Capítulo 7: Extraños en Goji, parte II
Hux estuvo insufrible mientras pasaban la anomalía, frustrando todo intento de buscar a Jacen en la Fuerza. Unidos en la irritación, Finn y Poe olvidaron rápido el incidente con la reina. Cuando al fin llegaron a la base, el piloto cedió al convicto, atado pero sin mordaza, a los primeros guardias que vio.
- Por favor, tan solo quítenmelo... –suplicó a la dupla que se acercaba a recibirlos. Éstos tomaron a Hux de ambos brazos con expresiones serias-. ¿Han tenido ya noticias de Nix y Jacen?
Ellos negaron, y los acompañaron a dejar a Hux a la prisión bajo el edificio de gobierno, en el centro mismo de la redonda ciudad. Las tropas que se ajetreaban por la base en sus quehaceres se detenían a mirar al pelirrojo con frialdad. Al tanto del puñetazo que le dio un tal Clover, Finn los instó a apurarse.
- Me pondré a buscarlos en cuanto dejemos a nuestro invitado en donde no desquicie a nadie...
- ¡Pagarán caro por esta afrenta! –gritó Hux a las tropas, avanzando a trompicones-. Es cuestión de tiempo a que Pryde traiga a la Orden a la puerta de su patético grupo. ¡Ninguno sobrevivirá!
- Ya fue suficiente... –Poe masculló, para dirigirse a las tropas, tensas por la provocación-. ¡Solo está blufeando! ¡Lo tenemos controlado! ¡Vuelvan a sus deberes, y oirán los reportes en breve!
Inquietos, los rebeldes regresaron a sus tareas, y Finn examinó las emociones del Líder Supremo.
- Realmente no crees lo que estás diciendo... –le bufó, ya harto de sus bravatas. Hux lo miró.
- Si me matan, la Primera Orden no tendrá piedad con ustedes –siseó, desdeñoso-. Si me dejan vivir, no reposaré hasta colgarlos de la torre más alta de Coruscant. No tienen forma de ganar.
Finn y Poe cruzaron una seria mirada. No eran nuevas amenazas, pero lo cierto era que tenerlo en Goji significaba redoblar la seguridad. Recibidos por Ayr'lar en el edificio de gobierno, dejaron a Hux en una celda del sótano antes de ir a reportar a Leia al centro de comando, ubicado en el primer nivel.
En el salón estaba Leia, 3PO, el secretario Casterfo, los generales Syndulla y Erin, y los senadores Ney, Dorea y Xiono. Mirando al aprendiz, Ayr'lar no gastó tiempo en bienvenidas o introducciones.
- Por favor reporte la misión, y díganos qué enfoque adoptarán los Jedi con los Caballeros de Ren. Asumo que se enteraron del ataque a Batuu. No podemos permitir que los saqueos sigan.
Finn frunció el ceño. No sabía de Rue y Jacen desde el Supremacy. Sentía que algo debía hacerse, sí, pero no podía hablar al consejo sin ellos. Por la expresión de Leia, ella tampoco estaba de acuerdo.
- Gracias al esfuerzo conjunto de la Flota Libre y el comandante Dameron, los niños llegaron al País de Los Lagos sin levantar sospechas en el punto de control de Naboo. La Reina Amara en persona los recibió junto a los voluntarios... –las puertas se abrieron, interrumpiendo a Finn.
...antes de poder continuar, un soldado entró discretamente al salón, agitando la Fuerza con sus emociones. Los presentes se removieron inquietos, sin oír otro sonido que el de sus pasos. El joven fue a tenderle a la canciller un mensaje en un datapad. Ella palideció al leerlo, dirigiéndose al consejo.
- Noticias de Jakku. El Supremacy está de nuevo bajo ataque –dio un hondo suspiro-. La Primera Orden averió el escudo e intentan retomar la nave sin comprometer su estructura. Hay tres destructores estelares en órbita. Solicitan refuerzos de inmediato. Comandante Dameron...
Sintiendo una desagradable opresión en el pecho, Finn pensó en Jannah, los desertores y esclavos liberados que se quedaron en Jakku. Poe dedicó una fugaz mirada al aprendiz antes de asentir a Leia.
- Me encargaré de reunir a los escuadrones –anunció, la frustración endureciendo sus rasgos.
- Iré contigo a Jakku –las palabras escaparon de sus labios antes de pensarlas, y Poe le sonrió.
- ...alguien tiene que ocuparse de los Caballeros –terció Ayr'lar-. Son una impredecible amenaza que debemos controlar, y su poder solo puede ser equiparado al de un sensible a la Fuerza.
- En eso, estamos de acuerdo –Leia intervino a su vez, con cautela en la mirada-. Pero hay siete de ellos, y hasta que Jacen o Rue regresen a Goji, no debemos precipitarnos a su encuentro.
- Puedo rastrearlos –Finn ofreció, recordando su deber-. Ir a Batuu junto a un equipo de apoyo...
- Que los sigas puede ser justo lo que quieren. Los otros han de venir en camino, estoy segura.
