Capítulo 1: Los Jedi Rebeldes (parte 2)

El constante zumbido de aquel cuarto de máquinas se había vuelto un inesperado pero bienvenido aliado para Finn. No solo porque disimulaba sus ronquidos a los técnicos que merodeaban los niveles inferiores del Supremacy, sino que también le permitía entrar en un profundo estado de concentración.

- Soy uno con la Fuerza, y la Fuerza está conmigo...

Abriéndose a la Fuerza en trance meditativo, sentía a los millones de seres a bordo de la capital móvil, desde los altos mandos sedientos de poder en la cúspide hasta los desesperados esclavos de las forjas de duracero debajo de él. Aceptó y dejó ir el sufrimiento que por instantes atenazó su corazón al compadecerse demasiado de ellos. Ya estaba haciendo todo lo que podía para que un día, no muy lejano ya, aquellos alienígenas capturados tuviesen la oportunidad de recuperar su libertad.

- ...soy uno con la Fuerza, y la Fuerza está conmigo...

Cuando su mente volvió a ser una con la corriente cristalina que era el lado luminoso de la Fuerza, se extendió aún más. El abarrotado planeta urbano de Coruscant se extendía por kilómetros debajo del Supremacy, agitándose con los miles de millones de seres de todas las especies que residían ahí. Toda esa vida, toda esa energía hecha materia sintiente, Finn la percibía como el murmullo de un río.

Éste río siempre se enturbiaba cuando la rotación del planeta hacía que el Supremacy pasara por sobre las ruinas del Templo Jedi de Coruscant. El joven aprendiz frunció el ceño. Asumía que se debía a la Gran Purga, pero también sospechaba que podría haber una construcción Sith debajo, como en cada templo antiguo que visitaron con Rue, Nix y Jacen antes de separarse para preparar esa misión.

Su estómago se encogió al pensar que, luego de aquella gran misión, apenas tendrían tiempo para entrenar juntos, ni hablar de volver a encontrarse con Poe...

- Soy uno con la Fuerza... -se recordó con amabilidad- y la Fuerza, está conmigo.

Respiró profundamente y dejó ir su ansiedad por la corriente cristalina que fluía a través de él, fuera de sí. Sería complejo, , pero encontrarían tiempo para todo mientras continuaban su búsqueda de la guarida del Emperador. El lado luminoso de la Fuerza los guió hasta entonces, y lo seguiría haciendo.

Presencias familiares se acercaban al cuarto de máquinas. Flotando a casi un metro del suelo en posición de loto, Finn perdió la concentración y la gravedad artificial de la nave lo reclamó de vuelta.

- ¿Finn? –susurró Jannah, asomándose entre dos generadores al oír el estruendo- ¿Estás bien?

Sobándose la espalda baja, él asintió mientras la joven soldado miraba alrededor con cautela. Tras ella, alrededor de una docena de stormtroopers esperaban en posición de firmes. A su señal también se quitaron los cascos siguiéndola a acuclillarse en el hueco de maquinaria que él usaba de habitación.

La mitad de ellos eran esclavos de las forjas usando armaduras robadas. Éstos fueron los primeros a los que convenció de aliarse a la UAL, desde que vivía como polizón y soldado ocasional en la nave. Aún no les contaba que era un aprendiz Jedi. Esperaba el momento apropiado, pero si Rue había conseguido la forma de infiltrar a más rebeldes, luego ya no habría tiempo. Tendría que hacerlo hoy.

- Es bueno verles –sonrió, y lo decía en serio. Extrañaba hablar con gente-. ¿Todo en orden?

- Encontramos a otros tres posibles candidatos –le informó Jannah-. Están a una advertencia de pasar por reacondicionamiento. Todos fueron testigos de lo ocurrido en el hangar 32...

- ...cree que son de fiar –agregó Peet, el más joven, recién salido de la academia-. Oh. Lo siento.

Dijo esto último girándose a Jannah. Tenía el mal hábito de interrumpirla, demasiado entusiasmado con el plan como para mantenerse quieto. Ésta lo reprochó con la mirada, mas no le dijo nada. Asintió.

