armaduras diseñadas para repeler sables de luz y disparos, pero también, para freírlos ante una eventual traición.

Skywalker cayó de rodillas al suelo, volteando a sus aprendices. Traspasando a Kylo con la mirada.

- Yo no soy el último Jedi.


Los ojos de Rue y su maestro se cruzaron fugazmente. Él fijó la vista tras ella. Siguiendo su mirada, la joven se volteó a ver a Kylo mientras el aire volvía a cargarse de estática. Se veía tan desorientado...

- Ben... –muerto no podía volver a la luz. Sus ojos se encontraron, pero él no reaccionaba- ¡Ben!

No fue una decisión, fue un instinto que se apoderó de ella, dándole impulso suficiente como para arrojarse a su cintura y derribarlo. Los rayos azules pasaron por sobre sus cabezas mientras ambos caían, pero antes de tocar el suelo él la repelió con la Fuerza lanzándola lejos, hasta el muro del fondo.

Snoke dirigió furioso una nueva tormenta de rayos a Kylo, pero el letal ataque nunca llegó a tocarlo.

El Jedi se incorporó una última vez, interponiéndose en su trayectoria. Envuelto en los rayos azules, los observó con una profunda paz antes de desvanecerse en el aire, su túnica vacía cayendo al suelo.


Cuando finalmente la lanzadera se estabilizó, Finn quedó tendido en el frío piso de metal jadeando por aire. Su cuerpo dolía, era cierto, pero aquel dolor no era el único que sufría. Conmocionado, cayó en la cuenta de que la inexplicable opresión en su pecho se debía a las muertes del hangar. Las sentía.

- No, no, no... ¡no! –sollozaba Nix, buscando en vano alrededor- Maz se ha ido. Se ha ido, Finn...

- ¡Chicos…! –exclamó Poe desde la cabina, y la nave volvió a agitarse- ¡Necesito ayuda aquí!

Recibió la noticia como un balde de agua fría. Tantas vidas extinguidas en segundos, pero ninguna pérdida era tan dura como la de la Reina Pirata. Se sacrificó por ellos, pero aún corrían peligro ahí. Se levantó con dificultad, alcanzando una de las manos de Nix. Ésta se volteó con lágrimas en los ojos.

- No puede ser en vano –le recordó él-. Debemos seguir luchando. Me enseñaste eso en Jakku.

Sorbiéndose la nariz, Nix asintió y lo ayudó a incorporarse. En la cabina Poe y un zabrak de aspecto intimidante se debatían por mantener la nave íntegra, perseguidos por un enjambre de cazas TIE.

- Nix, te necesito de copiloto. Ross, ¿serías tan amable de hacerte cargo de los cañones?

El malhumorado zabrak cedió su asiento a Nix entre maldiciones, pero tomó control de los cañones y disparó con ferocidad. Finn se dejó caer en una silla junto al panel de comunicación, la cabina entera dándole vueltas. A través del transpariacero vio que estaban en Ajan Kloss, su órbita cubierta de una inquietante cantidad de escombros.

- ¿Qué pasó aquí? –preguntó Nix, familiarizándose con el tablero- ¿Y cuál es el plan, Poe?

- En resumen, el Raddus, un destructor estelar y un dreadnought han caído y nuestra base ha sido bombardeada. Los radares no detectan naves rebeldes en el planeta o alrededores. En el mejor de los casos, el resto de la Flota de la Resistencia escapó a tiempo. Daremos el primer salto en cuanto nos hayamos librado de unos cuantos cazas. Nos cubriré con esos escombros.

- Buscaré los sistemas de rastreo para desconectarlos... –anunció Finn, sintiéndose inútil. Luego notó que había un astromecánico de la Primera Orden conectado a una terminal- ¡Oye, tú!

La unidad BB se giró emitiendo una sarta de bipeos que sonaban casi ofendidos cuando lo apartó.