Desertores, esclavos liberados y civiles morían mientras hablaban y él no podía actuar desde Goji. Finn abrió la boca para replicar, mas del otro lado del salón, Leia le dirigió una de sus miradas. Recordó que debía ser paciente. Un Jedi siempre estaba en donde debía estar. Inclinó la cabeza al consejo.
- Buscaré guía en la Fuerza para determinar el curso a seguir –suspiró, dejando ir su prisa.
- Bien pensado –asintió Leia, luego dirigiéndose a Poe-. Comandante, el Templanza espera a que se le unan en el sistema Phu. Las coordenadas están aquí.
Poe fue a tomar el datapad. Además de la tensión general del salón, Finn sintió en la Fuerza algo no dicho viniendo de él. No pudo especificarlo, pues para redistribuir las tropas, Casterfo proyectó un holomapa. El aprendiz miró con aprehensión los puntos de conflicto, demasiados para la UAL. Discretamente, el piloto se le acercó lo suficiente como para hablarle sin que nadie más les escuchase.
- Necesito que me hagas un favor –murmuró en lo que se acordaba el traslado de fragatas.
- ¿Qué favor? –éste preguntó distraídamente, mientras Leia volvía a tomar la palabra.
- No te diviertas demasiado sin mí –Finn volteó a mirar a Poe, y notó que estaba inquieto.
- ...debemos reunir a los refuerzos cuanto antes –concluyó la canciller, y el movimiento de los presentes indicó que el tema estaba zanjado-. Comandante Dameron, confío en tu liderazgo.
El piloto no tardó en responder, como si la Fuerza a su alrededor no temblara con incertidumbres.
- Voy de camino, canciller –asintió, y Finn atinó a retenerlo de un brazo antes de que se fuera.
- Poe Dameron... –le envió oleadas de seguridad a través de la Fuerza-. Nos veremos pronto.
Finn lo miró fijo a los ojos, y tras unos momentos, Poe sonrió recuperando su habitual confianza.
- Nos veremos pronto –repitió, estrechando su mano efusivamente. Sus palmas estaban tibias.
Despidiéndose, Poe salió a paso veloz, mientras Finn se quedaba a explicar la misión de Naboo y el estado de Hux en la cárcel. Su mano siguió sintiéndose cálida incluso horas después de su partida.
Al fondo del concurrido galpón que usaban como taller, Kaya dormía echada sobre una mesa de inhibidores a medio armar. Viéndola desde lejos, Jon rebuscó en unos contenedores hasta encontrar una manta, y fue a cubrirla con ella. Se habían pasado semanas fabricando los aparatos para invadir el Supremacy, y tuvieron tanto éxito que les pidieron otro lote a la brevedad. Todos estaban cansados.
Un suave ronquido a sus pies lo hizo mirar alarmado abajo. Acurrucada bajo la mesa, Rose también dormía con un inhibidor en una mano, y un pequeño soldador en la otra. Imaginando todas las formas en las que podría accidentarse, Sunrider le quitó suavemente la herramienta antes de ir por otra manta.
Luego de taparla, el exoficial miró alrededor antes de irse a su cubículo. Su timidez lo había forzado a armarse un sitio en donde no lo vieran trabajar, y ahí era en donde se metía cuando había demasiado ajetreo en el taller. No era que le dijeran mucho. Los rebeldes estaban al tanto de su rol en la Starkiller.
Con su prototipo para transmitir señales rebeldes entre las de la Primera Orden como único testigo, Jon encendió una lamparita y se sentó a mirar unas tuercas tiradas sobre el mesón. Llevaba un tiempo sospechando algo ridículo, y tras haber ido a lavar su cara para despejarse, estaba listo para refutarlo.
Mirando fijamente las tuercas, Sunrider las apuntó con un dedo esforzándose en sonar persuasivo.
- Muévanse.
Las tuercas no se movieron. Humedeciendo los labios, Jon miró sobre su hombro antes de insistir.
- Fuerza, ven a mí... –giró ambas palmas al cielo, y luego las llevó a las tuercas-. Y muévanse.
Nada pasó. Jon bajó las manos y suspiró. Las probabilidades de que algo ocurriese eran escasas.
- ¿Qué estás haciendo, Jon?
Su corazón dio un vuelco al oír la voz de la canciller a sus espaldas. Se giró con pánico en los ojos.
- Nada -Organa le dedicó una sonrisa indulgente-. ¿Viene a ver el prototipo? Puedo mostrarle...
- No será necesario. Confío en que has avanzado. Solo necesitaba una pausa entre reuniones.
- Oh... –Sunrider sentía su rostro arder violentamente-. En ese caso... permítame...
Notando lo cansada que se veía, le acercó una silla y se paró a buscar su termo de caf. Con algo de suerte la canciller no lo habría visto hacer el ridículo. Le ofreció una taza con un gesto, y ella aceptó.
- ¿Sabías que soy sensible a la Fuerza? –preguntó tras tomar un sorbo.
- ¿En serio...? –su sorpresa fue mayor que la vergüenza de haber sido descubierto.
- No suelo compartirlo con todo el mundo –ella asintió con calma-. Te pediré que no lo divulgues.
Sunrider inclinó la cabeza, sintiéndose honrado. Totalmente expuesto e incómodo... pero honrado.