- Eso está bien, mientras más, mejor –Finn se volteó al líder del grupo de alienígenas-. ¿Aaggo?

Todos ellos entendían básico, pero el insectoide que representaba al grupo era el único que podía pronunciarlo. Un problema de habla le permitía imitar los sonidos del idioma con un ligero ceceo.

- Eztamoz liztoz a la zenial –las pinzas de su boca se movían y chasqueaban al comunicarse.

Los otros chasquearon sus pinzas para demostrar acuerdo. Aaggo no era de muchas palabras, pero Finn agradecía de corazón su valentía y voluntad. El joven miró los rostros de todos los presentes.

- El momento se acerca, les avisaré en cuanto reciba la confirmación. Pero antes, hay algo que debo contarles. Soy un rebelde, pero también, un aprendiz Jedi –giró a los aliens, inseguro de si ellos conocían el término-. Usamos la Fuerza, como Snoke. Pero hacemos el bien con ella.

- Zabemoz... –éste replicó con una inclinación solemne, coreado por los chasquidos de las pinzas de sus compañeros-. Loz Jeedai tienen nueztro rezpeto.

Sonrojado, Finn solo atinó a inclinarse de vuelta. Más chasquidos halagados lo hicieron cohibirse.

- El respeto es mutuo, somos amigos. No tienen que hacer eso...

- ¿Entonces la Fuerza… es real?

La usual formalidad de Jannah fue superada por la impresión. Él intuía desde hacía un tiempo que ella también era sensible a la Fuerza, mas esperaba una segunda opinión para confirmarlo. Recordó cuando él fue quien observó con asombro a la sabia anciana que lo llevó a encontrar esa parte de sí. Tomó un montón de tuercas olvidadas en un rincón y enfocándose mucho, las hizo flotar en su mano.

- Tan real como tú y yo –replicó, las tuercas cayeron a su palma mientras hablaba. Miró a Jannah y a los demás soldados-. Es lo que me inspiró a desertar. No lo sabía entonces... estoy seguro de ello ahora. Entiendo lo mucho que arriesgan por simplemente estar aquí. Tengo la certeza de que la Fuerza nos juntó con un fin mayor, como hizo con Myca y conmigo. Él tenía razón. Debemos elegir nuestro destino y la UAL respalda la idea como también apoya la liberación de todos los esclavos del Supremacy. Dentro de unos días, eso es exactamente lo que haremos.

En solemne silencio, Aaggo, Jannah, Peet y los otros asintieron. Era extrañamente fácil hablarles así, como si la luz con la que conectaba en la Fuerza le indicase qué decir. Luego de ello, sin embargo, se quedaba con la sensación de que lo miraban demasiado. No le molestaba ser el centro de atención, pero solo por un rato... juntó las manos en un gesto de agradecimiento y algunos de ellos parpadearon.

- Creo que eso es todo por hoy. Gracias por venir, y regresen con cuidado... –luego recordó algo importante-. Oh, no, esperen... Además de nuestro plan, tengo otra misión en manos. Necesito saber si existe en la nave una base de datos separada del sistema central. Alguna biblioteca privada, a manos de Snoke o alguien más, que contenga información referente a la Fuerza.

Como saliendo de un trance algunos soldados se miraron entre ellos. Uno a uno, se encogieron de hombros con expresiones apenadas. Finn sonrió a pesar de ello. De seguro no iba a ser tan fácil.

- Preguntaré por ahí –prometió Jannah, poniéndose el casco de stormtrooper.

Los demás la imitaron y antes de que se fueran, Aaggo depositó un pequeño paquete en su regazo. Eran dos porciones de comida deshidratada. El joven lo miró conmovido. Conocía el sacrificio tras ello.

- No puedo aceptar esto... –su estómago rugió sin estar de acuerdo.

- Loz amiggoz no pazan hambre –el tono de Aaggo era definitivo bajo el modulador de voz.

