Capítulo 3: Secuelas
Boquiabierto, Jon se acercaba con el resto de la tripulación a la holomesa para ver con sus propios ojos las primeras imágenes del Supremacy en Jakku. Las naves de reconocimiento y rescate de la UAL revoloteaban escaneando la zona del salar, mientras su gigantesca nube de polvo se disipaba.
- ¡Hicimos contacto! -sonriente, una oficial de comunicaciones les compartió la radioseñal.
- ...este el Supremacy reportándose al Esperanza, ¿me escuchan? –era la voz de Poe Dameron.
- Fuerte y claro, comandante –replicó Leia, sobre los gritos de celebración-. ¿Cuál es su estado?
- Algo apaleados, pero vivos. Tenemos algunos incendios y escaramuzas sin controlar en varios niveles. Mandaremos las ubicaciones para que envíen refuerzos y equipos de control de fuego.
Sunrider tragó saliva. No podían permitir un incendio en las bodegas de combustible. Sería... malo.
- Las estamos recibiendo, Poe... –viendo que un pálido oficial de comunicaciones le hacía señas, Leia agregó-. Coordina con Aftab los pasos a seguir, yo intentaré llegar a un acuerdo con los destructores en órbita. Manténganse alerta y no bajen los escudos. Gran trabajo, comandante.
Escuchándola, todos en el puente guardaron tenso silencio. Dando un hondo suspiro, Organa cerró los ojos por unos segundos, y asintió al oficial de comunicaciones para que abriese el radiocanal con la Primera Orden. Sunrider sintió como su estómago se retorcía incluso antes de escuchar al almirante.
- ...imprudentes... necios... terroristas... –escupía con furia- ¡pagarán caro por su atrevimiento!
Media docena de destructores estelares se materializaron en el espacio cerca de la órbita de Jakku, y todos los oficiales que se habían acercado a ver la holomesa regresaron corriendo a sus estaciones. Mientras Aftab coordinaba con Poe y los otros almirantes en segundo plano, Leia se preparó a hablar.
- Almirante Helson, será mejor que retenga su fuego y el de sus pares –replicó con voz serena mientras todos contenían el aliento-. Será un crudo combate y ambos bandos perderemos demasiadas vidas. Tenemos a su Líder Supremo y a seis generales de su consejo bajo nuestra custodia, sin contar con las instalaciones del Supremacy casi al completo. Mientras hablamos, un mensaje se está enviando desde sus radios al resto de la galaxia informando la caída de...
- ...todavía podemos masacrarlos –siseó él-. Y destruir toda su mal llamada flota, aquí y ahora...
La canciller apretó la mandíbula, mas su voz al responder no demostró el menor grado de inquietud.
- ...si no van a rendirse, al menos consideren una tregua. Piensen en los sistemas que aún están bajo su poder. Necesitarán sus tropas luego, cuando la noticia de esta operación se expanda.
El almirante guardó silencio. Jon había oído de Helson un par de veces antes. Aquella derrota era, probablemente, la primera que experimentaba. Y si la Fuerza estaba de su lado, como él sospechaba que ocurría cada vez que los rebeldes se salían con la suya contra todo pronóstico, no sería la última.
- ¿Cómo sabemos que los altos mandos siguen vivos? –Helson espetó- ¿Qué garantías nos da?
- Le contactaremos con su Líder Supremo como gesto de buena voluntad –informó Leia, leyendo las señas de Ackbar y su oficial de comunicaciones-. Está a salvo, aunque un tanto alterado...
- Quiero verlo en directo –demandó Helson, y una luz en la estación de comunicaciones titiló.
Organa dio una señal y dos oficiales se pusieron manos a la obra para organizar una holollamada. El almirante, azul y transparente, se materializó frente a la canciller. Su rostro orgulloso no cambió en lo más mínimo al verla, ni siquiera para reconocer que podía verla. Estaba lívido. Tras unos segundos, se sumó un segundo holograma del Líder Supremo Hux, despeinado y fuera de personaje, pero ileso.
- ¡No disparen al Supremacy, es una orden! –exclamó en cuanto vio a Helson-. Ellos no podrán mantener por siempre sus defensas. Buscar el modo de sacarnos antes de aquí es su prioridad.
Helson alzó una ceja, sus duros y astutos ojos parecían evaluar la holoimagen del Líder Supremo.
- La holoimagen puede estar alterada. Si el Líder Supremo es quien dice ser, que nombre al último general con el que estrechó manos antes de dejar Coruscant. Lugar, y últimas palabras.
- ¡Esto es absurdo! –Hux crispó el rostro, indignado- ¡Soy el Líder Supremo de la Primera Orden!
- Solo sigo el protocolo, señor –replicó Helson con distante cortesía-. Es la forma de proceder.
