Notas: Este es uno de los puntos de inflexión de esta historia. Varios de los personajes en esta historia van a sentir que están 'Entre dos mundos'.

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Al día siguiente amaneció muy frío pero soleado; tanto el Sr. Hill como Jane estaban muy enfermos, ambos tenían mucha fiebre y escalofríos.

Louis se sentía muy culpable y responsable por lo que había pasado, sobretodo por el Sr. Hill. Lamentaba terriblemente haberle prestado el carruaje a Jane, ya que en su momento pensó que si ella iba a caballo – como la Sra. Bennet sugerido, y ella había accedido – iba a llegar totalmente mojada y se iba a enfermar seriamente. El problema era que estaba acostumbrado a que su esposa e hija eran mujeres inteligentes y sensatas. Lo primero que hizo esa mañana fue escribir una nota muy breve al apotecario, el Sr. Jones, solicitándole que viniera lo antes posible a Longbourn, y se la dio a uno de los chicos que trabajaba en el establo para que fuera enseguida a llevársela.

Por otro lado, la noche anterior cuando Fanny Bennet vio que su hija estaba toda mojada y con la cara ensangrentada, tuvo un ataque de nervios, y tuvo que acostarse enseguida en su cuarto ya que se quejaba que tenía muy fuertes palpitaciones. Por más que llamó a la Sra. Hill a los gritos y tocó con ímpetu varias veces la campanilla que tenía en su mesita de noche, nadie contestó a su insistente llamado. Ni siquiera Maria esa noche fue a visitarla. Fanny estaba muy ofendida por el poco respeto que demostraban los sirvientes, e incluso su cuñada, por ella. Iba a tener que hablar seriamente con Maria, ya que cuando ella era la dueña de Longbourn nada de eso pasaba...

Pero sin dudas el que estaba más molesto con lo que había pasado era John que minutos antes había estado conversando con el apotecario. El diagnostico de Jane no era bueno, pero en según el Sr. Jones todo indicaba que su vida no corría peligro. Les aconsejó que le administraran paños fríos en la frente para controlar que no subiera mucho la fiebre. Además, tenía varios cortes en la cara que iban a dejar cicatrices y varios machucones en todo el cuerpo. El diagnóstico del Sr. Hill era aún más comprometido, el Sr. Jones estaba muy preocupado por la alta fiebre que tenía y temía por su vida…

"¡Francamente me importa un bledo lo que le pase a esa mujer y a la tonta de su hija! Lo tienen bien merecido… ¡Lástima que no son solo ellas las que tienen que pagar por las consecuencias de sus idioteces y falta de consideración por los demás!"

"John, por favor, tranquilízate. Estamos en el comedor y cualquiera puede oírte."

"Me pides que me tranquilice, mamá. Por culpa de esas dos mujeres, mi caballo está muerto, hubo que sacrificarlo esta mañana después de que estuvo sufriendo toda una noche. El Sr. Hill, que es un buen hombre, muy trabajador y además tiene una familia está muy enfermo, y el Sr. Jones esta visiblemente muy preocupado por su vida. Todo esto ha pasado por dos mujeres tontas, egoístas e ignorantes que están desesperadas por atrapar a cualquier hombre que tenga un poco de dinero. Espero que el Sr. Bingley tenga un mínimo de sentido común y huya bien lejos de estas dos mujeres."

"Hijo, en varias cosas de lo que dices tienes razón, pero no ganamos nada en este momento con pelear. Tu padre y yo estamos muy molestos con la Sra. Bennet, y en especial con Jane, ya que pensaba ir a Netherfield a toda costa independientemente de si tu padre le prestaba o no el carruaje." Maria suspriró, "El gran problema de Jane es que, para evitar conflictos con su madre, hace todo lo que ella dice."

