Capítulo 4: Territorios desconocidos (parte 1)
La Fuerza se retorcía y arremolinaba en los amplios corredores de piedra que el aprendiz cruzaba para llegar a su maestro. La negrura del escondite era casi asfixiante, antorchas hacían un débil intento por mantenerla a raya, como un reflejo de lo que era la lucha del lado luminoso contra el lado oscuro.
Solo una corriente de aire, o un perezoso movimiento de su capa, y las sombras reinarían otra vez.
Pero la realidad solía ser algo más compleja, y el Emperador conocía esas sutilezas mejor que él. Era sabio, poderoso y longevo, y el aprendiz había comprobado que sus métodos eran más efectivos.
Lo encontró en la misma habitación en la que lo vio por primera vez. Ahora ambos eran más fuertes. Luces rojizas iluminaban las paredes, proyectando extrañas sombras que parecían cambiar cuando no miraba. En esta ocasión, sin embargo, restos de un muro de piedra se alzaban en medio del salón. El centro estaba pulido como si fuese un espejo, los amarillos ojos del Emperador se reflejaron en él.
- Bienvenido de vuelta, aprendiz –saludó sin girar, absorto en su nueva adquisición-. Infórmame.
Desde debajo de su máscara, sintió como se le erizaban los vellos de la nuca. No se trataba de un objeto oscuro, pero ése muro, lo que quedaba de el, debía tener un poder impresionante en la Fuerza.
- El Supremacy ha caído en Jakku, maestro –redirigió su vista al Emperador-. ¿Puedo preguntar por qué no atacamos ahora, para exterminar a la Primera Orden y la Unión de Alianzas Libres?
- No aún –él replicó secamente-. Para la victoria absoluta, debemos continuar con nuestro plan.
El aprendiz aguardó unos instantes a la espera de una explicación. No la consiguió. Nunca lo hacía.
- Recuperé el sable de luz –se atrevió a agregar-. Pero el orientador estaba roto, como predijo.
El Emperador se giró, y el aprendiz sintió sus ojos amarillos escudriñar hasta el fondo de su alma.
- ¿Dónde está, entonces? –su maestro entornó los ojos en una mueca- No percibo que lo tengas.
- Ben Solo huyó con él –el aprendiz se arrodilló al notar que el salón se enfriaba-. ¿Le he fallado?
- No. Cumpliste tu rol a la perfección –la voz del Emperador fue monótona, casi ausente al volver a mirar la roca pulida, y el aprendiz reparó en que habían símbolos antiguos grabados bajo sus grietas-. Buscará algo que ya no es relevante. Nos dará tiempo hasta que lo obtengamos todo...
El Emperador extendió una de sus pálidas manos a la lisa superficie, y el aprendiz percibió que la Fuerza se alteraba a su alrededor. Las sombras que se movían en su visión periférica empezaron a agitarse, y mirando el espejo creyó ver como el reflejo de la habitación se distorsionaba ligeramente...
...y se detenía. Su maestro apartó la mano con un siseo, y ésta se disolvió en volutas de oscuridad. Suspirando, llamó con un gesto a los sirvientes que aguardaban ocultos en un rincón. Éstos le trajeron dos alienígenas humanoides, altos y fornidos, que se arrodillaron sin oponer resistencia.
Con la mano oscurecida que aún mantenía su forma, el Emperador drenó la vida de los alienígenas. Éstos cayeron muertos a sus pies. Sus sirvientes se los llevaron mientras volvía a mirarse en el espejo.
- Ya conoces tu tarea, aprendiz –lo despachó con voz glacial.
- Sí, maestro –replicó éste, levantándose y caminando fuera de la habitación-. No le fallaré.
- Cuando vives lo suficiente, todos lo hacen... –fue lo último que escuchó saliendo al corredor.
El aprendiz le probaría lo contrario. Él no tenía nombre, no necesitaba uno para saber lo que era. Él era la destrucción de sus enemigos, el arma que ejecutaría la venganza no solo contra la Primera Orden, sino contra todo el que intentase reemplazar su gobierno con falsas promesas de paz y justicia.
Solo había una paz, y una justicia. La que los Sith traerían a esa galaxia destrozada por el conflicto.
Él era la Mano del Emperador, su leal servidor. Pero la gente de a pie lo conocería como Kylo Ren.
Meditando por horas en el camarote de tripulación del Halcón, Rue había recuperado su conexión con el lado luminoso, dejando atrás la horrenda sensación de ser acechada desde las sombras. En la claridad de la luz, percibía como los objetos dispersos en el cuarto flotaban en armonía a su alrededor.
