Capítulo 8: Conflicto y confrontación, parte 1
La puerta se cerró y Ben se quedó de pie observando el interior de la celda. La fría luz de la lámpara proyectaba sombras en la irregular superficie de los muros. Suspiró. Ése era el precio a pagar por sus muchos, muchos crímenes, mas empezando a imaginar su futuro entre cuatro paredes, resolvió que debía ponerse a meditar para no desesperar. La Fuerza sería su aliada y consuelo. Tendría que serlo.
Ya se las había arreglado para mantener sus emociones a raya desde el Halcón hasta la prisión. Ahora debía hacerlo durar... por el resto de su vida. El abatimiento lo inundó en oleadas, y se disponía a aceptarlo recostándose en la cama cuando sintió la presencia de su madre acercarse como un tifón.
De un vuelco al corazón, Ben se incorporó juntando el aplomo y las palabras apropiadas. No debió molestarse. En cuanto su madre entró, su mente se fue a blanco. Con el pulso en los oídos, no alcanzó a oír lo que ésta y Finn conversaban. Éste los evaluó con inquietud antes de cerrar la puerta tras ellos.
Luego, se hizo el silencio.
Uno que se extendió al infinito mientras madre e hijo se encontraban, después de tantos años...
La última vez que Ben vio a su madre, fue en un holovideo. Con el rostro surcado en lágrimas, ésta le había revelado su parentezco con Darth Vader, horas después de que la noticia saturase la holonet. Se había excusado de ir en persona, pues, como de costumbre, tenía cosas más urgentes que hacer.
Él jamás se molestó en responder su mensaje. Esa misma noche, abrumado por la certeza del lado oscuro en su sangre, se fue a dormir sin hablar con nadie. Despertó agitado sintiendo frío en la Fuerza, y el verde sable de luz de Skywalker sobre su cabeza, dispuesto a dar muerte al heredero de Vader.
Su verdadero propósito. Una mentira de Snoke, que retorció cada inseguridad, cada miedo y cada herida de abandono hasta hacerlos combustible para su oscuridad, para Kylo Ren. Para el Emperador.
Pero ocho años después de aquel holovideo, no había lágrimas en los ojos de su madre. Su boca estaba comprimida en una dura línea, y las aletas de su nariz temblaban levemente junto a su respirar.
Estaba furiosa. Él también. Tomando consciencia de sus puños cerrados, reparó con horror en que aún la resentía. Y la idea, tras todo el dolor que él le causó, solo lo hizo sentir peor. Porque el foco de la ira que Ben luchaba por dejar ir, no debía estar en nadie más que en sí mismo. Serenándose con su respiración, exhaló y aflojó las manos. Pero el nudo en su garganta no cedió, estrangulando su voz.
- Pienso en lo que hice, todos los días, desde que despierto. Y sueño con ello, todas las noches sin descanso. Quería vencer yo mismo al Emperador antes de entregarme... pero no pude –fue incapaz de sostener la dura mirada de su madre-. Justo como no puedo traerlo de vuelta...
Leia se precipitó hacia él con la mandíbula apretada, y Ben esperó a una bofetada que nunca llegó. Su madre lo agarró por las solapas de la chaqueta y rompió en llanto apoyando la cabeza en su pecho.
Sin saber qué hacer, sus manos revolotearon sobre ella. En su vida la había visto derrumbarse así.
- Debí saberlo... –susurró, desolada-. Debí intuir algo. Debí mantenerte a mi lado, no dejarte con Luke. Debí contarte antes la verdad sobre Vader, y debí protegerte de Snoke y el Emperador...
Tras la impresión inicial atinó a abrazarla, las emociones atoradas en su interior luchando por salir. Sintiendo la culpa de Leia en la Fuerza, decidió que ya era suficiente. Snoke aprovechó cada descuido de sus heróicos padres para probarle que no lo amaban, y lejos como estuvo de ellos, él lo creyó. Pero todo eso fue plan del Emperador. Silenciosas lágrimas cayeron por su rostro. Ellos solo fueron peones.
- No tenías forma de saber... –murmuró él, su resentimiento disolviéndose en el llanto-. Hiciste lo que creíste correcto. Tan solo desearía haberlo entendido antes de... lo... lo lamento tanto...
Su voz se quebró, y Ben apretó los dientes para contener los sollozos. Él mató a su propio padre, no había excusas ni atenuantes. Solo el vacío que la acción dejó en ellos. Solo dolor y arrepentimiento.
