Resumen: Tras ser expulsado de la familia, Bruno Madrigal se convirtió en un villano decidido a destruir la magia y tratará de reclutar a Mirabel en sus planes.

Notas:

1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)

2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.

LA MALDICIÓN DE LA FAMILIA

CAPÍTULO 3

Mirabel no podía creer que el hombre que tenía enfrente, quien la había arrastrado hasta ese sitio con tal crueldad y que la miraba peligrosamente, fuera su tío desaparecido.

Bruno Madrigal era una sombra de su viejo ser. Seguía usando su ruana verde con motivos de relojes de arena y seguía teniendo una apariencia desaliñada, con su cabello negro largo y despenado en el cual algunas canas ya habían aparecido y su barba mal afeitada, pero al mismo tiempo había cosas que habían cambiado drásticamente. Su ruana tenía manchas de sangre, su camisa arremangada dejaba ver sus brazos con algunas cicatrices en ellos, sus ojos estaban permanentemente brillando de un amenazante color verde, además de que le habían aparecido horrendas líneas negras que parecían grietas oscuras en su rostro, debajo y alrededor de sus ojos. Su expresión amable y su sonrisa tímida, que era lo único que Mirabel recordaba de él, había sido reemplazada por una mirada fría y calculadora que le heló la sangre.

-¿Tú… tú eres…?- dijo Mirabel sin aliento.

El hombre comenzó a caminar alrededor de ella sin responderle, como si quisiera mirarla mejor con la tenue luz de la lámpara; Mirabel seguía en una posición defensiva con sus brazos cerca de su pecho y estaba tan asustada que no se atrevió a moverse. Al dar una vuelta completa, Bruno se plantó delante de ella y entrecerró los ojos.

-Creciste- dijo él. Ahora Mirabel notaba que tenía una voz ronca, como si no estuviera acostumbrado a usarla- la última vez que te vi eras una enana…-

-¿Tú eres mi tío Bruno?- preguntó ella sin aliento, pensando en que ahora no se parecía nada a la silueta en su puerta abandonada. Aquello no pareció gustarle mucho.

-Tch tch…- dijo él en tono de burla, aunque no sonrió y no dejó de fruncir el entrecejo- ¿acaso no escuchaste lo que tu querida abuela gritó cuando me echó de casa? Desde hace diez años que no soy parte de tu familia, Mirabel-

Mirabel tragó saliva sin bajar los brazos. Sin ningún aviso, Bruno volvió a tomarla de los hombros y esta vez la empujó contra el tronco de un árbol.

-¡Fueron diez años!¡Diez malditos años, y todo fue tu culpa!- exclamó Bruno como si estuviera furioso. Mirabel lo miró horrorizada pensando que le iba a hacer daño, pero su tío finalmente suavizó su mirada, cosa que no la tranquilizó para nada- no, claro que no fue tu culpa, fue culpa de ellos…-

Bruno soltó uno de sus hombros y, aunque ella trató de evitarlo, puso una mano en su mentón y la hizo levantar la mirada. Los brillantes ojos verdes de su tío estaban sobre los suyos como queriendo leer el fondo de su alma.

-Tch… lo sabía. ¡Lo sabía!- siseó Bruno finalmente soltándola- ugh… ¡eso era lo que no quería que pasara!¡Todo fue para nada!-

Bruno comenzó a caminar en círculos de nuevo, cabizbajo y hablando en voz baja, repitiendo que algo estaba mal y que no quería que eso pasara. Mirabel aprovechó para mirar a su alrededor, se encontraba en medio del bosque pero no tenía idea de cómo regresar al pueblo. Además, si se decidía a salir corriendo para escapar de él, seguramente él sería más rápido y la alcanzaría. Quizá si lo hacía hablar podía entender qué estaba pasando.

-¿Qué es lo que no querías que pasara…?- preguntó dudosa.

-¡Eso!¡Eso en tus ojos!- dijo Bruno tomando sus hombros otra vez y sacudiéndola levemente- ¡ella puso eso ahí!-

Mirabel no tenía idea de lo que estaba diciendo y se soltó de él, rodeando el árbol y dando un paso atrás para volver a poner distancia entre ellos.

-¿Qué… qué estás haciendo aquí?- dijo ella asustada. Era evidente que algo parecía preocuparle pero no sabía que podía ser. Quizá solo quería decirle algo y la dejaría ir de regreso a casa, o le daría tiempo de planear algo.