- Es BB8, está pintado –explicó Poe, sorteando pedazos de metal y escombros del tamaño de casas-. Fue idea de Maz para poder escabullirlo y conseguir el… Kriff, el mapa del Supremacy.

El estómago de Finn se cerró al recordar que su misión había fallado. BB8 trinó algo en respuesta.

- ¿Maz consiguió otro? –el piloto soltó un suspiro alivio-. Ah, como quiero a esa anciana.

Un denso silencio llenó la cabina, solo llenado por los gruñidos de Ross al disparar a los cazas.

- Ella no alcanzó a subir, Poe –informó Finn-. Cerró la compuerta tras empujar a Nix. Lo siento.

El astromecánico silbó con tristeza, y el joven vio como el piloto rebelde dejaba caer los hombros.

- Oh. Entiendo –masculló con voz ronca. Tras un largo silencio, agregó-. Larguémonos de aquí.

Finn vio con aprehensión como Poe accionaba el hiperpropulsor, y las estrellas del espacio daban lugar al túnel de luz del hiperespacio. El Jedi le había dicho que Rue los encontraría, pero la idea de dejarla atrás en el Supremacy no le gustaba para nada. Especialmente ahora. Ella estaría devastada...

Como reforzando esta idea, Finn sintió repentinamente una nueva opresión en el pecho. Palideció con una sombría certeza, y tuvo que inclinarse hacia adelante a reposar su cabeza entre las manos.

- ¿Qué sucede, Finn? –Nix se apartó del sitio del copiloto y se acuclilló junto a él- ¿Estás bien?

- No lo sé. Yo... –tomó una bocanada de aire-. No me siento muy bien.

- Deberías recostarte –sugirió Poe, mirándolo con preocupación-. Te ves terrible.

No quería decirlo en voz alta. No quería preocuparlos en vano. Él no entendía cómo funcionaba la Fuerza, pero algo en su interior le decía, no, le gritaba que algo terrible había pasado en el Supremacy.

Pero volver ahora era un suicidio. Aquella misión a Kafrene había sido un total fracaso, torturados, sin los planos de la nave, sin noticias de la Resistencia, con terribles bajas, y sin Skywalker ni Rue a su lado. ¿Cómo se habían equivocado tanto? Finn estaba hecho polvo, pero él no pensaba recostarse.

- Lo haré cuando nos reencontremos con los Jedi y los rebeldes –replicó con un escalofrío-. ¿En dónde está el punto de encuentro, y cómo llegaremos allá sin que nos derriben en esta nave?

Frunciendo el ceño, Poe proyectó un holomapa en la consola. El zabrak volteó a mirar con interés.

- Les hablaremos por radio y rogaremos para que escuchen. Burska es la opción más probable, pero antes daremos unos saltos falsos para asegurar que no nos siguen. Aquí, aquí, y aquí...

- ¿Crees que Rue esté bien? –susurró Nix, abrazándose a sí misma cuando Poe se giró a la consola, dejándole a Finn el radio-. Digo, tiene a Skywalker, pero ella y Maz eran tan unidas...

El joven tragó saliva, imaginando el peor escenario. Si el Maestro Jedi realmente estaba muerto...

No matarían a Rue. No luego de ver los artificios de Kylo Ren y sus caballeros para rastrearlos en el bajo Coruscant, en Cuyacán y Kafrene. El recuerdo del aprendiz oscuro llevándosela a su nave en Takodana adquiría un matiz distitnto ahora, pero eso dejaba nuevas interrogantes en la mente de Finn.

¿Por qué el interés? ¿Por cuánto tiempo la necesitarían? ¿Y qué harían ellos para sacarla de ahí?

- Es fuerte –suspiró Finn-. Encontrará la forma de estar bien, y de salir. Y si no, la ayudaremos.

La Fuerza era real y los guiaba a todos con un propósito, Maz le había enseñado eso. Skywalker le había mostrado que ésta podía salvarlos en las situaciones más complejas, con algo de esperanza. Finn necesitaba confiar en ello, desesperadamente, porque el camino frente a él ahora estaba claro.

