Resumen: Tras ser expulsado de la familia, Bruno Madrigal se convirtió en un villano decidido a destruir la magia y tratará de reclutar a Mirabel en sus planes.

Notas:

1) Los personajes no me pertenecen. Los personajes de Encanto son propiedad de quien tenga los derechos (¿Disney?)

2) Este fic fue realizado sin fines de lucro, solo por diversión.

LA MALDICIÓN DE LA FAMILIA

CAPÍTULO 4

Torre de Bruno

Más tarde

Tan pronto como regresó a casita, Mirabel comenzó a formular su plan para entrar a la vieja habitación de Bruno. Antonio y sus animales habían estado buscándola y la muchacha tuvo dificultades para sacudírselo. No que no le gustara pasar tiempo con él, pero en esos momentos tenía prisa y si quería salvar el milagro, su primito tendría que esperar.

Otro que parecía estar siguiéndola era Camilo, quien al parecer no había cesado en sus intentos por averiguar que era lo que estaba planeando. Si le decía lo que realmente planeaba hacer, Camilo seguramente trataría de impedírselo.

Por fin logró sacudirse a Camilo y sus preguntas, se escondió junto a la escalera y cuando la abuela pasó caminando distraída en su conversación con Isabela, Mirabel subió las escaleras hacia la torre de Bruno. Con cuidado empujó la puerta y la cerró detrás de sí, no quería que Camilo la siguiera ni que la abuela se enterara de que alguien había entrado a la habitación prohibida.

Lo primero que la muchacha vio cuando entró fue lo que parecía una cascada de arena tras la forma de un reloj de arena.

-Casita, ¿puedes apagar la arena?- pidió Mirabel, pero no obtuvo otra respuesta más que un chillido. Al ver hacia el suelo no pudo evitar gritar de horror: había una rata a sus pies.

-AAAAAAAAH- gritó antes de cubrirse la boca con las manos. Apenas acababa de entrar y ya se iba a descubrir con la abuela con sus gritos.

"Ugh, Bruno envió a las ratas a seguirme"; pensó mordiéndose el labio, pero recordaba muy bien que su tío no podía entrar en casita. Respiró hondo para sentirse valiente y se plantó delante de la rata con una expresión decidida.

-¡No, no voy a llevarle la vela a Bruno, así que deja de seguirme!- dijo Mirabel a la rata, quien solo la miró sin moverse- vete, shuuuu…-

Al ver que la rata no se movía y se limitaba a seguirla con la mirada, la chica decidió ignorarla y se volvió a la cascada de arena con una sonrisa decidida. Dio un paso adelante pensando en pasar al otro lado de la cascada, pero no se esperaba la caída por la ladera de arena. Rodó colina abajo y después de dar varias vueltas por fin se detuvo.

-Argggg…- gruñó Mirabel mientras que escupía toda la arena que había entrado a su boca y quitándose las gafas para sacarles la arena que había quedado entre los cristales y sus ojos- voy a escupir arena hasta que cumpla cuarenta después de esto…-

Después de levantarse y sacudirse, la chica siguió caminando a paso decidido hacia el interior de la habitación hasta toparse con una gran pared de piedra. Cuando Mirabel miró hacia arriba y se dio cuenta de que estaba en el fondo de lo que parecía un cañón, pero había escaleras que subían hacia la parte alta del mismo, donde había lo que parecía ser una una entrada.

-Woaaa…- dijo ella al ver la enorme escalera, preparándose mentalmente para subir todas esas escaleras- allá arriba debe estar lo que busco-

Mirabel se dispuso a subir cuando sintió un súbito movimiento a su lado y casi dio un brinco de miedo al ver que había dos ratas sobre una roca junto al inicio de la escalera, mirándola con atención con esos ojos brillantes.

-¿Ustedes otra vez?- les dijo alzando la voz, ya molesta- ¡ya les dije vayan con Bruno y le digan que puede irse a la…!-

CRAC

Mirabel dio un respingo y miró hacia el techo. Parecía que se acababa de formar otra grieta en en techo de esa habitación abandonada. Las ratas también se encogieron, llenas de preocupación. Tenía que apresurarse, ya tendría tiempo de pelear con las ratas de Bruno cuando estuviera a salvo, fuera de esa habitación.

