Capítulo 9: Escalada, parte I

En la fría niebla de sus sueños oía a Rue gritar su nombre. Sombras se arremolinaban en su visión periférica mientras la buscaba, en vano. Intentó llamarla, pero su voz no salía. La oscuridad lo envolvió embotando sus sentidos, y al dejar de escuchar a la chica, algo en su interior se apagó. Estaba solo...

Ojos amarillos se clavaron en su mente.

Ben se sentó de golpe en la cama. Con el pulso y respirar agitado buscó al Emperador en la Fuerza.

A través del vínculo sintió que Rue reaccionaba con alarma a su angustia, en el piso superior. Ben acompasó su respirar para calmarse, y le dio a entender que había sido solo otra pesadilla. Ella disolvió la conexión de inmediato, y él se dejó caer en la cama, exhausto. Intentó volver a conciliar el sueño.

Pero su pesadilla se sintió distinta esa vez. Más que un revoltijo de recuerdos y temores, era como si la Fuerza le mostrase una posibilidad. Con el corazón inquieto se arrancó la frazada de encima y se sentó a meditar. Temer no le serviría. Si aquel era el futuro, Ben Solo estaría preparado para evitarlo.

En su silenciosa celda, vació la mente y dejó que la Fuerza lo inundase. Percibió a Chewie a través de la puerta. A Hux a la vuelta del pasillo. A Rue y el concejo en el salón de asambleas, y a los rebeldes en la base. Si iba más lejos, sentía las corrientes subterráneas, los glaciares y ventiscas del planeta...

Un destello salvaje empujó su puerta. Por reflejo estiró la mano para agarrar algo, y abrió los ojos.

- Bajaste de peso –Rue acusó desde el umbral tirándole otra barra alimenticia. Él la atajó irritado.

- Te agradeceré que no me arrojes la comida, no soy un anim... –las barras volaron de su agarre de vuelta a ella, quien se las entregó en la mano con un mohín. Ben alzó una ceja-. Gracias.

- Son de la Primera Orden. Llenan más que las nuestras –replicó turbada-. Cómelas. Saldremos.

No alcanzó a indagar dónde. Ella abandonó la celda juntando la puerta, Ben intuyó que para darle privacidad. Su camiseta había caído de la cama en su agitado despertar. Ceñudo, la recogió y se aseó en el lavabo. La celda era arcáica, pero un prisionero no podía reclamar. Se vistió y comió en silencio.

Rue se despedía de Chewie y Emmie cuando salió. Con un gesto impaciente ella lo instó a seguirla.

- Robamos esas barras con la Flota Libre –comentó mientras subían y se alejaban del centro de comando y sus salas-. Las devolvemos a los afectados por la Primera Orden. ¿Es eso balance?

- No estoy seguro... –distraído, Ben vio como salían del edificio y bajaban la escalera de piedra.

- ¿Puedes definir el balance? –insistió, asintiendo a los rebeldes que iban de subida.

Éstos saludaban de vuelta con caras serias, atentos a él. Sus miradas fulminantes le recordaron a Ben que no era bienvenido y nunca lo sería. Lo odiaban. Y si bien se merecía ese rechazo, de pronto ya no supo qué hacer con sus manos. En la Fuerza, la indignación a su alrededor solo incrementaba.

- Ben –él giró a encontrar la mirada de Rue.

Háblame, la oyó susurrar en su mente. A través del vínculo la sentía tensa, pero a la vez, cruzaban intencionalmente lento la explanada llena de rebeldes. Parpadeó intrigado. Ella quería que los vieran.

- ¿Podrías definir el balance? –repitió, levemente más alto.

Entendió lo que tramaba con creciente inquietud. Ella quería que lo escucharan. Pero Rue sostenía su mirada como si no existiese nadie más, y Ben se aferró a esa sensación para recuperar el sosiego.

- Anakin lo definía como la pausa entre inhalar y exhalar...

- Tendrás que ser más concreto –lo interrumpió, haciendo otro mohín-. Detesto las metáforas.

- Pues a los Jedi les encantan –él se cruzó de brazos-. Será mejor que te acostumbres.

- Bien –resopló, pateando un guijarro al caminar-. ¿Podrías al menos darme algo de contexto?

Asintiendo, él ordenó sus ideas y le contó de lo que aprendió con Anakin en Ahch-To. Mientras ella lo bombardeaba con preguntas, percibió que la hostilidad de las tropas alrededor se teñía con interés.

- Supe que Erin y Kaydel te tuvieron actualizando su inteligencia hasta la madrugada... –comentó casual al doblar una esquina-. ¿Has avanzado en la traducción que haces de los textos Jedi...?

- Nada concluyente –él miró alrededor, atento a las tropas. Si comentaba los textos, lo haría con certezas. Entonces notó que se alejaban de la zona iluminada de la base. Bajó la voz-. ¿Puedo saber a dónde vamos? Creí que ibas a exhibirme a los rebeldes, gracias por avisar, por cierto...

La chica ni se arrugó ante su protesta. Mirándolo en complicidad, se abrió lentamente una de sus muchas capas de ropa, y el corazón de Ben dio un salto al ver que bajo ésta había... un sable de luz.

- A entrenar, por supuesto... –él frenó brusco a acusarla con la mirada, y ella rodó los ojos-. No lo robé. Es de Leia. Me pidió que lo guardara por ti mientras no lo uses. Ya sabes, protocolos.

Ben suavizó el gesto. Solía olvidar que su madre también fue una aprendiz, antes de arruinarse la vida concibiéndolo. Notó la influencia de Leia en la trenza recogida de Rue, y se preguntó si acaso hubiese preferido tener una hija... Apartó la idea de su mente, un mal residuo de los artificios de Snoke.

- Así que me confía su sable de luz... –murmuró ensimismado-. Pero te usa a ti de intermediaria.

Chasqueando la lengua Rue retomó la marcha. Ben la siguió, intentando ver más allá de su pesar.

- Le alivia verte aquí –ella gruñó al rato, avanzando hasta el final de la cueva-. Pero apenas tiene tiempo para cosas Jedi. Lo que te hace útil para nosotros, siempre que te salgas de tu cabeza.