Debía aprender las formas de los Jedi, para guiar a las personas a la paz y la justicia, para alejarlas de toda esa masacre. Y para volver al Supremacy por Rue, si ella no escapaba por sus propios medios.


Fue una muerte pacífica, un destello de claridad en medio del caos que era la Fuerza. Pero Rue sintió que le arrancaban otra parte del corazón. Se llevó una mano al pecho, abrumada por la pérdida. La conmoción en Kylo era igual de intensa. No sintió el alivio que esperaba al verlo morir, solo un vacío más grande. Skywalker lo había protegido. A él. En un alarde de crueldad, Snoke soltó una carcajada.

- ¡El Jedi ha muerto! –su voz resonó en todo el salón-. Y con él, este sinsentido del Emperador.

Rue se levantó temblando de ira con un único propósito en mente. El mismo de Kylo. Se acercaron al Líder Supremo desde direcciones opuestas en actitud depredadora, sus cautos y lentos pasos se imitaban a la perfección. Snoke dejó de reír, viendo desde el trono como encendían sus sables de luz.

- ¿Creen que unidos podrán contra mí? La ladrona, que te reemplazó frente a tu antiguo maestro y familia... –se burló mirando a Kylo, luego sus fríos ojos se posaron en Rue-. Y el hombre que vulneró tu mente, el único sitio en el que aún estabas libre y a salvo de la Primera Orden...

El estómago de Rue se contrajo, recordando con náuseas a los espías. Kylo no era mejor que ellos, transgrediéndola como hizo en la Starkiller. Horrorizada, reparó en lo habituada que estaba ahora a su presencia en su mente, tan íntima que casi olvidaba que él seguía tomando de ella lo que quería...

Ella se erizó, y Kylo también. Ambos estaban retorcidamente al tanto de los sentimientos del otro.

Ren se sentía agraviado. Tan solo en el turboelevador, Skywalker mostró más afecto y aceptación por ella que por él en toda su vida. El distante Jedi la amaba como a una hija pese a ser una embustera, pese a sus arrebatos de violencia, y pese a su tendencia a la oscuridad. Ella lo eclipsaría donde fuera...

Pero su vínculo en la Fuerza era su única ventaja contra Snoke, y en una mirada lo acordaron así.

- Oh, ¿creen que su alianza es voluntaria? –canturreó el Líder Supremo con sorna- ¿Un designio de la Fuerza, quizás? No se ilusionen. Yo fui quien unió sus mentes, a fin de saber quién es el más digno de ser mi aprendiz. Combatirán, ahora, y solo uno de ustedes sobrevivirá la prueba.

Por supuesto que su vínculo no era real. Se miraron de reojo, el mismo desencanto reflejado en el rostro del otro. El Líder Supremo manipuló sus mentes y los dejó sin nada que perder. Oh, pero ellos lo harían lamentarlo. La Fuerza se arremolinó entre ambos, como cerrando la brecha que los separaba.

- ¿Y si nos negamos? –escupió Rue-. ¿Se te ocurrió pensarlo siquiera, maldito infeliz retorcido?

- No está pensando en absoluto –Ren ladeó la cabeza-. Es sólo una marioneta después de todo.

Un espasmo de cólera cruzó el rostro de Snoke. La idea lo desquiciaba, era incapaz de aceptarla.

- Si deciden desafiarme y continuar hablando tonterías... morirán... lentamente.

Rayos brotaron de sus manos y no hubo tiempo a pensar. Rue canalizó su ira a través de la Fuerza para ordenar al suelo a protegerlos, como no pudo hacer con quienes amaba. El metal se levantó y deformó frente a ellos con un estruendoso chirrido, cubriéndolos. De haberla usado así antes habría salvado a su gente. Estimulada por el frío poder fluyendo por sus venas, arrojó los desechos a Snoke.

Éste los desvió con un perezoso gesto de la mano, y Kylo comprimió el trono con el mismo violento ímpetu. Snoke apenas reaccionó a bajar de ahí, primero incrédulo, luego lívido. Su rostro se contrajo.