-Bien, pueden venir pero no se metan en mi camino- dijo Mirabel mientras que comenzaba a subir la escalera.

Las ratas chillaron y comenzaron a seguirla conforme Mirabel subía en la escalera, pero pronto fue obvio que los roedores no podían seguirle el ritmo. Cuando miró de reojo hacia atrás vio a las ratas haciendo un esfuerzo por subir, casi arrastrando sus patas para poder avanzar. Sintiéndose mal por ellas, y pensando que estaban siendo obligadas (o hechizadas quizá) por su malvado tío para seguirla, Mirabel abrió su bolso y se puso en cuclillas para dejarlas subir.

-Vamos, entren- dijo Mirabel rodando los ojos mientras les ofrecía un aventón- ya sé que como quiera me van a seguir-

Las ratas subieron al interior de su bolso y Mirabel subió con ellas hasta la parte más alta de la habitación de Bruno, encontrando con facilidad la entrada a un pasillo largo tras un breve contratiempo teniendo que balancearse sobre el precipicio, y por poco salvándose de caer.

Una vez en la entrada de la cueva, Mirabel volvió a ponerse en cuclillas para abrir su bolso y dejar que las ratas salieron. Una vez completado eso, la muchacha se incorporó y comenzó a caminar al interior sin dejar de mirar las paredes. Vio un largo pasillo lleno de imágenes tenebrosas talladas en la pared de roca en todo lo largo del mismo, además de que el suelo estaba lleno de arena y algunas vasijas de barro rotas. Al final del pasillo había una sala cubierta por una puerta circular que estaba entreabierta

-¿Esta es la cueva de visiones de Bruno?- preguntó, y las ratas asintieron, pero inmediatamente comenzaron a correr y treparon una pared, donde se metieron en una de las grietas en las paredes del pasillo.

Mirabel se encogió de hombros sin saber qué había sido eso, y respiró hondo antes de entrar a la cueva a pesar de los años de abandono y el aspecto tenebroso que tenía. Tenía una sola idea en la mente: debía encontrar esa visión a como diera lugar para saber cómo podía ayudar a salvar la magia.

Tan pronto como entró por la puerta circular, Mirabel se encontró en una gran sala circular que parecía estar en ruinas, y excepto por toda la arena que había en el suelo, la cueva estaba vacía.

-No…- gruñó ella decepcionada e incluso un poco asustada de haber perdido su única pista para salvar el milagro- tiene que haber algo por aquí-

PAFF

Mirabel dio un respingo de sorpresa y se dio cuenta de que la puerta circular se había cerrado de golpe. Por un momento sintió el pánico de quedarse encerrada, pero antes de que pudiera comenzar a apoderarse de ella se dio cuenta de que había algunas luces verdes brillando en el suelo.

-¿Pero qué…?-

Se puso de rodillas y metió su mano en la arena para sacar la primera. Era un fragmento de un objeto de cristal color verde. Lo acercó a sus ojos y lo examinó. Nunca antes había visto algo parecido.

-¿Qué es lo que está lastimando a la magia?- susurró en voz baja mientras examinaba otro fragmento y los juntaba. Vio que eso comenzaba a formar una figura, pero no podía distinguir exactamente qué era.

Buscó entre la arena y vio un tercer fragmento que se acomodaba a los otros dos. Los unió y vio con horror su propio rostro mirándola de regreso desde el cristal en sus manos. Sintió su corazón dolerle y sus manos temblar.

-¿Yo?- dijo sin aliento.

Mil cosas pasaron por su mente en los pocos segundos después de que Mirabel vio su rostro en ese fragmento. Entonces, ¿ella era la que le estaba haciendo daño a su familia? No, no podía ser, ella nunca lo haría. Quizá tenía que ver el resto para saber de qué se trataba.

