Capítulo 9: Escalada, parte II

Como expuestos al sol, los textos antiguos se sentían tibios al tacto. Absorto en el rastro luminoso de miles de generaciones Jedi, Ben recorrió una rugosa hoja de pergamino con los dedos. Se preguntó si en todo ese tiempo, algún aprendiz habría fallado tanto como él, y vivido para enmendarlo. Suspiró.

Se preguntó si acaso todo lo que él hiciera sería suficiente.

Dejó vagar la vista por un diagrama de círculos interconectados en red. Podría ser un mapa estelar, o las fases de alguna luna, o el cielo de un planeta en cierta fecha. A simple vista las palabras se veían familiares, quizá de sus días en la academia, junto a personas que aún no estaba listo para recordar...

Se preguntó si acaso ellos le hubieran creído. Si acaso le hubieran entendido...

Ceñudo, pasó la página. Nunca le gustó el pasado de todas formas. Solo al oír a 3PO exclamar, recordó que éste llevaba minutos explicando la conjugación para un término que él ya había traducido.

- ¡Está leyendo otro! ¿Asumo que aprueba mi idea entonces, joven Solo? –él levantó la cabeza.

La sala en la que se encerraban a leer los libros originales estaba libre de la humedad subterránea de Goji, pero era tan pequeña y tibia que le costaba mantenerse atento. Su falta de sueño no ayudaba.

- Sí, totalmente... –asintió, restregándose los ojos. Si se negaba, el droide empezaría de cero.

- ¡Maravilloso! –3PO dio un rodeo al mesón y tomó un libro que reposaba abierto del otro lado-. Con aquella discusión zanjada, podremos empezar con la traducción del Rammahgon... ¡Oh!

Un error de coordinación lo hizo soltar el texto sagrado. Toda pereza se disolvió del cuerpo de Ben mientras llamaba a la Fuerza a impedir que cayera al suelo. El raído ejemplar quedó suspendido a palmos del desastre, y mientras lo atraía de vuelta a sus manos, percibió un suave zumbido entre sus páginas. Hojeando el libro, dejó que la luz le mostrase cuáles. Su corazón dio un vuelco al verlo.

Lo primero que saltó a su vista fue el bosquejo de un orientador. Lo segundo fue la descripción que lo acompañaba: Ixigul. Con una oleada de expectativa, dejó el libro sobre el mesón y se puso a traducir.

- 3PO... –frunció el ceño mientras descifraba el Jedi Antiguo-. Creo que he encontrado algo.

Cerca de una hora después, Rue, Jacen y Chewie lo miraban estupefactos en el desierto salón de asambleas. Emmie y 3PO les oían del otro lado de la holomesa mientras proyectaban las traducciones.

- ...debe ser el sitio que los chiss detectaron –una fina línea se dibujaba en el ceño de Rue-. Un cataclismo en las Regiones Desconocidas calzaría con el mensaje del orientador. La energía oscura residual aturdiría a cualquier sensible a la Fuerza a la redonda, e impediría la ya difícil navegación por la zona del panal rojo. Pudo ser el escondite del Emperador, podría aún serlo...

- ...pero no es solo un escondite –replicó Ben indicando el texto traducido en la holomesa-. Como explicaba, Exegol es una fortaleza Sith. Secretos antiguos yacen bajo su superficie, misterios que convocaron a usuarios del lado oscuro por milenios. El poder que éste podría obtener ahí...

- Sería malo –Jacen cruzó los brazos-. Que alguien raye que Exegol fue destruído en un trozo de metal no lo hace cierto. Sé que es un riesgo, pero investigaré las coordenadas de los chiss para determinar si se trata del mismo sitio. Llevaré a Brona y Belik a Csilla, y partiré desde ahí.

- Iré contigo –propuso Rue, y Ben volteó a ella sintiendo un escalofrío-. Los chiss mencionaron que sus navegantes enfermaban al acercarse a la zona. Si es como Jedha, podré manejarlo...

- No lo creo... –Jacen hacía como si Ben no estuviese ahí-. Nuestro prisionero no puede estar en Goji sin custodia especial. Alguien debe adelantarse a sus movimientos. Eres buena en eso.

Él alzó una ceja, mas no intervino. Syndulla lo tenía sin cuidado, y no quería a Rue en Exegol. Ella, visiblemente frustrada, concluyó lo mismo que Ben: si salía sin autorización de la UAL para una misión injustificada, ya no podría volver. Lo condenarían a muerte por fugarse. La chica exhaló, serenándose.

- Bien, investiga. Pero ve con Emmie, y lleva rastreadores. Avisaré a Ransolm. Tal vez él pueda agilizar la discusión del concejo acerca de Ben. Tendrás que dejar la UAL, tarde o temprano...

Rue le dijo esto a él, ya de camino a la puerta. Ben apenas atendió, de pronto notando... ¿Ransolm? Mientras Jacen hablaba con Emmie y 3PO, se inclinó sutilmente a su tío. El wookiee lo miró curioso.

- ¿Siempre lo llama por su nombre de pila? –musitó, y Chewie ladeó la cabeza- ¿Son cercanos?

Ella fue tras Hux a su solicitud. Ben no debía inmiscuirse, lo sabía, pero Casterfo y su madre tenían una amistad accidentada. Él expuso su parentezco con Vader en el senado. Luego, buscó su perdón. Él no era quién para juzgar errores ajenos, pero el ex senador tenía un historial de ser... inconsistente.

Chewie gruñó que fue amigo de Maz desde que lo salvó de pagar por un crimen que no cometió.

- Rue era solo una niña entonces... –aún lo era en ocasiones. Apretó la mandíbula.

El tipo era carismático, atractivo, y contaba con la amistad de su madre. Ganarse su confianza no habría sido difícil. Ben pensó en Anakin, creciendo bajo el ala de un político a todas luces bondadoso...

- ¿Hablas de Rue? –Syndulla se había acercado a oír a hurtadillas-. ¿En qué pensabas recién?

- Nada relevante –contestó con sequedad, y juntó paciencia para sostener su mirada escéptica.

Chewie los urgió a dejar el salón ya que lo usarían. Mientras iban a la puerta, Jacen alcanzó a Ben.