" Ustedes están molestos con ellas, pero yo estoy furioso. Se que aún no soy el dueño de Longbourn, y desearía no serlo por muchos años, pero voy a hablar con papá para que las eche de esta casa de una vez por todas. ¡En todos estos meses estas mujeres han vivido en una casa que ya no es de ellas, y ni siquiera respetan las decisiones y órdenes del dueño!"

Desde la puerta del comedor, con mucha vergüenza Mary escuchaba la conversación de su tía y su primo; la descripción que hacía de su madre y de su hermana lamentablemente era cierta. Esperaba que su tío no las echara de Longbourn ya que estaba segura que su madre en muy poco tiempo iba a gastarse todo el dinero de su dote y quedarían completamente a merced de la buena voluntad y el poco dinero que podía aportar su tío Gardiner.

Lentamente subió la escalera y fue a la habitación que compartía con Jane para cambiarle los paños fríos de la frente y unos polvos que dejó el Sr. Jones para que cicatrizaran mejor las heridas de la cara de su hermana y dejarán menos marcas. No quería imaginar los gritos de su madre cuando efectivamente comprobara que su 'hermosa' Jane iba a tener varias marcas en la cara.

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A la mañana siguiente del accidente, mientras desayunaban en Netherfield Park conversaban asombrados sobre lo que un par de horas antes se habían enterado… "Pobre Srta. Bennet, por lo que comentó uno de los sirvientes cuya hermana trabaja en Longbourn, está muy enferma. Además, tiene varios cortes en la cara que si sobrevive van a dejarle cicatrices de por vida." Comentó Caroline, "La verdad, no entiendo como pudieron ser tan imprudentes de dejarla salir ayer con el temporal que había. La verdad, pensaba que el Sr. Bennet era un hombre más sensato… pero bueno, que se puede esperar de una familia como esa."

"No sabemos lo que pasó Caroline, por lo pronto deberíamos mandar una nota para preguntar sobre la salud de la Srta. Bennet. Además, deberías sentirte responsable ya que fuiste tu quien la invitó a tomar el té ayer. Si te acuerdas Darcy te dijo que no era buena idea porque seguramente iba a llover."

"Charles, hay cosas que son de sentido común. ¡A quien se le ocurre salir cuando hay un temporal de ese tipo! Pero parece que el sentido común escasea en esa familia. ¿No le parece Sr. Darcy?"

"Indudablemente fue una imprudencia que puede costarle la vida no solo a la Srta. Bennet, sino también al cochero, y por lo que tengo entendido se murió uno de los caballos..." honestamente a Darcy aún le costaba creer que el Sr. Bennet haya permitido que su sobrina saliera en una noche como esa...

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Al segundo día del accidente, Jane Bennet tuvo un pico muy agudo de fiebre y la familia estuvo muy preocupada de que quizás no sobreviviera. Fanny Bennet en ningún momento bajó de su habitación, ni siquiera visitó el cuarto de su hija, a que profesaba querer tanto. Las únicas que se ocupaban que Jane tuviera hidratada y le administraban paños fríos en la frente y el cuerpo, eran Mary y en menor medida Elizabeth. Por suerte, al cuarto día la fiebre bajó y oficialmente el Sr. Jones declaró que Jane ya estaba fuera de peligro.

Lo único que recordaba Jane de lo que había pasado durante los días que estuvo delirando con fiebre eran unos extraños sueños, en uno de ellos veía a un joven a lo lejos del que no distinguía sus facciones que negaba con la cabeza y le daba la espalda; en otro de sus sueños veía que su rostro comenzaba a desfigurarse, y los caballeros que en pasado la miraban con admiración ahora ni siquiera la miraban o la miraban con pena y desprecio. El más perturbador de todos era uno en el que estaba encerrada en un cuarto oscuro y escuchaba voces que le decían que era una mujer malvada, y a lo lejos se veía una luz donde corrían unos caballos.

El Sr. Hill, también se iba recuperando lentamente, y el Sr. Jones estimaban que en un par de semanas iba a poder retomar sus tareas.