- ¿Puedo preguntar por qué...? –dejó la frase inconclusa, de pronto temiendo ser impertinente.
- ¿Por qué no soy una Jedi como Luke? –Organa arqueó una ceja-. No acabé mi entrenamiento. Tuve una visión que me mostró que haría mejor uso de mis talentos en otro sitio. Pero sé una cosa o dos... como reconocer a otro sensible a la Fuerza. ¿Desde cuándo lo sospechas...?
Organa preguntó con tacto, y él sintió una oleada de alivio al confirmar eso que por años lo hizo sentir tan inseguro. Jon era diferente. Recargándose en el mesón, asintió en dirección a la canciller.
- Ajan Kloss –reconoció con voz ronca-. Creí que era un ataque de pánico. Solía tenerlos en la Primera Orden, a veces coincidían con cosas malas. Me daban medicinas para controlarlos...
No las tomaba desde la muerte de Mina en Hosnian Prime. Luego de aquello, se había vuelto un manojo de miedos y remordimientos, pero también notaba que su trabajo en las máquinas se facilitaba.
- Meditar puede ayudarte con la ansiedad –Organa le dedicó una mirada amable-. También, para encontrar guía en la Fuerza. Puedo enseñarte si lo deseas...
- No quiero ser un Jedi –murmuró, recordando a los aprendices en acción-. No creo que pueda.
- Oh, nadie te forzará. Yo tampoco quería, la verdad –hizo un mohín-. No se me daba tan fácil como a mi hermano. Pero me hubiera obligado a mí misma a seguir ese camino, de no ser por esa visión. Cuando dejé el entrenamiento, Luke me dijo que no todos los sensibles a la Fuerza deben ser Jedi para hacer algo noble con sus vidas. A veces, el llamado está en otra parte...
Dedicándole una mirada cómplice, la canciller dio un último sorbo a su taza y se puso de pie. Jon se enderezó al notar que se preparaba para salir. Ésta echó un breve vistazo a su cubículo, y señaló con un gesto el prototipo de esfera inhibidora que reposaba sobre una caja de herramientas.
- Salvaste muchas vidas inventando esos aparatos. Sospecho que salvarás más algún día, creando otras maravillas. Partiendo por esas antenas modificadas. Las necesitaremos pronto.
- Sí, canciller –asintió Jon, sintiéndose algo más ligero-. Continuaré con los ensayos.
No era como si aquello revirtiese las muertes que ayudó a provocar con la creación y destrucción de la base Starkiller. Pero detener la brutalidad de la Primera Orden era una tarea lo suficientemente noble como para dar lo mejor de sí, pese a sus miedos y remordimientos. Se lo debía a la galaxia.
Ya en la puerta del cubículo, la canciller casi se estrella de frente con una rebelde precipitándose al interior. Pidiendo disculpas con la respiración agitada, ésta trató de recomponerse antes de hablar.
- Canciller, la requieren en el consejo –jadeó-. El Época Veloz ha vuelto... con diplomáticos chiss.
Tal y como esperaban al iniciar la misión, los chiss tenían mejores hiperutas para pasar la anomalía. Tras la agitada partida de Csilla, el regreso del Época Veloz a Goji apenas duró unas horas, cruzando un área menos tortuosa. Jacen guardó el trazado, por si acaso. Nunca estaba de más tener garantías.
La reunión en el centro de comando fue tensa por decir lo menos. No solo por el asunto del golpe de Estado. A fin de proteger a la Ascendencia, Brona y Belik se negaban a detallar su flota, menos ofrecerla para defender Jakku. Jacen observó los rostros del consejo alrededor del mesón, iluminados por la luz del holoproyector mientras Nix reportaba lo que los chiss les permitieron reportar. Cuando el profesor expuso sus teorías sobre los planes del Emperador, se formó un silencio sepulcral en el salón.
- Me desconcierta la escasa cantidad de pruebas que obtuvieron y el contexto en el cual nos las entregan –opinó Ayr'lar, su pelaje bothan agitándose suspicaz-. Justo tras un golpe de Estado.
- ¿Hay algo que podamos hacer, concretamente, para conseguirlas? –la senadora Dorea trataba de no tartamudear-. Esto es serio. No podemos hacer oídos sordos a esta nueva información.
- Nunca creí que diría esto –Casterfo estaba pálido del disgusto-. Pero si reunimos evidencia de esta contingencia, deberíamos evaluar una alianza de emergencia con la Primera Orden...
Solo la noción de ser un aprendiz Jedi le impidió ponerse a protestar junto a varios de los presentes. En lo que duró el revuelo de exclamaciones y gestos de rechazo, intercambió una mirada con Finn. Por el modo en que apretaba los dientes, tampoco estaba contento. Junto a éste, Nix fruncía el ceño.
- Lo primero es lo primero –objetó Leia, y las voces se fueron extinguiendo de a poco-. Debemos entender a lo que nos enfrentamos. Profesor, ¿en cuánto estima esta flota del Emperador?
- Solo con lo extraído fuera de su República, podrían equipar cientos de destructores estelares.
La suave voz de Belik flotó en el aire, ahora cargado de miedo, incertidumbre y desesperanza.
- Imposible... –soltó el general Erin, negando con la cabeza. Su angustia reflejaba la de todos.
