Han pasado varios días desde que llegué a esta región. Mi cuerpo aún resiente las heridas que mi hermano ha provocado en la más reciente versión de nuestra eterna disputa.
Miro con detenimiento el lugar en que ahora descanso. El sol ha empezado a salir llenando con su luz amarilla este sitio en lo alto de la colina. El bosque vecino a ese convento me ha servido de refugio.
Desde aquí puedo contemplar sus acciones diarias a través de las ventanas talladas en la roca del viejo convento, mientras me recupero y descubro cuál es la razón por la que esa débil chiquilla es capaz de verme.
Me levanto de donde me encuentro, recostado al viejo árbol y me doy la vuelta en dirección contraria a ese lugar.
Al igual que el sol, ella debe estar por salir y no quiero que se me acerque otra vez. Lo cual se me hace imposible pues ella se las arregla para aparecer a diario frente a mí.
He andado apenas unos cuantos metros cuando escucho su voz en la distancia. Y aunque no quiero, me detengo para esperarla.
-Oye, oye, aguarda un momento!-grita cada vez más cerca- Santo cielo, por qué sigues intentando evadirme? No tienes idea de lo que me pasará si me descubren, me arriesgo tanto y tú solo me evades
Su respiración está agitada por la carrera que acaba de hacer. Un poco de sudor se dibuja en su frente y tengo el impulso de querer limpiarlo con mi mano.
-Me estoy empezando a cansar de seguirte-dice con dificultad.
Desvío la mirada en dirección contraria a su rostro, en un intento de acallar la voz interna que me pregunta una y otra vez cuál será la sensación al tocar su piel.
Ella me sigue cuando reanudo mi caminata dentro del bosque, pronunciando una inacabable perorata de temas que nunca concluyen.
-Nunca te callas?-le pregunto tras un tiempo indeterminado al llegar junto al río.
-No puedo. Temo que si lo hago desapareceré.-me responde ella obligándome a mirarla al saltar en el agua frente a mí.-Por cierto que significa la luna en tu frente? Tengo mucha curiosidad. El agua está fría-se queja ella pero no parece que vaya a salir del río- oye, tú y yo somos como el día y la noche, el sol y la luna...No crees que es increíble habernos conocido?!.
-No-le digo al pasar junto a la riviera. El viento suave mece su cabello y el perfume que desprende me altera sin razón.
-Eres tan antipático-murmura aunque lo suficientemente alto para que yo la escuche.
-Entonces, por qué me sigues?-pregunto sentándome en una enorme roca.
-Pues, no lo sé...somos amigos, supongo.-dice mientras recoge su cabello en un moño.
-Yo no tengo amigos.
-Bien, no me extraña...sabes? No puedes quedarte callado siempre, es irritante.
-También lo es el hecho de que no dejes de hablar nunca. Sigues hablando de un tema tras otro, eso sí que es exasperante. No haces pausa ni para respirar. No necesitas una respuesta, solo sigues hablando sin parar.
-Vaya!-exclama ella llevándose ambas manos a la boca-Mira lo mucho que hemos progresado!. Estoy segura que no habías hablado tanto en toda tu vida.
-Criatura insolente-respondo mirándola fijamente.
-Cielos, suenas igual a Sor Úrsula, "Insolente"-me imita entre risas, aunque concentrada en atrapar un pez-Y qué más dijiste, criatura? Eso es un insulto o algo así?
Esta humana es insoportable.
-Oye, dime cómo te llamas. Es muy grosero de tu parte no hacerlo.-añade saliendo del río con un resbaladizo pez que intenta sin éxito escapar de sus manos.-llevo días preguntándote y aún no me lo dices, así que cual es tu nombre?
-Sesshōmaru-pienso, pero me niego a revelar mi identidad a la humana.
-Si, claro. Supongo que ya has agotado todas tus palabras de hoy. No te preocupes, Rin preparará un delicioso desayuno con este pez!-exclama sonriendo mientras deja ensartado al animal en una suerte de pincho que ha improvisado con una rama delgada.
-Haz lo que quieras-respondo a ver si así finalmente se calla.
Cierro los ojos para ignorarla pero sigo escuchando su melodiosa voz entonando una suave canción. Poco a poco el sonido se aleja y me permito abrir nuevamente los ojos.
Este lugar es tan pacífico sin tenerla a ella alrededor parloteando igual que un loro. No me gustan en lo más mínimo los humanos pero debo admitir que el mundo en el que habitan es mucho más apreciable que el lugar de donde vengo.
Un grito distante me aleja de mis ensoñaciones. El olor a sangre mezclado con el aroma de esa humana me nubla los sentidos y sin darme cuenta me lanzo en su dirección.
