Capítulo 4: Territorios Desconocidos (parte 2)
Gritos y llantos lo despertaron sobresaltado de otra pesadilla confeccionada con recuerdos. Dando un suspiro para recuperar la calma, Ben rodó sobre su lado sano a mirar por el ventanal. Ya no había luna, y las estrellas apenas se veían entre las siluetas de los árboles que cubrían el refugio de Lando.
En sus pesadillas, destruía aldeas enteras. Perdió la cuenta de cuántas arrasó bajo la máscara de Kylo Ren. En otras, revivía como asesinaba a su padre en la Starkiller, y Chewbacca se le abalanzaba con sed de venganza. A veces, Snoke o Skywalker lo atacaban mientras dormía. Pero las más terribles eran en las que no lograba sanar a Rue, y completamente solo, terminaba de rendirse al lado oscuro.
Sin esperanzas ni otro sitio a donde ir, se volvía un esclavo del Emperador. Justo como su abuelo.
Ben estuvo tan cerca de seguir esa senda, de perderse a sí mismo en la oscuridad. Trataba de no pensarlo, vivir en el presente para no desesperar, pero algunas noches le era imposible. Solo entonces y tras cerrarse de la Fuerza, se permitía recordar que Rue aún lo buscaba, y que no se iba a detener.
Él sabía ahora que el destino los reuniría siempre. Temía y anhelaba el momento a decírselo, pero aún tenía mucho por hacer antes de buscar la forma. Partiendo por encontrar, y vencer, al Emperador.
Por imposible que pareciese a veces...
Resignado a otra noche insomne volvió a tenderse de espaldas, mirando el techo mientras repetía el mensaje del orientador. El fantasma de Anakin le dijo que encontraría su verdadero destino en ese objeto. ¿Debería ahora obedecer la inscripción, o se trataba de otro engaño? El amanecer lo encontró aún girando y volteándose en la cama, buscando respuestas sin poder acceder a la claridad de la luz.
Golpes en la puerta lo hicieron levantar a vestirse con lentitud. El rostro de su tío al entrar fue cauto.
- ¿Qué ocurrió? –inquirió Ben al notarlo, sus manos suspendidas sobre la camisa a medio cerrar.
- Uno de mis abastecedores trajo noticias con los víveres. Será mejor que las veas por ti mismo.
Lando dejó un holoproyector activado en la mesa del ventanal. Un video titiló sobre este al iniciarse y las cejas de Ben se alzaron de impresión. El Supremacy había sido ocupado y aterrizado por la flota de la Unión de Alianzas Libres, en Jakku. Ligeramente aturdido se recargó en la mesa mientras lo oía.
- ...las medidas para recuperar tanto las instalaciones como a nuestro Líder Supremo Hux y sus altos mandos se encuentran a cargo del general Enric Pryde, que ha asumido el control interno de la Primera Orden en lo que dure la crisis. El barbárico ataque de extremistas radicales se vincula al previo robo de créditos y credenciales militares, a manos de un grupo de escoltas de un sórdido casino en Canto Bight. Fuentes indican que la artimaña habría sido guiada por una Jedi quien sedujo a un exgeneral en su cuarto de hotel para sustraer los bienes, probando una vez más la depravación de la ilegítima Unión de Alianzas Libres...
Recuperándose de la sorpresa, miró la fecha del holovideo. Se trataba de un noticiario de tres días atrás. El reportero que narraba era conocido por codearse con autoridades de la Primera Orden, se veía en su ferviente repudio a la acción. Pryde estaba desesperado si debía rebajarse a rumores para disimular aquel duro golpe al régimen, y sin embargo, Ben resintió el daño a la reputación de los Jedi.
¿Qué otra cosa podía esperar de una embustera criada por piratas...? Suspiró desechando la idea.
- Estoy admirado por la disciplina de la UAL –admitió a Lando, cuyos ojos relucían sutilmente al ver el holovideo-. No parecían ser tantos. Es un golpe importante, pero no el final. La Primera Orden guarda gran cantidad de recursos en las Regiones Desconocidas, y poderosos aliados.
Ninguno como la Fuerza, le habría dicho Skywalker. Pero Ben no era él. Se sacudió la amarga idea con sentimientos encontrados. Si bien se había sacrificado para salvarlo, él aún no olvidaba su traición.
- ...un ataque de esta envergadura podría sacudir lo suficiente la galaxia como para sacar al Emperador de su escondite –dijo en su lugar-. Puede ser mi oportunidad para salir a buscarlo.
- Hay más aún... –replicó Lando, ahora serio, pasándose una mano sobre su entrecano bigote.
Cambió el holo presionando un botón, y retrocedió unos pasos. El siguiente video no tenía sonido, y Ben lo agradeció internamente. En este, Kylo masacraba con su sable de luz a un contingente de fuerzas locales de seguridad que no recordaba. Cuando el último policía era atravesado con el plasma rojo, una ráfaga de rayos era dirigida a él. Éste rechazaba el ataque sin esfuerzo yendo a sus rivales...
- Stormtroopers... –murmuró Ben al distinguirlos en el video, sintiendo la sangre huir de su rostro.
En lo que duraba un latido, entendió que no se trataba de él. Y que era una grabación reciente...
- Es el tercer planeta en menos de dos días –Lando informó con tacto-. La Primera Orden explicó los ataques como actos terroristas de la UAL para desestabilizarlos, dada tu conexión con Leia.