Tras un breve e indignado silencio, el Líder Supremo recupero la compostura, y volvió a hablar.
- Ése sería Enric Pryde –replicó entre dientes-. En el edificio ejecutivo. Él me dijo: "viaje seguro".
Helson esbozó una fría sonrisa. Jon miró los nueve destructores estelares afuera con aprehensión.
- Eso es correcto, Líder Supremo. Es usted. ¿Están los otros seis generales acompañándolo?
- Están impacientes, como yo. Sáquenos de aquí a como dé lugar, Helson, sin destruir la nave...
- Como usted diga –replicó, sutil irritación en su voz-. Me encargaré desde aquí, Líder Supremo.
Con un asentimiento de la canciller, los oficiales de comunicaciones cortaron la holoseñal de Hux.
- General Organa, no puede esperar que tomemos una decisión sin nuestra cabeza –comenzó el almirante, serio-. Exigimos la liberación de todos los altos mandos para negociar una tregua.
- Eso no será posible –replicó Leia-. Nada les impide bombardear el Supremacy en cuanto ellos salgan. Pero una vez que retiren sus naves del sector, podremos negociar la recuperación de sus instalaciones. Entiendo que necesitarán tiempo para ponerse de acuerdo. Tienen una hora.
- No le garantizo un desenlace positivo, general. Usted y su resistencia han ido demasiado lejos.
El tono amenazante de Helson hizo que Jon mirase a Organa con aprehensión. Ésta ni se inmutó.
- Podría decir lo mismo de la Primera Orden, pero dejemos que la galaxia lo decida. Una hora.
El almirante le dedicó una gélida mirada antes de asentir rígidamente y cortar la comunicación. La canciller dio un hondo suspiro, y volvió a reunirse con Aftab Ackbar. Ahora, solo les quedaba esperar.
En el silencio que siguió al impacto, Finn escaneó su entorno con la Fuerza. Arrojados a metros de su posición por el choque, el resto de los que subieron con él parecían estar si bien no ilesos... a salvo. Él mismo sentía que un rebaño de banthas le hubiese pasado por encima. Se incorporó con dificultad. Las luces del corredor ya no funcionaban, pero chispas ocasionales iluminaban parte del desastre.
Llamando el sable a su mano y activándolo, un brillo azulado se proyectó alrededor del aprendiz.
- ¿Se encuentran todos bien? –preguntó, dirigiéndose a amigos y enemigos por igual.
- Solo los que siguen vivos –gruñó un stormtrooper con sorna.
Antes de que alguien pudiese replicar, Finn olisqueó el aire. Otros comenzaron a percibir lo mismo.
- Humo –un desertor se levantó apenas-. ¿Qué tan cerca estamos del depósito de combustible?
- Aún demasiado cerca –masculló otro, palideciendo-. Tenemos que largarnos de aquí.
- No, debemos ir a apagar esos incendios –un tercero agregó-. O puede que estalle toda el ala.
Manteniendo su aprehensión a raya, el aprendiz se extendió a la Fuerza lo más que pudo. Si bien tenso, su entorno estaba tranquilo. Más allá de lo que sus ojos podían ver, sentía el intenso calor del metal recalentado en los niveles inferiores, y el siseante ardor de las flamas, dos sectores más al este.
Un vago rumor revoloteaba alrededor de éstas. Seres vivos, todos enfocados en una única tarea...
- La UAL ya está en ello –señaló con un suspiro de alivio-. Los llevaré a una zona de seguridad.
Con un gesto, hizo que rebeldes, desertores, ex esclavos y stormtroopers lo siguieran por el pasillo. Siendo la única fuente de luz ahí abajo, notó que éstos últimos no protestaban al seguirlo. Esperaba a que fuera igual cuando tuviese que dejarlos en el salón de asambleas. Hizo una mueca. Lo dudaba.
Pero todos estaban demasiado aturdidos como para hablar, con la idea del Supremacy en la tierra.
Volvieron a ver luz tras largos minutos subiendo escaleras de emergencia, mientras oían como las entrañas de la nave rugían como una bestia abatida. A lo lejos, ocasionales explosiones los alarmaban.
- Siguen peleando –soltó un trooper con bravura-. Seguiremos peleando por la Primera Orden.
- Quizá luego de hoy, ya no quede Primera Orden –sugirió un desertor, y Finn tuvo que callarlos.
Aaggo y compañía los encontraron unos pisos más arriba, heridos, pero más animados que nunca.
- ¿Podemoz zalir ahora...? –la voz de Aaggo destilaba urgencia.
