Resumen: Tras ser expulsado de la familia, Bruno Madrigal se convirtió en un villano decidido a destruir la magia y tratará de reclutar a Mirabel en sus planes.

Notas:

1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)

2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.

LA MALDICIÓN DE LA FAMILIA

CAPÍTULO 2

Habitación de los niños

Diez años después

Mirabel se levantó más temprano que de costumbre. Esa mañana era el cumpleaños de Antonio y sabía que sus tíos llegarían para felicitarlo en cualquier momento. Era una de las cosas que más detestaba de no tener una puerta: el hecho de que seguía atrapada en la habitación de niños y que los adultos no parecían estar conscientes de que ya era una mujer y necesitaba privacidad, entrando a su cuarto sin avisar incluso cuando ella estaba aún en su bata de dormir.

Resignada a levantarse temprano, la muchacha tomó sus gafas de la mesita de noche y se vistió tan rápido como pudo, preparándose para el día. Como sus tíos aún no habían llegado, Mirabel les ganó la oportunidad de felicitar a Antonio primero. Se sentó en el borde de la cama de su primo y movió un poco su hombro para despertarlo.

-Mmmm mmmmmm mmmmm mm- tarareó la canción de cumpleaños mientras que Antonio se desperezaba- ¡felicidades, Antonio! Ya tienes cinco años-

El pequeño sonrió ampliamente y saltó a los brazos de su prima para abrazarla.

-Gracias, Mirabel- dijo Antonio somnoliento. No pudo decir nada más porque, tal y como Mirabel lo había previsto, tío Félix abrió la puerta de pronto sin tener el mínimo reparo en tocar o preguntar si podía pasar y entró a la habitación seguido de Pepa, Camilo y Dolores.

-¡Feliz cumpleaños, Antonio!- dijo Félix tan pronto como azotó la puerta mientras que Mirabel se apartaba para sentarse en su propia cama para mirar la escena- ¡adivina qué! ¡Una nueva puerta apareció!-

Antonio abrió los ojos grandemente de sorpresa y emoción mientras que Mirabel se mordió el labio. Había otra puerta, eso significaba que pronto habría una ceremonia que la abuela ya estaría planeando. Tarde o temprano tenía que pasar eso, Antonio obtendría su don y ella sería la única Madrigal sin uno.

-¡Feliz cumpleaños, Toñito!- exclamó Pepa con lágrimas de alegría en sus ojos causando una nube de lluvia, mojando la cama y el suelo.

"Genial", gruñó Mirabel mentalmente. Sabía que la lluvia no era culpa de su tía, sino de sus emociones que eran difíciles de controlar, pero sí era su culpa que había entrado a su habitación sin su permiso a hacer ese desorden.

Pronto las felicitaciones terminaron y todos se fueron a desayunar, dejando a Mirabel sola con sus pensamientos. La muchacha solo atinó a dejarse caer en su cama y respiró hondo. Bueno, al menos si Antonio tenía su propia habitación, la suya volvería a ser solo suya y por fin se terminarían esas violaciones a su privacidad, o al menos eso esperaba.

Respiró hondo y miró por la ventana mientras trataba de poner una expresión valiente.

-Hacer que mi familia esté orgullosa de mí…- dijo ella antes de acomodarse el cabello en el espejo y salir de su habitación.

Mirabel bajó al comedor donde toda la familia estaba reunida para el desayuno. La abuela levantó la mirada hacia ella con esa mirada fría que siempre había tenido con ella desde que su puerta había desaparecido y se había quedado sin don.

-Bueno, ya que Mirabel por fin decidió bajar a desayunar podemos comenzar- dijo la abuela antes de sonreír con dirección a su nieto más pequeño- todos estamos felices por el cumpleaños de Toñito y la aparición de su puerta, es una buena señal de que la magia sigue estando fuerte después del revés de hace diez años-

"Ah, claro", pensó Mirabel hundiéndose en su asiento "porque lo que pasó conmigo fue solo un revés".

Durante los últimos diez años, a pesar de que los dones habían estado presentes, la gente comenzó a pensar que la magia se estaba debilitando desde la noche en que ella no había obtenido su don. Ahora la abuela tenía la perfecta explicación, era culpa de la magia, era Mirabel la persona defectuosa que no había recibido ninguna magia.

No importaba, al menos como mal ejemplo servía. Quizá tendría una oportunidad de hacer que su familia, que la abuela estuviera orgullosa de ella. Encontraría una manera.