Finn pensó que sería una real falta de respeto negarse. Además le era difícil conseguir comida allí.

- Te lo agradezco –inclinó la cabeza, y Aaggo lo imitó.

Los vio irse pensando en que había crecido en aquella nave sin saber de su cruda existencia. Para los cadetes, lo que había en las forjas y más abajo eran solo contenido de historias que se inventaban para espantarse unos a otros antes de dormir. Los espantos de Finn eran otros ahora, pero encontraba consuelo en saber que así como cosas terribles ocurrían en la galaxia, cosas maravillosas pasaban a su vez. Con la Fuerza de su lado, todo ser oprimido del Supremacy tendría chance de ser libre. Pronto.

Retomó su meditar ahí en donde lo dejó. A los minutos, volvía a flotar sentado en posición de loto.

- Soy uno con la Fuerza, y la Fuerza está conmigo...

Sintió la presencia de Rue acudir a su encuentro, como un débil susurro en el fondo de su mente.

Llegaremos en menos de un día.

Finn aceptó y dejó ir su ansiedad, antes de que ésta rompiese la ya de por sí frágil comunicación.

Daré el aviso, replicó.

La presencia de Rue se desvaneció con una oleada de cálida reafirmación, y Finn abrió los ojos, buscando su casco para ir por el resto. Todo lo que debía hacer hasta entonces, era seguir tranquilo.


Sobrevolando una rojiza meseta en su X-Wing, Nix no dejaba de sonreír. Luego de su estadía con la Autoridad de Defensa de Ryloth, rabiaba por contarle a sus amigos todo lo que había aprendido de su cultura, desde el idioma a la historia, del baile a las tácticas de vuelo de sus escuadrones de cazas.

Se prometió que volvería. Aquel no era su hogar, pero visitar el planeta de sus padres le hizo sentir que los entendía un poco más. Que tenían recuerdos de lugares en común. Revisando el mapa, ladeó levemente la nave para ver si encontraba los misteriosos geoglifos que Yendor mencionó existían en esa parte del desierto. Nadie sabía quién los hizo y cuándo, haciéndolos aún más fascinantes...

- ¿Todo bien por allá...? –la voz de su compañera de vuelo la trajo de vuelta.

Cierto. Suralinda la estaba poniendo a prueba. Enderezó el caza y se apresuró a retomar el curso.

- De maravilla. Tan solo admiraba la vista. Los colores del desierto son preciosos desde el cielo.

- Sí... –ella no sonaba tan convencida-. Supongo que es cierto. ¿No que odiabas los desiertos?

- Oh, los detesto. Pero éste tiene su encanto –replicó, mirando la puesta de sol-. Es tan pacífico...

Decirlo en voz alta debió tentar al destino, porque el astromecánico que iba con ella soltó un pitido.

- ¿BB-12, qué ocurre? –con un vuelco al corazón, miró al monitor-. Oh. Sura, tenemos compañía.

- Tres cazas TIE, los veo –la squamatan bufó por el radiocanal-. Íbamos tan bien hasta ahora...

El droide informó que se acercaban en disposición a atacar, y viéndolos en su radar, Nix se dijo a sí misma que el momento de contemplación había durado lo que había durado. Nada era tan perfecto.

- Bueno... –activó sus escudos y preparó los cañones-. Al menos así, BB-12 y yo practicaremos.

BB-12 piteó con desgano desde su zócalo. No era fan de la confrontación. La piloto del Escuadrón Negro soltó una ácida risa mientras el A-Wing y el X-Wing descendían por refugio hacia las montañas.

- A eso lo llamo optimismo –replicó Sura con sombrío humor-. Bien, ejercicio 7, ¿recuerdas...?

- Los memoricé todos –se le adelantó, quizás demasiado entusiasmada para el contexto.

- Pues no se diga más... –mientras lo decía, sus naves se separaron para evadir los rayos.