- ...desearía haber vuelto con él. Desearía nunca haber caído. Desearía nunca haber existido...
- De eso nada –ella se apartó y tomó su rostro entre sus manos para mirarlo con fiereza-. Mi hijo tiene un propósito. No soy una Jedi pero sé que la Fuerza tiene un camino intrincado para ti. Eres un Skywalker. Un Solo. Un Organa. Y el peso de esos nombres es aplastante, pero tú, Ben, eres más fuerte. Mírate. Estás aquí ahora, haciendo lo correcto. Volviste a casa, al final...
Los labios de Ben temblaban mientras la oía. Por un terrible momento temió estar soñando aquel reencuentro, y despertar en su recámara del Supremacy a merced de Snoke. Sin esperanza. Pero su madre secaba sus lágrimas con los pulgares, incluso después de todo lo que hizo. Y se sentía cálido...
Pero había cierto matiz de resignación en su voz. Ben frunció el ceño, interrogándola con la mirada.
- ¿Al final...? –con un hondo suspiro, Leia asintió, y a regañadientes quitó las manos de su rostro.
- Se rumora que el Emperador tiene una flota sin precedente aguardando el momento de atacar. Debo saberlo, Ben, ¿la Primera Orden estaba al tanto de esto? Porque los chiss creen que no, y los generales del Supremacy, Hux incluído, no tienen idea de nada. O eso siguen repitiendo.
- Nunca lo había oído –Ben palideció-. Snoke estaba convencido de la muerte del Emperador.
Leia asintió con expresión afligida, mientras él asimilaba la idea. Una flota sin precedente. Luego de unos segundos de incierto silencio, sintió la urgente necesidad de decir algo. De probarle que ahora estaba de su lado, y que daría todo de sí para reparar aunque fuese parte del daño que había causado.
- No me siento tan fuerte como dices... –empezó con un hilo de voz-. Pero voy a enfrentarlo. De la forma que la UAL me lo permita, y hasta mi último aliento. Tan solo díganme qué debo hacer.
- El consejo deliberará sin mí –de a poco volviendo a su rol de canciller, Leia retomaba el control de su emoción. Ben se forzó a imitarla asintiendo, y la mirada de su madre se suavizó-. Pero yo he visto lo suficiente. Nos diste los planos del Supremacy. Sacaste a Rue de ahí. Ni el lado oscuro pudo consumirte del todo, y si eso no es fortaleza, no sé qué lo es...
- ¿Crees que podrás perdonarme algún día...? –tuvo que preguntar, incapaz de mirarla directo a los ojos-. Sé que la respuesta puede ser no, pero necesito que sepas que haré lo que sea...
Ben la notó mirar hacia el suelo sin responder enseguida. Percibió un sentimiento agridulce flotando en el aire, y si bien estaba preparado para lo peor, no pudo no afligirse. Ésta alzó la vista tras instantes.
- Mi corazón está roto –reconoció con voz triste-. No puedo imaginar cómo pudiste. Pero mi amor es más profundo. Con tiempo, confío en que ambos encontraremos un modo de sanar. Juntos.
La oleada de alivio que lo inundó le hizo sentir la cabeza ligera, y el peso en su pecho, menos terrible.
- Gracias... –exhaló, y Leia asintió suavemente antes de mirar hacia la puerta-. Por aún amarme.
- Siempre –giró a acariciar su rostro, viéndolo con convicción. Recordando el gesto de su padre, él respiró hondo para dominar su pesar. Leia echó una inquieta mirada a la celda-. Debo volver con los otros, pero veré si pueden trasladarte. Si aceptan tu ayuda, te llevarán seguido arriba...
- Estaré bien aquí –se adelantó-. Es lo justo. Lo acepto. Además, ya tengo todo lo que necesito.
Solo una chispa de esperanza, repitió para sus adentros. Encontraría la fuerza para sortear el resto.
Algo más tranquila, su madre asintió de nuevo. Tocó la puerta, y cuando ésta se abrió, lo miró una última vez antes de salir. Él leyó en sus ojos que estaba dolida, pero que su amor permanecía intacto...
La puerta se cerró y algo hizo click en su cabeza, expandiendo calidez a través de todo su cuerpo.