-Bien, vamos a trabajar duro para la ceremonia de Antonio mañana- dijo la abuela- Pepa, encárgate de que el clima esté agradable. Luisa, sabes que hay muchas cosas que preparar en la casa, así que tus deberes van a tener que esperar un momento…-

La abuela repartió los trabajos a todos excepto a Mirabel. Cuando el desayuno terminó y toda la familia salió para hacerse cargo del trabajo, la joven se levantó y corrió para alcanzar a Alma.

-Abuela, ¿hay algo en lo que pueda ayudar?- dijo Mirabel antes de sugerir- quizá con las decoraciones…-

Ahí estaba de nuevo, la mirada fría de la abuela cuando se trataba de ella. Vio que por un momento simuló estar pensativa pero finalmente sacudió la cabeza.

-Ah, pues… no, creo que no hay nada que hacer para ti, ya está todo cubierto- dijo la abuela.

Mirabel se sintió de pronto pesada ante la decepción, no que hubiera tenido muchas esperanzas de que la abuela le hubiera asignado un trabajo.

-Abuela, quizá podría ayudar recogiendo lo que falta, o ayudar a mamá en la cocina, o…-

-Mirabel, ya te dije que todos tienen sus tareas asignadas- dijo la abuela en un tono suave pero que no admitía réplicas- ¿por qué no regresas a tu habitación a arreglarla? Mañana vendrá mucha gente a la ceremonia y quiero que salga todo perfecto, deja que los demás hagan lo que saben hacer mejor-

A pesar de que eso le dolió, Mirabel forzó una sonrisa y asintió mientras que miraba a su abuela salir de la cocina y de la casita para caminar hacia el pueblo. Mirabel gruñó en voz alta llena de frustración y se cubrió la cara con las manos. ¿Por qué su abuela era así con ella? Sí, era verdad que no tenía don, pero no era una completa inútil.

Estaba pensando en subir a su habitación y meterse a la cama de nuevo a lamentarse por lo sucedido cuando sintió un par de manos sobre sus hombros y dio un brinco de sorpresa.

-Ay Mira…- comenzó a decir Julieta. Mirabel suprimió una mueca fastidiada. Realmente odiaba que su madre la viera con lástima, algo que hacía frecuentemente.

"Genial, mamá vio todo"; pensó la chica.

-No, no me digas nada, todo está bien- la interrumpió Mirabel cruzándose de brazos y mirando hacia otro lado.

-Yo sé que no estás bien- dijo Julieta acariciando su cabello- y sé que te sientes frustrada por el asunto de tu don. Tu papá también se siente así a veces porque no tiene poderes…-

-No es lo mismo, mamá- dijo Mirabel abrazándose a sí misma. Su madre no lo podía entender. Todos los nietos de Alma y Pedro Madrigal tenían un don, todos menos ella. La frustración comenzó a abrumarla y continuó sin pensar- si yo… si no sirvo para nada y abuela me va a tener encerrada en mi cuarto por el resto de mi vida para que no estorbe, mejor hubieran dejado que el tío Bruno me llevara con él-

Mirabel se arrepintió tan pronto como dijo eso desde su frustración al ver la expresión de horror que su madre tenía en esos momentos, y no recordaba haberla visto así antes. Julieta se había llevado las manos a la boca, palideciendo tanto que tuvo que sentarse para no desfallecer.

-Lo siento mucho, mamá, no lo decía en serio- dijo rápidamente, sintiéndose terrible de haber dicho eso.

A sus quince años, Mirabel no recordaba para nada a su tío Bruno y solo sabía que había existido por el mural pintado en una pared en el pueblo y en la pintura rayada en el comedor. Cinco años antes había estado jugando a las escondidas con Camilo y los dos habían escuchado por accidente a Félix hablar con Agustín sobre un golpe que éste le había dado a su tío desaparecido.

-El día en que Bruno trató de robarse a Mirabel supe que sabías tirar un golpe- le había dicho Félix a su padre, algo que alarmó a los dos niños.

Tras interrogar a su madre al respecto, Mirabel se enteró de que después de la ceremonia de Camilo, su tío Bruno la había tomado de su cama mientras todos dormían y había tratado de sacarla de la casita durante la noche sin que nadie se diera cuenta. Por fortuna Dolores escuchó algo extraño y avisó a los adultos para que lo detuvieran antes de que pudiera salir. Aquel episodio había terminado con Bruno expulsado de la familia y del Encanto, y que su nombre no se volviera a mencionar.

A pesar de que interrogó a toda la familia (menos a la abuela y a tía Pepa), nadie había podido explicarle el porqué de las acciones de Bruno o qué era lo que había pretendido hacer con ella si hubiera tenido éxito, pero desde ese día había escuchado historias de cosas horribles que su tío le hubiera hecho, desde que la habría querido abandonar en el bosque para ser devorada por los jaguares hasta cosas mucho más macabras.