Se metieron entre dos acantilados de piedra roja y los TIE las siguieron sin vacilar. Sura hizo una voltereta y fingió errar disparos levantando una gran nube de polvo que ocultó su cambio de dirección. Desapareció. Manteniendo la mente serena, Nix simplemente se encomendó a la Fuerza y confió en su pareja, dedicándose a distraer a los tres cazas haciendo piruetas en el lecho rocoso de un río seco.

Era como pilotar la Reina por los túneles del bajo Coruscant. Pero en un caza, ahora era imparable.

BB-12 no estaba tan de acuerdo, chillando que tuviese cuidado con estrellarse contra las paredes.

- He volado en lugares más estrechos –lo tranquilizó Nix-. No nos pasará nada, confía en mí.

La escaramuza duró menos de lo esperado, porque Suralinda Javos sabía exactamente qué hacer. Desde lo alto de los acantilados, el A-Wing aguardó al momento justo, y cuando éstos se cerraron lo suficiente, disparó a los muros de piedra sobre el espacio entre Nix y los cazas. Las rocas se soltaron y cayeron progresivamente sobre los TIE, que ya no pudieron maniobrar para esquivarlas. Chocaron entre sí y con las paredes, haciendo varias explosiones mientras la twi'lek salía airosa fuera del cañón.

- Eso fue divertido –soltó la squamatan con voz tensa-. Vámonos, antes de que lleguen más.

- Entendido, voy detrás –el droide se ofreció al instante a fijar las coordenadas-. Gracias, BB-12.

Apostados en todas las ciudades principales del planeta, sus enemigos no tardarían en mandar refuerzos. Tuvieron el buen tino de alejarse por kilómetros de la base secreta de la ADR antes de alzar el vuelo, pero no debían arriesgar a sus aliados a un nuevo enfrentamiento. La Primera Orden tenía a Ryloth ocupado desde hacía meses pese a declararse independiente. El alzamiento era inevitable, y si todo salía bien, la UAL aliviaría un poco la carga de aquel combate al concentrar las fuerzas de Hux en el Supremacy. Salieron al espacio, y tomando los desvíos de prevención, fijaron el curso a Batuu.

A las afueras del puesto de avanzada de la Aguja Negra, unas discretas ruinas albergaban el punto de reunión de los miembros de la Unión de Alianzas Libres. Esa base era usada para acuerdos breves y puntuales, bajo la pantalla de la Flota Libre y su red de leales piratas. Solía ser un lugar silencioso, pero aquel día su interior rebosaba de actividad. Nix bajó de un salto de la nave al hangar subterráneo.

- Nada mal Nix –la sonrisa afilada de Sura era menos intimidante de lo usual-. Hablaré con Snap.

- Y yo con Poe –asintió ella, ubicando sus rizos castaños perdiéndose en un grupo de rebeldes.

Fue en esa dirección, saludando a todo piloto, técnico y soldado que reconocía en su camino. No eran pocos los que se detenían a devolver sus atenciones. Le tomó alegres minutos llegar hasta Poe.

- Comandante Dameron –le sonrió mientras se acomodaba a su paso-. La ADR está adentro.

- Excelente –él palmeó su espalda con entusiasmo, sin dejar de caminar-. Convoqué a reunión, Rue también ha llegado. Luego de esta misión, estarás dentro, Negro Cinco. Felicitaciones.

Nix no pudo evitar dar saltitos de alegría. Luego recordó en dónde estaba. Poe la miró con cariño, y una joven de cabello negro les cerró el paso. Le tomó unos instantes asimilar que se trataba de Rue.

- ¡Me encanta el color! –exclamó Nix radiante al abrazarla, luego hizo un mohín al ver su atuendo de siempre, oscuro y holgado-. Pero te quitaste el vestido. Quería verte con el vestido...

- No me pidas tanto... –su amiga se sonrojó al separarse de ella-. Ya cumplió con su objetivo.

- ¿Qué hay en el maletín? –inquirió Poe, mirando lo que llevaba en su mano.

- Es un extra de créditos para la Unión de Alianzas Libres.

- La mitad –intervino Emmie, acudiendo a su encuentro-. La otra se la dio a un grupo de extrañas.