Crac crac CRAC

Mirabel no tuvo tiempo de ponderar en lo que acababa de ver. Tras escuchar los crujidos sobre ella levantó la vista y vio que el techo estaba lleno de grietas y comenzando a romperse, dejando caer arena sobre ella. Abrió los ojos asustada ante el peligro de ser sepultada por la arena y los escombros, y se dispuso a recolectar todos los fragmentos, guardándolos rápidamente en su bolso. Caía un poco de arena en el interior del bolso pero no le importó: tenía que recogerlos.

Una vez que recolectó todos los fragmentos, Mirabel se puso de pie de un salto y comenzó a correr hacia la puerta, evadiendo la arena y los escombros del techo que caían a su alrededor, amenazando con sepultarla ahí.

"Tengo que salir de aquí"; pensó asustada.

Se las arregló para evadir los escombros y llegar a la entrada para intentar salir, pero a la puerta ésta estaba bloqueada. Mirabel comenzó a golpearla repetidamente para tratar de abrirla, sin mucho éxito.

-¡Abrete, maldita sea!- exclamó Mirabel golpeando repetidamente mientras se sentía desesperada.

-Ih ih ih-

El chillido de las ratas del otro lado de la puerta no ayudaba mucho, sentía que se estaba ahogando debajo de toda esa arena cayendo del techo y empujándola aún más contra la puerta. Cuando la arena había cubierto a Mirabel casi por completo, la chica sintió que de pronto la puerta se abrió y la arena se liberó, empujándola hacia afuera y haciéndola rodar por todo el pasillo hasta que se detuvo en la entrada, casi junto al precipicio al que casi había caído hacía un rato.

-AH… AH…AH…- exclamó ella respirando aliviada y poniendo una mano sobre su pecho para intentar calmar su respiración. Por un momento había pensado que iba a morir sepultada debajo de toda esa arena. Al volverse a un lado, vio a las dos ratas acercarse a ella y mirándola con atención. Y fue entonces cuando cayó en cuenta de lo que había pasado- ¿fueron ustedes las que abrieron la puerta?-

-Ih ih ih- respondieron las ratas asintiendo.

-Gracias- dijo Mirabel antes de palmearse la frente y darse cuenta de que estaba hablando con un par de ratas. Se puso de pie y se sacudió como pudo, pensando en que debía salir de ahí cuanto antes y averiguar porqué ella aparecía en esa visión de Bruno.

x-x-x

Habitación de Mirabel

Más tarde

Todos en la casita estaban muy preocupados por esa estúpida cena con los Guzmán esa noche, pero en esos momentos Mirabel tenía otra preocupación mucho más importante. Mientras caminaba a su habitación se encontró a Luisa, quien le dijo entre lágrimas que acababa de notar que su don estaba comenzando a fallar justo después de haber hablado con ella antes de ir a encerrarse a su habitación. Mirabel se sintió preocupada y con prisa por resolver ese misterio.

En esos momentos estaba intentando armar el rompecabezas que era la profecía de Bruno, tía Pepa llegó a interrumpirla, abriendo la puerta sin llamar primero como era su costumbre. Mirabel gruñó pero pronto se calmó.

"No importa", pensó ella al ver a su tía comenzando a sacar las cosas de Antonio de los cajones, "al menos ella va a poder responder mis preguntas".

-¿Tía Pepa?- dijo ella en voz baja- si no estás muy ocupada, ¿crees que te puedo preguntar algo sobre el tío Bruno?-

-¡No lo llames tío!- ladró ella volviéndose hacia ella tan rápidamente que Mirabel se sorprendió- ese hombre no es parte de la familia…- hizo una pausa para tranquilizarse cuando la nube sobre su cabeza comenzó a hacer llover- ¿cómo lo llamas así después de… de lo que ese monstruo intentó hacer contigo cuando eras pequeña?-

-Claro… pero si hubiera hecho una profecía sobre alguien- preguntó Mirabel- ¿sería algo positivo o menos positivo…?-

Aún estaba terminado la pregunta cuando la puerta se abrió de golpe y por ella apareció su tío Félix, quien al parecer había estado escuchando la conversación.

-¡Era una pesadilla!- gritó su tío.