No tenía que ser Jedi para entender lo ansiosos que estaban por salir a disfrutar la luz del sol tras quién sabía cuánto tiempo. Mirando alrededor, aquella zona parecía lo suficientemente segura, pero extendiéndose un poco más lejos con sus sentidos, Finn aún percibía conflictos en niveles aledaños.
- Pasará un tiempo hasta que las cosas se calmen –replicó, muy a su pesar-. Vengan conmigo a curar a sus heridos arriba, y quédense allá. Iré a buscarlos en cuanto esté todo más tranquilo.
Una explosión cercana reforzó sus palabras, y tras escanear el entorno, Finn guió al grupo hacia un corredor principal. Un equipo de control de fuego se topó con ellos, corriendo en dirección opuesta para contener la explosión. Estaban cerca del hangar 46, en donde habían atracado naves de la UAL.
- Son demasiados... –susurró un nuevo desertor-. ¿Cuánto tardaron en hacer todo esto...?
- Un montón –Finn respondió con reservas-. Pero tuvimos ayuda.
- Kylo Ren pagará por su traición –gruñó un stormtrooper.
- Nunca dije que fue él –replicó, sombrío.
Pero en cierto sentido, era cierto. Él les había dado el mapa, y Finn no sabía qué sentir al respecto.
Un nuevo alboroto más adelante interrumpió su línea de pensamiento. Hordas de rebeldes corrían en los niveles superiores, y no pasó mucho para que los stormtroopers se viesen obligados a entregar sus armas y ser escoltados con los demás leales a la Orden. Los hangares, al menos, estaban libres.
Finn veía todo esto con una mezcla de satisfacción y nervios. Lo habían logrado. Cuando el maldito desierto de Jakku apareció frente a él entrando al hangar, dejó escapar una risa incrédula. Realmente, lo habían logrado. Habían golpeado a la Primera Orden en un punto crucial, y habían salido con vida.
Pero aún quedaba mucho por hacer, pensó, viendo como Emmie llevaba a una inconsciente Kaydel a una de las lanzaderas de atención médica. La UAL aún tendría que defender todo el terreno ganado.
- El Supremacy ha sido el símbolo de la opresión de la Primera Orden sobre cientos de mundos desde la destrucción de Hosnian Prime. Es por esto que, al igual que como la Resistencia hizo con la base Starkiller, la Unión de Alianzas Libres ha inutilizado la capital móvil más allá de su reparo, forzándola a aterrizar en Jakku. Llamamos a todos los gobiernos que aún no se rebelan, y a todos los seres de la galaxia que desean la libertad de sus pueblos: hoy nosotros dimos el primer paso para terminar la tiranía de los herederos del Imperio. El resto, queda en sus manos.
La transmisión de la canciller se repitió al menos seis veces desde la central de comunicación del Supremacy antes de que la Primera Orden la interceptase, pero fue suficiente. El combate en la órbita rápidamente se volvió un asedio en cuanto flotas de nuevos gobiernos llegaron a confirmar los hechos.
Sin el Supremo Líder y seis de sus consejeros, Helson tuvo que dejar atrás al Supremacy. Con las horas, informes de revueltas en otros sectores dejaron claro que el mensaje había sido recibido. Pero la tensión se respiraba en el puente mientras el sol descendía por el blanco salar. Cuando la Primera Orden se reagrupara, el contraataque sería brutal. Debían planear la estrategia a seguir, y para ello la canciller debía regresar pronto en el Halcón a Goji para reunirse con los otros líderes de la UAL.
Nix terminó de reparar el turboascensor con Rue tendiéndole cada herramienta a modo de disculpa.
- Esto ha sido fácil... –mascullaba la aprendiz para sí, con el ceño fruncido-. Demasiado fácil.
- Arreglar estos circuitos no lo es –bufó Nix, levemente irritada-. No lo hagas de nuevo.
- Lo siento –Rue al fin reconoció, con una débil sonrisa-. Puedes enseñarme a hacerlo yo...
Cerrando la caja de controles que cubría los cables, Nix suspiró mirándola con paciencia. Su amiga podía ser todo lo poderosa que quisiera en la Fuerza, pero siempre terminaba dándose la corriente con las máquinas. Y las naves. Y todo lo que usara baterías. Ella también protegía a Rue, a su manera.
- No dejaré que te fría un turboelevador –declaró, devolviéndole los instrumentos de soldar.
- Me han freído cosas peores... –Rue replicó haciendo un mohín.
El turboelevador se activó tras unos segundos, subiendo al puente a un nuevo equipo liderado por el general Caluan Ematt. Mientras ascendía, éste arqueó una ceja al ver el agujero en las compuertas. Cuando la plataforma frenó por completo, Nix vio que junto a sus pies se balanceaba un inquieto BB8.
