Capítulo 2: Rebelión en Jakku (parte 2)

Sunrider contenía el aliento viendo las pantallas. No tenía estómago para ver por el transpariacero.

- Sólo tres destructores –observó Ackbar con interés-. O están muy dispersos, o muy confiados.

Los escudos deflectores de la flota de la UAL repelían aquel ataque inicial, esperando la señal. Las naves de la Primera Orden eran más grandes, y estaban equipadas con escudos tanto o más potentes que los suyos, pero incluso Jon sabía que éstos estaban en desventaja numérica. Eso, si los reportes sobre el motín desatándose al interior del Supremacy eran precisos. Él aún era incapaz de creerlo.

- Déjenlos ser arrogantes –Organa replicó-. Miren. Los escudos de su capital se han apagado.

- Y hay que mantenerlos así. Avisen a Kenell, Francis y Syndulla, que envíen más refuerzos.

Atreviéndose a mirar por el ventanal, Jon comprobó que, en efecto, el Supremacy estaba expuesto a los rayos. El fuego de sus cañones, detenido. A la señal de Ackbar, el Alba y el Aurora, dos cruceros corellianos, y el Templanza, una nave de Mon Cala, se acercaron a liberar más transportes de tropas. Como respuesta, los destructores concentraron su ataque en el Alba, la nave más cercana a ellos.

El escudo del Alba no duraría mucho si le disparaban a esa distancia. Los cruceros se apartaron, pero los transportes de tropas de la UAL pasaron de largo haciendo carrera en dirección al Supremacy, rodeados por una nube de cazas aliados y rivales. A lo lejos, la Flota Libre se debatía de igual forma.

- Hemos interferido su frecuencia de radio –avisó un encargado de comunicaciones-. Perdieron contacto con el puente de mando, están pidiendo refuerzos a los sistemas cercanos. Ya vienen.

- Eso significa que el equipo de Poe tomó el control de la nave. Almirante, proceda con cautela.

- Hora de deshacerse de unos destructores estelares –anunció él-. Preparen los bombarderos.

En cuanto el Supremacy dejó de atacar a sus cruceros, fue momento para que las Alianzas Libres pasaran a la ofensiva. En la pantalla, nueve escuadrones de cazas salieron a burlar el escudo de los destructores e inhabilitar sus cañones, siendo rápidamente alcanzados por enjambres de cazas TIE.

Bombarderos salieron de la zona protegida tras el escudo deflector del Esperanza, escoltados por escuadrones multiplanetarios. Jon vio en la pantalla táctica decenas de puntos azules asediando a los destructores mientras que puntos rojos rivales se arremolinaban yendo a encontrarlos.

Los bombarderos en la pantalla se detuvieron de pronto, y Jon gimió mirando afuera. Chewbacca gruñó irritado para callarlo, pero una explosión silenciosa destelló entre el Esperanza y el Supremacy.

- Están usando sus rayos tractores para frenarlos –avisó una oficial-. Perdimos un bombardero... dos... Las naves se debaten para recuperar el control. El escuadrón Azul intenta inutilizarlos...

Un destello, seguido de una sacudida del Esperanza les alertó. C-3PO ahogó un grito y R2-D2, el astromec que lo seguía a todas partes trinó algo incomprensible junto a él. Aferrándose a un tablero, Jon vio que el holo que mostraba el estado de su nave no indicaba daños. Pero podría estar averiado...

- El escuadrón Azul ha volado el complejo de rastreo hiperespacial del Supremacy –indicó la oficial-. La onda expansiva alteró el curso de los destructores, los bombarderos están libres. La Primera Orden se repliega a cubrir estructuras clave de la capital móvil con sus escudos...

- Creen que la vamos a destruir... –tras evaluarlo, Organa agregó-. Terminen de inhabilitar sus cañones y retomen la formación defensiva. Comuníquenme con uno de sus almirantes.

Jon la miró incrédulo. Admiraba el respeto de la canciller por las vidas de sus rivales, él estaba de su lado por ello, pero ¿acaso los perdonaría cuando era su única oportunidad de aventajarlos? Venían más en camino... El hilo de sus pensamientos fue interrumpido cuando, con el rabillo del ojo, observó que en las pantallas tácticas el Supremacy comenzaba a cambiar de posición con respecto al planeta.


Jacen y Tía derraparon hasta el fondo del hangar 32, saltaron de su nave antes de frenar del todo y escanearon el lugar con sus armas en alto. Fuera de los muertos y desmayados, estaba desolado, pero en la Fuerza ecos del combate aún persistían. Cosas horribles habían pasado ahí, pero también cosas esperanzadoras, y más le valía al aprendiz pensar en las últimas para conservar la tranquilidad.

- ¿Vienen los otros atrás? –inquirió Tía, sus grandes ojos negros recorriendo el crudo panorama.

- Deben estar por llegar –Jacen calculó, usando sus sentidos agudizados-. En tres... dos... uno...

Una decena de maltrechas naves se precipitaron escandalosamente al hangar, los sobrevivientes de la escaramuza pirata salieron con rapidez de ellas. La flota de la Primera Orden aún estaba dispersa por la galaxia, y el tiempo apremiaba mientras tenían esa ventaja. Oyó a Tía silbar mientras se reunían.