Bruno se miró las uñas y después la miró, sus ojos brillantes se entrecerraron y sus labios torciéndose en una horrible sonrisa. Fue cuando Mirabel notó que la rata que había estado siguiendo estaba sobre su hombro.

-Ah, no creerías que me perdería la ceremonia de mi sobrino, ¿verdad?- dijo él caminando hacia ella y poniendo su índice en la barbilla. Mirabel se asustó y dio un paso atrás de nuevo- así como tampoco me perdí la tuya…-

Ella estaba, si era posible, más asustada que antes al pensar que su tío había estado presente en la ceremonia de Toñito; la idea de que Bruno pudo haberse infiltrado entre la gente del pueblo la llenaba de horror.

-Fue todo un espectáculo el que diste esta noche- continuó Bruno en tono sarcástico- amé sobre todo la manera en la que tu querida abuela se portó tan amable y comprensiva cuando quisiste advertirle sobre las grietas que están apareciendo en casita. Seguro te encanta que te deje en ridículo delante de todo el pueblo…-

No era mentira que había estado en la ceremonia y lo había visto todo.

-¿Por… por qué me trajiste aquí?- preguntó Mirabel.

-Ah sí. Eso no es tan malo… no es tan malo si te convence de ayudarme- dijo Bruno borrando su sonrisa sarcástica y mostrándole una expresión seria- te traje aquí porque te necesito. Necesito tu ayuda-

-Claro…- dijo ella dudosa sin saber que responder- ¿qué necesitas, t… Bruno?-

-Como debes imaginarte, casita no me deja cruzar la puerta por orden de tu abuela- dijo él seriamente- así que necesito que tú me traigas algo importante que dejé ahí dentro-

-¿Qué necesitas?- pregunta ella un poco más tranquila al saber que al menos Bruno no podía entrar a su casa.

-La vela mágica- respondió él.

-¿Qué?- exclamó Mirabel sin poder creer lo que le estaba pidiendo. ¿Bruno quería que le llevara la vela? Por supuesto que no hacer eso. Sacudió la cabeza repetidamente- no, no…-

Si temía que Bruno se enfadara al negarse, Mirabel estaba a punto de encontrarse con otra sorpresa. En vez de enojo, su tío se echó a reír como si acabara de contar un chiste particularmente gracioso.

-Sabía que dirías eso, por absurdo que parezca- dijo Bruno. Parecía que cuando hablaba, sus ojos brillaban aún más- porque, ¿por qué tú querrías proteger la magia, si la magia decidió humillarte al no darte un don? Fue especialmente cruel, haber hecho aparecer una puerta para que desapareciera tan pronto como la tocaras. Dime, ¿qué le debes a ese supuesto milagro?-

Mirabel abrió la boca y luego la cerró. No quería admitirlo pero la verdad era que estaba resentida con la magia por no haberle dado un don y humillarla cuando su puerta desapareció. Hacía unos momentos había estado furiosa con la abuela por haberla dejado en ridículo. Pero sabía que no podía hacerles eso, su familia y la gente del Encanto dependía de la magia para mantenerlos protegidos.

-No puedo hacer eso… no puedo hacerle eso a mi familia- dijo Mirabel finalmente. Nuevamente el hombre no pareció encontrar irritante su respuesta.

-Pfff…- dijo Bruno como si hubiera dicho algo ridículo- ¿por qué no?-

-Porque amo a mi familia- dijo ella.

Bruno se acercó a ella y rodeó su espalda con su brazo. Ante ese súbito contacto, Mirabel tensó su espalda asustada y trató de separase de él, pero Bruno la tenía bien sujeta y no la dejó moverse. Percibió un olor a arena y a la lana de su ruana que le parecía familiar mientras sentía los dedos de su tío cerrándose sobre su hombro. No pudo evitar temblar al estar tan cerca de él, pero a estas alturas sabía que Bruno la iba a dejar regresar a casa, al menos porque quería que le llevara la vela.

-Claro pero… ¿ellos te aman a ti?- dijo Bruno.

Mirabel iba a decir que sí, que por supuesto que su familia la amaba, pero nuevamente dudó al recordar la expresión fría de su abuela cada vez que se trataba de ella. La mirada de superioridad de Isabela cuando pasaba a su lado o las veces que hablaba con Camilo sobre como se sentía y Dolores contaba lo que había dicho a todo el mundo. Claro, sus padres o Luisa la querían, pero a veces sentía que la trataban como si fuera un estorbo.

No, no podía decir que toda su familia la amaba, pero no podía robarse la vela para dársela a Bruno, quien sabe que iba a hacer con ella.