- Comandante Dameron –saludó Ematt-. Estoy aquí para hacerme cargo del protocolo a partir de ahora. Enviaremos un holo de los altos mandos a la Primera Orden para asegurarles que éstos están en buenas condiciones. Tu astromecánico ofreció grabarlos con tal de venir por ti.
El pequeño BB8 rodó bipeando hasta Poe, quien se agachó a darle unas palmaditas y enderezar su antena mientras atendía las palabras de Ematt. Su sonrisa agotada se desvaneció al oír al droide.
- ¿Preguntaste a Emmie si se recuperará? General, ¿sabe si la comandante Connix está grave?
- La tendrán en observación. La falla de gravedad distrajo a sus captores lo suficiente como para que su equipo se soltara, pero también les costó varias contusiones -oyendo esto, Nix hizo una mueca y se encogió levemente-. ¿Cuál es la situación aquí, los generales y Hux...? Ah. Ya veo.
Sentados en un rincón con caras de pocos amigos, los altos mandos y el Líder Supremo Hux eran vigilados de cerca por los rebeldes. Luego de la llamada de Helson, habían optado por callarse. Al fin.
Luego de que Poe actualizara a Ematt sobre la situación del Supremacy, y tras el regreso de las primeras rondas de exploración, tareas fueron repartidas. Estaban diseñando los turnos de vigilancia en cada sector cuando el turboelevador bajó sin que nadie lo enviara. Con un vuelco al corazón, Nix revisó el seguro de su blaster, antes de apuntar a la entrada junto al resto de los rebeldes.
- Es solo Jacen... –refunfuñó Rue, dándole una sutil mirada de advertencia.
Todos bajaron las armas con alivio, pero el corazón de Nix siguió latiendo fuera de ritmo. Sin saber qué hacer con sus manos, se recargó en la pared con los brazos cruzados, intentando actuar natural.
Las compuertas del turboelevador mostraron cuando éste subió, y el aprendiz entró al puente por el agujero con una sonrisa. Sus ojos azules destellaron al verla, pero cuidando las apariencias, fue primero a saludar a Poe y a Ematt. Un romance con un Jedi, después de todo, era un tema delicado...
- Gran aterrizaje, equipo –alabó a las tropas-. Pero ¿quién se hizo cargo de la falla de gravedad?
Los ojos de la mitad de los presentes se fijaron en Nix, quien no pudo hacer más que ruborizarse.
- Yo lo hice... –murmuró avergonzada, alzando la mano-. Los designados murieron en el camino.
- Oh... –el rostro de Jacen pasó de la sorpresa a la calma en un tris-. Pues, los niños lo pasaron fenomenal con eso. De hecho, nos ayudó un montón a crear lazos con ellos. Bien hecho, Nix.
- Gracias... –ella sonrió ante el cumplido solo para recordar que debía disimular. Dejó de sonreír.
- ¿Y por qué no estás con los niños...? –intervino Rue, dirigiéndole una de sus intensas miradas.
- Cierto... ah... recibí noticias... –mirando con desconfianza a Hux y compañía, les indicó que se acercaran. Una vez que ellas lo hicieron, siguió en voz baja-. Tía recibió una nueva transmisión de nuestro amigo el chiss. Ahora dice que quiere hablar en serio. Nos ha invitado a Csilla.
Alzando las cejas con curiosidad, Nix miró los rostros de los presentes. Nadie era invitado a Csilla, el planeta capital de la misteriosa Ascendencia Chiss. Al menos, no para hablar de rutas de hipervuelo.
- Acabamos de ganar –señaló Ematt con gravedad-. Es algo sospechoso, por no decir menos.
- Tal vez reconsideraron, precisamente por esta victoria –Poe se acarició la barbilla, pensativo.
- O tal vez están colaborando con la Primera Orden –Rue hizo una mueca-. O con el Emperador.
- ¿Pero por qué intervendrían en esto? –objetó Jacen-. Los chiss no se meten en los asuntos de otros gobiernos y no atacan a menos que los provoquen. Además, no les agradan los humanos.
Una oleada de entusiasmo invadió a la twi'lek, pensando en la oportunidad presentada frente a ella. Un lugar inexplorado, lleno de gente que nadie sabía qué hacía o cómo vivía. Nix debía conocerlo.
- Yo no soy humana –se apuró a señalar-. Yo puedo ir contigo, en nombre de las Alianzas Libres.
Además, no veía a Jacen en semanas, sus prácticas de vuelo podían retrasarse un par de días...
- Si se trata de información veraz... –sopesó Ematt-. Podríamos obtener nuevas rutas de acceso a Goji, tal vez para naves más grandes. Podríamos prepararla como último refugio, en caso de una eventual invasión de la Primera Orden. Jacen, ¿qué tan seguro estás de este contacto?