- Por supuesto... –exhaló, las piezas encajando en su mente-. Me usarán como chivo expiatorio.
Incapaz de ver más, Ben cerró los ojos y respiró profundo para calmarse. Su verdadera identidad, un secreto a voces durante su tiempo en la Primera Orden, fue anunciada a la galaxia con bombos y platillos horas después del ascenso de Hux como Líder Supremo. Si aquello no había devastado a su madre lo suficiente, luego de todo el sufrimiento que ya le había causado, ver aquellos videos lo haría.
- Déjame contactarla... –el tono de su tío era casi suplicante-. Muéstrales que ése no eres tú...
- No cambiará nada –siseó, y su voz tembló con ira contenida. Volvió a suspirar, y abrió los ojos a mirar a Lando-. Lo siento. Pero no tengo nada que ofrecer. No puedo volver, no luego de...
Calló, incapaz de decirlo en voz alta. Traidor. Asesino. Criminal. Monstruo. Una desgracia para su familia. Todas ciertas. Desolado, miró de reojo al orientador roto que reposaba en la mesita de noche.
- Debo encontrarlo primero –susurró-. Y vencerlo. No puedo hacerlo desde adentro de una celda.
...que es en donde estaría por el resto de su vida si se contactaba con la UAL. Nunca confiarían en Ben Solo, y razones no faltaban. Todavía había días en los que ni siquiera él podía confiar en sí mismo.
- Supe que tú les diste el mapa... –su tío apagó el holoproyector en un intento de aliviar su pesar.
- Uno que Maz Kanata robó –precisó Ben, mirando al suelo. Ahora estaba muerta por su culpa, ¿cómo podrían perdonarlo?-. Recordé que lo tenía tras huir. Solo lo dejé ahí. No es suficiente.
Ahora que el auténtico caos reinaba en la galaxia, los planetas rogarían por cualquier cosa que les diera estructura y seguridad. Era el momento adecuado para que el Emperador regresara a hacerse con el poder, y lo hiciera triunfalmente. Ben debía encontrarlo antes de que aquello sucediese. Lando le dedicó una mirada cargada de compasión. Suspiró, posando una reconfortante mano en su hombro.
- Puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites... –Ben vio como su tío se debatía por decir lo siguiente-. Pero mi niñita podría estar en la tripulación del Supremacy... debo ir con la UAL.
Notando que los ojos de Lando se humedecían, Ben se forzó a ver más allá de su propio dolor. Su hija había sido robada siendo apenas una niña pequeña. Tras muchos esfuerzos, la Nueva República solo pudo indagar que uno de los Remanentes Imperiales estaba secuestrando hijos de altos mandos de la Rebelión en retaliación. Nunca los encontraron, porque fueron entrenados como stormtroopers de la Primera Orden. Destrozado tras años de búsqueda en vano, su tío se aisló del escrutinio público.
Myrkr era su santuario privado, lejos de cualquier recuerdo de la gran vida que había tenido antes.
- Por supuesto que tienes que ir –asintió Ben con suavidad-. Espero que puedas encontrarla...
- ¿Sabes si la Primera Orden tendrá información del secuestro? –Lando inquirió- ¿Lo que sea?
- No lo sé... –frunció los labios al ver su expresión afligida-. Es posible. Guardan registro de todo en caso de ser útil luego. El Supremacy tiene una extensa base de datos.
Su tío asintió ensimismado, mirando ceñudo hacia el ventanal como evaluando sus posibilidades.
- Está decidido entonces. Iré. Eres bienvenido a ir conmigo... –los ojos de Lando volvieron a él, solo para encontrar una muda negativa-. Tan solo piénsalo. Dices que no tienes nada que ofrecer, pero la información que posees es valiosa, Ben. Tal vez pueda ayudarte a conseguir un acuerdo con las Alianzas Libres, si colaboras con ellos. No sería la primera vez que ocurre...
Ben desvió la mirada al ventanal. A la luz del amanecer los árboles parecían bailar con el viento al borde de la terraza exterior. Sus días de libertad estaban contados. Debía deshacerse del Emperador antes de aquello, si quería devolver a la galaxia al menos una parte de la paz que le había arrebatado.
Tal vez así entenderían...
- Los preparativos tardarán unos días –concilió su tío, tomando el holoproyector y caminando a la salida-. Debo encontrar a un contacto de confianza con las Alianzas Libres, y una hiperruta que no esté vigilada por la Primera Orden. Encargaré repuestos para tu X-Wing, y serás libre de quedarte o irte en mi ausencia. Solo dime tu decisión antes de que me vaya. ¿Te parece?
Ben era tratado con una amabilidad que no merecía luego de todo lo que hizo. Pero era agradable.
- Gracias, Lando –intentó en vano tragarse el nudo en su garganta-. Por todo. Te lo haré saber.
Su tío asintió y se fue con aire distraído. Tras verlo salir, Ben volvió a mirar por el ventanal. Dejaría Myrkr cuando Lando fuese a la UAL. Éste podría explicarles que no era él quien estaba detrás de los ataques, al menos para consolar a su madre y evitar que Rue hiciese algo estúpido, como darle caza.
Frunció el ceño. Ella lo haría de todos modos. Tal vez llegar a Kylo era la mejor forma de encontrar al Emperador. Acabar primero con la amenaza que el impostor representaba, sería lo mejor para todos.