Ben estuvo rodeado de amor toda su vida. Le hicieron creer lo contrario, pero siempre estuvo ahí. Fue lo que le impidió entregarse completamente al lado oscuro por años, lo que le hizo cuestionar su lealtad hacia Snoke, y lo que finalmente le hizo volver a la luz, a su familia. Ladeó la cabeza, intrigado.
Amor. Un sentimiento prohibido tanto para la antigua Orden Jedi como para los Sith, pues exponía a la oscuridad y la luz, respectivamente. Ben frunció el ceño, intuyendo un misterio que desentrañar.
Tal vez el amor era un punto de inflexión, una fuerza desencadenante del cambio.
Tal vez el amor, como la Fuerza, era naturalmente ambos, luz y oscuridad.
Tal vez el amor era una especie de balance.
Decidida a enfrentar al monstruo que mandó a matar a su familia, Nix subía a paso veloz la escalera al centro de comando. Apenas era consciente de Jacen pisándole los talones. Tras enterarse del arribo de Kylo, supo que debía mirarlo a los ojos y decirle todo lo que desde la fuga del Supremacy se había quedado sin decir. La voz de su novio sonaba lejos, intentando disuadirla. Ella no iba a vacilar ahora.
- Nix, por favor... –en público, Jacen guardaba su distancia- ¿podrías calmarte y reconsiderar...?
- ¡Estoy calmada! –giró a decirle, más brusco que lo deseado. Exhaló-. Lo siento. Estoy calmada.
Los ojos azules de Jacen destellaban con preocupación mientras llegaban a lo alto de la escalera.
- ¿Segura que es una buena idea? Puedo sentir tu agitación, y no sabes cómo él reaccionará.
- Francamente no me importa –replicó ella entrando al edificio-. No se trata de él, se trata de mí.
Nix necesitaba un cierre, uno real. Ver su infeliz rostro, sabiendo que ahora era Kylo el encerrado. Pese a no percibir la Fuerza, notó que Jacen intentaba calmar sus ánimos. Por independencia o porfía, ella se resistió. Su emoción era válida. Ignorándolo, bajó al nivel de celdas y torció al final del corredor.
Agazapada en una banca frente a la celda del homicida, Rue se volteó a mirarla y se puso de pie.
- Quisiera hablar con él –pidió, frenando ante el teclado de la puerta con las manos en la cintura.
- Lo siento Nix, pero no puedes –el tono de la aprendiz, si bien suave, no admitía réplicas.
Le tomó unos instantes procesar que su amiga había dicho que no. Parpadeando, volteó a mirarla.
- ¿Por qué no? –Rue desvió la vista, y Nix entornó los ojos. Ya no estaba de humor para adivinar.
- ¿Ves...? –terció Jacen, parándose entre ambas-. Incluso ella concuerda conmigo. Espera a...
- Ya esperé suficiente –lo cortó, controlando su voz. Volvió a ver a Rue, suspicaz-. ¿Por qué no?
- Nadie puede entrar –ésta replicó con reserva. Nix no se lo creía-. No debo hacer excepciones.
- Sabes lo que me hizo –se cruzó de brazos-. Y te he visto hacer excepciones por menos.
- Lo sé –asintió ella, apretando dientes-. Pero Leia acaba de irse. No es un buen momento para...
- El tipo es un asesino –Nix sentía su impaciencia crecer-. ¿Y vas a anteponer su paz a la mía?
- No lo hago... –Rue la miró como si la hubiese abofeteado. Frunció el ceño-. No pelearemos por esto.
- Entonces déjame pasar –exigió, dando un paso adelante-. Por favor, eres mi amiga, no suya.
El rostro de Rue se endureció traspasándola con una intensa mirada. Luego cerró los ojos y exhaló.
- Bien. Pero será una conversación civilizada. Y yo entraré contigo. Jacen, espera afuera.
Nix asintió, relativamente conforme. Solo quería hablar. Su novio, sin embargo, resopló contrariado.
- Ni de broma, yo también voy a entrar...
- No lo hagas más difícil –le gruñó Rue, interrumpiéndolo con un gesto de la mano.
- Es una celda pequeña de todos modos –añadió Nix, encogiéndose de hombros para conciliar.
Tras fulminar a Rue con la mirada unos momentos, Jacen asintió a regañadientes. Se volteó a ella.
- Tan solo pídelo, Nix, y estaré a tu lado en un parpadeo.
- Gracias, Jacen –suspiró la twi'lek, posando una mano sobre su pecho-. No tardaré demasiado.
