Elizabeth y John fueron los últimos en llegar a Lucas Lodge y enseguida después de saludar cortésmente a su anfitrión se separaron. Lizzy fue hacia donde estaban Charlotte y Frederick Lucas para conversar con ellos, mientras que John fue adonde estaba su padre que estaba conversando con el Sr. Darcy.
Frederick al ver acercarse a su bonita vecina se le iluminaron los ojos, y le recordó que esa noche le había prometido que iba a tocar el piano.
Riéndose, Lizzy le contestó, "... No te preocupes, me acuerdo muy bien que hice esa promesa. Incluso si así lo deseas, tu mismo puedes elegir la partitura que quieras que toque esta noche."
"¿Y yo? ¿Acaso solo mi hermano puede elegir una partitura para que toques?" Charlotte preguntó fingiendo estar indignada.
"Ummmm, que problema… me encuentro en este momento en un gran dilema... No quiero que ninguno de ustedes se ofenda conmigo… Quizás tenga que tocar dos piezas esta noche para poder complacerlos a los dos, o quizás a ustedes dos les guste la misma pieza."
"Sabes muy bien que a todos nos encanta escucharte tocar el piano y siempre te pedimos que toques al menos dos piezas. Así que, yo voy a elegir la que estabas practicando hace unos días cuando fui a Longbourn."
"Creo que estaba tocando 'Claro de Luna', pero no estoy del todo segura."
"Puede ser, la verdad no conozco mucho de música y los nombres de las obras, solo sé que era muy emotiva, y me gustó mucho..."
"Yo quisiera que toques 'Para Elizabeth', que sé que es tu pieza favorita." Comentó Charlotte, que sabía que Lizzy favorecía a Beethoven.
Los tres amigos continuaron hablando de varios temas informales hasta que tuvieron que separarse para sentarse en sus respectivos lugares para cenar…
A unos escasos pies de distancia la conversación entre John, Louis y Darcy también era muy entretenida, aunque de una índole muy distinta a la que tenía Lizzy con sus amigos. Tanto Louis como John estaban muy interesados en mejorar la productividad de Longbourn usando técnicas de cultivo más modernos que aún no habían sido implementadas en las tierras de Longbourn. La mayoría de los inquilinos eran muy reticentes a cambiar sus métodos tradicionales de cultivo por miedo a perder las cosechas y con ello su sustento. Sir William no era de mucha ayuda ya que Lucas Lodge además de que era mucho más pequeña que Longbourn, no se caracterizaba por ser un buen administrador ni por leer libros sobre cultivos.
Por ello, Louis y en especial John le hicieron varias preguntas a Darcy, ya que varias de las técnicas que querían implementar, ya las estaba implementado en Pemberley desde hacía unos años con muy buenos resultados.
Pocas veces Darcy se divertía en las reuniones con personas que apenas conocía, pero ese día en particular además de que la conversación era interesante y entretenida, estaba muy impresionado con John Bennet y su padre. El joven Bennet era muy trabajador, inteligente, honesto y además tenía muchas ganas de aprender para mejorar la que iba a ser su hacienda. Se notaba además que existía un vínculo afectivo y de respeto muy fuerte entre padre e hijo, que hasta ese momento nunca había visto entre sus familiares y conocidos. Darcy había estimado a sus padres – en especial a su padre – pero el trato que tenía con él era respetuoso y distante, al igual que el que tenía su primo Richard con Lord Matlock.
Por otro lado, el Sr. Bennet Senior era un hombre muy inteligente y responsable con el cual era un gusto conversar de cualquier tema.
Quizás no eran tan refinados los modales de Louis y John Bennet como los de los caballeros con los que Darcy estaba acostumbrado a tratar, pero en general era mucho más interesante conversar con ellos dos. Con un dejo de tristeza momentáneamente pensó en dos de los que en el pasado consideró que eran sus amigos, uno de ellos – George Wickham – trató de seducir a su hermana y casarse en Escocia solo para quedarse con su dote y probablemente después abandonarla; y el otro trató de implementar un compromiso en una fiesta para que se casara con su hermana porque su familia estaba teniendo problemas financieros...
En otra parte del salón el Sr. Bingley estaba embelesado conversando con Jane – a la que consideraba un ángel - sobre trivialidades, mientras que Caroline de vez en cuando de mala gana intervenía en la conversación. Por otro lado, Maria trataba de controlar los exabruptos de Fanny, y de sus dos hijas menores, mientras que Mary estaba sentada leyendo un libro de sermones en un rincón.
Después de la cena que consistió únicamente de 3 platos y un solo un postre, Sir William anunció que iban a tener el placer de oír tocar el piano a Elizabeth. Como siempre sucedía las veces que Elizabeth tocaba el piano en una reunión, sus padres, hermano y un grupo de vecinos se sentaban cerca de ella para escucharla mejor.
Lamentablemente Darcy estaba sentado lejos del piano y no pudo disfrutar la performance tanto como le hubiese gustado porque la Srta. Bingley estuvo gran parte del tiempo hablándole sobre temas que no le interesaban o no eran relevantes..., en más de un momento sintió deseos de pedirle que se callara ya que quería escuchar a la Srta. Bennet…
"... me imagino que usted que está tan acostumbrado a escuchar los mejores conciertos en Londres habrá notado que el piano en el que está tocando la Srta. Bennet además de ser muy viejo y de mala calidad, está muy desafinado."
"Estoy de acuerdo con usted, el piano no es muy bueno, pero no es culpa de la Srta. Bennet."
"No dije que fuera culpa de ella. El problema es que probablemente todos los que viven en este lugar carecen de oído musical y de gustos refinados para darse cuenta lo que para gente como nosotros dos es tan obvio." Suspiró dramáticamente, "Por ejemplo, en este 'lugar' la Srta. Bennet es considerada una pianista excepcional, sin embargo, usted y yo que hemos escuchado a a muy buenos pianistas, sabemos que eso no es ni remotamente cierto. Los dos podemos afirmar con total propiedad que cualquier señorita de nuestro círculo social toca mucho mejor que la Srta. Bennet, y ni que hablar de su hermana. Ella si es una pianista excepcional…"
Fastidiado por el constante parloteo de la Srta. Bingley, optó por no contestarle que ella no pertenecía a su círculo social y simplemente trató de prestar atención a la música y a la bella Srta. Bennet.