-No, no puedo hacer eso…-

Pero Bruno seguía sonriendo, cosa que no la tranquilizó. Con su mano izquierda la abrazaba contra él, con la otra tomó su barbilla y la obligó a levantar la mirada.

-Claro que puedes hacerlo, y lo harás- dijo Bruno apretando su barbilla- porque vi tu futuro, y te vi trayéndome la vela-

Mirabel sintió un vuelco de horror al escuchar eso. Sabía que su tío podía ver el futuro, pero no sabía si sus predicciones eran correctas o si solo le estaba mintiendo para convencerla de que lo hiciera.

-Te equivocas. No voy a traerte la vela- dijo Mirabel- todo el Encanto depende de la magia-

Bruno volvió a fruncir el entrecejo antes de soltarla, pero no se apartó sino que siguió mirándola fijamente.

-Tú y yo no le debemos nada al Encanto, Mirabel- dijo en un gruñido bajo- los dos hemos sido marginados por el pueblo y por nuestra familia, no hemos sido más que unos "inútiles" para ellos. Esa gente te ama solamente cuando les sirves de algo, pero cuando no puedes solo eres un estorbo, y sirves para cargar con las culpas y los errores de todos-

Aquellas palabras hicieron que Mirabel reviviera los últimos días en los que todos en la familia la trataron como un estorbo o cuando la abuela le echaba la culpa de lo que hacían los demás. Aún recordaba una vez que Camilo hizo un desastre en la cocina cuando trataba de robar comida y por alguna razón eso fue su culpa, incluso después de que Camilo confesó que él había causado todo.

Bruno volvió a sonreír al ver su reacción.

-Si te hace sentir mejor, hagamos un trato, Mirabel- dijo su tío volviéndose a ella de nuevo y poniendo una mano en su hombro- tráeme la vela, y yo te daré lo que más has deseado desde que eras niña-

-¿Y eso es?-

-Te daré tu don- dijo Bruno con seguridad.

Mirabel se volvió a ver a su tío con los ojos y la boca bien abiertos. Lo que acababa de escuchar era lo más sorprendente de todo lo que había dicho esa noche, incluido su supuesto futuro en el que ella traicionaba a la familia. ¿En serio había una manera en que la vela podía darle un don a pesar de que no tenía cinco años? Y si era así, ¿por qué la abuela no se lo había dado ya? ¿Acaso ella la consideraba indigna de uno?

Bruno, sin embargo, parecía haber terminado su conversación con ella porque bajó su mano a la espalda de Mirabel y comenzó a empujarla hacia delante, que Mirabel supuso que sería el camino de regreso al pueblo.

-Anda de regreso a casa, mariposita. Tráeme esa vela y yo te daré tu don cuando lo hagas. Y no trates de engañarme- añadió Bruno señalando a la rata que estaba sobre su hombro con una sonrisa malvada- si lo intentas, lo sabré-

Mirabel tragó saliva al escuchar esa última amenaza y se echó a correr como si su vida dependiera de ello con dirección a las casas en el pueblo sabiendo que tan pronto como llegara a esa parte del Encanto, su prima Dolores podía escucharla y acudiría en su auxilio si Bruno cambiaba de opinión sobre dejarla ir.

Mientras la miraba alejarse, Bruno acarició a la rata sobre su hombro sin dejar de sonreír maliciosamente. Un chillido rompió el silencio de la noche.

-Ah, ya sé que no debí haberle mentido sobre darle un don, pero eso la hará completar su trabajo más rápido- dijo Bruno sin dejar de acariciarla. Suspiró y la puso en el suelo- ve, Lucy, no dejes que nadie se meta en su camino-

La rata dejó escapar un chillido y desapareció en el pasto. Bruno dio media vuelta y comenzó a internarse aún más en el bosque.

x-x-x

Al mismo tiempo

Mirabel había corrido de regreso a casa como si su vida dependiera de ello. Había estado tan asustada desde el momento en que sintió a un desconocido atraparla y arrastrarla lejos del alcance del oído de Dolores.

Tuvo una súbita sensación de alivio cuando vio que por fin aparecieron algunas luces del pueblo. Rápidamente llegó al puente sobre el río y lo cruzó en un par de saltos, adentrándose en la vía principal del pueblo tan rápido como pudo, pero en el camino tropezó y cayó de bruces al suelo.

