Capítulo 8: Conflicto y confrontación, parte 2

No había forma de reparar el escudo.

Casi dos días habían pasado desde la explosión de los generadores, y ni todas las defensas del Supremacy frenarían por mucho más los avances de la Primera Orden. Luego de trazar un arriesgado plan de evacuación con el general Ematt en el puente de mando, el comandante Dameron había vuelto veloz en su caza al Templanza para reorganizar los refuerzos. Ahora, les tocaba esperar su regreso.

Jannah y sus compañeros se habían salvado por los pelos de lo peor de las bombas, y vuelto por sus propios medios a los niveles superiores, sumergidos en caos. Recibiendo curaciones de Kit en el puente, ella sabía que sus minutos allí estaban contados. Sus enemigos habían entrado por las alas.

Estruendos y sacudidas a lo lejos los mantenían alerta. Ante el ventanal, sin embargo, el general observaba el atardecer sobre la sal de Jakku con admirable serenidad. Naves de la UAL y la Primera Orden se debatían por el control del cielo. Tras instantes, Ematt giró al encargado de comunicaciones.

- ¿Puedes chequear si están todos preparados para la retirada? –su voz fue grave.

Dejando su estación, el aludido se apuró a salir del puente de mando. Regresó tras unos minutos.

- Repasan los últimos detalles, general... –anunció, con la respiración agitada-. Pero un batallón de la Primera Orden intercepta el camino a los astilleros. Hay una escaramuza en el sector 39.

Como reforzando la idea, a lo lejos se oyó un cañonazo. Jannah se estremeció, y notando que Kit había terminado de parchar la quemadura en su quijada, agradeció con un murmullo y se puso de pie.

- Si se trata de solo un batallón, podremos con ellos –volteó a mirar a Peet, cubierto de arañazos, pero a salvo-. La zona de prisiones quedó totalmente sellada cuando salieron, ¿verdad?

- Tendrán que abrir las celdas manualmente para mirar adentro –él asintió, tanteando su blaster.

- Eso nos dará tiempo –el general miró al oficial recién llegado-. ¿Y los sistemas de rastreo...?

- Los sinnombre revisaron todo minuciosamente. Estaremos limpios.

- Bien. Ahora solo debe llegar la confirma... –se interrumpió notando un destello afuera, y miró nuevamente por el ventanal-. Oh. Ésos deben ser. Salgan del puente de mando de inmediato.

El corazón de Jannah dio un vuelco al seguir sus ojos. Viendo como una lanzadera de la UAL se precipitaba peligrosamente cerca del ventanal, ella y los doce presentes se encaminaron a paso veloz al turboelevador. Acomodándose como pudieron en el estrecho espacio, bajaron al nivel inferior y salieron al pasillo justo a oír una serie de explosiones y chasquidos provenientes del puente de mando.

Tensos segundos transcurrieron mientras el general aguardaba impasible ante el turboascensor.

Éste subió con lastimeros chirridos, y Jannah intercambió sendas miradas con los desertores. Los rebeldes no parecían sorprendidos por los métodos del comandante Dameron, más bien aliviados. El despedazado turboelevador volvió a bajar haciendo un escándalo, y tras una pausa eterna, abrió sus compuertas dejando ver a nueve soldados y una unidad BB astromecánica. El líder sonrió satisfecho.

- ¿Ven...? Les dije que conocía un atajo... –pese a tambalearse levemente al saludar, parecían ilesos-. General Ematt, la flota de la UAL está avisada y nos cubrirá. Que empiece la retirada.


Urgidos por claridad, Finn y Jacen tomaron el Época Veloz para meditar fuera de Goji. Kylo había dicho que los Caballeros de Ren probablemente servían directamente al Emperador, pero Syndulla no creería en nada que saliera de su boca. Ya corrían un riesgo al dejarlo solo en la prisión de la base...

...pero orbitando Goji, las interferencias en la Fuerza se mantenían. Y con los ojos aún cerrados, el aprendiz empezó a considerar que tal vez el planeta no era el del problema. Desde el fracaso con los chiss, pensamientos recurrentes sobre su maestro acudían a sus meditaciones. Con Brona y Belik temporalmente varados en la base hasta probar la lealtad de Kylo, Jacen no podía seguir evitándolo.

Abrió un ojo para ver a Finn ante él. Sentado en el copiloto, parecía en un trance del lado luminoso. Tras pasar una mano frente a su cara para ponerlo a prueba, Jacen enderezó la espalda, cerró los ojos otra vez y respiró hondo dejando que sus pensamientos fluyesen con naturalidad. Pese a que su garganta se cerraba, se permitió sentir aquel vínculo con su maestro, arrebatado hacía tanto tiempo...

No fue agradable, pero persistió al sentir algo arremolinarse justo detrás de sus ojos. Lo focalizó...

... y Ezra acudió a él en una confusa ráfaga de impresiones.

Soledad. Un grito de rabia. Una explosión. Dos siluetas recortadas contra un ventanal al espacio, una de rodillas. Muerte. El rostro de su maestro, duro y envejecido. Frío. Una mano deforme levantaba su barbilla con brusquedad. Era Snoke, su voz retumbó en sus oídos. Ya no eres útil para mí, aprendiz.

- ¡NO...!

Jacen sintió el calor abandonar su cuerpo. Abrió los ojos en horror, inclinándose hacia adelante.

- ¡Jacen! ¿qué ocurre...?

Saliendo de su meditación, Finn se acercó a buscar su mirada. Con un escalofrío, Jacen se apartó.

- No...

Ondas de calma en la Fuerza le recordaron que no estaba solo, y que podía confiar en Finn. Pero con la boca reseca, Jacen levantó la vista, cuestionándose si acaso lo que vio estaba bien. Negó con la cabeza. No podía estarlo. No podía ser verdad. Su amigo dejó caer los hombros, mirándolo inquieto.