- Esta nave es enorme. ¿Y fabrican sus propios destructores estelares aquí?

- No todos, pero tienen espacio para dos. Por eso es tan importante hacerla caer con gracia.

La mayoría de los recursos de la Primera Orden estaban concentrados allí bajo la falsa ilusión de impenetrabilidad, desde las forjas hasta las guarderías. La rodiana hizo un ruido de irritada admiración.

- Ya no estoy tan segura de qué tan suave sea el aterrizaje. Esta cosa es una metrópolis entera.

- No sabes lo que es una capital móvil hasta estar dentro de una... –replicó él con una mueca.

- ¡ESTA NAVE FUE HECHA POR ESCLAVOS! –vociferó Bato, bajando de su nave con un rifle en cada mano y otro colgado a su espalda- ¡CON SUS LÁGRIMAS, SUDOR Y SANGRE...!

- ¡Volaremos la Primera Orden en tu nombre, Maz! –secundó otro- ¡Justicia para la Reina Pirata!

Un rugido general de acuerdo se expandió por el grupo, seguido de disparos al aire. Presintiendo que aquello podría ponerse feo muy pronto, Jacen intercambió una mirada con Tía y fue al encuentro de los piratas para calmarlos. Mientras más pronto se alejaran de la influencia del frío hangar, mejor.

- Gracias por su apoyo allá abajo, les debo una –notando que rabiaban por acción, agregó-. Sé que quieren destruir el Supremacy pero hay montones de niños a bordo y son nuestra prioridad.

- No nos arriesgamos tanto para ser niñeros –espetó Bato-. ¡La Flota Libre vino a hacer estragos!

Más gritos de apoyo lo hicieron suspirar. ¿Qué haría un Jedi? Tal vez, no involucrarlos en absoluto. Pero Jacen debía llegar pronto a los niños, y ellos podrían ayudar. Juntando paciencia, giró a hablarles.

- Escuchen, ¿quieren volar cosas y sentirse rudos, o quieren dañar de veras a la Primera Orden? Sabotearemos su futuro sacando a esos niños de aquí, y necesitaré ayuda para llegar a ellos. Vengan con Tía y conmigo, y podrán hacer estragos en el camino. Es lo que Maz habría hecho.

Mencionar a su antigua líder surtió efecto, Bato y el resto de alborotados miembros de la Flota Libre se calmaron lo suficiente como para seguirlo. Tía y él entraron por un pasillo con los piratas pisándoles los talones de camino al área destinada a formación, ubicada en los niveles centrales del Supremacy.

No tardaron en toparse con una escaramuza, rebeldes y soldados se debatían a la primera vuelta del corredor, un rastro de stormtroopers en el fondo indicó que habían usado inhibidores, y que se les habían terminado. Jacen alcanzó a evadir un rayo que iba directo a su cara, y activó el sable de luz para desviar los que le siguieron. Tras él, la Flota Libre soltó un grito colectivo y empezaron a disparar.

- ¡Recuerden, no disparen a los desertores! ¡Nadie que no tenga casco es nuestro enemigo!

- ¿¡Que disparemos a los sin casco, dijo!? –gritó un pirata confundido por sobre el estruendo.

- ¡NO, ESPERA! –Jacen giró a la Flota Libre con expresión aterrada- ¡No es lo que quise decir!

- ¡Disparen a los de cascos! –aclaró Tía cubriéndose tras el aprendiz- ¡Y sólo a los de cascos!

Los piratas retomaron la ofensiva y Jacen volvió a centrarse en apoyar a los rebeldes más adelante.

- Instrucciones sencillas... –masculló corriendo hacia las tropas-. No lo olvidaré. ¡Gracias, Tía!

Con la mente despejada al lado luminoso, dejó que éste guiase su actuar. Un borrón verde devolvía los rayos mientras ajustaba la posición del sable de luz a los disparos de los stormtroopers que corrían a bloquearle el paso. En el fragor del combate percibía que rebeldes y desertores alrededor peleaban como uno, inspirados sin saberlo por la Fuerza. Tras unos instantes, los piratas también se les unieron.

Reparando en el sable de luz, una joven desertora de piel oscura y cabello engomado giró a gritarle.

- ¿¡Eres Jacen...!? –ella se echó hacia atrás justo antes de que un disparo le volara la cabeza.

- ¡Depende de quién pregunte...! –replicó éste, esforzándose en mantener su foco en los rayos.

Repentinamente los altavoces del pasillo emitieron una melodía de tres notas, señalando un aviso.

- ...este es Poe Dameron, comandante de la UAL. Hemos tomado control del puente de mando del Supremacy, y capturado a sus líderes. Mientras hablamos, tropas se despliegan para hacer ocupación de la nave. Por prevención, hemos activado un cierre de emergencia en áreas libres de conflicto. A la tripulación que aún lucha por la Primera Orden: pronto serán superados en número, por favor desistan y reúnanse en el salón de asambleas hasta nuevo aviso...