- ¡Insolente! –rugió, arrojándole nuevos rayos azules.

Kylo esperaba ese momento con ansias. Unidos al fin por su enemigo común, la Fuerza fluía entre Rue y él como un torrente. Su poder amplificado le permitió frenar el rayo con su sable de luz rojo. Los ojos de Snoke se agrandaron de sorpresa. Él intensificó su ataque, y Ren salió despedido hacia atrás.

Rue había rodeado a Snoke en el intertanto, y lanzó un mandoble a su espalda. Él giró y descargó su furia contra ella. Su vínculo a la mente de Kylo le dio la técnica, como ocurrió al evacuar Ajan Kloss. Cruzando los dos sables de luz de Skywalker, repelió los rayos con su propio poder al fin desatado. Pero el Líder Supremo era más fuerte. Fue arrojada lejos, mientras un implacable Ren volvía al ataque.

Estaban sincronizados en la Fuerza, poseídos por ésta, llevando una danza que no daba respiro a Snoke. Kylo le lanzó las vibrogujas de la guardia muerta, pero él las frenó en el aire, aún de espaldas. Le devolvió las armas, y Ren las esquivó con un giro de Zama-Shiwo. Recuperando el control de las cuchillas, usó aquel impulso para volver a arrojarlas. El Líder Supremo giró a pararlas a palmos de sí.

Se encogió cuando un cuchillo aterrizó en su hombro. Siseando de furia, lo arrojó de vuelta a Rue. Ella jadeó apartándose y Kylo sintió su dolor, pero repentinamente paralizados, fueron arrastrados por el suelo hasta quedar frente al Líder Supremo. A su merced. Con la respiración entrecortada, éste los miró hacia abajo con ojos desorbitados, una mancha oscura tiñendo el dorado de su túnica.

- Bueno... –soltó con voz tensa-. Tal vez les subestimé. Pero esta demostración ha sido inútil.

Esta vez, los rayos de la Fuerza los impactaron directamente. Libres de parálisis Kylo y Rue gritaron y se retorcieron, cada músculo en sus cuerpos ardiendo por la corriente. En aquel dolor, sufrían como uno, y Ren la sintió desfallecer. Con gran trabajo, llamó con la Fuerza al foco sobre él a caer en Snoke.

Los rayos se detuvieron cuando el Líder Supremo desvió su trayectoria, y Kylo se levantó a duras penas. Rue se quedó ovillada en el suelo, aún aturdida por aquel nuevo nivel de tortura. Saboreando el sufrimiento de ambos, Snoke pasó por sobre ella en dirección a Ren, dedicándole una cruel sonrisa.

- Deja que esto sea una última lección, mi aprendiz... –inmovilizó a Kylo, haciéndolo arrodillarse frente a sí-. Me has probado tu valor trayendo a Skywalker. Pero ahora, ya no eres útil para mí.

Distráelo, lo apremió la suave voz de Rue, dentro de su mente. Luego, dejó de sentirla en la Fuerza.

- No... –jadeó, su estómago contrayéndose. De espaldas a ellos, la chica ya no se movía- ¡No!

Kylo Ren definitivamente no estaba preparado para eso, su emoción fuera de control hizo reventar las máquinas cercanas a él. Un diminuto rincón en su mente; y él deseaba con todo su ser que pasara inadvertido bajo la soberbia mirada de Snoke, sentía el instinto de dejar que él viera lo que quería ver. A su aprendiz, derrotado. Fulminó al Líder Supremo con la mirada, el odio quemándole las entrañas.

- Qué desperdicio de poder –resopló él, sus calculadores ojos fueron de Rue a Kylo con avaricia frustrada-. Éste habría sido un escenario favorable para ti... de no ser por tu reciente deslealtad.