- Ah, no... no te guardes cosas tú también... –Finn lo miró preocupado-. ¿Tuviste una visión?

Jacen temblaba ligeramente, pero se forzó a respirar hondo para serenarse. La luz se sentía lejos, pero estaba ahí, siempre lo estaba... tras exhalar un par de veces su desolación, se aclaró la garganta.

- Sí. Vi a mi maestro, lo vi ante Snoke... –cada palabra dolía al pronunciarla-. Él le llamó aprendiz.

Las cejas de Finn se desplomaron de la impresión. Sacudió la cabeza, mientras Jacen se paraba.

- No, no puede ser... –Finn calló, y sus ojos vagaron pensativos. Con expresión sombría, suspiró y volvió a ver a Jacen, quien empezaba a pasearse-. Pero si la Fuerza te muestra algo así, ha de significar algo. Puede que no te guste... pero se me ocurre quién podría conocer más...

Apenas entendió a quién se refería, Syndulla estrechó los ojos y se giró a ver a Finn. Conveniente.


Nix había descubierto su propio modo de meditar soldando terminaciones de su X-Wing asignado. Con la mayoría de los cazas defendiendo Jakku, pronto sería su turno de volar por la UAL, y si bien seguía siendo la novata del escuadrón, sentía una apacible calma ante lo que le deparaba el futuro. Sin ser sensible a la Fuerza, la twi'lek estaba segura de que así se sentía la claridad del lado luminoso.

- Te traje nuestro favorito... –la súbita voz de Rue bajo el ala le hizo dar un respingo-. Lo siento.

Llevándose una mano al pecho, Nix dejó sus herramientas de lado. Se inclinó a ver a su amiga con los lentes protectores aún puestos, y sonrió con cariño al ver que traía dos tazas humeantes con ella.

- ¿Caf de la Antigua República? –inquirió, deshaciéndose de los lentes-. ¿Con seis de azúcar?

- Por supuesto... –Rue enmudeció al ver sus ojos. Intentó disimular-. Bueno, no. Cinco y media.

Si bien Nix apreció el gesto, arqueó una ceja al tomar la taza. Estaba perfectamente al tanto de sus ojos hinchados por el llanto. Tras encargarle su bebida, Rue subió para sentarse con ella sobre el ala.

- ¿Tan mal me veo? –resopló. La aprendiz sorbió su caf antes de replicar con inusual delicadeza.

- Podría traerte un poco de hielo... –divertida, Nix le señaló el cubo derritiéndose junto a la nave. Jacen la había visitado antes de salir-. Oh. Un ramo de carámbanos. ¿Ya no quedaban flores?

Nix soltó una risita, y Rue se le unió con cierta cautela. Pilotos y atromecánicos pasaban bajo ellas de camino a mantener sus naves, mientras la twi'lek notaba que su amiga no dejaba de agitar un pie.

- ¿Cómo te sientes? –ésta soltó atropelladamente- Con él estando aquí. ¿Puedo yo hacer algo?

Bebiendo caf, Nix vaciló. Hablar cosas tristes no era el fuerte de ninguna, pero ellas lo intentaban.

- Gracias... pero no. Aún duele, obviamente, verlos así... –sacudió la imagen de su mente-. Pero saber que intenta redimirse me da algo de paz. Tal vez la Fuerza quiere enseñarme a perdonar.

- Es muy noble de tu parte –Rue la miró fijo-. Y difícil. Nadie te va a obligar, ni siquiera la Fuerza...

- Yo quiero –la atajó Nix, y Rue calló con una extraña mirada-. Aprecio tu preocupación pero voy a hacerlo. No soy una Jedi, pero se siente bien. Ligero. Cálido. Es lo que quiero para mi vida.

- Suena a que lo tienes resuelto –comentó con interés. Nix ahuecó sus manos en torno a la taza.

Le sorprendió notar que, entre las oleadas del duelo y el caos de la guerra, había resuelto cosas.

- He pensado en restaurar la Iglesia de la Fuerza. Leia mencionó una vez que ésta pertenece a todos, no solo a los Jedi. Causó algo en mí. Pero la idea se asentó tras confrontar a Kylo. Si la Fuerza es de todos, ¿no deberíamos todos cuidar su balance...? Me gustaría viajar y hablar de ello a quien desee escuchar... Podría unir mis deseos de volar, y honrar la causa de mi familia...

- Es un hermoso llamado... –Rue le tomó una mano, y la twi'lek sintió una oleada de entusiasmo.

- Además, podríamos trabajar juntas –los ojos de Nix brillaron-. Y podría ir a visitarte a tu templo.

- Nada me gustaría más –declaró Rue, para luego sonreírle en complicidad-. ¿Solo a mí...?

- Ya, a Jacen también... –Nix tuvo que reconocer, mordiéndose el labio-. Pero no lo hago por él.

- Te han gustado peores –soltó, y suavizó el gesto-. Me encanta ese plan. Lo haremos realidad.

Nix sonrió, confiando en que la Fuerza lo permitiría. La expresión de Rue se endureció de súbito.

- ¿Problemas? –el corazón de Nix dio un vuelco siguiendo sus ojos hacia el centro de comando.

- Hombres –gruñó, saltando del ala en dirección al edificio-. Se volverán uno si no voy para allá.


Kylo no estaba en su celda. Otra vez. Jacen resopló antes de subir de vuelta al centro de comando, de donde percibió su renovada presencia en la Fuerza. Chewbacca y Emmie hacían guardia fuera de una salita adyacente al salón de asambleas. Se esforzó en sonar calmado al pedirles una explicación.