-AAAAAAAH- gritó de dolor al sentir que las piedras raspaban sus rodillas y su manos al caer. A pesar del dolor, Mirabel se levantó de un salto, se sacudió y estuvo a punto de seguir corriendo cuando chocó contra alguien y rebotó hacia atrás, y habría vuelto a caer si esa persona no la hubiera detenido al tomarla por los hombros. Sintió pánico pensando que Bruno la había seguido, apretó los ojos y trató de soltarse mientras que respiraba agitadamente- ¡no!¡No! ¡Suéltame!-

-Mirabel… ¡Mirabel, soy yo! Abre los ojos- dijo la otra persona y, cuando Mirabel los abrió se dio cuenta de que solo se trataba de Francisco. Había estado preparándose para salir con las ovejas al campo cuando la escuchó gritar. Ahora la miraba con una expresión preocupada- ¿te encuentras bien?-

Mirabel iba a decir que sí, pero dudó unos segundos. Su labio inferior tembló y su respiración era más bien desesperada, pero no quería quebrarse delante de nadie. Al no obtener otra respuesta más que la expresión asustada de la muchacha, Francisco frunció el entrecejo y vio los raspones en sus manos.

-¿Qué más te lastimaste?- dijo seriamente.

-La…las rodillas, pero no es nada- dijo ella sin dejar de temblar a pesar de sus esfuerzos conscientes para controlarse. A pesar de la preocupación de Mirabel de que la interrogara sobre dónde había estado a esas horas, Francisco no hizo más preguntas, solo se quitó su ruana para ponerla sobre los hombros de la chica, y entrelazó su brazo con el suyo.

-¿Qué…?- comenzó a preguntar ella.

-Vamos, te acompaño a tu casa- dijo él en voz baja- la comida de la señora Julieta va a poder curarte-

Mirabel no se resistió a que Francisco la acompañara a casa. Tenía miedo de que Bruno la alcanzara y se sentía un poco más segura (o menos vulnerable) acompañada de alguien.

No tardaron mucho en cruzar lo poco que le faltaba a Mirabel para llegar a casita y tan pronto como la puerta apareció frente a su vista, sintió que su corazón comenzó a dejar de dolerle. Fue entonces cuando se dio cuenta de que Francisco no dejaba de mirarla preocupado cada paso que daban.

-Bueno eh…- dijo ella soltándose con la mejor sonrisa que pudo- muchas gracias… por acompañarme-

-No es nada. ¿Vas a estar bien?- preguntó Francisco sin intentar volver a tomar su brazo, solo mirándola con sincera preocupación. Mirabel asintió rápidamente sin prestarle mucha atención y sin sonreír. Él no parecía muy convencido, pero asintió y le ofreció una sonrisa que pretendía hacerla sentir mejor- bien, te veré mañana. Buenas noches, Mirabel-

Tan pronto como el muchacho se fue, Mirabel se volvió a la puerta.

-Casita, ábreme…- pidió sin aliento y con un poco de desesperación, mirando hacia atrás tan pronto como estuvo adentro como para asegurarse de que Bruno no la hubiera seguido ni se colara en el interior de la casa. No quitó su vista de la puerta hasta que ésta se cerró, y cuando eso pasó suspiró con alivio.

Una vez que estuvo sana y salva en su habitación, Mirabel cerró la puerta y se puso a caminar en círculos en su habitación, aún respirando agitadamente y tan asustada que estaba segura que rompería en llanto en cualquier momento. No lo hizo, pero tuvo que cruzar sus manos sobre su pecho para tranquilizar el temblor de las mismas y cerró los ojos tratando de tranquilizar su respiración. y ordenar sus ideas después de los eventos de esa noche. Una brisa fresca entró por la ventana y Mirabel vio con horror que estaba abierta. Absurdamente pensando que Bruno podría entrar a la casita por la ventana, corrió hacia ella y la cerró apresuradamente. Mientras lo hacía, la ruana de Francisco cayó de sus hombros al suelo y Mirabel se apresuró a recogerla y ponerla sobre su regazo al sentarse sobre la cama mientras meditaba sobre lo que había pasado.

Bruno… su tío Bruno seguía en el Encanto. Había querido hablar con ella y le había dicho que podía darle su don si le llevaba la vela mágica. También le había dicho que había tenido una visión de ella robando la vela y entregándosela a él. ¿Qué quería hacer Bruno con la vela mágica?¿Apagarla?¿Destruirla? No sabía, pero tenía que advertir a su abuela, tenía que decirle que Bruno quería la vela y que tenía que protegerla mejor.