- ¿Les he dado alguna vez un mal dato? –sonrió, pero al ver que Ematt no respondía, agregó- Bronn sonaba confiable en las transmisiones, y no hay razón para pensar que nos harán daño.
- Son chiss. No son exactamente amigables con otras especies. Con nadie, fuera de los suyos.
- Pero tampoco son abiertamente hostiles. Y si lo son, deberán enfrentar a dos hábiles pilotos... –el joven le guiñó un ojo a ella mientras nadie más lo veía-. Si Nix puede venir conmigo, claro.
- Iré. Es una gran oportunidad... –Nix miró al general Ematt- Si están de acuerdo ustedes, claro...
Técnicamente, mientras estuviese en la UAL, Nix debía seguir órdenes de Poe; y éste, de Ematt.
- Vayan con cuidado –replicó el general con un asentimiento-. Y reporten a Poe sus hallazgos.
- Yo estaré en Goji informando al consejo, por lo que la señal debería ser buena –Poe agregó-. Debemos dejar Jakku mientras aún está tranquilo, hablaré con la canciller para irme con ella.
Nix miró de reojo a Rue esperando a que se opusiera, lista para argumentar con todo lo que tenía. Pero tras un par de segundos mordiéndose la lengua, su amiga suspiró resignada. La twi'lek le sonrió.
- Llévense el Época Veloz. Tiene más defensas que el Fantasma IV, y no me pongas esa cara, Syndulla. Sabes que es cierto. Yo debo reportarme con Leia también, pero he de revisar algo antes de dejar el Supremacy. Poe, ¿me esperarías aquí antes de irte al Esperanza?
- Claro –él asintió, mirando alrededor mientras Ematt iba a las estaciones-. Has sabido algo de...
- Viene subiendo –Rue lo atajó disimulando una sonrisa.
Finn simplemente atravesó el agujero de las compuertas, al cabo de unos segundos. Con el cabello y la ropa chamuscados, había visto mejores días. Poe no tenía tiempo para ver esto, yendo a recibirlo.
Nix, Jacen y Rue ladearon la cabeza al verlos abrazarse efusivamente. Éstos se miraron sonrientes por eternos segundos, y desviaron la mirada antes de seguir hablando con grandes aspavientos. Sus tres espectadores resoplaron como una unidad, mientras BB8 se acercaba a saludar. La twi'lek se agachó a acariciarlo, un hábito que había adoptado de tanto ver a Poe haciéndolo.
- Y llevan un año así –meneó la cabeza, sujetándose de un tablero para pararse-. Increíble.
- Finn ha estado ocupado entrenando –explicó Rue-. Y en el Supremacy. No se ven tan seguido.
- Tampoco nosotros –replicó Jacen, rozando discretamente la mano de Nix al revisar el tablero.
Una nueva oleada de entusiasmo la invadió al imaginar los siguientes días solos de camino a Csilla.
- Está bien, amorcitos. Será mejor que me vaya –con un escalofrío, Rue se interpuso entre ellos.
- Siento tener que llevarme a Nix –se disculpó el aprendiz, tendiéndole la mano como despedida.
- No, no lo haces –sonrió, y Nix juró oír la mano de Jacen crujir en el apretón-. No olvides meditar.
Sin perder el aplomo, Syndulla le dedicó una exagerada reverencia. Rue lo fulminó con la mirada por unos segundos, antes de volverse a abrazarla. Nix le devolvió el abrazo sintiéndose en las nubes.
- No puedo creer que lo logramos –suspiró aliviada-. El Supremacy finalmente está abajo.
- Hiciste un gran trabajo y estoy orgullosa de ti –Rue se apartó para mirarla-. Ten cuidado allá.
- Estaremos bien. Gracias por prestarnos el Época Veloz. Lo cuidaré –prometió con solemnidad.
- Ni lo menciones... –su amiga arrugó la nariz-. Tan solo no usen mi camarote. Medito ahí.
Escandalizada, Nix la vio abandonar el puente de mando dedicándole una última mirada cómplice, mientras Jacen se despedía de los demás. Luego de hacer lo mismo, y asegurarse de que la antena de BB8 estuviese apropiadamente arreglada, ambos bajaron a los hangares a buscar el Época Veloz.
- Sabes... se me ocurre algo que hacer en el camino –comentó casual mientras subían a la nave.
No era meditar. Encendiendo los motores, Jacen la miró de reojo esbozando una intrigada sonrisa.
Necesitaba respuestas, se repetía a sí misma una y otra vez, mientras se encaminaba a su destino. Empezar por el inicio de aquel desastre, aunque a regañadientes, le parecía lo más razonable para encontrar pistas al paradero del Emperador. Dando un hondo suspiro, Rue se preparó para el desafío.