Llegando al muro de roca sólida, activó el sable azul y desapareció tras altas piedras superpuestas.

- ¿Qué más te contó Anakin...?

Su voz salió del interior con un eco. Siguiendo la luz entre las piedras, él ingresó a un túnel secreto. Rue lo miraba expectante del otro lado. Le tomó instantes entender que le ofrecía una chance a dejar de lamentarse por existir. Echando a andar detrás de la chica, Ben la aceptó, disponiéndose a hablar.


Desde el puente del Templanza, Jannah vio las lanzaderas de la Primera Orden explotar una a una en la negrura espacial. No podían permitirse lucir como ellos a dondefuese que irían ahora. Flotando en las Regiones Desconocidas, los cruceros de la UAL se repartieron a los evacuados del Supremacy.

La joven apartó la vista del transpariacero y se giró a mirar a la diversa tripulación. Pese al luto que flotaba en el aire, era reconfortante ver a tantas especies trabajando juntas. Atendían sus estaciones con expresiones sombrías, mientras la general Syndulla hablaba con el comandante Dameron en voz baja. El almirante Gawat, un hombre aún mayor que el difunto Ematt, escuchaba reflexivo junto a ellos.

Poe asintió con aire compungido, y al cruzar miradas con Jannah, la invitó con un gesto a unírseles.

- Almirante, general, ella es la capitana Jannah –la introdujo como intentando cambiar el ánimo de la conversación mientras ella se aproximaba-. Representante designada por los desertores.

- Oímos el reporte de Finn sobre los valientes soldados que se le unirían en el Supremacy –la general la saludó con inesperada calidez-. Todos ustedes, y los sinnombre también, son bienvenidos y serán tratados como iguales a bordo... ¿Pero en dónde se encuentra Aaggo...?

- Traduce en nombre de su gente en una reunión con Peet –explicó, tratando de imitar el casual trato de Poe y no la rígida etiqueta de la Primera Orden-. Volverá pronto. Gracias por reconocer nuestra autonomía antes de invadir. El general Ematt se ganó mi respeto... lamento su deceso.

Los tres altos mandos, si bien afligidos, le dedicaron respetuosos asentimientos. Gawat carraspeó.

- La ocupación del Supremacy fue una estrategia arriesgada, siempre lo supimos. La cantidad de desertores nos tomó por sorpresa, pero el sacrificio del general Ematt y su tripulación redujo ampliamente las bajas en la retirada. Ahora les debemos continuar con nuestra misión.

- Estoy de acuerdo, pero... ¿eso a dónde nos llevará? –ella preguntó al circunspecto almirante.

- Corellia, en cuanto terminen los diagnósticos de los cruceros y definamos una hiperruta segura.

- Alguien debe ir a reportarse a Goji –Syndulla terció-. Llevamos demasiadas horas sin hacerlo.

- Concuerdo –agregó el comandante, tocando distraídamente su pierna herida-. Solo déjenme...

- ...Almirante... –una oficial duro volteó a mirar inquieta a Gawat desde su estación-. Un yate estelar ha salido del hiperespacio. Intenta contactarnos con el nombre de Lando Calrissian.

El corazón de Jannah dio un vuelco, había oído historias del general. Intercambiando una confusa mirada, Gawat, Syndulla y Dameron se aproximaron a la estación, y ella agudizó el oído para escuchar.

- ¿No estaba retirado...? –Poe cuchicheó a la general mientras el almirante se removía inquieto.

- Comuníquenos –autorizó Gawat, ubicándose ante un holoproyector en el centro de la estancia.

- Finalmente... –titilando, un hombre de aspecto amable se materializó en el aparato-. Almirante Gawat, aquí Calrissian. La UAL les ha buscado en todos los puntos de encuentro. Mis sensores detectan restos de naves en los alrededores, ojalá que no de las nuestras. ¿Cuál es su estado?

- Ex general Calrissian... –Gawat lo saludó cauteloso-. No estábamos al tanto de su regreso.

- Ah, fui a presentarme al concejo hace unas horas –explicó con soltura-. Les envío el código de autorización de la canciller para probarlo. No han oído de ustedes en Goji, están preocupados.

- Comprobado –anunció la oficial mirando el monitor, y Jannah notó que el almirante se relajaba.

- Bienvenido a la UAL, Calrissian. No, no son nuestros restos. Las tropas del Supremacy fueron extraídas en lanzaderas enemigas gracias al sacrificio del general Ematt y su tripulación, pero perdimos el Alba. Los escudos del Aurora están dañados, y el Esperanza debe repostar. Discutíamos enviar un mensajero a Goji cuando usted apareció. ¿Hay novedades en la base?

- Comprendo –él frunció el ceño-. Siento la pérdida de Ematt y su equipo. En Goji probarán un prototipo para recuperar las señales interferidas por Pryde. ¿Están en condiciones de viajar?

- En unos minutos, pero con el daño causado a las naves, no podremos ir más lejos que Corellia.

- Será mejor que envíen un mensajero antes, han endurecido sus defensas temiendo un ataque.

- Gracias por el aviso –asintió el almirante-. ¿Asumo que nos acompañará allá, o volverá a Goji?

- Me alegra ayudar –Calrissian replicó cordial, y luego añadió-. Me adelantaré a avisar a Corellia. Estoy interesado en colaborar con los desertores una vez allá. ¿Por quién he de preguntar...?

Como empujada por una fuerza mayor que ella, Jannah dio unos pasos adelante. Notando esto el almirante, si bien descolocado, le hizo un gesto para que se acercara al holograma. Su pulso se elevó.

- Por mí... Jannah. Solo Jannah –él ladeó la cabeza al verla, y ella sintió que de algún modo, ya lo conocía... tal vez de un holovideo. Se aclaró la garganta-. ¿Colaborar en qué sentido, señor?

- Un placer, Jannah –saludó-. Es un tema delicado, puede esperar a un momento más oportuno.

Pese a su curiosidad, se abstuvo de inquirir más. Gawat y Syndulla se removían inquietos. La UAL tenía otras prioridades, y con justa razón. De pronto Jannah sintió que perdían tiempo vital para ellos.