Incluso con los ojos cerrados, podía ver a Chewie y R2 pilotando en la cabina. A Emmie, Sunrider, 3PO y Leia reunidos en la bodega principal. A Poe y BB8, acercándose por el corredor. Si se estiraba aún más lejos con sus sentidos, percibía el borroso torrente del espacio que surcaban en fracciones de segundo a hipervelocidad. Todo aquello estaba conectado. Todo aquello era parte de la Fuerza...
- ¿Rue...? –golpes en duracero hicieron caer los objetos flotantes. La joven fulminó la compuerta con la mirada-. Escucha, estamos por salir del hiperespacio a Goji. ¿Estás meditando todavía?
Encontrar sosiego en el lado luminoso no era el problema. El desafío de la aprendiz era mantenerlo.
- Ya no... –bufó, estirándose fuera de su posición de loto para ir a abrir la compuerta-. Gracias.
- Leia quiere verte antes de bajar a la base –explicó él con un gesto-. En el camarote de Chewie.
- ...iré en breve –respondió ella, tras una intrigada pausa. Poe asintió y se fue, y BB8 lo siguió.
Cruzó el Halcón hacia el camarote adivinando las intenciones de la canciller. Rue se había ganado el respeto de las tropas al pelear a su lado, pero el consejo de la UAL era más... demandante. Que la dejaran a cargo de la búsqueda de Solo requeriría esfuerzo, ni hablar de convencerlos de ofrecerle un acuerdo. Era un alivio saber que Nix no la vería interceder por el tipo que mandó a matar a su familia.
- ¿Preparada para la reunión? –fueron, efectivamente, las primeras palabras de Leia al recibirla.
Juntando todo su aplomo Rue dio un corto asentimiento. La sonrisa de su maestra fue amable, una cariñosa mezcla de paciencia y diversión. Sentada en el camarote de Chewbacca, negó con la cabeza.
- No con ese cabello –palmeó el lugar vacío junto a ella en el colchón-. A sentarse, no demoraré.
Rue abrió la boca para protestar, pero la cerró intuyendo que sería en vano. Leia la instaba a elegir sus batallas, y ella realmente intentaba hacerlo. Se sentó a dejar que peinara, trenzara y recogiera su cabello con manos maternales, tan similares a las de Maz...
- ¿Cómo estuvo Canto Bight? –inquirió casual mientras le entrecruzaba mechones de cabello.
Pensando en su madre, la pregunta la tomó por sorpresa. Rue se tensó escogiendo sus palabras.
- Me controlé... –replicó de espaldas a ella, mirándose las manos-. Y no tuve que herir a nadie.
No mencionó a Ben. Implicaría explicar cómo sabía de él, y no estaba lista para esa conversación.
- Oí que sacaste a unas acompañantes del planeta... –las manos y la voz de Leia seguían siendo suaves al peinarla, mas Rue hizo una mueca sintiendo su humor-. Y de otra donación anónima.
- No pude dejarlas ahí –confesó atropelladamente-. Sé que fue un riesgo, pero no me arrepiento.
Su maestra no respondió enseguida, terminando de recogerle la trenza con horquillas. Rue esperó su veredicto en silencio, sintiendo que con los segundos éste se volvía más cómplice que acusatorio.
- Entiendo tus motivos –suspiró finalmente Leia-. Sabes que lo hago... más de lo que quisiera...
A la canciller no le gustaba recordar, pero tiempo atrás estando solas, se lo había confiado a Rue. Leia también había matado a su abusador gracias al poder del lado oscuro, más o menos a su edad.
- Toda acción tiene consecuencias, Rue –sintiendo el cansancio en su voz, ella giró a mirar su afligido rostro-. Necesito que lo entiendas. Y estés preparada para afrontarlas con integridad.
Como la de su mellizo, la mirada de Leia era profundamente sabia. Razón por la cual, si bien prefería mantener a cierta persona fuera de discusión, Rue jamás se había atrevido a mentirle.
- Sí, maestra –la joven se mordió el labio, conflictuada-. Desearía poder decir que lo siento. No lo hago, las trataban como cosas. Pero sí lamento decepcionarla, y no ser la Jedi que esperan...
La expresión de Leia se suavizó, y tomó una de sus manos, reconfortándola con una cálida mirada.