- Te diré lo que yo pienso, entonces. Tú y Rue ocultan algo, y yo puedo hacerme una idea...

Intuyendo la idea, Ben se sintió tentado a desafiarlo. Que la diga, si se atreve. Pero acompasó su respirar, y razonó que su arrogancia solo lo irritaba por reflejar la propia. Chewie comenzó a seguirlos.

- No es lo que parece –dijo en su tono más civil, consciente de la alerta del wookiee tras ellos.

- ¿Y qué parece...? –lo presionó Syndulla, abriendo la salida con fingido desenfado.

Fuera del salón de asambleas, las tropas cruzando el hall se alarmaron al verlo. Sintiendo su pulso agitarse, Ben admitió que ése fanfarrón tenía algo de ingenio. Planeaba interrogarlo ante ellos. Inspiró.

- Si quieres respuestas... –replicó, fijando la vista en los metros que lo separaban de la escalera, y la paz de su celda-. Tendrás que esperar a que ella decida hablar. Ten cuidado en tu viaje...

- ¿Es una amenaza? –Jacen frenó en seco, y ante sus palabras, la tensión en el hall aumentó.

Le estaba costando a Ben no reaccionar a su hostilidad. Los rebeldes aún lo veían como un peligro, pero era Syndulla quien debía calmarse. Tras él, vio que Rue llegaba con Casterfo y parte del concejo al vestíbulo. Encontrando su mirada inquieta, recordó por qué estaba en Goji. Exhaló, y miró a Jacen.

- Un Jedi no hace amenazas... –declaró en voz baja, alerta por la ira de Chewie-. Ni las provoca.

- Oh, ¿así que ahora eres un Jedi...? –Syndulla sonrió irónico, y sus ojos brillaron con desafío.

Kylo no habría dudado en poner al tipo en su lugar. Ben se forzó a desviar la vista, para no hacerlo.

- Ninguno de nosotros lo es aún –musitó-. Pero deberíamos practicar lo que hacen, ¿no crees?

Chewie rugió a dos soldados detenidos que circulasen. Con un sutil sobresalto Jacen volteó a verlo, y asintiendo secamente salió del hall. Ben se mantuvo sereno mientras todos volvían a sus tareas y el wookiee resoplaba contra Jacen. Notó que Rue aún lo observaba desde fuera del salón de asambleas.

¿Qué ocurrió? su suave voz susurró en su mente, pese a estar en extremos opuestos del vestíbulo.

Si bien apreció la intervención de Chewie, suspiró con un dejo de amargura. Habría consecuencias.

Jacen desconfía de ambos. Deberías decirle la verdad, antes de que su ira lo lleve al lado oscuro.

No es un peligro... Ella frunció el ceño preocupada. Necesita espacio. Lidiaré con él cuando vuelva.

El wookiee gruñó que debían bajar, y asintiendo tanto a él como a Rue, Ben lo siguió al nivel inferior. Debía meditar para dejar ir el mal rato, y enfocarse en qué hacer ahora. Tenía cosas más importantes que hacer que nuevos enemigos... Tratando de ser objetivo, se dijo que Jacen no era su enemigo...

Casterfo, por otro lado... tendría que averiguar.


Para empeorar el ánimo de Jacen, Nix tenía demasiadas reparaciones que hacer como para ir con él a Csilla. Con Emmie, Brona y Belik a bordo del Época Veloz, tuvo que resignarse a meditar el viaje, recordando con nostalgia las largas piernas de su novia, y cómo las besó por días en esa misma cabina.

Con los ojos cerrados, dejó ir la ensoñación a regañadientes. Debía enfocarse, pero su mente no cooperaba. Como una radio mal sintonizada, múltiples ideas volvían a él una y otra vez: su bella novia, la misión ante él, los secretos de Rue, la arrogancia de Kylo, el rostro envejecido de su maestro...

Frustrado abrió los ojos al túnel de luz. Con los ruidos y seres a bordo le estaba costando enfocarse. Era un alivio que nueva ruta a Csilla durase solo unas horas. Quería respuestas, y en la caótica porción de la zona del panal rojo tal vez al fin podría conseguirlas... o podría perder la vida. Oyó a Brona entrar.

- Tu nave es... pintoresca –comentó, observando los antiguos tapetes de Maz.

- No es mía –él replicó, sin ánimo de elaborar-. Llegaremos en unos minutos a Csilla, pero qué bueno que hayas venido. Necesito saber más sobre el supuesto almacén imperial destruído...

- Ya tienes las coordenadas y la información –Brona estudió su rostro-. No pensarás ir...

- Pasaremos por ahí luego de ir a dejarlos. Debemos descartar que se trate de un planeta Sith.

- ¿Un planeta Sith? –la inexpresiva chica se tensó-. ¿Desde cuándo manejan esta información?

- Hace unas horas... ¿Les suena el nombre Exegol? –ella negó-. Los Sith tenían una fortaleza ahí. El Emperador pudo usarla como almacén, pero una fuente dudosa dice que fue destruído.

- Ya veo... –replicó ésta tras unos instantes-. Te refieres a Kylo Ren. ¿Ha estado colaborando?

- Eso dice hacer... –pero él no descartaba juego sucio, razón por la cual debía estar preparado para lo que fuera a donde iba-. Tengo experiencia recorriendo las Regiones Desconocidas. Conozco algunas partes del panal rojo, pero nunca enfermé por acercarme. ¿Qué se siente?

La mirada roja de Brona se ensombreció levemente, y él se preguntó si acaso ella lo habría vivido.

- Sientes dolor. Va creciendo a medida que te acercas a las coordenadas, hasta que se vuelve insoportable y pierdes la consciencia. Pero muchas veces las naves son absorbidas por las fluctuaciones de gravedad, antes de que eso ocurra. Si vas allá, Jacen... no volverás.

Jacen consideró sus palabras con una mezcla de sentimientos. Si no iba, seguirían estancados en su búsqueda al Emperador. Si iba, y Kylo en serio tramaba algo... tan solo le daría en el gusto al morir.

- ¿Qué te parece si apostamos? –le guiñó el ojo, sin recibir ni un pestañeo de vuelta-. Si vuelvo, te contaré lo que encontré, y tú convencerás a Argonis de apoyar activamente a la UAL.