La confusión de los soldados, nuevos desertores y piratas al oír esto generó un súbito alto al fuego.

- ¿¡Qué demonios es esto, un golpe de Estado!? –exclamó uno de los nuevos desertores.

- ¡La UAL tiene un plan para inutilizar el Supremacy con las menores bajas posibles! –intervino la desertora que lo había abordado antes, dirigiéndose a aliados y rivales por igual-. ¡Seguirlo es la forma más segura de proceder, han oído sus anuncios del altavoz, todos podremos salir!

- ¿¡Cómo esperan que les creamos!? –rugió un stormtrooper, sin bajar su blaster- ¡Los rebeldes son terroristas! ¡Y todos ustedes son traidores! ¡Esto es sedición y se castiga con la muerte...!

Jacen cortó el blaster del tipo con un golpe del sable de luz, justo cuando volvía a crujir el altavoz.

- ...soy el Supremo Líder Hux –su voz destilaba amargura y furia reprimida, interrumpiendo las protestas del trooper desarmado-. Nos tienen como rehenes. Hagan lo que dicen y esperen futuras instrucciones, pero tengan por seguro... que esta... usurpación... ¡no será olvidada...!

Como si lo hubiesen corrido del micrófono, su voz se atenuó, siendo reemplazada por la de Poe.

- ...combatientes de la Primera Orden, por favor, por su seguridad y la de todos, bajen sus armas y reúnanse en el salón de asambleas. La UAL no disparará salvo que sea en defensa propia.

- Ya lo oyeron, damas y caballeros –agregó el aprendiz-. Ya no es necesario que nos matemos.

Apagando el sable, Jacen escaneó el ánimo del lugar. Los rebeldes, desertores y piratas estaban particularmente animados, mientras que los stormtroopers perdían cada vez más sus ganas de pelear. Éstos, tras un incrédulo y largo silencio, fueron uno por uno soltando sus armas y alzando las manos.

- Ya veremos quién ríe al último –espetó otro de los stormtroopers-. ¡La Primera Orden vivirá...!

Los gritos apoyándolo fueron rápidamente acallados cuando refuerzos de la UAL llegaron al lugar. Éstos se llevaron a los troopers leales a Hux, dejando atrás unos cuantos rebeldes a pedido de Jacen.

- Soy Jannah –saludó la desertora que, al parecer, mandaba ahí-. Finn nos envió a escoltarte a formación, dijo que irías a calmar a los niños. Tenemos un atajo y códigos de acceso exclusivo.

- Genial, será bueno tener a algunos de ustedes allá –replicó sonriendo a los nuevos, para luego mirar al resto-. Aún nos queda un trecho para llegar. Recuerden que no queremos intimidarlos, sino hacerlos sentir seguros. Disparen lo menos posible a partir de ahora. Eso va para ti, Bato.

Él se cruzó de brazos en actitud intimidante, pero observando el sable de luz en su mano, asintió.

- La Flota Libre te seguirá, Jedi Gris. Siempre y cuando no olvides que fuiste uno de los nuestros.

- ¿Cómo podría olvidarlo? –volteó a guiñarle un ojo a Tía-. Las mejores dos semanas de mi vida.

- ¿Nos vamos...? –apremió Jannah, mirando detrás de si-. Debemos estar allá cuando empiece.

Él estaba de acuerdo. En minutos, y tras toparse con stormtroopers hostiles solo en dos ocasiones, llegaron al simulador de combate principal que según el protocolo de catástrofe albergaría a los niños.


Los inhibidores se acabaron tras largos minutos de enfrentamiento, y troopers seguían llegando al pasillo que Finn defendía. Desviando rayo tras rayo de plasma, resguardaba a las fuerzas combinadas de lo peor del ataque, sintiendo como la Fuerza fluía a través de su cuerpo como nunca antes.

Leia y Rue le habían enseñado bien.

Sumergido en ese estado de sincronía con el lado luminoso, percibía vagamente las emociones de sus compañeros. Querían ganar, iban a ganar, porque su causa era noble y confiaban en ella. Finn también lo creía, y cada blaster cortado y rayo desviado estaba más cerca de ser el último. Los troopers con los que peleaban, luego de haber oído los mensajes de la UAL, no contaban con la misma certeza.

Por eso la Primera Orden caería.

Porque habían formado soldados en base al miedo y la ignorancia. Y aunque fuese por ese instante de calma de la luz, Finn estaba seguro de algo: él era uno con la Fuerza, y la Fuerza estaba con él.


- Kriff –resopló Jannah al ingresar los códigos por tercera vez, sin efecto-. Pero sirvieron antes...

- Dice que no estamos autorizados –opinó un rebelde-. Quizá necesitamos uno de mayor rango.

- Eso no será necesario –Jacen replicó quitándole importancia con un gesto-. Tía, haz lo tuyo.

- Con permiso...

Sacando un pequeño aparato del bolsillo, la rodiana lo puso en la caja de códigos de la compuerta y seleccionó con delicadeza los ajustes al tipo de cerradura. En poco más de dos minutos, ésta cedió.