Pero… ¿y si era verdad lo que había dicho Bruno, que la vela aún podía darle el don que ella tanto deseaba?¿Su propia puerta y su propia habitación? Todo lo que siempre había deseado podía ser suyo, poder ser amada y admirada como Isabela, Luisa y sus primos, y merecer el orgullo en los ojos de la abuela…

-Ugh…- gruñó Mirabel mientras se tiraba de los cabellos ante la tentación que Bruno le había presentado.

Pasado el susto inicial, Mirabel realmente no sabía qué opción elegir. Bruno era claramente malvado, ¿no era así? Era lo que le habían dicho sus padres, sus tíos, todas las personas en el Encanto… no podía permitir que obtuviera la vela por medio de ella o de alguien más, tenía que decirle a la abuela todo lo que sabía. Porque ella definitivamente jamás iba a darle la vela, ¿verdad? Ni siquiera ante la tentación de un don.

A pesar de ese pensamiento, Mirabel se abrazó a sí misma y cerró los ojos, dejándose vencer por el cansancio y soñando sobre lo maravilloso que sería tener un don y ser tan admirada como su hermana Isabela.

x-x-x

Patio de la casita

El día siguiente

Camilo no comprendía lo que le pasaba con Mirabel ese día, porque había estado comportándose extraña durante todo el día. Bueno, siempre había creído que Mirabel era un poco extraña, pero esto iba más allá de lo habitual. Quizá la humillación a la que la había sujeto la abuela la noche anterior por fin había hecho que se rindiera en sus esfuerzos para complacerla.

Su prima era siempre la primera persona en casita en levantarse y bajar al comedor a preparar la mesa para desayunar, pero esa mañana nadie la vio durante todo el desayuno, aunque escuchó a Dolores comentar de manera pasajera que era probable que Mirabel no llegara a desayunar, pero no elaboró más al respecto.

Preocupado al ver que se acercaba la hora de la comida y no había señal de ella, y sobre todo porque no quería que la abuela la reprendiera por volver a llegar tarde, Camilo subió a buscarla al cuarto de niños y llamó a la puerta. Al no obtener respuesta, el muchacho llamó de nuevo y abrió la puerta.

Tal y como lo había imaginado, Mirabel todavía seguía sumida en un sueño intranquilo, con la ropa del día anterior aún puesta y cubierta con una ruana de color azul grisáceo como si fuera una manta. No tenía idea de cómo la había obtenido o qué era lo que había hecho que estuviera tan cansada que ni siquiera se cambió para dormir, pero ya lo averiguaría. Se inclinó hacia ella y movió suavemente su hombro para despertarla.

-Despierta, Mira…-

-AAAAAAH- Mirabel despertó con un grito y levantó su mano, golpeando a Camilo en la nariz, un golpe que por suerte no fue tan fuerte.

-¡Ay!- reclamó Camilo frotándose la nariz y haciendo una mueca- ¡¿qué te pasa?!-

Camilo la vio parpadear y llevarse una mano al pecho sobresaltada, como si hubiera estado teniendo una horrible. Al darse cuenta de que estaba despierta y que todo fue una pesadilla, Mirabel se incorporó sentada en su cama y se cubrió la boca con las manos.

-¡Camilo, lo siento!- dijo ella- lo siento tanto… tuve un mal sueño-

-Eso pensé- dijo Camilo arrugando la nariz- nos extrañó a todos que no bajaras a desayunar esta mañana y vine a ver qué te pasó-

Mirabel ladeó la cabeza, tardando unos momentos para procesar lo que acababa de escuchar.

-¿Desayunar?¿Pues qué hora es?- dijo ella pasándose una mano por el cabello.

-Casi es hora de comer- dijo Camilo dándole unos golpecitos en la cabeza con una sonrisa traviesa- ¿por qué te dormiste con tu ropa puesta?-

-Eh…- Mirabel parecía dudosa, como si estuviera pensando qué responder- yo… llegué demasiado cansada de la fiesta y me quedé dormida antes de cambiarme-

-Ajá…- dijo Camilo con una sonrisa traviesa- y supongo que la ruana de Francisco apareció aquí de la nada, ¿verdad?-

Vio los ojos de Mirabel bajar la mirada a su regazo donde la ruana estaba aún sobre ella, se la quitó de encima apresuradamente y la metió debajo de su almohada con una expresión culpable.

-Eh… él me la dio después de que… ugh, ¡no tengo que darte explicaciones, Camilo!- gruñó ella- vete, tengo que cambiarme-

Pero su primo no estaba listo para dejar de fastidiarla, se transformó en Francisco y alzó repetidamente las cejas, levantando los labios como si fuera a darle un beso.