Brona cruzó los brazos, y la consola del Época Veloz anunció que estaban llegando a Csilla. Jacen desactivó el hiperpropulsor mirándola de reojo. De pronto la sentía inquieta. La chica dio un suspiro.

- El destino de mi pueblo no dependerá de una apuesta. Pero espero que vuelvas. Ten cuidado.

- Siempre lo hago... –sonrió para tranquilizarla-. Logré entrar y salir de la Ascendencia, ¿no...?

Pero mirando la calma y helada superficie de una Csilla libre de guerra, Jacen debía reconocer que tener cuidado ya no era una opción para descubrir las maquinaciones del Emperador. O sobrevivirlas.


El prototipo fue montado en una vieja antena de comunicación imperial. Los materiales que la UAL usaba eran sobrios, pero si el diseño de Jon era lo suficientemente afin imitaría la programación de la Primera Orden, y enviaría un mensaje a la galaxia a través de su propia señal. Tras ver partir el invento al hiperespacio en un transporte de carga, solo les quedaba esperar.

La frente de Sunrider se perlaba de sudor a bordo del Anodino. Tras largas horas, si el transporte había llegado a la ubicación, un holovid rebelde se transmitiría en lugar de la propaganda que Pryde pasaba en los sectores oprimidos. Sintonizando la HoloNet con la canciller, la comandante D'Acy y parte de la tripulación en el puente, el silencio era total.

Una secuencia de stormtroopers marchando bajo los lemas "Estabilidad", "Orden" y "Progreso" fue interrumpida de súbito por el símbolo de la Rebelión. Éste dio paso a otro escuadrón, quitándose los cascos a bordo del Supremacy. El mensaje era el mismo elegido en Goji, "somos la chispa que va a encender la llama que quemará a la Primera Orden", pero el registro era nuevo. Jon miró a la canciller.

- ¿De dónde sacaron ese material...? –alzó las cejas en sorpresa, y ésta le sonrió en respuesta.

- Kaydel dio con las grabaciones de seguridad del Supremacy, cuando revisaban sus registros.

- Fue una edición de último momento –añadió D'Acy, satisfecha-. Nos pareció más inspira...

No acabó de decir esto cuando la transmisión volvió a cortarse, enfriando los ánimos del puente. Desde un intimidante podio, el general Enric Pryde se dirigió a toda la galaxia con una mirada glacial.

- El terrorismo de los insurgentes no paralizará a la Primera Orden. Hemos extinguido la llama de la Resistencia, y lo volveremos a hacer, las veces que sea necesario –sus ojos refulgieron-. Con efecto inmediato y hasta nuevo aviso, cualquier civil que sintonice medios extraoficiales será acusado de traición. Apaguen sus dispositivos, o la señal será rastreada a sus hogares.

Jon palideció. La transmisión de Pryde se cortó, dejando el símbolo de la Primera Orden con una cuenta regresiva de un minuto bajo éste. En el tenso silencio que siguió, la canciller le dedicó un seco asentimiento a la muda pregunta de D'Acy. Ésta desconectó el dispositivo, y volteó a interrogarlo a él.

- ¿Es posible? ¿Pueden distinguir con tanta precisión quién sintoniza qué?

Con la cabeza dándole vueltas por el miedo a ser localizado, Jon tomó aire y sopesó la información.

- Con la cantidad de aparatos recibiendo señales en la galaxia es imposible distinguir a los que sintonizan solo una. Solo teniendo el acceso directo desde la antena... que transmite... oh no.

Sunrider sintió un desagradable hormigueo en todo el cuerpo, y buscó el tenso rostro de la canciller.

- Envíen a un escuadrón a proteger esa antena –ordenó-. No puede caer en manos de Pryde.


El trayecto registrado por los chiss terminaba de súbito cuando las naves salían solas del hipervuelo. La gravedad las arrastraba, y las señales de auxilio tras ése punto se oían distorsionadas por causas desconocidas. Y dolería. Esto era todo lo que Jacen sabía, antes de hacer el último salto del camino.

- Puedes sacarnos de aquí solo a mi señal, o si pierdo la consciencia –dijo a la droide copiloto.

- Haré mi mejor esfuerzo –Emmie fijó sus fotorreceptores en él por un largo, incómodo tiempo.

Jacen entornó los ojos, inseguro de cómo tomarse esa respuesta. Pero antes de que pudiese abrir la boca para preguntar, sintió un escalofrío, y un repentino mareo. De pronto la cabina se había helado. Frunció el ceño tomando aire para prepararse. Unos segundos después, su cuerpo empezó a quemar.

- Ufff... –gruñó, parpadeando para no perder de vista los controles-. Eso es. Estamos cerca...

El lado oscuro era poderoso allí. El dolor fue incrementando, y recordando los consejos de Rue, se concentró en su respirar. Su último recurso era cerrarse de la Fuerza, pero sería casi como volar ciego.

- Correré diagnósticos en cuanto salgamos –anunció Emmie-. Si es que los escáneres sirven.

Alarmas se dispararon en la consola, y el Época Veloz se detuvo con una sacudida. Interferencias crujieron en los monitores. Con los dientes apretados para tolerar lo que parecía la lenta ebullición de sus células, el aprendiz vio que el tablero enrojecía con la trémula luz exterior. Más allá de la cacofonía de pitidos que intentaba silenciar, se oía una especie de lluvia. Alzó la vista, y su pulso se disparó.

Densas nubes color sangre se arremolinaban amenazantes en todas direcciones. Un rayo partió el paisaje, y solo gracias a la luz adicional pudo ver una sombra gigante aproximarse a través de éstas. Su cuerpo protestó al tomar el yugo de control para elevarse por sobre una enorme... estructura. La nave no respondió inmediatamente, pero cuando lo hizo, la lluvia se volvió una tormenta de ultratumba.

- ¿Oíste eso...? –sintiendo que su cabeza ardía, de pronto Jacen oía susurros en la tormenta.

- Son escombros chocando el exterior... -el plano tono de Emmie se agudizó-. ¡Cuidado!