Todas esas historias ponían muy mal a Julieta, y Mirabel se sintió terrible por haber mencionado el tema.

-Lo siento mucho. Es solo que… es frustrante saber que aquí no soy importante para nadie- dijo Mirabel derrotada mientras tomaba la mano de su madre.

-Mira, no pienses por un momento que no eres importante para nosotros. Todos nosotros- dijo Julieta una vez que se recuperó del susto- es solo que tu abuela tiene miedo de que algo no salga bien en la ceremonia de mañana y por eso quiere controlar todo-

-Lo sé- dijo ella sin muchas ganas- cree que le voy a traer mala suerte a Antonio-

-Claro que no, no digas esas cosas- dijo su madre.

-Mmmm…- gruñó Mirabel, sabiendo que eso era justo lo que su abuela pensaba aunque su madre no lo quisiera admitir, pero no insistió. Julieta suavizó su mirada y besó su mejilla.

-Estoy segura que puedes ocupar tu tiempo en otras cosas mientras los demás se ocupan en la ceremonia- dijo Julieta señalando su falda- aún le queda algo de espacio, quizá podrías hacer algo-

-Supongo que tienes razón- dijo Mirabel mirando resignada su falda- quizá podría coser un jaguar para celebrar la puerta de Antonio-

Mirabel vio sonreír a su madre, como si estuviera aliviada de que se hubiera olvidado de todo el asunto de la abuela y de ayudar en la ceremonia. Le dio otro beso en la mejilla y volvió a su trabajo en la cocina. La chica suspiró resignada y subió a su habitación.

Quizá… quizá podía hacer algo más. Ayudar con las decoraciones, crear algo con velas y… colores. ¡Sí! Crearía eso. Esperaba que eso fuera suficiente para que su abuela aprobara. Con una sonrisa esperanzada, Mirabel sacó sus tijeras, papel, colores y pegamento y se puso manos a la obra. Estuvo trabajando en ello hasta bien entrada la noche.

No se dio cuenta de que, mientras trabajaba arduamente en su proyecto, había un par de ratas observándola fijamente en el marco de la ventana, las mismas que la habían seguido desde la cocina sin que se dieran cuenta y estuvieron observándola todo el día. Tan pronto como oscureció, las ratas desaparecieron por la pared externa y se escabulleron entre la hierba hacia los árboles mirando hacia la parte posterior de la casita.

En la cubierta de los árboles y la oscuridad de la noche, una figura oscura con ojos verdes brillantes levantó a una de las ratas con su mano al nivel de su oído antes de que sus dientes blancos brillaran en la oscuridad.

"Mmmm. Interesante…", pensó antes de dejar escapar una risa.

x-x-x

Habitación de niños

La tarde siguiente

Mirabel se dirigió a su habitación arrastrando los pies e intentando no escuchar a su madre y abuela hablando de ella. Apretó los puños mientras la frustración se apoderaba de ella. ¡Siempre era lo mismo en esa familia!

Ese día había prometido ser muy bueno, era la ceremonia de su primo favorito y ella había preparado una sorpresa para todos. Esa noche su primo obtendría su don y habría una gran fiesta como siempre. Mirabel no podía esperar a ver la carita feliz de Antonio.

Había ido al pueblo esa mañana con el resto de su familia y se había encontrado con un grupo de niños que querían saber los poderes de cada uno de los miembros de su familia. Mirabel les había ayudado y les explicó el rol que tenía cada uno de sus familiares, hablando incluso con orgullo de su extraordinaria familia. Los problemas comenzaron cuando los niños preguntaron sobre su don. Ella había intentado evadir la pregunta pero Dolores les había dicho que no tenía uno.

"Gracias, Dolores"; pensó sarcásticamente mientras apretaba los dientes. Ahora las únicas personas en el Encanto que no sabían que no tenía don ahora estaban enteradas. Y no ayudó nada cuando el señor Osvaldo comenzó a repetir una y otra vez que ella era la única Madrigal sin un don, poniendo más sal en la herida.

-Hey, Mirabel- un muchacho se acercó a ella mientras que el señor Osvaldo se despedía de ella y los niños que la habían estado siguiendo regresaban al pueblo. Mirabel gruñó para sus adentros al escucharlo.

Francisco era un chico de su edad, quien Mirabel estaba segura que tenía un extraño enamoramiento hacia Isabela, y la seguía a todos lados para hacerle preguntas sobre su hermana mayor y el resto de su familia.