- Ben Solo pidió los textos Jedi originales para traducirlos –la droide indicó con su usual tono indiferente-. La humedad de las celdas los estropearía, por lo que autorizaron su trabajo aquí.

- Conveniente... –masculló entre dientes-. Pues debo hablar con él. Se trata de algo importante.

Jacen abrió la compuerta con el pulso agitado. Encontró a Kylo sentado ante un amplio mesón, los textos Jedi cuidadosamente dispuestos fuera del contenedor hermético. 3PO estaba de pie junto a él.

- Señor Syndulla, ¡no esperaba verlo de vuelta tan pronto! –Kylo no alzó la mirada de su libro-. ¿Logró ver más allá de la base en su meditación desde la órb...? ¿Por qué sacude la cabeza?

Él negaba frenéticamente para callarlo. No sirvió. Los ojos de Kylo lo miraron con intriga, irritándolo.

- 3PO, debo hablar en privado con él –vacilando, el droide los miró a ambos-. Ahora, por favor.

- Oh, pero los textos... el consejo me instruyó no perderlos de vista bajo ninguna circunstancia...

- Puedes llevarlos contigo, 3PO... –Kylo cerró el libro en sus manos, guardándolos todos en su contenedor con desquiciante delicadeza- Espera afuera con Chewie y Emmie. No tardaremos.

Eso lo decidiré yo, pensó el aprendiz viendo al droide salir con el contenedor en sus brazos. Cerró la compuerta desde adentro sin dar la espalda a Kylo, y a través de la Fuerza percibió la inquietud del wookie del otro lado. Frente a Jacen, el aprendiz oscuro observaba con expresión neutra, aún sentado.

Rechinando dientes, él lo estudió de vuelta. Usó su respiración para centrarse antes de preguntar:

- Snoke. Tu maestro –se extendió a la Fuerza para leerlo-. ¿Tuvo otros aprendices antes de ti?

El único cambio en su cauto rostro fue el de sus cejas al alzarse, tensando la cicatriz a su izquierda.

- Sé de uno. Muchos años atrás.

- ¿Y lo mataste? –la voz de Jacen sonó peligrosamente grave, pero Kylo ni se inmutó.

- Nunca lo conocí. No sé su nombre.

- ¿Qué le pasó? –presionó el aprendiz, atento a cada detalle de su ambiguo interlocutor.

- Traicionó a Snoke. Snoke lo asesinó. Desconozco los detalles... –en lo que la mente de Jacen se precipitaba hacia terribles conclusiones, Kylo ladeó la cabeza-. Mencionaste que nuestras madres se conocían. ¿Por qué Hera Syndulla no te llevó a la academia de Skywalker?

- Ya tenía a un Jedi en mi fami... –desprevenido, le tomó unos instantes a Jacen recordar que él era el de las preguntas. Cuadró los hombros-. Ezra Bridger. ¿Te suena conocido?

- No... –el tipo frunció levemente el ceño-. El apego no se incentiva entre maestro y aprendiz.

- Es posible amar sin apego –espetó, detectando la reprobación en su voz-. Skywalker lo creía...

- ...no lo practicaba mucho conmigo... –él bufó de inmediato, desviando la mirada.

- ¿...y por eso intentaste matarlo?

Sus ojos relampaguearon al volver a fijarse en Jacen, y éste sintió un subidón de adrenalina. Una fugaz idea cruzó su mente: si Kylo lo atacaba, él tendría que defenderse. Tomó consciencia del sable colgado a su cintura. Tras lo que ése monstruo le hizo a la familia de Nix, el aprendiz se vio a sí mismo deseando la oportunidad. El tipo, sin embargo, apretó los dientes y mantuvo un prolongado silencio.

- ¿Ves ese sable que tienes ahí...? –Kylo rompió su mutismo señalando el arma con amargura- Skywalker trató de usarlo conmigo mientras yo dormía. Estaba lejos de ser un hombre santo...

Pero a Jacen no podían importarle menos sus excusas. Respiró. Respiró para no perder el foco.

- ¿...sabías que extraditaron a mi maestro a la Primera Orden? –inquirió, dando un paso al frente.

- No... –de súbito, los ojos de Kylo brillaron con entendimiento-. Crees que cayó al lado oscuro.

- Él nunca lo haría –siseó con el estómago revuelto. Kylo a su vez cerró los ojos y suspiró-. Qué.

Éste no dijo nada, parándose muy lento. Cuando volvió a abrir los ojos, su mirada era triste y sabia.

Y la verdad golpeó al aprendiz, como derrumbándolo desde adentro. Dio un paso atrás. Luego otro. Snoke debió de doblegarlo. Pero no, su maestro nunca... ¿qué? Todos tenían luz y oscuridad dentro de sí, Rue siempre lo decía al hablar del balance: miles de años atrás los primeros Jedi reconciliaban ambos aspectos en su interior. Jacen estaba cada vez menos cómodo con la idea. Y más agitado...

- Él nunca lo haría –repitió con fiereza, sintiendo sus puños cerrarse-. Yo lo conocí, es imposible.

- No es a mí a quien buscas convencer –Kylo negó-. Incluso los maestros cometen errores.

Jacen llegó a su límite. Supo en los huesos que si no se marchaba ahora, terminaría moliéndolo a golpes. Le parecía un buen plan, tentador incluso, pero aún le quedaba una brizna de sentido común. Él era un aprendiz Jedi. Uno que estaba a punto de elegir la violencia para expresar su desacuerdo.

- No deberías estar aquí –susurró, en cambio-. Es una burla a la memoria de quienes mataste.

Accionó la compuerta de un puñetazo y se precipitó al hall principal, casi estrellándose contra Rue.