- No estoy decepcionada, solo preocupada. La galaxia espera leyendas, y los nuevos Jedi serán personas. Serán cuestionados, y será frustrante –se inclinó hacia adelante para enfatizar-. Pon atención a tus palabras hoy. Y llámame Leia. Ya hemos hablado de ello.
Rue sabía que la negativa de Leia para volverse una Jedi se debía, en parte, a las consecuencias de aquel asesinato en Tatooine. Las otras razones, ésta había prometido contárselas más adelante...
- Tendré cuidado–asintió, señalando irónica su trenza-. ¿Me veo como una Jedi decente ahora?
- Te ves adorable –Leia le replicó-. ¿Estás segura de querer encargarte de la búsqueda de Ben?
Inquirió con tacto. Tal vez no era una Jedi, pero estaba bien al tanto de la frustración que la invadía al mencionarlo. Rue no podía disimular, mas sintiendo sus heridas en Canto Bight, y la presencia del Emperador acechándola, decidió que si querían encontrarlo a tiempo, tendría que buscarlo ella misma. Ben era un recurso valioso para la UAL y los nuevos Jedi. Y la Fuerza aún los unía, lo quisieran o no.
- Debo ser yo –frunció el ceño sin poder explicarlo-. No me gusta, pero debo ser yo. Lo presiento.
- También yo –reconoció su maestra con un leve asentimiento-. Entonces, hagamos que suceda.
Los coloridos tapetes de Maz aún cubrían las paredes del Época Veloz, haciéndolo ver más como una madriguera que una nave. Cualquier desperfecto podría incendiarlas y hacer un desastre adentro, pero las chicas decidieron dejarlas y nadie pudo hacerlas entrar en razón. Junto a Finn, Emmie y Jacen se pasaron días rociando las telas con una olorosa resina no inflamable, pero había valido el esfuerzo.
Jacen sabía que nadie sobrevivía cuerdo a años de enfrentamientos sin un sitio al que llamar hogar.
Le tomó toda su fuerza de voluntad salir de la cama con Nix aún acurrucada a su lado. Tras vestirse en silencio para no despertarla, le besó la mejilla con delicadeza y caminó de puntitas hacia la cabina.
Tras sentarse en la silla del piloto a chequear el tablero y la ruta de vuelo, se acomodó en posición de loto a meditar. Dejó que los pensamientos fluyeran por su mente, primero con felices reminiscencias de su reencuentro con Nix, luego con las sensaciones de su cuerpo, hasta encontrarse completamente anclado al presente. La Fuerza era pacífica a su alrededor ese día...
Aunque claro, eso siempre ocurría cuando Nix estaba cerca. Si se extendía con sus sentidos, sentía su cálida presencia el camarote de tripulación. Sonriente, el aprendiz siguió su meditación arrullándose con los suaves sonidos de su corazón latiendo, y de su acompasado respirar.
Eventualmente ella despertó, sacándolo de su trance con un leve sobresalto. Sin abrir los ojos aún, la sintió remolonear por su cuarto antes de entrar a la ducha. Esperó paciente a que saliera, disfrutando cada impresión que percibía de la joven en la Fuerza. Tras unos minutos, sus pasos se aproximaron por el pasillo, lentos y perezosos, hasta frenar de súbito a sus espaldas.
- Oh, lo siento, no quería interrumpir... –se disculpó al verlo salir de su posición de loto en la silla.
La había extrañado tanto las últimas semanas... Jacen no pudo evitar sonreír como idiota al verla asomada a la entrada, sus ojos pardos yendo de la silla del piloto al suelo mientras retrocedía apenada.
- No lo haces, acabo de terminar –le extendió una mano, invitándola a acercarse con expresión juguetona-. Ahora que estamos vestidos y aseados, quiero saber cómo estuvo tu viaje a Ryloth.
No era que él no hubiese disfrutado con todo su ser las últimas horas, pero apenas habían hablado desde que entraron al hiperespacio, y su espalda lo resentía. Soltando una risita cómplice, Nix fue a sentarse en su regazo, rodeándole el cuello con los brazos. Él le abrazó la cintura mientras escuchaba.
- Otro desierto, ¿puedes creerlo? –sabiéndolo retórico, él calló viendo como su naricita se movía al hablar-. Pero fue divertido conocer todo un planeta de twi'leks como yo, pude practicar Ryl y aprender sobre sus costumbres. No sabía que había tantos modos de preparar carne asada...
Una fugaz sombra de angustia pasó por su expresiva mirada, y él percibió que pensaba en Tuanul.