Conteniendo el aliento Jacen evadió la estructura, solo para quedar en la trayectoria de otra. Sus ojos llorosos enfocaban con dificultad, todo era rojo. Dio un rodeo a través de una nube que lo hizo girar en una dirección inesperada. Las fluctuaciones de gravedad eran brutales, y cada monitor le mostraba una alerta distinta titilando con interferencias. El aprendiz solo podía guiarse con la Fuerza...

Pero la Fuerza ahí era un grito de agonía. Rechinando los dientes decidió no decírselo a Emmie.

- Haz los diagnósticos –ordenó a la droide-. Toma análisis de todo, ¿qué son esas cosas?

- Ya estoy en eso... –él la escuchaba vagamente, maniobrando apenas para sortear una nueva siniestra sombra, cuatro veces esa nave-. No hay formas de vida... la silueta semi regular de aquellas sombras indica que están intervenidas... su composición es similar al duracero... Son restos de algo. La gravedad fluctúa de manera antinatural por un gran vacío más adelante...

Con un vuelco al corazón, Jacen sintió como algo tiraba de él para ir más allá. Lo llamaba. Era algo antiguo y poderoso, algo que le prometía respuestas... Debía encontrarlo. Sintiendo un sudor frío perlar su frente, extendió sus sentidos con cautela. ¿Acaso las densas nubes rojas destellaban de pronto...?

- Debemos ir... –susurró, cambiando la trayectoria del Época Veloz. Casi los alcanza un rayo.

- Debemos volver –la droide replicó chequeando el tablero-. Estás esquivando restos de naves.

- ¿De qué tipo, lo sabes...? –era como si el dolor afinase sus sentidos. Sus reflejos se agilizaron, compensando la lenta nave-. ¿Chiss? ¿Imperiales? ¿Puedes distinguirlo? Puedo acercarme...

Con una violenta sacudida, las luces sobre sus cabezas se apagaron y se volvieron a encender.

- La nave está malfuncionando –Emmie lo miró de reojo-. Los análisis están casi terminados.

- Un poco más –musitó, sorteando enormes restos de naves que salían de las nubes-. Solo...

Se interrumpió, envuelto de súbito por una poderosa presencia en la Fuerza que lo amortiguó todo.

Dejaste de buscarme.

- ¿Maestro...? –al aprendiz se le heló la sangre en las venas. Incluso su voz sonaba deteriorada.

No pude salvarlos, Jacen. Solo pude retrasar su plan. Tú debes detenerlo en mi lugar.

- ¿Cómo? –sus ojos se humedecieron. Ezra intentaba ayudar, él tuvo razón-. Qué debo hacer.

- ¡Da vuelta la nave, Jacen...! –la voz neutra de Emmie sonaba muy lejos.

Deja ir tu ego. La compasión no detendrá al Emperador. Usa el lado oscuro, domínalo...

- ¿El... lado oscuro? –el poder aplastante de aquellas palabras le aceleró la respiración. Dolía.

Sintió el frio metal de un cañón en su sien, y de la impresión, perdió la poderosa presencia de Ezra.

- ¡No, maestro! –exclamó, empujando a Emmie con la Fuerza. Ésta voló por la cabina y se asió de la entrada con sus extremidades para frenar. El Época Veloz giró sin control mientras Jacen recuperaba el tablero, no podía volar y pelear. Gritó con rabia a la droide-. ¿¡Por qué lo hiciste!?

Para que nadie más deba hacerlo, Ezra dijo en su mente, apenas con un susurro. Haz el sacrificio...

- Las nubes son de polvo de Kyber –hablando lento, la droide al menos tuvo la decencia de no acercársele-. La coloración indica que está corrupto. Estropea las naves, y te hace alucinar...

La cabina le daba vueltas. Su cuerpo estaba en llamas. Enormes trozos de duracero y rayos salían a su encuentro desde las sangrientas nubes, y Jacen lo sorteaba todo asimilando la información. La Fuerza aullaba y se retorcía. Era energizante, prometedor y sin embargo estaba mal... Se sentía frío.

Ríndete, lo apremio la voz de su maestro, y Jacen sacudió la cabeza. El lado oscuro ya está en ti...

Buscando la luz, pensó en la cálida presencia de Nix... Debía dejar ese sitio si quería volver a verla.

- Tú no eres Ezra... –siseó, agarrándose del yugo de control-. Emmie tiene razón. Nos vamos.

- ¡Finalmente! –Emmie tomó esto como señal de que podía volver a sentarse. Jacen no la miró.

Solo pensar en que Nix lo esperaba le dio fuerzas para no partirse la cabeza durante el viaje de vuelta. Oía gritos junto a la tormenta de escombros que azotaba el Época Veloz, lamentos de seres calcinados por el mismo fuego que lo consumía. Jacen dio todo de sí para sortear las grandes piezas de duracero hasta que una enorme torreta giratoria disipó el polvo rojo. Iba hacia ellos. Se estrellarían.

- Estamos muertos –señaló la droide.

- No todavía...

Jacen llamó a la Fuerza y tiró del yugo de control hacia sí. Tendría que girar junto a ésta para salir del otro lado. Eternos instantes pasaron en los que todo lo que veía era el duracero, demasiado cerca de la cabina, y el resto del polvo rojo arremolinándose sobre su cabeza. Intuyó una zona menos densa de la nube para salir del giro mortal. Al aumentar la velocidad, notó que volaban sobre una inscripción.

- ¿Viste eso? –siseó, demasiado enfocado en no morir en la maniobra-. ¿Lo leíste?

- No es básico, pero está en mi memoria. Ahora sácanos de este polvo, o no podremos regresar.

Las interferencias no permitirían el hipervuelo. Jacen rogó a la Fuerza para encontrar algún trocito de espacio que no fuese rojo. Sentía su cuerpo agarrotarse, exhausto y adolorido, y su concentración vacilar. Sorteando las siniestras nubes de escombros, finalmente vio una salida con el rabillo del ojo.

Giró la nave en esa dirección, y tras largos y tensos minutos alejándose del Kyber, las interferencias de los monitores desaparecieron, y el sistema de navegación se volvió a activar. El dolor se hizo menos intenso, y Jacen se desplomó en el tablero, desvanecido. Debía descansar lo que durase el hipervuelo.