Nix alzó una ceja, y siguiendo el ritmo de Poe, todas caminaron al centro de comando. Rue bufó.

- Esas chicas lo necesitaban para dejar Canto Bight. Estarán más seguras con Shi en Pantora.

- ¿Pueden elaborar? –preguntó Poe, subiendo una escalera de piedra- ¿Son créditos robados?

- Técnicamente, los gané apostando el dinero de Dent. Pero los créditos de esos casinos no son rastreables. Habrían ido a parar a un peor lugar si no hubiese intervenido...

- Fue un riesgo innecesario –insistió Emmie alumbrando un oscuro pasillo al centro de comando.

- Fue práctico. Cuando Dent despierte, lo primero que extrañará será el maletín y buscará a las acompañantes. No el medallón de datos. Nos dará más tiempo antes de que les dé la alarma.

Tenía lógica, pero Poe parecía debatirse. Ya no podían darse el lujo de triquiñuelas así, no cuando la Resistencia evolucionaba a un proyecto de gobierno con planetas enteros involucrados. Tampoco podían rechazar a la ligera los recursos ofrecidos, cada crédito era valioso para conseguir suministros. Aprovechando que el centro de comando aún estaba vacío, Nix se acercó a recordarle en tono urgente.

- Es alimento para las tropas y refugiados, combustible y repuestos para las naves. Sabes que no nos sobran. Podemos ingresarlo como una donación anónima. No sería la primera vez...

- Bien... –aceptó en voz baja mirando alrededor. Tomó el maletín y lo dejó sobre un mesón vacío. Al abrirlo, frunció el ceño parpadeando repetidas veces-. ¿Y el medallón de datos, dónde está?

Rue se metió una mano por el cuello de la camiseta y sacó el dispositivo de su escote. Poe asintió.

- Ingenioso.

- No tanto como la liga –extrajo de un bolsillo el pedazo de encajes elásticos y se lo devolvió a su amiga bajo la intrigada mirada de Poe-. Mantuvo todo en su lugar como dijiste. Gracias, Nix.

- Iré a buscar a alguien que arregle la luz del pasillo –avisó Emmie-. Este lugar se cae a pedazos.

- Gran pelea, Negro Cinco –saludó Snap tomando el sitio de la droide-. Sura me dijo. Bienvenida.

- Gracias, Snap –Nix recibió su abrazo sintiéndose en la gloria-. ¡Estoy muy emocionada!

- ¿Peleaste en Ryloth? –Rue la miró inquieta mientras Poe y Snap se ponían al día.

- No fue nada, ya nos íbamos yendo. Luego de, al fin, persuadir a la ADR de prestarnos apoyo.

- Por supuesto que entrarías al Escuadrón Negro –sonrió con cariño-. Y convencerías a la ADR.

- Más bien Sura persuadió al hijo de Yendor, Charth, a unirse –susurró-. Pero no lo oíste de mí.

Rue se rió entre dientes mas no dijo nada al respecto. Notándola tensa, Nix la mandó a sentarse y empezó a masajear sus hombros. Su agradecida amiga se derritió bajo sus manos como de costumbre pero sintiendo los nudos de su espalda la twi'lek sospechó que algo le había pasado en Canto Bight.

- Necesitarás manos más grandes para deshacer estos nudos... ¿Ocurrió algo más en el casino?

- Tonterías, tus manos son perfectas –soltó con su antigua brusquedad. Luego suavizó el tono, suspirando-. Fue... un desafío, pero estoy bien ahora. ¿Cómo fue ir al planeta de tus padres?

Supo que Rue intentaba distraerla. No quería contarle, y Nix decidió respetarlo. Además, ella moría de ganas de hablar, por lo que mientras la gente llegaba al centro de comando se dedicó a actualizarla.