-¡Félix! Recuerda que mamá no quiere que hablemos sobre ya sabes quién, y menos con ella por lo que pasó- dijo Pepa levantándose y poniendo sus manos en las caderas, su nube volviendo a relampaguear.

-Ya sé lo que dice tu mamá, pero tenemos que decirle, Pepi- dijo tío Félix tratando de calmar a su esposa- creo que Mirabel tiene derecho a saber qué fue lo que pasó-

Pepa infló las mejillas antes de responder.

-Siempre supe que Bruno terminaría causando algún desastre, nunca pareció ser una persona normal- dijo ella cruzándose de brazos- como el día de nuestra boda. ¿Realmente tenía que causar que nos casáramos en un huracán?-

-¿Bruno causó un huracán?- preguntó Mirabel, parpadeando

-No, pero cuando nos estábamos preparando para la boda, Bruno entró y me dijo que parecía que iba a llover- dijo Pepa. Mirabel supo exactamente a qué se refería: tía Pepa se había estresado y sus poderes causaron el huracán que seguramente arruinó la boda. Eso era algo horrible que hacerle a su hermana, Mirabel jamás haría eso.

Quién sabe, tal vez a Isabela.

-Bueno, pero qué pasó la noche de la ceremonia de Camilo…- comenzó a preguntar Mirabel.

-Ooooh, fue horrible- dijo Félix con una expresión emocionada, como si hubiera estado esperando para contar eso- la fiesta después de la ceremonia de Camilo fue larga y terminó en la madrugada, un par de horas antes de que amaneciera. Nos fuimos a dormir a cada una de nuestras habitaciones, y apenas estábamos a punto de acostarnos cuando Dolores entró corriendo a nuestra habitación y nos dijo alarmada que Bruno había dicho algo sobre llevarte a dar un paseo. Eso nos preocupó y cuando salimos, vimos a Bruno cubierto con su capucha y tratando de esconderte, pero nos dimos cuenta de que te llevaba debajo de la ruana mientras caminaba contigo hacia la puerta de casita. Cuando nos vio, Bruno corrió hacia la puerta para tratar de salir, pero la abuela también fue alertada por Dolores y le ordenó a casita que cerrara las puertas-

-Los gritos de la abuela despertaron también a tus padres y al resto de la familia. Agustín estaba lívido cuando se dio cuenta de lo que pasó… creo que Bruno aún debe tener la cicatriz después del derechazo que le dió en la cara- comentó Pepa señalando su propia nariz.

-Jamás imaginé que Agustín supiera golpear, menos de esa manera- dijo Félix- desde entonces cuido de no hacerlo enojar-

Mirabel abrió la boca y la cerró. No se imaginaba a su papá peleando con nadie, él era la persona más tranquila y pacífica que conocía.

-Julieta te tomó de sus brazos y te llevó a su habitación mientras que los demás nos arreglamos con Bruno- continuó contando Pepa- tu abuela y Agustín le dijeron hasta de lo que se iba a morir-

-Al final abuela le dijo que estaba muerto para ella y le ordenó a casita que lo echara y que no volviera a dejarlo entrar- dijo Félix- pero antes de irse, Bruno dijo una tontería de que la magia iba a morir-

-¿Qué?¿QUÉ?- dijo Mirabel abriendo la boca. ¡Eso era! Quizá esa era la respuesta- ¿qué dijo al respecto?-

-Dijo que había tenido una visión de que la magia moriría, pero al principio no lo tomamos en cuenta- dijo Félix- seguramente te imaginas lo mucho que abuela se asustó cuando unos meses después no obtuviste tu don. Creyó que te había puesto una maldición…-

-¡FÉLIX!- exclamó Pepa molesta porque había revelado demasiada información.

Mirabel no dijo nada mientras veía a sus tíos irse de su habitación discutiendo, pero antes de que pudiera procesar la conversación o continuar revisando la visión que había encontrado en la torre de Bruno, Camilo llegó a interrumpirla.