- ...pero la fruta era maravillosa –agregó ella, reponiéndose con una sonrisa-. De tantas formas y texturas y sabores... Charth nos hizo participar en una cosecha mientras reunía inteligencia en una plantación cercana, luego de que Sura lo hizo entrar a la UAL... Él prometió ayudarme a buscar registros de mis padres biológicos cuando la guerra termine. Así que pienso volver...
Nix nunca hablaba de su familia adoptiva, pero Jacen sabía del horror que vivió al encontrarlos en Tuanul. Evitaba la carne desde entonces. El aprendiz admiraba lo luminosa que aún era su presencia en la Fuerza pese a haber pasado por experiencias tan terribles. Él solo la amaba aún más por aquello.
- ¿Era guapo? –inquirió él, alzando una ceja. Nix lo miró a los ojos, confundida.
- ¿Charth...? –torció el gesto, como haciendo memoria- Sí, yo diría que sí. Tenía un buen físico.
- ¿Mejor que el mío? –Jacen le dedicó su sonrisa más encantadora, sabiéndolo imposible.
Nix rodó los ojos al notar que solo buscaba fastidiarla. Ella siempre le decía la verdad. Siempre.
- Me gusta más el tuyo... –se acercó a tirar de sus orejas- ¿Acaso quieres que te lo recuerde?
Su tono de voz era un suave regaño y una sugerencia en partes iguales, llenándolo de expectativa.
- Me encanta cuando me lo recuerdas –murmuró, mirando sus labios-. Eres muy buena en eso.
Ella se inclinó a rozar sus labios. Él sintió como la luz del sol se expandía por su cuerpo. Le devolvió el beso con intensidad, sintiendo sus amplias caderas bajo sus manos. Como respuesta, las manos de Nix se deslizaron por sus hombros a entrelazarse en su nuca, atrayéndolo más a si. Su cálida boca jugueteó sobre la de Jacen hasta que él olvidó cómo se respiraba. Se apartó de mala gana, sin soltarla.
- ¿Y qué hay de mi cautivadora personalidad...? –jadeó, intentando recuperar el aliento.
Su dulce Nix dirigió entonces los besos a su quijada, bajando por su cuello al replicar entre risas.
- Eh... claro... –y él habría reído a su vez, pero cada beso le agitaba más el pulso-. Eso también...
Escalofríos de los buenos bajaban por su espina sintiendo su aliento en la piel, y él tuvo que pensar:
- ¿No deberíamos guardar energía para el viaje...? –ella mordió su clavícula-. Oh. Olvídalo.
Dejó de pensar. Las manos del aprendiz, bajo control hasta entonces, se aventuraron bajo la blusa de Nix a trazar círculos en la tibia piel de su espalda. Ella se estremeció al contacto, y percibiendo sus deseos en la Fuerza, él pasó un brazo por debajo de sus piernas para llevársela de vuelta al camarote.
Una alarma le impidió levantarse. Apartándose bruscamente, ambos protestaron viendo el tablero.
Estaban por llegar a la frontera chiss. Intercambiando una resignada mirada, Jacen le dio un último fugaz beso a Nix y ella se levantó de su regazo. Él volvió lentamente a la silla del copiloto y echó una rápida mirada a los cañones y escudos antes de prepararse a contactar a Bronn, su elusivo informante.
Nix se sentó en la silla del piloto y se preparó para sacar el Época Veloz del hiperespacio. La nave se sacudió antes de tiempo y ella ahogó una exclamación cuando el túnel de luz se deshizo ante ellos.
- No fui yo... –miró a Jacen con expresión inquieta-. Los chiss nos han sacado de la hiperruta.
Mirando al negro espacio frente a ellos a través del transpariacero, el aprendiz vio como, en efecto, una comitiva de naves militares chiss aguardaba en formación defensiva. No parecía una bienvenida.
El Halcón dio un rodeo a la ciudad de Goji para aterrizar. Ésta trazaba calles circulares en torno al edificio de gobierno, ríos subterráneos abastecían sus apartamentos. Insectos luminosos eran atraídos a farolas turquesa en las zonas de descanso, mientras que los sitios más concurridos eran alumbrados con focos portátiles instalados por los rebeldes.
Caminando al centro de comando, Rue hizo un mohín. Algo estaba distinto desde la última vez que estuvo ahí. Extendiendo sus sentidos a la Fuerza, solo percibió las atentas miradas de las tropas sobre la comitiva del Halcón. Y sobre ella. Dando un hondo suspiro para mantenerse calmada, se dijo a sí misma que quizá no era la Jedi que la UAL esperaba, pero era la que tenían. Y con ello debería bastar.