-Hey- dijo Mirabel sin muchas ganas, haciendo un esfuerzo por no rodar los ojos- no puedo hablar contigo, estoy muy ocupada ayudando con los preparativos-

Eso era, por supuesto, una mentira, pero no quería perder el tiempo con él. Francisco parecía estar decepcionado.

-Ah, de acuerdo- dijo mirando de reojo la canasta que cargaba- ¿te ayudo con eso?-

-No, yo puedo. Gracias- dijo Mirabel dando un paso atrás.

-Está bien. Nos veremos esta noche en la ceremonia- dijo Francisco en un tono esperanzada. Con un ruidito de asentimiento, Mirabel le dio la espalda y entró a la casita, aún cargando la pesada canasta.

Las cosas no mejoraron mucho cuando Mirabel entró a la cocina donde estaban sus padres insistiendo en que hablara con ellos sobre cómo se sentía por la ceremonia de Antonio. ¿Pues cómo creen que se sentiría ahora que iba a ser la única sin don?

Y finalmente la cereza en el pastel fue la interacción con la abuela.

Mirabel se puso a colocar los adornos que había preparado en las puertas de cada uno de sus familiares, la que consistía en un adorno pintado con sus nombres y una vela de cada color. Apenas estaba colocando el de la abuela cuando la escuchó.

-¿Qué crees que estás haciendo, Mirabel?- exclamó la abuela haciéndola dar un respingo y un paso atrás, lo que hizo que por accidente tumbara la vela y quemara el adorno.

-Oh no no no…- dijo tratando de apagar el fuego, pero al agitarlo empeoró y no se apagó hasta que Mirabel lo pisó para que se apagara, arruinándolo por completo.

-Quizá deberías dejar las decoraciones a los demás- dijo la abuela- ya te lo había dicho-

-Lo sé, pero esta era una sorpresa… para ti- dijo Mirabel.

La abuela respiró hondo y Mirabel se preparó para lo que venía.

-Ya sé que quieres ayudar, pero como te expliqué ayer, todo tiene que salir perfecto- dijo la abuela- la mejor manera en que ayudes es que te mantengas al margen, ¿de acuerdo?-

-Mmhmm- dijo Mirabel. ¿Qué otra cosa podía decir? Agradeció que tía Pepa pasó cerca y la abuela tuvo otra cosa que criticar para que le quitara la atención de encima, la cual Mirabel aprovechó para refugiarse en su habitación que no era suya mientras escuchaba a su madre pedirle a la abuela que no fuera tan severa con ella al menos esa noche porque sería difícil para ella.

Una vez dentro, se sentó en su cama y suspiró.

-Pfff…- dijo Mirabel tan pronto como estuvo segura. Escuchó una leve respiración cerca, y supo que Antonio estaba escondido ahí. ¿Debería decirles al resto de la familia? No, le daría un respiro a su primito. Además, ya habían dicho que no querían su ayuda.

Además tomaría la oportunidad de darle su regalo a Antonio antes de la ceremonia, sabía que eso le iba a ayudar a calmar sus nervios. Sabía que la presión de la ceremonia en el caso de Antonio estaba aumentada, ya que el fantasma de la ceremonia fallida de Mirabel diez años atrás aún estaba presente en las memorias de la mayoría de los habitantes del Encanto y el pequeño no querría decepcionar a nadie aunque supiera que no dependía de él.

Ese tipo de presión no se la deseaba a nadie. Bueno, quizá a Isabela, pero no a Toñito.

x-x-x

Más tarde

Mirabel nunca había estado muy entusiasmada por asistir a la ceremonia y solamente estaba ahí por Antonio, pero había estado decidida a quedarse a una distancia mirando desde escalera de la familia para poder escapar en el primer momento que pudiera, pero no se esperaba que Antonio extendiera su mano hacia ella, pidiéndole que lo acompañara a su puerta.

"No, claro que no, no puedo hacer eso", pensó Mirabel, y tenía varias razones para negarse.

Primero y más importante para ella, no quería revivir el fiasco de su propia ceremonia diez años antes, y la ceremonia actual de por sí estaba comenzando a hacerla mirar hacia el pasado, pero esto estaba a otro nivel. Estaba segura de que si hacía eso tendría un ataque de ansiedad. Y segundo, si las cosas no salían bien y Antonio no recibía su don, ya sabía a quien culparía su abuela.

-No puedo…- dijo ella sin aliento, rogando que él desistiera.

-Te necesito- susurró Antonio.