- No necesitaban nuestros códigos para entrar a formación –Jannah miró a Tía con suspicacia.

- Se veían tan felices de ayudar... –la rodiana encogió los hombros mientras abría la compuerta.

Paredes blancas y luminosas los encandilaron al entrar a una especie de caja acolchada del porte de un estadio. En su interior, cientos de niños aguardaban sentados en formación de bloque, algunas droides nodriza flotaban cerca de los más jóvenes. Todos ellos voltearon a verlos en temeroso silencio.

Jacen sintió la sangre huír de su rostro, y con la boca seca olvidó todo lo que tenía pensado decir.

- ¡Identifíquense! –exclamó una de las droides, flotando veloz a su encuentro sacando una baliza encendida sobre su cabeza- ¡Están en un área restringida, llamaremos a seguridad!

- Nosotros somos la seguridad –replicó Jannah, notando el bloqueo de Jacen. Dio un lento paso adelante con las manos abiertas-. El Supremacy ha sido ocupado por la UAL. Van a aterrizarlo. Nuestra prioridad es mantener a estos niños a salvo. ¿Cuáles son sus prioridades, nodriza?

Ante el tono autoritario de Jannah, la droide ladeó la cabeza. Tras unos instantes, se giró al grupo de niños. Con creciente indignación, Jacen vio que había cunas flotando entre ellos. La nodriza replicó:

- Procurar el óptimo funcionamiento de los futuros cadetes de la Primera Orden. Lógicamente.

- Entonces estamos del mismo lado. Los troopers no llegarán acá, hay un cierre de emergencia.

- ¿Nos secuestrarán también? –preguntó uno de los niños más grandes, como de nueve años.

- No... –la mirada y la voz de la joven se suavizaron al verlo-. No deben temernos. Ninguno de nosotros les lastimará. Tomamos la nave para ser libres. Para irnos de aquí si así queremos.

Durante todo este tiempo, el aprendiz guardó un conflictuado silencio. Esto, pensaba mirando a los niños con miedo, confusión y esperanza en sus rostros. Esto era por lo que los Jedi debían prevalecer, por lo que su maestro había dado su vida años atrás. Su mano aumentó el agarre alrededor del sable de luz al considerar que él tambien pudo ser un stormtrooper como Finn, de no ser por ese sacrificio...

- ¿Veremos a nuestros padres? –preguntó tímidamente otra niña, tirando de la ropa de Jacen.

Dando un respingo, él recordó que pensar en cosas que no ocurrieron sólo lo distraían del presente. Y su presente era proteger a esos niños. Tía le dedicó una mirada apremiante para que respondiese.

- Haremos todo a nuestro alcance para hallarlos, cuando acabe la guerra –asintió con voz ronca.

Para resguardar el futuro de niños como aquellos, era por lo que él seguiría el camino de los Jedi. Pero tan inmerso como estaba en sus propias emociones, no alcanzó a percibir a tiempo que algo en la Fuerza reclamaba su atención. De súbito, todos en el simulador de combate se elevaron en el aire.


Extrañada, Nix sintió como su trasero se elevaba por sobre su espalda y sus pies dejaban de tocar el piso. En instantes, se armó un griterío el puente de mando. Flotando a medio metro sobre el suelo, los rebeldes luchaban por volver a sus puestos agitando brazos y piernas para impulsarse en el aire. Fijándose al suelo con la Fuerza, Rue rodeó a la twi'lek por la cintura con su brazo libre para retenerla.

- ¿¡Por qué estamos flotando!? –gritó Poe, suspendido sobre ellas- ¡Esto no era parte del plan!

- ¡No me jodas! ¿No lo es? –Rue le gruñó, buscando desesperada alrededor por una respuesta.

Revisando las alertas del monitor frente a ella, Nix leyó que los controles de gravedad artificial se habían apagado. Alguien había presionado el botón equivocado en su computadora, reiniciándolos. Con creciente pánico, notó que los dos técnicos especialistas en el área habían sido abatidos en el camino. Flotando de cabeza atados al ventanal, Hux y sus generales berreaban para ser liberados.

- ¡Desháganlo!

- ¡Desátennos!

- ¡Nos destruirán a todos!

- ¡Puede alguien callarlos! –exclamó Poe, fulminándolos con la mirada desde arriba.

- Al parecer solo es un error de programación... –chequeando la alerta Nix señaló el otro extremo del puente sin levantar la vista del monitor-. Debemos llegar a esa estación para arreglarlo. El sistema central de gravedad se regula desde ahí, podría intervenirlo si Rue me empuja...

Una alarma ensordecedora casi le arrancó el corazón del pecho. Ahogó un grito leyendo el monitor.

- Perdimos la trayectoria por la explosión del complejo de rastreo, la gravedad de Jakku nos tira.

- ¡Suéltenos ahora, rufianes incompetentes! –Hux palidecía y enrojecía de furia por momentos, chocando hombros con sus subordinados gritando en el aire- ¡O moriremos todos estrellados!

- ¡Nadie morirá estrellado, estudiamos meses para esto! –le gritó Nix-. ¡Rue, vamos, impúlsame!