- Jacen, ¿qué acaba de...? –él la pasó de largo a ella, los droides y al wookiee, abrumado por la energía aullando en su interior. Rue se le fue a interponer con tono autoritario-. Jacen. Habla.

Él se enderezó y la fulminó con la mirada; le sacaba una cabeza así, pero ésta no se dio por aludida.

- ¿Por qué la mala cara? –ojeó el desierto pasillo, fijando la vista por donde salió- ¿Qué pasó?

- Tu prisionero me dijo la verdad –ella palideció-. Mi maestro cayó al lado oscuro antes de morir.

- ¿Qué...? –su rostro se relajó- ¿Conocía a tu maestro? ¿Qué te dijo? ¿Qué pasó, exactamente?

Respirando agitado, Jacen intentó calmarse. No pudo. Un frío terror invadía su pecho. Estaba mal.

- Tuve una visión, Snoke lo llamó aprendiz –se removió inquieto-. Kylo dijo que hubo otro antes. Si Ezra cayó... Un Jedi de verdad, entrenado por un Jedi de verdad. ¿Qué nos queda a nosotros?

Estaban jugando con algo demasiado peligroso al aceptar la oscuridad dentro de sí. Se estremeció.

- ¿Qué estás sintiendo? –Rue lo traspasó con la mirada, y éste deseó apartarla de un empujón.

- No lo sé y no me importa... –para no empujarla, se alejó a zancadas, saturado de sensaciones.

- ¿Se siente frío? –él frenó en seco, avergonzado-. Cueva. Ahora. Necesitas una intervención.


La señal de retirada retumbaba en todos los corredores del Supremacy, oyéndose incluso por sobre el fragor de los disparos. Con el corazón desbocado, Jannah asomó la cabeza a la vuelta del pasillo. Las tropas de la UAL y el batallón de la Primera Orden se debatían por ganar el acceso a los astilleros.

Unos cuantos metros los separaban de su destino. Alcanzó a meter la cabeza para evadir un rayo.

- ¡Veinte más para llegar! –anunció a sus compañeros- ¿Los guardias, ya dejaron sus puestos?

- ¡Estamos aquí! –una voz gritó tensa a lo lejos-. ¡Pero nos pisan los talones...!

Echó una fugaz mirada a la enorme columna de desertores y rebeldes tras ellos. Luego vio a Ematt.

- Es ahora o nunca –éste concluyó asintiendo con calma en su dirección-. ¡Tropas, avancen!

Y así lo hicieron. Con el general Ematt a la cabeza y el comandante Dameron en la retaguardia, el grupo se abrió paso entre bramidos por el último tramo hacia su destino. Los stormtroopers, atacados tanto desde dentro como fuera de aquella zona, empezaron a caer abatidos con más frecuencia que los soldados de la UAL. Jannah apretó los dientes y se forzó a mirar adelante mientras se defendían.

Disparos, humo, chispas y olor a metal recalentado eran su mundo en ese momento, y mientras se cubría la espalda con el muro y abatía al último trooper del pasillo, pensó que quienes se merecían esos rayos eran sus rehenes. Los altos mandos de la Primera Orden, que berreaban mientras eran llevados por los rebeldes. Pero los necesitaban vivos para salir de la atmósfera. Si es que lo lograban.

El acceso a los astilleros fue velozmente asegurado por las tropas, y accedieron al interior recibidos por una diversa comitiva de humanos y alienígenas insectoides. Aquella área de los niveles superiores del Supremacy era tan grande que Jannah no veía su fin, su alto techo ya se caía en algunas partes debido a los ataques aéreos. Aaggo fue a encontrarlos emitiendo chasquidos inquietos con sus pinzas.

- ¿Zon todoz? –viendo al último desertor cerrar el acceso con Poe a rastras, ella asintió-. Zuban.

Poe tenía un disparo en la pierna. Jannah apartó la vista del comandante herido para girar a lo que señalaba Aaggo, y si bien sabía lo que encontraría, no pudo evitar echarse unos cuantos pasos atrás.

Reposando sobre una enorme estructura de metal, un destructor estelar a medio terminar recibía en su interior grupos y grupos de soldados de la UAL por medio de plataformas de carga. Emmat y Poe acudieron a ellos, éste último sujetándose del primero con muecas de dolor mientras rengueaba.

- ¿Volará? –preguntó el general con voz seca, mirando a Aaggo-. ¿Resistirá lo suficiente así?

- Cumplirá zu funzión –éste replicó chirriando, como si la mera puesta en duda lo ofendiera.

Esto es una locura, pensó Jannah mirando a su alrededor. Un fuerte estallido en la superficie los puso a todos en alerta. Mientras un grupo de rebeldes se llevaba a los altos mandos a una plataforma, otro de desertores trancaba los accesos con todo lo que encontraban para retrasar a los stormtroopers.

- No tenemos tiempo para eso... –le advirtió Poe entre dientes mientras iban a una plataforma.

Jannah no gastó tiempo en vacilar. Con un escalofrío, supo que cada segundo contaba para huír.

- ¡Déjenlo! –gritó mientras corría a sus tropas- ¡Suban a las plataformas ahora! ¡Corran la voz!

Otro estallido soltó un trozo de duracero del techo. Nadie respiró mientras caía con estruendo sobre la nave, resbalando por su cubierta hasta detenerse. Inmediatamente todos los rezagados se apuraron a las plataformas. Jannah les siguió con el alma en un hilo. La Primera Orden enfocaría su ataque allí.

Sendas explosiones a su vez abrieron el acceso a los astilleros, justo cuando su última plataforma se elevaba del suelo. Rayos empezaron a salir desde la nube de humo y escombros, en su dirección.

- No ahora... –Jannah bufó. Tomó su blaster y apuntó abajo por un borde-. ¡Devuelvan el fuego!