Las puertas del turboelevador se abrieron. Echando un breve vistazo alrededor, apretó los dientes y entró al helado salón del trono de Snoke. Incluso limpio y vacío, era abrumador a los sentidos. Con practicada distancia, la joven exploró sus emociones. Debía cruzar la tormenta, para llegar a la calma.
Los recuerdos no tardaron en acudir a su mente: el dolor desgarrador de perder a Maz, la imagen de Skywalker envuelto en rayos, el frío del lado oscuro fluyendo por su ser mientras dirigía su furia a Snoke, la gélida mirada de Kylo; la certeza de que ella moriría antes de persuadirlo de volver a la luz...
Cerró los ojos y dejó las imágenes ir, esperando a que el lado luminoso viniese a traerle sosiego.
No lo hizo.
Con un escalofrío Rue sintió algo. Abrió los ojos determinada a no dejarse intimidar. El salón estaba cargado de energía oscura, ella asumió que así sería, y que haría vacilar su conexión a la luz con ecos del pasado, tan solo al poner un pie adentro... Frunció el ceño. Pero eso no era simplemente un eco...
Manteniendo su miedo a raya, se extendió con sus sentidos. No había nadie ahí, pero la sensación era inquietantemente familiar. Alguien acechaba en las sombras. Su pulso se elevó. Ahora sabía quién.
Fue como si el aire mismo hubiese espesado. El salón se cerró sobre ella, presionando sus sienes.
- ¡No! –gruñó, llevándose las manos a la cabeza.
Con un acceso de náuseas, se resistió a lo que sabía era señal a que intentaban entrar a su mente. No esta vez, pensó mientras la ira crecía dentro de sí. Ya no iba a dejar que la invadieran, nunca más.
- ¡Vete! –la presión en sus sienes se volvió una corona de espinas y gritó aún más fuerte- ¡VETE!
Las luces estallaron sobre ella y el suelo chirrió bajo sus pies, mientras que con toda su voluntad rechazaba a la fría y oscura presencia. Antes de dejarla ganar, se cerró de la Fuerza. Debía calmarse.
- No tienes poder sobre mí... –masculló, acompasando su respirar-. No tienes poder sobre mí.
Se precipitó de vuelta al turboascensor y oprimió los botones con dedos temblorosos. Cuando éste comenzó a bajar, Rue recargó la espalda contra uno de los muros y se cubrió el rostro con las manos. Con el corazón aún latiendo acelerado, se dijo a sí misma que había estado cerca. Demasiado cerca.
Debía encontrar al Emperador, pero no a costa de su mente. Alguien tenía experiencia en el tema.
- Estúpido bastardo –suspiró, aún temblando-. Dónde demonios estás...
Pero echarse a llorar no le serviría de nada. Se restregó los ojos y fijó la mirada en las compuertas. Herido como estaba al percibirlo en Canto Bight, ya no podría escapar tan fácilmente de ella. Ahora que el Supremacy estaba al fin en tierra, podría persuadir a la UAL de dejarla a cargo de la búsqueda.
El turboelevador se abrió y Rue salió al pasillo que conectaba con el acceso al puente de mando, aún sin atreverse a soltar su bloqueo de la Fuerza. Por prevención, mantuvo una mano sobre su sable.
Se topó con Finn caminando en la dirección opuesta. Por la expresión en su rostro, la había sentido.
- ¿Todo bien? Sentí que...
Manoseada por hombres, estrellada en una nave en llamas y casi invadida nuevamente por la fría y asquerosa presencia del Emperador. Todo en menos de dos días estándar, y sin tiempo a tomar una siesta. Rue no había matado a nadie en un arrebato en todo ese periodo y estaba satisfecha con ello.
- ...estoy bien –replicó cansinamente tras hacer el balance. No había razón para preocupar a su ansioso amigo-. Fui al salón del trono por alguna pista al Emperador. Pero me abrumó, así que me cerré de la Fuerza para despejarme. Dejaré el bloqueo antes de ir a Goji, por si me buscas.
- Oh... –la inquietud de sus ojos se suavizó, mas no se fue del todo-. Pudiste haberme esperado.
- Tengo que reportarme con Leia ahora –explicó ella, cruzando los brazos-. Con esto hay una chance a que me dejen la búsqueda de Solo. Debemos llegar a él antes que la Primera Orden.
Nada de esto era falso, pero Finn entornó los ojos de todas formas. Eligió sus palabras con cuidado.
- Sé que nos ha dado los planos del Supremacy, y que hay motivos para creerlo de nuestro lado. Pero Rue... no me gusta no saber eso que sé que te estás guardando. ¿Debería preocuparme?