- Como detesto las naves... –refunfuñó ésta, relajando el agarre en torno a su cintura.

La aprendiz la soltó y tras unos instantes flotando, la twi'lek sintió como era empujada por la Fuerza a través del puente. Aferrándose a la estación con una mano, respiró hondo y se puso a teclear. Había memorizado tantos códigos y comandos que ya no recordaba cuál era cuál. Ahora debería improvisar.


- ¿¡Qué sucede!? –gritó Jannah, girando en el aire- ¿¡Alguien tiene idea de qué está pasando!?

- ¡Falla de gravedad en el puente, lo están arreglando! –informó Tía, comunicador en mano.

- ¡Los niños se alejan del suelo, hay que retenerlos o se lastimarán al caer! ¿Cómo lo hacemos?

Con los droides nodriza revoloteando nerviosamente alrededor de las cunas, Jacen ponía todas y cada una de sus neuronas en funcionamiento para resolver ese desastre. Luego recordó que el pánico no era propio de un Jedi. Ignorando los gritos, llantos y risas de niños y adultos flotando a su alrededor, despejó su mente de pensamientos y esperó a que la Fuerza le diese ideas. La respuesta fue simple.

- ¡Atención todos, vamos a jugar un juego! ¡Se llama Jacen dice! ¡Deben hacer lo que les diga!

- No me gusta ese juego –flotando de cabeza Tía cruzó los brazos-. Siempre termino moreteada.

- ¡Es divertido! –replicó entre dientes- ¡Jacen dice estírense al máximo y sujétense de alguien!

Algunos de los niños lo intentaron, pero la gran mayoría todavía miraba a los recién llegados con desconfianza. Varios de éstos seguían llorando. Las nodrizas y las cunas flotantes, por fortuna, tenían cierto control de movimiento. Notando todo esto, Jannah golpeó una pared que se giró mostrando un panel con redes para trepar. Otros desertores suspendidos cerca de los muros acolchados la imitaron.

- ¡Jannah dice: acérquense a las redes, los mayores deben tomar a los más pequeños!

Los niños obedecieron al ver que éstos aún usaban piezas del uniforme. Jacen admiró su disciplina.

- ¡Jacen dice: hagan cadenas para llegar a los del centro! ¿No es así, Jannah?

- ¡Así es! –asintió, y los niños la siguieron- ¡Vamos, apresúrense! ¡Ganarán estando todos juntos!

- ¡Miren lo que puedo hacer! –Jacen hizo una pirueta para alcanzar a un niño, y unos cuantos a su alrededor se rieron y lo imitaron- ¿Ven? ¡Es divertido! ¡Puntos extra si atrapan a la rodiana!

- ¡Bato es más grande! –protestó Tía, rápidamente alcanzada por dos niñas- ¡Vayan por él!

Nadie quería agarrarse de Bato, pataleando enojado en el aire, así que Jannah se estiró a sujetarlo. Pasado el caos inicial, los grupos flotantes de niños, piratas, droides, cunas, desertores y rebeldes comenzaron a tomar forma, y todos fueron trepándose con brazos y piernas a las redes de las paredes.

Segundos después, la gravedad artificial volvió a funcionar, y con un grito colectivo fueron atraídos brutalmente a un muro. Las cunas y droides nodriza cayeron suavemente gracias a sus repulsores, y quienes se encontraban en las redes de la pared opuesta ahora colgaban balanceándose en las redes.

Antes de siquiera recuperar el aliento, la gravedad se invirtió. Ahora Jacen y todos los de su muro colgaban sujetos a las redes. Con una nueva ola de gritos, fueron empujados al lado, chocando contra la pared. En un enredo de extremidades revueltas, el aprendiz agradeció el revestimiento acolchado.

Varios niños se pusieron a llorar de nuevo. Respirando hondo, dejó que la luz fluyese a través de él, reemplazando el caos por calma y el miedo por seguridad, para enviar oleadas de paz a los demás. Cuando los ánimos en el simulador se calmaron, se extendió a la Fuerza y percibió vagamente que Rue, y por tanto Nix, estaban bien en el puente. A Finn, por otro lado, no lo sentía tan sosegado.


Cayendo por la escalera a la antesala, los combatientes tuvieron que cesar el fuego, chocando con paredes, objetos tirados, chatarra y cuerpos inertes. La gravedad los estrelló al techo, y abrumado por el caos, no quería ni pensar en lo que pasaría en las forjas si las fundiciones estaban aún encendidas...

Debía calmarse. La gravedad se invirtió nuevamente, y cayeron al suelo para al fin quedarse ahí.

Poco a poco, rebeldes, desertores y stormtroopers se levantaron tambaleantes y gimiendo de dolor. Con cierta dificultad, Finn tanteó el ánimo del ambiente en la Fuerza: con sus líderes capturados y tras semejante disrrupción, los soldados de la Primera Orden estaban paralizados por la incertidumbre.

Sintiendo la presencia de Rue intentando llegar a él, Finn se esforzó en apartar sus pensamientos.

La gravedad está arreglada, las tropas están dentro. Den la energía. Nos acercamos a la atmósfera.