- Hemos enfrentado escenarios tanto o más terribles –Hera suspiró, intentando convencerse.
- Pero si éste es real, me temo que solo la Primera Orden puede ayudarnos a nivelar fuerzas.
Esta vez no hubo alboroto al sombrío comentario de Erin. Pasados unos segundos, Brona habló.
- No. Luego de la devastación que causó, no pueden aliarse con los de su clase. Es un insulto.
Varios de los presentes giraron con sorpresa al oír a una chica tan joven opinar con tanta seguridad.
- La Nueva República pudo involucrarse antes –apuntó Ayr'lar, recobrándose veloz-. Pudimos haber ayudado a la Ascendencia, si ésta hubiese tenido la decencia de avisar lo que ocurría...
El rostro de Brona no se alteró en lo más mínimo, pero en la Fuerza, Jacen sintió su indignación.
- ¿Para llevar más guerra al territorio, y anexar los restos? ¿Como hicieron en el Borde Exterior?
...y sus palabras habrían sonado impertinentes de no ser porque había cierta verdad en ellas. Jacen cruzó una discreta mirada con Nix, al otro lado del mesón. Argonis ya no estaba ahí para intervenir...
- Discutir por el pasado no lo hará distinto... –comenzó Finn, mas Ayr'lar lo silenció con un gesto.
- Si conocieras nuestra historia –replicó el bothan-. Sabrías que la República llevó libertad a...
- No fueron libertadores. Fueron conquistadores que se expandieron por recursos a mundos que descuidaron –en lo que Brona seguía, Jacen buscó los ojos de Belik. Éste no se dio por aludido-. La Ascendencia no abarca más territorio del que puede administrar. ¿Pueden decir lo mismo?
- Tal vez no es tiempo de discutir esto –sugirió Jacen, sintiendo los ánimos crisparse en el aire.
- Es cierto, la República tenía defectos, montones –concedió Leia, moderando su voz-. Estamos dispuestos a oír sus sugerencias. Pero luego de terminar esta guerra. Esta situación es crítica.
- ¿Pueden ayudar a ganar esta guerra? –Ayr'lar insistió, viendo a los chiss- ¿Tienen los medios?
La atmósfera del salón podía cortarse con cuchillo. Consciente de las miradas fijas en ella, Brona paseó la vista por los rostros del consejo. Jacen tuvo un escalofrío al sentir que los juzgaba de vuelta.
- Una flota no es negociable, vinimos a compartir información. La Ascendencia guardará sus secretos, pero la República que defienden está profundamente fracturada. Si la unifican en los términos del Emperador, volverán a fallar. Dijimos lo que vinimos a decir. Nos iremos en breve.
Ante los incrédulos ojos del consejo, la chica salió del salón seguida por el profesor Belik. El primer impulso de Jacen fue cerrarles el paso, mas reconociendo su irritación, respiró para calmarse. Con una mirada alarmada, Nix fue tras ellos, y antes de unírsele, sintió la mano de Finn sobre su hombro.
- Yo iré a acompañar a Nix. Tú habla con el consejo, conoces mejor la situación de los chiss.
- Sí... gracias, Finn –asintió, viéndolo irse en medio del revuelo. El salón se llenó de murmullos.
Menudo desastre. Juntando aplomo, Jacen dio un paso al frente, llamando la atención del consejo.
- Por favor... entiendo que esta reunión no fue lo que esperaban, pero sugiero que acepten la buena fe de nuestros invitados. Su rechazo al Imperio y a la Primera Orden, créanme, es real. Tal vez es tiempo de integrar nuevos puntos de vista para enriquecer a las Alianzas Libres...
- Tiempo es lo que menos tenemos mientras refuerzos van a Jakku –objetó Ayr'lar-. Y confiar a ciegas en la Ascendencia nos distrae de nuestro real objetivo: Coruscant. Atacar a la Primera Orden en el núcleo quitaría un peso de encima a los planetas en conflicto en el Borde Medio y Exterior. Debemos asentarnos en la antigua capital, para poner orden desde ahí.
Notando el desacuerdo en varios rostros del consejo, entendió que las posturas permanecían igual.
- Para ello debemos no solo reagruparnos, sino mirar el panorama completo, que no tenemos aún –rebatió Hera con voz cansada. De pronto Jacen la notaba más delgada-. Y buenas comunicaciones, o volverán a interferirlas, como lo ocurrido con el holovideo de Leia en Jakku.
- El asesor Sunrider trabaja arduamente para sortear las interferencias de la Primera Orden, aprovechando sus propias antenas –Casterfo avisó-. Pero necesita tiempo para camuflarlas.
- Entonces tendremos que hacer tiempo –la expresión de Leia cambió sutilmente bajo la luz del holoproyector-. En vista de la información entregada por los chiss, nuestra estadía en Jakku duró lo suficiente. El Supremacy cayó. Tenemos sus registros, nuevos aliados y al Líder Supremo en custodia, pero ahora Pryde lidera la Primera Orden. Concuerdo con los generales Ayr'lar y Syndulla. Hay que reagruparnos y recuperar Coruscant. Pero antes, enviaremos exploradores al sitio mencionado por el profesor Belik. Si la Fuerza nos acompaña, tendremos la información que necesitamos sobre la flota enemiga para cuando la nuestra esté reunida.