El intercambio de disparos hizo oscilar la plataforma en su ascenso, por poco haciéndolos volcarse.

- ¡Está bien, cambio de planes, no disparen! –gritó con voz ahogada-. ¡Manténganse a cubierto!

Sus compañeros obedecieron, agachándose en la plataforma para aguantar las ráfagas de rayos.

Cuando finalmente arribaron al hangar principal del destructor estelar, Jannah alcanzó a ver entre la multitud al general Ematt dejando a Poe sostenido por otro rebelde. Tras decirle algo sujetándole el brazo, se precipitó al interior de la nave con un séquito de técnicos y operadores. Reparando en que el comandante daba órdenes a diestra y siniestra, la joven saltó de la plataforma y fue en esa dirección.

- ¡Todos aborden a las lanzaderas y cazas! –lo oía gritar a lo lejos, señalando a sus pilotos las naves junto a él- ¡Este hangar debe estar desierto en diez minutos! ¡Vamos, vamos, vamos...!

- ¡Jannah! –Peet la interceptó saliendo de un cúmulo de desertores- ¿En dónde ayudamos?

- A las lanzaderas, que los que sepan pilotar se repartan en ésas –señaló otras naves al fondo.

Poe y su soporte se acercaron a ella mientras Peet se alejaba dando instrucciones a los desertores.

- Jannah, los rebeldes ya conocen las coordenadas, pero los desertores que sepan pilotar...

- Peet ya los reúne –volvió a indicar el extremo en donde se ordenaban-. Se harán cargo de...

...un estruendo sobre sus cabezas indicó que el techo del astillero no duraría mucho más. Poe y ella intercambiaron una tensa mirada. El droide bola del comandante apareció piteando con urgencia.

- Ematt echará a andar el destructor... –explicó a Jannah, supervisando veloz el avance de las tropas-. Pero el techo no se abrirá solo. Será un despegue movido. ¡TODOS A LAS NAVES!

El destructor estelar se sacudió con el inconfundible sonido de motores al encenderse, y las luces sobre ellos parpadearon. Los revestimientos interiores de la nave aún no estaban puestos, y Jannah podía ver tanto el cableado como los ductos de ventilación incompletos. Chispas casuales saltaban de las paredes, pero ya no había marcha atrás. Peet volvió hecho un rayo con las mejillas encendidas.

- Los pilotos están instalados. Las tropas suben a las naves. ¿Las coordenadas...?

- Mi droide las guardó y yo tengo otras copias –el comandante Dameron se sacó un montón de tarjetas de datos del bolsillo-. Repártanlas, y suban a bordo con BB-8. En cualquier momento...

Explosiones rítmicas y un prolongado chirrido sobre sus cabezas indicó que el destructor estelar se deshacía del techo. Al cabo de caóticos segundos e intensos parpadeos de luz, Jannah sintió que se elevaban con una sacudida aún más fuerte, que casi los arroja al suelo. Con el estómago revuelto ella le quitó la mitad de las tarjetas a Poe y echó a correr hacia los desertores al extremo del hangar.

- ¡Peet, ve por el otro lado! –exclamó a todo pulmón- ¡Les encontraré en la última nave!

Ruidos tenebrosos retumbaban a través de la estructura del destructor, y Jannah rogó a la Fuerza para que éste fuese lo suficientemente estable como para salir de la atmósfera en una pieza. Mientras repartía apuradamente tarjetas y órdenes por su fila de naves, notó a través de la abertura del hangar como el cielo de Jakku oscurecía. Se elevaban, y afuera cazas de la Primera Orden y la UAL cruzaron ante sus desorbitados ojos. Solo entonces, reparó en lo temerario de su plan. Y del miedo que sentía.

De no ser porque los pulmones le estallarían por el esfuerzo de correr por el hangar, habría gritado de espanto al ver como un TIE hacía un amago de ingresar disparando. Un A-Wing lo interceptó por el lado, haciéndolo explotar, y parte de los restos en llamas cayeron no muy lejos de donde ella estaba.

- ¡Ésa fue la última lanzadera, vamos! -Peet la tomó del brazo y la subió a rastras por la rampa.

Con el corazón desbocado, Jannah vio la compuerta cerrarse ante ella, envolviendo a la tripulación de la lanzadera en una fugaz calma. El destructor estelar continuó sacudiéndose en medio del silencio, y recuperando el aliento, la joven se precipitó a la cabina detrás del astromec. Se oía una transmisión.

- Éste es el general... Ematt de la Unión de Alianzas Libres... –su voz sonaba entrecortada, pero eso no era nuevo. Las señales de radio se caían a menudo, saboteadas por la Primera Orden-. Comuníqueme con el... almirante Helson. Repito, comuníquenme con el almirante Helson...

- ¿Qué está haciendo, Jannah? –el desertor sentado en el asiento del piloto la miró confundido.

- Está ganando tiempo... –ésta se instaló en el copiloto-. Mientras salimos de la atmósfera.

Mirando por el transpariacero hacia la abertura del hangar, el cielo se volvía de un intenso negro.

- Este es el general Ematt de la Unión de Alianzas Libres... –la pausa que siguió solo fue llenada por la estática de la señal y las sacudidas del destructor estelar. La voz de Ematt sonaba tensa pero contenida-. En señal de buena voluntad, dejamos a las tropas de la Primera Orden que se rindieron a salvo al interior del Supremacy. Sus altos mandos, sin embargo, abandonarán el planeta con nosotros, con la esperanza de sostener futuras negociaciones con el...

Un sonido de interferencia indicó que alguien atendía la transmisión por radio del general Ematt.

- Aquí Helson... –la señal de súbito se arregló mientras el almirante respondía con voz glacial-. He recibido órdenes de Coruscant. Es de mi agrado informar... que no habrá negociaciones.