Tras apagar el Época Veloz, los chiss usaron un rayo tractor para llevarlos a un hangar en su nave insignia, dándoles órdenes en fluido básico estándar. Pero al ser abordados por seis oficiales de piel azul, trajes negros y fieros ojos rojos, éstos registraron el carguero riñéndolos en su idioma: cheunh. El aprendiz y la piloto intercambiaron una última inquieta mirada antes de levantarse de sus asientos.
- Lo siento, no los entendemos... –Nix salió a encontrarlos al pasillo con su tono más conciliador.
Desde la cabina, Jacen corrió a interponerse entre su novia y ellos. Sus voces y rostros eran duros, apenas mostraban emoción. En la Fuerza no percibía intenciones de agresión, pero intuía que querían intimidarles. Cuando los apuntaron con blasters, el aprendiz tuvo que admitir que estaba funcionando.
Decidió que realmente no le agradaban los chiss, pero sacar su sable de luz solo empeoraría todo.
- Por favor, no queremos problemas. Hemos venido a hablar –enseñó las palmas, conectando con el lado luminoso-. Y de querernos muertos, no nos habrían hecho subir. ¿Me equivoco?
Los oficiales no sonrieron, pero casi parecían divertidos. Él cubrió sutilmente a Nix con su cuerpo.
- Debió ocurrir un malentendido –agregó ella-. Recibimos una invitación para venir. Nos esperan.
El cabecilla del grupo hizo un gesto y los otros bajaron las armas. Una sencilla insignia lo distinguía de los demás. Al hablar, Jacen reconoció que era quien les había ordenado por radio que se rindieran.
- Es la única razón por la que no abatimos su nave –replicó en severo básico-. Dijeron antes que quien les llamó les dio esta hiperruta. Eso es imposible, dado que es exclusiva para aristocras, y ninguno ha anunciado que invitaría a forasteros. Así que, ¿quién miente? ¿Ellos, o ustedes?
Extendiéndose a la Fuerza para evaluar a sus captores, Jacen sospechó que ambos bandos habían sido engañados. Lo cual podría llegar a ser una anécdota divertida en un futuro... si es que salían de esa con vida. Dejando ir sus miedos, determinó que lo único que podía hacer era seguir fiel a la verdad.
- Puede que ninguno lo haya hecho, oficial. Llevo meses contactándome con un presunto agente de la Fuerza de Defensa Expansionaria Chiss. Su nombre era Bronn. Él nos ofreció una visita...
- Nosotros simplemente no ofrecemos visitas –si bien calmado, la voz de su interlocutor destilaba desdén-. ¿Cuál era su puesto? ¿A qué casa sirve? ¿Conocen al menos su nombre completo?
Mirando uno a uno los serios rostros de los oficiales frente a él, Jacen rogó poder pronunciarlo bien.
- Boadilbronnahsen.
El aprendiz percibió tensión en la Fuerza, mas fue incapaz de notarla en los rostros de los oficiales.
- ¿Boadil'bron'nasen? –el chiss que lideraba entornó los ojos al repetirlo- ¿Bronna?
- Bronnáaah... –repitió Jacen, tratando de decirlo bien para no ofenderlos.
- Bron-na –intervino otro oficial, separando las sílabas con aplausos-. Bron-na.
Se estaban burlando de ellos. Al menos ya no los sentía tan hostiles en la Fuerza, tan solo irritados.
- Brona –el aprendiz se corrigió lo mejor que pudo.
- Lo suficientemente cerca... para un humano –replicó el cabecilla-. Ella no tiene autoridad para invitarlos. Bajo las leyes de la Ascendencia Chiss serán arrestados por invadir nuestro territorio.
- ¿Ella...? –la persona del radio siempre le pareció un hombre. Nix se aclaró la garganta tras él.
- Con todo respeto, señor, no me parece justo que nos arresten por leyes que no sabíamos que rompíamos. Creíamos venir en una misión diplomática, y la UAL esperará nuestro regreso...
- Si, exacto, lo que ella dijo... –agregó él, reprimiendo el impulso de besar su mejilla por ser tan lista-. Si no es Brona, ¿existe alguien con quien podamos hablar? ¿Un cónsul o embajador...?
La política no era el fuerte de Jacen, pero estaba bastante seguro de su encanto y el de Nix. El jefe de los oficiales chiss los evaluó unos segundos mientras el aprendiz percibía que tomaba su decisión.
- Avisaremos a quien corresponda que están aquí. Pero hasta entonces, confiscaremos su nave y seguirán nuestro protocolo de arresto. Por inquietante que les pueda parecer.
El aprendiz no percibía peligro inminente en ninguno de los oficiales. Estaban siguiendo las reglas, cuales fuesen. Intercambiando una sutil mirada de acuerdo con Nix, ambos asintieron. A una nueva señal del cabecilla, dos de los oficiales sacaron vendas de lona negra y las anudaron sobre sus ojos.
- ¿Es esto realmente necesario...? –Jacen preguntó mientras eran escoltados fuera de la nave.
- Lo será en territorio chiss –replicó secamente un oficial.
El sol abrasador de Jakku se colaba por los amplios ventanales del salón del trono del Supremacy, mas no lo suficiente como para quitarle el frío rastro de la presencia de Snoke. Desde allí tenían acceso a todas las bases de datos de la nave, y Finn se había tomado como una prueba de tolerancia el usar ese sitio como base de operaciones, guardando la calma ante la oscuridad que aún flotaba en el lugar.