- ¿Canciller? –el senador Ney parpadeó perplejo- ¿Quiere decir que nos retiramos de Jakku?
Justo como cuando el viento soplaba en una nueva dirección, Jacen sintió un cambio en la Fuerza.
- Sí –asintió Leia-. General Syndulla, el comandante Dameron necesitará ayuda para coordinar la retirada. En lo que los exploradores están fuera empezaremos con los planes de la invasión, a cargo del general Ayr'lar. General Erin, necesitaremos una estrategia para negociar con la Primera Orden, en caso de confirmar la flota del Emperador en las Regiones Desconocidas. Jacen... necesitaremos si no la guía, al menos el permiso de los chiss para el reconocimiento.
- Los alcanzaré de inmediato, canciller –aceptó, viendo como los aludidos se ponían a trabajar.
Dando la reunión por terminada, Jacen saludó a Hera de lejos con un gesto cansado, y fue a buscar a Nix y los demás. Ya se pondría al día con su madre luego, los asuntos Jedi venían primero. Siguiendo la inconfundible calidez de su novia en la Fuerza, caminó por angostas callejuelas iluminadas por focos blancos hasta el área de descanso. Les encontró bebiendo caf añejo alrededor de una mesa plegable.
- Hice los arreglos para alojar a Brona y Belik en el área de residencia mientras disponemos de una nave para su regreso –anunció Nix con una sonrisa tensa, guardando las distancias-. Ya que el Época Veloz debe pasar por mantenimiento antes de volver a cruzar la anomalía.
Con Belik sentado a su lado, le tomó un momento a Jacen recordar que en la base debían disimular.
- Ah. Gracias Nix –dicho esto, volteó a Brona-. No debiste encararlos así. Entiendo tu intención de corregirnos para mejorar, pero hay tiempos para hablar, y no lo era mientras atacan Jakku.
- Pude notarlo. Tu amigo Jedi nos explicó la situación –suspiró ella. Tras apartar su caf sin beber, sacó un aparato de su bolsillo y se lo tendió-. En esto están las coordenadas del evento, y también la forma de contactarme en Csilla. Hazlo solo si encontraron información concluyente.
- ¿Por qué...? –Brona lo miró fijo, como si fuese obvio- ¿Ahora estás dispuesta a colaborar...?
- Si debes preguntar, no aprendiste nada del Emperador. Deberíamos descansar antes del viaje.
Armándose de paciencia, el aprendiz se dijo a sí mismo que no sacaría nada con presionarles más.
- Y yo debería ir a meditar –anunció Finn, dirigiéndole una mirada significativa a Jacen-. Ambos deberíamos. Las residencias nos quedan de camino, podríamos ir a dejarles...
Viendo como tras él, Belik se paraba a despedirse de Nix tomando su mano, Jacen decidió pasar.
- Te alcanzaré. Debo hacer algo antes.
Finn arqueó una ceja pero no insistió, invitando a los chiss a seguirle con un gesto. Notando que Jacen se disponía a sentarse a la mesa, Nix se quedó en su sitio, despidiéndose con la mano de ellos.
- Te ves molesto –comentó con voz suave, en cuanto perdió de vista a las visitas.
- ¿Puedes culparme? –suspiró, pasándose una mano por el cabello, consciente de las miradas de los rebeldes alrededor-. Se supone que venían a ayudar, no a criticar al consejo en su cara.
Mirando el sitio por el cual se fueron, se cuestionó si acaso debió insistir en que se comprometieran con la UAL, o al menos detallar la destrucción que vio en Csilla. Pero forzarlos a involucrarse estaba fuera de sus capacidades como Jedi... al igual que tomar la mano de Nix ahí, enfrente de los rebeldes.
- Debería meditar –suspiró, mas al verla frente a él, tan dulce y comprensiva, no pudo evitarlo-. Aunque pensándolo mejor... tuve suficiente por un día. Estaré en la cueva si quieres ir conmigo.
Sin poder ser muy romántico con tantas mesas alrededor, dejó que su voz hiciera la sugerencia. El efecto fue casi inmediato. Enderezándose en su asiento, Nix le dedicó una mirada furtiva. El corazón de Jacen dio un vuelco al sentir su anhelo en la Fuerza, mas su enamorada resopló, tomando su taza.
- Finn se fue a meditar allá.
- Oh –tomó la taza de Brona, y encogiendo los hombros, bebió un sorbo-. ¿El Epoca Veloz?
- En mantención, ¿recuerdas?
- Karabast. ¿Qué tal el Espíritu? –arqueó una ceja, inquisitivo. Nix rodó los ojos.
- Empiezas a sonar como un adolescente... –ella disimuló su sonrisa bebiendo caf.
El aprendiz jamás había sentido tanta envidia de una taza. Se sonrió, bajando la vista a sus manos.
- Me haces sentir como uno –reconoció rozando su tobillo con el pie bajo la mesa. Nix se levantó.
- Bien –susurró, sonrojada. Tras recoger las tazas, se despidió con un gesto-. Nos vemos allá.