Mirabel palideció pero supo inmediatamente que no podría decirle que no. Antonio era su primo favorito, con el que había compartido la habitación prácticamente desde que nació, y el único de la familia que la trataba con normalidad y no con exasperación, indiferencia o lástima en esa familia. Sabía el miedo y la presión que Antonio tenía que estar sintiendo, además de que no quería que tuviera el mismo trato que ella había sufrido los últimos diez años de parte de la abuela.

Tragó saliva y se acercó a Antonio, tomando la mano que el pequeño le estaba ofreciendo. Pudo escuchar los murmullos y ver las expresiones de preocupación de todos. Sabía lo que estaban pensando, sabía que estaban murmurando sobre su propia ceremonia, pero Mirabel hizo un esfuerzo consciente para que esos comentarios no le importaran. En ese momento su primo la necesitaba y ella no lo iba a dejar solo.

-Vamos a tu puerta- dijo Mirabel fingiendo una confianza que definitivamente no sentía, pero no podía dejarlo saber eso. Antonio solo se abrazó de su brazo y los dos comenzaron a caminar hacia la puerta.

A pesar de que Mirabel trató de cerrar su mente al pasado, los recuerdos de la fallida ceremonia en la que ella no obtuvo un don fluyeron con libertad en su mente mientras se acercaba a la puerta. ¡Qué extraña le parecía la sonrisa llena de cariño que su abuela le dirigía antes de la ceremonia! Recordó como la puerta desapareció y cómo pasó la noche llorando sola.

Podía ver la expresión de la abuela que clara mente reprobaba su decisión de haber cedido a la petición de Antonio, pero por ahora no debía importarle, concentrándose en sonreírle a su primo para que se sintiera valiente.

Cuando llegó a la parte alta de la escalera, la abuela forzó a Antonio a soltar a Mirabel para acercarse solo a la puerta, y la muchacha no tuvo otra opción más que mirar cómo su primo obtenía su don desde la primera fila.

x-x-x

Al mismo tiempo

Camilo había pasado la mayor parte de las preparaciones de la ceremonia de su hermano buscando un sitio donde esconderse y evitar que la abuela lo pusiera a trabajar. Aún no entendía porque Mirabel tenía tantas ganas de que la abuela le diera trabajo, debería sentirse afortunada de que no tenía nada que hacer. Por su parte, Camilo estaba cansado de tener que ser otra persona siempre.

Se transformó en un niño del pueblo y tuvo suerte, logrando esconderse lo suficiente hasta las siete de la tarde, y tras recibir a la mayoría de los invitados, Camilo le deseó suerte a su hermano y se escabulló a la cocina para conseguir algo de comer antes de que comenzara la ceremonia de Antonio. Vio unos deliciosos alfajores de su tía y trató de guardar un puñado de ellos en los bolsillos internos de su ruana, metiéndose uno a la boca cuando sintió unas palmaditas en su cabeza.

-En serio, tú eres un pozo sin fondo- escuchó la voz de su tía detrás de él.

Camilo tragó el bocado que se había metido a la boca y puso su mejor cara de inocencia, la misma que sabía que era el punto débil de tía Julieta.

-Tía, es solo que… tenía hambre- dijo él.

Julieta rodó los ojos y tomó su brazo para que los dos caminaran hacia el pie de la escalera para poder mirar bien la ceremonia.

-¿Cuál crees que sea el don de Antonio?- preguntó su tía.

-Ni idea- le respondió él pensativo- solo espero que no pase como con la de Mirabel…-

Su tía sintió con una expresión preocupada al ver que la abuela llegaba con la vela y la ceremonia comenzaba. Mientras la abuela se dirigía a la multitud, Camilo metió la mano debajo de su ruana para sacar un alfajor pero Julieta tomó su mano para impedírselo.

-Paciencia, pronto vas a poder comer lo que quieras- le dijo en un susurro.

El muchacho infló las mejillas pero no dijo nada mientras que la abuela terminaba su discurso y Antonio aparecía. Notó que estaba nervioso y se sorprendió de que le pidiera a Mirabel que lo acompañara a su puerta. Miró de reojo a tía Julieta, quien miró preocupada a ese par.

"Por supuesto"; pensó Camilo dando un apretón a la mano de su tía para distraerla de su preocupación "tía Julieta está preocupada por lo que vivió Mirabel hace diez años".

Sin embargo, Julieta no les quitó la vista de encima en ningún momento. Camilo no podía ver la cara de su prima, no sabía cómo estaba, e hizo la nota mental de buscarla para averiguarlo tan pronto como la ceremonia terminara.