Mientras empezaban la reunión en el salón de asambleas, estudió los rostros de políticos y militares rodeando el amplio mesón circular. Asistían el secretario Casterfo, los generales Syndulla, Ayr'lar, Erin y Archer, y los senadores Xiono de Hosnian Prime, Dorea de Corellia y Ney de Sullust. Representantes extraoficiales de otros planetas también participaban, coordinando las revueltas locales mientras sus gobiernos se mantenían neutrales al público. Todos escuchaban incrédulos a Poe mientras reportaba.
- ...con el éxito del ataque al Supremacy y su breve difusión por la HoloNet, al menos dieciocho planetas han informado levantamientos. Las comunicaciones entre sistemas siguen cortadas, pero hemos logrado expandir la noticia por nuestros propios medios. Mientras hablamos, Finn y el equipo de inteligencia de la comandante Connix registran los archivos de la nave por actividad que sugiera la ubicación del Emperador. En paralelo, el general Ematt interrogará a los altos mandos retenidos en Jakku. Alguien debe saber algo, así que es cuestión de tiempo para obtener resultados, y contamos con las provisiones para mantener la ocupación por años.
- Sería irracional –opinó Ayr'lar, un bothan de aspecto severo-. Estancar todo nuestro progreso...
- Esperamos no llegar a ello –Poe se apuró a replicar-. Solo digo que el lugar es una fortaleza.
El holomapa proyectado tras él resumía bien su situación. Con enfrentamientos activos en Mon Cala, Bothawi y ahora Corellia, mientras menos tropas dejasen en Jakku, mejor. Pero con Pryde reorganizando a la Primera Orden desde Coruscant, tampoco podían confiarse. No con el Emperador vivo. Muchos en la UAL eran demasiado jóvenes como para recordar, pero para eso existía la historia.
- Gracias, comandante Dameron –el secretario Casterfo asintió en su dirección-. En el intertanto, debemos evaluar la mejor forma de dar las noticias al resto de la galaxia. No podemos permitir que el regreso del Emperador genere el pánico y merme los ánimos de revolución en la gente...
Sintiendo como su oportunidad de intervenir se extinguía, Rue optó por acabar rápido con el tema.
- Ya conocemos a alguien que podría saber algo... –terció, atenta a las reacciones-. Ben Solo.
Como era de esperarse, la atmósfera del centro de comando se enfrió en cuestión de segundos.
- Te refieres a Kylo Ren... –inquirió Xiono, uno de los pocos sobrevivientes de Hosnian Prime.
Con los ojos del consejo sobre ella, suspiró y relajó el ceño. Debía medir sus palabras, y sus gestos.
- No. Me refiero a Ben Solo. Todos aquí están al tanto de que fue él quien nos dio los planos del Supremacy. Es un recurso valioso nos guste o no, y quiero liderar personalmente su búsqueda.
El silencio que siguió, sin embargo, insinuaba algo. Disimulando su desconcierto, Rue miró a Leia.
- ¿Ha habido novedades respecto a este tema...? –consultó la canciller con expresión impasible.
Esforzándose en replicar la misma actitud, Rue volvió a observar a los altos mandos. La tensión era evidente, algo había pasado. Su corazón dio un vuelco al pensar el peor escenario posible... No. Ben estaba herido, no muerto. O ella lo habría sentido en la Fuerza. Notó que comenzaba a sudar frío.
Ella lo habría sentido, ¿verdad...?
- La búsqueda fue cancelada hace unas horas, canciller –informó el senador Ney con suavidad.
Olía a insidia, mas las reacciones del consejo e invitados indicaban que no todos estaban al tanto.
- ¿Quién lo ordenó? –Casterfo giró a ver a Ney con visible molestia-. ¡No fui informado de esto!
- Fue una reunión extraordinaria, en lo que duraba el ataque al Supremacy –explicó Xiono, tenso.
- ¿No pudo esperar a que regresáramos todos de Jakku? –la general Syndulla agitó sus lekkus.
- Fue una emergencia –el general Archer, si bien serio, estaba inquieto en la Fuerza.
- Una muy razonable –agregó el general Erin, apretando la mandíbula.
- ¿Quién dio la orden? –Poe insistió, a regañadientes-. Esta no es nuestra forma de proceder...