- Entendido. Pues, ya sabe a quién contactar en Corellia. El placer es mío... señor...

Tras asentir, se apartó incómoda del holograma a mirar a Poe. Éste levantó los pulgares en apoyo.

- En qué estaba pensando... –suspiró, más para sí misma que para él-. No lo estaba haciendo.

- Es bueno tener iniciativa... –él susurró dándole palmaditas en la espalda, mientras veían como Calrissian se despedía de los altos mandos-. Con el tiempo uno aprende a improvisar...

- En lo que lleguemos a Corellia, el prototipo podría estar operacional –prosiguió Gawat como si nadie hubiera interrumpido-. Pero alguien debe ir a Goji a reportar en persona nuestro avance.

- Yo iré... –ofreció Poe, cojeando un paso al frente con una mueca.

- Alguien que no esté herido –Syndulla negó al verlo-. Además, te necesitamos aquí. Ematt ya no puede supervisar a los desertores que se unan a la UAL. Alguien debe hacerlo, comandante.

Jannah se removió incómoda. Dameron frunció el ceño, pero tras pensarlo unos segundos, asintió.

- Pues hablaré con Jess y Suralinda, ellas estarán en Goji en poco tiempo –volteó a mirarla con solemnidad-. ¿Entonces es cierto? ¿Se unirán a la UAL para pelear contra la Primera Orden...?

- No vamos a obligarlos –Syndula añadió acercándose-. O seríamos tiranos como ellos. Quienes no deseen pelear, de todos modos encontrarán refugio y trabajo en planetas aliados a la UAL...

Se sentía tan extraña la opción de no pelear. Era lo único que los desertores conocían, les criaron para dar la vida por una galaxia más segura, totalmente ignorantes de ser ellos el peligro. Entre las vigilias y rondas del asedio, Jannah y sus compañeros habían llegado a la misma conclusión: proteger a los inocentes de aquellas tiranías era más necesario que nunca. Pero esta vez, lo harían a su modo.

- Gracias por su consideración, general –asintió con voz reposada-. No me atrevo a hablar por Aaggo y su gente, pero los desertores decidimos pelear... con los ojos bien abiertos esta vez.

Un escalofrío la recorrió al ver formarse el túnel hiperespacial. Sería difícil, pero también lo correcto.


Tras minutos subiendo una red de túneles, Ben terminaba de criticar lo ambiguo de los Fantasmas de la Fuerza cuando vio luz colarse por una gran grieta. Tras apagar el sable azul, la atravesaron hacia una cueva abierta de roca, hielo y termas. Entre las nubes de vapor notó un X-Wing familiar aterrizado cerca del exterior, e interrogó a Rue con la mirada. Maldiciendo ella parecía recién recordar que existía.

- Lando lo envió anoche... –se encogió de hombros-. Como es tuyo, tenerlo en la base levantaría sospechas. Pero será un buen plan de respaldo si la UAL no te deja ir conmigo tras el Empera...

- No –la interrumpió ceñudo al intuir lo que intentaba-. Soy yo quien va a enfrentarlo, tú no irás.

Entornando los ojos, la joven estudió su rostro, para luego mirar a través de la abertura al exterior.

- Esta cosa de la díada ha de ser importante, si te hizo querer salvarme. Y si dices que la Fuerza la creó, debe tener un propósito. Podría ser vencer al Emperador, como hicimos con Snoke...

- ¿Te refieres a cuando casi moriste desangrada? –sus tripas se revolvieron y cruzó los brazos. Viendo que la chica replicaría, se apuró a añadir-. El propósito de la díada podría ser el balance.

Ella casi se atraganta con lo que estaba por decirle. Tras mirarlo con recelo, gruñó de mala gana.

- Elabora.

Suspirando, Ben dejó caer los brazos y eligió sus palabras con cuidado. Aún trabajaba en la idea.

- Ambos nacimos con un gran potencial en la Fuerza, y crecimos en conflicto. Al cruzar caminos, nos enfrentamos, pero también influímos en el otro. Tuvimos que integrar lo que rechazábamos y nos fortalecimos al equilibrar luz y oscuridad. Aún lo hacemos, creo... pero es solo una teoría.

- Tiene... sentido... –ésta concedió tras una breve pausa-. Pero el Emperador...

- No estás lista –siseó apuntándola al recordar los ojos amarillos del Sith-. Sería suicida. No irás.

- Que tú vayas solo es suicidaRue miró su dedo con indolencia-. Y yo no necesito tu permiso.

- No, necesitas una lección -le gruñó perdiendo la paciencia-. ¿Quieres entrenar? Entrenemos.

En un latido, Rue le ofrecía el sable de Leia con actitud bravucona. Ben entró en razón, y exhalando entre dientes examinó su entorno. La cueva estaba salpicada de quemaduras de plasma. Ya olvidados junto a un contenedor reposaban unos bastones de entrenamiento. Los llamó a su mano con la Fuerza.

- Usaremos estos primero –decidió, tendiéndole uno-. Forma uno, primera postura.

Rue le hizo un mohín al bastón ofrecido. Él arqueó una ceja, esperando. Ella alzó la vista, escéptica. Ben se inclinó para quedar a la altura de sus ojos, e imprimió a su voz toda la calma que pudo reunir.

- Sospecho que mi familia te ha mimado demasiado. Seré claro. Mi entrenamiento, mis reglas.

Tras un breve duelo de miradas, Rue tomó la vara a regañadientes y adoptó la postura señalada.

- ¿Llamas a eso una postura? –Ben suspiró al examinarla-. Baja las caderas. Separa las piernas.

- No me gusta tu tono... –gruñó removiéndose, mientras él la rodeaba evaluando los cambios.

A esas alturas, a él ya le daba igual. Su forma era dolorosa de mirar. Exasperado, señaló sus pies.

- Necesitas estabilidad, ¿cómo...? –levantó la vista- ¿Qué te estuvo enseñando Skywalker...?

- A no caer al lado oscuro –él la fulminó con la mirada-. Es cierto, fue lo primero que me enseñó.