Después de la ceremonia y cuando Antonio recibió su don, Camilo se separó de Julieta y subió corriendo la escalera para alcanzar a Mirabel, quien estaba sonriendo radiante y apenas le quitaba la vista de encima al pequeño.

-Hey, Mira- dijo Camilo- ¿estás bien?-

-Por supuesto- sonrió ella- ya sabía que el don de Antonio iba a ser el mejor de todos-

Camilo la observó con atención pero no encontró nada que lo alertara de que no estuviera bien. Los dos primos entraron a la habitación de Antonio para admirarla junto con toda la gente del pueblo, antes de que Mirabel se separara de él cuando un muchacho se acercó a hablar con ella. Camilo rodó los ojos. Ese Francisco pasaba demasiado tiempo con su prima para su gusto.

Aún estaba mirando a Mirabel hablar con ese chico cuando Camilo escuchó a la abuela llamándolos.

-¡Necesitamos una foto!- dijo la abuela en voz alta- ¡vamos, rápido vengan!-

Camilo sonrió y se apresuró a donde estaba su hermanito, felicitándolo y preparándose para posar mientras el señor Álvarez colocaba la cámara en su sitio e indicaba que iba a tomar la fotografía.

-¡La familia Madrigal!-

Al terminar con las fotografías y comenzar la música, Camilo se volvió hacia su familia para sonreírle a Mirabel y molestarla por su conversación con Francisco, pero se sorprendió al darse cuenta de que no había posado con ellos.

-¿Dónde está Mirabel?- preguntó a nadie en particular porque el resto de su familia se había dispersado y comenzando a bailar. Vio a Anita Zavala, una amiga de Mirabel, hablando con su mamá y se acercó a ella. Quizá ella sabía dónde estaba.

X-x-x

Al mismo tiempo

Fuera de la habitación de Antonio, Mirabel se sentía pésimo. Había llevado la mayor parte de la ceremonia con optimismo e incluso feliz de ver a su primo tan feliz con su nuevo don, hablando con Camilo y tratando de ignorar a Francisco, cuando las palabras de la abuela le rompieron el corazón.

-Sabía que podías hacerlo- Mirabel escuchó a la abuela decir a Antonio- es un don tan especial como tú-

Mirabel tragó saliva sintiendo todo su optimismo evaporarse y salió de ahí sin ser vista por nadie con lágrimas en los ojos. Se había prometido a sí misma que no lloraría, ya llevaba diez años sin haber recibido su don y había hecho las paces con esa realidad, pero aún dolía que su abuela no la viera.

"¿Eso significa que yo no soy especial?", pensó sentándose en la base de la escalera. Apretó los puños molesta "ugh, ¿es mucho pedir que me trate… que me vea como a cualquiera de sus otros nietos?"

Se quitó las gafas para frotarse los ojos y suspirar. Levantó la mirada hacia la vela, preguntándole en silencio porqué la había excluido solo a ella. ¿Había hecho algo malo para que el milagro la castigara así?¿No era digna?

Se sentía una persona horrible por pensar o casi desear que Antonio no tuviera su don igual que ella porque eso significaría que no había nada malo con ella, que era solo el milagro que comenzaba a menguar, o que solo había un número finito de dones que repartir. Pero Antonio sí obtuvo su don. ¿Qué tenía la magia contra ella? ¿Qué había hecho para que la saltara a ella?

Aún estaban pensando en ello escuchó algo caer y quebrarse a unos pasos de ella. Cuando se volvió, vio una teja que había caído en el suelo.

-¿Qué…?-

Mirabel se puso de rodillas y tomó la teja. No recordaba que eso hubiera ocurrido antes, según ella creía su casita era inmortal y que no sufría ningún daño. Cuando tomó la teja y la examinó, no había nada extraño en ella, solo el hecho de que estuviera en el suelo y yo en el techo. Aún estaba mirándola cuando la orilla afilada conectó con la palma de su mano y la cortó.

-Ay…-

La muchacha dejó caer la teja, la cual se quebró en el suelo. A pesar de su herida, su atención estaba en el suelo donde una grieta comenzó a formarse y creciendo conforme se alejaba de ella. Ver aquello no le gustó ni un poco.

-¿Casita?-

Mirabel siguió las grietas con la mirada y se mordió el labio preocupada al ver que todas las paredes estaban afectadas, las puertas comenzaron a parpadear y menguar, y la luz que provenía de la vela parecía estar a punto de apagarse.

"No…", pensó ella inmediatamente, corriendo hacia la habitación de Antonio donde estaban todos aún en plena fiesta.