La sangre huyó del rostro de Jannah, sabiendo lo que vendría a continuación. Un aviso en el tablero indicó que una segunda radioseñal contactaba a todas las lanzaderas. Ella sintonizó la otra frecuencia.

- ...todas las naves abandonen el hangar ahora –la voz de Poe tembló levemente al ordenar-. Busquen refugio tras los cruceros y preparen los hipersaltos con las coordenadas entregadas.

Con un nudo en la garganta, Jannah vio las lanzaderas elevarse y salir veloces del hangar. La suya se les unió en breve, inmediatamente arrojada al combate de cazas orbitando Jakku. El piloto activó los escudos y aceleró en dirección a los cruceros estelares de la UAL. Aún les tomaría tiempo llegar.

- Si salimos con vida de esto –comentó tenso-, lo primero que haré será elegir mi propio nombre.

- Házlo ahora –ella replicó, sintiendo su estómago quedarse atrás del impulso-. La vida es corta.

Especialmente cuando evacúas a miles de soldados bajo las narices de tres destructores estelares.

- Siempre me ha gustado como suena Al...

- Pues sácanos rápido de aquí, Al –Jannah replicó entre dientes-. No podemos fallar ahora.

La distracción del general Ematt y la tripulación que se quedó en el destructor les regaló preciosos minutos de ventaja antes de que la alerta de proximidad de la nave se activara, y los TIE les empezaran a disparar. Entre sacudidas y maniobras evasivas, la joven se hizo con el control de los cañones para devolver el fuego. El refugio tras la flota se acercaba veloz, y cazas rebeldes acudieron a socorrerlos.

- ¡Ya estamos cerca...! –naves explotaban a través del transpariacero, pero iban tan rápido que apenas distinguía si eran los TIE a los que ella apuntaba- ¡Droide! ¿Tienes las coordenadas?

Escondido detrás de su silla hasta entonces, el astromec del comandante bipeó algo inintelegible, mas se conectó a la consola y desplegó la hiperruta en el monitor. Al estaba demasiado enfocado en llegar a cubierto como para preocuparse de leerla. Jannah apretó los dientes mirando los hipersaltos.

Se desviarían por las Regiones Desconocidas. Tardarían días en reunirse con el resto de la flota.

- ¡No se relajen al pasar los cruceros! –gritó Poe por el radio- ¡Aún nos quedan TIE en la cola!

Un intenso destello iluminó fugazmente la cabina, y en un giro de la nave, Jannah vio el destructor estelar de Ematt volar en pedazos. Con un grito, la joven disparó a todo TIE que divisó. En instantes pasaron la franja de cruceros de la UAL, y sintiendo sus ojos empañarse, se volteó al astromecánico.

- El cálculo... –sin detectar más enemigos en su radar, solo quería salir de ahí- ¿Está hecho?

El droide señaló que sí en el monitor. Jannah activó el hiperpropulsor pensando en el sacrificio del grupo del general Ematt. Ningún alto mando de la Primera Orden habría hecho jamás algo así por sus subordinados. El túnel del hiperespacio se abrió ante ellos, y con una sacudida, dejaron Jakku atrás.


Sentado justo en donde la cueva se abría en un boquete a la superficie, Jacen tiritaba acumulando nieve sobre sus hombros. Había una ventisca afuera. El viento aullaba al colarse por la abertura de hielo y rocas, y el aprendiz lo sentía arremolinarse junto al vapor de las pozas termales. Con los dientes castañeando y el hielo derretido escurriendo por su espalda, estaba lejos de alcanzar la paz de la luz...

- S-si esta es tu venganza... por el c-carámbano, Rue... –gruñó temblando-. N-no estoy de humor.

- Es una práctica de enfoque Jedi –la voz de la aprendiz replicó firme tras él-. Debería funcionar.

Aún con los ojos cerrados, se imaginaba la sonrisita traviesa que ésta disimulaba a sus espaldas. Sintió el impulso de asfixiarla, y apretó los dientes razonando que eso no estaría bien. Menos reparos tenía aún en regresar a golpear a Kylo por el solo hecho de existir, pero consciente del frío dentro de sí, intentaba hacer frente a esa contradicción. Él era un aprendiz Jedi. La violencia no era una opción.

- Y-ya no siento mi t-t-trasero –resopló pese a ello, estremeciéndose-. N-no está funcionando...

- Pues no lo estás haciendo bien –ella tuvo la audacia de contestar-. Debes controlar tus reflejos.

Pues tú no me estás guiando bien, quiso gritarle en un acceso de irritación. No lo hizo. Leia y Rue se esforzaban para enseñarles lo que sabían, le constaba. Frunciendo el ceño, respiró para serenarse y controlar sus espasmos. Respiró por eternos minutos esperando acceder al lado luminoso. No podía. La visión de su maestro seguía fresca en su mente. Las emociones se sentían demasiado intensas...

- Jacen puedo sentir tu conflicto –suspiró, y él escuchó sus pasos acercándose-. Estás molesto y asustado. Rechazarlo solo le dará más poder. Necesito que lo explores, si no por ti, por Nix...

- No la metas en esto –volteó a fulminarla con la mirada, al carajo meditar-. S-si lo hubieras visto...

- Nix quiere construir un camino en la luz –Rue se agachó a verlo con la misma fiereza-. ¿Quieres quedarte en la luz con ella, Jacen...? Pues debes hacerte cargo de tu oscuridad. Como todos.

Él exhaló entre dientes y volvió al frente. Cerró los ojos, intentando ignorar su cuerpo entumecido y tembloroso. Lo cierto era que ya no podía posponer sus sentimientos. Los sentía convertirse en un frío abismo en su interior, uno del cual no podría salir. Juntando aplomo, se forzó a observar adentro.