- Huh... –asumió que su antiguo maestro habría reorganizado sus lecciones-. Pues peor para ti.

Sin más aviso llevó su vara al brazo de Rue. Agrandando los ojos ella bloqueó el golpe con la suya. Él ya iba por su frente. Ella lo esquivó trastabillando, y siguió reaccionando a cada ataque propinado.

- Tu técnica es desastrosa... –bufó Ben, apenas esforzándose en mantenerla ocupada.

Rue bloqueó un embate y deslizó un pie tras el suyo haciéndole un barrido. Él lo saltó, y por instnto frenó con su antebrazo una patada viniendo del otro pie. Oleadas de expectativa bajaron por su espina.

Su cuerpo respondía con movimientos que desconocía. La vara yendo a su costado impidió a Ben cerrar una llave en la pierna atacante. Esquivó el golpe tomando distancia, y la chica lo miró incrédula.

- ¿Desde cuándo sabes Zama-Shiwo? –resopló, rodeándolo por aperturas.

- No tengo idea de lo que hago... –mientras giraba para seguirle el ritmo, él señaló su sien-. Es el vínculo, ya te lo había dicho. Es lo que te hizo a ti aprender tan rápido a manipular la Fuerza...

- Ah, no me jodas –ella dejó caer los hombros-. ¿Eso también? Y yo creyéndome un prodigio...

- Tal vez si practicaras tu postura –con una floritura del bastón, Ben volvió a su posición inicial.

- Si te desarmo... –sus ojos destellaron con el reto- dejarás tu idea de ir solo tras el Emperador.

- Ya veremos... –contestó él con reserva.

Ambos dejaron que la Fuerza los inundase, sintieron la presencia del otro, y retomaron el combate.

Rodeándose y debatiéndose predecían tan bien las acciones del otro que era un desafío encontrar aperturas. A través del vinculo, Ben sentía la efervescencia de Rue como propia mientras ésta robaba su técnica. El choque de varas se agilizaba y absortos en ello, apenas notaron a Finn y Jacen entrar.

Apenas reaccionaron. La Fuerza fluía intensa, libre y en armonía a través de ambos, haciéndolos más veloces, más sincronizados y más conscientes de su conexión tan íntima, de dos que son uno...

Empujaron con la Fuerza al mismo tiempo, y al mismo tiempo los bastones volaron arrancados de sus manos. Respirando agitados frente a frente, cruzaron una obstinada mirada. No terminaría así...

Los ojos de Rue destellaron al agarrar su camisa...

Sus piernas lo encerraron en una llave. La cueva giró veloz ante sus ojos y Ben cayó con ella sobre su vientre. Mientras él jadeaba por aire la chica torció su brazo derecho, en el vínculo, ambos ardían con el mismo deseo de probarse. Plantando los pies en el suelo, alzó las caderas para desestabilizarla.

Ella ahogó un grito al resbalar a su pecho, su llave se aflojó. Él deslizó la mano libre bajo su rodilla. Rue se estremeció, y con un suave gruñido aumentó la torsión; dolía, pero solo intentaba dominarlo. Apretando los dientes, Ben quiso mostrarle cómo. Usó su izquierda para zafarse del enredo de piernas. Rodó sobre ella a retenerla con su cuerpo y descubrió algo dulce en su sudor. Su conexión se rompió.

- ¡No...! –sollozó Rue.

Su espanto lo alarmó. La soltó y ella se le lanzó con rugido. Él cayó hacia atrás sintiendo frío y algo con punta en su garganta. Enseñando los dientes, Rue lo miraba, pero no lo veía... Ben supo por qué.

- ¡Rue! –oyó gritar a Finn, corriendo a su encuentro.

- ¿¡Qué le hiciste!? –rugió Jacen tras él.

Escuchó como el segundo encendía su sable de luz, y en un latido entendió que ellos no lo sabían.

- ¡Déjenla, no se acerquen! –exclamó sin dejar de verla. Ellos frenaron al oír lo tenso de su voz.

Sentada sobre él, la ofuscada chica temblaba sin control. Ben conectó con la luz para serenarse.

- Rue –la llamó suave, enviándole oleadas de calma a través de la Fuerza-. Rue, están muertos.

Tras segundos, ella parpadeó volviendo en sí. Al reparar en lo que ocurría, tomó una bocanada de aire, y se le quitó de encima sujetando una horquilla. Él no se movió. Sintiendo su intenso malestar en la Fuerza, Ben se forzó a pensar en algo, cualquier cosa, que pudiese ayudarla a olvidar a los espías...

- Es solo una horquilla... –volvió a ponérsela sin mirarlo a los ojos, y fue a hablar a los otros con voz contenida-. Finn, estoy bien. Jacen guarda eso. Fue un malentendido. Pueden ir a la base...

Ellos se quedaron, la preocupación pintada en sus rostros. Jacen apagó el sable y Ben se levantó con cautela, sus ojos alternándose entre Rue y sus amigos. Porque ellos eran sus amigos, ¿cierto...?

- ¿Cuánto tiempo llevan entrenando juntos? –Finn sonaba dolido-. Eso no parecía algo reciente.

- Pues lo es, ahora vuelvan a la base –les ladró, girando a Ben con creciente frustración-. Y . ¿Acaso me diste ventaja recién? ¿Por qué, crees que no puedo manejarlo?

- Creo que aún aprendes a hacerlo... –y la escena le era dolorosamente familiar. Viendo que sus amigos cruzaban sendas miradas, él bajó la voz para solo ella-. ¿Acaso no les has dicho...?

- ¿Manejar qué? –Jacen terció, suspicaz- ¿Qué técnica era esa, y por qué estás tan alterada...?

- ¡...porque me soltó! Mis rivales no tendrán la misma consideración –sus ojos relampaguearon sin apartar la vista de Ben-. No me hace ningún favor, necesito saber que puedo defenderme.

- No voy a lastimarte... sabes que no... –replicó él, incrédulo. Rue desvió la mirada-. ¿Lo dudas?

- ¿Puedes culparme?ella soltó, abrazada a sí misma.