- Emmie... –jadeó-. Emmie, da el primer salto. Despiértame para pilotar el resto...

Y estaba empezando a perder la consciencia cuando sintió la urgente presencia de Finn tocando su mente. Con un esfuerzo monumental, lo escuchó entre las sacudidas de la salida al hiperespacio.

Sentí a alguien familiar con los Caballeros. Estén alerta. Goji puede estar expuesto.


El regreso de Jess y Sura con noticias de Jakku puso a la base en movimiento. La flota que dejó el Supremacy se reabastecía en una Corellia libre, pero expuesta a un posible ataque. Sullust y Mon Cala habían recibido duros golpes en los últimos días, mas la Primera Orden priorizaba el control de Coruscant. Una advertencia de Finn hizo que finalmente el concejo decidiera reagruparse en el núcleo.

Flanqueada por 3PO y el secretario Casterfo, Leia anunció a las tropas que partirían al día siguiente a primera hora. A su despedida, los rebeldes se esparcieron apuradamente por la base con sus tareas.

Jacen aún no volvía. Pensando en su novio, Nix apenas salía de la asamblea del brazo de una retraída Rue cuando Sura la convocó a una reunión con los pilotos. Con un estremecimiento, la twi'lek cruzó una breve mirada con su amiga, antes de seguir el paso veloz de la squamatan a los hangares.

- Pryde se retira al núcleo haciendo el mayor daño posible en el camino –informaba Jess a los pilotos ahí-. Sabe lo que viene, el mensaje de la UAL reactivará el conflicto en varios sectores.

- El Escuadrón Azul fue a proteger y trasladar el invento de Sunrider –Sura agregó, paseando su feroz mirada por el grupo-. Será nuestra tarea escoltar los transportes a Corellia. Entiendo que muchos aquí son pilotos de reserva, por lo que repasaremos unas maniobras en el glaciar.

Con el corazón inquieto Nix subió al X-Wing en donde BB-12 la esperaba. El viaje de Jacen estaba tomando más tiempo del estimado. ¿Y si volvía a un Goji abandonado? ¿Y si no volvía en absoluto...?

Notó movimiento con el rabillo del ojo, y el entusiasmado saludo de Kaz desde el caza junto al suyo le arrancó una sonrisa. Lo saludó de vuelta, recordando Ajan Kloss, y los talentos de Jacen para salir de apuros. Estaría bien. Cerrando la cabina suspiró y despejó la mente. Al encender el caza, su mundo convergió en el tablero y los circuitos que ella conocía pieza por pieza. Por ahora, nada más importaba.

- Me alegra verte, BB-12... –saludó al astromec a sus espaldas-. ¿Listo para dar un paseo?

El droide bipeó una afirmación, y juntos se sumaron a la hilera de cazas que se dirigía a los túneles.

La blanca luz reflejada por el glaciar la encandiló al salir del cráter. Nix sonrió al ver luz solar luego de tanto tiempo bajo tierra. El X-Wing se sentía como una extensión de su cuerpo mientras oía a Jess.

- Estén atentos a cualquier actividad extraña en los alrededores –su voz salía del radio, serena y segura-. Debemos estar preparados para recibir compañía. Descenderemos a esas grietas...

Los cazas desaparecieron dentro de uno de los profundos surcos del glaciar. BB-12 bipeó que no había actividad sospechosa cerca, y aliviada Nix descendió tras la hilera de naves. Las claras paredes de hielo se cerraban sobre ellos, y la twi'lek recordó el ejercicio de Ryloth. Sospechó que sería similar.

- A esta hora del día, trozos de hielo se desprenden de la parte soleada –explicó Sura, liderando la estrecha marcha-. Quiero ver disparos, pero no morir enterrada. ¿Cómo van esas lecturas?

Nix chequeó su tablero. Todo en orden. Preparó sus cañones, y en lo que volvía a mirar la hilera de naves un trozo de hielo cayó del cielo. Conteniendo el aliento apuntó y disparó. Otros cuatro rayos de plasma junto al suyo impactaron el objetivo, estallándolo en nieve a metros del A-Wing de Suralinda.

- ¡Así me gusta! –ésta exclamó por el radio, riendo con malicia-. Pero no se distraigan...

Otros trozos le siguieron, y en poco tiempo toda la atención de Nix estaba puesta en evitar que les cayeran encima. BB-12 comenzó a bipear que no le gustaba estar ahí. La twi'lek tampoco disfrutaba la idea de ser golpeada por el hielo, pero de eso iba el ejercicio, ¿no? Mejor tomárselo como un juego...

- La estructura de un destructor estelar tiene surcos de estas dimensiones –comentó Jess, con un tono que pretendía ser tranquilizador-. Manteniéndose en éstos podrán evitar el... ¡cuidado!

Un bloque demasiado grande caía directo a encontrar el caza de Kaz. No podía romper la formación sin arriesgarse a chocar. Nix cargó frenética un torpedo de protones y lo lanzó entre la lluvia de láseres. Los gruesos restos de hielo terminaron de deshacerse con la potencia, pero hizo que la nave del chico oscilara con una corta descarga. Con el alma en un hilo lo vio retomar el control. Suspiró al oírlo hablar.

- Estoy bien, estoy bien, estoy bien... –se le oyó resoplar con nerviosismo-. Eso estuvo cerca.

- Demasiado cerca... –gruñó Jess, con tono autoritario-. Suficiente por hoy, salgamos de aquí.

- ¿Quién disparó el torpedo...? –Sura preguntó, mientras subían disparando al hielo que caía.

Nix sintió el color ascender a sus mejillas. Rogó a la Fuerza no haberse metido en problemas serios.

- Lo siento, sé que fue arriesgado...

- Lo fue –Jess señaló, y saliendo del glaciar Nix hizo una mueca-. Pero funcionó esta vez.

- Te debo una, Nix –añadió Kaz, ya más tranquilo.

- Está bien todos... –la nave de Jess rompió la fila dando un giro-. Repasaremos formaciones...