Con el pulso agitado, vio como Rue abría la puerta y le hacía un gesto antes de asomarse al interior.
- Tienes una última visita... –le oyó decir mientras entraba-. Deben comportarse. Va para ambos.
Nix respiró hondo y entró detrás de Rue a la celda. Ésta se recargó en un muro, invisible, y la twi'lek se centró en el hombre sentado en la cama. Kylo alzó la vista, y ella alzó las cejas de la pura impresión.
No parecía la misma persona. Recordaba vagamente su rostro en la Starkiller, desencajado de ira. Ahora se veía... exhausto. La puerta quedó abierta, mas él enfocó su intensa mirada en Nix. Sintiendo su aplomo flaquear, ella tragó y se forzó a hablar pese a temer que la voz le fallaría. Tenía que hacerlo.
- Mataste... –apretó los dientes al notarlos castañear. Tomó aire y repitió-. Mataste a mi familia.
Con lentitud, Kylo alteró su postura. Su mirada se desvió brevemente a Rue, antes de volver a ella.
- Lo hice... –asintió, su voz y rostro, suavizados-. Nada de lo que diga o haga va a arreglarlo.
En el silencio que siguió, Nix sintió un escalofrío recorrerla junto al cruel entendimiento. Se abrazó.
- Es verdad. Nada va a arreglarlo... –y verlo pudrirse en una celda simplemente no era suficiente.
Una desagradable sensación le agitó la sangre en sus venas. Nix había sentido esa clase de furia antes, y no la disfrutaba. Sujetó sus brazos, determinada a hablar en cuanto lograse calmarse. Pero Kylo aceptaba su ira casi como si le importase, y esto sólo la hizo enfadar más. Sus lekkus se agitaron.
- ¿Los viste morir siquiera? ¿Te aseguraste de que estuviesen muertos antes de quemarlos?
Las palabras salieron disparadas de sus labios, desde aquel oscuro lugar que no solía frecuentar. Nix había hecho tantas cosas desde entonces para honrar a su familia, para lidiar con la pérdida, pero a veces aún sentía el olor de Tuanul sobre su piel, y su paz se derrumbaba. De pronto, volvía a sentir la urgencia de entender. Fijó su vista en Kylo, sin dejar de temblar. Pálido, él desvió la mirada al suelo.
- No acostumbraba a quedarme a mirar...
- Había niños ahí –siseó desolada, y un fugaz espasmo cruzó el rostro de Kylo. Éste tomó aire como para hablar, pero calló al último instante. Nix lo apremió con dureza-. ¿Por qué lo hiciste?
¿Cómo alguien podía cometer tales monstruosidades, y luego parecer una persona ante ella? Kylo se veía casi tan miserable como Nix, y lagrimas de rabia le nublaron la vista. Aquello no se trataba de él. Se trataba de ella y del cierre que merecía. Cuando el tipo al fin habló, su voz sonó tensa, contenida.
- ¿Matarías a miles para salvar a millones? –Nix sentía su furia crecer, pero él agregó veloz-. Yo creí que sí. Creí que seguir el camino de Vader en el lado oscuro era mi destino. Que debía poner orden en la galaxia sin importar el sacrificio. Creí que podía vivir con ello. Me equivoqué.
- Te... equivocaste... –ella arrastró las palabras, respirando irregularmente-. No tenías derecho.
- No tenía derecho... –repitió él, con un pesar que solo le dolía más a la twi'lek.
Su error había costado vidas. Su error le había quitado la posibilidad de reconciliarse con su familia. Nix no creía en la venganza, pero lo cierto era que quería herirlo. Arrojársele encima, insultarlo, decirle que quemaría a los suyos por un fin mayor. Pero todo aquello sería inútil. Ella le había disparado a Phasma en el Supremacy sin alivio alguno, y se encontró sin saber qué hacer con lo que sentía ahora. La violencia no traería a Tuanul a la vida. Ahogó un sollozo, y en instantes Rue la rodeó con un brazo.
- Esta fue una mala idea... –susurró, haciendo ademán de llevarla a la salida.
Rogándole a la Fuerza que la ayudase a sortear su desconsuelo, una idea acudió a su mente como una suave brisa. Nix se resistió a ser conducida, y enjugándose sus lágrimas, buscó la mirada de Kylo.
- Necesito saber... –hizo una pausa para no hipar-. Necesito saber, ¿qué es lo que crees ahora?