- Oh, no –masculló mientras la presencia de su amiga se desvanecía de su mente-. Oh, no, no...

En lo que duraba un latido, el aprendiz notó que al menos seis blasters lo tenían en la mira. Mostró sus palmas a los stormtroopers que lo amenazaban, quienes a su vez eran apuntados por rebeldes y desertores. Enfocándose en la luz, se extendió a la Fuerza tratando de tocar sus mentes y calmarlos.

- Podemos llegar a un acuerdo, pero realmente deben ir al salón de asambleas. Esta nave va a aterrizar –ante la oleada de pánico que sintió en desertores y troopers, agregó-. Y estarán más seguros en el corazón de la nave. Lo que dijo Poe va en serio. Nadie les hará daño si van allá...

- ¡Eso es absurdo...! –exclamó un trooper, retrocediendo unos cuantos pasos en terror. Otros se removieron inquietos a su vez- ¡Esta nave no está hecha para aterrizar! ¡Nos matarán a todos!

- ¡Nosotros tampoco queremos morir! –replicó un rebelde- Por eso necesitamos que colaboren.

- Secuestraron a nuestros líderes, ¿y esperan que colaboremos...?

- ¡Hux les ordenó que lo hicieran!

Sintiendo que la tensión escalaba, el aprendiz se debatía entre forzarlos a irse o razonar con ellos. El tiempo se agotaba y aún tenían que volver a subir los escudos, e ir a apoyar a Aaggo en las forjas.

- ¿Ven esa sala? –señaló con la barbilla el cuarto de generadores de energía de escudos, con su tono más suave- Cortamos la energía para hacer ingreso. Ahora la necesitaremos de vuelta para evitar que la nave se parta en el descenso. Y aún debemos evacuar los niveles inferiores. Pueden ayudarnos, o pueden ir a refugiarse a la zona más segura: el salón de asambleas.

En la larga y tensa pausa que siguió, Finn respiró lento y profundo para despejarse y recuperar su conexión con el lado luminoso. Finalmente, el actual cabeza de los troopers maldijo e hizo su elección.

- ¡Están locos! –gritó, empezando a subir de espaldas la escalera al pasillo superior- ¡Retirada!

Con una mezcla de alivio e inquietud vio como los troopers se alejaban al pasillo con las armas en alto. Nada le garantizaba que irían a refugiarse, pero tampoco podía decidir que no por ellos y matarlos. Ni rebeldes ni desertores bajaron la guardia hasta que los soldados desaparecieron en lo alto.

- ¡Rose, hay que volver a activar los generadores! –gritó Finn a la compuerta sin perder tiempo.

Asomándose adentro, vio como ésta, despeinada, se tambaleaba sin atreverse a soltar la máquina.

- ¿Ya se acabaron? –preguntó con un hilo de voz- Los cambios de gravedad. ¿Lo arreglaron?

- Y aún tenemos que evacuar los niveles inferiores –asintió él-. Antes de que se sobrecalienten.

- Sin presiones... –Rose suspiró volviendo a trabajar sobre los generadores-. Listo. Vámonos.

Cada una de las ocho forjas de los niveles inferiores estaba equipada con enormes plataformas de elevación para transportar los productos a los talleres de ensamblaje ubicados más arriba. El calor de las fundiciones se aislaba y transformaba en energía para las mismas máquinarias que allí se usaban.

Gracias a recordar esto, Finn supo al entrar con las tropas a una plataforma, que morirían asfixiados si no salían pronto de ahí. El aire de las forjas estaba tibio y en la explanada hacia la cual descendían, troopers, exesclavos, desertores, y rebeldes seguían peleando como si tuviesen tiempo para hacerlo.

- ¿Cuál es el plan? –susurró Rose con voz tensa.

- Aseguren cada plataforma disponible en las forjas –Finn suspiró, preparándose mentalmente para lo que venía-. Corran la voz entre las tropas y suban a todo el que puedan. Stormtroopers incluidos, pero que dejen sus armas abajo. Yo iré dando el aviso.

- ¿Y si no quieren dejar las armas, qué hacemos?

- Ofrecemos una tregua, y esperamos lo mejor –concluyó, justo al detenerse la plataforma.

Rayos de plasma iban y venían a través del humo y contenedores tirados. Absorbidos por la lucha, ninguno vio como el aprendiz y su equipo bajaban a sumarse. Activando el sable de luz de Skywalker, saltó de la plataforma y comenzó a correr por toda la forja, desviando los disparos de los stormtroopers.

- ¡DEBEMOS DEJAR ESTA ZONA AHORA! –gritó a todo pulmón, señalando las plataformas- ¡EL SUPREMACY VA A ATERRIZAR EN JAKKU, LAS FORJAS SE SOBRECALENTARÁN!

- ¿¡Tan pronto!? –replicó Peet, cubierto tras un contenedor cerca de él- ¡Pero si vamos ganando!

- ¡A LAS PLATAFORMAS, AHORA! ¡TODOS DEJEN DE PELEAR! ¡HAY QUE SUBIR!