Aunque le costaba más vencer el aburrimiento. Todos en el salón leían en silencio. Revisando una por una las carpetas de archivos de cada año desde la existencia de la Primera Orden, él casi entendía como ésta estaba tan sumergida en la miseria. Proyectos terribles, guerras y saqueos aparte, la simple burocracia era suficiente como para enloquecer a cualquiera. Finn llevaba horas examinando reportes.
En un rincón, los mejores informáticos de la UAL intentaban desencriptar la biblioteca privada de Snoke. Mientras tanto, treinta miembros de inteligencia revisaban el resto alrededor de un improvisado mesón, conectados a una terminal de datos. Ocasionalmente, alguien jadeaba ante su datapad y salía veloz tras copiar archivos relevantes. Pero hasta entonces no avanzaban mucho, y el documento que Finn leía no se volvía más ameno. Rabiando por un descanso, se estiró y fue a curiosear al ventanal.
No todo era malo ahí, se recordaba mirando afuera. No solo por la surreal vista de la nave enterrada en el salar. También podía ver a los sinnombre, la especie insectoide de Aaggo, disfrutando del sol en la cubierta. Incluso, y si se concentraba lo suficiente, podía también percibir un eco luminoso flotando en elsalón. Era el vestigio de una profunda compasión, cambiando la corriente que era la Fuerza...
Se estaba resignando a volver a su datapad cuando se abrió la puerta del turboelevador. Por ésta entraron Peet, Jannah y otros cuatro rebeldes, cargados con botellas de agua y comida deshidratada.
- ¿Hambrientos? –preguntó Peet con una gran sonrisa.
El grupo de inteligencia empezó a moverse como saliendo de un trance. Los recién llegados fueron repartiendo raciones, y mientras Finn se sentaba a dar el primer bocado a la suya, Jannah se le unió. Muchos desertores habían cambiado su aspecto en desafío a las normas de la Primera Orden, y sus rizos, siempre recogidos y engomados hasta entonces, ahora enmarcaban su rostro como una nube.
- Me gusta tu nuevo estilo.
- Gracias –ella le sonrió mientras se sentaba a su lado.
El aprendiz vio como le daba un escalofrío, y su sonrisa fue reemplazada por una expresión airada.
- ¿Por qué este sitio siempre está frío...? –susurró mirando por el ventanal-. Oh. Los destructores se han ido. Seguro esperarán en un sistema cercano a las órdenes de Pryde. El escudo tiene el calibre de uno planetario, pero no dejo de pensar en lo que tendrá planeado para nosotros...
Finn la notaba inquieta, y no solo por la energía del salón. Sensibles o no a la Fuerza, todos ahí se preparaban para un pronto contraataque. Sondas de la Primera Orden aún vigilaban los alrededores.
- Energía para el escudo no faltará en un desierto –él la tranquilizó-. Las reservas de emergencia pueden funcionar con luz solar... pero tampoco me gusta la idea de estar aquí más de lo justo.
- ¿Después de todos los beneficios de crecer aquí...? –Jannah le hizo una mueca a su ración y Finn se rió-. En un principio creí que sería rebelarnos y ya. Ahora que somos responsables de lo que hacemos, cuesta intentar ser mejores que ellos. Más cuando aún intentan matarnos...
Si había sido difícil para Finn el tránsito de stormtrooper a desertor, solo podía imaginar lo que era luego tener que hacerse cargo de quienes les habían hecho tanto daño. Él simplemente había huido, y de no ser por sus amigos y la Fuerza, probablemente estaría varado en un planeta del Borde Exterior.
- Creo que están haciendo un buen trabajo organizándose para decidir qué hacer con su libertad. Aunque nunca esperé que tantos desertores quisieran entrar a la UAL –recordando la reunión de esa mañana, agregó-. Sacarán a los niños de aquí pronto. Naboo está preparando refugios.
Jannah dejó de beber agua y se volteó a mirarlo, sus ojos marrones destellaron con la noticia.
- Eso es un alivio. Muchos coincidimos en que estarán mejor en otro sitio. Troopers leales a la Orden han intentado huir en varias ocasiones. Quienes aún llaman a luchar han sido aislados, pero no nos quedan tantas celdas –frunció el ceño-. Matarlos no es opción, así que a menos que podamos intercambiarlos o algo, ¿crees que sea posible encerrarlos en planetas aliados?
Finn alzó las cejas. Si bien era más joven que él, Jannah no era de los que dejaba cosas al azar.
- Sería bueno que se lo propusieras al general Ematt...
- Jannah... Finn... –recién dada de alta, Kaydel se les acercó a paso lento-. He encontrado algo que puede que les interese...
- ¿Del Emperador? –Finn dejó de lado su ración y se paró a ir a su encuentro.
- Del programa de nuevos reclutas. Parece ser la continuación del Proyecto Resurrección...
- ¿Ése que los rebeldes sabotearon hace décadas? –inquirió Jannah apurándose a alcanzarlos.
Finn no escuchó la respuesta. Instintivamente giró a los tres informáticos del rincón, para captar el momento exacto en el cual sus rostros pasaban del cansancio al interés, a la total confusión. Con un mal presentimiento, se disculpó de Connix dando un gesto y cruzó velozmente el salón para hablarles.
- ¿Encontraron algo? –se asomó a ver los datapads señalando error. Su corazón dio un vuelco.
- Toda la biblioteca está vacía... –murmuró uno de ellos, pasándose la mano por una barba de tres días-. Borrada hace seis meses desde esta terminal. Todo nuestro trabajo fue en vano...