Rue frenó a mirarla incrédula. Esforzándose en controlar su respiración, Nix aguardó la respuesta con el alma en un hilo. Kylo respiraba agitado sin verla. Se veía arrepentido, y pese a la cruda emoción que la atenazaba, una parte de ella realmente deseaba creer que era sincero. Porque gracias a las enseñanzas de su familia divisaba una senda a seguir, un modo de soltar su pesar. Pero no sería fácil.
- Ahora sé que matar a miles solo significa matar a miles –respondió frunciendo el ceño-. No hay excusa para lo que hice, esas vidas no me pertenecían. Lamento haberte quitado a tu familia. Ahora quiero evitar que otros sufran el mismo destino. Ahora, quiero creer que puedo ser mejor.
Asintiendo, miró de reojo a su amiga. Kylo le había arrebatado a su familia de Tuanul, pero también había rescatado a Rue cuando fue herida en el Supremacy. Había luz y oscuridad en todas las cosas, solían decir los aprendices Jedi. Tal vez la Fuerza le estaba dando a Nix el cierre que tanto quería, en aprender a perdonar a un enemigo contrito por sus acciones. De algún modo, la sola idea le daba paz.
¿Sería lo suficientemente fuerte como para hacerlo? No sabía. Pero no por ello dejaría de intentar.
- ¿Quieres mi perdón...? –susurró y su voz vaciló. Kylo levantó la vista-. Sé mejor ahora.
Incapaz de seguir en la celda, dio media vuelta y se precipitó fuera, sabiendo que Jacen la seguiría para reconfortarla. Difícil como era y desolada como estaba, sentía que aquella decisión era lo mejor para ella. Porque no quería cargar con el resentimiento por siempre. Nix se merecía superar ese dolor.
La Fuerza se sentía difusa esa mañana. Finn frunció el ceño ante la cacofonía de impresiones que recibía de ésta en la cueva de entrenamiento. La tensión sostenida en la base no le ayudaba a conectar con el lado luminoso, pero el aprendiz tuvo que reconocer que no solo se trataba del mundo exterior. Había un pozo de luz en su interior al que le estaba costando acceder. Su mente estaba en otro sitio.
Suspirando, decidió ahondar en aquello. Se sentía inquieto, ansioso. ¿Acaso Poe estaría bien...?
Oyó a Jacen resoplar frente a él, rompiendo su concentración. Irritado, Finn dejó caer los hombros.
- No puedo ver más allá de la base, la Fuerza es un caos –comentó Syndulla-. ¿Qué hay de ti?
Abriendo lentamente los ojos Finn meneó la cabeza. Ni siquiera meditando juntos encontraban paz.
- Tampoco vi nada. Tal vez deberíamos alejarnos de Goji, e intentar de nuevo en el Época Veloz.
- O tal vez lo estamos pensando demasiado... –Jacen hizo una mueca-. Deberíamos ejercitar.
Volviendo a pensar en Poe, Finn razonó que le estaba costando distinguir entre sus aprehensiones y las señales de la Fuerza. Él apenas llevaba un día afuera. Resignándose a esperar lo mejor, asintió.
- Si, por qué no... –se levantó de su posición de loto y tanteó el sable de luz de Skywalker.
Jacen lo imitó tronando sus articulaciones, y Finn fue a buscar los remotos de entrenamiento a un contenedor depositado lejos de la humedad del vapor termal. En minutos, ambos aprendices activaron los aparatos en el plano de la cueva, se vendaron los ojos, y encendieron sus sables de luz.
Con el suave zumbido de las hojas de plasma y el siseo de los remotos, Finn se abrió a la Fuerza y esperó. En momentos como aquel, no tenía problema en centrarse en el presente. Presintió el primer disparo y lo rechazó con el sable. Más rayos se sucedieron con rapidez, y sus reflejos despertaron...
La hoja de plasma azul ahora era una extensión de sí mismo, y se desplazó por la cueva desviando rayos de las cuatro esferas que flotaban sobre ellos. A la izquierda, arriba, atrás... Finn dio un rodeo para no chocar con Jacen y percibió a tiempo que se acercaba a una poza gracias a la nube de vapor que lo envolvió. Regresó sobre sus pasos, apenas alterando la posición del sable al bloquear disparos.