- Yo lo hice –Ayr'lar alzó una mano, mirando a todos los presentes-. Con el apoyo de la senadora Dorea y los generales Erin y Archer. Xiono y Ney se abstuvieron, pero cuento con una lista de representantes que coinciden en no arriesgar más grupos de inteligencia por un doble agente...
Los susurros llenaron el salón. No de nuevo. Les tomó meses corroborar los planos del Supremacy para obtener la aprobación del consejo antes de atacar. En el revuelo ocasionado, Ayr'lar giró a asentir a los emisarios que oían tras él, erizando su pelaje bothan con aires de saber más de lo que decía...
- ¿Insinúa que Ben Solo es un doble agente? –inquirió Casterfo, recobrando la compostura-. Debió de discutirse esto con todo el consejo, antes de cancelar la búsqueda. ¿Tiene pruebas?
- Les recuerdo que Kylo Ren ha cambiado de lealtad antes... –el general empezó con gravedad.
- No tiene sentido –lo interrumpió Rue, incrédula-. Echamos abajo la capital móvil de la Primera Orden con su información. Es un costo demasiado alto como para ser una pantalla...
- ...y fueron mis bothans quienes se arriesgaron a corroborar esa información –señaló Ayr'lar.
Rue ladeó la cabeza mirándolo fijo. El tipo siempre estaba dispuesto a recordárselo a todos, pero...
- Fue Finn quien hizo los primeros reconocimientos –vio a Leia advirtiéndola con los ojos-. Señor.
Se estaban desviando del tema, y la aprendiz empezaba a irritarse. Buscó paz en el lado luminoso.
- No entiendo qué los llevó a cancelar la búsqueda, general –intervino Casterfo-. Sí, sus cambios de bando son cuestionables, pero habíamos acordado encontrarlo para poder llevarlo a juicio...
- A la mano derecha de Snoke –Ayr'lar soltó teatralmente-. Autoproclamado Heredero de Vader.
Leia guardaba silencio en su expresión más digna mientras el bothan se entretenía pormenorizando los errores de su hijo, el mismo que no estaba ahí para responder por ellos. Su maestra no se merecía esa clase de tortura. Rue sintió como la sangre comenzaba a hervir en sus venas, y optó por morderse la lengua. Actuar desde su ira solo lo empeoraría. Miró suplicante a Casterfo, y éste volvió a intervenir.
Ni siquiera le agradaba el bastardo, pero como ella, sabía que había cosas más urgentes en juego.
- Jon Sunrider. Finn. Iden Versio. Del Meeko. Wedge Antilles. Mara Jade... –sus ojos azules se posaron en Rue al mencionar a su madre biológica, un sutil gesto de apoyo-. Y la lista continúa. ¿Cuántos de nuestros más valiosos rebeldes han desertado del Imperio, y ahora de la Primera Orden, al reparar en el horror de sus acciones? Convertir un enemigo en aliado es efectivo, y la razón por la cual Ben Solo lidera su nómina de peligros públicos. Debemos llegar a él antes...
- ¿Aliado...? –la voz de Ayr'lar resonó en todo el salón- ¿Bajo qué criterios, actualmente?
El bothan simplemente no se callaba, y viendo los rostros del consejo de acuerdo con él, ella bufó.
- Pues no está con la Primera Orden ahora...
Ayr'lar casi sonrió, y demasiado tarde, Rue supo que le había dado exactamente lo que él buscaba.
- Entonces cómo nos explicas esto...
Sacándose un diminuto aparato del bolsillo, el general lo activó y dejó en el centro del mesón. Un holovideo se proyectó ante el consejo. En medio de un fiero combate, Kylo Ren dirigía a sus caballeros por una adornada ciudad, desolando todo y a todos los que hallaba a su paso con su sable de luz rojo.
- Ocurrió en Warlenta, doce horas atrás. Los caballeros no dejaron sobrevivientes en la ciudad...
...el alboroto y las explicaciones que siguieron a esto, Rue no los pudo seguir. Las voces del consejo sonaban amortiguadas en comparación a la rugiente tormenta formándose en su interior. Una única idea ocupaba su mente, enviando oleadas de frío poder a todo su cuerpo y acelerando su respiración...
El bastardo jugó con su mente. Otra vez. Cerró los puños.
Y ella como idiota creyendo que era posible volver a la luz. La energía acumulándose en su interior demandaba ser liberada en algo. En alguien. Pero alzando la vista a ver el desencajado rostro de Leia observando a su único hijo arruinado, Rue se recordó que ella no podía hacerle lo mismo a su maestra.