- ¡Kriff! –fue la única, contundente exclamación del que estaba a su lado.
Varios de los rebeldes que comían giraron a mirarlo. La tercera informática solo meneó la cabeza.
- No hay nada aquí –anunció a quienes miraban interrogantes desde el mesón-. Lo han borrado.
- Justo bajo nuestras narices... –Jannah terció, mientras se acercaba trayendo a Kaydel.
El aprendiz sentía que cualfuese el ardid que había tras eso, era mayor al que veía con sus propios ojos. Pero en un lugar como el salón del trono, no podía pensar con tanta claridad. Suspiró impaciente, y tuvo que esforzarse en recordar que había luz y oscuridad en todas las cosas. Esa era su prueba...
- Sí –asintió-. Pero eso significa que alguien dentro de la Primera Orden intenta ocultar algo.
- General Ematt, lo necesitamos en el salón del trono... –Connix murmuró a un comunicador, para luego mirar a Finn con ironía-. A este ritmo de trabajo, y a menos que uno de los generales de Hux hable, parece que Kylo Ren será nuestra última esperanza para hallar al Emperador.
El aprendiz volvió a suspirar mirando alrededor. El equipo de inteligencia había terminado de comer y regresaba a ocuparse de los registros no encriptados, aún les quedaba mucho que leer. La biblioteca de Snoke bien podía estar vacía, pero la información de la Primera Orden no era un mero premio de consuelo para la UAL. En lo que llegaba Ematt, quiso saber más acerca del hallazgo de la comandante.
- Aún no estamos tan desesperados... ¿Qué era lo que mencionabas antes? Sobre los reclutas...
- Encontré una lista de mundos objetivo que datan de los años en los que el Remanente Imperial secuestró niños en la Nueva República –vaciló antes de agregar-. ¿Te habrá contado Poe...?
- ¿Que su madre tuvo que esconderlo de ellos en Yavin 4? –hizo una mueca al recordarlo-. Sí.
- Es una posibilidad remota, pero si tienen una lista de mundos podrían tener una de ciudades. Podrían incluso tener nombres de nacimiento –Kaydel alternó su mirada entre Finn y Jannah-. Creí importante que lo supieran, no solo por ustedes y los desertores... Ofrecer a los soldados leales a la Primera Orden la opción de regresar a sus planetas podría motivarlos a desertar.
Él había hecho las paces con la idea de nunca saber de sus padres, tiempo atrás. Su entrenamiento como Jedi solo había reforzado su desapego, entendía que la Fuerza los separó con un propósito. Tal vez en un futuro iría tras ellos, o tal vez no. Pero en el presente, ya tenía una familia que lo necesitaba.
Pero entendía que no todos los desertores tenían las mismas prioridades. Jannah había palidecido.
- Es... de seguro mucho para procesar ahora, pero sí –respondió él por ambos-. Esa información podría ser muy valiosa para todos los soldados de asalto...
- Me gustaría poder acceder a esos archivos, comandante –Jannah agregó volviendo en si.
- Les haré una copia de todo lo que encuentre –prometió Kaydel, viendo como llegaba Ematt.
El general de cabello blanco y hombros anchos se acercó a Connix con expresión cansada. Si bien su percepción de la Fuerza era inexacta en ese lugar, Finn intuyó que traía sus propias malas noticias.
- ¿Ha recibido nuevos reportes, general?
- El general Pryde está llevando una intensa campaña de difamación por la HoloNet. Ha liberado videos de un presunto Kylo Ren destruyendo ciudades enemigas y leales a la Primera Orden, a fin de sembrar caos y culpar a la UAL. Rue asegura que es un impostor, pero no servirá de nada si el verdadero no aclara los hechos. Ella resolvió ir tras Kylo, mientras Solo no aparezca.
Finn apretó los labios manteniendo su inquietud a raya. Ella nunca entró en detalles sobre qué hizo a Kylo volver a la luz, y la conocía lo suficiente como para saber que forzarla a hablar solo la alejaría. ¿Pero y si se trataba de un engaño? ¿Sería sabio dejarla ir sola a enfrentarlo? Él debía creer que sí.
- ¿Y los generales? –Kaydel preguntó con voz tensa- ¿Han dicho algo acerca del Emperador?
- Ninguno dice creer que esté vivo –reconoció Ematt, sombrío-. ¿Qué novedades hay aquí?
- Lamento informar que la biblioteca de Snoke fue borrada hace seis meses, desde este lugar.
- Ya veo... –él apretó la mandíbula-. ¿Finn, cuándo fue tu primera misión de reconocimiento?
Él tragó saliva al caer en la cuenta. Intercambiando una mirada con Jannah, se aclaró la garganta.
- Alrededor de seis meses, señor.
Con expresión calculadora, el general asintió, dejando vagar la vista por el salón.
- La Primera Orden ha reconquistado Sullust y redoblado su producción en los astilleros de Kuat. Están reponiendo a toda su capacidad, y haciendo lo posible por mantener los nuestros en Corellia, Bothawi y Mon Cala fuera de operación –asintió para sí mismo-. Ya no es seguro tener a Hux en Jakku. Quiero trasladarlo a Goji, y que tú, Finn, lo lleves en la nave que irá a Naboo.