Notando como algunos combatientes volteaban a mirarlo, Finn repetía las mismas palabras una y otra vez. No podía quedarse a charlar, tenía otras siete forjas a las que llegar. Al menos las fundiciones estaban apagadas, pensó aliviado. Evaluando velozmente el daño, la gravedad no había hecho tantos estragos ahí abajo. Las enormes máquinas que convertían mineral en metal estaban fijadas al suelo.

Aunque tal vez daría igual dentro de unos minutos. Dejando que el lado luminoso le diese la calma y resistencia necesarias, cruzó forja tras forja dando el aviso, mientras plataformas empezaban a subir.


Nix oía inquieta el rugido de los blasters por el hueco del turboelevador abierto. Una vez restaurada la gravedad, se armó un fiero combate en el nivel inferior al puente de mando. Ya iban cayendo a la atmósfera pero algunos stormtroopers aún creían que podían revertir la situación. Oportunos refuerzos de la UAL habían ido a interceptarlos para evitar que subieran a recuperar el control del Supremacy.

- Hemos retomado el curso establecido –anunció Lyme, el oficial encargado de la secuencia de aterrizaje con un suspiro-. Estimo que tocaremos tierra en... diecinueve minutos.

Casi imperceptiblemente en un principio, el suelo bajo sus pies comenzó a oscilar. Con el corazón desbocado, la twi'lek preparaba su estación para aterrizar la nave sin hacerla pedazos. La tripulación rebelde entera contenía el aliento en sus lugares. Con expresión tensa, Poe giró a uno de los técnicos.

- ¿Están demarcados por separado los corredores para prisioneros y leales a la Primera Orden?

- Cerramos todas las puertas que los desvíen de sus áreas. No se toparán mientras evacúen.

- Bien –asintió y volteó a otra estación-. ¿Los escudos tienen energía de nuevo?

- Están arriba y en pleno funcionamiento.

- ¿Propulsores? –el comandante Dameron miró a Nix con mortal seriedad.

- Todos operativos. Aún no hay alertas de calor.

La oscilación a esas alturas se había vuelto una vibración. Rue a su lado meditaba para calmarse.

- ¿Estabilizadores...? –Poe preguntó inquieto a otro técnico al escuchar el traqueteo.

- Perdimos uno. El auxiliar no es tan potente, pero seguimos en una posición aceptable.

- ¿Y el revestimiento de la nave?

- El roce con la atmósfera lo está desgastando más rápido de lo que estimamos –respondió otro.

La vibración de la nave subía por los pies de Nix al resto de su cuerpo, revolviéndole el estómago.

- ¿Cómo está Finn, Rue? –su voz, segura hasta entonces, tembló con un matiz de ansiedad.

Frunciendo ligeramente el ceño, la aprendiz no respondió por unos instantes.

- Están subiendo. Pero hace calor allá abajo, Poe.

- Redistribuyan energía extra a los escudos inferiores –ordenó él, tensando la mandíbula.

Nix a su vez también dio un hondo suspiro para serenarse. El Supremacy no estaba diseñado para aterrizar en ninguna parte, pero en teoría, los escudos ayudarían a disminuir parte del roce. En teoría.

- Doce minutos para tocar tierra... –avisó Lyme.

Se escuchó un bombazo y gritos en el nivel inferior, y extendiendo una mano crispada, Rue arrancó el cableado de la caja de controles del turboelevador. Aquello les daría más tiempo sin stormtroopers, pero Nix ya intuía quién tendría que encargarse de arreglarlo luego para salir del puente de mando...

Afuera el negro del espacio se fue transformando en azul profundo, luego azul claro, y luego rojo.

- A toda la tripulación a bordo del Supremacy... –llamó Poe con voz tensa a través del micrófono en su estación-. Les informamos que estamos atravesando la atmósfera de Jakku, a minutos de tocar tierra. Experimentaremos fuertes sacudidas en breve. Por favor, mantengan la calma en sus áreas de seguridad, procuren sujetarse de algo, y prepárense para un aterrizaje forzado.

- Es más bien un choque controlado... –masculló Nix, tamborileando con una mano en su tablero.

- Pues ellos no necesitan saberlo... –la riñó el comandante, cubriendo el micrófono.


El mensaje de Poe fue suficiente como para hacerlos entrar en razón, pero Finn sabía que la tregua que lograron en las forjas con los stormtroopers era solo temporal. Mientras estuviesen forzados a compartir espacio para no morir achicharrados, él debía hacerla valer.

Cinco minutos, Finn... la presencia de Rue estaba ligeramente agitada por la tensión. Apúrense.

Llegaremos a tiempo, aseguró él, enviándole oleadas de tranquilidad.

El aire en los niveles inferiores se calentaba dificultando la evacuación. Finn iba a bordo de la última plataforma de elevación de carga, haciendo el último viaje desde las forjas a los niveles medios cuando ésta se puso a dar trompicones, frenando con estruendo. Todos los presentes se removieron inquietos.

- ¿Qué pasó ahora? –gruñó un stormtrooper aferrándose a su blaster- ¡Es una emboscada!