El dolor que sintió en el pecho lo tomó por sorpresa, mas Ben endureció el rostro antes de que éste lo delatara. Entendió que Rue no quería confiar en él. ¿Por qué lo haría...? Él mató a su propio padre.

- El entrenamiento terminó –murmuró, dirigiéndose a Finn y Jacen-. Debo volver a mi celda.

Como el criminal que realmente era.


Calmarse le tomó varias horas de meditación. No se trataba solo de los espías o de lo fácil que fue para Ben reducirla. Lo cierto era que Rue aún no hablaba de aquel evento con Finn y Jacen. No podía permitirse revivirlo. Era la más fuerte ahí, y ellos confiaban en su guía como ella confió en Skywalker.

La voz del Emperador no volvería a su mente, siempre y cuando Rue se controlase, y lo dejase ir.

Caminó ceñuda desde la cueva hasta el centro de comando, pensando en como diablos explicaría el arrebato a sus amigos. Y en qué le diría a Ben, que había vuelto a bloquearla de su mente. Estaba por bajar a su celda cuando sintió el mal ánimo del salón de asambleas. Volvió tensa sobre sus pasos.

Finn ya se encontraba ahí, revisando junto a Ransolm, Erin y Connix un extracto de las holonoticias. Fue como un golpe en las tripas. La Nueva Taberna había sido saqueada por los Caballeros de Ren.

- ¿Quinn y Freya...? –inquirió con voz trémula. Kaydel negó afligida-. ¿Cómo las encontraron...?

- Una de las mujeres del casino envió créditos a su hijo –ésta explicó con pesar-. El relato oficial es que usaron la Fuerza para rastrear a quien medió la transacción. No dejaron sobrevivientes.

- Tenían hijos... –Rue susurró, apenas controlando su horror.

- Iré a Pantora, a ver si puedo seguirles el rastro –anunció Finn con seriedad-. Si llega a ser una trampa, avisaré a Jacen. Quedarnos todos aquí es absurdo, Solo ha sido honesto con nosotros.

Con una sola mirada el aprendiz le dio a entender que ella no. Pero Rue estaba demasiado alterada como para discutir. Si lo hacía, alguien saldría herido. Sentía una fría cólera borboteando dentro de sí.

- Debo volver a meditar... –masculló, precipitándose a la privacidad del Época Veloz.

A través del vínculo sintió la muda pregunta de Ben. Cerró la conexión con el mismo ímpetu con el que cerró la compuerta de su camarote, y demasiado agitada como para meditar, agarró una manta y le enterró el rostro echándose a gritar. Las luces sobre ella titilaron recordándole que debía moderarse.

Dejándose caer sobre la cama, exhaló profundamente. La cabeza le daba vueltas, y el desquiciante frío se deslizaba en su interior. Rue cerró los ojos, acompasó su respirar para conectar con la luz y...

...y alguien llamó a su camarote. La joven se sentó a fulminar la puerta con la mirada, y estaba por insultar al inoportuno visitante cuando percibió quien era. Su ira pasó a segundo plano. Se paró a abrir.

- Secretario... –saludó atropelladamente al ver el afable pero preocupado rostro de Casterfo.

- Ransolm, y espero no estar interrumpiendo... –su voz fue suave al interrogarla con la mirada. Sonrojándose, Rue sacudió la cabeza-. Me alivia. Porque me temo que debo pedirte un favor.


Los Caballeros de Ren debían ser detenidos. Con las imágenes de la Nueva Taberna aún grabadas en su retina, Finn dejó la base en un A-Wing prestado. Necesitaba alejarse del drama de Goji para ver las cosas con claridad, se convenció mientras salía al hiperespacio y entraba en meditación profunda.

En aquel estado recordó que había un momento para esperar, y otro para actuar. Habían permitido esas masacres al esperar demasiado, y si bien el aprendiz era consciente de su propia impaciencia al dejar el planeta, ya más tranquilo en la quietud de su cabina, tuvo la sensación de ir por buen camino.

Ya hablaría con Leia y Rue al volver. A la primera pediría disculpas, y la segunda, una explicación.

El planeta que orbitaba la luna Pantora reflejaba su pálida luz sobre una extensa marisma de noche. A través del monitor, BB-14, su astromec asignado, indicó varios sitios fuera de la capital para aterrizar. Eligió un pantano poco profundo a un kilómetro de distancia. Si bien la Primera Orden se concentraba en sectores más estratégicos que el Borde Exterior, no podía ser encontrado ahí. Se dirigió al droide.

- Te dejo a cargo del caza. Si no me contacto contigo en una hora, borra todo registro de las hiperrutas utilizadas y escóndete. Me contactaré con Jacen Syndulla para que venga por ti.

El droide bipeó en afirmación, y al abrir la cabina, el aire frío y salado golpeó su rostro. Cubriéndose con la capucha de su chaqueta, echó a andar a los edificios con cúpulas de bulbo brillando a lo lejos.

Al llegar a la ciudad, el aprendiz vació su mente. Extendiendo sus sentidos a la Fuerza, no detectó ni peligros inminentes ni la fría presencia de los Caballeros de Ren. Resolvió con un suspiro que debía ir a la Nueva Taberna a investigar de todas formas, consciente de la devastación que encontraría allí.

Pese a seguir algo molesto con Rue, agradeció que ésta no se obstinara a ir con él. Últimamente no sabía qué diablos pasaba por su cabeza, pero intuía que lo de Pantora había sido algo personal...

Dejó ir la idea para centrarse en su tarea. La Nueva Taberna estaba en la periferia, bastante menos iluminada y concurrida tras el saqueo. El frío rastro del lado oscuro fue fácil de seguir, mas de pie ante la destrozada fachada, Finn se sintió distinto. Pues el horror que percibió en la Fuerza le perteneció a gente que él conoció. Se forzó a dejar ir su angustia, y a traspasar con sigilo la barrera de seguridad.