-Mua, mua, mua…-

-¡Ugh, ya basta!- dijo ella comenzando a empujarlo hacia la puerta.

Camilo regresó a su forma original y siguió sonriendo travieso, pero decidió no molestarla más al respecto y se encogió de hombros.

-Bieeeeen, te dejo para que te cambies- dijo Camilo caminando hacia la puerta y sacudiendo la cabeza- te veo en un rato-

Otro incidente extraño sucedió poco más tarde.

Luisa estaba poniendo la mesa en el patio detrás de casita y Mirabel ayudaba a tía Julieta a llevar la comida de la cocina a la mesa cuando de pronto gritó y dejó caer el plato de arroz que llevaba en la mano. Por suerte Antonio estaba cerca y lo atrapó antes de que cayera al suelo.

-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH-

-Woaaaa- dijo Antonio confundido al atrapar el plato.

-¡Mirabel!¿Qué es este gritadero?- dijo la abuela, saliendo de casita visiblemente molesta mientras que blandía su taza de café en la mano.

-Yo… yo… lo siento, abuela- dijo Mirabel nerviosamente sin mirarla, sino mirando el suelo como si estuviera buscando algo- es que una rata me asustó…-

-¿Tanto gritadero por una rata? Contrólate, eres una Madrigal- dijo la abuela rodando los ojos antes de volverse al resto de la familia- ¡todos a la mesa!-

Mientras que los chicos se sentaban a la mesa, Camilo miró de reojo a Mirabel, quien seguía mirando nerviosamente el suelo como si tuviera miedo de que aparecieran más ratas. Aquello le pareció extraño, pensando que su prima nunca antes les había tenido cariño a los roedores, pero tampoco miedo.

-¿Quieres que les pida a las ratas que te dejen de molestar, Mira?- escuchó a Antonio decirle a Mirabel- realmente son muy amables y…-

-¡No!- exclamó ella como si estuviera más asustada que antes- ¡no hables con ellas, no les digas nada!-

-Eh… está bien- dijo Antonio confundido mientras se sentaban a la mesa.

Desde ese momento, Camilo tomó la decisión de seguir a Mirabel para averiguar que era lo que la había puesto así. Por un momento pensó que era un impostor, pero él era el único con el poder de cambiar su apariencia a la de alguien más.

Solo sabía que algo le había picado a Mirabel, y quería saber qué había sido.

Después de comer, Camilo se levantó de la cama y caminó detrás de Mirabel mientras que se levantaba de la mesa y comenzaba a cambiar hacia el pueblo. Ella parecía absorta en sus pensamientos y no se había percatado de que su primo la estaba siguiendo. Camilo corrió un poco para alcanzarla.

-¡Hey, Mirabel!- dijo Camilo al alcanzarla. Mirabel se detuvo y se volvió a él con una expresión interrogante.

-¿Qué pasa?-

-Eso es lo que quiero saber, ¿qué te pasa?- dijo deteniéndose frente a ella para que se detuviera.

-¿De qué estás hablando? No pasa nada- dijo ella rodeándolo para seguir caminando, pero no contaba con que Camilo volvería a plantarse delante de su prima.

-Hablo de que hoy has estado actuando muy extraño- dijo Camilo poniendo sus manos en la cintura- y quiero saber porqué-

Mirabel le sonrió inocentemente.

-Tú siempre actúas extraño y yo no te lo estoy cuestionando, Camilo. Ahora, estoy segura de que tienes mejores cosas que hacer que importunarme…- dijo Mirabel comenzando a caminar nuevamente para alejarse. Camilo entrecerró los ojos y sonrió travieso.

-¡Cuidado, ahí hay una rata!- exclamó de pronto. Mirabel brincó asustada y buscó en el suelo a la rata que no existía. Pronto se dio cuenta de la broma de su primo y le dio un zape- ¡ouch!¡Oye!-

-¡No me asustes así!- dijo Mirabel molesta.

-¿Por qué le tienes miedo a las ratas ahora?- dijo Camilo.