-¡Mira, aquí estás!- dijo Camilo, que parecía aliviado de verla- ¿qué se supone que estás haciendo?-

-Nada- dijo Mirabel sentándose en el borde de su cama- estoy tratando de averiguar lo que pueda sobre tío Bruno…-

-Ah, fue horrible- dijo Camilo borrando su sonrisa y abrazándose a sí mismo- recuerdo que era enorme, como… dos metros de alto…-

-No creo que sea tan alto…- dijo ella recordando al hombre que la había arrastrado. Sí era fuerte, pero no era particularmente alto.

-Tú que sabes, yo soy mayor y lo recuerdo mejor- le dijo Camilo.

-Sí, solo por cuatro meses- dijo ella. Camilo la ignoró y continuó.

-Todo el tiempo tenía ratas en la capucha de su ruana, dientes afilados y sus ojos brillaban de color verde- dijo Camilo, transformándose en una versión más alta, más tenebrosa de Bruno.

Mirabel se mordió el labio. Definitivamente Bruno no medía dos metros ni tenía dientes afilados, pero lo de las ratas y lo de los ojos lo había comprobado por sí misma. Al ver que no tenía la reacción que él esperaba, Camilio se aburrió de intentar asustarla (ella ya se había asustado lo suficiente sola) así que regreso a la normalidad y la dejó sola. Ella lo agradeció pensando en que por fin para poder armar el rompecabezas que eran los fragmentos de la visión.

-¿Por qué estoy en tu visión, Bruno?- susurró para sí misma.

Comenzó a sacar las piezas de su bolso y a ordenarlas para ver la imagen que formaban. Tomó unos minutos pero finalmente pudo armar el rompecabezas, pero aquello no le fue de ningún consuelo porque miró horrorizada cómo su propia figura se encontraba frente a casita destruída. Su corazón dio un horrible vuelco y tembló al ver la tableta de cristal verde. Ella era el problema. Ella iba a destruir la magia. ¡Ella estaba dañando a su familia!

-Yo… yo soy…- dijo ella dando un paso atrás y cayendo de rodillas sintiéndose abrumada por la información que acababa de recibir. Comenzó a hiperventilar mientras que caía en cuenta de la enormidad de lo que eso significaba.

¿Por eso Bruno había tratado de robarla?¿Quería salvar la magia, alejándola de la casita o (Mirabel tragó saliva al recordar la sangre en la ruana de su tío) asesinándola?¿Sabría alguna vez qué había pretendido hacer con ella si hubiera tenido éxito?

Mirabel abrazó a sí misma, aún encogida en el suelo con una sensación de no poder respirar.

x-x-x

Al mismo tiempo

Agustín era un hombre sencillo que era feliz con lo que tenía, sobre todo con su hermosa y extraordinaria esposa y sus tres hijas perfectas. Su vida revolvía alrededor de esas cuatro mujeres tratando de ser su mejor apoyo. Aunque a veces era un poco distraído y torpe (cosa que la pobre Mirabel heredó de él, además de su miopía), siempre podía detectar cuando alguna de sus hijas no estaba feliz, y su sexto sentido de padre estaba en alerta máxima en esos momentos.

Había notado a Isabela un poco más tensa durante los últimos días desde que se mencionó el interés de Mariano en ella. Había mencionado eso a Julieta, pero ella lo convenció de que solamente eran los nervios para la cena del compromiso.

Con Luisa no le quedaba la menor duda, su hija de en medio estaba preocupada desde que Mirabel había mencionado que vio grietas en la casita. No sabía como transmitirle que no tenía que preocuparse por eso, que ella era muy valiosa más allá de lo fuerte que podía llegar a ser.

Agustín veía a Luisa trabajando en el pueblo y sobre todo protegiendo a su hermanita cuando se metía en problemas, producto de su torpeza, y sabía que incluso si no fuera tan fuerte seguiría siendo esa persona extraordinaria.

Mirabel… era todo un caso.