Tras los ejercicios grupales y nada sospechoso que reportar, lo primero que Nix hizo al bajar de su caza fue preguntarle al técnico que los recibió si había noticias de Finn o Jacen. A su negativa, la joven se despidió de él, BB-12 y los pilotos, saliendo del hangar a buscar a Rue. Empezaba a preocuparse...

- ¡Oye, Nix! –la voz de Suralinda la detuvo muy a su pesar. Nix se volteó a ver que la alcanzaba por el callejón con una sonrisa cómplice-. Bien hecho hoy. Pero un consejo, nunca te disculpes por algo que salió bien. Escucha, hay algo que he querido preguntarte...

- Oh... –Nix alzó las cejas intrigada. Señaló el centro de comando-. Bueno, ¿caminas conmigo?

- Sí, por qué no... –Sura se adaptó a sus pasos hablando en voz baja. Nix reconoció su mirada reportera, la misma que usó en Ryloth-. ¿Qué tan cierto es que Rue y Kylo tienen un amorío...?

Nix se detuvo abruptamente. Aunque se enorgullecía de siempre tener la respuesta para todo, las palabras no acudieron. Su rostro debió hablar por ella, porque Suralinda agregó en tono confidencial.

- Lo oí al llegar, que por eso él cambió de bando... –frunció el ceño-. Ya que es tu amiga creí...

- ¿Quién te contó eso? –sus lekkus se agitaron peligrosamente mientras procesaba esa basura.

- Debo proteger a mi fuente... –Sura replicó, lacónica-. Pero vamos, es una gran historia...

- Es mentira –la cortó, viendo que tras ella Rue le señalaba el espaciopuerto-. Me esperan.

Rue debió percibir su agitación en la Fuerza, porque en cuanto estuvo lo suficientemente cerca la interrogó con la mirada. Pese a saber que ese rumor era imposible, Nix creyó necesario que lo supiera.

- Acabo de oír que tú y Kylo tienen un amorío... –Rue la miró espantada- ¿Algo que deba saber?

- Ése no era el plan... –Nix la miró con desconfianza, y tomando sus manos Rue agregó en tono aclaratorio-. Quería probar que era útil y lo saqué a pasear para hablar de la Fuerza. Una vez. Una. ¿Recuerdas cuando creían que nosotras éramos novias? Me gustaba más ese rumor...

Ella entornó los ojos midiendo el genio de su amiga. No, Rue jamás confiaría en alguien como Kylo.

- ¿Por qué me llamabas? –Nix suspiró y estrechó sus manos, dándole a entender que le creía.

- Sentí llegar a Jacen...

Como si a sus pies le hubiesen salido resortes, Nix se dio la vuelta al espaciopuerto. Jacen ya iba hacia ellas con expresión sombría. Sus ojos destellaron con anhelo al verla, pero mirando alrededor, se detuvo a unos pasos, manteniendo la distancia. Ella se forzó a imitarlo, y su novio miró fijo a Rue.

- El peor viaje de mi vida.

Reunidos con la canciller y el secretario en el salón de asambleas, Jacen narró su expedición. Le costó a Nix disimular su horror al ver a través de los ojos de Emmie el tenebroso lugar al que su novio fue a parar. Estaba a salvo ahora, se recordó, mientras éste le pedía a la droide que se detuviera en la inscripción desconocida. Hasta entonces apartado en un rincón, Kylo se acercó a la holoproyección.

- Sith Eterno –tradujo, sus brazos firmemente cruzados sobre el pecho-. Tiene que ser Exegol.

- En resumen, hubo fiesta y nos la perdimos –Jacen concluyó con amargura-. Ahora tenemos más preguntas que respuestas. ¿Estaba la presunta flota del Emperador en ese lugar, o solo fue una coincidencia? ¿Quién destruyó aquel sitio? ¿Ezra? ¿Thrawn? ¿El propio Emperador?

- No creo en coincidencias... –la mirada de Kylo recorría intensamente la holoproyección.

- Pero el sitio es un callejón sin salida –repuso Rue, seria-. ¿Dónde está el Emperador ahora?

Un aire de derrota flotaba en el salón de asambleas. Días habían pasado desde su último hallazgo, y ahora resultaba que ninguno de éstos tenía futuro. Nix sintió que el silencio se volvía insoportable...

- Pues habrá que seguir buscando –juntó valor para dirigirse a Kylo-. ¿Hay otros mundos Sith?

Él no reaccionó enseguida. Parecía auténticamente descolocado al reparar en que le hablaba a él.

- Varios, de hecho... pero revisé los que conocía antes de Mustafar –aún tenso, giró a Leia-. El fantasma de Anakin me dijo que el orientador era relevante, pero quizá no por su destinación...

- ¿Y por qué entonces, por los amigos que harías en el camino...? –le bufó Jacen-. Increíble...

- La flota parte mañana –Leia cortó con voz firme el duelo de miradas de los dos aprendices-. Mi sugerencia es que busquen a los Caballeros de Ren. Si van a un lugar intenso en la Fuerza, tal vez puedan concentrar sus meditaciones, y predecir su paradero. O tal vez, vean algo más.

- Finn llegará de madrugada, lo esperaremos –propuso Rue-. Saldremos con la flota a Corellia, y partiremos desde allí a Tython, donde estaremos lo suficientemente cerca como para volver si se desatan problemas. Asumiendo que el concejo haya permitido que Ben colabore, claro...

Dijo esto último mirando a Casterfo. El secretario se permitió una pausa dramática antes de asentir.

- Siempre y cuando esté vigilado –sus ojos se posaron en Kylo-. Y vuelva a la UAL en dos días.

Rue asintió de vuelta, mas viendo de reojo a Kylo, le pareció a Nix que él no estaba muy de acuerdo.

- Ha sido un día realmente largo... –suspiró Leia, mirando a todos los presentes-. Redoblamos las rondas de vigilancia, y aún nos quedan algunas horas para partir. Intentemos descansar...

A su despedida, todos salieron del salón de asambleas, la canciller y el secretario fuera del edificio, y Rue junto a Emmie, a dejar a Ben en su celda. Nix veía a Chewie bajar la escalera tras ellos cuando de un fuerte tirón del brazo Jacen la hizo entrar a un almacén de provisiones. Su corazón dio un vuelco.