Un escalofrío lo recorrió al entrar al salón, ecos de desesperación aún flotando en el aire. Habían retirado ya los cuerpos, pero el desastre del interior era copia fiel del que los Caballeros de Ren dejaron en los niveles bajos. La sangre huyó de su rostro al ver marcas de sable de luz en algunas mesas derribadas, y creyendo oír los gritos de Quinn a través de la Fuerza, se precipitó de vuelta al exterior.

- Soy uno con la Fuerza y la Fuerza está conmigo –musitó para calmarse entrando a un callejón.

Con la cabeza dándole vueltas, se apoyó en un muro cercano. Tal vez no estaba listo para enfrentar esa situación por su cuenta, la impotencia, la furia y el pesar se revolvieron dentro de sí. Esas mujeres ni siquiera eran una amenaza para ellos... Golpeó la pared con un gruñido frustrado, y cerró los ojos para acompasar su respirar. Ya estaba hecho. Dejó ir su emoción, en búsqueda de la luz en su interior.

- Soy uno con la Fuerza y la Fuerza está conmigo –repitió arrullándose en su murmullo cristalino.

En suaves oleadas, la luz lo inundó y le otorgó a Finn la claridad suficiente como para ver que pese a aquel tropiezo, estaba en el lugar correcto. Enderezándose en el oscuro callejón, el aprendiz frunció el ceño. A través de la Fuerza, sintió como la corriente luminosa traía consigo una presencia...

Se fue tan rápido como llegó. Parpadeando incrédulo, el aprendiz tardó un instante en resolver qué hacer. Tomando una bocanada de aire se encomendó a la Fuerza y volvió a entrar a la Nueva Taberna.

De nuevo en el salón, esta vez se dedicó a ver mas allá de la desesperación. Para el Jedi entrenado había luz y oscuridad en todas las cosas. Le tomó unos momentos dejar ir el sufrimiento asociado a esa matanza. Los Caballeros de Ren la habían disfrutado, y forzándose a tomar distancia de aquella sensación, percibió ecos de cálida valentía y determinación. Alguien allí se había resistido al ataque...

...una presencia trémula, vagamente familiar se sumó a las de Quinn, Freya y Shi que él ya conocía.

Alguien más estuvo en ése salón, alguien que no apareció en las holonoticias como parte del grupo rebelde. Y se le ocurrió al aprendiz que tal vez aún podría andar cerca. Recordó la nave de las chicas.

- BB-14 –llamó a través del comunicador. El droide bipeó atento-. Todo está tranquilo aquí. Pero necesito que busques en los alrededores el transporte de Quinn y Freya. ¿Podrías hacerlo...?

Ellas también habrían aterrizado lejos de la ciudad. El astromec trinó en afirmación, y tras echar un último vistazo y despedirse mentalmente de las mujeres, el aprendiz volvió a salir a la helada noche.

Su comunicador sonó al rato, y BB-14 bipeó que había encontrado algo, enviándole la ubicación.

- Muchas gracias, amigo. Te mantendré al tanto.

Finn salió de la ciudad a la extensa marisma en penumbras. El agua había subido hasta sus rodillas, y chapoteando por varios minutos con las instrucciones del droide, encontró la mitad de un transporte de carga ya medio enterrado por la marea. El joven extendió sus sentidos a la Fuerza buscando aquella presencia sin identificar, y se puso en alerta al sentir en cambio el frío rastro de los Caballeros de Ren.

Ellos ya no estaban ahí, pero su corazón dio un vuelco al pensar en el historial de vuelo de la nave.

- BB-14 –volvió a llamar, esta vez con voz tensa-. Ven a buscarme. Debemos volver a Goji.

El historial estaba borrado, pero no podía darse el lujo de decir que fueron ellas. Debía volver a la base a alertar al resto, y debía contarle a Rue y Jacen que alguien más estaba con los Caballeros.


Hux seguía dándoles informaciones contradictorias respecto al Emperador y los Caballeros de Ren. Con Leia en Burska probando el prototipo de Sunrider, Ransolm ya no pudo aplazar las solicitudes de la UAL y le pidió a Rue en nombre del concejo que les ayudara a definir qué cosa era cierta y qué no.

Tras oír el cruel reporte de Pantora, a Rue le aliviaba tener algo que hacer. Hux estaba en una sala de interrogación del quinto piso, en el edificio de gobierno. Al abrir la puerta, lo primero que sintió fue la amargura que radiaba, con sus muñecas encadenadas al mesón ante él. Se propuso estar en calma.

- Así que me recuerdas –comentó cuando éste se enderezó al verla-. Bien. Nos ahorrará tiempo.

El Líder Supremo alzó la barbilla con arrogancia, y Rue se aproximó al mesón entornando los ojos.

- No pienso decirte nada. Conozco las limitaciones del código Jedi. No puedes hacerme daño.

Tal vez fue la petulancia con la que lo dijo, o el que aún se creyese intocable. Rue sintió su latente frustración crecer. Sentándose sobre el mesón a cierta distancia, lo evaluó a través de la Fuerza. La miseria que encontró en la presencia del humano le generó un escalofrío. Recordó que era un asesino.

- Ah, pero no soy una Jedi. No aún... –replicó suave ladeando la cabeza-. ¿Me veo peligrosa?

Ella no iba a lastimarlo, pero no significaba que lo haría sentir a salvo. Tipos como él no lo merecían. A través de la Fuerza, Rue percibió su alarma, pero también su odio. Hux esbozó una sonrisa cruel.

- Te ves como una pirata glorificada. Maz Kanata estaría orgullosa... de no estar muerta.

Un espasmo cruzó el rostro de Rue. En fracciones de instante lo atrajo a ella agarrado de la camisa.

- Repite eso –siseó a palmos de su rostro, él se calló-. ¿Acaso no sabías seguir instrucciones?

Con fría lógica ella resolvió que si bien Snoke ordenó matar a todos en aquel hangar, Hux obedeció.

La puerta se abrió y Rue lo soltó. Hux cayó teatralmente en la silla, pero dejó de actuar al ver quien entraba. Ella no necesitó girar. Desde el pasillo Chewie explicaba que le dijo que ella estaba en peligro.

- En peligro de hacer algo estúpido –gruñó Ben, plantándose a su lado sin quitar la vista de Hux.