Las cosas habían cambiado mucho en un año, pensó mientras echaba un vistazo al salón de piedra reclamado por enredaderas. La UAL había crecido lo suficiente como para tener que operar en varias bases para mantenerse ocultos. Con las sádicas medidas de Hux para silenciar a los detractores de su tiranía, solo los estrictamente necesarios estaban reunidos hoy en ese lugar.

Contó a tres generales, cuatro comandantes y una docena de representantes de planetas aliados en el océano de soldados que se apiñaban como podían para oír la reunión. Echó en falta al secretario Casterfo, y asumió que debió quedarse en el refugio de Goji, el planeta de las Regiones Desconocidas. Era el lugar más seguro, en donde mantenían la base principal. Cuando la canciller Organa llegó de ésta flanqueada por Chewie y C-3PO, el general Ematt dio inicio a la reunión.

- ¿Y Jacen...? –con el corazón inquieto, Nix le preguntó a la comandante Connix en susurros.

- Aún en Reecee, el chiss lo dejó plantado. Tía vino a avisar que nos encontrarán en Jakku.

Como percibiendo su creciente preocupación, Rue se estiró a estrechar su mano con suavidad.

- Si algo sale mal, yo sería la primera en saberlo.

Alcanzarse mentalmente a través de la Fuerza era un truco Jedi que Finn, Jacen y Rue llevaban meses practicando luego de que Leia les contó que era posible. Nix asintió algo más tranquila y repasó el holomapa del Supremacy mientras oía a Ematt describir el plan del golpe al resto de los asistentes.

- Mientras hablamos, una bodega enemiga en Jakku es saqueada por piratas. Un transporte de stormtroopers con capacidad para doscientas personas partirá allá con orden de apoyar a sus escuadrones antidisturbios. Ofreceremos una carnada irresistible a Hux y compañía, una que lleva meses intentando capturar. Tras la humillación que sufrió en el asedio de Mon Cala –su mirada se desvió sutilmente a Rue-, querrá ejecutar un castigo ejemplar. Contamos con ello. Otros equipos esperarán en sistemas cercanos a la confirmación para unirse al enfrentamiento.

- Todos los que irán en el transporte fueron informados de sus respectivas misiones –dijo Poe cuando Ematt le cedió la palabra-. Nos infiltraremos en el Supremacy en un ataque coordinado.

- ¿Está Ryloth en esos equipos? –preguntó la general Syndulla- ¿La ADR ha cambiado de idea?

- Cinco escuadrones... –replicó Nix, juntando aplomo para responder-. Es todo lo que Yendor y el canciller Drelomon pueden ofrecer en su situación actual, pero he visto su destreza.

- No desetimaremos ningún apoyo –la canciller Organa asintió en su dirección, extendiendo un holomapa en el mesón alrededor del cual se reunían-. Fue así como llegamos a esto.

El holomapa destacaba una serie de planetas que habían accedido a aportar con naves, soldados o armamento a la gran misión que tenían por delante. Eran los mínimos en comparación a la enorme galaxia, pero una cantidad considerable, mucho mayor a la que Nix tenía en mente: Mon Cala, Naboo, Chandrila, Cuyacan, Pamarthe, Bothawi, Warlenta, Kashyyyk, Corellia, y otros 30 planetas más.

- ¿Corellia...? –exclamó sorprendida la general bothan Ayr'lar.

- Hace tres días el gobierno de Hux decidió ejecutar a una carismática senadora por desaprobar una enmienda hecha a su constitución –explicó Kaydel sombría-. Bajo el crimen de alta traición.

Se hizo un tenso silencio en el salón. La Primera Orden concentraba todo el poder armamentístico para realizar esas atrocidades impunemente. Pero horrendo como fuese, Nix revisó en las anotaciones del mapa que contar con el apoyo de Corellia significaba agregar dos cruceros más a la flota. Esperaba que así pronto Hux y sus altos mandos cosecharan toda la desgracia que habían sembrado por años.

- Los otros cruceros estelares ya están en posición –continuó Ematt como leyendo la mente de Nix-. Los almirantes Ackbar, D'Acy y Gawat esperan órdenes. Los inhibidores de Sunrider están listos y cargados, y el medallón de datos ya se encuentra bajo nuestro poder. Es hora.