La puerta se cerró tras ellos, y acorralándola contra ésta, su novio la besó hasta dejarla sin aliento.

- Te extrañé... –susurró estrechándola, sus tibios labios descendían por su quijada haciéndola estremecer-. Demasiado. Creí que no lograría salir de aquel sitio. Pensar en ti me dio fuerzas...

El calor aumentaba veloz en su interior. Nix jamás lo había sentido tan desesperado. Era... intenso. Rodeando el cuello de Jacen con los brazos ella lo atrajo a sí, más que dispuesta a premiar su valentía. Volviendo a sus labios con una sonrisa juguetona, él ya lo sabía. Sus manos se enredaban en su ropa.

- ¿Cómo estás tú, Nix? –su voz sonaba ronca, sus labios aún rozándose-. ¿Algo que contar...?

Como si ella pudiese recordarlo. La cabeza le daba vueltas. Jacen se alejó un par de centímetros, y automáticamente Nix protestó y lo retuvo, sujetando su rostro entre sus manos. El sonrió, esperando.

- Escoltaremos a la flota en el viaje a Corellia –murmuró cuando al fin recobró el habla, perdida en su sonrisa. Acarició un mechón verde de su cabello-. Puede que nos unamos a su defensa.

- Oh... –él se alejó un poco más, confundido-. ¿Entonces no irás con nosotros a Tython...?

- Me necesitarán más allá... –se apuró a decir, mordiéndose el labio ante la leve decepción en su rostro-. Faltan pilotos luego de lo de Jakku. Es mi momento de ir con el Escuadrón Negro.

Él frunció el ceño mirando al suelo, y ella sintió una oleada de culpa. Jacen alzó la vista enseguida.

- Siento que algo pasará... –sus ojos azules brillaron inquietos- ¿Puedo quedarme hoy contigo?

Luego de la forma en la que sus cuerpos se encendían al tocarse, la respuesta era obvia. Le sonrió.

- Por supuesto que puedes.


Presa de un inoportuno insomnio en el Época Veloz, Rue no podía no oír lo que hacían Nix y Jacen en el cuarto del lado. Volteándose en su cama a observar el techo con fastidio, consideró ir a gritarles que se callaran, pero su querida amiga sonaba tan feliz que resolvió sería cruel interrumpir. Resopló.

El alboroto escaló, y Rue alzó las cejas. Ni muerta se quedaba ahí. Ruborizada se arrancó las mantas de encima, agarró sus cosas y huyó de la nave sin mirar atrás. Un escalofrío la recorrió al salir.

Debía ser de madrugada. Alejándose del espaciopuerto percibió la ansiedad de las tropas, algunos aún cargando las naves que irían a Corellia. Pero temblando en la Fuerza, también había algo más...

Extendió sus sentidos tras el origen de la perturbación, en vano. Sumergiéndose en la luz para ganar claridad, no notó que caminaba al edificio de gobierno hasta detenerse ante el. Se sentía cálido. Siguiendo su instinto, bajó a la prisión. Ben tampoco estaba durmiendo. Tal vez él también lo sentía.

Chewie roncaba con escándalo en la banca fuera de su celda, con todo un campamento instalado ahí. Rue observó con cariño al wookiee, recordando el disco holográfico que le mostró tiempo atrás. Debía amar mucho a aquel niño sonriente, como para perdonar los crímenes del adulto que se volvió.

Se escabulló para no despertarlo, pero ya frente a la puerta de Ben recordó que ésta se abría desde fuera. Se debatió en si debía tocar antes. Había visto suficientes torsos desnudos por un día...

...con un bip del teclado que ella no tocó, la puerta se abrió a mostrarle una camiseta gris a palmos de su rostro. Enderezándose Rue dio un paso atrás, y alzó la vista a notar la cauta expresión de Ben.

- Es tarde –sentenció, con la voz ronca por el cansancio-. ¿Por qué estás aquí y no durmiendo?

Tomando aire ella resolvió que, tras esa noche, la mitad de la base ya habría oído a la feliz pareja.

- Jacen está con Nix, ¿puedo pasar? –Ben la interrogó con la mirada, y ella se preguntó si acaso él alguna vez habría... se sacudió la idea de la mente, no era de su incumbencia-. Son ruidosos.

- Oh... –Ben desvió la vista. Si bien su expresión no cambió, ella sintió su turbación a través del vínculo. Él se afirmó del marco de la puerta-. Bien por ellos supongo ¿pero por qué venir aquí?

Sospechando que lo hacía para bloquearle el paso, Rue le hizo un mohín. Tampoco era para tanto.

- Quería silencio, pero la Fuerza se siente inquieta. No es en la base. ¿Puedes sentirlo también?

- Lo hago, pero ¿es sabio que te vean aquí a estas horas...? –se asomó afuera. Solo estaba Chewie.

Luego del episodio del almacén, ella creía que era algo tarde como para pensar en las apariencias.

- Ya creen que somos amantes... –resopló escabulléndose bajo su brazo para entrar a la celda.

- ¿Y tú quieres eso...? –volteándose a verla, agrandó los ojos y precisó apurado-. Que lo crean.

Su repentina torpeza le hizo sospechar que era célibe, y la idea de tener más experiencia que él en lo que fuera la hizo sentir más confiada. Aliviada, incluso. Explicaba un montón de cosas... Suspiró.

- Mientras les haga ver que tienes corazón... –él la miró ofendido, y de mala gana, ella se recordó ser menos brusca. Se sentó en su cama-. Yo lo sé, pero ellos no han estado en tu cabeza.

Ben se balanceaba intranquilo en medio de la celda apenas iluminada. No parecía pronto a echarla, por lo que decidió que, si había llegado hasta ahí, bien podía explicarle que ella era así. Juntó aplomo.

- No suelo ser amigable –reconoció, y él dejó de moverse-. Con lo que pasó hoy entrenando...

- No me debes explicaciones –él negó mirando al suelo-. Yo también estuve en tu cabeza, debí...

- ...eres un tipo. Más grande, mayor, más entrenado, y sabes cómo me siento en todo momento. Debo saber que soy lo suficientemente fuerte... –frunció el ceño-. No me gusta estar expuesta.