Se sentía como perder a Ezra por segunda vez. El frío clavó sus garras en torno a su corazón. El apego y el amor estaban tan entrelazados, y le frustraba no distinguirlo. Jacen era un hombre adulto, pero aún añoraba lo que había perdido. No solo su maestro, el Imperio le quitó a su padre y sus tíos...

¿A quiénes se llevaría ahora si resurgía? Era una posibilidad aterradora. ¿Podría soportarlo, o se perdería a sí mismo revolviendo en vacíos sin respuesta, como hizo en las Regiones Desconocidas? A veces simplemente no había respuestas. O cuando las había, la verdad resultaba insoportable.

¿Cedería él también al lado oscuro, como hizo su maestro? Jacen aún tenía a tantos que perder.

- S-sé que debo controlar mis apegos, pero estoy t-tan harto de perder gente... –exhaló, cansado.

- Yo también –escuchó a Rue resoplar, y sentarse frente a él-. Ellos nunca nos dejan en realidad.

Y si bien aquello era lo más sensible que la aprendiz jamás le había dicho, a Jacen le sonó vacío.

- ¿Realmente lo c-crees? –él abrió los ojos para examinar su ojeroso rostro. Ella frunció el ceño.

- Me fuerzo a hacerlo –reconoció, pero fue como si lo hiciese a través de una barrera.

El excontrabandista entornó los ojos. Nix y Finn solían ser demasiado indulgentes con la reserva de su amiga. Jacen simplemente no podía. Rue era tan poderosa en la Fuerza como hábil para guardar secretos. Tenía demasiados, y él los olía desde lejos. En especial tras ser rescatada del Supremacy.

- Quiero c-creerte –hizo una mueca, aún temblando-. Pero algo cambió en ti desde que K-kylo...

- ...esto no se trata de él, se trata de ti y de cómo contrarrestar el frío –Rue se paró y Jacen iba a protestar, pero sentarse en la nieve le congelaba partes sensibles, y empezaba a temer por ellas-. ¿Recuerdas que el lado luminoso es cálido? Búscalo adentro. Piensa en quienes amas.

Ella dijo lo último con una convicción que Jacen no pudo cuestionar. Cerrando los ojos, él obedeció. Inmediatamente pensó en Hera, y el frío atenazando su pecho comenzó a derretirse. Pensó en Nix, y la calidez se expandió por su cuerpo. Le ayudó a enfocarse lo justo en su respiración como para dejar de temblar. Reconfortado por la luz, pensó en Chopper. En Tía. En Finn, Poe y Rue. También en sus tíos Zeb, Sabine y Alex, que ya no estaban con ellos. En su padre Kanan, de quien solo tenía historias.

En su maestro... su garganta se cerró en un nudo, pero ya algo más sereno, volvió a abrir los ojos.

- Ezra era tan bueno conmigo... –se esforzó en articular, determinado a recordarlo así, no como en aquella estúpida visión. Dando un suspiro, miró fijo a Rue-. No conocemos toda la historia, Snoke debió forzarlo o algo así. Kylo dijo que lo traicionó. Tal vez volvió a la luz al final...

- No sería el primero –replicó ella con cautela. Luego le dirigió una intensa mirada-. Ni el último.

Jacen ya intuía sobre a quién se refería. Parándose, sacudió la cabeza y empezó a alejarse de la helada ventisca, hacia la chaqueta seca que dejó cerca del túnel. Alteró su respiración para entrar en calor. Cuando recuperó la sensibilidad para flexionar sus dedos, se quitó la camisa mojada. Rue, quien caminaba hacia él, siseó cubriéndose la vista con una mano. Poniéndose la chaqueta, él rodó los ojos.

- Maldita sea Jacen, vístete –ella gruñó sin mirar-. ¿Aún se siente frío? Te siento más tranquilo.

- Lo estoy, gracias. Ya no siento el frío en mi interior. Pero en mis nalgas... –viéndola reír entre dientes, vio su oportunidad-. Ya estoy visible otra vez. Entonces, ¿cuál es tu plan con Kylo...?

Rue apenas pestañeó al mirarlo, y nuevamente, Jacen se estrelló contra una barrera. Ésta suspiró.

- Solo soy práctica, Jacen... -siguiéndolo al túnel, activó su sable para ver el camino-. Tenemos un enemigo común. Está dispuesto a colaborar. Y vencer al Emperador es nuestra prioridad.

- ¿Y luego...? –él presionó los labios-. ¿Cuando la guerra acabe, y sus víctimas exijan justicia?

Le pareció jurar que palidecía bajo la luz de su sable violeta, pero la aprendiz siguió como si nada.

- Luego, la UAL verá qué hacer con él –lo miró de reojo-. La visión que tuviste, inquietante como fue, debe tener un propósito en la Fuerza. Tal vez Ezra averiguó algo del Emperador. Tal vez traicionó a Snoke y volvió a la luz, o tal vez no. Investígalo. Pero lo que sentiste hoy, no debes dejar que te controle. Conoce tu oscuridad, Jacen. Obsérvala, acéptala y déjala ir. Elige la luz.

- Lo sé. Lo haré –asintió él, frunciendo el ceño con expresión sombría-. Cualquiera puede caer.

Incluso Ezra, reconoció con un escalofrío. Incluso yo.


La Nueva Taberna en Pantora se preparaba para abrir dentro de unas horas. Meses habían pasado desde que Shi dejó la Resistencia y se instaló en un discreto local a las afueras de su ciudad capital. Y días habían pasado, desde que un grupo de escoltas de Canto Bight aparecieron en el salón de la toydariana buscando empleo como bailarinas. Pagando una jugosa suma de créditos por trabajar.