Jacen se esforzó en no mirarla mucho mientras se iba, pensando en que al menos por un rato en su compañía se olvidaría de todos sus problemas.
Meditando en la cueva de entrenamiento, Finn intentaba encontrar guía en la Fuerza para saber qué hacer con los Caballeros de Ren. Leia le había dicho que despejar la mente en un lugar apartado ayudaría, pero era difícil hacerlo cuando la tensión en la base simplemente no podía empeorar. Con el asedio en Jakku, Hux en prisión y los chiss en la apatía, era cosa de tiempo a que algo saliera mal.
Sacudió la cabeza para apartar esas ideas y exhaló su impaciencia. Solo en paz podría sumergirse en la corriente cristalina que era el lado luminoso. Frunciendo el ceño, se puso a pensar en las veces en las que éste lo había inspirado. Tal vez reconectar con aquella sensación lo ayudaría a... espera.
Sintiendo a Rue y otra intensa presencia en la Fuerza llegar a Goji, Finn abrió los ojos. Kylo Ren, pensó, abandonando su posición de loto. Un aliado, se forzó a considerar de camino al espaciopuerto.
Una pequeña multitud se acumulaba en torno al Halcón recién aterrizado, la Fuerza agitaba el aire con ansiedad y expectativa. Abriéndose paso entre los rebeldes para llegar a la rampa cerrada, Finn divisó a Jacen yendo hacia él con expresión desorientada. Llegando a la primera fila, ambos pararon.
- ¿Sentiste eso? –preguntó Jacen, echando miradas suspicaces al Halcón- ¿Acaso es...?
- Límpiate la cara –le susurró al ver marcas de labial en su quijada-. Adivino con quién estabas.
Enrojeciendo, él obedeció en lo que la rampa se abría echando vapor. Para bien o mal el rumor de la misión en Myrkr se había expandido lo suficiente como para que nadie apartase la vista del Halcón. El primero en salir fue Chewie, seguido por Rue. Finn captó al vuelo que algo le había ocurrido, pero antes de preguntarse qué, la tensión en la base empeoró. Escoltado por Emmie, Kylo bajó de la nave.
En instantes, todo rebelde presente lo apuntó con su arma de preferencia. Éste frenó bruscamente, y Finn oyó los clicks de los seguros de blasters. Sintiendo la hostilidad como una bofetada en la Fuerza, fue a interponerse entre las tropas tanteando su sable de luz. Pero Rue dio un paso adelante y vociferó:
- ¡Antes de que disparen...! –los rebeldes vacilaron-. Sepan que este hombre está desarmado, libre de rastreadores, y del influjo del lado oscuro. Mientras ya estaba bajo nuestra custodia, Kylo fue visto atacando Batuu. Se trata de un impostor. Ben Solo comparecerá ante la UAL por sus crímenes y quiensea que intente hacer justicia por mano propia responderá ante el consejo.
Y ante mí, sugerían sus ojos al fijarlos en cada rebelde. Éstos bajaron sus armas, mas en la Fuerza, Finn sentía que el miedo y aversión persistían. Respirando hondo para serenarse primero, el aprendiz envió oleadas de calma a las tropas de la UAL. Notando esto, Jacen se les unió con su sable apagado.
- ¿Seguro no es mitad wookiee? –susurró al pasar junto a Finn. Luego enfrentó a las tropas con su actitud más Jedi-. Lo escoltaremos a la prisión en lo que el consejo se reúne. Otra vez. Hasta entonces, manténganse alertas, mantengan la calma, y la distancia mientras lo llevamos.
En el silencio que siguió los rebeldes se movieron para dejarles pasar. Asintiendo en acuerdo, Finn y Jacen se ubicaron a cada lado de Kylo. Con Rue adelante, y Emmie y Chewie cerrando la marcha, repitieron el mismo recorrido que horas atrás hizo Hux, ante las fulminantes miradas de los rebeldes.
Pero a diferencia de Hux, Kylo guardaba silencio, mirando al frente pese a los murmullos alrededor. Esposado, con una cicatriz en el rostro y barba incipiente, estaba casi irreconocible. Y en la Fuerza...
Finn entornó los ojos, desconcertado. Se trataba de la misma persona que secuestró a Rue, torturó a Poe y mató a la familia de Nix, entre cientos de otras atrocidades. Pero era como si la bestia de la Starkiller ahora estuviese... encerrada, dentro de una jaula. La mirada del aprendiz se posó en la nuca de su amiga. Ahora que sentía ambas presencias en la Fuerza, hasta las encontraba algo parecidas...
- ¿Qué me miras tanto? –Jacen le bufó de súbito a Kylo.
Cuando Finn volvió a observarlos, el aprendiz se pasaba una mano disimuladamente por la quijada, y Kylo volvía a ver al frente con expresión neutra. Rue se volteó veloz a echarles una mirada recelosa.
- No es nada... –Kylo bajó la vista, su voz apenas era audible-. Me parecías familiar.
Sintiendo cosas no dichas en la Fuerza, Finn alzó una ceja. Tras un breve silencio, Jacen resopló.
- Chandrila. Nuestras madres nos hacían jugar cuando nos llevaban a reuniones de emergencia.