...solo cerrada a la Fuerza, Rue fue capaz de soltar su ira y pensar con algo de claridad. Se permitió un momento para recuperarse, respirando lo menos posible. Aquello era un reto, considerando el dolor punzante en el vientre ahí en donde Snoke le clavó su cuchillo. Intentaba no reparar en ello, ni en sus músculos agarrotados por los rayos, ni en la fatiga que la reclamaba por momentos...

Era más sencillo mantenerse fuerte con el poder del lado oscuro, pero sabía que no podría hacerlo por siempre. Aún debía traer a un vengativo Kylo de vuelta a la luz, a puñetazos si debía. El sacrificio de su maestro no podía ser en vano. No si el Emperador realmente estaba detrás de todo aquello.

- Me hiciste un monstruo –siseaba Kylo con rencor-. Me hiciste creer que la oscuridad me eligió para la grandeza. Para ser el heredero de Vader. Solo buscabas quebrar a Skywalker. Me usaste y me quitaste todo. Ahora vas a necesitarme, clon, si esperas sobrevivir al Emperador...

- ¡Él está muerto! –cegado por su miedo, Snoke volvió a usar los rayos contra él- ¡Yo prevalezco!

Escuchó a Kylo gritar de dolor. Lentamente, se giró a observar a Snoke. Él le daba la espalda, Rue rogó porque ninguno de los dos la viese moverse. Contuvo el aliento para no ser oída, pero también para soportar su herida, y buscó alrededor con la mirada. Todas las armas estaban lejos. Cerrada a la Fuerza, la única a su alcance era la incrustada en ella. Con sombría determinación, tomó la decisión.

Tendría que confiar en Kylo. En que él arreglaría ese desastre. Ya estaba muerta de todas formas.

Se levantó tambaleante con el sigilo de años escabulléndose en el castillo de Maz. Si la Fuerza era generosa, tal vez pronto estaría con ella. Caminó a duras penas hasta quedar a palmos de Snoke, demasiado absorto torturando a Kylo como para detectar el vacío. Con una mueca se quitó el cuchillo de la herida tomando impulso para apuñalarlo. Del dolor, perdió el enfoque para bloquear la Fuerza.

Con ello Snoke detuvo los rayos y se volteó alarmado. Desde el suelo Ren vio la escena con horror.

Rue clavó el cuchillo en su estómago, pero fue brutalmente empujada con la Fuerza hasta quedar suspendida en el aire, incapaz de respirar por una mano invisible cerrándose alrededor de su garganta.

- ¿¡Cómo te atreves!? –rugió Snoke furioso, quitándose el cuchillo como si nada- Sucia ladrona...

Detrás de él, Kylo atrajo dos sables de luz y le cortó las piernas en un borrón rojoazul. Snoke cayó al suelo aullando de dolor y su agarre sobre Rue se desvaneció. Tosiendo y jadeando, ella aterrizó de pie, pero sus piernas fallaron cuando la herida en su vientre protestó. Estaba sangrando profusamente.

El Líder Supremo giró a destruír a Kylo con sus rayos, pero con un arco de plasma rojo, éste cortó sus manos, haciéndolo gritar nuevamente. La piel de Rue se erizó sintiendo el despiadado instinto de Ren. De pie frente a Snoke, con una mirada glacial, éste cruzó los dos sables de luz sobre su garganta.

- Gracias por la lección. Ya no eres útil para mí.

Con un corte, la cabeza de Snoke cayó y rodó unos metros por la habitación. Ésta se mantuvo fría.


La diezmada Flota de la Resistencia casi los vuelve chatarra espacial cuando llegaron a Burska, el radiollamado había sido su salvación. Con los ojos irritados de llorar por Maz y por su amiga Rue, Nix vio a través del transpariacero las escasas naves esparcidas por el negro vacío del espacio. ¿Era todo lo que quedaba? Se abrazó a sí misma, sintiéndose en parte responsable. Travis había hecho eso...

No. Kylo Ren lo hizo. Pudo elegir a Nix o a Finn, su ex solo había sido el más fácil de romper. Con sus artes oscuras, él debió percibirlo antes de abrir la celda de la twi'lek. Ahora, solo quedaban ellos.