Finn sopesó la importancia de la tarea de escoltar a Hux a Goji versus la de quedarse en Jakku sin tener acceso a la biblioteca de Snoke. Decidió que, luego de apoyar la rebelión de los stormtroopers y aconsejar a los desertores en sus primeras decisiones, había pasado su momento de intervenir ahí.
Rue podría necesitar apoyo más temprano que tarde, y dejaba a los desertores en buenas manos.
- Lo haré –le guiñó un ojo a Jannah-. Ya no me necesitan aquí.
- ¿Y los generales? –preguntó ésta, removiéndose incómoda.
- Se quedarán como garantía –Ematt evaluó a la joven con la mirada-. Has hecho un gran trabajo aquí, Jannah. Te seré franco, este sitio pasará por momentos duros. Sería de gran utilidad que los desertores que deseen quedarse a luchar junto a la UAL estén liderados por alguien de los suyos. Entiendo que te eligieron como representante. ¿Estarías interesada en ser su capitana?
Temporalmente sin habla, la aludida echó una fugaz mirada a Kaydel y a Finn. Éstos le sonrieron.
- Ah... –recuperándose de la impresión, ella carraspeó-. Gracias, señor. Es un honor. Pero creo que sería mejor consultar con los otros desertores primero...
- Házmelo saber –Ematt replicó, disimulando su desconcierto-. Lo más pronto posible, por favor.
Finn respetó su decisión de considerar a sus compañeros. Jannah era responsable y compasiva, y no dudaba que sería una buena líder si los desertores la elegían. Se corrigió. Cuando la eligieran. Al menos con respecto a ella, el aprendiz siempre tenía buenos presentimientos.
Ya ni siquiera sabía si estaban Csilla. Tras horas de hipervuelo, más de las que duraba el resto del viaje, el crucero estelar chiss dio una sacudida. Jacen y Nix fueron transportados a ciegas desde una celda dentro de la nave insignia a otra dentro de una lanzadera. Él sintió a través de la Fuerza cambios en la gravedad y concluyó que estaban por aterrizar en un planeta. Giró la cabeza a la joven a su lado.
- Creo que estamos por llegar –susurró en ryl. No la podía ver, pero la sintió enderezarse.
- Han pasado horas –ella replicó en mismo tono e idioma-. ¿Qué tan lejos estaremos de Csilla?
- No lo sé. Lo suficiente como para no saber regresar por nuestra cuenta en el Época Veloz.
- Así que solo nos queda confiar en la Fuerza, y en la gentileza de extraños –suspiró resignada.
- ...y eres muy buena en eso también... –flirteó Jacen, pero las risitas no les duraron mucho.
De algún modo, él percibía que en el planeta algo estaba fuera de lugar. Despejó la mente de ideas y se extendió aún más con sus sentidos. Se deslizaban a gran velocidad por sobre un torrente de vida. Pero era débil y se sentía como Goji. A medida que se acercaban, notó que el sitio estaba casi desierto.
La lanzadera se detuvo rompiendo su concentración y el aprendiz guardó sus teorías para después. Los oficiales volvieron a escoltarlos a ciegas fuera de la nave, ésta vez hacia el interior de un edificio inquietantemente silencioso. Y amplio, a juzgar por el eco de sus pasos sobre el piso de piedra pulida.
Al quitarles las vendas de los ojos, estaban al interior de otra celda. Jacen escrutó rápidamente sus alrededores mientras los oficiales los dejaban adentro sin decir palabra. Era una prisión elegante, a criterio de un excontrabandista. Viendo que la piloto se abrazaba a sí misma en el mismo estado de análisis, Jacen se quitó la chaqueta y la puso sobre sus hombros. Notó que ella disimulaba sus nervios.
- Se sintió como un chiste privado, ¿no crees? –opinó mientras Nix tomaba la prenda en gratitud.
Los ecos de los pasos de los oficiales resonaron fuera de la celda hasta desaparecer por completo. En acuerdo tácito ellos siguieron la conversación en susurros y en el idioma de los twi'lek. Por si acaso.
- Y no querían que viéramos el interior de sus naves –ella asintió-. O hacia dónde nos llevaban.
- Percibí muy poca gente en la Fuerza mientras llegábamos. Este lugar es demasiado fino como para ser un pueblito –miró la habitación de paredes lisas y claras, el mobiliario empotrado y la puerta que apenas se distinguía una vez cerrada-. Algo debió disminuir la población...
Los ecos de nuevos pasos lo hicieron callar y acercarse a poner el oído sobre la puerta. Nix lo imitó entornando los ojos en un intento de escuchar mejor. Se oía el tenso intercambio de un grupo que se acercaba, parecían tener diferencias de opinión. Jacen hizo una mueca sin entender nada de cheunh, y probó a extenderse a la Fuerza con sus sentidos por si averiguaba el tono emocional de la discusión.
Una presencia familiar lo distrajo de su objetivo, haciendo que su corazón de súbito se volviese de plomo. Se apartó bruscamente de la puerta, mirándola como si detrás de ella aguardase un fantasma.
- ¿Maestro...? –susurró con voz estrangulada, mas la presencia se fue tan rápido como llegó.
Era imposible. Él estaba muerto. Nix se volteó a mirarlo al escuchar su desolación. Dio unos pasos hacia él, pero antes de que pudiese acercarse a reconfortarlo, la puerta de la prisión se abrió de nuevo.
- Me disculpo en nombre de mi protegida –un chiss vestido de verde azulado entró a la celda-. Nuestras leyes son estrictas, pero he negociado un cambio de hospedaje a nuestro hogar...