- Oh –fue su única, incómoda respuesta.
- Pataleabas un montón. Oí que aún lo hacías en la...
- Jacen –siseó Rue, fulminándolo con la mirada.
Chewie gruñó a Jacen que se callase, e inquieto, Finn esperó la violenta reacción de Kylo. No pasó.
- Eventualmente, todos maduramos –replicó éste tras unos metros, volviendo a mirar al frente.
Intrigado, Finn consideró que el tipo tal vez sí había cambiado, como él hizo al abandonar la Primera Orden. Pero confiar en Kylo aún era pedirles demasiado. El resto del camino transcurrió sin más sonido que el de sus pisadas, los focos sobre sus cabezas y los murmullos de los rebeldes al dejarles pasar.
En el edificio de gobierno, un equipo de seguridad esperaba apostado a ambos lados de la escalera de piedra. Finn creyó oír a Rue bufar más adelante. Lo que sí escuchó con claridad, fue el tembloroso suspiro que Kylo dio, segundos antes de que una menuda figura saliera del interior. Sin ponerse de acuerdo, los seis que conformaban la marcha, y todos quienes los siguieron desde el Halcón, frenaron.
Fue como si el aire mismo se hubiese detenido cuando una impasible Leia Organa y su arruinado hijo cruzaron miradas. Durante eternos segundos, nadie dijo o hizo nada. Sintiendo la intensa carga en la Fuerza y el silencio que solo se extendía insoportablemente, Finn miró de reojo a Kylo. Rígido y pálido, él inclinó la cabeza con lentitud hasta hincarse en el suelo, todo rastro de arrogancia disuelto.
- Canciller Organa –si bien serena, su voz fue lo suficientemente alta como para oírse escaleras arriba, pues ella asintió una vez-. Y miembros de la UAL. Sinceramente me disculpo por todo el daño que causé a la galaxia bajo el nombre de Kylo Ren. Me entrego por voluntad propia a su ley, y aceptaré el castigo que definan por mis muchos crímenes. Sé que no puedo deshacer lo que he hecho, pero efectuaré cualquier servicio que me permitan ofrecer para enmendarlo.
La voz de Kylo se extinguió con un leve temblor, y lo único que se escuchó en la explanada fue el distante sonido del agua subterránea. En la Fuerza, las emociones de los presentes eran demasiadas como para seguirles la pista. Intentando adivinar lo que vendría a continuación, Finn buscó la mirada de Leia sobre las escaleras. Si bien sus ojos brillaban de alivio, ésta respondió con implacable frialdad.
- Puedes levantarte, Ben Solo. Serás llevado a una celda mientras el consejo evalúa tu oferta.
Como rompiendo un encantamiento, sus palabras dieron fin a la cargada quietud de la explanada. Mientras Organa volvía a entrar al edificio de gobierno, los rebeldes comenzaron a moverse de nuevo.
Con Rue discutiendo en voz baja con el jefe de seguridad del edificio y Jacen atento al ajetreo de los rebeldes, fue Finn quien notó primero que Kylo aún no se movía. A regañadientes, reconoció que no debía ser fácil estar en sus zapatos. Viendo que Chewie se ponía a gruñirle a los guardias que se acercaban y a Emmie avanzar hacia ellos, el aprendiz posó una mano en la espalda del afligido tipo.
- Hora de avanzar, Solo... –éste se estremeció al contacto y Finn retiró la mano.
Ben se incorporó, su cabeza elevándose considerablemente por sobre la del aprendiz. Asintió una sola vez con ojos tristes, y cuando Jacen volvió a su lugar, se dejó guiar por ellos al interior del edificio.
Fue mucho más fácil oír la discusión entre Rue y el guardia estando una vez dentro de los pasillos de piedra tallada. En lo que bajaban al tibio y húmedo nivel inferior frases sueltas llegaban a sus oídos.
- ...puertas endebles... cerradura anticuada... ¿...mantenerlo adentro?
- No escapará –la irritada voz Rue no tenía el mismo disimulo al replicar-. Vino por su cuenta.
- Con todo respeto, señorita Kanata –el jefe de seguridad fruncía el ceño al llegar a la celda más apartada de la de Hux-. No debe convencerme a mí, si no a los sobrevivientes de Ajan Kloss.
- Bien –gruñó ella, empujando la pesada puerta de duracero y haciendo un gesto con el brazo para que Ben entrara-. Tomaremos turnos afuera hasta que se sientan a salvo. Haré el primero.
El interpelado vaciló al mirar el interior de la celda, mas entró silenciosamente. Finn alcanzó a ver que adentro había una cama empotrada a la pared, un lavabo y una diminuta rendija horizontal en lo alto de la pared. Chewie dejó escapar un gruñido afligido, y de mala gana Jacen le dio unas palmaditas.
- Mejor aquí que con la Primera Orden. Tú y Emmie deberían subir. El consejo tendrá preguntas.
Chewie gruñó a Ben algo incomprensible, y cuando éste asintió a modo de respuesta, el wookiee subió con Emmie. Ante las serias miradas de los aprendices, el jefe de seguridad dejó una lámpara y una frazada sobre la cama, le quitó las esposas a Solo, y salió de la celda cerrando la puerta tras él.