- ...los radios fueron un caos los primeros minutos –la voz de Connix sonaba débil mientras informaba a Poe-. Ahora debemos asumir que todos los demás refugios están comprometidos.

Se hizo el silencio a través del radiocanal. El escuadrón de Poe sobrevivió de milagro en Muzara, llegando poco antes que ellos. Pese a esto los labios del piloto estaban apretados en una dura línea.

- Las pérdidas son inevitables en la guerra, comandante –agregó con tacto la general Organa, interpretando el silencio de Dameron-. ¿Cuántas personas escaparon del Supremacy?

- Alrededor de veinticinco, dispersas en tres lanzaderas y unos cuantos cazas. Por seguridad no les di esta ubicación, pero prometí contactar a algunos más adelante. En esta nave hay doce nuevos reclutas, y dos espías de Holdo, capturados hace semanas...

Catorce, versus los cientos que habían perdido. Nix vio a Finn, apretando los dientes junto al radio.

- Y desconocemos el estado del Maestro Skywalker y Rue –finalizó su amigo, frunciendo el ceño en protesta-. General, solicito permiso para tomar una nave y volver al Supremacy por ellos...

- Solicito permiso también –saltó Nix enseguida. Finn la miró con dureza-. Si tú vas, yo voy.

- Y yo también –agregó Poe, cruzado de brazos-. ¿Alguna idea para entrar sin que nos maten?

- Enviaremos un grupo entero, pero con la debida preparación –interrumpió Leia, un dejo tenso en su voz-. Sé que es difícil. Pero debemos seguir avanzando, nos reagruparemos en el refugio ofrecido por Jacen, el resto de las naves están terminando sus preparativos. La Primera Orden declarará el fin de la Resistencia, y nosotros debemos sobrevivir para probarles que no es así.

Un crujido en el radiocanal les indicó que alguien más se había unido a la conversación.

- General, las naves están listas. He enviado a todos las coordenadas y saltos a realizar para que cada una tenga un margen de tiempo suficiente a maniobrar en las partes complicadas.

El pulso de Nix se elevó al reconocer la voz. Jacen se había quedado a ayudar. Sacudió la cabeza, posponiendo su alivio. Rue seguía en el Supremacy, y por lo pronto no había nada que ellos pudiesen hacer. La twi'lek veía en la preocupada mirada de Finn que algo andaba mal en la Fuerza, pero forzándose a ser racional, resolvió que mientras más pronto se reagrupasen, más pronto irían por ella.

- Suena como un camino endemoniado –comentó Poe, frente a los datos enviados por Jacen.

Nix se asomó tras su espalda a mirar el monitor, y alzó las cejas leyendo la información. Pasarían a través de un cúmulo de estrellas, en un sector que no contemplaba ninguna ruta hiperespacial.

- ¿¡Intentas matarnos!? –exclamó, un par de octavas más altas de lo usual.

- Nix... –la voz de Jacen sonó estrangulada-. Me alegra que estén a salvo, lamento tanto lo que hice... yo planeaba... pero la invasión... y los niños...

- Dejaremos al Anodino esperando rezagados, Jacen –indicó Organa, apremiante. No era ni el lugar ni el momento-. En el mejor de los casos, Rue estará entre ellos. Poe, ¿crees que puedas manejar ese camino en una nave de la Primera Orden?

El hecho de que la general tuviese tanta esperanza en Rue hizo a Nix sentirse ligeramente mejor. Mirando a Finn tenso, vaciló. Pero Poe puso una mano en su hombro dándole una mirada alentadora.

- Nosotros podemos volar lo que sea, ¿no es así, Nix?

Tamborileando sobre el tablero, decidió que cualquier cosa que la ocupase serviría para bajar su ansiedad. Manejar una nave era una forma familiar de crear una ilusión de control. Era buena en ello.

- Por el bien de Jacen, espero que estés en lo cierto.