Desde hacía diez años que no obtuvo un don, su hija menor siempre había intentado compensar la falta del mismo trabajando el doble que los demás. Sabía lo mucho que admiraba a sus hermanas mayores y lo mucho que intentaba emular sus dones. Mirabel siempre trataba de cargar con cosas demasiado pesadas para ella y a pesar de que no podía crear flores, sus manos creaban los más hermosos patrones de bordado que había visto en su vida. A pesar de todo esto, Agustín sabía que Mirabel siempre se sentía menos… y que había algunas personas en la familia que la hacían sentir así. Él y Julieta siempre la habían defendido lo posible de la abuela, intentando que viera sus errores, pero no servía de nada.

Los Guzmán estaban a punto de llegar y toda la familia bajó a la mesa. Al haber notado a Mirabel distraída todo el día, Agustín decidió buscarla en su habitación para avisarle que bajara a cenar con el resto de la familia antes de que la abuela perdiera la paciencia. Subió al segundo piso, se detuvo en la entrada y llamó a la puerta antes de abrir, pues sabía lo mucho que le irritaba a su hija que no lo hicieran.

Toc toc

-Mirabu, espero que estés lista para la…- pero se detuvo al ver a Mirabel de rodillas en el suelo, abrazándose a sí misma e hiperventilando como si estuviera teniendo un ataque de pánico. Al verla así, rápidamente Agustín se puso de rodillas junto a ella y la abrazó.

-Pa…- dijo ella sin aliento.

-Shhh, todo está bien, respira…- dijo Agustín tratando de calmarla- eso, muy bien, inhala, exhala…-

Pasó uno o dos minutos en los que Mirabel comenzó a regularizar su respiración y pudo por fin decir lo que la tenía en ese estado.

-Pa… es mi culpa…- dijo ella con ojos húmedos- entré a la torre de Bruno… encontré su visión. La magia está muriendo… Luisa está perdiendo su don y creo que es mi culpa…-

Agustín tardó unos segundos en entender lo que su hija le estaba diciendo. Se puso de pie y miró la visión ya armada sobre la cajonera. ¡Cuántas veces había visto esas brillantes tabletas de cristal en el pasado! Antes de que Bruno se volviera malvado y lo echaran de casita.

Al ver la imagen de Mirabel delante de la casita destruída en la visión, Agustín sintió como si fuera a desmayarse.

¿Qué significaba eso? Porque parecía como si la visión estuviera advirtiéndoles que Mirabel era la causa de que casita (y la magia) se destruyera. ¿Eso era lo que Bruno había visto y lo empujó a tratar de robar a Mirabel?¿Quería deshacerse de ella antes de que tuviera oportunidad de causar ese futuro?¿O había otra interpretación a esa pesadilla?

Apenas fue consciente de que Mirabel todavía lo estaba mirando como si estuviera asustada de su reacción.

-¿Pa?- dijo ella con voz asustada.

-¡Todos a la mesa!- escuchó la voz de la abuela abajo.

¿Qué hacer?¿Debía parar todo y decir lo que acababa de ver? Jamás, eso haría que la abuela fuera más dura de lo que ya era con Mirabel. No, tenía que proteger a su hija. Nadie debía ver la visión hasta que pensara una manera de protegerla, y primero tenía que hablar con Julieta sobre eso.

-No diremos nada- le dijo Agustín- hasta después de la cena averiguaremos qué significa esto, Mirabu. Mientras tanto, nadie tiene que saber…-

Pero un ruidito los alertó de que su conversación estaba siendo escuchada. Ninguno de los dos contaba con que la puerta del cuarto de niños estaba medio abierta y por supuesto que Dolores alcanzó a escuchar todo.

-Le va a decir a todos…- dijo Mirabel entre asustada y derrotada. Esas eran las desventajas de vivir en una familia tan extraordinaria como la suya.

-Miércoles…-

x-x-x

Comedor

Más tarde

Si Mirabel llegó a creer que su sola mirada acusadora iba a lograr mantener callada a Dolores, había estado muy equivocada. No solo su prima aprovechó la primera oportunidad que tuvo para contarle todo a Camilo para que siguiera contando a los demás, sino que al final cuando la cena comenzó a salir de control y las grietas comenzaron a aparecer en las paredes, Dolores gritó para que toda la familia (y los Guzmán) pudieran escuchar que ella iba a destruir la magia y que todos estaban perdidos.