La twi'lek notó que si bien los asistentes se preparaban para dejar el salón, varios esperaban a que la canciller Organa dijese algo. Ésta asintió impasible, viéndolos de vuelta con su cálida y sabia mirada.

- Hemos planeado todo lo que podíamos planear para dar nuestro golpe. Hicimos nuestra parte. El resto de la liberación de la galaxia no dependerá de nosotros, sino de ellos... –con un gesto de la mano abarcó los planetas del holomapa-. Y de cómo respondan a nuestro llamado. Que la Fuerza esté con nosotros.

Un escalofrío de electricidad recorrió a Nix escuchando las últimas palabras. Sabía que así sería.


Contemplando el desértico peladero extendiéndose ante él, no entendía cómo su dulce, radiante, adorable Nix pudo crecer en un lugar tan desolado. Tuvo que recordarse que ella era más fuerte de lo que parecía. Y que no era suya, por muy enamorado que estuviera. Ni siquiera un Jedi era inmune al amor, Jacen Syndulla era después de todo, un producto de aquello. Pero debía trabajar en sus apegos.

- Primer y segundo equipo ya en posición –Tía avisó desde la silla del piloto del Fantasma IV, mientras la nave descendía por la atmósfera de Jakku-. Al parecer, llegamos justo a tiempo.

- Gracias a la Fuerza... –suspiró de alivio, pasándose las manos por su verde cabello.

Luego de ser plantado por Bronn, el contacto que acosó por meses vía radioseñal desde el límite del territorio chiss, Jacen no quería sumar un nuevo fracaso a la lista. Secretamente también deseaba consultar otras cosas con él. Cosas que, tras retomar su entrenamiento, sentía que debía resolver...

Cortó esa línea de pensamiento sacudiendo la cabeza. Para hacer su parte en aquella misión debía estar en el presente, en donde no había lugar a dudas. Miró a través del transpariacero despejando la mente. En el horizonte, a medida que avanzaban, humo, destellos y naves indicaban que el saqueo a la bodega de suministros que la Primera Orden tenía en Ciudad Cráter había empezado. Combatió la ansiedad que amenazaba con perturbarlo con un breve ejercicio de respiración.

- Será mejor que volemos bajo –comentó Tía-. No querremos deberle a Hera un Fantasma V.

Los piratas llevaban las de ganar, observó admirado mientras Tía maniobraba cerca del suelo para no ser abatidos por el fuego de cañón perdido. Un destructor estelar estaba siendo inhabilitado por un considerable número de cargueros de distintos sindicatos, los mismos que la Primera Orden persiguió en todos sus sectores ocupados. Silbando, tuvo que reconocer que alguien había hecho bien su tarea.

- Bato se ha ganado mi respeto. Con su mal carácter, no lo creía capaz de convencer a tantos.

- No es sólo él. Realmente tienen que odiar a la Primera Orden, como para trabajar en equipo...

Solo al acercarse lo suficiente a Ciudad Cráter, Jacen notó que tal vez sí habían llegado más tarde de lo debido. Su estómago se contrajo al ver como en la calle principal, en medio del fuego cruzado y escombros, un montón de civiles aprovechaban la destrucción de las puertas reforzadas de la bodega para robar alimentos. La guerra solo empeoraba la falta de comida. Todo su cuerpo se puso en alerta.

Una complicación. Él sabía que los piratas no los dañarían, no a propósito. Pero los stormtroopers...

- Tía, mantente lejos del fuego y atenta al comunicador –indicó atropelladamente mientras salía de la cabina e iba a abrir la compuerta de la nave-. ¡Te avisaré cuando termine...!

- ¿¡Y dónde se supone que he de estacionar...!? –la oyó gritar de vuelta mientras saltaba a tierra.

Jacen cayó unos metros, aterrizó rodando y echó a correr en dirección a la bodega, sabiendo bien que su amiga rodiana era lo suficientemente lista como para resolver aquello por su cuenta. Tanteando el sable de luz de Skywalker colgado a su cinturón respiró hondo para conectar tranquilo con la Fuerza.