-Porque dan miedo, solo por eso- dijo Mirabel distraídamente, buscando a su hermana mayor con la vista- ¿no has visto a Luisa?-

-No, no la he visto pero…- dijo Camilo mirando a su alrededor a ver si veía a su prima, pero al hacerlo Mirabel desapareció de su vista, seguramente escabulléndose entre los árboles del bosque detrás de la casita- ¡Mira! Ugh…-

Decepcionado, Camilo regresó al pueblo para continuar con sus deberes, cuidando niños y ayudando en lo que podía en el pueblo, pero hizo la nota mental de volver a preguntarle a su prima qué se suponía que estaba haciendo. Aún estaba pensando en ello cuando vio a Francisco regresando al pueblo con las ovejas de su familia, haciéndolas entrar a su corral. Sonrió travieso y se transformó en Mirabel y se acercó a él.

-Ah, hola Mirabel- el muchacho sonrió tan ampliamente que sorprendió a Camilo, además que notó que sus mejillas estaban enrojecidas- ¿cómo te sientes hoy?-

Camilo solo se encogió de hombros para no descubrirse, y Francisco borró su sonrisa.

-Escucha, si alguna vez quieres hablar de lo que te pasó anoche… o de otra cosa, puedes hablar conmigo- comenzó a decir el muchacho.

"Ugh", pensó Camilo "a este chico.

-¿Qué pasó anoche?- dijo Camilo volviendo a ser él mismo- ¿viste a Mirabel?¿Es por eso que tiene tu ruana en su habitación?-

Francisco abrió los ojos asustado y sacudió la cabeza.

-Me engañaste- dijo él- la vi en la fiesta de Antonio y eso es todo lo que voy a decir, es un asunto de Mirabel del que no voy a hablar con nadie porque tu hermana está escuchando-

Camilo abrió la boca sin saber qué responderle mientras que Francisco le daba la espalda para terminar de meter a sus ovejas en el corral. Era cierto, todo lo que él llegara a averiguar podía ser escuchado por Dolores, y sabía que su hermana no era la mejor persona para guardar secretos. Ya tenía un historial revelando los secretos de Mirabel.

Al no conseguir nada de Francisco, Camilo comenzó a regresar a casita cuando vio a Anita ayudando a Dolores a traer unas cajas llenas de fruta de la frutería de los padres de la chica. Tan pronto como la vio, una sonrisa apareció en los ojos de Camilo, y el muchacho se apresuró a ayudarla.

-Hey, Anita- dijo Camilo tomando la caja de las manos de la chica- déjame ayudarte-

-Hola, Camilo- sonrió ella dejando que tomara la caja y aún caminando al lado de él, mientras que Dolores hacía un ruidito sabiondo mientras se adelantaba un poco. El camino no fue largo y pronto los dos adolescentes habían llegado a casita para dejar las cajas en la cocina para su tía Julieta.

-Muchas gracias por todo, Anita- dijo Julieta al ver las frutas- y por favor agradece a tu mamá-

-Por supuesto, señora Julieta- sonrió Anita y volvió sus ojos a Camilo- ¿dónde está Mirabel?-

-Creo que está con Luisa- respondió él- escucha, Anita, ¿quisieras…?-

Camilo iba a aprovechar para invitarla a que se quedara un rato más, pero no alcanzó a formular su frase porque una niña llegó a interrumpirlo.

-¡Anita! Dice mamá que regreses, hay mucho que hacer- dijo la niña. Anita parecía decepcionada, le dirigió una sonrisa triste y se volvió a su hermana.

-Bien, Cecilia, vamos a casa-

Camilo se despidió de Anita y tan pronto como ella se fue, el muchacho se dio cuenta de que Dolores había estado observándolos todo el tiempo.

-Si buscas a Mirabel, ella está buscando a Luisa, que está a las afueras del pueblo- dijo Dolores casualmente. Camilo alzó las cejas, esto era lo que temía Francisco. Al menos podía saber qué pasó con Mirabel anoche.

-¿Sabes qué es lo que pasó anoche? ¿Y qué es lo quiere con Luisa?-

-No sé que sucedió con Mirabel anoche, solo la escuché hablar con Francisco después de que todos nos fuimos a dormir. Está preocupada por la magia, por lo que dice que pasó durante la ceremonia de Antonio- dijo Dolores.

Camilo rodó los ojos. Entonces, ¿de eso se trataba todo? Bueno, mientras Mirabel estuviera ocupada y fuera del camino de la abuela estaría bien, aunque moría de curiosidad por saber porqué lo de su repentina fobia a las ratas.

x-x-x

Más tarde

A pesar de que Luisa estaba cerca del arroyo que había pasado la noche anterior cuando había visto al tío Bruno la noche anterior, Mirabel tenía prisa por encontrar a su hermana.