Los coatíes no ayudaron tampoco, pues robaron todos los fragmentos de la visión de Bruno del bolsillo de su padre y volvieron a armarlos en una charola, de modo que la temida profecía apareció completamente armada delante de la abuela. Todos miraron con horror a la visión, a la abuela y a Mirabel alternadamente.

-Entonces eres tú…- dijo la abuela entrecerrando los ojos en su dirección.

-Abuela, yo no…-

-Tú eres la que está causando todo esto con tus acciones- dijo la abuela señalando las grietas en las paredes y los poderes de todos fuera de control- para empezar, ¿qué hacías metiéndote en la habitación de Bruno?-

Aquello le dolió porque era la confirmación de lo que ella misma había estado pensando durante todo ese tiempo: que su abuela realmente pensaba que ella iba a destruir la magia a pesar de todos sus esfuerzos por salvarla. Podía sentir las miradas de toda su familia, excepto de sus padres, juzgándola o al menos observándola asustados.

-Mamá, quizá fue algo bueno que Mira encontrara la visión porque…- comenzó a decir Julieta.

-Deja de justificarla, Julieta, esa niña nunca ha podido hacer nada bien- la interrumpió la abuela antes de levantarse y ajustarse su chal- iré a buscar a los Guzmán, quizá aún podemos hacer algo para rescatar algo del desastre que ella causó…-

El comedor poco a poco se vació. Dolores parecía extrañamente feliz, Camilo dudó un momento mirando a Mirabel antes de salir, hasta que la chica se quedó sola con sus padres sin moverse de su sitio. Podía sentir sus manos temblar y sus ojos húmedos.

-Mirabu…-

-Es mi culpa- dijo ella sin aliento- ella dijo que es mi culpa-

-Mira, no escuches lo que dijo tu abuela- le dijo Julieta- estaba enojada porque la cena se arruinó. No lo dice en serio-

Mirabel no les respondió, solo se cruzó de brazos y miró al suelo. Ella sabía que su madre lo decía para hacerla sentir mejor, pero la abuela definitivamente pensaba eso. Agustín iba a decir algo, pero escucharon los sollozos de Luisa se escuchaban desde su habitación. Los esposos se miraron entre sí.

-Mirabu, sabemos que no estás haciendo nada para hacer daño- dijo Agustín poniendo sus manos sobre los hombros de su hija menor- no dejes que las palabras de tu abuela te molesten. No te muevas de aquí, tenemos que ver cómo está tu hermana-

Mirabel asintió vagamente mientras sus padres se fueron y la dejaban sola en el comedor. Suspirando, la joven subió los pies a la silla y se abrazó las rodillas sin saber qué podía hacer para desmentir esa profecía de que iba a destruir la magia, tal y como Bruno había predicho en su visión.

Vio una rata moviéndose en el suelo y deteniéndose frente a ella por un momento. Mirabel levantó la mirada para observarla: la rata subió a la mesa y tomó uno de los fragmentos de la visión antes de salir corriendo con dirección al patio detrás de la casita.

La joven respiró hondo y se puso de pie con una expresión decidida. Al parecer tenía que tragarse su orgullo (y su miedo) y salir a buscar a Bruno para pedirle ayuda en interpretar esa visión. Iba a ser difícil convencerlo de ayudarla, pero si quería salvar a la magia tenía que intentarlo. A estas alturas era la única persona que podía hacerlo.

La pregunta era, ¿cómo lo iba a encontrar?

x-x-x

Montaña

Más tarde

Mirabel no podía dejar de repetirse que eso había sido un error mientras caminaba a tropezones en la montaña.

Después de la desastrosa cena con los Guzmán, la chica había tomado un chal ignorando las preguntas de Camilo (quien en esos momentos estaba teniendo problemas para su transformación) y había salido de la casita persiguiendo a la rata que llevaba un fragmento de la visión de Bruno con la esperanza de encontrar a su tío y convencerlo de que le ayudara a descifrar la visión (y que le dijera que no significaba que fuera su culpa).