Rue estaba por gritarle que no se metiera, pero sintiendo el temor y aversión de Hux en la Fuerza, resolvió que podía sacar provecho de tenerlo ahí. Entornó los ojos, mirando de vuelta al infeliz pelirrojo.

- No deja de mentir, así que Ransolm me pidió que interviniera. ¿Cómo me meto en su mente?

- Un Jedi no se mete en mentes ajenas.

- Hipotéticamente –concedió ella entre dientes.

- Un Jedi no se mete en mentes ajenas –él repitió, monótono.

- Dice que ha tratado con los Caballeros de Ren y el Emperador, y luego dice que no. Es grave.

Hux, quien alternaba su mirada entre ambos, tragó saliva. Mantuvo un silencio terco no obstante.

- Si fuerzas su mente en tu estado, lo dejarás imbécil. Más de lo que ya es... –suspiró y añadió con altivez-. Me encargaré desde aquí. Aunque sigo siendo el tipo malo... esta es una técnica Jedi. No es invasiva. Puedes quedarte a aprender.

Ella se mordió la lengua para no ser mordaz. Sus emociones estaban revueltas, lo sabía, pero esa intervención era humillante. Con un seco asentimiento, saltó del mesón y se recargó contra una pared. El tipo arrastró una silla frente a la de Hux y se sentó en ésta mirándolo serio. Se inclinó en el mesón.

- Lamentablemente, esto no te va a doler... –un suave murmullo inundó la Fuerza, y el rostro de Ben se relajó-. ¿Qué sabes del regreso del Emperador? ¿Has oído de su paradero, de su flota?

- No te diré nada –Hux hizo una mueca de desagrado-. Veo que tu cambio debilitó tus poderes.

- No sabe nada –él sacudió la cabeza, ignorándolo-. ¿Qué sabes de un sitio llamado Exegol?

- Cuando la Primera Orden encuentre su patética base, los convertirá en cenizas. ¡Cenizas!

- No lo ha oído en su vida –tradujo con serenidad-. ¿Para quién trabajan los Caballeros de Ren?

- Traidor asqueroso... –el pelirrojo lo fulminó con sus crueles ojos azules-. Y todo por una...

- ...no lo sabe –lo cortó, removiéndose inquieto-. ¿Alguna idea de quién se hace pasar por Kylo?

Hux guardó un furioso silencio. El murmullo en la Fuerza se fue disipando. Ben suspiró y se levantó.

- Ni siquiera sabe por qué Kylo sirve al Emperador... Así que o bien Pryde trabajó con ellos bajo las narices de un pésimo Líder Supremo, o bien solo se aprovecha de la situación. Eso es todo.

Sin verla, Ben salió de la sala a zancadas. Cruzando una seria mirada con Chewie Rue fue tras él.

- Vengan por Hux, ya terminé –gruñó por comunicador mientras dejaba al tipo encerrado. Luego adelantó al wookiee para alcanzar a Ben en el pasillo-. ¿Vuelves a ignorarme? Tienes suerte de que nadie más viese eso, aún eres un prisionero y minaste mi autoridad al entrar así...

- ¿Llamas a eso autoridad? –bajando la escalera hacia el hall principal, Ben se esforzaba por no elevar la voz, y a la vez, por darle la espalda-. Lo ibas a agredir. Pude sentirte cruzar esa línea.

- Me... controlé –replicó frustrada tras él, bajando la voz al ver subir a los guardias. Les saludó con un asentimiento y siguió cuchicheando-. Pude partirle la cara y te consta, pero no lo hice.

Ben frenó en seco a unos escalones de llegar a la planta baja. El flujo de rebeldes era alto a esa hora del día. Exhalando profundamente, se volteó al wookiee que los seguía a una distancia razonable.

- ¿Nos darías un momento, Chewie?

A la confusa afirmación del wookiee, Ben terminó de bajar la escalera y abrió la primera salita vacía que encontró en el vestíbulo. Hizo un gesto irónico para invitarla adentro. Viendo como los rebeldes comenzaban a mirar la escena, Rue apretó los dientes y entró a un silencioso almacén de provisiones.

- ¿Crees que Leia aprobaría tu actitud? –fue lo primero que salió de sus labios al cerrar la puerta tras él. Luego giró a mirarla con dureza, tenía la audacia de verse contrariado-. Me dijiste una vez que yo era más que un segundo Vader. Permíteme devolverte el favor. Eres más que esto.

Enrabiada, dolida y culpable a la vez, Rue desvió la mirada. Él jamás lo entendería. Nadie lo haría.

- ¿Qué pasó? –él suspiró suavizando el tono-. Te sentí alterarte antes. Luego me dejaste fuera.

Ella no quería hablar de eso, pero imágenes de la Nueva Taberna destruída acudieron a su mente. Sus compañeras, Quinn y Freya, si bien no eran cercanas Rue las estimaba. Shi era una vieja avara, no obstante la ayudó tanto cuando recién llegó al bajo Coruscant. Y todas esas mujeres abusadas...

Su garganta hizo un nudo. Rue les prometió que no las seguirían ahí. Ahora estaban muertas. Ben la observaba recargado contra la puerta, y tras resolver que no había forma de burlarlo, ella tomó aire.

- Los Caballeros de Ren atacaron un refugio en Pantora –explicó con voz tensa, y sus palabras empezaron a arder en su urgencia por salir-. Mataron a las mujeres que saqué de Canto Bight, todo lo que hacen es destruir lo que protejo, y ¿crees que les importa dejar niños sin madre...?

Su vista se nubló de lágrimas. Fue su culpa, no pensó que tendrían hijos. O que Kylo iría tras ellas.

- ...estaban escondidas. A salvo. Me aseguré de ello. Los créditos no eran rastreables. Shi jamás rechaza a una joven en apuros. Incluso bajo escrutinio de la Primera Orden, el reconocimiento facial no sirve con el maquillaje de la taberna. Nadie las iba a volver a tocar... –su voz se quebró y Rue se mordió el labio para no echarse a llorar frente a él. Se miró los zapatos-. No es justo.