Si bien aún no veía más allá de Goji, el ejercicio lo ayudó a fluir. Llevaban ya un rato en ello cuando sintió la intensa presencia de Rue acercarse. Jacen también debió notarlo, pues lo oyó ser alcanzado por un rayo. Syndulla siseó, y por distraerse escuchando, Finn recibió uno en la pierna. Gruñó. Se forzó a recuperar el foco, pero a los segundos, los aparatos dejaron de disparar. Quitándose la venda, vio como su amiga recién llegada apagaba los remotos con la Fuerza y los ponía de vuelta en su sitio.
Ambos aprendices apagaron sus sables de luz, y la chica se acercó viéndolos revisar sus disparos.
- Necesito su atención un momento... –frunció el ceño al oírlos quejarse-. Pónganse hielo y ya.
- ¿Quién vigila a Kylo? –bufó Jacen, tomando un carámbano del piso y aplicándolo en su brazo.
- Mientras duerme, Chewie y Emmie –replicó ella, encogiendo hombros-. No hemos entrenado los tres desde hace meses, y el tiempo apremia. Pero podría traerlo conmigo la próxima vez...
- Bromeas, ¿cierto? –Syndulla la miró como si hubiese enloquecido y Finn se unió al deconcierto.
- De hecho, no –hizo un mohín-. Es lo que vine a decirles. Si se irán a cazar a los Caballeros de Ren mientras me quedo aquí de niñera, no les vendría mal practicar con el que solía liderarlos.
Haciendo una mueca, Finn reconoció que tenía sentido. Si bien había aprendido bastante sobre la Fuerza desde su último encuentro con los Caballeros, un poco de preparación extra sonaba tentador.
- Lo cierto es que si practico con él, probablemente pierda los estribos... –Jacen reconoció con expresión hosca-. Nix ha estado llorando y reparando naves desde ayer. Apenas quiere hablar.
- En su defensa, así es como procesa lo que siente –intervino Finn-. Hablará cuando esté lista.
- Además, ella quiere perdonarlo... –Rue meneó la cabeza, estupefacta-. No sé de dónde saca el coraje. Tiene más madera de Jedi que todos nosotros. Deberíamos tratar de imitarla...
- Nix quiere perdonarlo porque es la luz hecha persona... –declaró Jacen, objetivo como un tipo enamorado. Finn y Rue disimularon una sonrisa-. Y nosotros la cuidamos de bestias como él...
- Ahora estás siendo condescendiente –la sonrisa de Rue se borró en instantes.
- Ya sabes a lo que me refiero... –Jacen rodó los ojos, quitándole importancia.
Rue tomó aire para protestar, y anticipando una nueva riña entre los dos campeones de Nix, Finn se puso entre ellos. Se ponían odiosos cuando empezaban. Aplaudió una vez para llamar su atención.
- No nos desviemos del tema. Dudo que la UAL deje que Kylo-Ben siquiera vea un sable de luz.
- Además, aún no te vencemos a ti, Rue –agregó Jacen, juguetón-. Estoy listo cuando tú lo estés.
No otra vez. Finn hizo un gesto mirando al cielo en búsqueda de paciencia. Luego volvió a mirarles.
- Chicos. Deberíamos guardar nuestra energía para los Caballeros de Ren. Cuando aparezcan.
- Finn tiene razón... –asintió Rue, dando un paso atrás. Jacen aceptó la negativa con dignidad-. En parte. No deberíamos perder energía en bravatas... así que déjame ver ese sable de luz.
Dijo esto último en dirección a Finn. Desprevenido, su primer instinto fue señalar al otro aprendiz.
- Pero... fue Jacen... –el aludido se alejó esbozando una sonrisa cómplice. Enseñó las palmas.
- Está bien... yo no mé pasé semanas en el Supremacy. Se me hace que hoy vas tú primero.
Girando a Rue, ésta ya extraía sus sables. El brillo violeta se derramó sobre ambos al activarlos.
- Vamos... –ella le guiñó un ojo, enviándole confianza a través de la Fuerza-. No seas tímido.
El aprendiz sopesó que evaluar su avance nunca estaba de más. Era cierto que no tenían muchas oportunidades para practicar juntos. Contagiándose del ánimo de su amiga, Finn asintió, cerró los ojos y despejó su mente. Tras reunir la disposición para luchar, abrió los ojos y encendió el sable de luz de Skywalker. Adoptó la postura inicial, respiró hondo, y dejó que la Fuerza le diese la señal para actuar.