-¡La casa está en peligro!- exclamó Mirabel. Entró a la habitación y se abrió camino entre la gente hasta donde estaba su abuela, ella sabría que hacer. Por fin, la vio en la parte más alta, bailando junto con tío Félix. Mirabel continuó al verla detenerse y volverse a ella-¡la casa está en peligro! Las tejas están cayendo, había grietas por todos lados… ¡y la vela casi se apagó!-

Vio a la abuela mirarla por primera vez como no la había mirado desde hace diez años. Por un momento vio hacia un lado, como viendo cómo reaccionaban los demás, y luego se volvió hacia ella otra vez.

-Muéstrame- dijo la abuela.

Mirabel guió a la abuela hacia el exterior para mostrarle lo que había visto, cuando para su sorpresa las grietas habían desaparecido.

-¿Qué…?- comenzó a decir ella sin poder creer lo que viera- ¡si las grietas estaban ahí! La casa estaba en peligro y…-

Pudo escuchar una exclamación de exasperación de Isabela, y a la abuela mirar hacia la vela y luego hacia ella. Mirabel tragó saliva. No podía creer que hubiera quedado tan mal así. Pero ella no lo había imaginado, su mano seguía estando herida.

-Abuela, te prometo que…-

-¡Es suficiente!- le dijo la abuela en un tono severo antes de darle la espalda y volverse hacia la multitud que las miraba preocupada- ¡no hay nada malo con la casa Madrigal! La magia es fuerte… y también las bebidas. ¡Vamos, música!-

Una risa recorrió a los espectadores, avergonzando a Mirabel y haciéndola sentir las mejillas calientes mientras que la veía regresar a la fiesta. Mientras subía, la abuela le lanzó una mirada severa a Julieta, como diciéndole que arreglara a su hija.

Mirabel frunció el entrecejo. Eso se sacaba por tratar de ayudar a su familia.

x-x-x

Habitación de Mirabel

Esa noche

Mirabel no podía dormir esa noche, sintiéndose derrotada y decepcionada por su experiencia de la anoche. Lo que sucedió después de la ceremonia de Antonio la tenía asustada. Ella había visto las grietas apareciendo en la casita, no las había imaginado como unos creían mientras que pensaban que estaba tratando de llamar la atención para arruinar la ceremonia de Antonio. ¡Como si ella fuera capaz de hacerle eso!

Y su abuela… ¡su abuela se había burlado de ella, la había humillado delante de todos los invitados! ¿Por qué le había hecho eso? Sus deseos de hacerla sentirse orgullosa de ella se estaban convirtiendo en resentimiento. Más aún cuando más tarde había escuchado a su abuela aceptar para sí misma que el milagro estaba muriendo y que sí había grietas en la casita, tal y como Mirabel había dicho. Si era así, ¿por qué la había hecho quedar en ridículo?¿Solo para mantener las apariencias?

Aún así, Mirabel estaba decidida a hacer lo posible para salvar el milagro y proteger su casa. Con esa idea en la mente comenzó a vestirse rápidamente y puso su bolso en su hombro mientras meditaba la manera en que lo lograría. ¿Qué tenía que hacer? Quizá tenia que encontrar la razón por la que el milagro estaba muriendo. ¿Preguntarle a Dolores si saber algo?

Estaba pensando que había sido ridículo levantarse a esa hora de la madrugada si no sabía que hacer y que sería mejor volver a la cama cuando escuchó un chillido proveniente del exterior. Casi cae de espaldas cuando se volvió hacia la ventana y vio una rata en el travesaño. Iba a tomar la escoba para ahuyentarla cuando vio que la rata le hacía señas con las patas.

Mirabel parpadeó sin creer lo que veía, pero era cierto. La rata estaba de pie en sus patas traseras y le hacia señas.

-¿Qué hacer aquí?¿Antonio te envió?- dijo ella soltando la escoba y pensando en que su primo le enviaría un mensaje para que no estuviera tan sola, aunque olvidó que ella no le tenía mucho cariño a las ratas.

Pero la rata asintió y siguió señalando hacia el exterior con sus patas.

"¿Antonio quiere que lo vea afuera?", se preguntó confundida. La rata continuó señalando la hacia afuera, así que aquello convenció a Mirabel de levantarse.

-De acuerdo…- dijo Mirabel.

Salió de su habitación y de la casita trepando por la ventana para no hacer ruido y que Dolores no se despertara. Una vez afuera, Mirabel miró a su alrededor sin saber dónde estaba Antonio o porqué le había pedido que saliera. La rata comenzó a guiarla, haciéndola caminar por la calle principal del pueblo iluminada solamente por la luz de la luna.