Quinn se sonrió mirando el resultado desde la barra, la Madam revoloteando sobre el ruidoso grupo mientras repasaban una coreografía en el escenario. Si bien ella no extrañaba estar en el lugar de las chicas, sí disfrutaba ver a Shi a cargo de un salón. Pocas empresarias de los niveles bajos tenían un código tan estricto respecto a no tocar a sus bailarinas. O trabajaba en secreto con las Alianzas Libres.

- Casi me dan ganas de unirme a su show de esta noche –bufó Freya a su lado, bebiendo un cóctel multicolor-. Moriría por ver la cara de mi padre deformarse al verme entre las bailarinas.

- Luego de eso, no volvería a pisar un cabaret en su vida... –Quinn le dedicó una sonrisa irónica.

Freya hizo una mueca. Lo dudaba, y si era brutalmente honesta, dudaba que siguiera vivo siquiera.

Un alboroto en el escenario las hizo girar. Shi gruñía frustrada a las bailarinas que, al parecer, se habían adelantado al ritmo de la canción. Apagando el equipo de música, la toydariana alzó el vuelo.

- ¡Bah! ¡Hora de un receso! ¡Diez minutos, todas! –se acercó a las chicas con su ronca voz tan peculiar-. Espero que no vengan en nombre de la chica Kanata. ¡Aún no le perdono la audacia!

- Vamos, Madam... –Freya dejó la copa vacía sobre la barra, hablándole en tono conciliador-. Te ha ido bien con los créditos que te dejó. Y con el nuevo elenco que te paga una pensión...

- ¿Cuánto nos cobrabas a nosotras en los niveles bajos...? –añadió Quinn-. Te irá mejor aquí.

La toydariana les bufó poniendo los brazos en jarra, pero sus ojos fueron amables al observarlas.

- No está de más que una Jedi te deba un favor, por gris que sea. Encárguense de recordárselo –aterrizando de pie en la barra, miró detrás de sí y añadió en voz baja-. ¿Novedades de Jakku?

Quinn y Freya se tensaron a la vez. Tenían una sola misión en Pantora, y al parecer, no iría bien.

- ¿O sea que no han llegado informantes? –preguntó Freya con expresión grave- ¿Ninguno?

- Asumimos que escaparon, ya que la Primera Orden no ha anunciado victorias... –Quinn tragó saliva-. Pero aún no llega nadie al comando central. ¿Segura que no te han llegado rumores?

Shi dejó escapar una blasfemia, viendo por sobre su hombro a las bailarinas charlando entre ellas.

- Las cosas están tranquilas aquí. Las chicas han usado el maquillaje como les enseñé, y ni los droides las han reconocido... pero éstos no son los niveles bajos. Las noticias tardan en llegar.

- Entonces no vamos a exponer tu cubierta, Madam –asintió Freya, incorporándose-. Pronto nos harán falta más insumos médicos. Volveremos entonces a visitarte para hacer negocios.

- Es bueno verte de nuevo –imitando a Freya, Quinn sonrió con dulzura-. Me alegra tanto que...

Una bailarina ahogó una exclamación, y una densa nube de humo cubrió el escenario multiplicando los gritos de alarma. Sobresaltada, Freya se sacó el blaster del cinturón y una explosión a sus espaldas la hizo caer de bruces al suelo. Ensordecida por la detonación y adolorida por el golpe, miró alrededor.

Las luces de la Nueva Taberna se apagaron. Gateó buscando a tientas a Quinn. En el alboroto que siguió, ésta la agarró del brazo y la guió tras la barra, pero Freya alzó la cabeza y se estrelló con la toydariana volando en la oscuridad. Con el destello de un rayo, Shi cayó abatida al suelo. Otro destello, y el estómago de Freya ardió dejándola sin aliento. Colapsó en el piso, y el sonido volvió a sus oídos.

Los gritos se volvieron chillidos de horror cuando, con un zumbido, la habitación se iluminó de rojo.

Los Caballeros de Ren las habían encontrado. Temblando como una hoja detrás de la barra, Quinn reconoció el sable de luz con guarda de Kylo. Otras seis figuras de negro se repartieron en las salidas, disparando a las bailarinas que intentaban huir. Ahogó un sollozo, cubriéndose la boca con una mano.

Fue inútil de todos modos. Sosteniendo a una inmóvil Freya sobre su regazo, sintió que de súbito su cuerpo se acalambraba y dejaba de responder. Fue levantada del suelo por una fuerza invisible, llevada directamente a los pies de Kylo Ren. Sus ojos se empañaron, aún oyendo a las chicas gritar.

- ¿Te conozco? -la distorsionada voz le heló la sangre en las venas, pero Quinn era incapaz de hablar por el truco de la Fuerza. El hombre ladeó la cabeza, como intrigado. La parálisis se deshizo, y la joven cayó tosiendo nuevamente presa de la gravedad- ¿Me conoces tu...?

Cada célula de su cuerpo le gritaba a Quinn que no debía mirar. Pero había algo en su entonación que le sonaba familiar. La pantorana alzó la vista, para encontrarse con que Kylo se agachaba a ella. Al brillo rojizo de su sable de luz, y con el terrible sonido de la masacre de fondo, ella aceptó su destino.

Pensó en Freya. En Shi. En Myca. No tenía nada que temer. Todos se reunirían en el mismo lugar.

- No van a ganar –le prometió con un suspiro trémulo.

- Entonces no me conoces. Aún.

Kylo se levantó cuan alto era, traspasándola con la fría mirada de su oscuro visor. Con un gesto de su mano, Quinn volvió a flotar inmóvil en el aire. Luego fue azotada contra el otro extremo del salón.


N/A: Perdón por eso ;^;
N/A2: Saludos y hasta la próxima actualización, intentaré mantener este ritmo lento pero seguro ;)