Los stormtroopers que minutos atrás vigilaban la bodega estaban muertos producto de una bomba. Sobrevivientes se enfrentaban con los civiles que llegaban de todas partes a probar suerte y llevarse algún botín. Con el destructor estelar ocupado con las naves piratas, debía asumir que escuadrones antidisturbios de Ciudad Retroceso ya debían venir en camino. Serían más de los que podría contener.

- ¡Tienen que irse de aquí! –exclamó a la horda de seres que se debatía por entrar a la bodega mientras sobre sus cabezas cargueros, cazas TIE e incluso aerodeslizadores se disparaban los unos a los otros por el control del cielo-. ¡No vale la pena que arriesguen sus vidas por esto!

Un abednedo pasó por su lado dándole un fuerte empujón, insultándolo en un idioma desconocido. Si bien no entendió las palabras, Jacen entendió la idea general. Lo cierto era que para ellos tal vez sí valía la pena arriesgar sus vidas por un par de días de sustento. Escaneó el cielo y volvió a tantear el sable de luz. No todavía, se dijo a sí mismo. Primero debía sacar a los civiles de ahí de algún modo...

Casi como si la Fuerza escuchase su predicamento, y decidiera reírse de él, vio como una horda de bandidos en monturas se acercaba galopando y gritando por la calle principal. Cubiertos de pies a cabeza con vendajes ennegrecidos de tierra, dispararon a civiles, stormtroopers y naves por igual.

Lo positivo de esto fue que espantaron a los civiles de la bodega para hacerse con las ganancias. Lo negativo fue que lo hicieron, en total caos y confusión. Empujándose aterrados los unos a los otros y con stormtroopers y bandidos cerrándoles el paso, no tenían idea de a dónde huír. Dando un hondo respiro, Jacen buscó la calma en su interior y se concentró en abrirse a la Fuerza. Era momento.

Activó el sable de luz de Skywalker, y empezó a desviar los rayos de los bandidos hacia los troopers y viceversa. Cuando sintió que al fin tenía la atención de los civiles, dio el grito más fuerte de su vida.

- ¡TODOS ESCÓNDANSE BAJO TIERRA HASTA QUE TERMINE EL COMBATE!

Bandidos y civiles por igual se esfumaron en instantes. Porque viendo la brillante hoja de plasma verde, ya intuían lo que a continuación iba a pasar. Jacen se enfrentó a la media docena de soldados que quedaron disparándole, procurando desviar rayos de luz roja con borrones de luz verde y no herir a ninguno de gravedad, por si luego de aquel día cambiaban de lealtad. Procurar, porque aún estaba aprendiendo. El escuadrón antidisturbios de Ciudad Retroceso nunca llegó allí, no había necesidad...

En cuestión de minutos, el Supremacy salió del hiperespacio, dejando en vergüenza al diminuto destructor estelar suspendido entre éste y el planeta. Justo como esperaban que la Primera Orden hiciera. Porque Hux y sus generales sabían que si había un Jedi involucrado, algo grande iba a pasar en Jakku. Pero a esas alturas, luego de más de un año oprimiendo a los seres de la galaxia entera, estaban demasiado seguros de su poder como para ver más allá de lo que tenían frente a ellos.

Jacen sacó el comunicador y contactó con Tía, mientras los piratas estallaban el destructor estelar.

- ¿Vienes por mí, por favor?

Uno a uno, cruceros, fragatas, esquirfes y bombarderos salieron del hiperespacio. La flota completa de las Alianzas Libres no era la gran cosa para sus escudos y armamento, pero con lo que la Primera Orden no contaba era que realmente iban a caer desde adentro. Estaban demasiado seguros de su gobierno del terror como para entender que esa era la revancha de todos sus esclavizados adeptos.


NA: Ahora sí, fin del primer capítulo. Disfruten, y paciencia con el siguiente. Saludos!