- Soy muchas cosas... –advirtió, expectante bajo el brillo azul-. Pero tímido no es una de ellas.
Su amiga le sonrió con cariño. Luego cargó feroz contra él. Manteniendo su ansiedad a raya, Finn dejó que el sable encontrase su propio camino para bloquear los embates de Rue. Necesitaba el doble de atención para los dos destellos violeta, pero el reto rendía frutos: su defensa había mejorado. Su mente estaba en el presente, alerta y esperando una apertura entre el choque de las hojas de plasma.
Confiando en el lado luminoso, rechazó estocadas y mandobles por igual. Pero Rue era implacable, y entre ataque y ataque, Finn notó que lo estaba llevando a una parte de la cueva salpicada de pozas termales. Su estómago dio un vuelco, y por poco no ve un golpe a su izquierda. El aprendiz trastabilló al bloquearlo y exhaló su inquietud. Volvió a enfocarse, determinado a salir de aquel lío con paciencia.
- Eso es Finn, mantén el foco en...–Rue soltó un agudo gritito, arqueando la espalda-. ¡JACEN!
- ¿Qué demonios...? –el aprendiz la vio contorsionarse, apagar un sable y arrojarlo lejos.
Vaciló entre socorrerla y observar. Rue se sacudió la ropa hasta sacar un carámbano de ella, y tras oír a Jacen desternillándose a lo lejos, Finn aprovechó de escabullirse fuera de la zona de las pozas.
- ¡Yo te cubro, amigo! –gritaba Syndulla entre risas.
- ¡Ya iré por ti Syndulla! –Rue le gruñó apuntándolo con su sable. Finn aprovechó la oportunidad.
Impulsó la hoja azul de abajo arriba para chocar la de Rue. Desprevenida por el impacto, el sable de luz violeta voló de su mano hacia el cielo y se apagó.
Rue ya atraía el otro a su mano. Sosteniendo el sable por sobre su cabeza, Finn estaba expuesto. En fracciones de instante, solo vio una solución. Llamando a la Fuerza, se impulsó para saltar.
Y saltó por metros, casi rozando el techo de hielo de la cueva. Tomando consciencia de esto, soltó grito de júbilo. Jamás había llegado tan alto...
...pero mirando abajo, reparó en que no tenía nada de qué sostenerse, y que aún no sabía aterrizar. El suelo de dura roca acudió veloz a su encuentro, y cediendo a su pánico, lo empujó con la Fuerza para rebotar y caer en una poza termal. El agua tibia lo recibió amortiguando la caída y sus sentidos.
En la burbujeante confusión que siguió, se forzó a mantener la calma. Finn estaba ileso, y las pozas de esa cueva no eran muy profundas. Conteniendo la respiración, desactivó el sable de luz. Abrió los ojos a la penumbra, y distinguiendo un brillo violeta apagarse sobre su cabeza, nadó en esa dirección.
Tras romper la superficie del agua y tomar una bocanada de aire, lo primero que distinguió fueron los rostros ansiosos de Jacen y Rue. Arrojó el sable de luz fuera de la poza, y les mostró los pulgares.
- Todo bien, estoy bien... -sus amigos exhalaron al unísono.
- Ya te veía en un tanque de bacta –sonrió Jacen-. Saltaste al menos doce metros. Fue increíble.
- Pero sigues dudando de ti mismo –Rue lo observó crítica, tendiéndole la mano-. No lo hagas...
Tras cruzar una mirada cómplice con Jacen, Finn tiró su mano y éste la empujó. Rue cayó al agua con un alboroto, y tras breves instantes de paz, salió a la superficie gruñendo como una bestia marina.
- ¿¡Por qué...!? –fue lo único que pudo articular, fulminando a los aprendices con la mirada.
- Nos pediste probar tu paciencia cuando entrenásemos –Jacen encogió los hombros-. De nada.
- No es lo que tenía en mente al proponerlo... –refunfuñó en lo que se calmaba.
- Exacto –replicó Finn, guiñándole un ojo.
Rue lo salpicó, y entre risas, el aprendiz hizo lo propio. Mirándolo indignada, ella le arrojó agua con saña, y de un chapuzón Jacen los volvió a empapar. Tosiendo agua, éstos lo miraron escandalizados.
- ¿Qué...? –inquirió, apartándose el cabello del rostro-. Estoy ahorrando agua de las duchas.
- Perfectamente razonable... –Finn asintió, con toda la seriedad que pudo reunir.