El aprendiz apenas notó que su voz estaba gastada por la edad, al igual que sus ojos. Porque en un arrebato, se abalanzó a él, sujetando sus brazos con tanto ímpetu que se estrellaron contra el muro.
- ¿Quién más está en estas celdas? –preguntó, con el pulso en las nubes-. ¡Debo saberlo ahora!
- ¡Jacen...! –la voz crispada de Nix lo hizo espabilar.
En cuestión de segundos, seis oficiales vestidos de negro entraron a neutralizarlo. Instintivamente se liberó del primero con un empujón, mas dándose cuenta de lo profundo de su error, dejó de pelear.
- Lo siento, lo siento tanto... –masculló, sujeto por dos, usando la respiración para serenarse.
- Por favor perdónelo, él no iba a hacerle daño... –Nix agregó con voz temblorosa-. Él es un...
- Un Jedi, lo sé... –el anciano suspiró arreglándose la ropa-. Les quitamos sus armas, por fortuna.
No parecía afectado en lo más mínimo por el ataque, más en la Fuerza, él pudo percibir su recelo.
- Un aprendiz... –precisó, recuperando la compostura pese a temblar aún-. Uno terriblemente avergonzado, señor... Yo... sentí... creí sentir... la presencia de alguien en el edificio. Alguien muy cercano, pero que desapareció y asumí que llevaba años muerto...
Tragó saliva, convenciéndose de que era imposible que estuviese vivo. Aún sujeto por dos oficiales, Jacen contempló el desastre que había ocasionado. Pidió disculpas a Nix con la mirada, ésta veía la escena con expresión tensa, pegada al muro opuesto mientras uno de los chiss le bloqueaba el paso.
- Creí que controlaban sus apegos y emociones. Pero aparentemente, hacen honor a su nuevo apodo... –el anciano, ante la mirada interrogante de tanto Nix como Jacen, hizo un gesto suave con la mano y ambos fueron liberados-. Sí, les hemos vigilado. Después de todo, Goji solía ser una de nuestras colonias. Mi nombre es Eonar'goni'sabosen, y tengo la certeza de no alojar a ningún otro prisionero en todo este edificio. Pero puedes comprobarlo por ti mismo, Jedi Gris...
La autoridad chiss extendió con gracia un brazo hacia la puerta y lideró la marcha invitándolos a salir. Nix y Jacen obedecieron tras vacilar unos instantes, seguidos de cerca por los seis oficiales que hacían de guardia. El aprendiz notó que dos de ellos habían estado en el registro del Época Veloz.
Una amplia galería de techo alto y paredes claras los esperaba tras la puerta. No había ventanas. A pedido del anciano de nombre impronunciable, todas las celdas fueron revisadas una por una. Jacen comprobó que estaban vacías. Extendiéndose a la Fuerza, tocó disimuladamente el suelo por si sentía algo bajo tierra. No encontró nada, pero apenas perceptible a sus sentidos, volvió a notar la presencia.
Era más bien como el eco de una presencia. Jacen dejó que la sensación lo guiara, para terminar en la celda junto a la en que los habían encerrado. No había nadie ahí. Y fue la primera que revisaron...
Escuchando a su instinto más que a su lógica, entró y tocó el camarote empotrado en la pared. Entonces lo supo con certeza, y una herida que creía cerrada hacía tiempo protestó, reclamando su atención. Retiró la mano, disimulando frente a Nix y los chiss.
- Mi maestro estuvo aquí –comentó casual, atento a la reacción del anciano en la Fuerza-. Ezra Bridger estuvo aquí, pude reconocer su presencia. ¿Le es familiar el nombre...? Señor... ah...
- Será menos engorroso si solo me llaman Argonis –él replicó, y en la Fuerza, Jacen no encontró indicios de que ocultaba sus intenciones-. He oído de él, pero a decir verdad no nos interesan mucho los forasteros. Si vienen conmigo, podría consultarlo. Incluso tal vez, buscar su nombre en los registros de la Flota de Defensa Chiss.
Con su visión periférica, notó como los lekkus de Nix se movían disimuladamente en advertencia. Jacen también lo sentía. Argonis estaba siendo amable, pero también calculador. Luego de un mudo intercambio de miradas, fue la twi'lek quien respondió, yendo a posar suavemente una mano sobre el brazo del aprendiz. Su sonrisa al anciano fue amable, mas sus palabras encuadraron bien la situación.
- En nombre de la UAL, nos honraría visitar su hogar, señor. Y también, conocer a su protegida.
Por protocolo los vendaron al dejar la prisión. Desilusionada de no poder ver cómo era una ciudad chiss, Nix se dejó llevar por los oficiales, oyendo los pasos de Jacen adelante. Prioridades, se recordó, mientras la sujetaban de ambos brazos para bajar una escalera. Si bien había pasado por experiencias mucho más aterradoras, los chiss que los escoltaban, de hablar, solo lo hacían en cheunh.
Aquello era inquietante en varios niveles, pero confiando en que Jacen podría leer sus intenciones en la Fuerza, Nix se enfocó en el presente. El aire se humedeció y enfrió al salir, pero no sintió el roce del viento. Olisqueando algo similar a Goji, supuso que estaban bajo tierra. Subieron a un deslizador, y anduvieron unos minutos. Los suficientes como para ponerse a pensar en la reacción del aprendiz...
- ¿A qué se dedica, señor Argonis? –preguntó para distraerse, y rellenar el silencio.