El aludido carraspeó, sonando particularmente tenso al hablar.

- Sintonicen la frecuencia de los transportes y ténganla encendida, porque será un viaje movido.


Kylo apagó sus sables con la respiración agitada, y fue a los restos del trono de Snoke, pateando distraídamente su cabeza cercenada en el trayecto. Una fría ambición teñía su rostro al pensar en que aquella victoria era solo un preludio. Debían actuar rápido para asegurar el poder de la Primera Orden. Él tomaría el lugar del Líder Supremo, y usaría sus recursos para encontrar y destruir al Emperador. Renovarían la galaxia entera...

- No dejaré que sigas este camino.

Escuchó el zumbido de un sable de luz activándose detrás de él, la voz de su portadora destilaba angustiada obstinación. Dejó escapar un suspiro, apretando las manos en torno a sus propias armas.

- No quiero matarte, Rue –advirtió con voz contenida-. No me obligues a hacerlo.

Realmente no quería tener que hacerlo. Volteándose a mirarla vio que ella, temblando, también lo percibía. Ahora solo quedaban ellos dos, y juntos, eran más fuertes que nadie. Bajo el brillo verde del sable de luz, sus finos rasgos pasaron de la determinación a la duda, y de la duda a la desesperación.

Luego su rostro perdió toda expresión, y se desplomó en el suelo, el sable apagándose al caer.

A metros de distancia, un petrificado Kylo la sintió perder la consciencia. Dio unos pasos vacilantes a ella, pasos que se volvieron zancadas. Se estaba desangrando por la puñalada, llevaba minutos así. Arrodillándose a su lado, la giró con suavidad. La sangre empapaba su ropa y el suelo...

- Idiota –siseó, sus manos vacilaron inútiles antes de presionar la herida-. Idiota, idiota, idiota...

No sabía si le hablaba a ella o a sí mismo, atormentado por el dilema. No podía reclamar el trono y llevarla al ala médica. Y aunque sortease a toda persona desde ahí hasta el otro lado del Supremacy, la chica estaba demasiado débil. Apenas respiraba. Ni el poder del lado oscuro podría salvarla ahora.

¿Entonces cuál era el sentido? Volvió a sisear impotente, mirando alrededor, el pulso agitado por la desazón. Todo el conocimiento para engañar, herir e intimidar, inútil ahora. Respiró hondo intentando calmarse, y contuvo el aliento al sentir aquel cosquilleo cálido en su interior. Reparó en que no solo no quería matar a la chica. Él quería salvarla. Más de lo que quería el trono. Kylo sabía bien que el lado oscuro no la podía sanar. ¿Pero podría el luminoso...?

Cerró los ojos, sobrecogido por la idea. No. No una idea. Un instinto, que lo llenó de paz y propósito.

Entendió que ya había tomado aquella decisión.

Quería que Rue viviera. Debía dar algo de sí. Quitándose un guante ensangrentado, posó la mano sobre la herida de su vientre, resolviendo que no importaba qué debía ofrecer mientras funcionase. Al tocarla, sintió que algo aún los unía. Aunque fuese solo por instantes, despejó su mente de ideas y dejó que la Fuerza lo guiase. Fue tan fácil darle parte de sí a través de ésta, a través de la luz, hasta percibir que su respiración se acompasaba.

El cansancio lo inundó al apartarse, pero olvidó esto al ver que la herida en su vientre ya no estaba. Miró su propia mano, una inusual calma lo sostenía pese al agotamiento, el dolor y la tortura. Era la luz, envolviéndolo, ofreciéndole una segunda oportunidad. Snoke mintió, era posible volver...

- Volver a qué... –se reprendió antes de siquiera sentir esperanza-. Soy un monstruo. No puedo.

Por mucho que quisiera. Sus ojos se humedecieron anhelando el hogar que destruyó. Tal vez era posible volver a la luz. Pero era imposible volver a su familia, incluso si era cierto que aún le amaban. La idea se sintió como una daga en su propio vientre. No. No podrían, después de todo lo que hizo. Jamás volvería a ser como antes. Pero aunque merecía ese castigo, no quería seguir en la oscuridad.