La aprendiz cerró los ojos y dio un tembloroso suspiro. No iba a dejar que el lado oscuro le nublara el juicio. No causaría ese dolor a sus seres queridos, y no le daría esa satisfacción a sus rivales. Buscó la luz en su interior. Estaba ahí, solo debía tener paciencia. Tras un par de respiraciones, la encontró.
Cuando abrió los ojos de nuevo, algo en el video saltó a su vista. Se acercó a mirar detenidamente.
- No es él... –susurró y miró a Leia, cuyo rostro recuperó algo de color-. Es un impostor. ¿Emmie?
Se volteó a buscar a la droide en lo que recuperaba la compostura, murmullos carentes de sentido se extendían alrededor. Emmie observaba la reunión en silencio apegada a un muro cercano. Acudió a su encuentro con pasos ligeros mientras Casterfo llamaba al orden en el salón. Rue señaló el video.
- Soy la única aquí que lo ha enfrentado –empezó atropelladamente. Respiró hondo para seguir, más lento-. No se mueve como él. Es más bajo. Más ligero. Es su sable de luz, pero este tipo es zurdo. El bast... Ben Solo es diestro. Emmie lo puede corroborar, conoce más de ciento setenta tipos de artes marciales. ¿Puedes compararlo con lo que viste en la Starkiller...?
La droide miró fijo el holovideo mientras todos guardaban silencio. Tras eternos segundos, habló.
- No cumple con las medidas de nuestro objetivo. Usa maniobras Echani. Y en efecto, es zurdo.
- ¿Cómo pueden saberlo? –preguntó Ayr'lar, alzando la barbilla.
- Por como se defiende. Este tipo aparenta ser diestro, pero cuando le disparan... aquí... –más confiada, Rue señaló el holovideo en repetición, a un breve intento de las fuerzas de seguridad para detener la matanza-. Y aquí... reacciona con la izquierda para frenar los ataques, teniendo oportunidad de usar el sable con la derecha en un movimiento más fluido. No está cómodo con el agarre, menos con la guarda. Es un sensible a la Fuerza, pero está copiando un estilo, y me atrevería a decir que no lleva mucho usando un sable de luz.
Ahora que lo notaba, el tipo no tenía ni la mitad del dramatismo del bastardo. Era patético de ver.
- ¡Aún así, seguir la búsqueda es peligroso! ¡Él es peligroso! –gritó una voz al fondo.
También yo, quiso gruñirle irritada. Pero mirando los rostros del consejo, percibió que finalmente, había conseguido su atención en buenos términos. Puso su mejor cara de Jedi al hablar con suavidad.
- Todos lo somos, potencialmente. Es una elección. Ben Solo eligió abandonar la Primera Orden y toda la influencia que poseía en ésta para dar otra oportunidad a la Resistencia...
- Y cosechamos los frutos de esa acción al tomar el Supremacy –agregó Casterfo-. Este ataque puede ser un ardid del general Pryde desde Coruscant. Querrá legitimar su gobierno interino usando a Kylo Ren como gran amenaza, para que la gente pida de vuelta a la Primera Orden.
- Puesto de esa forma, tiene sentido que aparezca ahora... –reconoció el general Erin.
- ...entonces debemos tomar Coruscant, antes de que ocurra –declaró Ayr'lar, estremeciéndose.
Voces a favor y en contra respondieron a esta idea, mientras la aprendiz veía que se alejaban más y más del tema. Incluso ella sabía que invadir Coruscant ahora era una apuesta demasiado arriesgada.
- ¿Y el Emperador? –preguntó Syndulla- ¿No deberíamos averiguar en dónde está primero?
- Aún no tenemos certezas de que siga vivo... –señaló la senadora Dorea.
- Luke Skywalker lo creía –Poe repuso, ceñudo-. Rue también lo cree, y fue su última aprendiz...
- ...una Jedi Gris que no cree en la Nueva República... –el tono de Ayr'lar era escéptico.
A Rue nunca le gustaron los juegos políticos del bothan, pero ahora sentía que se volvía personal.
- ¡Nunca dije eso! Dije que los Jedi no responden a la Nueva República, sino a la Fuerza... –Leia la advirtió con otra mirada- Eso significa a todos los seres de la galaxia, lo que nos hace aliados.
Ella creía que era el gobierno menos nefasto, pero decirlo en voz alta solo causaría más problemas.