- No lo es... –insistió Finn, canalizando luz para pensar calmado-. La plataforma debió averiarse.

Uno de los insectoides hizo sonar sus tenazas amenazadoramente, pero nadie ahí sabía qué decía, Aaggo había evacuado minutos antes con otro contingente. El stormtrooper se le acercó con hostilidad.

- ¡Esto es todo su culpa! ¡Pagarán caro por no conocer su lugar!

- Esta pelea no nos llevará a ningún sitio –intervino Finn, poniéndose entre ambos.

Percibiendo como el pánico bullía y sin señal de que se moverían, se asomó por un borde a mirar el enorme precipicio bajo ellos. Una bofetada de calor lo hizo volver a meterse, pero alcanzó a ver que el fondo metálico enrojecía. Del lado opuesto al precipicio había otra plataforma, y habían parado casi frente a una salida. Abriendo la puerta, giró al revuelto grupo de aliens, troopers, rebeldes y desertores.

- ¡Todos trepen fuera de la plataforma! –gritó sobre el creciente estruendo- ¡Tomaremos la otra!

Apurándose a salir, los alrededor de noventa seres dieron un veloz rodeo por el nivel. Finn sentía el sudor cayendo por su rostro mientras la nave comenzaba a agitarse cada vez más rápido y brusco.

Unos niveles más, se repetía para mantener la serenidad. Abrió la compuerta hacia la plataforma y esperó a que todos ingresaran para cerrarla y subir. El calor aumentaba incluso mientras se alejaban de la zona crítica del Supremacy, volviendo el aire irrespirable. Tal vez unos niveles extra, por si acaso.


Las alarmas de estado crítico se volvieron parte del puente. Ya ni se molestaban en desactivarlas.

- Tres minutos... –dijo Lyme, luego siseó una maldición-. La computadora está haciendo error.

- ¡VAMOS A MORIR! –gritó Hux en su rincón.

- ¡Cállate o te haré callar! –Rue le espetó desde el otro lado del puente.

Incluso junto a ella, apenas la oía con el retumbar de la nave. Aferrada a su estación por los bruscos movimientos, Nix se encomendaba a la Fuerza. Habían hecho todo lo que estaba a su alcance para aterrizar bien. Ahora ya no dependía de ellos. O eso creía hasta que Poe se puso a gritar por el puente.

- ¡Vuelvan a anular el protocolo de la computadora, ahora, ahora, ahora! –sujetándose de lo que encontraba, corrió a asistir a Lyme-. ¡Estabilizaremos manualmente! ¿A qué altura estamos?

- Quince mil metros.

- ¿Qué tan calientes están los niveles inferiores, Nix?

- Aún no se deshacen, pero lo harán pronto...

- Última oportunidad. ¡Concentren toda la potencia de los propulsores ventrales! ¡Y sujétense!

El Supremacy se elevó bruscamente y volvió a caer, haciendo a todos en el puente saltar más de medio metro. Varios rebeldes dieron con el suelo. El estómago de Nix pareció quedarse arriba, y con el pulso disparado de terror y gozo, vio el desértico horizonte de Jakku asomarse por el transpariacero.

- ¡Un minuto...! –exclamó Lyme.

- ¡Disminuyan gradualmente la potencia de los propulsores del ala este, treinta por ciento! –la nave se inclinó peligrosamente a la derecha- ¡Bajen un veinte a la del ala oeste, y mantengan!

Respirando agitadas, Nix y Rue se aferraron la una a la otra, y al tablero que tenían enfrente. El horizonte ocupó cada vez más espacio en el ventanal, hasta que las dunas tomaron forma ante ellos.

El estruendo ensordecedor llegó hasta los niveles superiores con cierto desfase. Con una violenta sacudida el Supremacy tocó la superficie de Jakku y derrapó por kilómetros lanzando oleadas de arena a máxima velocidad, hasta que ésta se volvió blanca y comenzó a acumularse en la punta de la nave.

Solo cuando la nave se detuvo por completo y el puente de mando dejó de sacudirse, crujir y vibrar, Nix reparó en que a su alrededor estaban todos en el piso. Rue las había fijado al tablero con la Fuerza. Resoplando, ésta se dejó caer al suelo, y la twi'lek la siguió sintiendo sus rodillas ceder a la conmoción.

Nadie dijo nada por un largo rato, mitad por la impresión, mitad por los golpes recibidos del impacto. Quejidos y gruñidos indicaban que, al menos, estaban vivos. Unos cuantos generales de la Primera Orden gemían y refunfuñaban, mientras mirando el techo Nix sentía el alivio inundarla por oleadas.

En lo que recuperaban el aliento y se incorporaban en el puente, la twi'lek corrió a asomarse al ventanal con expresión maravillada. No solo habían logrado aterrizar la nave más grande de la Primera Orden en Jakku, sin morir en el intento. Lo habían hecho justo en medio de un desierto blanco de sal.


FINALMENTE, ACTUALIZACIÓN! He tenido poco tiempo este mes para dedicarme a escribir, pero ojalá este capítulo haya valido la espera.
Saludos, y que estén muy bien ;)