La palabra era vulnerable, mas Rue se rehusaba a admitirlo. Ben encontró sus ojos, y ella sintió su luz reconfortarla. No debía acostumbrarse. Él juntó la puerta, y se sentó con lentitud a su lado.

- Entiendo. Y aunque creo que ya eres suficientemente fuerte, no quiero, no voy a herirte –Rue estudió su rostro. Quería creerle. Él ladeó la cabeza pensativo-. ¿Le contaste a tus amigos...?

- Ellos no tienen que saberlo –replicó cansina-. Lo tengo controlado... la mayor parte del tiempo...

- No lo tienes... –él murmuró, y ella bajó la mirada-. Sé lo difícil que es controlarte, cuando todo se siente tan intenso. Lo viví. Pero a tu edad, yo buscaba baratijas de la Fuerza. Tú quieres ir por el Emperador, restaurar la Orden y protegerlos a todos... es demasiado para una sola persona. Necesitas apoyarte en tus amigos. Habla con ellos Rue... antes de que los pierdas.

- ¿Cómo tú hiciste? –ella lo miró, invadida de súbito por una añoranza que no le pertenecía.

- Tuve uno... –ahora él bajó la vista, en un intento de mantenerse serio-. Era bueno escuchando.

- ¿Qué le pasó? –musitó, solo para verlo negar-. Sigue tu propio consejo. No te aísles en tu dolor.

Ben frunció los labios. Rue sentía su pesar como propio, mas esperó en silencio. No había reparado en lo poco que sabía de él pese a haber estado en su mente. Ceñudo, él suspiró tras unos instantes.

- Llegó a la academia tras la explosión. Me siguió para averiguar la verdad, hasta los Caballeros de Ren. Su anterior líder lo mató frente a mí... –calló, la culpa asomando sus ojos-. Vengar su muerte fue como acepté volverme Kylo. Quizá nunca habría caído al lado oscuro de contarle a alguien acerca de las voces, como tú hiciste. Yo solo les creí, y al hacerlo, destruí tantas vidas...

Su intensa conexión en la Fuerza era difícil de ignorar ahora. Rue sin duda habría vengado a Nix, estando en sus zapatos. Comprendió que él deseaba evitarle el mismo destino. Le habló con suavidad.

- Yo lo oí un par de veces, tú lo hiciste por años. No habría resistido a lo que tú, solo ver tu mente me hizo pedir ayuda –se inclinó a buscar sus ojos-. Siento lo de tu amigo. Hablaré con los míos.

Con una profunda mirada Ben separó los labios para hablar, pero su idea cambió a último instante. Asintió, y mirando al frente, ambos se enfrascaron en un tenso silencio. Cosas no dichas flotaban en el aire, pero se le ocurrió a Rue que esa díada no podía ser tan mala si ahora se sentía cálida. Viéndolo de reojo consideró que tal vez era tiempo de aceptarla y conocerlo. Se preguntó si acaso aún sonreiría.

- Pero mientras se desocupan... ¿oíste acerca de cómo te seduje a la luz con el poder del amor?

Esperó a su reacción, atenta. Ben no sonrió, pero con deliciosa lentitud, lo vio pellizcarse el puente de la nariz con los dedos. Lo sintió debatirse con su irritación. Tras instantes, cedió ante la curiosidad.

- ¿Y qué hice yo para aportar al escándalo? –suspiró exasperado.

- Ah, algo en la línea de ser alto y melancólico... –ella le restó importancia, solo para fastidiarlo.

Con un bufido, él se quitó la mano del rostro a mirarla serio. Rue se contuvo de sonreír, pero Ben percibió su intención de todos modos. Sus ojos adquirieron un brillo burlón al enumerar con los dedos.

- Salvé tu vida. Dejé la Primera Orden y el lado oscuro para eso. Y te ofrecí la galaxia una vez...

- No lo hiciste... –Rue entornó los ojos, sospechando que la fastidiaba de vuelta.

- Estaba implícito –explicó, alzando la barbilla.

- ¡Já...! –por la forma en que desvió la mirada, supo que no debió reír-. Oh. Creí que bromeabas.

Él sacudió la cabeza, dándole a entender que no se trataba de eso. Rue aguardó una explicación. De pronto las emociones de Ben se habían agitado, y ni siquiera en su vínculo ella entendía la razón.

- No puedo dejar que vayas con el Emperador... –declaró, y una oleada de decepción la inundó. Aún pensaba irse-. Eres fuerte, pero necesitas más entrenamiento. Y si yo fallo al enfrentarlo...

- ...no lo harás porque yo estaré ahí –lo interrumpió, poniéndose de pie-. Esto no trata solo de ti y tu drama Skywalker. Él usó a miles, mi madre entre ellos, y si esta díada nos da más poder...

- Nuestra díada... –aún sentado, él se enderezó a nivelar su mirada con firmeza-. No es un arma.

- ¿Entonces qué es? –le frunció el ceño-. Muy bonito lo del balance, pero para qué nos fortalece.

- Claramente no te gustan mis respuestas –soltó él, airado- ¿Qué es esta díada según tú, Rue?

- Es nuestro destino y no puedes apartarme. Entrenada o no somos más fuertes juntos, lo sabes, pero no me tratas como a una igual. Dijiste que lo harías. Al menos siendo Kylo, me creías útil.

Las palabras huyeron de sus labios, y en el cargado silencio que siguió, reparó en las manos de Ben aferradas a la cama. Le inquietó imaginarlas sobre ella, por lo que se forzó a mirar su tenso rostro. La idea revoloteó en su mente, haciéndola estremecer. Porque estaban destinados, ¿no...? Ellos eran luz y oscuridad, opuestos y complementarios, dos que eran uno, ¿por qué de pronto estaba tan agitada...?

- ¿Y bien...? –le preguntó, sacudida por su fiera mirada-. ¿Eres mi igual o no, Ben...?

Sus labios siguieron sellados por eternos instantes. Emociones revueltas se arremolinaban a través de ella, a través de él, y en aquel estimulante caos desatándose entre ambos, sintieron algo explotar.

Alarmas resonaron tanto dentro como fuera del edificio.

La base estaba bajo ataque.