- Soy un consejero legal de la Familia Regente Boadil.
Nix esperó detalles, pero Argonis no elaboró. El deslizador se detuvo, y en respuesta a una orden en cheunh, los oficiales les quitaron las vendas. La brillante luz del sol la encandiló por unos instantes.
No era el sol. Estaban en una caverna de la mitad del porte de la de Goji, y una fuente redonda de luz cálida flotaba en lo alto de la cúpula. Nix apenas pudo mirar boquiabierta unos segundos antes de ser apurada por los guardias a través de un gran muro hacia un patio interior. Ahogó una exclamación.
En Goji solo había visto musgo en las cuevas cerca de la superficie. Ahí había plantas, exuberantes y variadas, a ambos lados de un sendero de piedra. Más adelante, escaleras llevaban a una mansión de diseños geométricos, a juego con el color del camino. Intercambió una mirada con Jacen, a su lado.
Quienes fuesen los Boadil, tenían una buena vida. El aprendiz, al igual que ella, observaba el lugar en silencio mientras subían la escalera detrás de Argonis y entraban a la mansión por una gran arcada, seguidos de cerca por los oficiales. En el amplio e iluminado recibidor, el anciano giró a despacharlos.
Los chiss de traje negro se fueron por donde llegaron, y el anciano dio instrucciones en cheunh a un chico que entró por una puerta que instantes atrás no estaba ahí. Como la de la celda, cerrada era casi imposible de ver. El muchacho asintió e hizo una corta reverencia antes de retirarse, y si bien Nix no entendía lo que decían, le sorprendió que se conduciera como un adulto. Argonis habló en básico.
- Serán tratados como huespedes aquí, pero les sugiero que no olviden su condición ante ellos.
- Condición que sería... –tanteó Jacen con su tono más respetuoso- ¿cuál, exactamente?
- Forasteros infractores –su rostro permaneció imperturbable al ver un dispositivo de símbolos extraños sobre una segunda gran arcada-. Cenaremos en dos minutos. Podrán asearse luego.
Nix entendía que los chiss tenían costumbres muy distintas a las suyas, pero no lograba decidir si el anciano los trataba con respeto o desdén. Era como si hiciera ambos a la vez, lo que era confuso e incómodo. No les gustaban los forasteros, tuvo que recordarse. Tal vez él hacía lo mejor que podía...
- ¿A quiénes se refiere con ellos? –preguntó- ¿Acaso no estará ahí usted también...?
- Ahhh... –él suspiró, como cayendo en cuenta que no tenían idea de cómo era todo ahí. Escogió sus palabras mirándolos con sus gastados ojos rojos-. Verán, en las Familias Regentes, hay quienes somos parte de ellas sin serlo. Si nuestra labor sobresale, tenemos posibilidad de ser incluidos. Brona ha sido una adición reciente. Yo entraré con ustedes en calidad de intérprete.
Sonaba como si él aún intentara ganarse el favor de los Boadil. La idea la entristeció ligeramente.
- Si aún nos consideran infractores, ¿podremos explicarles nuestro caso para que nos dejen ir? –preguntó Jacen, entornando los ojos-. Después de todo su protegida fue quien nos llamó aquí.
Por primera vez en todo lo que llevaban conversando, Argonis se mostró auténticamente apenado.
- Me estoy encargando personalmente de retirar sus cargos –al melódico sonido del dispositivo sobre la arcada, Argonis los llevó a una puerta adornada que sí se veía-. Por aquí, por favor...
En un exquisito comedor cuyo techo estaba pintado con motivos estelares, media docena de chiss ataviados con ropajes del mismo tono verde azulado dejaron de hablar entre sí para mirarlos fijamente. Sus ojos rojos le recordaron a Nix, con un escalofrío, a una jauría de depredadores atentos a su presa.
El que parecía ser el jefe de familia, un hombre alto y de barbilla prominente, se puso de pie y dijo algo muy largo en cheunh. Demasiado tarde, Nix entendió que estaba presentando a cada uno de los presentes. Inquieta, miró a Jacen y luego a Argonis. Éste los evaluó por unos segundos y suspiró.
- No creo que haga diferencia que los presente. El Aristocra no está interesado en ustedes.
- ¿Entonces para qué invitarnos a su mesa...? –preguntó Jacen, mirando al aludido.
- No hacerlo sería considerado una falta de respeto.
Nix reprimió a tiempo una carcajada. Jacen evitó sus ojos. De mirarse, ambos estallarían en risas.
- ¿Sería apropiado decirles que agradecemos su hospitalidad? –dijo la twi'lek para disimular.
- Lo hacen por honor, no hospitalidad –remarcó el anciano-. Pero les transmitiré su intención.
Tras un breve intercambio entre el Aristocra y Argonis, éste los llevó a sus asientos en uno de los extremos de la larga mesa. En la punta del otro lado estaba el jefe de familia, quien les dio una escueta inclinación de cabeza y retomó su charla con los otros. De la punta de su lado, aguardaba una chica que al ver al anciano se enderezó todo lo que pudo en el asiento. Entonces Nix y Jacen lo entendieron.
- Boadil'bron'nasen... –saludó fríamente Argonis, sentándose a su derecha.
- Es un placer conocerte al fin... –Jacen agregó secamente, sentándose con Nix a su izquierda.
Primer capítulo del año, ojalá haya valido la espera ;) Saludos y que estén bien!