Se restregó los ojos, furiosa consigo misma. Actuó en un impulso al sacarlas. Ése era el resultado.

- No lo es... –él repuso con delicadeza-. Lo siento por ellas. Y por ti. Hiciste lo que creías correcto y fallaste, todos lo hacemos. Pero estás entrenando para ser una Jedi. Es por eso que debes aprender de tus errores, y dejar ir tu duelo. Esta ira no te llevará a ningún sitio. Créeme en eso.

Su profunda voz sonaba distinta ahora. Reconfortante, sin necesidad de la Fuerza... Escuchándolo Rue pensó en como Skywalker aprendió, y volvió a reparar sus errores como maestro. Ben estaba ahí por ello. Recordó las palabras de Leia. Debía afrontar las consecuencias de sus actos con integridad.

- Tienes razón –exhaló y alzó la vista-. Soy más fuerte que esto. Aún hay muchos que proteger...

- No hablo de eso –él vaciló, y se acercó a musitar-. Rue, te siento llorar por Maz algunas noches.

- Eso es privado –erizándose, se echó para atrás y lo fulminó con la mirada-. No tienes derecho.

- No quiero invadirte... –él también retrocedió, desviando la mirada-. Pero aislarte en tu dolor te alejará de la luz. Tienes amigos que te apoyarán si les dejas. No les has dicho de la díada y lo puedo entender, pero cuéntales el resto. Que extrañas a Maz, de los espías, del Emperador... Diles que te cuesta controlar tu oscuridad, no eres la única. Yo no lo vi a tiempo, tú si puedes.

Rue sabía que no estaba tan bien como decía. Sentía a Maz en el olor a miel, las noches estrelladas y las suaves manos de Leia, pero no era igual. A veces la extrañaba tanto que pensarla era agotador.

Pese a todo Ben intentaba ayudarla, y ella no se lo hacía fácil. A él o a nadie últimamente. Inclinó la cabeza y se masajeó las sienes en un intento de calmarse más rápido. Lo cierto era que en los zapatos de sus amigos, Rue ya se habría hartado de sí misma. Oleadas de paz la inundaron de súbito.

- ¿Lo has oído de nuevo? –alzando la vista, Rue intuyó en sus ojos que él no se hartaría de ella.

- No –murmuró, y él asintió sosteniendo su mirada-. Y no quiero hacerlo. Solo estoy cansada...

Golpes urgentes a la puerta la frenaron de mascullar una renuente pero honesta disculpa. Ben giró a abrir endureciendo la expresión, y Chewie les gruñó que la necesitaban con urgencia en el salón de asambleas. Cruzando una última mirada con él, Rue respiró hondo y más tranquila salió del almacén.


El aprendiz sintió el llamado del Emperador en su mente y descendió a las opresivas profundidades de su escondite. Un rastro de cadáveres se enfriaban en los pasillos de piedra, pasó sobre ellos en su prisa por llegar al Sith. ¿Seria acaso ése su momento de acabar con la Primera Orden y la UAL...?

Como bestias abatidas éstas daban violentos coletazos, pero él podía oler la sangre de sus heridas. Estaba ávido de desatar sus poderes contra algo más que un puñado de civiles, pero los planes de su maestro los ataban a un arcáico muro. La oscuridad se removía inquieta en el ambiente cuando lo vio.

El espejo de roca pulida en la alta habitación duplicaba la cantidad de seres arrodillados alrededor del Emperador. El aprendiz se detuvo ante la entrada, viendo el interior con una mezcla de reverencia y repulsión. El lado oscuro era implacable cuando era esgrimido con voluntad. Bajo la luz rojiza, el Sith encapuchado alzó sus blancas manos, y uno a uno sus sacrificios se desplomaron drenados de vida.

Sus ojos amarillos se clavaron en la lisa superficie. Debajo de la máscara de Kylo Ren, el aprendiz se estremeció al ver el reflejo distorsionarse. La Fuerza se agitó alrededor. El rostro demacrado del Emperador se crispó en una mueca de furia, y el espejo se incendió con un fantasmagórico fuego azul.

Un largo grito de cólera reverberó en toda la estancia, y en el fugaz reflejo el aprendiz creyó ver...

El fuego se apagó. El Emperador cayó al suelo, su cuerpo deshaciéndose en volutas de oscuridad. Dos de los guardias rojos que lo servían se asomaron por detrás del muro llevando a un wookiee de aspecto feroz y un gamorreano casi tan grande como él. Con el paso del tiempo ya ninguno se resistía.

El aprendiz miró indiferente mientras el Sith extraía la vida de sus cuerpos para restaurar el suyo.

- Tener el poder de infinitas posibilidades ante ti... y que su llave de acceso tenga un costo tan alto... –dejó escapar un gruñido de ultratumba-. No hay costo demasiado alto para la oscuridad.

A través del reflejo, el Emperador clavó sus siniestros ojos en su alma. El aprendiz se estremeció, pero entró a la habitación y caminó hasta quedar frente a él. Se hincó, y esperó a que éste le hablase.

- El futuro es difuso otra vez –advirtió su maestro con voz cascada-. Sabes lo que significa.

- Se han vuelto una amenaza –replicó él, levantando la cabeza para observar su oscura silueta.

- Una que ha de ser eliminada... –el Sith recorrió las inscripciones talladas en la piedra con una mano avariciosa-. Pero también... una nueva posibilidad... forjándose... si tan solo...

Apartó la mano con frustración, girándose brusco a él. Sus ojos relampaguearon bajo la capucha.

- Destruye su escondite, mi aprendiz. Pero recuerda... los necesitamos vivos. No te entretengas juntando una flota, no podrán pasar las anomalías de Goji. Caerán pronto, de todas formas...

- Si, maestro.

En un torbellino de impaciencia, el aprendiz se retiró dando zancadas de la rojiza habitación. Volvió a subir los kilómetros de roca maciza, ruinas y edificios, y salió a la superficie con su objetivo en mente.

Pero también, con una intrigante distracción revoloteando en el fondo de su cabeza. ¿Quién era el stormtrooper que vio en el espejo, y por qué protegía a la bella pantorana que él mató en la taberna?