- Siempre te preocupa algo –le dedicó una mirada divertida-. Piénsalo así: mientras más fuentes tengamos para encontrar a Palpatine, mejor. Buscar en los archivos requerirá a todo un equipo, por lo que bastará que solo uno de nosotros supervise, y los desertores querrán verte por aquí.
- Aún hay algo que no estás contando –él suspiró, sacudiendo la cabeza-. ¿Me dirías si es malo?
Ése tipo irritantemente preguntón era su amigo y quería lo mejor para ella. Rue intentó ser paciente.
- No sé lo que es –se forzó a reconocer, mirándolo a los ojos-. Por eso quiero respuestas.
- ¿Y Ben Solo las tiene? –Finn arqueó una ceja.
- Más le vale tener algunas –bufó, sombría-. Me esperan en el puente. Me alegra que estés bien.
Finn asintió lentamente, devolviéndole la mirada con sabiduría. Muy como un Jedi, pensó orgullosa.
- Está bien, entonces. Confío en tu criterio y espero que sea para mejor... –su solemnidad se fue al demonio en cuanto esbozó una sonrisa maliciosa-. Suerte con hablar con los altos mandos.
- Gracias... –rodó los ojos de solo imaginarlo-. Cuídate, Finn, y no hagas nada estúpido.
- Ah, ya me conoces –él se encogió de hombros, como quitándole importancia.
- Exacto –replicó, dándole unas suaves palmaditas en la mejilla.
Dicho esto, echó a andar de vuelta al puente, determinada a ir a conseguir todas sus respuestas.
Ben podía ver el mar desde su hogar en Chandrila, pero absorto en armar un modelo de X-Wing, la vista del soleado apartamento no podía importarle menos. Tenía recién ocho años. Desparramados sobre la alfombra de la sala de estar, él y su padre nombraban juntos cada pieza de la nave a escala.
Su madre entró a la habitación, con expresión agobiada y su largo cabello castaño a medio trenzar.
- Me han llamado al comunicador... –se detuvo en seco y se mordió el labio al ver lo que estaban haciendo-. Oh. Siento mucho interrumpirlos... pero Han, necesitan que vayas al senado ahora.
Di que no, pensó Ben. Sin levantarse del suelo, su contrariado padre miró arriba frunciendo el ceño.
- Pero hoy es mi día libre –protestó-. Sabes, apagar el comunicador es un mensaje en sí mismo...
- Han... –su tono era dulce y firme a la vez, hincándose con ellos-. Lo sé. Dijeron que era urgente.
Tras un mudo duelo de miradas, su padre bufó y se sentó. Observando esto, Ben se rió por lo bajo.
- ¿Y a ti qué te parece tan gracioso? –preguntó Han, girando suspicaz al notar que no se detenía.
- Dices que nadie te da órdenes –se burló, a ver si así lo hacía quedarse-. Pero mamá lo hace...
Leia se cubrió la boca para disimular una sonrisa, y mirándola, su padre resopló con aire juguetón.
- Es lo que ocurre cuando te casas –soltó, para añadir con voz tenebrosa-. Y te va a pasar a ti...
Su advertencia tomó a Ben desprevenido. Ocultando su espanto, cruzó los brazos y alzó la barbilla.
- No es cierto. El tío Luke dice que seré un Jedi. Y los Jedi no se casan. ¡Já! –concluyó triunfante.
- Bah, tienes razón, pequeño listillo. Pero tal vez lo hagan dentro de unos años... –su padre le guiñó un ojo con aires de confidencialidad-. Si cierta pelirroja se queda lo suficiente esta vez...
- ¡Han! –lo riñó Leia con el mismo tono de antes-. No deberíamos hablar de lo que no sabemos.
- Yo solo digo lo que veo, cariño –le dedicó una sonrisa torcida y ella la devolvió a regañadientes.
- Te esperan en el senado –su cálida mirada no admitía réplicas-. Yo me quedaré aquí con Ben.
- El deber llama... –suspiró Han entre dientes-. Incluso cuando es el comunicador de mi esposa.
Ben miró su modelo a medio armar, intentando no verse triste para no decepcionarlos. Sus padres eran héroes, los necesitaban en el senado todo el tiempo. Leia se acercó a abrazar a Han, y mientras él lo hacía de vuelta, le hizo una cara mirando al cielo en desesperación. El niño se esforzó en sonreír.
- Terminaremos el X-Wing en cuanto vuelva –prometió su padre, desordenándole el cabello para luego acariciarle una mejilla-. Nos vemos luego, chico...
El rostro de Han se iluminó con el brillo rojo de su sable de luz, y Ben despertó jadeando por aire.