...sintió una presencia acompañándolo en la Fuerza, y alzó la vista. Un hombre, el eco transparente de uno, se paraba frente a él con expresión serena. Nunca antes había visto un Espíritu de la Fuerza, pero había oído de ellos y reconoció éste al instante. Anakin Skywalker. El real, asumió con amargura.

Éste inclinó la cabeza a modo de saludo. A Kylo le pareció más bien una burla. Apretó los puños.

- ¿Por qué ahora? –espetó entre dientes- ¿Tienes idea de cuántas veces he buscado tu guía?

Su abuelo tenía rasgos nobles, tan distintos a los que imaginó. Éste le dedicó una mirada apenada.

- Me buscabas en la máscara de Darth Vader. No podía llegar a ti a través de tanta oscuridad.

Kylo desvió la mirada. Había escuchado mentiras de aquella máscara, todo ese tiempo. Y bajo la suya, había hecho tanto daño. Irreversible. Imperdonable. Había matado a su padre… la cicatriz en su pecho ardió, junto con la ira y la culpa que lo consumían desde entonces. No podía traerlo de vuelta.

Lágrimas amargas cayeron por su rostro. Cómo vivir consigo mismo después de eso, cómo tener la audacia de volver a la luz y ver a su madre a la cara... No podía. Ya la había lastimado lo suficiente.

- Es inútil que vengas ahora... –susurró con voz rota-. Mira lo que he hecho. Es demasiado tarde.

Las voces del lado oscuro se lo habían susurrado infinitas veces, mentiras, que forjaron su realidad. Sus cansados ojos vagaron por el trono, el frío volviendo a acariciar su piel con promesas de grandeza. Luego de darlo todo al lado oscuro, su recompensa estaba al alcance de su mano. Merecía obtenerla. Pero más importante aún, merecía vivir la vida de sufrimiento y miseria que él mismo se había creado.

- No lo fue para Vader –señaló él-. Pero tú, Ben, a diferencia de mí, aún tienes la posibilidad de un futuro en la luz. El daño que causaste, terrible como es, tendrás una vida para enmendarlo.

- Mientras mi destino sigue reclamado por la luz, la oscuridad, el Emperador y sus títeres –su rabia dio paso a la incertidumbre, fijando la vista en Anakin-. ¿Está vivo? ¿Detrás de todo esto?

- Lo está –replicó él, grave-. Encontró la forma de volver. Ahora para vencerlo debes aprender balance, y reclamarte tú mismo. Eres ambos, Ben, luz y oscuridad como los primeros Jedi. Esa clase de poder es impredecible. No es una senda fácil, pero si la eliges, no la seguirás solo...

Kylo enmudeció, su pulso acelerándose. Ahí estaba de nuevo, la estúpida esperanza. Él solo tenía que aceptarla. Sus ojos fueron inevitablemente a Rue. Maz Kanata le confió que estaban destinados, antes de que Snoke los hiciera dudar. Pero había llevado a esa dañada chica a vivir un infierno, justo como su cruel maestro hizo con él. ¿Lo recibiría ella de vuelta?

- No despierta –miró al Fantasma, inquieto-. ¿Por qué no despierta...?

- Lo hará –lo tranquilizó éste con un suave asentimiento-. En dónde lo haga, dependerá de ti.

Frunció el ceño ante las infinitas posibilidades frente a él. Tenía tantas preguntas que hacer a su abuelo, y tantas emociones atrapadas en su pecho, pero la muerte de Snoke se divulgaría en minutos. Debía elegir. Pese al agotamiento que nublaba su vista por momentos, dedicó una última mirada a la chica. Apartando un desordenado rizo de su rostro, Kylo decidió que ya no quería ser un monstruo.

- Quiero volver a la luz –murmuró con voz ronca. Estaba tan cansado-. Dime qué hacer, abuelo.