Dos días después del encuentro con el Sr. Darcy en el borde de Longbourn, Lizzy se despertó muy temprano agitada. Había soñado nuevamente con Paul, pero en este caso a diferencia de en los otros sueños, él le daba la espalda y se alejaba cada vez más. Lizzy trataba de alcanzarlo, pero la distancia entre ellos era cada vez mayor. Por más que se esforzaba e incluso lo llamaba a gritos, Paul no la escuchaba, ni dejaba de caminar. Hasta que finalmente la tierra se abrió, separándolos definitivamente, e instantes más tarde Paul desapareció.
Sabía que debía dejar por completo atrás su pasado en América. Jamás volvería a ver a Paul, y esa fue su decisión. Lo extrañaba, fue su mejor amigo por tantos años y en su corazón siempre iba a ocupar un lugar especial e iba a ser muy difícil olvidarlo…
Pese a que Lizzy era por naturaleza muy sociable, en los momentos en que se sentía particularmente nostálgica prefería estar sola con sus pensamientos en contacto con la naturaleza. Por eso, esa mañana salió sola a caminar rumbo a Oakham Mount, ya que ese lugar le transmitía paz.
Muy distraída subió lentamente a la cima y grande fue su sorpresa al encontrarse frente a frente con el Sr. Darcy.
Los dos se quedaron mirando por varios segundos sin decir palabra. El primero en reaccionar fue el Darcy, "Buen día Srta. Bennet, no esperaba encontrarla aquí."
"Buen día Sr. Darcy. Yo tampoco esperaba encontrarlo en este lugar. Veo que vino a caballo. ¿Cómo se llama?" pregunto señalando el hermoso caballo que estaba atado a pocos pies.
Darcy sonrió, "Aquiles"
"Veo que le gusta Homero. Espero que su caballo no tenga problemas en el talón."
"¿Ha leído La Ilíada y La Odisea?"
"Confieso que sí. Pero prefiero a Héctor y no a Aquiles."
"¿Por qué?" preguntó curioso Darcy.
"Héctor es un buen hombre que pelea por la necesidad y el deber de defender a su pueblo, mientras que Aquiles es un semi-Dios al que simplemente le gusta pelear."
"La suya es una visión muy simplista de los personajes, pero reconozco que estoy parcialmente de acuerdo en sus afirmaciones."
"Me alegro que estemos 'parcialmente' de acuerdo. Otro día podemos hablar detenidamente sobre la Odisea y discutir sobre quién era más inteligente si Penélope o Odiseo."
"Por lo que deduzco de esta conversación, le gusta leer y discutir"
"Efectivamente, leer es uno de mis pasatiempos favoritos. También me gusta intercambiar opiniones con otras personas que han leído lo mismo. No a todos nos gusta leer lo mismo o reaccionamos de la misma manera cuando leemos la misma historia. ¿A usted también le gusta leer?"
"También es uno de mis pasatiempos favoritos. ¿Cuál es su autor favorito?"
"Son tantos." Lizzy sonrió, "Me gustan mucho las obras de Shakespeare, y también me gustan las buenas novelas. Aunque he leído también a Marco Polo, Sócrates, Platón, Dante, Milton, Maquiavelo y a otros grandes filósofos y escritores."
Muy sorprendido Darcy comentó, "Es una selección muy extraña de autores. Honestamente, no creo que Maquiavelo sea una lectura adecuada para una señorita."
"¿Por qué piensa eso? ¿Acaso las mujeres no tenemos la capacidad de pensar y entender las cosas que están pasando en el mundo, o ser críticas?"
"No quise decir eso. Lo que quiero decir es que…"
Lizzy lo interrumpió, "Las mujeres solemos ser subestimadas, y muchas veces sobreprotegidas por nuestros padres y cuando se casan por sus maridos. ¿Pero qué pasaría si la persona que las protege se muere o se ve imposibilitado? Estaría totalmente expuesta, por eso debemos tener la capacidad para defendernos solas ante las adversidades y seguir adelante. Es un grave error no educar a una mujer."
"Veo que es usted muy radical en sus ideas."
"Diría que soy defensora de los derechos que idealmente una mujer debería tener. Sé que, en esta sociedad, aún más que en América, la mujer cuando se casa es propiedad de su marido, y me parece tan injusta esa situación. Por ejemplo, ¿qué pasa si el hombre es abusivo y la maltrata físicamente o verbalmente?" Hizo una pausa y con tristeza agregó, "a nadie le va a importar, o, mejor dicho, no van a hacer nada por defender a la mujer."
Darcy asintió, "Es cierto parcialmente lo que usted dice, pero debería saber que la mayoría de los hombres no maltratan a sus esposas."
"Lo sé, tengo el claro ejemplo de mi padre que es el hombre más gentil que he conocido y adora a mi madre y a mí. Estoy segura además que mi hermano jamás maltrató ni maltratará a una mujer."
Darcy asintió con la cabeza y sonrió; por varios minutos más siguieron conversando de diversos temas, algunos de ellos controversiales, hasta que Elizabeth se despidió y volvió a Longbourn para desayunar con su familia.
Sin que Darcy fuera consciente, ese encuentro casual con Elizabeth Bennet fue el principio de lo que con el tiempo se transformaría en una profunda admiración y posteriormente gran amor por dicha peculiar señorita. Nunca había conocido a una mujer como la Srta. Bennet, y estaba seguro que nunca conocería a alguien similar a ella. Era una de las mujeres más extrañas, originales e instruidas que había conocido, pero para su gusto desafiaba demasiado las convenciones sociales. ¡No podía creer que estuvo discutiendo con una mujer pasajes de 'El Príncipe' y de 'La Ilíada'! Además, reconocía que era una mujer muy bonita y vivaz...