- Y encontrar al Emperador es prioridad de todos –arguyó Poe, mirándolos a todos-. O nunca eliminaremos este conflicto de raíz. Debe tener más de cien años. ¿En qué condiciones vive? ¿Tiene otras armas? ¿Más aliados? ¿Un plan? Necesitamos más información, eso es seguro. Puede que no nos guste, a mí ciertamente no me gusta, pero Solo es más útil para nosotros que para la Primera Orden, y ellos lo saben. Tiene sentido que se esmeren tanto en un montaje.
- Si es que es un montaje –Ayr'lar replicó-. Kylo Ren ha cometido horrendos crímenes, aliados se han restado de la UAL solo por su vínculo con Leia Organa. Incluso hay quienes creen que el regreso del Emperador es solo una historia para que ésta obtuviese el puesto de canciller...
Rue tomó aire, dispuesta a decirle al bothan todo lo que opinaba de él, pero el alboroto que siguió a esto fue abrumador para sus sentidos. Rechinando los dientes se cerró de la Fuerza para soportarlo, mientras políticos, generales y emisarios de decenas de mundos discutían y se removían inquietos.
- Puede decir lo que quiera de Kylo –saltó Ney-. Pero Leia Organa merece su respeto, general.
- Gracias, senador Ney –la voz de Leia, clara y firme, silenció a todo el salón. Al mirarla, su rostro parecía esculpido en piedra-. Fue una decisión unánime la que me otorgó el puesto de canciller, un cargo que yo no pedí pero que acepté a falta de otro candidato más experimentado. No voy a negar los hechos y lo complejo de la situación. Ben Solo, mi hijo, ha hecho un profundo daño a esta galaxia, y por ese daño enfrentará un juicio en cuanto esté bajo custodia de la UAL. Me restaré de toda decisión asociada para que el debido proceso sea transparente. En orden de agilizarlo, Rue se ofreció a liderar su búsqueda, antes de que la Primera Orden lo encuentre.
- No me malinterpreten –Ayr'lar mostró las palmas en un gesto de paz-. Respeto a la canciller Organa por todos sus años de servicio, pero no gastaremos más recursos de inteligencia en buscar a un traidor, no cuando debemos enfocarnos en nuestro siguiente objetivo: Coruscant. Los asuntos de la Fuerza, deben quedar en manos de aquellos que pueden sentirla...
Las réplicas inundaron el salón de asambleas nuevamente, y una agotada Rue intercambió miradas con una agotada Leia, mientras Ransolm trataba en vano de retomar el ambiente idóneo del consejo. Ambas sabían que encontrarlo sin un equipo sería una tarea casi imposible si se cerraba de la Fuerza, y con una incómoda mezcla de sentimientos, la aprendiz se llevó una mano al costado izquierdo.
¿Cuánto duraría vivo si no podía tratarse una herida así...?
- ¡El Emperador es más importante!
- ¡Que detengan a Kylo!
- ¡Debemos recuperar Coruscant!
- ¡Hay que resguardar el Supremacy!
- ¡Es una trampa para descuidar los planetas en conflicto!
- ¡SILENCIO! –estalló Rue, cohibiéndose al notar que realmente se callaban. Tardó instantes en conectar con la luz-. Gracias por su silencio. Es obvio que aún hay mucho por hacer para ganar esta guerra. Ben Solo debe enfrentar un juicio por sus crímenes, pero eso no reparará el daño que infringió. Lo que sí puede ayudar, es ofrecerle la oportunidad de prevenir uno mucho peor. Esa es la forma de los Jedi, es lo que mi maestro habría hecho, y es lo que yo haré, con o sin apoyo de inteligencia. Será decisión de la UAL tratarlo como prisionero o aliado en cuanto lo traiga de vuelta. Ahora recomiendo que demos por zanjado el tema, y continúen con su reunión.
Nuevas voces volvieron a alzarse, a favor y en contra de la declaración de la colapsada aprendiz.
- ¡Kylo mató a su propio padre!
- ¡Debemos centrarnos en la invasión!
- ¡Hay que encontrar al Emperador!
- ¿Y si Kylo nunca dejó el lado oscuro?
- ¡Dejen que la Jedi haga su trabajo!
- ¿Y si sirve al Emperador?
Impulsadas por la indignación de aún tener que defenderlo, las palabras escaparon de sus labios.
- Si llega a probarse que sirve al Emperador o al lado oscuro, me encargaré de él personalmente.
Solo al mirar los tristes ojos de su maestra, concluyó con pesar que nunca debió pronunciarlas.
N/A: Último capítulo del año, puede que tarde en actualizar, pero volveré ;) Tengan unas felices fiestas!