El alivio que Finn esperaba sentir al oír el cerrojo nunca llegó, y el jefe de seguridad les dio a los tres el código de acceso antes de despedirse con un corto asentimiento. Tras verlo doblar el pasillo, Rue, Jacen y él se miraron por unos instantes y se dejaron caer en ese orden en la banca más cercana.
- ¿Por dónde empezamos? –suspiró Finn- ¿Los Caballeros de Ren? ¿Los chiss? ¿Kylo-Ben...?
- Kylo-Ben, buena esa –Jacen aprobó con un gesto, y Finn sonrió fugazmente-. Pero dado que a estas alturas Nix ya debe saber que el infeliz está aquí... alguien debería ir a ver cómo está.
Tanto Finn como Rue sabían por experiencia que eso significaba que Jacen no volvería en horas. Pero antes de que pudiesen retenerlo, éste ya se había levantado y caminaba a la salida. Acordando en una mirada que ninguno de los dos deseaba que Nix estuviese sola en ese momento, lo dejaron ir.
En el silencio que siguió a su partida, Finn sintió que Rue estaba particularmente tensa y callada. Por instinto, decidió proceder con cautela. Sentándose en el espacio que Jacen dejó libre, la observó.
- ¿No te dio problemas...? –apartándose, ella negó- Y... ¿te dio las respuestas que buscabas?
- Algunas... –mirándolo de reojo, Rue se encorvó afirmando los codos sobre las rodillas.
Él calló expectante, pero su amiga no elaboró. Nunca lo hacía. Finn comenzó a mover la pierna, y dándose cuenta de su impaciencia, suspiró para serenarse. Si bien confiaba en el cariño que había entre ambos, no le dejaba de chocar que Rue fuese tan hermética con sus asuntos. Ladeó la cabeza.
- Rue, ayúdame aquí. No sé en qué puedo ayudar si voy a ciegas con lo que pasa con Solo...
- Tenía esto cuando lo encontramos en Myrkr –la joven se sacó algo del bolsillo y se lo tendió.
Finn se estiró a tomar una pirámide de metal, demasiado fría como para ser normal. Se estremeció.
- Escalofriante –soltó, revisándola con cautela. Notó que le habían hecho un agujero- ¿Qué es?
- Un orientador Sith. Es como un mapa para usuarios del lado oscuro. Ben Solo también buscaba al Emperador, y mientras lo hacía rastreó esa cosa hasta Mustafar. Peleó con Kylo en el castillo de Vader para obtenerlo, pero alguien ya lo había roto con un sable de luz –señaló con el dedo una inscripción grabada en la base de la pirámide-. Nuestra única pista ahora es eso, Exegol.
Si bien la tarea de un Jedi era mantener la mente abierta, Finn no podía simplemente no preguntar:
- ¿Cómo sabes que no fue Ben Solo quien lo romp...?
- Porque sé cuando miente –Finn parpadeó al oírla tan vehemente, mas ésta no le dio tiempo a preguntar más, mirándolo con intensidad-. Sabe Jedi Antiguo. Comenzó a traducir los libros en el viaje de regreso. Hasta se le ocurrió darle palabras a 3PO para hacer un análisis contextual de los tomos. Mientras más palabras descifre y le dé al droide, más precisa será la traducción.
Finn dejó caer los hombros, sorprendido. Los textos Jedi habían sido su dolor de cabeza por meses.
- ¿Así de fácil? –sacudió la cabeza, asimilando la idea- ¿Cómo no pensamos en algo así antes?
- El bastardo conoce su oficio... –admitió Rue con un dejo de irritación en la voz.
Y el aprendiz se habría dejado llevar por la emoción del momento, de no ser porque conocía bien a su amiga. Estaba bombardeándolo con información jugosa simplemente para no hablar de sí misma.
- Rue... –el joven frunció el ceño, armándose de paciencia.
- Tal vez deberías ir con Leia –ella replicó al detectar su tono-. Eres bueno reconfortando gente.
Él tomó aire para protestar, mas oyendo pasos del fondo del pasillo, notó que alguien se acercaba.
- No creo que sea necesario... –murmuró al ver a Leia doblar el corredor a paso veloz. Pálida.
- Por favor, déjenme hablar con mi hijo –pidió deteniéndose abruptamente frente a ellos.
Tras intercambiar una mirada desconcertada con Rue, Finn se paró a teclear el código de acceso. La canciller le agradeció con un murmullo e ingresó a la celda generando una brisa con su caminar. El aprendiz hizo ademán de entrar con ella, mas Leia se volteó a dirigirle una mirada significativa.
- A solas, Finn. Estaré bien.
Detrás de ella, Ben estaba incluso más pálido al ver a su madre ahí. Finn vaciló antes de cerrar la puerta sin trabarla, y en un tenso silencio volvió a sentarse junto a Rue. Tras segundos, se giró a decir:
- Si... no te dejaré sola con dos Skywalkers ahí adentro.
Mirándolo de reojo, su amiga esbozó una débil sonrisa.
- Gracias, Finn.
N/A: Con cariño para ustedes, y espero lo disfruten. Saludos!