Con el pulso agitado, se incorporó en la cama de un cuarto en penumbras. Temblando desorientado se extendió a la Fuerza, solo para recordar que en donde estaba era inútil. Sus heridas ardían, se llevó una mano a tantearlas. Estaban parchadas, pero cualfuese el analgésico del anticuado material, ya se había agotado. Volvió a recostarse, acompasando su respirar para controlar el dolor y la conmoción.
Myrkr podía ocultarlo de la Fuerza y las secuelas del lado oscuro, pero no de sus propios recuerdos. Suspiró para aliviar el vacío en su pecho, éste se sentía aún más intenso sin poder conectar con la luz. Asumiendo que su insomnio lo mantendría en vela, resolvió que no esperaría hasta el amanecer.
Aún debía encontrar al Emperador, y la existencia de otro Kylo Ren solo dificultaba más las cosas.
No había nadie más en el cuarto. Una débil luz de luna entraba por el ventanal junto a la cama. Se levantó con lentitud y salió de ésta buscando sus cosas alrededor. Su ropa estaba doblada sobre una mesa cercana. Se vistió torpemente, y notó que lo que halló en Mustafar ya no estaba en su chaqueta.
- Así que no es una visita social.
Ben se dio la vuelta con un escalofrío al ver una sombra. No había sentido a Lando entrar al cuarto.
- ¿Dónde está? –preguntó a la figura recargada junto a la puerta- Lo que guardé en mi bolsillo.
La silueta vaciló antes de acercarse al ventanal, mientras él resolvía qué hacer. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca como para verse en la escasa luz, Ben reparó en que era incapaz de devolver la mirada a Calrissian. Se miró los zapatos, buscando palabras adecuadas en la neblina de su mente.
No las encontró. Tal vez nunca lo haría. Tras un breve silencio que le pareció eterno, Ben murmuró:
- Gracias. Por curarme. Me iré en cuanto lo tenga de vuelta, no quiero causarte problemas con...
- Quédate por favor –la voz de Lando tembló levemente-. Podemos hacer como que nada pasó...
- Pero sí lo hizo –lo interrumpió, apretando la mandíbula y dando un paso hacia atrás-. Sí pasó.
- Un periodo de gracia. Mientras sanas. Luego... ya veremos. No he visto a mi sobrino en años.
Como si lo hubiesen dado un puñetazo en el estómago, Ben quedó sin aire. Atreviéndose a alzar la vista, reparó en que su envejecido tío lo recibía con una triste sonrisa. Sintiendo su garganta cerrarse en un nudo, él asintió en silencio, y se dejó llevar de vuelta a la cama. La cabeza aún le daba vueltas, mitad por el estado de sus heridas, mitad por el alivio de sentir que un ser querido todavía lo... toleraba.
Luego de una pausa, Calrissian extrajo algo de debajo de su capa y lo depositó sobre la frazada.
- Ya estaba así cuando lo hallé en tu chaqueta –advirtió, encendiendo la luz de la cabecera-. Te traeré unos parches nuevos para que puedas descansar y reponerte, pero antes, me gustaría saber qué es exactamente esto, y por qué es tan importante. Conozco algunos de los símbolos.
Su tono era grave. Al mirar sus ojos entendió su sospecha. No podía culparlo. Suspirando tomó el objeto para examinarlo. Su pulso se elevó al ver que se trataba de un orientador Sith, pero pareció detenerse del todo al notar que estaba roto, perforado con la inconfundible huella de un sable de luz.
- Idiota... –soltó entre dientes, y dejó caer el inservible artefacto. No lo había visto a tiempo.
La sangre se le subió a la cabeza junto a una avalancha de pensamientos. ¿Acaso el otro Kylo lo había hecho cuando no veía? ¿Lo habría hecho Ben sin darse cuenta mientras peleaban? Respirando agitado se puso de pie y empezó a pasearse, ramalazos de dolor lo hicieron sisear de impaciencia...
...y viendo la expresión alarmada de su tío, recordó que debía parar.
Se miró las manos empuñadas. Él ya no era Kylo. Ben dio un hondo respiro, y dejó ir su frustración.
- Lo siento –murmuró avergonzado-. Me he frustrado. Eso es un orientador Sith, iba a destruirlo tras obtener las coordenadas. Me tomó meses conseguirlo pero ha sido en vano...
- No, Ben, mira –si bien algo tensa, la voz de su tío era amable-. Alguien talló un mensaje en él.
El aludido alzó la cabeza para mirar a Lando con incredulidad. Éste volvió a tenderle el orientador, mostrándole la base. Toscas letras en básico estándar estaban rayadas en el metal, como hechas con un objeto filoso. Ben frunció el ceño leyendo una y otra vez el mensaje, intentando encontrarle sentido.
Desiste de este camino. Exegol ha sido destruido. Pronto le seguirán los siervos del Emperador.