Mirabel había decidido que Bruno podía irse a freír espárragos y que estaba mal de la cabeza si creía que iba a arriesgar el milagro de la familia, incluso ante la tentación de un don. Pero había decidido que tenía que salvar el milagro Ya era bastante malo que tenía el problema que arreglar y ahora tenía a Camilo husmeando detrás de ella.

¡Estúpidas ratas! Estaban comenzando a ponerla nerviosa. Y estaba nerviosa de ir al sitio donde Bruno la había llevado la noche anterior pero no tenía opción, Luisa estaba ahí.

Más temprano Dolores había mencionado que Luisa estuvo nerviosa toda la noche, así que pensó que debía ir a buscarla y preguntarle si sabía qué era lo que ponía en peligro la magia.

Por fin la encontró cerca del puente del arroyo, recolectando algunos burros que habían escapado de su corral por enésima vez. Por la conversación que tuvo con su hermana, el motivo de su preocupación no había sido que la magia estuviera en peligro, sino que tenía miedo de no valer nada si llegaba a perder sus poderes.

Ella lo había visto: todo el pueblo se apoyaba en Luisa para hacer la mayoría de las cosas, incluso para cosas triviales que ellos podían hacer como recoger a los burros. Y Luisa seguramente sentía que todo su valor estaba en ello.

Mirabel no atinó sino abrazar a su hermana por la cintura.

-Luisa, creo que estás cargando demasiado…- comenzó a decir cuando su hermana la abrazó también, levantándola del suelo y apretándola- ugh…-

-Quizá sí hago demasiado-

-Sip- dijo Mirabel aún siendo apretada por su hermana.

-Hay algo que tienes que saber- dijo Luisa aflojando un poco su abrazo y poniéndola en el suelo- en la ceremonia de Antonio, cuando viste las grietas, yo me sentí… débil-

-¿QUÉ?¿Qué quieres decir?- dijo Mirabel abriendo grandemente los ojos. Eso no se lo esperaba- ¿sabes qué le pasa a la magia?-

-No lo sé, pero hay algo que escuché decir a los mayores cuando echaron a tío Bruno de la casa- dijo Luisa- él dijo algo sobre haber tenido una visión al respecto-

-¿Tío Bruno?- dijo Mirabel gruñendo para sus adentros. Otra vez Bruno- ¿qué pasó en su visión?-

-Nadie sabe, nunca la encontraron- dijo Luisa- pero los mayores creen que esa visión fue la causa de que quisiera robarte-

-¿Qué pasó esa noche? Los mayores nunca me han querido decir qué fue lo que pasó- dijo Mirabel.

-Pues… solo sé que te rescataron cuando te estaba sacando de la casa. Mamá te arrancó de sus brazos y luego abuela hizo que casita lo echara- explicó Luisa- pero antes de irse, Bruno gritó que había tenido una visión sobre el fin de la magia y la destrucción de nuestra casita-

Mirabel abrió la boca mientras escuchaba eso. No quería ir a buscar a Bruno para averiguar qué había sido esa visión, sobre todo porque seguramente no la ayudaría o se enojaría porque no le llevaba la vela.

-¿Cómo puedo saber qué fue lo que vio en esa visión?- quiso saber Mirabel.

-Comienza buscando en la torre de Bruno- dijo Luisa.

-¿Buscarla?¿Qué exactamente estoy buscando?-

-Cuando la veas, sabrás que es- dijo su hermana- pero ten cuidado, hay una buena razón por la que tenemos prohibido entrar ahí-

Luisa se alejó llevando los burros, y Mirabel se quedó mirando pensativa. No sabía cómo se vería una visión, pero la encontraría. Todo el problema con la magia la estaba conectando con su tío. Realmente esperaba que pudiera resolver el problema sin volver a encontrarse con él. Con ese pensamiento se dirigió de regreso a casita.

Muy cerca de ahí, escondido entre las sombras del bosque, un par de ojos verdes brillaron mientras miraban a la muchacha que se alejaba.

-Mas vale que esa niña estúpida no lo intente, o se matará- dijo Bruno entrecerrando los ojos y tomando la rata de su hombro para ponerla en el suelo- síguela. Ya sabes qué hacer-

x-x-x

CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Tenemos a Mirabel peleando contra la tentación de un don que Bruno le ofrece y a Camilo tratando de averiguar qué es lo que la tiene tan preocupada. Mientras tanto, Bruno está esperando su vela y está seguro de que Mirabel se la va a dar, veamos si la tentación o el resentimiento le ganan.

Muchas gracias a todos por seguir leyendo y por sus reviews. Nos leemos pronto.

Abby L.