- Estoy entrenando con niños –Rue a duras penas reprimía una sonrisa.
En eso, Finn sintió una oleada de agitación proviniendo de la base. Jacen y Rue voltearon a la vez.
- Ahora qué... –rezongó el primero, toda su relajación yéndose al traste.
En el salón de asambleas, la atmósfera se podía cortar con un cuchillo. Finn no tardó en entender por qué. En un rincón apartado del mesón central, Ben Solo exponía en un holomapa ante Kaydel y el general Erin. Si bien Chewie y Emmie estaban junto a ellos, la tensión de los presentes era evidente.
- ¿Qué hace él aquí afuera? –preguntó Jacen, caminando al grupo cruzado de brazos.
Ben se interrumpió al verlos acercarse. Mirando a Syndulla de arriba abajo, arqueó una ceja.
- Ser útil... –dirigiéndose a Finn, suavizó la expresión-. ¿Por qué los tres están mojados?
- Oh, es irrelevante –él replicó lacónico. Por la prisa, no fueron a cambiarse-. ¿Ha ocurrido algo?
En lo que Finn preguntaba, Leia entró a la habitación a paso ligero. Disminuyó la velocidad al notar que su hijo estaba allí, y entornó los ojos al ver a los aprendices estilando. Suspiró y miró alrededor.
- ¿Podría alguien traerles unas toallas?
- Enseguida, canciller... –saltó 3PO, murmurando por lo bajo mientras se iba-. Primero, el joven Solo regresa a la vida. Luego, lluvias subterráneas. ¿Las sorpresas se acabarán alguna vez...?
- ¿Alguna novedad en la base? –Rue carraspeó-. Entrenábamos, y sentimos un alboroto.
Finn reparó en que se abrazaba a sí misma, tratando en vano de disimular que la ropa se le pegaba al cuerpo. Él y Jacen estaban en iguales condiciones, pero a través de la Fuerza, la sentía incómoda. Con el rabillo del ojo, notó que Solo les daba la espalda para continuar con su exposición.
- Si... –Leia sonaba exhausta-. Ha llegado un piloto herido de Jakku, está en la enfermería. Vino a confirmar que el plan de retirada está completo, pero informa que han perdido muchos cazas.
- ¿Y Poe...? –saltó Finn, abriendo los ojos como platos- ¿Y los escuadrones que salieron ayer?
- Logró llegar al Supremacy –Leia asintió, tranquilizadora-. Junto a la mayoría, pero caen rápido.
- ¿Hay algo que nosotros podamos hacer? –Jacen frunció el ceño-. Puedo subirme a un caza...
- Les van a necesitar en otro sitio, pronto –los miró preocupada-. ¿Cómo van las meditaciones? ¿Han logrado encontrar un curso a seguir?
Dando un hondo suspiro, Finn cruzó miradas con los otros dos aprendices antes de responder.
- Hay... interferencias en la Fuerza. Hemos considerado salir de Goji para cambiar de ambiente... –sorprendiendo a Solo viéndolos de reojo, agregó levemente más alto-. Pero no está decidido.
El tipo volvió a mirar el holo, gesticulando ante su público. Finn aún no iba a darse el lujo de confiar en él. Si bien no era el único personaje cuestionable de paso en Goji, era por mucho el más peligroso.
- Háganlo –Leia bajó la voz hasta volverla un susurro-. Agotemos cada opción que tengamos.
- ¿Cuánto tiempo para que la retirada sea efectiva? –inquirió Finn, inquieto.
- A estas alturas, todo depende de Aaggo y sus compañeros de las forjas...
El aprendiz intentó apartar de su mente todas las formas en las que Poe y el resto de sus amigos en el Supremacy podían salir heridos sin él poder hacer nada. Si se estrellaban nuevamente en Jakku, y Finn sintió la sola idea como una opresión en el pecho, temía que no corrieran con la misma suerte.
Por favor, Fuerza, mantenlos a salvo, murmuró para sus adentros.
Se encontró a si mismo casi tan asustado como sus primeros días fuera de la Primera Orden. Pero ahora era un aprendiz, y no podía quedarse atrapado en el miedo. Lo dejó ir mediante su respiración.
Jannah, Aaggo, Poe y los demás sabrían que hacer en el Supremacy.
El camino de Finn ya era otro, y debía actuar en consecuencia.
Debía actuar como un Jedi.