Mirabel siguió a la rata cuando cruzó todo el pueblo y se dirigió al arroyo, volviéndose a mirar de tanto en tanto si Mirabel aún la estaba siguiendo. Finalmente cuando cruzaron el puente del arroyo, la rata se detuvo y señaló hacia las palmas de cera a unos cuantos metros del cruce.

"¿Qué hace Antonio tan lejos de casa a esta hora?", no podía dejar de preguntarse al ver dónde se encontraba. Levantó los ojos y vio una luz entre los troncos de las palmas de cera detrás de la casita, a nivel del suelo, y comenzó a caminar hacia ella, pensando en que si acaso Antonio quería hablar con ella ahí o la había sacado de la casa y del pueblo por alguna razón.

Cuando llegó a donde estaba la luz, Mirabel se dio cuenta de que solo era una lámpara encendida en el suelo, pero ésta estaba sola, como si alguien la hubiera puesto en el suelo y se hubiera olvidado de ella.

-Eh…- dijo Mirabel, buscando a la rata en el suelo. ¿Acaso eso había sido una broma de Antonio para probar su nuevo poder? No, el pequeño no le haría algo así.

Aún estaba pensando en ello cuando escuchó el crujir de hojas secas detrás de ella causándole un respingo de sorpresa. Estuvo a punto de volverse en esa dirección cuando Mirabel sintió que alguien cubrió su boca con una mano y rodeó su cintura con la otra, tirando de ella y arrastrándola hacia la montaña, alejándola del pueblo.

-Mmmmffff- Mirabel trató de gritar y de soltarse pataleando y forcejeando con todas sus fuerzas, pero quien la estaba arrastrando era mucho más fuerte que ella y no pudo soltarse.

-Shhhhh- alcanzó a escuchar.

Sintió la adrenalina recorrerla de la cabeza a los pies, haciéndola palidecer mortalmente y su corazón latía contra sus costillas. No podía pensar en nada más que en el pánico que se estaba apoderando de ella mientras era arrastrada sin piedad cada vez más lejos de su casa, de donde alguien podría ayudarla. Uno de sus zapatos se salió de su pie y quedó colgando de su tobillo de sus enlaces rosas.

-Mmmmfff…- trató de gritar contra la mano que cubría su boca, rogando que Dolores escuchara.

-Ya casi- susurró la voz fría de un hombre en su oído sin detenerse ni soltar su agarre- solo quiero que estemos a una buena distancia de esa metiche de tu prima, no quiero que nos escuche y arruine el plan de nuevo-

Mirabel sintió un horrible escalofrío al escuchar esa voz extrañamente conocida, pero no podía recordar dónde la había escuchado.

Por fin, cuando el pueblo ya se había perdido de vista, el hombre estuvo satisfecho de la distancia que había puesto y la soltó, empujándola hacia delante y haciéndola caer de bruces junto a otra lámpara encendida encendida en el suelo.

Asustada, Mirabel se giró hacia él, encogiendo las piernas y tratando de arrastrarse hacia atrás con sus talones para alejarse de él pero sin lograr moverse un solo centímetro, tan paralizada que estaba por el miedo. Lo primero que vio fueron sus ojos brillando de un color verde siniestro bajo la capucha de su ruana. Su figura era delgada y sus largos dedos se extendían hacia ella y le causaron un horrible escalofrío, y no podía dejar de ver la orilla inferior de su ruana verde tenía manchas de sangre, lo que no ayudó nada a mejorar el pánico que sentía en ese momento.

-Ah, por fin podemos hablar sin interrupciones- dijo el hombre que la había arrastrado ahí.

-¿Q…q…quién eres?- balbuceó ella sin siquiera acomodarse las gafas ya que sus manos estaban demasiado temblorosas, estaba aterrada y segura de que iba a morir ahí y en ese momento. El hombre dejó escapar una risa que la asustó, si era posible, aún más.

-¿Qué, no me recuerdas, mariposita?- escupió el hombre tomándola de los brazos y levantándola sobre sus pies sin esfuerzo antes de quitarse la capucha de la ruana, todo esto sin quitarle sus brillantes ojos de encima- yo solía ser tu tío favorito-

Mirabel miró asustada al hombre al caer en cuenta de que era el mismo hombre que había intentado arrebatarla de su familia diez años antes.

-¿Tú… tú eres…?- dijo Mirabel sin aliento.

x-x-x

CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Por fin tuve unos momentos para arreglar este capítulo y tuve que hacerle algunos cambios. Espero que les esté gustando esta historia ahora que vieron que Bruno acaba de hacer su aparición.

Muchas gracias por seguir leyendo y por sus reviews. Abrazos.

Abby L.