Había visto a Francisco en el camino, pero lo evadió pensando en que le daba vergüenza volver a verlo después de lo que había pasado entre ellos la otra noche. El muchacho ni siquiera se dio cuenta de que ella pasó por ahí.

Había ido primero al sitio donde Bruno la había arrastrado la primera vez que lo vio, pero no estaba ahí. Además, la rata siguió dirigiéndose hacia el bosque sobre las laderas de la montaña.

Ya había oscurecido para esa hora, pero el fragmento de cristal brillante funcionaba como una especie de señal luminosa que guiaba su camino primero en el bosque y luego entre los caminos tortuosos al subir la montaña.

Al parecer Bruno vivía en algún sitio en esa montaña y esa era la razón de que nadie jamás lo había encontrado en diez años. Y con las ratas robando cosas para él, no necesitaba siquiera bajar al pueblo por víveres.

Pero para esos momentos ya llevaba al menos dos horas caminando y no había señal de Bruno o de algún sitio donde pudiera estar.

-Ugh…- gruñó ella abrazándose a sí misma mientras se ajustaba el chal sobre sus hombros. Estaba comenzando a sentir frío- creo que esto fue un error…-

Quizá debería haber traído la ruana de Francisco.

"¡No!", pensó ella "ugh, ¿en qué estoy pensando? Tengo que concentrarme".

A esa hora el sol ya se había puesto y la luna no había aparecido gracias a los nervios de la tía Pepa, así que apenas podía ver, y si comenzaba a llorar sería una catástrofe para Mirabel. El pedacito de la profecía aún brillaba en la oscuridad, pero Mirabel iba tropezando conforme la seguía y para esos momentos no tenía idea de dónde estaba o cómo regresaría a casa si sus intentos de encontrar a Bruno no tenían éxito… o si lo tenía.

-Hey, no corras tan rápido- dijo Mirabel tratando de no tropezar y de no perder a la rata que iba guiando su camino- por favor-

La rata se detuvo por un minuto mirando hacia ella con el fragmento de la profecía en el hocico. Mirabel aprovecho para respirar aliviada y volverse hacia atrás, entrecerrando los ojos para enfocar su vista hacia el camino que ya había recorrido, pero éste había desaparecido. Alcanzaba a ver las luces del pueblo a lo lejos, pero el camino que había usado para subir hacía mucho que había desaparecido en la oscuridad.

-¿Dolores?¿Me puedes escuchar aquí?- dijo en voz bajas- si me escuchas, es posible que esté un poco perdida y necesite ayuda…-

A pesar de ello no tenía muchas esperanzas. Bruno la había alejado del pueblo diciendo que estaba demasiado lejos para que Dolores escuche desde su habitación, y a esa hora seguramente ella ya habría regresado ahí.

De pronto vio a la rata correr montaña abajo y al ver que estaba comenzando a alejarse, Mirabel se apresuró tras ella. Una leve llovizna estaba comenzando a caer.

-¡Hey!¡Espera!- exclamó Mirabel entrecerrando los ojos para enfocar mejor y buscar a la rata que se había alejado. Las gotitas de lluvia que caían sobre sus gafas le impedían ver bien. Se las quitó y las limpió antes de volver a ponérselas. Por fin la localizó a unos metros en lo que parecía ser un camino de bajada, así que comenzó a correr hacia ella.

Eso fue un error porque al no poder ver en la oscuridad la chica tropezó y cayó de bruces, comenzando a rodar hacia abajo de la montaña, golpeándose con espinas y rocas que había en el suelo mientras trataba desesperadamente de detenerse. Cerró los ojos para protegerlos cuando les cayó algo de tierra e instintivamente se abrazó.

Por fin su caída se detuvo de manera abrupta cuando la cabeza de Mirabel chocó con una enorme roca a la orilla de un barranco, y todo se fue a negro. No se dio cuenta de que un fuerte relámpago iluminó el cielo.

x-x-x

CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Lamento haberlos dejado con este cliffhanger, pero las cosas están poniéndose complicadas para los Madrigal. No diré más para no causar spoilers.

Muchas gracias por seguir leyendo y por sus reviews. Nos leemos pronto.

Abby L.